ABBEY ROAD (The Beatles, 1969)

Artista: The Beatles (A)

Fecha de Grabación: 22 Feb – 20 Ago del ‘69

Fecha de Lanzamiento: 26 de Septiembre de 1969, UK

Discográfica: Apple

Productor: George Martin

Calificación: 10 (MUST HAVE) (DISCO ICÓNICO)

                

Era: Hard Rock (1968-???)

Subgénero: Hard Rock

Mejor Canción: Ufff! Really?

Canciones: 1) Come Together; 2) Something; 3) Maxwell's Silver Hammer; 4) Oh! Darling; 5) Octopus's Garden; 6) I Want You (She's So Heavy); 7) Here Comes The Sun; 8) Because; 9) You Never Give Me Your Money; 10) Sun King; 11) Mean Mr Mustard; 12) Polythene Pam; 13) She Came In Through The Bathroom Window; 14) Golden Slumbers; 15) Carry That Weight; 16) The End; 17) Her Majesty.

 

No sé si sea un disco icónico o no. Es decir, los fans recalcitrantes de los Beatles sabemos, sin lugar a dudas, que éste es el mejor pero por muuucho. Lo que no sabemos es porqué! JA! Para el resto de los mortales, generalmente se van con el Peppers o el White Album. Por el momento en que fue lanzado, no sé si quedó opacado un poco por ser casi simultáneo con el Let it Bleed de los Stones y el Led Zeppelin II, tremendos discazos con los que estuvo peleando y alternando rabiosamente el #1 durante varias semanas. Con todo y que tuvo que pelear con 2 de los mejores discos de la historia, vendió más de 4 millones de copias en los primeros dos meses de su lanzamiento y hasta ahora, es el disco con más ventas de los Fab Four. Algunos críticos lo acribillaron por los sonidos artificiales del aún cuasi experimental sintetizador Moog. Rolling Stone lo llamaría “Complicado en lugar de Complejo” o The NY Times diría que “Colectivamente es impresionante, pero individualmente, ninguna canción es especial”.

Lo que sin duda se volvió icónica es su portada. Tan simple, tan casual (en realidad se supone que fue más de una veintena de fotos), los cuatro Beatles cruzando un paso de cebra en la esquina de la calle que lleva el título del álbum y de los estudios donde grabaron todas sus obras maestras. Algo tan sencillo, tan opuesto a lo rimbombante y rebuscado del Sgt. Peppers, y que creo que se volvió un símbolo mucho más absoluto y universal. Yo traigo la imagen en la parte trasera de mi coche. Infinidad de referencias y parodias, desde el de los RHCP (que me hizo odiarlos durante unos años), hasta el mismo Paul de solista, los Simpsons, los Muppets, tooooooooooodos han hecho su versión. Ir a Londres y no tomarte foto de manera ridícula en ese cruce peatonal que ya luce tan cambiado, es como si no hubieras ido a Londres.

Sobre el que no sabemos por qué es el mejor disco de los Beatles, es cierto! De primer oída es un disco muy sencillito, con rolas dispersas que no tienen nada que ver entre sí en la primera mitad, y algunos medleys en la segunda parte. Yo los aglutino en dos, de “Sun King” a “She Came In Through The Bathroon Window” y de “Golden Slumbers” a “The End”, aunque muchos lo consideran un único Medley de corrido. Qué tienen de grandioso “Mean Mr. Mustard”, o “Sun King” por sí mismas? nada. El disco en primera instancia es lindo, muy mono, muy digerible, pero quizá pasa desapercibido porque no hay un himno universal gigantesco a la “All You Need Is Love”, “Hey Jude”, “Revolution” o “Let It Be”. Lo más cercano quizá sean “Come Together”, que es una autosátira muy lennoniana, muy rara para ser un himno. O “Something”, una de las mayores canciones de amor de la historia, pero no, no es un himno: Es una balada.

No hay un tema que sobresalga por sí mismo, y eso es porque todos los temas son descomunales. Parecen simples de primer oída, pero cuando uno queda enamorado  con los Beatles y empieza a clavarse en su discografía, después de que se cae ese sobreestimado grandiosismo del Sgt Peppers, cuando uno escucha lo suficiente para notar que el White Album es un disco doble de 4 solistas y no de una banda, generalmente uno ya tiene al Abbey Road en un pedestal inalcanzable. Porqué? No lo sé, en serio. Quizá por esa aparente simpleza.

Pero instrumentalmente es una obra de arte, complejísimo en su aparente sencillez. McCartney hace líneas descomunales de bajo, imprevisibles, pero mucho más maduras que en su etapa psicodélica. Por esta época debió ser de los mejores bajistas del planeta, si no por su rapidez, al menos por su creatividad al tomar el liderazgo con las 4 cuerdas. El riff de “Come Together”, en el que recorre todo el brazo, debe estar entre los 10 mejores de la historia. La línea de “Something” es exquisitamente compleja, sin robar reflectores a la guitarra y voz de George, pero le da un gran toque de elegancia. El bajeo de “Oh! Darling” es también otro de sus performances más destacados con el cuarteto. En fin TODO el disco es una cátedra de bajo, luciendo más maduro, creativo y poderoso que en cualquier otro disco, Paul es el más involucrado y comprometido, y parecería imposible que apenas unos meses después, sería el que daría la estocada final al grupo. George está en su mejor momento, no sólo como guitarrista (las notas que va dejando caer en “Oh! Darling” como llamitas ardientes, el solo de “Something”…) sino como compositor. Ya se había llevado las palmas en el White Album, y aquí vuelve a colocar dos tremendas canciones, una de las cuales debe estar en el Top Ten de cualquier Beatlemaniaco, una de las más grandes canciones de amor jamás escritas. John es quizá el más discreto, pero contribuye enormidades en los coros, con la segunda guitarra, coloca las canciones más raras y espesas, que terminan dando balance al álbum. Y Ringo está impresionante, en quizá su mejor momento como baterista, conformando en esas fechas una descomunal sección rítmica con Paul. Los complejos tiempos de “Come Together” (uno de los patrones de batería más reconocibles del planeta), la pasión que mete en “Oh Darling”, la potencia en “I Want You”, y esos destiempos en todo el disco que parecieran al azar pero que son irrepetibles para cualquier baterista promedio… E incluso como compositor, se discute con la mejor canción que escribió en toda su vida. No sólo es linda, sino que está en rojo, y pudo haber sido la mejor en otros discos del cuarteto!

El Abbey Road es la cumbre instrumental de los Beatles. Y vocal. Los coros son perfectos, celestiales, “Becuase” y “Sun King” nos muestran el por qué eran los únicos capaces de competirle a los Beach Boys la cumbre como los mejores creadores de armonías, con el detalle de que sólo son 3 voces Beatles contra 5 Beach Boys. Es el único disco de los Beatles en que encontraremos lo más parecido a un minisolo de bajo de Paul (en “I Want You”)  de batería de Ringo (En “The End”) y un requinto a triple guitarra (también en “The End”).

Es el único disco de los Fab Four que llegué a tocar completo, no de corrido, pero con distintas bandas en distintas épocas. Me lo sé de memoria, no sólo en mi cabeza, sino con mis dedos. Desde inicios de los 90’s, cuando era un mocoso que apenas sabía agarrar la guitarra y se conformó el germen de Moby Dick, con 3 guitarras acústicas, “Here Comes The Sun” fue de las primeras que tocamos en cafés o tardeadas. En algún punto me tocaba hacer los raudos arpegios descendientes del tema. Posteriormente ensayamos temitas menores como “Mustard”, “Polythene” y “Maxwell”, pero creo que nunca los tocamos en vivo. Por esas fechas, antes de que Moby Dick se electrificara y surgiera como tal, antes incluso de las Antologías, sacamos a 3 voces “Because” y fue cuando por fin comencé a amar la compleja estructura del tema, que muchos toman como un punto flojo del disco. Con esa rola aprendí a armonizar y a quedarme en “mi canal” sin seguir otra voz. Ya con Moby Dick tocábamos “Come Together”, me salieron ampollas sobre ampollas en el índice izquierdo y con ella conseguí mi “callo de bajista”. También con Moby Dick salieron “Something”, que era de los platos fuertes en vivo. “Octopus’” sólo la palomeamos en versión eléctrica, tomándola para calentar motores. Con mi segundo grupo, Plastic Soldiers, completé el resto del disco. El Medley del final del disco era una de las piezas más complicadas que llegamos a tocar en vivo. Con el dificilísimo bajeo entre blues-latino-prog de “I Want You” por fin me sentí como un bajista de grandes ligas y no uno amateur, ya que Paul improvisa y va haciendo progresiones casi irrepetibles conforme avanza la rola, además de que me lanzaba los reflectores en vivo por ese instante en que todos callan y el bajo hace los raudos solos. Para cuando la banda rompió, únicamente me faltaba por sacar “Oh! Darling”. Desempolvé el bajo poco antes de que naciera mi hija, y fue la primer canción que saqué en esta última etapa, en que a falta de grupo por otras prioridades, “toco con la computadora”. Escogí esa canción como una especie de dedicatoria a mi pequeña, y afortunadamente ya no he dejado de tocar de vez en cuando. Es una línea exquisita, muchísimo más compleja de lo que parece, pero por fin puedo decir que mis dedos conocen por completo este disco, algo que no puedo presumir ni siquiera del Dark Side of the Moon. A lo que voy es que el Abbey Road me fue acompañando en toda mi limitada evolución como músico, me fue haciendo crecer, me hizo cantar, y el callo de mi índice se lo debo a él, por lo que puedo decir que me ha marcado incluso físicamente. “Something” fue la primer canción que le dediqué a esa chica veinteañera que acababa de conocer y que hoy es mi esposa. “Octopus’ Garden” se la cantaba a mi primer hijo para arrullarlo. “Oh! Darling” a mi hija. Sus canciones fueron teniendo distintos significados a lo largo de mi vida, como sé que ha pasado con la mayoría de ustedes.

Pero Corvan! Llevas más de dos cuartillas y ni siquiera has iniciado la reseña!!! Cierto. Sin embargo es que es poco lo que puedo agregar que no se haya dicho ya de mejor forma. George Starostin le ha hecho la mejor definición posible, algo así como: “Si el White Album es una enciclopedia de géneros del Rock, el Abbey Road es una enciclopedia de emociones humanas”. Amén. Es una joya musical, que es muy difícil de definir por su aparente vestidura simple y bonita, pero que en el fondo es complejísima, como la vida misma. Y sí, quizá la reseña del Times en su momento es cierta, individualmente ninguna canción supera o es mejor a nada que hubieran hecho. Pero es como disco, como unidad, que el Abbey Road se crece como ningún otro álbum. Como la vida misma, que por días, por episodios, por el eterno presente, parece sosa, pero vista en su totalidad es invaluable.

Y es precisamente por ser ese compilatorio de emociones por el que los Beatles estaban atravesando al grabarlo. No sé si en el Plastic Ono Band, John llegue al nivel de rabia que muestra en “I Want You”. George logra con “Something”, una de las baladas más hermosas del planeta, y con “Here Comes The Sun”, otro tema optimista y luminoso. Ringo desborda inocencia y optimismo con su jardín subacuático. Paul derrocha frustración en “You Never Give Me Your Money”, pone otra gigantesca balada que incluso causó celos de Lennon con “Oh! Darling” y muestra su sentido del humor incomprendido con “Maxwell’s”. Hay Rock & Roll como en los orígenes y cierran con una rola en la que los cuatro se parten el alma, todos dan lo mejor de sí, muestran su estilo personal y la magia que resulta cuando la combinan, y logran una joya que es un tremendo trabajo en equipo, con todos brillando. Por eso es un disco tan fresco, tan vigente, tan universal, y que sigue creciendo con cada escucha.

 

Los detalles del disco ya son de todos conocidos, pero los repaso de forma rápida. Ya todos conocemos que los Beatles estaban en proceso de ruptura desde el White Album y las sesiones del Get Back, que después se publicaría como el Let it Be. Poco después de finalizar estas sesiones, apenas semanas después del mítico concierto en la azotea, se metieron de nuevo al estudio. Nadie dijo “Hey, este es nuestro último disco, hay que hacerlo bien”, pero en el fondo lo sabían, se sentía en el ambiente, y los 4, los 5, incluyendo a Martin, dieron todo de sí para este disco, que es la definición misma de un “Canto del Cisne”. George Martin aceptó producirles de nuevo bajo la condición de que fuera a su estilo, como en los viejos tiempos, con tomas casi en vivo, y que al primer pleito, se largaba. Y de hecho, los cuatro Beatles mandaron a la mierda toda la mierda que se tiraban en ese tiempo y lograron una última y sublime cooperación en equipo, precisamente porque sabían que era la última vez.

La grabación estrenó la máquina de 8 canales de los estudios Abbey Road, que permitió mezclas y experimentaciones, la batería en verdadero Stereo, los tracks triplicados de voces para “Because” y “Sun King”, y además estrenaron también el uso del sintetizador Moog, que George había utilizado en su disco Electronic Sound. El sonido es cristalino como ningún disco previo, pero no sólo gracias a la tecnología, sino a que un aún desconocido Alan Parsons también contribuyó como ingeniero de sonido.

La mayoría de los temas ya estaban; algunos habían sido escritos desde Rishikesh, los habían trabajado para las sesiones del White Album, otros surgieron para el Get Back, pero no se habían incluido. Durante estos meses estuvieron trabajando las rolas, pero la mayoría de las versiones definitivas fueron sólo en el mes de Julio. A pesar de ser temas dispersos, el disco logra esa unidad a la que el Peppers sólo aspira. En la segunda cara, los temas se embonan como si hubieran sido creados con ese propósito, a pesar de los distintos tiempos y tonos. Pero ahora es imposible escuchar “Mean Mr Mustard” sin esperar escuchar de corrido “Polythene Pam”, así como “Carry That Weight” pierde todo su peso si se escucha por separado de sus escoltas.

 

El disco abre con ese genial slide de bajo con remate octavado de Paul en “Come Together”. En serio, es una maravilla, recorriendo todo el brazo en una de los mejores riffs de bajo de la historia. Ringo no se queda atrás, con un ritmo monumental, creando ráfagas con los contratiempos y recorriendo toda la batería en un redoble magnífico y complejo, para luego hacer un tamboreo tribal con el bombo y tums. Una de las líneas de batería más reconocibles del Rock. Una melodía entrecortada, con esa voz seminasal, desesperada de Lennon, con cierta oscuridad, retomando tonos mayores y distorsionados en los estribillos. No es nada parecido a nada que hubieran hecho antes.  Las letras son crípticas, siguiendo el sentido de “I’m The Walrus” y “Glass Onion”, que son mencionadas. Se supone que la rola inició como un tema en apoyo a la campaña de Timothy Leary para la gubernatura de California, pero fue evolucionando. Muchos conjeturan que cada verso es para cada Beatle, pero en realidad parece más una autoparodia de esa figura de líder generacional en que Lennon se había convertido.  Musicalmente es simple y complejo a la vez. La instrumentación es mínima, pero a la vez es complicada, en particular la sección rítmica. La guitarra entra poco, con algo de distorsión en los estribillos, hay un puente con un breve solo de teclado, seguido de un requinto de George, que al final se luce con destellos minimalistas jalando las cuerdas para una especie de solo en la coda. Los coros fueron hechos por el  mismo John, a través de overdubs, dejando ver los conflictos que ya traía con Paul. Lennon sería demandado por ser vagamente similar a un tema de Chuck Berry. La demanda se resolvería hasta el ’73 fuera de la corte, en un arreglo en el que John se comprometió a grabar 3 temas de Berry en su siguiente disco, lo cual lo obligó a grabar un LP de covers, el Rock & Roll. John sólo tocaría en vivo este tema una vez, en el Madison Square Garden, con Klaus Voorman al bajo. No sé realmente que más decir de la canción. Es pegajosa, oscura, brillante, hipnótica, con el mordaz ingenio de John, quizá las más memorables líneas de Paul y Ringo, que conforman una sección rítmica demoledora. Generalmente aparece en los compilatorios, pero es verdad que difícilmente se le puede considerar un himno, y pareciera más un tema que podría quedar en cualquier disco solista de John. Aún así, tiene un cierto appeal muy extraño que la ha vuelto imprescindible y mítica.

Sigue el redoble con que comienza “Something”. Qué puedo decir de esta canción que no se haya dicho? Sólo de pensar que se la iba a dejar a Joe Cocker (quien por cierto, hizo una tremenda versión) y a descartarla con los Beatles, me da escalofríos. Es quizá la más bella balada de amor de la historia, dedicada por Harrison a su esposa Patty Boyd. Luego Clapton le dedicaría “Layla”, posiblemente la segunda mejor canción de amor de la historia. Y aun así Patty se quedaría sin uno y sin el otro... George se abre el corazón para hacer un temazo, la mejor rola individual del disco, que empezó a escribir desde 1967. Es emotiva, es majestuosa, es sencilla, es espiritual, es maravillosamente conmovedora, y George canta con tal intensidad y honestidad que es imposible acabar con los ojos secos cuando uno se mete de lleno a la canción. La guitarra es la mejor que hizo con los Beatles, desde esa escala ascendente de la intro que se irá repitiendo como figura principal, los acordes lentos con tremo y ligero wha, el requinto al 1:40, que por sí mismo, es el más grande poema de amor instrumental de la historia, tierno, inmenso, tan emotivo como la misma voz de Harrison... quizá tenga mejores requintos en cuanto a velocidad y técnica, pero en cuanto a lo que dice con su guitarra, este es a mi gusto el requinto por el que George ha trascendido a la historia. Ringo hace un beat extraño, con destiempos, haciendo sus peculiares fills y redobles dispersos en los estribillos. Paul se lleva otra vez las palmas con una soberbia y elegante línea de bajo, que no roba reflectores por el volumen, pero que es complicada, da cohesión al tema, va armonizando con los tonos de guitarra y no descansa en su jugueteo. Si se le quita esta línea, la canción se cae enormidades. Billy Preston hace arreglos con el Hammond, agregando ese aire celestial, majestuoso, que resalta en los estribillos acompañando el riff agudo. Y no olvidemos a Martin con el sublime arreglo de cuerdas! La letra es simplemente bellísima. Cuando conocí a Hiz, fue la primer canción que le dediqué, y hoy, casi 10 años y 2 hijos después, no se me ocurre una mejor canción para dedicarle. Es la segunda canción más covereada de los Beatles (después de “Yesterday”), Frank Sinatra diría que era su canción favorita de “Lennon-McCartney” (sic) y los mismos, reconocerían que es la mejor canción de George. “Something” es tan grande, tan hermosa, porque es la misma definición del amor. Cuando te llega así de fuerte, es “Algo”, en la forma en que mira, en que se mueve, algo que no puedes definir, ni descifrar, algo que es único para ti y para nadie más… el amor es ese algo, y nadie lo ha podido definir mejor que George en esta canción, en la desesperación con que grita esos “I don’t know, I don’t know”, que no son sino su impotencia por no poder definirlo mejor que ese “Algo”.

Continuamos con “Maxwell's Silver Hammer”, una canción de Paul,  que intenta ser hilarante. No tengo nada en contra de ella, pero como tema individual, sobre todo después del par de temas de John y George, creo que no queda tan bien parada. De alguna forma relaciono su ligereza y aire bobo con “Mustard” y “Polythene” y creo que hubiera encajado mucho mejor como Medley con estas piezas. No es mala, es divertida, hablando sobre un asesino en serie que se despacha a sus víctimas a martillazos. Sería más divertida si no estuviera basada en un hecho real, sobre un escritor que iba a entregar un guión para una película  de los Beatles en 1967. El día que se iba a reunir con el cuarteto para mostrarles el guión, fue hallado muerto por sobredosis de tranquilizantes, junto a su amante, a quien había asesinado a martillazos. El humor de Paul a veces puede ser más oscuro que el de John. Lennon diría que el tema era “Música para Abuelitas”, y se negó a participar en la grabación. McCartney fue excesivamente perfeccionista con el tema y repitieron tomas y más tomas durante 3 días, hasta que incluso Harrison estaba desquiciado. El mismo Paul hizo overdubs en los coros, en cierta venganza por “Come Together”. George toca aquí el bajo, un Fender Bass VI, y por ello suena más simple de lo que solía hacer Paul por las fechas. Mal Evans “tocaría” el yunque para crear el efecto de martillo, y aquí aparecería por primera vez el sintetizador Moog, tocado por Paul. A final de cuentas el tema es lindo, ligero, intenta ser gracioso, y no creo que sea malo, pero no está a la altura del resto del disco. Insisto en que hubiese quedado mejor en la cara dos, acompañando los temas chuscos de John.

Afortunadamente McCartney se reivindica de inmediato con “Oh! Darling”, una canción que crece más y más cada que la escucho o toco. Paul parecía celoso de “Something” y quiso hacer su propia balada épica. No está a la altura de “Something” pero quizá es la mejor canción de amor que McCartney escribió en su vida, una balada tipo de fines de los 50’s, inicios de los 60’s por su estructura de acordes. Paul hace otro gigantesco performance de bajo, con las 4 cuerdas en constante movimiento, dando tremenda fluidez a la lenta secuencia de acordes. Ringo suena descomunal, dando una inusitada energía y con un rol definitivo en los clímax. John estaba fascinado con la canción e insistía en que él debía cantarla. Paul llegó durante una semana temprano al estudio para hacer las tomas de la voz, ya que sólo podía lograr una toma seguido (similar a John con “Twist & Shout”). A John nunca lo convenció e intentó hacer su versión, improvisando versos sobre el divorcio de Yoko que se acababa de resolver, como lo podemos oír en el Anthology 3, pero Paul no cedió, y hay que agradecerle. El nivel vocal que alcanza es supremo, gritando a todo pulmón pero sin perder la emotividad y sinceridad de su dedicatoria a Linda. John no saboteó la canción, al contrario, aporta con una gran guitarra rítmica llena de fuzz, entrecortada, pero sobre todo, con los coros a dueto con George, que a decir de Geoff Emerick, quedaron muy escondidos en la mezcla. Preston hace el gran piano, y George se discute con un arreglo circular en el puente, dejando caer las notas como gotas llameantes cargadas de distorsión. Un brutal trabajo en equipo para lograr una canción redonda, emotiva, que va creciendo en potencia y que en mi opinión, es una rola subestimadísima de los Beatles.

Ringo no se podía quedar atrás en este Opus Magnum, y colocó “Octopus's Garden”, la mejor rola de toda su vida. No deja de ser una canción infantil; George le ayudó un poco y humildemente declinó aparecer en los créditos, pero hay que reconocerle el esfuerzo a Starr. La canción es encantadora, de principio a fin. Independientemente de los espectaculares arreglos, desde la guitarra harrisoniana de la intro, los espectaculares coros a 3 voces, el mágico pianito a cargo de Paul, John con la guitarra de 12 cuerdas, y el montón de efectos subacuáticos que recuerdan vagamente a “Yellow Submarine”, la melodía compuesta por Ringo es estelar. La compuso en 1968, en un viaje en yate que hizo con un amigo en Cerdeña, después de probar calamar. Ringo desborda inocencia, optimismo, humor. Dedicada acaso a Zack, me sorprende el tremendo compromiso con que se lo tomaron los otros 3, ya que la labor en equipo nuevamente salta a la vista para vestir de forma apropiada la canción. No a todos gustó, y en su momento esta fue de las que fueron criticadas por su sobreproducción, pero es una de las pequeñas joyas de los Beatles.

La cara A cierra con “I Want You (She’s So Heavy”) de John, la canción más larga de los Beatles (no “Hey Jude” como muchos piensan), alcanzando casi los 8 minutos. Sólo John podía salir con una canción tan rara. No sólo por la inusual duración, sino porque apenas hay letra. John grita durante largos pasajes, pero prácticamente es el título, apenas son 14 palabras distintas en toda la rola. Lo habían notado? A que no! Parece fluida, no es hartosa. Es densa, eso sí. Toda la atmósfera hace sentir esa pesadez del título, pero no en una mala forma. Además es el único tema de los Beatles que se podría acercar al Progresivo. Tiene multipartes que van progresando y volviéndose más complejas e intensas. Arranca con un arpegio descendente a cargo de John (que lleva la guitarra líder aquí, George diría que cantó y tocó al mismo tiempo, como en vivo). Casi de inmediato nos vamos a una sección de parones y arrancones, y después empieza a tomar mayor fluidez en un patrón blues, para luego irnos a un puente instrumental en el que todos callan un instante para que Paul se luzca con 2 rapidísimos minisolos. Eso es todo. Pero se van repitiendo las partes, cada vez con mayor complejidad. Ringo va subiendo el ritmo de los platillos mientras que con cada vuelta Paul va haciendo un bajeo cada vez más intrincado y espectacular, improvisando, haciendo imposible seguirlo, con algunos toques jazzy y latinos, recorriendo literalmente todo el brazo del bajo. Al ser imposible de imitar ésta calculada improvisación, esta línea fue la con la que considero que me titulé de bajista, ya que tenía que hacer improvisaciones cada vez más rápidas y más o menos de la misma manufactura. Es una verdadera cátedra de bajeo, pero además en un estilo muy inusual para McCartney. Luego volvemos a los arpegios descendentes, hay un solo de órgano de Preston, y cuando menos pensamos, estamos en la colosal coda de 3 minutos, con los sintetizadores moog a cargo de Lennon, creando esa atmósfera huracanada, densa, elevando la tensión de manera mastodóntica, más y más, dando la impresión de que la rola va a reventar en cualquier instante, hasta que acaba de golpe y porrazo al 7:47. Da la impresión de que extendieron el tema hasta que se acabó el vinyl. En realidad aún quedaban 20 segundos, pero John le pidió a Parsons que cortara justo ahí, sabrá Dios por qué. Los críticos acribillaron los efectos del Ruido Blanco del Moog,  pero de que otra forma daban ese aire Apocalíptico??? Es un tema muy extraño inquietante, con una colosal instrumentación, y después de Helter Skelter, creo que el más pesado de toda la discografía. La sesión final en la que se agregaron los overdubs de guitarras, el 20 de Agosto de 1969, sería la última vez en que los cuatro Beatles estarían juntos en estudio… o en cualquier otro lado.

Las dulces notas de la guitarra acústica de “Here Comes The Sun” son como un amanecer después del fin del mundo del track anterior. Creo que George quería causar precisamente ESE efecto. El ’69 fue particularmente duro para George. Lo habían arrestado por posesión de mariguana, renunció brevemente a los Beatles durante las sesiones del Get Back, le extirparon las amígdalas… Para los británicos, después de un largo invierno, es de esperar un cálido verano, por lo que esta rola era un canto de esperanza a sí mismo, por decirlo de algún modo. En medio del hartazgo, un día largó todo y fue a visitar a su amigo Clapton, en Hurtwood. Paseando por el jardín de Eric, le llegó esa especie de revelación después de que escampó la lluvia: “Ya pasé lo difícil, vienen los buenos tiempos”, le pidió una guitarra acústica a Eric y empezó a componer la rola. El tema es tal cual, un rayo de esperanza, luz hecha música, de esa forma que sólo George Harrison podía hacerlo. Tras esa intro delicada y cristalina, entra la voz con una suave melodía. No les encanta como canta ese “It’s allright”? Pegajosa, dulce, hermosa, rematando cada verso con los arreglos de la guitarra con el capo en el séptimo traste. Luego entran flautas, chelos, y demás instrumentos, incluyendo el moog interpretado esta vez por George, que fue quien lo había introducido al grupo. Ringo suena espectacular en los remates y redoles, multiplicándose de una forma muy compleja sin aplastar la canción. Para los puentes hacen una exquisita escala descendente “Sun, sun, sun, here it comes…” tras el cual hay una sección de la orquesta que hace una escala inversa para regresar al verso. Recientemente se publicó un video en el que George Martin le muestra a Dhani Harrison el pequeño requinto que su padre había hecho para esta sección, pero que finalmente no incluyeron. La cara de sorpresa de Dhani debe ser igual a la que pusimos todos al ver ese video la primera vez. La orquestación aporta a esa atmosfera limpia y matutina. John no estuvo en las sesiones porque estaba recuperándose de un accidente automovilístico. George agregaría otra guitarra ya terminada la sesión. También metieron armonio y los aplausos que suenan a media canción. Es un tema precioso, eclipsado un poco por “Something”, pero después de ésta y “While My Guitar Gently Weeps”, debe ser la mejor rola de Harrison con los Beatles.

“Because” es la otra cara de la moneda. Es un tema de John, muy nostálgico, como un atardecer de otoño. Cuando hablaban de este disco como “el canto del cisne” de los Beatles, siempre pensaba en esta canción. “Así deben cantar los cisnes”, me decía en mi adolescencia. El tema inicia con un melancólico arpegio de clavicordio, que va haciendo tristes figuras por toda la canción. John de hecho estaba tocando la “Sonata Claro de Luna” de Beethoven y terminó haciendo estas figuras al tocarla en reversa, y le encantó. La guitarra de John haciendo la misma figura se procesó a través de un Leslie. Harrison toca el Moog aquí, aumentando esa aura de soledad de las letras. Pero lo importante aquí es espectacular sinfonía vocal que logran John en la voz media, Paul en altos y George en los graves. No contentos con el resultado, hicieron overdubs en otros 2 canales, para lograr esa perfecta armonía a 9 voces, de una belleza abrumadora. Yo le tomé aprecio hasta que intenté cantarla con Moby Dick. De las cosas que hay que agradecerle a las Antologías es la toma a capella de la canción, en la que se nota más el espectacular trabajo vocal del tema, y que me parece, hizo que se valorara mucho más esta joya perdida del Abbey Road...

Sigue “You Never Give Me Your Money”, que siempre me pareció una canción tristísima. El piano con que entra Paul, la casi desolación de su voz, la guitarra de George lagrimeando, los platillos discretos… Siempre supuse que esa parte era algo así como una versión musical de El Coronel No Tiene Quien le Escriba, y me entraba una melancolía abrumadora. Ahora sé que Paul la escribió como reproche a Allen Klein, que ya tenía al cuarteto bien agarrado de las bolas, adueñándose como apoderado de sus activos y sin soltarles un quinto. John lo tomó como un ataque hacia él, y diría que esta era otra de las “Canciones para Abuelitas” de Paul. No coincido. Es decir, Paul tiene canciones para abuelitas, “Martha My Dear”, “When I’m Sixty Four” entre otras, pero la tristísima figura de piano con que inicia merece tanto como el de “Because”. Luego Paul hace un drástico cambio, de voz, de mood, de ritmo, de tono. Una especie de Swing al 1:10 con esa voz afectada de “Lady Madona”, para luego cambiar a ese preciosísimo puente en medio tiempo “But all that magic feeling, nowhere to go” que a mi siempre me ha parecido excepcional, con los triples coros de fondo de manera celestial. Después viene en ácido requinto de Harrison, con los parones y arrancones (sigan a Ringo!) hasta quedar en un ritmo estable y entrar a la sección “One Sweet Dream”, en la que van cambiando espectacularmente los tiempos para la coda en arpegios descendientes, y un último requinto con John y George cantando el “1,2,3,4,5,6,7, all the children go to heaven” mientras la rola se va difuminando con ese sonido espectral del Moog y los grillos nocturnos. Yo creo que es de las rolas más subestimadas de Paul. Es una verdadera joya de Pop-Progresivo, una suite de 6 o 7 partes de apenas 4 minutos en la que nada suena forzado ni fuera de lugar. Es verdaderamente impresionante lo que logran. Que la letra, al menos el inicio fuera para darse una patada por debajo de la mesa, eso es otra cosa. Ah por cierto, se supone que aquí empieza el primer medley, ya que se liga con los efectos del final con el tema siguiente, aunque yo en lo personal prefiero considerarla como un tema individual y considerar el comienzo del Medley con “Sun King”.

Continuamos con “Sun King”, un tema de John, inusualmente apacible, tranquilo. Una especie de versión Lennoniana de “Here Comes The Sun”, con los órganos dominando, una melodía lenta, también a triple voz, y el bajeo octavado, guiando sutilmente. La melodía es suave, como un amanecer húmedo y lleno de rocío en la campiña inglesa. Casi da gusto escuchar a John cantando el “Everybody’s happy, everybody’s laughing”, considerando los problemas en los que andaba en ese tiempo. Al final, Lennon juguetea con las letras. Yo creía que era italiano, pero en realidad están bobeando, agregando el “cuando para mucho” y de ahí agregaron cualquier cosa en una mezcla de italiano y español. Al 2:26 Ringo hace un redoble que para en seco y continuamos sin más con…

“Mean Mr. Mustard”, temita que fue escrito en la India, basado en la nota de periódico que John leyó. Le pareció gracioso, pero no fue tomada en serio, hasta que milagrosamente encajó en el disco. Una versión más fiel a la original está en la Antología, duraba 4 minutos y era más rápida. Aquí tiene mucho más instrumentación y coros. Y su hermana Shirley en la original cambia a Pam para poder ligarla con la siguiente rola. Es divertida y aprovecha para lanzar uno o dos dardos en las letras. Originalmente después seguía “Her Majesty” pero el último día Paul decidió que no embonaba entre las dos piezas y la eliminó del disco. Geoff Emerick pensó que alguien había cometido un error y la metió al final. Los demás se enteraron y decidieron que les gustaba, en quizá el único error grave del Abbey Road.

Luego vienen las secuencias de 3 guitarrazos que dan inicio a “Polithene Pam” con ese tamboreo característico y los remates agudos de George. Coros de gran manufactura, un tiempo más rápido llevado de forma brillante por Ringo, y una melodía fuerte, cantada de forma casi atropellada con la voz más nasal de John. Está basada en una fan de los días de la Caverna, a quien llamaban Polithene Pat. No puedo concebir esta sin la anterior, y en realidad sin la siguiente. Hacia el final George hace un requinto juguetón que sirve para hacer la transición descendente hacia…

“She Came In Through The Bathroom Window”, compuesta por Paul cuando Jessica Samuels, una fan, se coló a su casa por la ventana de… sí, del baño! Paul canta las banales letras con una gigantesca y pegajosa melodía, haciendo un melodramático puente en tonos menores y regresando al ritmo juguetón con maestría. Ringo… nuevamente Ringo. Este disco es la prueba de que estaba subestimadísimo, siendo quizá su punto más brillante con las baquetas. La rola acaba en menos de dos minutos, cerrando el primer Medley.

El segundo inicia con “Golden Slumbers”. Me es imposible escuchar ese “Once there was a way” sin que se me enchine la piel. Un piano hermoso, de tintes clásicos, retomando esa tremenda melancolía, de “You Never Give Me You Money”, pero con una gran carga de esperanza, de ternura. Es una canción de cuna, pero la mejor canción de cuna que jamás se haya escrito. Paul encontró en el piano de su padre las partituras de “Craddle Song” de Thomas Dekker, una canción de cuna de 1603. Paul, al no saber leer bien las partituras, hizo su versión, que conserva poco de la original. Los arreglos de cuerdas de Martin crean un guante de seda delicado, exacto. El bajeo es discreto, puntenado en los momentos perfectos. Luego viene el clímax con el redoble de Ringo, con Paul casi gritando el título con una sección de vientos sonando de manera majestuosa, y uno se puede imaginar una legión de ángeles cuidando el sueño de Heather, hijastra de Paul, que supongo a ella se la dedicó. La canción siempre me ha encantado, pero el toque personal es que la comencé a ensayar con Plastic Soldiers cuando mi esposa Hiz estaba embarazada de mi primer hijo. Ella iba a los ensayos, y el pequeño brincaba y pateaba precisamente cuando empezábamos este tema. Siendo un bebé se le iluminaba la cara cuando se la empezaba a cantar... “Sleep pretty Darling do no cry, and I will sing a lullaby”, como si la reconociera. Es increíble la intensidad que puede alcanzar en apenas minuto y medio que dura esta sección. Al terminar se liga de inmediato con…

“Carry That Weight”, que arranca con el redoble de Ringo, y los 4 cantando el estribillo, y en realidad es solamente esa parte. El resto es una especie de reprise del tema de “You Never Give Me Your Money” y un verso que había quedado fuera, además del soberbio solo de George y los arreglos de metales de Martin. Luego volvemos al estribillo con la voz de Starr dominando. Se supone que Paul hablaba del peso que a esas alturas representaba para los 4 ser un Beatle. Al final George hace un arpegio con leve distorsión con el que hace cierta transición al siguiente tema. Dura poco más de minuto y medio.  “Golden Slumbers” y “Carry That Weight” fueron grabadas en una sola toma durante la misma sesión, el 2 de Julio.

La guitarra de George en “Carry That Weight” se vuelve un pequeño requinto muy rocker con el que inicia “The End”. Paul hace su voz gritada “Oh, Yeah, all right, are you gonna be in my dreams, tonight!” en una maravillosa escala que acaba de golpe y deja a Ringo llevando el ritmo con el bombo, con lo que inicia al :20 el único solo de batería con el cuarteto. Dura apenas unos 15 segundos, pero es maravilloso. En seguida entran los coros con los “love you’s” y la guitarra distorsionada de fondo, que se convierte en ese magistral requinto a tres guitarras. Paul, George y John, en ese orden, tocando dos tiempos del requinto que inicia al :55, y alternándose en ese orden 3 vueltas. Se nota el estilo de cada uno ala guitarra, Paul muy melódico, George con más técnica y bluesero, y John más desgarbado y sucio. Inmediatamente después del tercer solo de Lennon, al 1:30, las guitarras callan por completo y queda el piano punteado con que inicia el “And in the end, the love you take, is equal to the love you make” con arañitas de Harrison, una soberbia armonización a 3 voces,  y un espectacular cambio de tiempo a media frase, justo en el “you make”, para rematar con un “AhhAAAAAhhh” celestial y el requinto final con el que cierra. Paul diría (igual que “Yesterday”) que si hubiera tenido más conocimiento musical, ese cambio de tiempo al final hubiera sido imposible. La canción entera es soberbia, son los cuatro Beatles haciendo solos, incluso Ringo, colaborando con sus individualidades para hacer una de las mejores piezas colectivas. Creo que esa última frase está muy, pero muy menospreciada. Incluso John lo reconocería en una entrevista en 1980. “And in the end, the love you take, is equal to the love you make”, es una de las mejores líneas de Paul, casi del mismo tamaño que el “All You Need is Love” de John. Es uno de los más grandes legados Beatles y de alguna forma no se le dio la dimensión que merece. Es decir, es la última  línea de la última canción del último disco de los Beatles!!! Y es tan grande y tan genial. Es simplemente la definición misma de los Beatles. Su despedida. La explicación, así tan fácil, de porqué son tan grandes, porqué a 40 años de su disolución siguen siendo la banda más grande del planeta, porqué los niños de 3 años cantan sus canciones, porqué son y serán inalcanzables… porque al final, el amor que cosechas es igual al amor siembras, y los Beatles simplemente se partieron el alma y se entregaron por completo durante los 8 años de carrera discográfica, en sus 13 discos de estudio y en todos y cada uno de sus singles. El legado que dejaron trasciende su música. Es decir, ese es el medio por el que nos lo hicieron llegar, pero la razón de su grandeza se explica en “All You Need Is Love”, en “Something”, y se redondea con “The End”. Si a punta de pistola me preguntan cuál es mi canción favorita de los Beatles, en éstos momentos y desde hace ya algunos años, debo decir que el Medley final del Abbey Road, considerando estas 3 canciones como una unidad. Es además, la mejor canción que he tenido el honor de tocar, con todo y coros.

Nunca le perdonaré a Malcolm Davies, de Apple que haya incluido “Her Majesty” al final. Es decir, el tema es lindo, no sólo gracioso, sino una tremenda cachetada política por parte de Paul, algo inusual de él. Pero éste no era su lugar. Supongo que era cantada desde la perspectiva de “Mr. Mustard” cuando al fin conoce a la reina, pero no deja de ser un trancazo la línea de “Someday I’m gonna make her mine”. Habrá sabido la reina de esto cuando lo nombró caballero? En fin, son aproximadamente 20 segundos, pero en ese instante echa a perder por completo el efecto que hubiera tenido “The End” y esa infinita línea con que cierra como el último legado Beatle. Por algo se llamaba “The End”, demonios!

 

El Abbey Road es un disco colosal, que crece con cada escucha, y que cada vez descubro más y más cosas. Aún después de la reseña, sigo sin saber del todo porqué es tan grande. Quizá por ser ese reflejo de la vida misma. Las canciones son aparentemente simples, en la estructura tonal, al menos. Pero ya vistas en detalle, cada tema es complejo, tiene un nivel instrumental excepcional por parte de los 4, hay experimentaciones en los sonidos con la incorporación del Moog al que hoy en día estamos acostumbrados, pero en su momento fue sísmico, y además en la secuencia de temas que conforman los Medleys. No se puede decir que sea una Ópera Rock, ni mucho menos, pero el concepto fue muy novedoso en su momento. Sin embargo, creo que lo más importante es que se nota el esfuerzo y dedicación que todos pusieron en este disco. Lo transmiten en cada nota. Y hay cierta sensación de despedida. Es la definición misma de un Canto del Cisne.

El Abbey Road se fue volviendo mi casa, un hogar de notas en el que siento una gran calidez cada que entro. Es el Soundtrack de mi vida. Es el disco que quiero que suene en mi funeral. De toda mi colección de acetatos, es el que quiero sostener en mis manos cuando sea enterrado. Ésas últimas líneas, que explican de forma tan sencilla porqué los Beatles son la banda más grande y querida del universo, y que trato de tener como filosofía personal, son las que quiero que queden grabadas en mi epitafio: “And in the end, the love you take, is equal to the love you make…”

  

 Por Corvan  

 

Letras de El Traductor de Rock 

 

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