ABSOLUTION (Muse, 2003)

Artista: Muse (C)
Fecha de Grabación: Sep ‘02 - Jun ‘03
Fecha de Lanzamiento: 29 de Septiembre del 2003, UK
Discográfica: A&E / Mushroom
Productor: Rich Costey, John Cornfield, Paul Reeve, Muse
Calificación:
10 (MUST HAVE)

                           

Era: Alternativo II: La Gran Explosión (1990-1999)

Subgénero: Progresivo 

Mejor Canción: Hysteria, o Butterflies and Hurricanes , o Stokholm Syndrome

Canciones: 1) Intro; 2) Apocalypse Please; 3) Time Is Running Out; 4) Sing for Absolution; 5) Stockholm Syndrome; 6) Falling Away With You; 7) Interlude; 8) Hysteria; 9) Blackout; 10) Butterflies and Hurricanes; 11) The Small Print; 12) Endlessly; 13) Thoughts of a Dying Atheist; 14) Ruled by Secrecy.

 

Nota: El Hullabaloo Soundtrack es un gran disco, pero es en parte un compilatorio de lados B y outtakes en un disco, y temas en vivo en el otro. No lo estoy descartando, por su calidad, pero el H.A.A.R.P. me parece bastante superior como disco en vivo, y me parece más un compilatorio de Lados B, por lo que lo estaremos dejando hasta el final, como el resto de estos compilatorios en las demás bandas. Además me es necesario continuar con el Absolution para ciertos fines prácticos, ya que me servirá para marcar distancia y evidenciar porqué ciertos discos que se aproximan son de 9 (nota que sorprenderá a muchos o al menos serán polémicas) y no de 10.

 

Apocalíptico. Es la única palabra que describe a la perfección este disco en todos y cada uno de los sentidos. Si tuviera que haber un soundtrack para el fin del mundo sería sin duda el Absolution. No sé si este disco es mejor que el Origin of Symmetry, a mi por lo general me gusta más el Origin, por un pelo, pero en ocasiones prefiero el Absolution; depende del clima. Sin embargo siempre he visto estos dos discos muy ligados entre sí. El Absolution es un Origin of Symmetry más maduro y acabado, y me recuerda mucho ese nexo que en su momento tuvieron el Rubber Soul-Revolver como evolución de los Beatles, o el OK Computer-Kid A en el caso de Radiohead. No es que Muse haya cambiado radicalmente su sonido, sino que por fin se encontró a si mismo en pleno, su estilo propio, cortándose por fin el cordón umbilical con Radiohead, diluyendo cualquier parecido vocal y musical que todavía le atrajo algunas críticas en su disco previo.

En realidad Muse deseaba hacer un disco mucho más tranquilo y esperanzador, enfocándose más en las texturas y experimentación sónica. Se metieron a los estudios durante prácticamente todo el 2002 de la mano de Rich Costey, quien fungió como productor principal, haciendo una labor notable y dando una claridad espectacular a cada instrumento a pesar de la potencia. Esta vez se metieron con bastante tiempo y sin presiones, ya que los discos anteriores los habían sentido más apresurados. La idea de un disco más calmado se fue al traste cuando la indignación por la Guerra de Irak se fue filtrando en las notas y pluma de Bellamy. La Intro hace nota de ese sentimiento bélico, y muchas de las canciones usan esa metáfora del fin del mundo como una alegoría al sinsentido de una guerra que tenía como único fin las ganancias trillonarias de unos cuantos. Así, mientras Bruce Springsteen y Paul McCartney le cantaban a las Torres Gemelas en un acto más populista que honesto (al menos así me pareció), o U2 se metía al estudio a preparar su blando y sermoneador How To Dismantle an Atomic Bomb, Muse realmente sacudía al mundo con la crudeza y furia de este disco. No es un canto de esperanza, no es un “tomémonos de las manos y cantemos por la paz”. Es un grito de guerra. Matt canta rabioso: “Declare this an emergency, come on and spread a sense of urgency” y cierra contundementemente: “this is the end of the world” no porque el reciente Y2K o el 2012 Maya, sino porque la ambición humana nos ha llevado a lo más bajo posible, hemos perdido la esencia, y eso, ESO es mucho peor que si un meteorito nos hiciera puré.

Musicalmente es pura belleza. Se nota una evolución musical en los tres elementos, que lucen más sólidos, confiados, compenetrados, y haciendo una tremenda labor individual y en equipo para que prácticamente cada tema sea un obra perfecta, con un balance insuperable de Rock, Prog, Pop y sonidos Clásicos. Es más distorsionado, pero desligándose de los sonidos gringos, sonando más Prog, más Muse.  Siguen con las notas barrocas de piano, pero esta vez logran equilibrar mucho mejor las texturas y los cambios de ritmo. Y en la experimentación sonora, incluso incorporan por primera vez una orquesta completa en “Blackout” con resultados muy buenos.

Quizá sea el mejor álbum líricamente de Muse. No me molesta el “Rock Espacial”, pero nunca lo he tomado demasiado en serio, a pesar de que innegablemente tiene un gran Groove. Por eso mencionaba realmente poco de las letras de Muse en las reseñas previas. Aquí Bellamy profundiza en la teoría conspirativa y del fin del mundo pero con un trasfondo mucho más profundo y que definitivamente me alcanza a tocar. Puede sonar indignado, salvaje, paranoico, o más sensible y personal, pero en este disco siempre me ha parecido que es donde suena más honesto y conmovedor. Vocalmente además, se desprende de su mentor Thom Yorke para un estilo independiente, propio, poderoso, más dramático con ese falsetto ya dominado. Con la guitarra hace magia, recetándonos una cátedra de arpegios, tremolo, escalas, uso de pedales y una técnica endiablada, que sin duda lo colocaron como uno de los mejores y más sorprendentes guitarros de la década. Chris Wolstenholme luce mastodóntico, con un bajo poderoso y cada vez más virtuoso, llenando a la perfección los espacios, haciendo riffs y experimentando con nuevas distorsiones y texturas en su instrumento. Dominic Howard también luce imparable, y es en parte responsable de ese ambiente apocalíptico y esa sensación de urgencia con la técnica y pirotecnia con que le pega a  los tambores, y la forma en que va manejando los cambios de ritmo sin dejar que la tensión disminuya. Por otro lado la producción es buena, el bajo esta vez se escucha muy bien y los platillos no opacan los demás instrumentos. Todo se combina para hacer un disco maestral y redondo.

 

El álbum abre con una “Intro” de apenas unos segundos donde se oye un ejército marchando con un ritmo marcial pero extraño, y unas voces de fondo gritando órdenes. Dura una nada y parece insignificante, pero sirve para crear esa sensación apocalíptica y bélica en el disco. Como nota, el efecto lo lograron con unas latas que golpeaban en el piso y que fueron multiplicando sobreponiendo las pistas.

Inmediatamente unos dramáticos acordes de piano hacen su aparición mientras el ritmo de la marcha se sustituye por la poderosa batería en "Apocalypse Please". Matt de inmediato nos mete en el mood del disco entero con esas primeras líneas, que combinado con los cambios de rimo, nos crean efectivamente una sensación de urgencia y emergencia. Para los estribillos canta “This is the eeeeend of the wooooooooooorld” con una convicción aterradora. Al 1:48 la canción se mete en un puente instrumental con los teclados haciendo unos arpegios espirales y endiablados, y a pesar de que el beat luce más tranquilo, en general la ambientación se va volviendo más claustrofóbica y tensionante, con ciertos aires astrales. Luego regresamos a la estructura principal. Dominic suena brutal, como si se quisiera acabar su batería, pero sin asfixiar la canción. Hay que seguirlo cada segundo. Uno se tiene que agarrar a su asiento por el poder brutal de la canción. Y uno se queda anonadado al darse cuenta de que no hay una sola nota de guitarra!!! Es todo piano-sintetizador, el bajo con alguna distorsión y la descomunal batería. No es impresionante? Originalmente le iban a meter orquestación, ya que querían que quedara lo más “ridículamente épica” posible, pero al final la eliminaron porque era demasiado. Así está perfecta. No puedo imaginar una canción más apantallante y terrorífica que no tenga guitarra en ella. Es un resumen de la perfecta combinación de estilos, recursos, cambios de ritmo y despliegue instrumental del álbum entero.

Luego sigue “Time Is Running Out”, con un riff crujiente de bajo con harto fuzz. Después un beat seco de batería y la canción empieza más ligera y con un aire más juguetón. Son esos dedos chasqueados? Los teclados entran de repente aumentando el aire lúdico con un sonido como de botella con agua. Luego de la nada empiezan a crear una tensión descomunal con los puentes “bury, I won’t let you bury it” para explotar como volcán en el coro, que entra ya con guitarra-bajo con la distorsión a todo y  la batería retomando esos aires apocalípticos. La atmósfera inocente con que inició queda sepultada con tonos oscuros y amenazantes y viene un breve solo de guitarra al 1:15. Dominic sigue creciendo con cada cambio, y la banda experimenta con texturas y efectos sin cambiar demasiado el beat y la estructura básica, pero añadiendo ganchos y cambios de forma a cada instante. Al 2:20 tenemos ese puente en que Matt hace una melodía muy pop a manera de gancho, llegan a un mini clímax y la canción se apaga a su ritmo y potencia inicial, para comenzar de nuevo con la creación de tensión. No es maravilloso? Muse juega con los tiempos y viste la rola con una cantidad de recursos que denotan que es un genio. Y en su complejidad la rola en realidad es una melodía pop, sencilla, llevada al extremo por estos magos. La letra es un maravilloso reclamo a la clase política por la porquería de mundo que nos están dejando. No es “Masters of War” pero está muy bien hecha y logra tocar fibras con esa furia tras la pluma.

Continuamos con “Sing For Absolution”, una canción que inicia más tranquila, en un tono casi de balada y con la voz más dulce de Matt. El piano es también de gran suavidad, con un arreglo que parece vaivén. No es una canción de cuna, pero este inicio me parece suave y aterciopelado como para un bebé. Las guitarras están cargadas de trémolo y no suenan tan distintas al efecto acuoso y lleno de eco de los pianos. Evidentemente se van alternando ya que es el mismo Matt quien los hace. Para los estribillos (al 1:15) preparan el cambio con una escala muy coqueta de 3 tonos y luego la guitarra toma un poco más de potencia, así como la voz más angustiante, cantando el título en tonos medios-altos, aunque sin hacer un clímax. Éste llega hasta el 3:05 cuando después del coro Matt despega y se queda sosteniendo una nota altísima, para luego hacer un breve requinto con bastante más distorsión. La canción mantiene la intensidad y Bellamy sube una octava en los últimos veros para que la “canción de cuna” se torne en otro tema dantesco y de una fuerza descomunal. Las letras son raras. En parte una canción de amor, pero con un pesimismo que raya en lo obsesivo: “There's nowhere left to hide, in no one to confide, the truth burns deep inside, and will never die…”

Luego tenemos la primer obra maestra del disco. No es que las demás no sean buenas, pero “Stokholm Syndrome” tiene un nivel aparte, siendo un himno potentísimo, muy inteligente, con un entrelazamiento casi celestial entre los instrumentos. Lo primero que brinca es ese riff colosal de guitarra, sangrante, casi despiadado. Luego un redoble brutal de batería, y la línea de un bajo, columpiándose de manera elástica entre 2 notas para redondear la intro. Uff! Luego entramos propiamente al :22 con un bajo y guitarras punteadas a velocidad de metralleta, mientras Matt entra con una melodía vocal que parece ser de otra canción. Canta con angustia, pero de una manera muy lenta y cadente que contrasta con la velocidad brutal de sus compañeros, que atacan sus instrumentos como si se les fuera su vida en ello. Al 1:20 hacen ese descenso en tonos y bajan el ritmo para el estribillo, con más color por los arpegios de piano, que dan un toque de delicadeza clásica en medio de la demolición de la distorsión. Matt hace cambios mágicos en su registro, yendo de una rabia cuasi metalera a un falsetto tan delicado como el piano, todo en cuestión de segundos. No hay ni rastro de Yorke! Al 3:20 hacen ese minpuente instrumental, parece que la canción se apaga con el riff de metralla y regresa la sección rítmica para a partir de ahí construir el magistral solo, que es sencillo, pero con una fuerza para irse de espaldas, con alguna reminiscencia al Morello de RATM. Hacia el final se quedan en ese riff destructivo que haría sonrojar a Pantera o Sepultura. Pocas veces he oído tan perfecta combinación de riffs (2 o 3) de guitarras y bajo, pianos con una delicadeza de cristal, bajos que lanzan no-se-cuántos-trillones-de-notas-por-minuto y una batería tan potente, combinados con un coro tan emocional y contrastante: “This is the last time I'll abandon you, And this is, the last time I'll forget you… I WISH I COULD!!!” De hecho, es de las canciones más heavies de Muse, y se dice que inspiró al mismísimo Dream Theater para hacer “Never Enough”. Como sea, a pesar de la gran labor de todos, creo que Howard se lleva la canción y se coloca con ella como uno de los mejores bateristas del momento.

Sigue “Falling Away With You”, donde la banda baja los decibeles y se nos pone nostálgica, con un lindo adorno de guitarra y una voz desnuda de Matt, sedosa, reflexiva e íntima. Al menos al principio. Al 1:15 entran sus compañeros y comienzan a crear esa tensión mastodóntica, hasta entrar en ritmo al 1:35, con la rola ya en pleno, el bajo haciendo una figura elástica y el sintetizador haciendo escalas a toda velocidad como si fuera un arpegiador galáctico. Líricamente es una especie de balada de desamor, más evidentemente en los versos, donde la delicadeza de  la instrumentación se combina con esa nostalgia lírica. Los coros pudieran tomarse otra vez como apocalípticos,  pero más bien se refiera a la tragedia personal cuando canta “And I'll feel my world crumbling, I'll feel my life crumbling, I'll feel my soul crumbling away”. Notable como incluso en las aparentes baladas alcanzan cierto nivel de potencia, y sin el recurso trillado del Power Chord.

Continúa “Interlude” que es eso, un breve interludio con una figura dramática de la guitarra con el fuzz y la saturación al máximo. Con todo y que dura apenas :37 es de una gran belleza. Es como si fuera un pedacito de Tchaikovski interpretado con sierra eléctrica.

Luego viene otra de las joyas de Muse. “Hysteria” es un pedazo de canción, siempre entre mis más fuertes candidatas a mi favorita de toda la discografía del grupo. Inicia con un asombroso riff de bajo, cargado de una distorsión crujiente y cargada de electricidad. Una obra maestra de Chris, una línea que se ha convertido en uno de los símbolos de Muse, y ha sido votada como una de las mejores de la historia. Al :10 arranca la guitarra subiendo lentamente por todo el brazo para crear una tensión industrial, con la batería letárgica de fondo, y al 20 arrancamos con el ritmo y el riff principal de guitarra, de excelente manufactura. La combinación de los 3 instrumentos conforman una de las intros más poderosas, oscuras, efectivas y memorables de las que tenga memoria. La voz de Matt entra al :40, en tonos agudos que brincan fácilmente al falsetto con total naturalidad. La línea melódica es pegajosa, con cierta oscuridad y desesperación y el coro se vuelve pegajoso y brillante. Uno no puede evitar cantar con Bellamy ese “I want it nooooow, I want it noooooooooow!! Give me your heart and your soooooul”. Luego regresamos al trepidante riff principal de la Intro, que no me hartaría de oír un día entero, y posteriormente regresamos a los verosos-coros. Tras este segundo coro, Chris se queda unas vueltas haciendo esa histérica línea de bajo y enseguida Matt hace uno de los requintos más fascinantes de guitarra que le he oído, al inicio repitiendo a toda velocidad, pero luego hace una escala hacia abajo e inicia uno más pausado y logrado al 2:45. Regresamos al estribillo. Uno no sabe si es una canción de metal progresivo o de perfecto pop. O cómo es que combinan ambos estilos para algo tan redondo. Cerramos a toda máquina con el bajo de Wolstenholme relampagueando y acabando de golpe en apenas 3:40 de perfección absoluta.

Continuamos con “Blackout”, en la que por primera vez agregan una orquestación de 16 piezas, con mandolina y todo. Hacen oleadas sonoras con aires nocturnos y estivales. La atmósfera es íntima, sobrecogedora, con un ritmo de vals muy mono, con arreglos muy clásicos, y en verdad parece por momentos una composición de fines del siglo XIX. Matt canta con una nostalgia contagiosa, es una especie de despedida a una chica a la que está cortando. Al 2:20 entra la guitarra con un fuzz rarísimo, como de insecto zumbando. Sé quela idea es hacer contraste con los sonidos clásicos, pero a mi gusto esta guitarra echa a perder por completo la canción, al menos cuando entra, ya que después parece adherirse mejor a la canción. En fin, el arreglo instrumental es muy bueno, pero el protagonismo de Bellamy con la guitarra me impide marcarla en rojo. Si al menos se hubiera mostrado un poco discreto como sus compañeros…

Sigue “Butterflies and Hurricanes”, otro de los señores temas épicos de Muse, ya convertido en un clásico de nuestro tiempo. Esta es una cátedra de cambios de ritmo, manejos de tensión, dominio instrumental, melodías perfectas y además con un piano virtuoso. Qué más se puede pedir a una canción? Inicia con el bajo de Chris con un efecto raro, como electrónico, mientras Matt entra en un tono confidencial, como si nos estuviera revelando los secretos del universo. La banda va en un lento crescendo en el que va ganando confianza y potencia hasta un break al 1:20, en el que Chris descuartiza su batería y la canción alcanza proporciones mastodónticas. Bellamy hace exactamente la misma línea melódica y exactamente la misma letra, pero una octava más arriba, con una gran desesperación y con la muralla sónica de sus compañeros al fondo. Los teclados hacen unas oscilaciones aterciopeladas que van acompañando la voz durante esta sección. Al 2:35 tenemos de nuevo el quiebre vocal, pero en vez de regresar a los versos tenemos un extenso puente instrumental, donde primero dominan los teclados con efecto de violín y luego un piano de cajita de cristal, que se queda tintineando para un falso final al 3:15. Hay una pausa que parece eterna, y luego Matt regresa con un magnífico piano de influencia Rachmaninoff, con escalas a una velocidad imposible y de una belleza sobrecogedora, con arreglos de cuerdas o una muy buena imitación de sintetizadores al fondo. Luego regresamos al verso en tono confidencial para esta vez hacer explotar la rola sin previo aviso directo al estribillo, y cuando parece que no la pueden subir más, lo hacen con el espectacular break en el que bajo, piano y batería se sincronizan para un cierre volcánico y abrupto. Las letras esta vez también son buenas, más esperanzadoras. Hablan evidentemente del efecto mariposa, en el que un simple aleteo de este bicho puede generar un huracán al otro lado del mundo, es decir de las repercusiones que cada uno de nuestros actos puede traer a futuro. Más que una narrativa de Sci-Fi y conspirativa, es un canto alentador: “Change everything you are, And everything you were” y en los coros canta: “Best, You've got to be the best, You've got to change the world”. En fin. Una gran, enorme canción en donde todo se conjuga para sonar colosal, épico y una de las rolas que marcaron la primer década del milenio. No sé si les pasa igual, pero jamás me ha parecido que dure 5 minutos. Tiene tantos cambios y variedad que me parece muy corta, y se me va siempre en un suspiro.

Luego llega “The Small Print”, un rocker más estándar, con la potencia sin aflojar desde la primer nota, a un ritmo cuasi punk. Matt canta con un sello distinto, no sé, más cabaretero o glam. Los instrumentos optan más por la potencia que por el brillo técnico, y por momentos suena muy sucia. Tal vez la más floja del disco, pero aún así tiene sus cualidades: un buen riff y buenos cambios de tiempo.

Con “Endlessy” retoman un trabajo más pausado y con manejo de texturas. Los teclados suenan entrecortados y con cierto aire disco. La batería maneja un beat que no sé si sea bailable, algo abstracto para Dominic, y el bajo me parece que trae una distorsión extraña. Es decir, todo suena raro en esta canción; la espiral de teclado al 2:40 parece haber sido grabado al revés y dan la impresión de que van a hacer una de sus explosiones en cualquier momento, pero cuando la batería hace un redoble y parece que van a un clímax, es precisamente cuando termina. Una canción muy rara, pero extrañamente agradable. Y se agradece una pausa más atmosférica después de la abrasiva canción anterior.

Seguimos con “Thoughts of a Dying Atheist”, una canción bastante más simple en estructura, donde Chris por ejemplo, se contenta con seguir un frenético punteo sin muchos adornos. La guitarra va arpegiando también de una manera simple. Las melodías de los coros me parecen un tanto flojas, pero en los coros se va a ganchos pop muy pegajosos. Lo mejor acaso sea el puente instrumental al minuto 2 con los parones y arrancones y esas guitarras aéreas. Eso y el título, por supuesto.

Finalizamos con “Ruled by Secrecy”, una canción delicadísima, con un arpegios sublimes de piano y Matt cantando lo más emocional posible, enganchándonos con esa infinita tristeza mezclada en sus agudos. Al 1:35 entran bajo y batería de manera discreta, sin opacar ese diálogo íntimo entre la voz y el piano. Al 2:55 es el mismo Matt quien le mete más drama con un piano amargo, con mayor volumen. Luego regresa para hacer un cierre épico, cambiando con ligeros matices de su voz, un tono angustiante y absorbente a uno dulce y delicado. La canción y el disco cierran con el bello arpegio inicial desvaneciéndose. Posiblemente no sea de las favoritas de los fans ni aparezca en compilatorios, pero sin duda es una muestra del dominio y talento compositivo de Bellamy, haciendo una pieza que parece más de una vieja obra clásica rusa que a un grupo de Prog Rock Espacial de los dosmiles.

 

El Absolution es un disco fuertísimo por donde se vea. Tanto que por fin le dio a Muse el reconocimiento masivo del que carecía aún en USA, ya que hasta entonces solo dominaba Europa y los círculos underground americanos. Curiosamente este es el que me parece menos accesible para el público estadounidense, pero ya ven que son impredecibles. En fin, este disco toma a Muse en su mejor momento, con mayor madurez y manejo de todos los elementos que los han hecho una de las bandas más sobresalientes de la primer década del milenio. Aquí encuentran su estilo definitivo y hacen el balance más perfecto de todos los ingredientes que agregan a su música: Riffs demoledores, Hard Rock, Progresivo, Pop, influencias clásicas en pianos y orquestaciones, el perfecto dominio vocal de Bellamy, desligándose de influencias externas, más lucidez lírica,  y una creatividad sin límites… Insisto en que no podría definirme propiamente entre el Origin of Symmetry y el Absolution. El Origin suena más fresco, espontáneo e impredecible, pero aquí el sonido es más espectacular, y el balance que logran con todos los elementos combinados ya jamás lograrán equilibrarlos con igual perfección. Para el siguiente disco seguirán a gran nivel, pero dicho equilibrio comienza a romperse, ya que se notan temas no tan accesibles y otros con una intención comercial mucho más evidente.

El gran mérito de este disco, y que veo muy difícil que se repita con igual éxito, es que deja extasiados por igual a los alternativos, los progs, los metaleros… y hasta a los poperos. Eso es algo que jamás había visto. Por eso es un Must Have!

 

 

Por Corvan 

 

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