AWAKE (Dream Theater, 1994)

Artista: Dream Theater (C)

Fecha de Grabación: May – Jul ‘94

Fecha de Lanzamiento: 4 de Octubre de 1994, USA

Discográfica: East West

Productor: John Purdell, Duane Baron

Calificación: 8.5

                 

Era: Alternativo II: Progresivo (1968-???) 

Subgénero: Metal

Mejor Canción: The Mirror o Space-Dye Vest

Canciones: 1) Six O'clock; 2) Caught In A Web; 3) Innocence Faded; 4) Erotomania; 5) Voices; 6) The Silent Man; 7) The Mirror; 8) Lie; 9) Lifting Shadows off a Dream; 10) Scarred; 11) Space-Dye Vest.

 

Dream Theater es un caso extraño. Actualmente son conocidos por ser una banda llena de virtuosos que hacen solos de media hora (cada uno) definitivamente apantallantes, pateatraseros, tumbasientos, pero sin alma. Sin melodía. Sin demasiados ganchos. El virtuosismo del a banda no se puede negar, y les han salido un trillón de intentos de copias que fallan miserablemente, ya sea en el terreno del Metal, del Progresivo, o los más atrevidos, en el Prog-Metal. Yep, no lo voy a negar. Dream Theater lleva ya tiempo sacrificando fuerza emocional por convertirse en una avalancha de velocidad y poder, y si es posible, con 45 cambios de tiempo en un mismo tema. El virtuosismo nadie lo niega, pero se extrañan las atmósferas y la composición. O quizá, precisamente el problema es que exageran en la composición y se volvieron demasiado calculadores y pretenciosos.

Cuenta la leyenda que no siempre fue así. Dicen los antiguos, que allá en los 90’s, cuando el mítico Mike Portnoy todavía era una blitzkrieg con las baquetas y el aún más legendario Kevin Moore hacía magia con los teclados, tenían alma, melodicidad, hacían discos complejos y calculados, pero llenos de ganchos y buenos riffs.

El sonido de Dream Theater no es fácil. Son 5 avalanchas tratando de destacar sobre las demás. Cuando logran un balance, cuando consiguen un equilibrio sin amontonarse, son una de las más perfectas y poderosas máquinas de música del planeta. A estas alturas aún no perdían el piso, aún no alcanzaban una década consecutiva encabezando las listas de sus respectivos instrumentos, y la ambición que tenían era en la medida correcta. Habían logrado éxito con el Images and Words, sobretodo con “Pull Me Under”, a mi gusto, su mejor rola hasta el momento, con el que se colaron al top ten y una de las pocas por las que MTV le ha rogado a la banda por un video. La presión por igualar el éxito era mucha, e EastWest, la división de Elektra con la que habían firmado, no les facilitó las cosas: le pidió a la banda que además, hicieran un disco más potente, oscuro, más cercano al Grunge, sin perder la esencia, y que fuera un éxito. Si lo lograban, tendrían absoluta libertad creativa en su siguiente placa.

Tras un mes de vacaciones al terminar la inmensa gira del Images And Words, la banda comenzó a preparar el nuevo disco, en Febrero de 1994. Contrario a lo que se pudiera pensar, no hay un líder absoluto en Dream Theater. No, ni Petrucci ni Portnoy, al menos por aquéllos tiempos. Musicalmente Myung era el más dominante, pero básicamente la banda era una democracia, lo que entonces les jugó en contra, porque no había nadie que pusiera un “hasta aquí”. Las rolas se extendían. Kevin Moore y John Petrucci tuvieron diferencias ya que sus instrumentos son los melódicos, y sin haber una pelea en sí, comenzaron las fricciones entre los dos viejos amigos de secundaria. Portnoy diría que había discusiones por cada detalle, como cuál sería la tercera nota del tiempo 64 de x rola. Casual, digo, todas las bandas pelean por eso.

Tras las sesiones de composición y ensayo, empezaron a grabar en Mayo en L.A. Como no acabaron bien con David Prater, el productor de su disco previo, buscaron a John Purdell y Duane Baron, que habían producido el No More Tears de Ozzy. Tras las fricciones en los ensayos, la grabación corrió relativamente bien, en buen ambiente. Pero la decisión ya estaba tomada. Kevin les anunció que dejaba la banda y no giraría con ellos tras las sesiones. Petrucci lo tomó muy mal. LaBrie ya notaba a Kevin desgastado y distante desdehacía tiempo. Ya conscientes de ello, la grabación terminó de manera emotiva y monumental, partiéndose todos el alma a manera de despedida. Kevin sentía que sus ideas creativas no estaban siendo tomadas en cuenta, y a pesar de que le dejaron meter tres canciones (siendo con esto el único disco de DT con temas de los 5 integrantes de entonces), su decisión se mantuvo.  Moore regresó a Nueva York, vendió todo lo que tenía, se compró una van, y empezó a recorrer el país sin rumbo fijo. Ni la misma banda supo realmente la razón de su decisión. Que si no lo dejaban expresarse (la verdad es que, a pesar del genio y solos de Jordan Rudess, Moore fue quien contribuyó con las mejores atmósferas), que si quería escribir novelas, que si quería tocar otro estilo que no encajaba, que si era el único sin novia/esposa, que si las giras lo cansaban…

El disco es muy bueno. Sin llegar al nivel del Images & Words, mantiene tensión, escalonamiento de solos, complejidad, pero a la vez riffs pegajosos que logran que las canciones brillen. Es de los más pesados de la banda, hasta el Six Degrees of Inner Turbulence, pero a diferencia de éste, aquí logran un gran balance con las progresiones. James LaBrie tiene un papel destacado, siendo uno de sus mejores performances y usando su voz como un instrumento más, llegando a tonos altísimos, sonando salvaje y brutal cuando se requiere, emotivo por momentos, siendo “Scarred” uno de los temas por los que empezó a encabezar listas de vocalistas. Desgraciadamente, el disco tiene también un par de tropezones. Uno es “Lie”, demasiado pretenciosa y metalera, donde Petrucci se excede y por momentos parece guitarrista de glam metal. Y “The Silent Man”, el momento meloso del disco. Esta sería una de esas primeras baladas empalagosas con las que arruinarían discos de gran nivel y que se les volvería mala costumbre.

Para el tour, tenían la urgencia de encontrar un reemplazo en los teclados. Audicionaron a centenares de tecladistas, siendo Jordan Rudess el que más los impresionó. De hecho, Portnoy diría que lo dejó babeando. Pero tras ofrecerle el puesto, Rudess aceptó tocar sólo el concierto que se les venía encima, sin integrarse a la banda para el resto del tour. Diría que tenía hijos pequeños y no quería un compromiso tan grande. Entonces para-qué.diablos-audicionas??? El concierto no fue muy bueno, de todos modos. Todos estaban muy nerviosos de tocar sin Kevin. Derek Sherinian sería el elegido para cubrir el resto del tour, arrancando en Octubre, y con apenas 2 semanas para aprenderse nota por nota el complejo catálogo de su predecesor. Lo hizo bien, agregando algo de su estilo. En Febrero del ’95 se volvería miembro oficial hasta 1998, cuando Rudess se incorporó finalmente a la banda.

Para acabar de redondear la serie de pequeñas calamidades que rodearon el álbum, LaBrie se fue de vacaciones navideñas con su esposa a Cuba, donde unos camarones lo intoxicaron de manera horrible, quedando medio afónico. Afónico? Qué tiene que ver el estómago con la garganta? En Estados Unidos fue a ver a varios especialistas y resulta que el violento vómito le desgarró las cuerdas vocales. Los médicos le pidieron parar de cantar al menos por 6 meses, pero con la parte estadounidense de la gira encima, hizo caso omiso, causándose un daño terrible. LaBrie diría que sus cuerdas no se recuperaron en todos los 90’s, sin alcanzar los tonos de sus dos primeros discos con DT, funcionando a veces y a veces no en los conciertos, y manteniéndolo en estado de tensión constante al no poder confiar en ella. Según él, fue hasta el 2002 cuando recobraría su capacidad y dominio vocal. Una lástima considerando que en 1994 estaba en su mejor momento y que ya en los dosmiles la banda tendría un bajón.

 

El disco arranca con “Six O'clock”, que de entrada muestra bastante potencia y complejidad. La intro comienza con un beat sincopado de Portnoy, al que se le suma Moore con un teclado distorsionado, agridulce y con una complicada secuencia. Al :20 Mike hace unos remates para cambiar de tiempo y permitir la entrada de Petrucci, que hace unos licks cargados de distorsión. Luego, al :30 un nuevo cambio de tiempo a 4/4 al fin, en el que el teclado hace capas atmosféricas y la guitarra crea un riff oscuro y metalero. Al :45, Portnoy vuelve al extraño ritmo inicial para que Labrie entre casi rapeando “Six o'clock on a Christmas morning...”, dándole un toque muy bizarro, y asustándonos por un momento con ese amago de hip-hop-metal-prog. Luego vienen unos sampleos de la película The Dead: “Well, isn't it for the honor of God, Aunt Kate?”. La rola entra en forma hasta el 1:05, y en apenas 65 segundos ya tuvimos sabrá-dios-cuántos-cambios-de-tiempo. La rola se abre paso en esa compleja estructura, con James sonando oscuro, gritando, recordando el estilo de Hetfield con la garganta. Al 2:40 tenemos una serie de solos, con Myung brillando con las arañas que crea con el bajo para dar seguimiento a esa especie de telaraña sónica creada por Moore, mientras que Petrucci se lanza el primer solo. Al 3:15 viene un puente más atmosférico, con Kevin creando fondos y multiplicándose para crear un raudo arreglo sintetizado, mientras el resto va creando tensión para la explosión del segundo solo de guitarra, que replica el arreglo de Moore, pero de forma más violenta. La letra la escribió Moore y en cierta forma refleja esa sensación de aislamiento que vivía: “Can't find the strength but he's got promises to keep, And wood to chop before he sleep”, y en el estribillo: “I may never get over, but never's better than now, I've got bases to cover”. La canción es buena, oscura, bastante potente, complejísima, y quizá ahí es donde abusan algo y la vuelven un tanto asfixiante. Quizá era la intensión, volverla claustrofóbica, con un ambiente de pesadilla de la que no se puede escarpar. Ya para el final vuelven los sampleos y Petrucci hace un outro de metralla que me parece algo innecesario al cambiar a tonos mayores. Aun así, es de las favoritas de los fans de ésta época, y hay que reconocer que Portnoy, aunque no suena como avalancha, se lleva la rola con ese complejísimo beat, que resalta más al verlo en vivo.

Seguimos con “Caught in a Web”, que es una aplanadora desde el primer instante, con un brutal riff de Myung, que se coordina con el doble bombo de Portnoy para hacer una base absolutamente destructiva, sobre la cual se agregan los teclados de tintes orientales y aterciopelados. Luego entra la guitarra con aún más distorsión, añadiendo espesor y licks llameantes y crujientes. Aquí verdaderamente suenan como una máquina perfecta. James canta con potencia, por momentos frenético, pero metiendo un montón de ganchos y encajando un gran cambio de ritmo para el estribillo, tremendamente pegajoso, y llegando a tonos casi imposibles hacia el final de los mismos. Al final del segundo coro, al 2:30, los dos Johns se sincronizan de una manera casi ridícula, con el bajo distorsionado espejeando la guitarra, montando un señor solo con el que recorren ambos brazos de forma espectacular. Luego se despegan para dejar únicamente la guitarra haciendo pirotecnia, y dejar suspenso con el Power Chord al 3:30. Viene luego el turno de Moore, con ese tono arábigo, que rompe LaBrie con un grito desgarrador para regresar a los versos. Me encanta como parece contestarse a sí mismo con los “Does this voice the wounds of your soul?” Ya hacia el final se vuelven a sincronizar guitarra y bajo para una Outro brutal. A pesar de que también tiene cambios de tiempo, es mucho más fluída que la anterior, oscura y espesa, sin ser tan claustrofóbica, y con James demostrando que está en su mejor momento. La letra es en su mayoría de James, y pudiera ser una alegoría a su búsqueda de lugar en el grupo, o podría estarse refiriendo ya a Kevin, ya que habla de alguien que no encaja por más que intenta. Este sería uno de los sencillos del álbum, aunque sin tanto éxito como “Pull Me Under”, cosecharía buenas ventas.

Continuamos con “Innocence Faded”. Uno pensaría que Petrucci es el más oscuro, pesado y malote de la banda, pero la verdad que no. Es responsable de la mayoría de baladas cursis y temas luminosos como éste, que a veces pegan y a veces no. Lo cierto es que Dream Theater domina más los tonos menores. Esta rola suena más como Intro de Beverly Hills 90210 o Friends, al menos el riff principal. Cuando entra LaBrie, bajan intensidad  e intentan hacerla algo más oscura. Por momentos la rola recupera tensión y fuerza, sobre todo en los puentes, pero es entonces que viene ese estribillo que parece sacado de serie noventera. Moore se esfuerza por contribuir con atmósferas y quizá él y James son los que más destacan, ya que alcanza tonos altísimos. Al 3:15 meten otro puente que pareciera una canción totalmente distinta y luego regresan al estribillo, al que incluso agregan alegres coros de fondo. Hasta Myung parece apagado al no poder sino puntear la mayor parte del tiempo. Lo mejor viene al 4:15, con una Outro instrumental que también parece otra canción embonada con calzador, pero con bastante más fuerza y sentido. La letra es la respuesta de Petrucci a Moore, un tanto acusatoria, siendo que ellos eran quienes llevaban una amistad más longeva: “Passionless stage, Distant like brothers, Wearing apathetic displays, Sharing flesh like envy in cages”, contrastando con la alegría melódica.  No es desastrosa, pero este tipo de rolas soleadas no les sientan bien.

Luego llega “Erotomania”, un tema instrumental que es la primera parte de una suite de 3 rolas llamada “A Mind Beside Itself”, que en realidad, no tienen nada que ver una con la otra, pero se les ocurrió que podían formar una sola suite. “Erotomanía” de hecho suena a un palomazo porque… ehr… es un palomazo! La rola surgió como una broma Prog en estudio, una especie de autoparodia para ver cuántos cambios de tiempo podían encajar. La verdad es que intento llevar la cuenta pero siempre me pierdo, son al menos 15 o 16 fragmentos distintos, que se las arreglan para embonar muy bien, de manera fluída, yendo esta vez de lo más Prog o complejo a tiempos más sencillos y digeribles, sobre todo la parte media con un solo de guitarra agradable, para después ceder el paso a Moore con ese teclado en estelas. Luego empiezan nuevamente a agregar complejidad y velocidad. Los solos e instrumentos se escalonan muy bien a pesar de la complejísima estructura, y al final repiten el riff inicial. Todos tienen su momento de brillo, pero aquí Petrucci es quien más destaca y va llevando la pauta. Un descomunal despliegue técnico, y quizá esa manera de no tomársela muy en serio les ayudó a que lograran hacer funcionar un tema que luce interesante de principio a fin.

Después llega “Voices”, que replica vagamente y con más agresividad el tema principal de “Erotomania” a manera de Intro, y dando continuidad a la pseudosuite. Este arranque es potentísimo, yendo de un arpegio a un verdadero terremoto en el que se intercalan guitarra y teclado, con una tremenda línea de bajo al fondo para crear una intro apocalíptica. La parte instrumental queda casi en silencio alrededor del 1:10 para dar entrada a LaBrie, que canta en tono casi íntimo, doloroso, con Moore agregando pianos y la guitarra rasguñada recorriendo los audífonos en latigazos. La canción se vuelve lenta y atmosférica, con cierto hipnotismo y cada vez más tensión, hasta que revientan al 2:45 con el puente y estribillo, en el que LaBrie llega al límite de su rango: “Voices repEATING me, 'Feeling threatened? We reflect your hopes and FEARS. Voices disCUSSING me”. Luego viene una subsección mucho más rápida y agresiva, con James casi desgarrándose la voz y Myung dando una cátedra de velocidad y precisión en una de las líneas de bajo más complicadas que he oído, hasta que regresan de nuevo al estribillo, más pausado y melódico. Moore no suena tan protagónico como en la intro, enfocándose más en crear texturas de fondo. Para la sección media tenemos otro puente instrumental con sampleos y en la que Portnoy se vuelve loco. Alrededor del minuto 5 la canción casi se apaga para convertirse en una balada acústica, y James regresando a ese tono íntimo del inicio. Tras la tormenta viene la calma. Los instrumentos se van incorporando y bajo la dirección de Moore, y Mike van recobrando fuerza e intensidad de poco para una sección hermosa, dramática y tensa. Hacia el 7:25 tenemos el requinto principal, con algo de wha, en el que Petrucci muestra no sólo técnica y velocidad, sino alma, convirtiéndolo en un estallido sónico muy emotivo. Entramos después a la coda que revienta con el estribillo. La letra no tiene  demasiado sentido, la escribió Petrucci desde el punto de vista de un esquizofrénico, pero logra algunas muy buenas imágenes, como ese espectacular cierre: “Don't expect your own Messiah, This neverworld which you desire, is only in your mind.” John juraría que esta no iba con dedicatoria, pero…

Viene ahora “The Silent Man” que viene a dar al traste con el intento de suite y con el disco. Sí, incluso Metallica tiene baladas. Pero ninguna que pudieran cantar los Hanson. O Bryan Adams. Otra letra de Petrucci, sobre la comunicación rota, pero aparentemente más en la línea de padre-hijo que de guitarrista-tecladista. La canción puede tener cierto encanto, pero suena melosa y fuera de lugar. Es la más corta del disco, con apenas unos 3:50, de los cuales el primer minuto es sólo la guitarra acústica y James cantando de la manera más melosa. Luego Portnoy se une con maracas (wow) una base de teclados, y posteriormente Myung con un discretísimo bajo. No es terrible, y entiendo que un disco no puede mantener un nivel de tensión y potencia elevados todo el tiempo, debe tener algún balance, pero creo que van demasiado lejos. Incluso las letras suenan algo cursis, aunque son las que dan título al disco. No, realmente no me gusta cuando Dream Theater se vuelve empalagoso. Para darle algún mérito, hay algunos que la consideran el equivalente a “Silent Lucidity”, aunque a mi gusto se queda MUY lejos.

La banda parece entender esto y se va de la rola más azucarada a la más poderosa del álbum. “The Mirror” es un tsunami desde el inicio mismo, con un riff demoledor en el que Myung y Petrucci se combinan y le suben toda la distorsión a sus instrumentos para crear esa columna negra y espesa. Portnoy acelera con el doble bombo y Moore agrega brillo con estroboscópicos teclados. Al minuto cambiamos a otra figura con la guitarra haciendo un riff incisivo, hasta que James entra con una voz grave, gutural, rara en él. El efecto no dura mucho, y cambia el switch para cantar con la garganta, manteniendo el tono bajo. Puente instrumental, y regresa esa casi diabólica combinación de guitarra-bajo, para que James entre una octava más alta, y de pronto sin darnos cuenta, ya está gritando al límite de su rango. El estribillo es hipnótico, con Moore agregando cierta majestuosidad y drama. La letra de Portnoy no es para menos, hablando de sus demonios, en particular, de su alcoholismo. LaBrie hace suya la letra y canta casi con desesperación: “Temptation- Why won't you leave me alone? Lurking Every Corner, everywhere I go…”. La canción funciona con sus cambios de tiempos y diversas secciones, supuestamente 12, aunque tampoco me he puesto a contarlas. En la parte media hay sampleos de Meryl Streep y Jeremy Irons en diversas películas. Lo que la hace fascinante es ese infierno que desatan los Johns, mientras James y Kevin se encargan de las partes melódicas, Moore con delicadeza, Labrie con fiereza, atinando en cada nota y arreglo, mientras Portnoy es una máquina. La combinación simplemente perfecta y espectacular, con una coda más lenta, oscura, una línea de bajo que se despega con complicadas figuras y Petrucci soltando todo su potencial. Tenían tiempo trabajando la rola, desde la gira canadiense, pero no habían estado satisfechos con los resultados hasta estas sesiones. Una de las joyas de la discografía de DT.

“The Mirror” tiene un final casi abrupto, igual que el inicio de “Lie”, que no cambia en potencia y en el tono demoledor de la guitarra. “Lie” de hecho era un fragmento del tema anterior y no es raro que las liguen en concierto, o que toquen “Lie” como sección media. No es mala, pero no aporta más que la anterior, y es en cambio más sofocante, más pesada, con los cambios de tiempo más forzados, y sin la delicadeza del teclado de Moore. De hecho, en la primera parte el teclado suena al fondo como sirena antibombardeos, creando un ambiente más claustrofóbico. LaBrie tiene un gran performance vocal, pero a largo ese grito rasposo a la Hetfield empieza a sonar cansino. Hacia el minuto 5, Portnoy se desquicia con el doble (triple?) bombo, antes de regresar a la figura principal de “Mirror”, para seguir con un raudo solo de guitarra, increíblemente rápido, pero pirotécnico, sin alma, parece de banda glam. Si hay una suite en realidad serían este par, que en conjunto pasan de los 13 minutos. Por sí misma no es mala, pero es algo repetitiva y excesiva considerando que apenas tiene cambio de mood respecto a la anterior. Creo que representan las dos caras de DT, una cuando se combinan bien, con balance, potencia y cierta elegancia, y otra cuando son pretenciosos y apantallantes, pero fallan en la composición. Curiosamente, este sería el lead single del Awake.

Después tenemos “Lifting Shadows off a Dream”, compuesta por John Myung. Como tal, inicia con una buena línea de bajo y capas de teclados aterciopelados con las que se empiezan a crear tensión. Insisto, todos se pusieron a escribir canciones sobre Moore o fue coincidencia? La rola funciona mejor en la primera mitad, mientras se mantiene lenta y etérea. Al 2:50 tienen un cambio de ritmo y a tonos mayores que no funciona en mi opinión, y la rola se va acelerando en un ritmo guapachoso hasta reventar al 3:30 con el requinto, oscuro y afilado. La canción mantiene tensión pero nunca explota totalmente, y 6 minutos parecen demasiado para esta especie de balada con claroscuros. Se supone que inició como un palomazo liderado por Myung, que empezó a juguetear con dos tonos y a recitar un poema. La banda le vio potencial y trabajaron en la rola. Para la noche, todos coincidieron en que era horrible y la descartaron. Pero al día siguiente, ya descansados, les gustó y le hicieron algunas modificaciones para el resultado final. A destacar el arreglo principal de teclado, que viste y salva la rola.

“Scarred” es el tema épico del disco, alcanzando los 11 minutos. Inicia con un aire policiaco ochentero, con bajo y guitarras de tintes jazzeros. Después una guitarra slide, que después se distorsiona para hacer elegantes arreglos. La rola inicia muy sofisticada, tensa, mientras LaBrie comienza susurrando la letra. El crescendo continúa y al 1:50 tenemos el primer cambio de signatura, cobrando más y más potencia, hasta que estamos de nuevo en pleno terremoto. A pesar de que todos tienen un gran desempeño y su momento de lucimiento, James es la estrella total, con un performance vocal demoledor, recorriendo todo su rango y liderando con sus aún intactas cuerdas al resto de la banda, cambiando de tono y color de voz a placer, de emotivo y sutil, a salvaje y explosivo; del tono más grave, al límite agudo de su rango, y haciendo parecer que distintos vocales se van sucediendo uno a otro en el sinfín de subsecciones. La rola es compleja, y con tantos cambios que se pierde en los 11 minutos de duración. No hay alguna en particular que destaque o se clave en la mente, pero tampoco hay secciones malas, la rola es interesante y te mantiene clavado de inicio a fin, esperando cualquier cosa de la banda. La letra es de Petrucci, oscura, que empezó jugando con la letra de “Rock The Casbah” y de alguna forma terminó siendo sobre, bueno, un hombre con cicatrices y algo resentido pero no roto… Al final Kevin se luce con la maravillosa Outro con que cierra este colosal tema.

El Awake baja el telón con “Space-Dye Vest”, un tema único en la discografía de Dream Theater, al ser una balada dirigida en su totalidad por el piano, en una especie de diálogo con James, y en la que los demás instrumentos tienen roles secundarios en la mayor parte del tiempo. Aún así es poderosa, emocional, conmovedora. La línea de piano es excepcional, sin mayor parafernalia, simplemente la hermosa melodía que suena casi clásica. Es el canto de cisne de Kevin Moore, quien no se quiso ir sin dejar una huella indeleble, con su mejor composición y una letra desgarradora: “This is not how I want it to end, And I'll never be open again.” La canción tiene también sampleos de líneas de diversas películas que le dan un aire darksidesco y dramático. Al 5:30 entran todos los intrumentos con fuerza para la coda, en uno de los momentos más gloriosos del Prog-Metal, con las notas de piano lagrimeando, la guitarra potente como telón de fondo, Myung punteando sin querer robar reflectores, y Portnoy sobrio, sin aplastar, pero dando la suficiente fuerza, mientras LaBrie da su voz para la emotiva despedida de Kevin:

“There's no one to take my blame

if they wanted to

There's nothing to keep me sane

and it's all the same to you

There's nowhere to set my aim

so I'm everywhere

Never come near me again

do you really think I need you”

La banda no la tocaría en vivo ya que la consideraban una obra enteramente de Kevin y una falta de respeto tocarla sin él. Moore declinó invitaciones para unirse a la banda para tocar únicamente esta canción durante los dosmiles. Rudess, sin embargo, estaba obsesionado con tocarla, y lo hizo en alguna presentación solista, con LaBrie como invitado. Dream Theater cumpliría su promesa hasta el 2014, en el Along The Ride Tour, en el que celebraron los 20 años del Awake y tocaron el disco completo en vivo. Una de las mejores y más conmovedoras rolas de la banda.

 

El Awake es un disco que tarda tiempo en apreciarse en todo su esplendor. No es tan accesible y redondo como el Images And Words, y no intenta ser una segunda parte. Si la banda tiene un mérito, al menos durante los 90’s, es que supo dar a cada disco una personalidad distinta. Este es más oscuro, por momentos más pesado y denso, por momentos más ligero y luminoso. Un disco de claroscuros, donde curiosamente los tonos sombríos son los que destacan. No creo que hayan intentado un disco conceptual, pero de alguna forma los temas giran en torno a la soledad, a no encajar, a ese momento difícil que pasaba Moore. Y a pesar de ser de los más pesados, la banda parece un poco contenida, tratando de no volverse locos con sus solos para no aplastar las canciones. El disco no lograría el éxito de su antecesor, pero la disquera cumpliría su palabra de darles total libertad creativa para su siguiente disco, y lo sorpresivo es cómo usó la banda esa libertad.

La calificación es difícil, ya que trae 4 temas monumentales, y en un día bueno podríamos agregar “Six O’clock” y “Erotomania”, pero así mismo, podríamos teñir de azul “Innocence Faded” y “Lie”, por lo que no es tan consistente. Aún así es de los que deben ser considerados como obras cumbre de esta banda por el nivel de los mejores temas. Una impresionante despedida de Moore, que se lleva el disco con sus atinados arreglos y atmósferas, y sobre todo, por ese desgarrador cierre de álbum.

 

 

Por Corvan 

 

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