BLACK GIVES WAY TO BLUE (Alice In Chains, 2009)

Artista: Alice In Chains (C+)
Fecha de Grabación: Oct 2008 – Mar - 2009
Fecha de Lanzamiento: 25 de Septiembre del 2009. USA.
Discográfica: Virgin / EMI
Productor: Nick Raskulinecz
Calificación: 8

 

 

Era: Grunge (1989-???)

Subgénero: Post Grunge (1998-???)

Mejor Canción: Check My Brain

Canciones: 1) All Secrets Known; 2) Check My Brain; 3) Last Of My Kind; 4) Your Decision; 5) A Looking In View; 6) When The Sun Rose Again; 7) Acid Bubble; 8) Lesson Learned; 9) Take Her Out; 10) Private Hell; 11) Black Gives Way to Blue.

 

Este es apenas el cuarto disco de estudio de la mítica banda de grunge “Alice In Chains”. Diría que este es uno de los más grandes regresos del año, y uno de los mejores discos del año. Deveras. La cuestión es que, mientras con otras bandas se tenían expectativas muy altas, o se esperaba que al menos mantuvieran un nivel promedio (y en la mayoría de los casos decepcionaron, este año fue muy malito y con un bajón de nivel en general), en el caso de Alice In Chains, había morbo de escuchar el tan anunciado “nuevo material” que se cacareaba ya desde el 2006. Pero creo que ni los más optimistas fans de Alice In Chains teníamos verdadera esperanza de escuchar algo tan potente y redondo como es este disco.

Y no es por que la banda hubiera envejecido o estuviera carente de ideas. La banda estaba prácticamente muerta desde 1996, año en que pararon sus actividades debido a que la muerte de la prometida de Layne, lo cual lo sumió en una depresión tan terrible que obligó a la banda a parar totalmente. Esto fue justo un año después de su último disco de estudio con Layne Staley, el álbum homónimo a la banda. Y a pesar de que nunca hubo un anuncio de desintegración, Layne cumplió la crónica de una muerte anunciada tras sumirse en una espiral autodestructiva más lenta y cruel que la de Cobain, y acabó de la única manera en que se podía esperar, muerto por un coctel de heroína y cocaína el 19 de Abril del 2002.

Después de esto, todos los fans de Alice In Chains realmente teníamos poco o nada que esperar. Layne era parte fundamental de la banda, dando un carisma excepcional con esa voz desgarrada y emocional, y un disco sin él no tenía mucho sentido, ni para el mismo Cantrell ni para los fans. Si la banda podía considerarse muerta desde fines de los 90’s, tras la muerte de Staley era ya un capítulo cerrado, una banda que había cumplido su ciclo y a la cual nos correspondía ahora como melómanos rendir tributo como una de las bandas más grandes de los 90’s. Y así, Alice In Chains que en los 90’s siempre estuvo a la sombra de Nirvana, Pearl Jam, Stone Temple Pilots o Soundgarden a pesar de que a mi gusto tenía un sonido más redondo que todas éstas, por fin cobró status de banda de culto que se merecía. No necesitó que reciclaran sus videos en MTV, sino que su música comenzó a esparcirse entre las nuevas generaciones de boca en boca, de blog en blog, o por casualidad, quizá en parte catapultada por la muerte de su frontman, pero sobre todo por la calidad de su sonido, que no fue valorado por el público en su justa medida en su momento.

En fin, tras la muerte de Layne, Jerry le dedicó su segundo disco solista. Ya incluso en el primero había dejado claro que tenía el suficiente talento para seguir con una trayectoria solista exitosa, ya que a pesar de que Layne siempre fue el carisma, el corazón y la voz de la banda, Cantrell siempre fue el cerebro y el motor creativo. Y francamente, si hubiera seguido así, nadie, absolutamente nadie le hubiera podido reprochar nada. La historia ha demostrado que son muy pocas las bandas que se quedan sin cabeza y logran seguir avante con una sustitución: Pink Floyd, Joy Division-New Order y ACDC son los únicos que se me vienen a la cabeza, mientras que las bandas que no logran caminar tras la pérdida del vocal son muchas más: Queen, Doors, INXS, Blind Melon, Nirvana… Así que el hecho de resucitar una banda que tenía 14 años sin lanzar un disco de estudio fue un riesgo enormísmo para Cantrell, Inez y Kinney, que afortunadamente valió la pena.

El imposible regreso comenzó a gestarse en 2005, cuando los tres miembros sobrevivientes se reunieron para un concierto de beneficencia para los afectados por el tsunami del sureste asiático, alternando con varios vocalistas a manera de tributo. El concierto les dejó un buen sabor de boca y en 2006 repitieron para un concierto de VH1 y fue donde por primera vez alternaron con William Duvall, que interpretó “Rooster”. Tras estos conciertos, comenzaron una serie de conciertos en festivales y clubes, aún alternando vocalistas, pero siendo Duvall quien tomaba un rol cada vez más estable. La banda interpretaba sólo canciones de sus tres discos de estudio, convertidos ya en obras de culto, recibían cada vez más público y eran ovacionados donde se pararan. Sin embargo Mike Inez mencionó que no estaban interesados en lanzar un nuevo disco, al menos no bajo el nombre de Alice In Chains. En 2006, Duvall fue oficializado como nuevo cantante y se anunció que estaban escribiendo nuevo material. Los fans alrededor del mundo levantamos una ceja y dijimos al unísono: “Será?” No fue sino hasta septiembre del 2008 que entraron por fin al estudio de grabación, y a inicios del 2009 comenzaron a circular pequeños clips de los avances. En uno muy curioso, Jerry empieza a tocar una canción muy simplona y boba, y la presume como parte del nuevo material, a lo que después rompe en carcajadas, para después dar una toma de un riff monstruoso y potente (“Take Her Out”?), y decir “This is the real thing”, con lo que reavivaba esperanzas. Aún así, me abstuve de subir estos clips a La Caverna porque repito: nadie en el mundo esperaba que el resultado final fuera TAN bueno. Las grabaciones terminaron en marzo del 2009 y se corrió el rumor de que Elton John había participado en el mismo. Nuevas dudas…

El disco por fin fue lanzado el 29 de Septiembre del 2009, sin tanto bombo y platillo como el Death Magnetic de Metallica el año anterior, y de alguna manera eclipsado por los Remasters y el Rock Band de los Beatles, lanzados ese mismo mes y que acapararon los reflectores. No hubo una campaña brutal y masiva, sin embargo el resultado fue tremendo, vendiendo más de 120,000 copias en la primer semana. Y no es para menos.

El álbum rompió cualquier expectativa ya que tiene un equilibrio perfecto, y que justifica perfectamente los tres años de pre, producción y post. Jerry y compañía no se metieron al estudio a grabar cualquier porquería para exprimir dólares, sino que realmente pensaron muy bien este material. Entre las muchas virtudes del disco, la mayor quizá sea que siguen siendo totalmente fieles a su sonido original, tomando esa ambivalencia de sonidos: uno crudo, casi metalero, con riffs mostruosos y geniales, cargados de energía y distorsión; y por otro un sonido acústico, vibrante y más emocional. La banda en este aspecto parece no haber tenido un “receso” de 14 años, sino haber seguido exactamente en el mismo punto, y lo digo para bien, porque también se nota una madurez y evolución. Otra cuestión sobresaliente es la delicadeza con la que tocan la ausencia de Layne. No es un discurso emocional y autocondescendiente de rompe-y-rasga en el que la banda se sienta a llorarle a su líder, sino que es un tributo muy equilibrado, con canciones evidentemente dedicadas a él, pero lo destacable es que, más que dedicar rolitas lacrimosas a Layne, le dedican lo mejor de su talento para recobrar el nivel de los 90’s, y ese es el mejor tributo que una banda puede hacer a alguien. Sin ser un disco emocional que busque lágrimas, sí resulta emotivo en la justa medida. Finalmente, el afroamericano William Duvall no busca en ningún momento sustituir a Staley. Aquí, a pesar de la similitud en los colores de voz, utiliza sus propias características vocales, mostrando su potencia y cualidades y dejando perfectamente claro que no está para cubrir ningún hueco, sino por méritos propios. Si teníamos alguna duda sobre este cantante salido sabe de dónde, en este disco despeja cualquier duda, ya que no es una versión nueva de Layne, sino que tiene una personalidad propia y una voz característica, quizá menos emocional y sin alcanzar los tonos altísimos de los gritos desgarradores de Staley, pero quizá con una voz más educada y potente, y que no titubea un segundo en dar su propio estilo a las rolas. Un punto enorme para él. En el plano vocal, además, Jerry sigue haciendo esos coros o “terceras” que le dan una textura verdosa al sonido y que es una de las marcas de Alice. Así que, a pesar de que Duvall le da su propio estilo y no intenta imitar, de alguna manera los juegos de voces y las armonías vocales logradas son las mismitas de hace 14 años, y parece escucharse el fantasma de Layne cantando entre esas “terceras” deliciosas que logra la nueva mancuerna.

Así pues, el disco es bueno, uno de los mejores del 2010. Bien vale la pena que una banda se tome tanto tiempo (me refiero a los 3 que duró el proceso de éste, no los 14 desde el último disco) para afinar y pulir un álbum, que lanzar por lanzar aprovechando momentos de fama. La más grande de las virtudes es que se entiende el tremendísimo esfuerzo y dedicación para hacer un disco tan sólido y equilibrado, con tanto cuidado en los detalles, riffs tan buenos, rolas acústicas delicadas que no pierden esencia, el manejo del cambio de vocal y la justa carga de emotividad… Todos estos factores debieron ser manejados con pinzas y debieron involucrar muchas, pero muchas horas, y lo más notable del disco es que ese esfuerzo no se nota, sino que es un disco muy natural, que parece haber salido por sí mismo, sin tensión, situación totalmente opuesta por ejemplo al Death Magnetic, en el que se nota el trabajo de Metallica, pero también se nota a leguas el trabajo y esfuerzo que les tomó recobrar nivel. El Black Gives Way To Blue, pues, retoma lo mejor de Alice In Chains, y hasta las canciones más débiles, que son pocas, están dentro de un estándar muy alto para lo que es el rock en estos días.

 

El disco abre con “All Secrets Known” con un punteo distorsionadísimo de guitarra a la que se suman primero unos guitarrazos que comienzan a elevar la intensidad y luego la batería de Kinney para hacer una entrada apocalíptica, como dejando claro que el regreso tras 14 años va en serio. Duvall hace un buen trabajo vocal, y las texturas de guitarras son magistrales durante los coros. Es notable como se mantiene un ritmo semilento, pero a la vez intenso y cargadísimo de energía y negrura. Al más puro estilo de AIC. El cambio donde se nota la ausencia de Layne (y casi en todo el disco, a pesar de las constantes referencias a la muerte, jamás suena tan crudo como lo hacía Layne) es en las letras, con una mayor carga de optimismo y esperanza que en toda la discografía previa junta: “Hope, A new beginning, Time, Time to start living - like just before we died.” Para cerrar con: “Calm, All wounds are healing… Strong”. Emocional, y evidentemente dedicada a Layne (quizá ese sea el secreto por todos conocido) pero sin ser autocondescendiente.

Sigue “Check My Brain” una rola poderosísima y con uno de los mejores y más brutales riffs de los 00’s. Jerry Cantrell está de regreso con toda su maestría a la guitarra. El riff es simple, apenas unas 3 o 4 notas, pero arrastrando las cuerdas para darle un cambio de tono oscuro y a la vez una sensación elástica. El resto de la canción gira en torno a este tremendo riff. Kinney parece quererse acabar los platillos en la intro, y luego hace un notable juego de tums. El mismo Cantrell posteriormente va añadiendo guitarras en diversos tonos, unas más graves para dar oscuridad, otras más agudas para hacer los mini requintos en los puentes. El tiempo de la batería no es demasiado rápido, si se mira bien, pero el ritmo del riff que se repite de manera circular le da una especie de sensación vertiginosa. El coro además es perfecto, intentando ser más luminoso y pegajoso… ese “California I’m Fine, Somebody check my brain, Ahhhhh” bien podría haber funcionado para una bandita de rock pop, pero suena aquí tan oscura y cargada de cinismo y amargura…. Perfecta para las letras, que hacen referencia a cuando Jerry se mudó de Seattle a LA tras dejar definitivamente las drogas, y que dice que fue una situación un tanto irónica, como si un mal apostador en rehabilitación se mudara a Las Vegas.

La siguiente canción es “Last Of My Kind” que fue escrita por toda la banda, incluyendo a Duvall. Y aquí William demuestra más sus cualidades propias, con un tono potente pero semi apagado y grave en los primeros versos, y después casi rabioso y alcanzando tonos muy altos en los coros. La canción es una de las más potentes, con riffs densos y oscuros en los versos y guitarras apocalípticas en los coros, y además con el bajo distorsionado de Mike Inez, casi alcanzando niveles de trash. Yo insisto en que para mí, AIC es el sonido más puro del grunge, pero aquí me atrevo a decir que le patean el trasero a Metallica e incluso el solo al 3:47 tiene muchos indicios metaleros, mucho más evidentes que en los discos anteriores, lo cual demuestra también que Jerry no se ha estancado en absoluto. Al final uno queda seminoqueado ante tanta potencia, con la sensación de que una aplanadora te ha pasado por encima.

Viene después una de las canciones con base acústica, “Your Decision”. Una perfecta muestra de que Cantrell no ha perdido un ápice de sensibilidad y maestría con la acústica. La canción inicia con un guitarreo muy gentil, haciendo junto con la voz, una atmósfera suave y aterciopelada mientras una guitarra eléctrica suena tímidamente al fondo. Al minuto entran batería y bajo para subir ligeramente la intensidad en base al ritmo, aunque el tiempo sigue igual. En esta canción destacan las armonías vocales, en las que Duvall y Cantrell logran ese efecto maravilloso de triple voz agridulce, tan característico de la banda. Tras el coro, cuando sube aún más de intensidad la rola, aún sin explotar del todo, bajan de intensidad para un puente arpegiado y enseguida se van al solo de guitarra al 2:23, sencillo, pero efectivo. La maestría de Cantrell para manejar la guitarra a un nivel entre lo potente y lo íntimo, jugando con las intensidades, es algo que quizá sólo manejaba de manera semejante Jimmy Page. A pesar de los cambios, la canción se siente ligeramente larga hacia el final.

Continúa “A Looking View”, con unas letras amarguísimas que recuerdan a las de la primera etapa y otro riff densísimo y pesadísimo, una verdadera mole, esta vez con un trabajo excepcional de Kinney con la batería, ayudando a hacer ese efecto de avalancha de nieve, semilenta y devastadora, confirmando que este es el disco más pesado y crudo de AIC. De alguna manera es lógico que se acerquen a un sonido metalero, siendo que el grunge como género está muerto desde hace bastante rato. Aún así, a mi gusto toma elementos, pero le faltan otros tantos para ser considerado netamente metal. Curiosamente estos dos temas, tan distintos en cuanto a atmósferas, fueron los primeros sencillos que abrieron camino al LP.

Después está “When The Sun Rose Again”, otro tema acústico mucho mejor redondeado, con esa guitarra suave, pero endiabladamente oscura, construyendo un riff descendente muy bueno, sedoso, que resalta las armonías vocales. Por cierto aquí en cada verso inicia Duvall y un instante después se le une Cantrell para crear ese efecto, desnudando la manera en que teje la armonía vocal, algo que no recuerdo si hizo con Staley. Los puentes son unas escalas descendientes con la guitarra más brillante, y después los coros son más luminosos y alegres, con tonos mayores, como un rayo de esperanza de ese sol que nace de nuevo. Las letras son un homenaje a Layne: “It seems you prophesized, all of this would end, Were you burned away, when the sun rose again…” La rola está impregnada de principio a fin de una nostalgia suave, pero a diferencia de “Your Decision”, tiene la duración perfecta.

La siguiente es “Acid Bubble”, una canción que va de menos a más, con un ritmo muy lento, casi con pereza, donde Duvall muestra su habilidad para mantener la rola durante esta primera parte hasta que empieza a subir de ritmo al 1:55 de manera magistral, creando una atmósfera pedregosa e intensa. Al 2:43 hay un falso final y la guitarra cambia completamente el ritmo y el riff, haciendo una canción prácticamente distinta, rápida y angustiante, con William haciendo unas inflexiones que definitivamente nunca le escuchamos a Layne. Después de este audaz puente que sirve para romper la monotonía, regresamos al ritmo lentíiiiiiiiiiiiiiisimo del principio. Hubiera sido interesante que continuaran con la idea de la multiparte, pero por otro lado es fascinante cómo van haciendo ese lento crescendo en la parte de “dieeeeeeeeeee in the corner…”Al 5:53 Cantrell se lanza un mini solo muy bueno, y vibrante y cuando parece que así va a cerrar la rola, regresan a esa parte espídica y demoledora con la que ahora si terminan definitivamente.

“Lesson Learned” tiene otro riff tremendo, ácido y oscuro, al que Duvall va siguiendo con la línea vocal. La rola tiene mucho mejor ritmo y suena más balanceada sin perder ni tantita potencia. Los puentes logran funcionar muy bien. Cuando la canción parece ligeramente repetitiva, al minuto 2 aparece un coro absolutamente pegajoso, luminoso, que viene a dar una maravillosa bocanada de aire fresco a la rola. Y esa es otra virtud de la banda, saben refrescar las canciones cuando están a borde de sofocarse en las atmósferas densas.

“Take Her Out” tiene uno de los riffs más estructurados y complejos, y por lo mismo no es repetitivo, sino que aparece a manera de intro. De nuevo aplausos a Kinney que hace una labor monumental en la batería para dar las pausas a las guitarras y aumentar el ritmo en los versos y coros. La canción pudo entrar en el Facelift sin problema alguno, es un Hard Rock de la vieja escuela con notables arreglos de guitarra y manejos de tensión, sobre todo tras ese breve lapso después del solo en que la canción parece mantenerse por sí misma. Sin ser de lo más pesado, es notable por la gran labor en equipo de toda la banda.

La penúltima canción es “Private Hell” que tiene un buen arpegio en el que se sienta toda la canción, pero dos tonos apenas me parece muy poco para los estándares de Jerry. No está mal construida y tiene cierto aire majestuoso, pero creo que le faltan ideas y mayores cambios, ya sea de ritmos o tonos, siendo los coros y la magnífica coda las partes más destacables.

Finalmente el disco cierra con la rola que da nombre al álbum, “Black Gives Way to Blue”. Aquí participa Elton John al piano, y me deja con un sabor raro en la boca. Pudo ser peor, pero también pudo ser mejor. La canción no es mala, sólo que acaso es muy sencilla, y la ejecución de piano es muy simple también. No faltaba que trajeran a Elton John para hacer unos acordes con las teclas mientras la guitarra llora al fondo, o si?. No es mala como para marcarla en azul, es una canción elegante y linda, pero siendo este el principal tributo a Layne, le falta algo, que no sé si el punch, más emotividad o qué. Duvall es curiosamente el que parece sentir más la ausencia y hace una gran interpretación. Me gusta ese final que queda como abierto, esperando la última nota de piano, como dejando entrever la ausencia.

 

En fin, con todo y todo, no hay una sola rola mala. Todas tienen el sello distintivo de Alice In Chains y están muy cuidadas y detalladas. A pesar de la potencia, pesadez y densidad de algunas canciones, es un disco que se puede escuchar una y otra vez sin cansarse debido a las pausas y respiros que dan con los temas acústicos intercalados. La creación de riffs de Jerry sigue siendo magistral, colocando desde ya varios clásicos en el Rock Band y pateando el trasero a otros grandes riff makers de la década, como Tom Morello o Slash, que a pesar de ser muy buenos, no logran hacer trabajos tan homogéneos como éste. Estos son de los discos que se agradecen, la banda se siente más madura y viene a demostrar que no se necesita de un impresionismo arrasador a la Metallica para hacer buena música. Simplemente un regreso a las bases, mucha honestidad consigo mismos y su público, humildad, y algo de lo que tienen a cuentagotas muchos grupos actuales: talento.

Alice In Chains no sólo está de regreso, sino que además ha entrado al selecto grupo de bandas que ha sobrevivido con éxito a la pérdida de su vocalista. El enorme riesgo que corrieron valió la pena, y es sorprendente para todos los fans escuchar el sonido intacto de la banda, esa esencia oscura y nostálgica de hace más de 14 años. Ojalá no decaiga el nivel, sino que sea el principio de una nueva era par AIC y tengamos la oportunidad de verlos en vivo por estas tierras. Con un poco de suerte, quizá incluso inspiren a bandas como Pearl Jam, que andan un poco perdidas últimamente.

 

 

Por Corvan   

 

Letras de El Traductor de Rock  

 

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