BOYS DON’T CRY (The Cure, 1980)

Artista: The Cure (C)
Fecha de Grabación: Oct - Nov ‘78
Fecha de Lanzamiento: Ago 1980 USA
Discográfica: Fiction / Elektra
Productor: Chris Parry
Calificación:
9

 

 

Categoría: New Wave (1976-1990)

Mejor Canción: Boys Don’t Cry y Killing An Arab

Canciones: 1) Boys Don’t Cry; 2) Plastic Passion; 3) 10.15 Saturday Night; 4) Accuracy; 5) So What; 6) Jumping Someone Else’s Train; 7) Subway Song; 8) Killing An Arab; 9) Fire In Cairo; 10) Another Day; 11) Grinding Halt; 12) Three Imaginary Boys.

 

Como ya comentaba, Robert Smith y los demás quedaron furiosos y decepcionados con el resultado de su disco debut, el Three Imaginary Boys,  y tomarían medidas para tomar totalmente el control creativo de sus siguientes discos, incluyendo el diseño de portada, en el que tampoco los dejaron intervenir para su debut. Así, cuando a pesar de todo comenzaron a escalar posiciones y se les pidió relanzar el Three Imaginary Boys en Estados Unidos, Smith se negó rotundamente. En lugar de lanzar una copia igual a su debut, decidieron lanzar una especie de recopilatorio, en el que quitaban todo el relleno, o al menos las rolas más débiles e incluían “Killing An Arab”, “Boys Don’t Cry”, dos sencillos que ya les habían dado resultados, más “Plastic Pasion” y “Jumping Someone Else’s Train”.

Así, con un poquito de sentido común, quitando las 5 peores canciones del debut (Excepto la cosa conceptual esa del metro) y añadiendo 4 buenas rolas, elevaron tremendamente la calidad del disco. Usualmente no voy a estar reseñando recopilaciones o reediciones, porque me volvería loco, pero en este caso, ésta era la idea original de la banda, y en realidad es uno de los discos que más relaciona la gente con The Cure. No es su debut como todo mundo cree, pero no es precisamente un recopilatorio, sino una reedición mejorada a como les hubiera gustado realmente que fuera.

El disco gana con mucho, siendo más cohesionado, cobra más sentido y se vuelve mucho más sólido. El disco se vuelve más disfrutable, y por eso no se puede culpar a quienes piensan que este es el primer disco del grupo, ya que los dos previos son bastante más flojitos. Además dos de los temas que son incluidos, son de los más representativos y conocidos de la banda.

El disco abre con el tema que lo titula. “Boys Don’t Cry” es un clásico eterno, y a pesar de tener ese sonido peculiar de la transición del Punk al New Wave (de hecho es un ejemplo buenísimo para esta transición), sigue sonando fresca, fuerte, todo un himno que ha trascendido el tiempo. Este fue el segundo single del grupo lanzado con éxito en Junio del ’79, pero no se añadió al disco debut original. Se le nota muchísimo más trabajo, y más de las texturas de The Cure. Una gran intro con guitarrazos en tonos ascendentes, seguidos de un buen riff punzante, pegajoso, rápido y bien logrado. La melodía vocal es deliciosa, ahora metiendo guiños haciendo ligeros cambios para los cambios en los versos, puentes y coros. La letra también es bastante mejor, sobre un desamor y el esconder las emociones: “laughing, hiding the tears in his eyes, 'cause boys don't cry”. Mucho más detallada e inteligente, muestra el verdadero potencial de la banda y lo sorprendente es el hecho de que los productores no la hayan incluido en el debut. Rolototota.

Sigue “Plastic Passion” que salvo las guitarras crujientes no es muy destacada. La verdad si uno no pone atención, no se diferencia mucho de las que salen en el debut original.

Luego está “10.15 Saturday Night”, que es otra de las sobresalientes de este disco. Con realmente poca instrumentación, la banda juega con los cambios de tiempo, abriendo con la batería de Tolhurst marcando un tiempo mas o menos rápido mientras la guitarra va haciendo juegos con los armónicos y creando lentamente tensión, para una buena intro que finalmente revienta al :33, con mucho más ritmo y los rasgueos de la guitarra. Tras ese breve lapso en que Robert canta, desde ya mostrando grandes cualidades y una capacidad enorme de transmitir emociones, regresan al minimalismo con el tiempo apenas marcado y esos tres punteos ascendentes de guitarra. Al 2:12 tenemos un esbozo de solo muy simple, con mayor distorsión en la guitarra, funcionando bien para darle más intensidad a la canción. Al 3:10, en uno de los bajones hay otro arreglo en tonos más bajos, y de hecho no sé si es Dempsey con alguna distorsión, haciendo un buen cierre, quizá un tanto apresurado. Ésta es de las que más me gustan de la etapa temprana punketona de The Cure, y en a que se le nota un poco de mayor trabajo. Uno termina con una sensación como paranoica de un cronómetro persiguiéndonos por el beat, a poco no?

Enseguida tenemos “Accuracy”, con las guitarras jugueteando con rasgueos rápidos, tratando de copiar algo de la guitarra de Andy Summers de The Police, pero por supuesto que sin llegarle a la cuarta parte del talento. El bajeo lleva un punteo rapidísimo que se complementa muy bien con la guitarra. En sí la canción funciona, pero es muy simple. Después la mejorarían en vivo, añadiendo más texturas, pero aquí suena casi arcaica, sin que sea una mala rola. Se nota el esfuerzo del grupo, pero también se nota que aún carecían de los recursos y la creatividad para darle más planos a las rolas.

“So What” empieza con mucha energía sin convertirse en un sonsonete. Los guitarrazos son un poco burdos, pero logran funcionar. Y Robert canta por momentos desaforadamente mientras que en otros recita o platica, sin cuidado alguno de la métrica. Parece querer hacerle honor al título. El espíritu punk nuevamente al máximo. Inofensiva, pero bastante promedio.

“Jumping Someone Else’s Train” en cambio es ligeramente mejor, con unas guitarras más agresivas (aún sin distorsión) una magnífica línea de bajo y hasta un riff descendente a una cuerda que funciona. La rola tiene un beat espídico, le agregan detalles que hacen que la canción funcione muy bien. Hubiera sido de las marcadas en rojo en el debut original.

Con “Subway Song” se acaba la diversión. La línea de bajo es interesante, pero no como para escucharlo repetirse una y otra vez durante más de un minuto. La batería solo son unos platillos, y básicamente intentan recrear la atmósfera soporífera de ir en un metro. El platillo suena mas o menos a lo que sonarían los rieles, y la armónica al principio supongo que sería como el pitido de la máquina (Los metros también lo tienen?) que me recuerda que Cream intento sin éxito lo mismo con “Traintime” del Wheels of Fire, pero al menos con mucho más ritmo y una armónica muy buena. Al 1:45, cuando estamos atisbando a lo lejos a Morfeo, un horrible grito nos despierta cruelmente, y eso es quizá lo más divertido de la rola.

“Killing An Arab” aparece como el octavo track. La canción es simple, pero magnífica. Pocas canciones pueden mantener el minimalismo y el espíritu del punk y conjugarlos con un ambiente oriental, y aquí lo logran conjugar con éxito. Los guitarrazos que le dan esos matices árabes desde la intro, más el bajeo, prácticamente punteado, pero con un tonito que también genera esa sensación arabesca, se conjugan a la perfección. El título y la letra generaría polémica, pero logra reflejar en pocas palabras la desesperante insensibilidad e inquietud del protagonista del libro de Camus. El primer clásico de la banda, y junto con “Boys Don’t Cry”, muestras de que no necesitan ser grupos progresivos para hacer canciones inteligentes y atemporales.

Luego está “Fire In Cairo” con unas melodías vocales buenas y un coro pegajoso, pero otra vez se siente que musicalmente el grupo está desnudo. La rola tiene su encanto, pero le falta mucho trabajo para lograr destacar y después de un rato se vuelve demasiado repetitiva, mostrando de nuevo la falta de variantes.

Con “Another Day” bajan un poco el tiempo, para dejarnos descansar un poco de ese beat cansino que no había cambiado un ápice en las primeras tres canciones. Esta es básicamente una balada, donde Smith hace un arreglo de guitarras muy melódico, cargado de delay, arpegios, power choros, y una magistral interpretación vocal. Al 1:38 bajan el tiempo, de hecho queda solo Robert haciendo algunos arreglos mínimos y cantando en tono introspectivo, desarmonizando y jugando con la guitarra, intentando experimentar un poco. Al 2:35 regresan a la secuencia original con ese “I Stare at the Windows” casi desesperado. La canción está linda, y entiendo la intención experimental en algunas partes, pero esa guitarra fuera de tono de vez en vez, me parece que arruina un poco el buen efecto que llevaba la rola.

Continuiamos con “Grinding Halt”, que es una de las que más influencias Punk presentan. Inicia con Robert punteando y sofocando las cuerdas de su guitarra cada vez más rápido, como una pelota botando, para luego entrar a un riff de sube-y-baja, rápido, simple, pero efectivo y muy pegajoso. Luminoso, además, sin contar las letras, es una de las canciones más luminosas, con un coro pegajosísimo. Simple, y ciertamente es de las canciones que tienen más raíces en bandas como The Clash. Y además la salida me encanta, otra vez recordando una pelota que bota y termina ponchándose. Divertida, simple e inofensiva.

“Three Imaginary Boys” es otra de las que están muy por encima del promedio, y tiene una atmósfera depresiva, más trabajada, llena de ecos que ya recuerdan a lo que llegaría la banda. El que las canciones sean simples no significa que no puedan poner atención en detalles, como la carga de eco en la voz y en el delay de la guitarra. La especie de escala que hace el bajo cuando Robert canta el título es muy bueno, y viene a refrescar la canción, que puede ser lenta e hipnótica, pero los pequeños cambios que tiene son suficientes para hacerla funcionar. Al minuto 2 hay un solo de guitarra con un efecto como de sierra, no es la octava maravilla, pero es otro cambio que da vida a la canción. Un gran cierre, sin duda.

 

Es impresionante cómo unos ligeros cambios logran cambiar la faz y aumentar tanto el nivel de un disco. Aún tenemos “Subway Song” pero el Boys Don’t Cry supera con mucho a sus antecesores, y sería en realidad el primer disco de The Cure que los llevaría tener una supremacía durante los 80’s y a ser una enorme influencia en numerosas bandas. Simplemente, es uno de los discos más conocidos del grupo, y al que le deben parte de su fama aún hoy día.

El Boys Don’t Cry es una excelente opción para empezar a descubrir los sonidos iniciales del grupo y sumergirse en ese universo londinense, krafkiano, oscuro, melancólico, lluvioso y maravilloso de The Cure.

 

 

Por Corvan 

 

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