CAIFANES

 

 “Si mis plegarias no fueran
A la Virgen, sino a ti
Qué pensarías, que dirías 
Si de la noche soy un pedazo..."
 
 

 

"C+"

Década Principal:

90's 

Eras Principales:

80's Rock en Ñ Clásico

90's Rock En Ñ: La Era de Oro

Miembros Clave:

Saúl Hernández, Guitarra y voz

Alejandro Marcovich, Guitarra líder

Sabo Romo, Bajo 

Diego Herrera, Teclados

Alfonso André, Batería

Canciones Clave:

La Célula Que Explota, Debajo de tu Piel, Afuera, Miedo, Viento, Piedra, Mátenme Porque Me Muero, La Negra Tomasa, Antes de Que Nos Olviden, Los Dioses Ocultos, Detrás de Ti, Nubes, No Dejes Que, Quisiera Ser Alcoho, Ayer me Dijo un Ave 

Estuve a punto de colgarle a los Caifanes una B. Y cómo no, si lo Caifos son en México una leyenda mucho más grande que los mismos Blátidos, e incluso que los mismísimos Cafetos. Ojo, hablo estrictamente de Caifanes, no de ese triste remedo de sombra en que se convirtió Jaguares. Y es que hay bastantes diferencias en todas estas bandas que se disputan el primer puesto en el rock de México.

Café Tacuba, para empezar, sigue vivito y coleando, y de hecho me acabo de enterar que ayer se presentaron en el Auditorio Telmex. Mi encuentro con ellos en directo tendrá que esperar. Por otro lado, los de Satélite, como ya lo dije en el review, se centran más en crear buena música como conjunto, sin tomar un estilo definido, sin caer en clichés, sin prejuicio alguno y sin personalismos. Cuca es una banda de Hard Rock mexicano que se unió para hacer desmadre y música muy densa, que a veces raya en el metal, y que sabe conjugar muy bien los sonidos pesados con el semi-virtuosismo de los músicos que lo integran y la voz profunda de José Fors. Pero no deja ser una banda muy divertida e interesante que se centra en el desmadre y en las letras superficiales. Fors no es un retrasado mental, es bastante hábil como letrista, pero sus mejores y más profundos versos siempre los ha dejado para su proyecto personal, Fórseps. Por eso, a pesar de que el mito de Cuca se vuelve más fuerte con los años, no sólo en el occidente del país, queda fuera de la pelea.

 

Caifanes se separó después de apenas cuatro discos, pero fue el primer grupo mexicano en romper fronteras y abrir las puertas a todos los grupos mexicanos con una propuesta madura. Caifanes, a diferencia de Cuca y Café Tacuba, tuvo entre sus filas a tres virtuosos hechos y derechos, que fueron pioneros en Latinoamérica y fundaron escuela: Sabo Romo, Alejandro Marcovich, Diego Herrera y Alfonso André. Saúl, por otro lado, tiene una voz perfectamente educada, con un estilo muy propio, clara, alcanzando registros altísimos sin sonar a clon de Jimmi Page o a cualquiera de los otros clones de Glam Metal que surgieran durante los ochentas. Conquistaron al público, tanto dentro como fuera del país, e incluso llegaron a rozar el cielo en el ’93 cuando superaron en ventas y entradas a los mismos Soda ante el poco éxito del álbum “Dínamo” de la banda argentina. Incluso, fue la primer banda en español en ser escuchada en el espacio exterior. Entonces… ¿Por qué diablos una C? ¿Por qué no ubicarlos en el sitio de honor? Simple. La bandera de Café Tacuba siempre ha sido la originalidad, la humildad y el trabajo en equipo. Los Caifanes fueron una banda que empezó muy bien, pero tomando influencias muy marcadas de otras bandas, desde The Cure hasta el mismo Soda. Además, a pesar de tener mejores músicos que los Cafetos, hace falta una cohesión que termine de redondear las canciones. Se nota, sobre todo en los últimos dos discos, una lucha de egos, un duelo constante de solos, una búsqueda de protagonismo que finalmente llevó a la disolución de la banda. Tienen originalidad al incorporar instrumentos y sonidos autóctonos a sus canciones, pero no deja de ser rock con sonidos añejos, contrario a Cafeta que logró crear canciones completas con estructuras folclóricas dando apenas un matiz de rock a éstas. Además, a diferencia de los Tacubos, Caifanes nunca se atrevió a salir del rock y la balada. Finalmente, y es el punto más importante que tomé en cuenta para bajarlos a C, Caifanes se resume en una palabra: PRETENSIONISMO. Las letras de Saúl Hernández son una tremenda sarta de incoherencias que intentan pasar no sé si por existencialistas, subliminales, surreales o las tres cosas juntas. El caso es que el resultado no lleva a ninguna parte salvo en contadas excepciones. En el aspecto lírico, me parece que Saúl intenta imitar el estilo de composición de Cerati. Lo malo es que Gustavo siempre tenía muy clara la idea que quería dar a la canción, si erótica, política o una oda a su amor propio, y la música siempre dio pleno soporte a la idea que planteaba. Saúl no; nunca parece dar claridad a su intención con las metáforas que crea. Algunas imágenes son buenas, por supuesto, pero no logran una unidad en toda la canción, no hay objetivo. En la mayoría de las canciones, si uno escribe versos medio incoherentes sin mayor sentido y las sustituye, no hay gran diferencia en el resultado total de la canción. Por lo mismo, la música se teje aparte y rara vez es un verdadero soporte a los elementos líricos. Eso sí, los instrumentos son siempre impecables, logran tremendas melodías, y conforme transcurren los discos van encontrando más soltura y virtuosismo; lo cual a su vez da la impresión de una banda gigante, pero en la que cada quien va por su lado. Las letras muestran un sentido contrario: entre más cohesión musical, más incoherencia y pretensionismo muestran las letras.

Resulta raro decir todo esto siendo Caifanes mi banda favorita de rock mexicano. A pesar de todos estos contras, Caifanes se ha convertido en la mayor banda de culto en México. Difícilmente hay quien no haya cantado La Célula, o Afuera cuando las programan en un bar. Raros son los guitarristas que no se saben alguna de sus canciones, y la mayoría de los grupos al menos han palomeado alguna de sus rolas. La influencia que tienen aún en estos tiempos es verdaderamente impresionante, y contrasta con la manera en que Jaguares se desinfla y se vuelve en cada vez más un producto comercial y desangelado. Acepto que Saúl no me cae bien, pero en su etapa con Caifanes, antes de convertirse en diva y autoproclamarse gurú del rock, era el centro de la banda, quien le dio forma y estilo con su voz potente y a veces frágil, llegando a tonos que parecen imposibles, y llenando las letras con esas “curiosas” imágenes, por llamarles de algún modo, que a pesar de todo forman parte del estilo de la banda. Me guste o no, Hernández es realmente Caifanes, sólo que se supo rodear de grandes músicos para hacer un sonido que ha trascendido el tiempo. Luego perdió piso y visión. En el primer álbum no estaba Marcovich, y en el último no estaban ni Sabo ni Diego, y eso es muestra de lo que digo.

Caifanes estuvo en el lugar preciso y en el momento exacto. Tras batallar enormidades, Saúl había formado “Las Insólitas Imágenes de Aurora” junto a Alejandro Marcovich y Alfonso André, lo que sería el embrión de Caifanes, en el ya lejano 1984. Por esas épocas comenzaba el fenómeno del rock en español, con grupos como Hombres G en España y Soda Stereo en Argentina. Sin embargo el mercado en México estaba aún demasiado cerrado y no había apoyo ni confianza por parte de las disqueras. Las Insólitas pasaron aún un par de años abriéndose paso en la escena Underground, tocando en el Rockotitlán y ganándose una base firme de seguidores. Esta banda se ha convertido también en una figura de culto, y hay quien dice que eran incluso mejor que Caifanes. La verdad es que en los videos que se pueden encontrar en You Tube se nota ya un germen Caifán, pero dista mucho de un sonido maduro. Lo que si vale la pena es ver a Saúl tocando el bajo, y se ven tan jóvenes que da risa. Cuenta la leyenda que en esta época eran la banda de soporte de Timbiriche, lo cual es totalmente ridículo. Lo que si es cierto es que fueron banda de soporte de otros artistas poperos como Laurean Brizuela ya que estaban casi quebrados y necesitaban dinero para comprar equipo.

En fin, el proyecto acabó mal por el duelo de egos entre Saúl y Marcovich, y este último abandonó el proyecto. Sin embargo ya estaban escritas algunas canciones que formarían parte del catálogo de Caifanes.

Tras la disolución de Las Insólitas, en 1986, Saúl formó su enésima banda, Caifanes, convocando a Sabo Romo en el bajo, Diego Herrera en teclados y sax, Alfonso se mantuvo en la batería y Hernández se movió a la guitarra. Con la base de seguidores que tenían Las Insólitas, siguieron presentándose cada vez con mayor éxito en bares del DF. Su imagen era dark, con maquillaje blanco, enormes melenas y pelos parados, intentando copiar a Robert Smith. El sonido, así mismo, tenía una fuerte influencia de The Cure. Grabaron un demo que fue rechazado en las disqueras, pero empezó a sonar en la radio y los ayudó a llenar escenarios cada vez mayores.

Finalmente, en 1987 tras el enorme trancazo que era Soda y otras bandas de Argentina y España, las disqueras se dieron cuenta que era bastante estúpido y caro importar artistas y se abrieron oportunidades a las bandas mexicanas. Talento había de sobra, como quedó demostrado. Caifanes ya había salido de la escena underground y era de las bandas más buscadas del DF. Así que se hizo una especie de casting en un concierto en vivo en el que Neón y Caifanes abrieron un concierto de Miguel Mateos. Quien tuviera una mejor respuesta del público grabaría disco. Empezó Neón, logrando una respuesta bastante buena por parte de la gente. Los chicos estaban aterrados cuando subieron al escenario, pero para su sorpresa, la gente explotó al verlos y como ya habían escuchado en radio las canciones del demo, corearon las canciones de inicio a fin. Saúl cuenta esta anécdota como la más feliz de su trayectoria musical y se le quiebra la voz de la emoción, y es que ciertamente, el que una banda sin producción discográfica logre ese efecto es realmente difícil, pero demuestra la calidad de la música que estaban haciendo y del impacto que ya tenía en el público. Esa noche opacaron al mismo Mateos. Sobra decir quien ganó la grabación.

Así surgió el disco homónimo en 1988 que fue un verdadero trancazo. El también llamado Álbum Negro, no tenía indicios de la inocente movida española, y era lo más cercano hasta el momento al Doble Vida, que le había costado a Soda tres discos para llegar a ese nivel. Tiene claros sonidos ochentenos, pero es un álbum ya maduro, intenso, con sonidos depresivos pero potentes. Definitivamente el llegar en una etapa tardía de los 80’s le evitó a Caifanes la pena de hacer sonidos encasillados en esa década y con letras inocentes. El disco revolucionó totalmente la manera de hacer música y abrió las puertas a un sin fin de bandas mexicanas que también estaban esperando la oportunidad.

A partir de ahí Caifanes no soltaría la estafeta de banda líder en México, a pesar de la cerrada competencia, y se convirtió en el más férreo competidor de los lidereados por Cerati. Iniciaron las giras, los teatros y bares se hicieron insuficientes, llegaron a Estados Unidos, se presentaron en televisión…

Posteriormente regresa Alejandro Marcovich con toda la potencia de su requinto, y con él grabaron El Diablito en 1990. En pleno boom del rock en español, Caifanes mantienen un estilo nostálgico pero poderoso, y la guitarra aporta esta vez mucho más. La voz de Saúl está en su mejor momento y se desprenden al fin de esa imagen darketa para traer el cabello largo y suelto, cambiando también la imagen a una más rockera y alternativa. Cabe decir que mientras la gente y la misma disquera presionaban para que hicieran más canciones al estilo de La Negra Tomasa, se negaron a encasillarse y en lugar de ello presentaron como sencillo La Célula Que Explota, que creo que es su canción más famosa. En esta canción y en todo el disco, comenzaron a experimentar con fusiones de sonidos más mexicanos y folclóricos que aportaron bastante a su sonido y que después perfeccionaría Café Tacuba.

En el 92 lanzaron lo que a mi gusto es su obra cumbre: El Silencio, uno de los mejores discos del rock en español. Las atmósferas son más logradas gracias a la maestría de Diego, que mostró en este disco que los teclados no son meros objetos decorativos. Sabo luce rapidísimo y con una precisión que deja sin aliento (sí, también es de mis bajistas favoritos), la guitarra de Marcovich es implacable, y toma cada vez más un papel protagónico, haciendo requintos, riffs, arreglos, slides, sin detenerse a respirar un segundo, aunque su obra cumbre sería hasta el siguiente álbum. Saúl, por su parte, luce su mejor voz, clara, potente, atreviéndose cada vez a llegar más alto. Las letras siguen siendo, mhhh… chistosas? Pero al menos en Piedra resultan claras las referencias a su adicción a la cocaína. Así el disco está lleno de clásicos inmortales y no tiene ningún relleno. Por esta época data el mano a mano que tuvieron con Soda Stereo, ya peleaban el primer sitio en importancia en Latinoamérica y el rock mexicano ya había rebasado incluso al argentino en cuando a calidad y cantidad. Este disco, insisto, es una joya invaluable, y la razón más importante por la cual casi les pongo una “B” de calificación.

Pero tenía que llegar el fin. Al final de la gira de El Silencio, tras llenos en todo el continente incluyendo USA, Sabo Romo y Diego Herrera se despidieron de la agrupación, y Caifanes quedó como trío. Ante la incertidumbre, los tres miembros restantes lanzaron en el 94 su disco más exitoso comercialmente: El Nervio del Volcán. Y callaron bocas. Por esa época yo estaba totalmente inmerso en mi descubrimiento de bandas setenteras y apenas y prestaba atención al Rock en Ñ. Pues bueno, el impacto que tuvo este disco fue tan tremendo que durante algunos meses no escuché nada que no fuera Caifanes. Y gracias a ellos regresé a esas rolas de Cuca que antes me habían conmocionado, y luego Fobia, Cafeta, Maldita.Después me fui más lejos y descubrí a Soda, a los Cadillacs, a Los Tres, a Aterciopelados, a Héroes… A Caifanes ciertamente le debo el haberme dado la oportunidad de conocer este universo, y sobre todo, haberlo vivido mientras estaba sucediendo, ya que sé que una época dorada del rock como la del ’93 no se repite muy seguido.

En El Nervio Del Volcán se pierden un poco las atmósferas, pero Marcovich se ganó un lugar entre los mejores guitarristas latinos. En este disco fueron apoyados por Federico Fong y Yann Zaragoza en los huecos que habían quedado, aunque no fueron miembros oficiales. Las letras se vuelven más oníricas y da la impresión de que Saúl empieza a perder piso; pero en serio, el trabajo de Marcovich levanta todo el disco en lo que con cualquier otro guitarrista hubiera sonado a un trabajo soso. Particularmente Afuera la escuché un trillón de veces, y el solo, el riff con que inicia, TODA la labor de la guitarra hacen que esta canción sea una de las mejores rolas del rock en español de todos los tiempos, a pesar del pretensionismo ridículo de las letras.

Pues parece que mucha gente opinó igual que yo. Marcovich le estaba restando protagonismo a Saúl, y Hernández no podía aceptar eso. Ehrr, me suena conocido… Axl Rose, cof cof, Slash? La cuestión es que ya había diferencias muy grandes entre ellos. El duelo de egos llegó al grado que Marcovich registró la marca Caifanes para prevenirse (Gracias Alex!!!!) y llegó el punto en que compartían escenario, pero no se hablaban e incluso llegaban a los conciertos en vehículos distintos. Saúl decidió que Marcovich no seguiría con Caifanes, pero sólo entonces se dio cuenta de que los derechos del nombre no eran suyos. Tras una desgastante disputa legal, Hernández perdió los derechos en un juicio legal, y de paso perdió también la voz, lo cual dio origen a Jaguares, pero eso ya es otra historia. Agradezco a Marcovich que haya impedido que Saúl siguiera usando el nombre de Caifanes para los discos que lanzó después, ya que son cualitativamente inferiores. Salvo dos o tres piezas del primer disco de Jaguares, nada destaca, y se nota una progresiva decadencia tan clara como la paulatina evolución de los Caifos. De ese primer disco, si algo es salvable es la guitarra de José Manuel Aguilera, pero fue tan bueno su trabajo que Saúl vio una nueva amenaza y lo corrió. Afortunadamente, Aguilera formó La Barranca, con quien sigue dando muestras de su enorme talento. El resto de la historia de Jaguares es mediocre y no la cuento para la puntuación de Caifanes. Es de todos conocido que Saúl perdió la voz por tumores en la garganta, que se operó 41 veces y que su voz potente y mágica quedó en la historia. Resulta patético cuando le pasa el micrófono a la gente en las partes que ya no alcanza. Además se volvió un divo insoportable y cayó en letras sociales. Eso está bien, lo malo es que las siga combinando con su poesía alegórica que no dice nada. El colmo fue el cover que hizo a Juan Gabriel. En serio, Marcovich, si alguna vez lees esto, un trillón de gracias por esa clarividencia de sepultar a Caifanes antes de que Saúl devaluara el nombre.

En fin, amo profundamente esta banda. Con una canción de ellos enamoré a mi felina. Es un patrimonio mexicano y quedará, espero, para muchas generaciones. No me simpatiza Saúl Hernández, como habrán notado, pero respeto su calidad como vocal (cuando tenía voz), su tesón y su visión para rodearse de músicos gigantes que en su momento eran desconocidos. La alineación… Ehrrr, me cansé de repetirla, lean otra vez.

 

Señoras y señores, debajo de su música hay esmeraldas conquistadas, la banda que es mito por excelencia: Caifanes!!!

 

 

Por Corvan  

 

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