CAIFANES (álbum, 1988)

Artista: Caifanes (C+)
Año de grabación: Dic 87- Feb 88
Fecha de Lanzamiento: Agosto de 1988 México
Discográfica: RCA
Productor: Óscar López
Calificación: 7

 

Era: 80's Rock en Ñ Clásico

Subgénero: Alternativo Ñ

Mejor Canción: Viento

Canciones: 1) Mátenme Porque Me Muero; 2) Te Estoy Mirando; 3) La Negra Tomasa; 4) Cuéntame Tu Vida; 5) Será Por Eso; 6) Viento; 7) Nunca Me Voy A Transformar En Ti; 8) Perdí Mi Ojo De Venado; 9) Amanece; 10) La Bestia; 11) Nada.

 

La verdad es que este disco es muy bueno. Caifanes hace un gran debut, sonando ya maduros, con algunos toques oscuros; y aunque no dejan de salir algunos pequeños clichés ochenteros a lo largo del disco, hoy las canciones siguen sonando frescas y potentes. Cierto, es apenas el debut y Alejandro Marcovich aún no se ve por aquí después de su intempestiva salida de las Insólitas Imágenes de Aurora, pero el álbum en sí luce sólido, un tanto perturbador, con influencias de The Cure, Joy Division y Soda Stereo (Cerati incluso participa en una rola), pero con suficiente individualidad como para que la banda muestre un estilo propio que irá evolucionando en los siguientes discos.

En definitiva no es el mejor disco de Caifanes. Es más, de entrada puedo decir que es el peor de su corta discografía. Pero lo estamos comparando con joyas como el Nervio del Volcán y El Silencio, dos de los mejores discos de la historia del rock en Ñ. Si volteamos a ver por esas épocas, el Caifanes es uno de los mejores discos del ’88, no sólo en español, sino a nivel mundial. Por eso el 7 puede lucir un tanto injusto, pero en comparación del resto de la discografía, no podemos elevarle la calificación.

Históricamente es importantísimo, ya que fue el que abrió las puertas a las bandas mexicanas, obligando a las disqueras a dar oportunidad a los proyectos nacionales de calidad en lugar de seguir importando proyectos de medio pelo. La historia misma de cómo se grabó el álbum lo dice todo: Los Caifos ya gozaban de una tremenda popularidad en los círculos noctámbulos underground de la Ciudad de México. Las Insólitas de habían convertido en una banda de culto tras su desaparición, pero Saúl mantuvo a Alfonso André en la batería, y convocó a Diego Herrera en teclados y a Salvador “Sabo” Romo en el bajo. El mismo Saúl dejó el bajo y se pasó a la guitarra para suplir la salida de Marcovich. La alineación cambió radicalmente y los sonidos también, pero para mejorar. Si las Insólitas mostraban una gran inmadurez y desfachatez, muy ligada a la Movida Española de inicios de la década, Caifanes logró mantener la base de fans de esta banda gérmen, pero mostrando un sonido más oscuro y elaborado, con una gran elaboración de atmósferas, letras rebuscadas y con intenciones poéticas, y un look dark lleno de maquillaje blanco, ropas negras y pelos parados a la Robert Smith. La verdad es que no había nada como eso en la escena musical de México y el resultado fue que pronto los bares en los que se presentaban no se dieran abasto. En parte, por esto mismo el debut de Caifanes es superior al de Soda Stereo, aunque para esas fechas los argentinos ya estaban haciendo tremendos monstruos de 10. Peeeeeeero Caifanes seguía siendo parte de la escena underground a finales del ‘87.

La leyenda dice que las disqueras, al ver el fenómeno del rock argentino, que ya era un movimiento sólido, decidieron que era muy estúpido (cof cof… caro cof cof…) importar artistas de tan lejos si podías proyectar (cof cof… explotar) músicos nacionales. Para no arriesgarle, decidieron hacer una especie de “casting”, por lo que llamaron a las dos bandas más populares para abrir el concierto de una figura ya consolidada, Miguel Mateos. Esas bandas eran Caifanes y Neón. La diferencia es que Neón tenía un sonido más comercial y tenía en teoría una mayor proyección en radio que los Caifos que apenas estaban colocando sus primeros demos. Neón abrió el espectáculo y recibió una gran entrega por parte del público. Saúl cuenta que al subir a escena estaban aterrados. Con lo que no contaban era que la gente corearía todas las canciones que tocaron, haciendo que casi se cayera el recinto dende se presentaron. Para su misma sorpresa, terminaron opacando al mismo Mateos y ganando el contrato para grabar este debut.

El álbum en sí tiene dos caras (en sentido figurado). En una las canciones son tremendamente maduras, Hernández se basta a sí mismo en la guitarra para completar los sonidos, tienen una gran complejidad y están exentas o casi de los clichés de los 80’s, por lo que suenan atemporales y frescas aún hoy día. Estos son clásicos que aún perduran en la memoria, como Mátenme Porque Me Muero, Te Estoy Mirando, La Negra Tomasa, Cuéntame Tu Vida, Viento y Perdí Mi Ojo de Venado. El resto de las canciones conforman el otro lado, ya que tienen mucho menor nivel y algunas pueden incluso ser consideradas como mero relleno. Hay que resaltar que en la versión original el disco no contenía ni La Negra Tomasa ni Perdí Mi Ojo de Venado; estas fueron agregadas en reediciones, elevando considerablemente la calidad del mismo. Aquí as consideraremos tanto como para la reseña como para la calificación.

 

El disco abre con "Mátenme Porque Me Muero". La intro, con ese discreto efecto de teclado medio oriental y ese redoble, suena espectacular. Los AAAAUU! de Saúl son simplemente ganchos encantadores que terminan de redondear una gran inicio de canción con los teclados aflautados al fondo. Saúl hace un arreglo bastante decente en la guitarra, aunque a mi gusto la rola se la lleva la atmósfera aflautada que da Diego. Por otro lado, me encantan los efectos que hace Saúl con la guitarra en el coro, haciendo chillar la lira como los AAAAUU del incio. El puente se me hace un tanto soso “Esta enfermedad es incurable, esta enfermedad ni con un Valium…” me parecen versos estúpidos que desencajan con el resto de las letras. No es que las demás letras tengan mucho sentido, pero sí logran crear buenas imágenes poéticas que se pierden un poco con este puente fuera de lugar. Ya en la coda, al 2:55, Saúl hace aullar hermosamente su guitarra. No tiene la maestría de Marcovich, pero sabe utilizar el instrumento dentro de sus propias limitaciones y esta es una prueba de que lo sabe hacer bien. Los teclados se incorporan en la coda dando una sensación más dramática. Esta canción se la lleva Diego.

Sigue “Te Estoy Mirando”. Tal vez no sea un clásico, pero esta rola me parece que también está por encima del promedio. Tiene un ritmo muy desenfadado, con sonidos como de marimbas jugueteando durante toda la canción, contrastando con las letras y con una guitarra punteada que a mi siempre me da una sensación de angustia musical muy bien lograda durante la primera parte. El puente esta vez esta mejor que la canción anterior, los teclados cambian a un pianito muy nostálgico, y al entrar al coro la canción parece tomar mayor energía. Sabo luce un poco plano y carente de imaginación, pero Alfonso hace un gran papel en la batería, haciendo pequeños matices para diferenciar las partes más guapachosas de las nostálgicas. Insisto, no es un clásico, pero esta canción nunca me ha aburrido como por ejemplo “Amanece” o “Nada”.

La tercer rola es una cumbia original de Guillermo Rodríguez “Fiffe”. La verdad es que "La Negra Tomasa" es uno de esos accidentes afortunados que ocurren y que cambian historias. La leyenda cuenta que los Caifos estaban tocando en Rockotitlán, la gente estaba muy prendida y se les acabó el repertorio. El público les pedía más y como puntada, en parte para intentar que la gente se desilusionara y los dejara salir, comenzaron a palomear "La Negra Tomasa". La cosa es que el palomazo terminó sonando a una cumbia gótica que encantó a todo mundo y terminó siendo parte obligada de su repertorio. Este feliz accidente les daría su primer sencillo en radio, catapultándolos a la fama. En esas fechas yo debía tener unos 7 años, y aún recuerdo que en un viaje al rancho con mi abuelo, la programaron en la estación de canciones rancheras que oyen los abuelos. Es decir, a pesar de ser rock, TODO mundo en México escuchó esa extraña amalgama de cumbia con The Cure. El arreglo de guitarra con que inicia es magistral y tras algunos tiempos, André inicia el redoble cumbianchero de fiesta de quinceañera para entrar con todo con el ritmo. La magia de esta canción es que la sección rítmica va llevando la cumbia tal cual, mientras que la guitarra va haciendo ese arreglo a dos dedos que le da una gran oscuridad a la rola, junto con los teclados que dan un aire psicodélico y alborozado. Al 1:40 hay un cambio de ritmo, bajando la intensidad casi hasta el silencio, haciendo el ambiente más dark sin la sección de ritmo. Nuevamente entra la cumbia para un gran solo de teclado y una coda fantástica con ese Aylaralaralaaaaaaaaaa con que cierra la canción. Sin duda un gran acierto en el aspecto comercial, además de que la mezcla de rock con sonidos más folclóricos marcaría los rumbos futuros de la banda.

El cuarto corte es “Cuéntame Tu Vida”, otra de las grandes rolas del disco que inicia con un excelente riff de teclado aflautado. El Sabo Romo se discute esta vez no sólo con la precisión, sino desde el mini solo que se avienta recién empezando la canción. Todos los instrumentos van construyendo una ambientación oscura y densa, acorde por momentos con los tonos pesimistas y negros de los versos, aunque en los coros suenan con mucho más color por los tonos mayores utilizados. No es que suene mal en absoluto, pero ya había comentado algo sobre ese efecto que a veces da la banda en el que los instrumentos no parecen ir acorde a las letras. Al 2:57 Saúl se avienta un requinto bastante decente, curiosamente muy al estilo de Alejandro, aunque sin la velocidad de éste. Sin duda tomo alguna influencia en el estilo de su ex y futuro compañero.

Viene después “Será Por Eso”, en la que Saúl se hace pasar por un loco de manicomio. Nunca me ha convencido esta versión de Caifanes. El puente es muy débil y la guitarra es muy ochentera, pero me parece que con otro trato la canción hubiera salido mucho mejor. Me gusta mucho más la versión que canta Saúl junto a José Fors, quien sin duda le da una nueva dimensión a la rola haciéndola más profunda. De hecho, suena mucho más acorde al tipo de letras que Fors suele realizar y se le nota más natural que al mismo autor. Por otro lado, es de las canciones con mayor claridad y sentido lírico que jamás haya escrito Saúl, aunque nuevamente creo que hay canciones en que la música expresa mucha más locura que aquí.

La sexta canción es "Viento", todo un clásico eterno. La intro es genial, con un punteo de guitarra muy típico y que es totalmente identificable en cualquier bar en que es tocado. El posterior arreglo de guitarra, también punteado, tiene una gran técnica por parte de Saúl, quien vuelve a demostrar que dentro de sus carencias, sabe utilizar sus habilidades. Diego vuelve a lucirse en la elaboración de atmósferas y arreglitos que muchas veces parecen sencillos y discretos pero que sirven para construir la rola. Sabo otra vez preciso, rápido y contundente como siempre, llevando los tiempos y acelerando y desacelerando cuando es neceario. Algunas de las imágenes líricas que logra Saúl son de mis favoritas de Caifanes, logrando una poesía un poco más limpia y con algo de sentido, pero siempre me ha chocado la frase con que inicia: “Préstame tu peine y péiname el alma…” WTF??? Afortunadamente la frase no logra echar abajo la canción e incluso se ha vuelto parte del colorido que la rodea.

Sigue “Nunca Me Voy A Transformar En Ti”, que a mi gusto es un intento de hacer su propia “Negra Tomasa”. Es una canción movida con tintes oscuros pero pésimamente lograda. Desde la intro suena muy simplona, con un ritmo que recuerda más a la música de la Movida Española que a la de Robert Smith. Hasta Diego suena un tanto repetitivo y falto de ideas. Si acaso lo único a destacar es el despliegue de técnica del Sabo, rapidísimo y con un riff de bajo complejo y que luce desperdiciado. La buena noticia es que es la canción más corta del álbum.

Viene luego “Perdí Mi Ojo de Venado” que no estaba contemplada en la edición original, sino que salió originalmente como lado B del EP “La Negra Tomasa”. Esta es la canción con más energía, un tanto alejada de esa oscuridad y tonos menores que predominan en el resto del disco. La sección rítmica da bastante fuerza a la voz de Saúl, que se va a tonos altísimos. Las letras son cifradas, enigmáticas y sin demasiado sentido, pero la fuerza de la canción y la potencia vocal hacen que el pretensionismo de Saúl quede en segundo plano. Me encanta la tensión que se empieza a crear al 3:00 con las escalas de teclado y la batería marcada para dar pie a otro buen requinto de Saúl al 3:20. Me gusta el cierre tremendo, con una voz gritando furiosa “AAAAAAAAAA TI!” y el cierre de golpe y porrazo.

“Amanece” es el noveno track. La canción no es mala, pero me parece un tanto sosa y repetitiva, sin una armonía muy compleja. Diego Herrera es muy buen tecladista, pero prefiero cuando no se las da de compositor. A destacar en esta rola el tremendo bajeo del Sabo, que básicamente se echa un solo de bajo en la parte media, después del cambio de ritmo al 2:15. Al menos le imprimen energía, pero no es de los trabajos más memorables de los Caifos.

Sigue “La Bestia Humana” en la cual participa Gustavo Cerati con su guitarra. Y ni así. Cerati le agrega unos arpegios muy “cutes”, pero también le añade un guitarreo muy fechado, lleno de técnica y lo que quieran, pero que suena muy ochentero y similar a lo que hizo en ’84 en su propio debut, nada que ver con lo que estaba haciendo en el Doble Vida de ese mismo año. El Sabo también contribuye a los sonidos ochenteros, y a pesar de la gran energía que tratan de imprimir con todo y la participación de lujo, la canción naufraga.

Finalmente el disco cierra con “Nada” otra canción de Herrera. La rolita es muy atmosférica, pero llega a aburrir a mares, sobre todo después del cierre tan flojo del disco. Esta se me antojaba para que la hicieran un instrumental corto como un buen cierre )tipo en el Ten de Pearl Jam), pero es una cosa amorfa de casi 5 minutos que no levanta en ningún momento y que puede llegar a matar de enfado en cualquier descuido.

El disco debut de Caifanes tiene altas y bajas, pero son mucho más los puntos a favor que hacen que valga la pena escucharlo y tenerlo como reliquia. Para lo que se estaba haciendo en 1988, pocas bandas en el mundo podían lanzar un disco tan sólido y bien logrado, además de que históricamente, el Caifanes abrió las puertas al rock mexicano y marcó un estándar de calidad altísimo para el resto de los grupos, haciendo con esto que la oleada que se dejó venir formara una generación de oro en el rock nacional.

 

 

Por Corvan  

 

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