CON EL CORAZÓN EN LA MANO (Aterciopelados, 1994)

Artista: Aterciopelados (D+)

Fecha de Grabación: 1993

Fecha de Lanzamiento: 1994

Discográfica: BMG Ariola

Productor: Juan Antonio Castillo y Aterciopelados

Calificación: 7

                 

Era: 90's Rock En Ñ: La Era de Oro

Subgénero: Alternativo

Mejor Canción: No te Me Disuelvas o La Fé Perdida

Canciones: 1) La Gomela; 2) Ella; 3) Símbolo Marciano; 4) Se Parapeta; 5) Para Mi Solito; 6) Mal Castigo; 7) Mujer Gala; 8) El Pez; 9) La Cuchilla; 10) La Sirena; 11) Sortilegio; 12) Las Delicias; 13) Quieto Veneno; 14) No Te Me Disuelvas; 15) La Fe Perdida.

 

Hay tan poca información de este disco, que ni siquiera se ponen de acuerdo en el año de lanzamiento. La mayoría de lugares establecen 1993, pero basándome en el sitio oficial de la banda, corrijo a 1994. En cualquier caso, lanzado a finales de uno o principios de otro, este primer disco no sonó fuera de Colombia sino hasta que los Aterciopelados la armaron en grande un año después, con El Dorado. Muchos corrimos a ver de dónde había salido este grupo y nos encontramos con este álbum donde apenas estaban buscando su identidad y sonido.

Tiene los detalles y carencias típicas de muchos debuts. La producción es pobre, supongo que porque a pesar de estar respaldado por un gigante latinoamericano como Ariola, no contaron con mucho presupuesto. El sonido es pues es algo plano. Bueno, MUY plano. La ecualización es la misma para los Ska´s, los Punks, las baladas, los Rockers más alternativos… todos los temas suenan con una batería como de hojalata y como si hubieran metido a todos en una cueva. Pero el disco, sin ser una joya, resulta interesante precisamente por esa gran variedad de géneros. Aquí aún no habían perfeccionado la fusión de los mismos, por lo que más que encontrar mestizaje, encontramos muchos géneros, pero tendiendo a un estado más puro. Es decir, si escuchas un tema, casi de inmediato puedes identificar su influencia, a diferencia de los discos posteriores, en donde irían haciendo mestizajes de muchos estilos. Es sin duda el disco más crudo de los Aterciopelados, el más ruidoso, e incluso, por la producción, da en ocasiones un aire “en vivo”.

El grupo nació en 1990 en la Universidad de los Andes de Bogotá, cuando la cantante Andrea Echeverri y Héctor Buitrago, exbajista de la banda de hardcore "La Pestilencia", se conocieron y formaron Delia y los Aminoácidos. No está claro si primero fue la banda o si primero fueron pareja sentimental, el caso es que una cosa llevó a la otra, y la banda estuvo buscando tocar en bares de Bogotá, donde entonces era difícil encontrar espacio para el Rock. Decidieron solucionar el problema y matar dos pájaros de un tiro abriendo su propio bar. Delia y Los Aminoácidos pronto empezó a hacerse de renombre en Bogotá, todo les estaba saliendo conforme a lo planeado en el aspecto musical… pero no como pareja. Andrea y Héctor rompieron y con ello acabó la banda y el bar.

Cada quien siguió su camino. Héctor siguió como bajista en diversos proyectos y Andrea continuó con sus estudios de bellas artes y estuvo de corista con Carlos Vives. Dos años después se reencontraron. Ambos estaban algo frustrados por el rumbo que habían tomado sus carreras musicales, pero recordaron la tremenda química musical que lograban juntos. Así que olvidaron los problemas sentimentales y decidieron rearmar la banda cambiando de nombre a Aterciopelados, con el guitarrista Charly Márquez y Andrés Giraldo en la batería. Tras presentarse en algunos bares y retomar el prestigio que tuvieron con Delia, grabaron un demo con la canción “Mujer Gala”, entrando en los primeros lugares de la programación de radios bogotanas. Pronto superaron el éxito de los Aminoácidos y llamaron la atención de las disqueras. BMG Ariola fue con la que finalmente firmaron y con la que grabaron su primer disco durante 1993, llamado Con el Corazón en la Mano. Curiosamente, si hoy en día buscan información sobre ese debut, encontrarán más información sobre el libro biográfico del mismo nombre que lanzaron a fines del 2014 que sobre el disco en sí. Tampoco se ponen de acuerdo en el número de copias vendidas de este disco. Lo que sí, es que de menos fueron 100 mil discos, algo inusitado para una banda de Rock en Colombia. Aterciopelados era un tremendo suceso local, con el gran carisma de su menuda cantante y la innovación que entonces significaban los géneros que abarcaba el disco, pero dominando un latido Punk por la influencia de las anteriores bandas de Buitrago.

 

El disco arranca con ese peculiar “aaaaaaaaaaaaaaaaaaaleRRRRRta cundinamarqueses…” con que abre “La Gomela”. Esta especie de fragmento de noticiero radial sirve de introducción a la rola, en la que la letra va haciendo esa especie de cobertura sobre un asesinato crimen. La batería entra tímidamente marcando el tiempo, Andre alanza un furioso “Hey!” y de repente se lanzan en un furioso ritmo Punk. Héctor se une con una voz gutural en los estribillos “Quién mató, Quién Mató?”. El tema es muy sencillo, con 2 tonos y apenas cambio tonal en los puentes, pero Andrea hace una sorprendente lírica detallando los datos del asesinato de una chica de 20 años, con ropa deportiva, muerta por 13 puñaladas, sin signos de ataque sexual, en un caso que supongo llamó la atención mediática en Bogotá. Hacia el final, Héctor hace curiosos sonidos amorfos. Dura menos de 2 minutos, pero está muy bien armado a pesar de su sencillez.

Luego tenemos “Ella” en la que Charly no cambia en absoluto el efecto de guitarra, y hasta parecen seguir en el mismo tono del tema anterior. Después de la incisiva entrada, la rola se intenta refinar un poco más, dando aires al estilo de The Police. La letra es ingeniosa, buscando retratar un amor obsesivo. El tema nuevamente es muy sencillo, pero parece seguir la misma tónica de la anterior, con el doble de duración y la mitad de efectividad.

Para “Símbolo Marciano” parece claro que van a seguir usando exactamente el mismo fuzz sucio, el mismo riff, el mismo beat y el mismo tono. Andrea apenas se molesta en cambiar la melodía. Por lo demás, es básicamente la misma canción. Uno se tiene que esforzar para darse cuenta que ya vamos en el tercer track. Si, la surreal letra apocalíptica es divertida, pero…

Con “Se Parapeta” por fin cambian el ritmo, antes de que nos demos un tiro. Bueno, arranca con un riff machacón punk de dos tonos que regresa eventualmente, destrozando la canción, pero en los versos cambia a un ritmo tropical, caribeño y soleado, con matices de reggae/bossa nova y que termina como salsa. La letra narra en primera persona a un chico que desde niño ha sido malo, y va narrando sus depravaciones.

Por fin llegamos a uno de los puntos más sólidos con “Para Mi Solito”, que a pesar de tener como base otra secuencia de 2 tonos, Márquez por fin cambia el pedal de su guitara por uno más etéreo, recordando los efectos de Valdivia con HdS, con lo que da un tono más alternativo. Andrea hace una delicia de melodía, y mostrando ya la versatilidad de su voz, aunque desplegará todo su poderío hasta posteriores discos. Aún así, aquí usa un tono dulce, grave en los versos, alcanzando agudos en los estribillos y casi rapeando por instantes. Buitrago hace una secuencia saltarina para el bajo, considerando que va brincando sólo entre dos tonos. La canción es MUY simple, pero efectiva y pegajosa.

Con “Mal Castigo” regresamos a la influencia Punk, aunque un poco más variado, con un beat más bailable. La letra me es una incógnita total, haciendo un catálogo de torturas, algunas bastante asquerosas. El estribillo es demasiado rápido e ininteligible, cantando a toda velocidad “Mal ajeno del pelo cuelga, Consuelo de pocos”.

Continuamos con “Mujer Gala”, otro Punk no tan incisivo, con un bajeo más latino, donde Andrea remarca las últimas sílabas de cada verso a manera de gancho. La batería por fin se escucha algo más clara. La letra debe estar dedicada a alguien a quien realmente odiaba, con líneas como “Eres un barril sin fondo, eres una mosca muerta”. De nuevo es una secuencia de dos tonos en poco más de minuto y medio, pero funciona algo mejor que los otros punkers.

En “Pez” la novedad es que es una secuencia de tres tonos! Jeje. El cristalino guitarreo acústico de fondo y los arpegios eléctricos hacen más cálida la canción, haciendo un brusco cambio a la distorsión en los estribillos. Echeverri canta en una especie de agradable vaivén, como suave marea, lanzando las metáforas marítimas, hasta que su voz cobra un dejo de amargura y furia en los estribillos, gritando casi la palabra “Aguijón”, terminando la coda de forma juguetona y saliéndose de la secuencia de tonos, además de que la guitarra aquí recuerda vagamente la de “Primavera 0” de Soda.

“La Cuchilla” es una canción popular colombiana, que recuerda enormidades los corridos norteños mexicanos. La cuestión es que se la apropian y le dan un tono divertidísimo, con Andrea desgarrándose la voz en los momentos indicados, Buitrago y Giraldo haciendo un ritmo desaforado, rockero y tradicional a la vez, y Márquez haciendo divertidos arreglos con el tono exacto. La Lupita ya había intentado algo parecido con “Contrabando y Traición” en 1992, pero dudo que los colombianos los hubieran escuchado porque tampoco habían tenido mucha repercusión en su debut. Un tema divertido y bien logrado.

“La Sirena” tiene un ritmo más Reggae, cadente. Andrea canta con voz, herr… aterciopelada, seductora, separando cada sílaba. No son los Wailers, es más no son The Police, pero esta primera mitad es realmente relajante y bien lograda, con esas referencias marinas que tanto gustan los colombianos. Al 1:15 se escuchan unos tarolazos y el tiempo se acelera para un ritmo ska, con las guitarras distorsionadas a todo. Andrea canta de forma casi inocente “Esa rubia exhuberante, por seguirme la corriente, se volvió sirena, hay que pena, hay que pena…”, ya sin bajar el ritmo hasta que el Ska se difumina.

Continuamos con “Sortilegio”, que inicia con un melancólico arpegio. El disco, que había arrancado demasiado flojo, comienza a levantar en la segunda mitad. El tema es casi acústico en su primera parte, con Echeverri cantando con su hermosa voz de mezzosoprano y con un feeling increíble. Va narrando sobre un tipo que no le hace caso y además es un patán. Mientras la guitarra se vuelve en un guitarreo muy rítmico, ella empieza a enumerar los sortilegios para que el fulano caiga rendido a sus pies. Es notable el manejo melódico y los ganchos vocales “No dudo que hará efecto, Oh, ooh, o ooooh”. Al 2:20 se acaba el encanto acústico y entra la artillería pesada, con la misma voz más agresiva, pero funciona bien. Curiosamente en este tema el sonido es más definido para cada instrumento, y esto incluso realza la voz. “Sortilegio” sería un trancazo en Colombia, pero pareciera acaso una premonición de lo que vendría para la banda: “Me amarás con este elixir, Te amarraré con este sortilegio”.

Después tenemos “Las Delicias”, donde regresa la producción ochenterísima, difusa y cargada de eco. Pero el tema es lindo, suave y cadente. Andrea hace una letra provocativa, erótica, que va acorde al satín musical. Es como estar en una playa desierta con tu pareja… En algún momento Héctor canta una línea, y ya hacia el final, la guitarra arruina la atmósfera con un chirrido fuera de lugar.

Con “Quieto Veneno” retoman la fuerza Punk. A pesar de que no me encantan los temas de dos tonos, esté es algo más logrado y más pegajoso que los anteriores. La letra habla algo veladamente sobre la realidad colombiana de inicios de los 90’s, con sicarios, amenazas y cierto temor imperante en la sociedad, aunque Andrea lo usa esta vez de forma inversa ente un tipo que la acosa. La forma en que cantan a dúo el título es muy pegajosa, además que la escala de bajo tiene cierta influencia de la música tradicional.

El disco cierra con los mejores temas. El primero es “No Te Me Disuelvas”, en el que Márquez, si bien no es Hendrix, hace una asombrosa Intro, lenta, majestuosa, con matices blueseros y sin dejar de ser incisivo. Al minuto hace un delicioso riff, muy alternativo, sobre el que se sostiene toda la rola, en conjunto con un bajeo profundo. Andrea entra con su mágica voz, yendo de la más grande ternura a una rabiosa explosión en cuestión de nada. Las letras son impresionantes, y dan cuenta de lo que serán capaces con un poco más de trabajo, con imágenes agridulces de un amor enfermizo y postmoderno, con líneas como “Si pudiera enredarte con mis dedos, Me cortaría todas las uñas, Te arañaría con cuidado, Estoy-estás-estamos atorados”. El tema suena denso, con influencia de Shoegazing, pero en el estribillo toman de nuevo ritmos Punks más agresivos, que combinan casi de milagro, además de ser muy pegajoso. El riff es intoxicante, casi como la letra, dando unidad y esa sensación de espesura. Hacia el 4:40 parece difuminarse en un arpegio, pero no acaba de difuminarse el platillazo, cuando la guitarra vuelve con otro solo muy reminiscente a Alice In Chains, y para cerrar con unas de las líneas más tóxicas y maravillosas: “Si absorbiera en mi plasma tus humores, Duplicaría tu ADN, combinaríamos tus genes, Podré crear de tí, cien duplicados, Podré probar mil veces tu pecado”, cerrando después con una ráfaga.

Y al final llega “La Fé Perdida”, con otro bello arpegio y un inicio melancólico, con Andrea cantando al borde del llanto. Y no es para más. La letra entera es un poema devastador, bukowskiano, con versos lentos, densos sin necesidad de mucha instrumentación, sino usando el minimalismo para crear esa aridez. El estribillo es más luminoso y festivo, con tonos mayores, hablando de la otra persona como alguien que puede alcanzar la felicidad, contrastando con la desolación de los versos en los que habla de su propia soledad. La guitarra lanza gemidos eventuales, y es como una montaña rusa esa combinación de sensaciones y emociones, yendo de la más oscura introspección a la desaforada alegría de los coros, con los que se difumina el tema.

 

En fin, es un disco muy curioso. Arranca bien, pero a la tercer canción no han cambiado la fórmula y se prevé un álbum monótono y taladrante. Sin embargo, a pesar de que Aterciopelados recurre mucho a temas muy simples de 2 o 3 tonos, el disco va levantando hasta cerrar con dos piezas espectaculares, con notable influencia del Dynamo de Soda, pero agregando su propio estilo. Es demasiado irregular, y la banda está buscando su sonido propio, pero recurriendo a sus raíces Punk. La producción no ayuda, pero ya hay piezas donde se despegan de la fórmula hacia sonidos más maduros, que nos dan una idea del nivel que alcanzarán.

 

 

 

Por Corvan

 

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