COSMO’S FACTORY (Creedence, 1970)

Artista: Creedence (B)
Fecha de Grabación: Nov '69 – May '70
Fecha de Lanzamiento: Julio de 1970, USA
Discográfica: Fantasy
Productor: John Fogerty
Calificación:
10 (MUST HAVE)

 

 

Era: Country, Country Rock y Sureño

Categoría: Country, Country Rock y Sureño (1968-???)

Mejor Canción: Who’ll Stop the Rain o I Heard It Through the Grapevine

Canciones: 1) Ramble Tamble; 2) Before You Accuse Me; 3) Travelin' Band; 4) Ooby Dooby; 5) Lookin' Out My Back Door; 6) Run Through The Jungle; 7) Up Around The Bend; 8) My Baby Left Me; 9) Who'll Stop The Rain; 10) I Heard It Through The Grapevine; 11) Long As I Can See The Light.

Este es un discazo, por donde se le vea. A mi punto de vista, es el trabajo más maduro de Creedence, el más pulido, el que refleja mejor su estilo, y el más variado… Bueno, eso considerando los estándares de Creedence. No es que traiga rock ópera, metal y reggae, ni tampoco es que sea el White Album, pero por mucho es el más diverso dentro de los géneros que toca esta banda: trae “Jungle” como una de las canciones antibélicas más escalofriantes, capaz de crear una sensación realmente paranoica, oscura, atenazante, amenzante… “Rain” igualmente antibélica, pero desde el otro lado de la moneda, mucho más poética, filosófica, espiritual, una balada bellísima, de lo mejor de Creeedence; “Band” y “Bend” un par de rockanroles de primerísimo nivel, divertidos, con mucho groove, que rockean con ganas y te ponen de buen humor desde las primeras notas; “My Back Door” una rolita country y pantanosa, ligera y casi infantil, y que recuerda ese sonido fangoso y engañosamente simplón; “Light” es otra balada inmensa, exquisita, capaz de conmoverte con esa lentitud casi gospel, el teclado lleno de eco y los solos de sax que le dan un aire casi religioso, capaz de apachurrarte el alma… y “Grapevine”, un cover que en realidad debería ser acreeditado a Fogerty y no a los compositores de Marvin Gaye, también con esa atmósfera oscura e inquietante de algunas rolas del grupo. Y es que de todos los covers que los Creedence hicieron propios, este es quizá del que más se adueñaron, al que más le dejaron su marca y le tatuaron su espíritu. Prácticamente la rehicieron con esa sección instrumental media y los furiosos requintos de John y la monumental batería de Cosmo. Ah! Hablando de Doug “Cosmo” Clifford, este disco lleva su sobrenombre con toda justicia: es su mejor trabajo de batería, y sin aplastar las canciones ni sonar excesivo, hace un trabajo colosal, insertando redobles precisos y que realzan la rola a diestra y siniestra. En verdad que lo tenía muy menospreciado como baterista, pero basta escuchar este disco para darse cuenta que era absolutamente intuitivo, pero preciso, y le metía un turbo bestial a la canción más sencilla.

No fue por ello que el disco se llamó así, sino porque casi inmediatamente después de lanzar el “Willy & The Poorboys” la banda se metió al estudio de la casa de Doug a preparar el siguiente álbum. Afortunadamente, esta vez no se apresuraron tanto, y en vez de dar un par de meses entre disco y disco, dieron casi seis. La cuestión que John era tan tiránico con estas sesiones, que Cosmo le empezó a llamar en broma “The Factory” a su estudio, que efectivamente, es el de la portada. La broma terminó dando título al disco. Pero el caso es que, el hecho de que esta vez fueran más pacientes y no lanzaran tres discos en un solo año, les dejó como ganancia un LP con la cantidad de clásicos que traen los tres discos previos juntos. Y ningún relleno!.

El disco es perfecto de principio a fin, y curiosamente, los covers no mencionados son quizá los puntos más débiles del Cosmo’s Factory, pero están muy bien hechos y sin problema hubieran sido de los puntos fuertes en cualquier otro disco de Creedence. Al respecto, me sigue impresionando el trato que le dan a canciones ajenas, y creo que ya lo había comentado en algún otro disco, pero Creedence Clearwatwer Revival quizá sean los mejores covereadores de la historia. Realmente, si uno no checa los créditos de las rolas, uno puede vivir engañado toda su vida pensando que son originales de la banda: “Susie Q”, “Grapevine”, “I Put A Spell On You”, “Miss Molly”, “Cotton Fields”, entre las que se me vienen a la mente. Y destaca su honestidad, Zeppelin o los Stones, por muchas menos variaciones en las rolas, no tenían remordimiento alguno en acreditárselas y quedarse con los royalties.

Aquí además, tienen mucho más cuidado en la selección de covers que hacen que en los discos del ’69, y por lo mismo, tienen más éxito con ellos, les sientan mejor. Todo esto hace que el disco sea el más completo y pulido de CCR, mostrando aquí su mejor nivel, su máximo potencial. Es un disco más serio que los anteriores, pero no deja de ser divertido, con números de rockanrol más ligeros. Sigue siendo experimental, con pasajes instrumentales extensos y solos maravillosos, pero ya no con esa “experimentación” que tendió más al sarcasmo en Willy & The Poorboys, además de que las secciones de metales son menos y encajan mucho mejor cuando las usan. El sentido de melodía y estructura están cuidados hasta el más mínimo detalle, y por ello el álbum presenta tantos clásicos y puntos fuertes, sin tener prácticamente una cima o una canción que opaque demasiado. Todo se mantiene a un gran nivel de principio a fin. No es muy largo. No es muy corto. Es simplemente brillante... y perfecto.

 

El disco abre con “Ramble Table”, un rocker furioso, con un gran jam en la sección media, y momentos muy entretenidos. La intro es genial, cargada de dinamita, y a partir de ahí la canción, es bastante entretenida. Los versos arrancan con un ritmo casi violento, en el que John intercala los versos con esa voz rasposísima con excelentes arreglos de guitarra, a los que les hace toda variación posible a partir del primero. Al 1:30 comienza a desacelerar la canción, para cambiarla por completo al 1:50, con una escala arpegiada y descendente preciosa. Aquí sigan a Cosmo Clifford, que empieza a dar cátedra de batería al mantener la canción ante las repeticiones del riff en que se construye esta gigantesca sección media. Al 3:30 entra un teclado aflautado haciendo otra iteración muy mona, y la banda comienza a acelerar y a subirle a los decibeles. El solo viene al 1:40, lento y tímido en un principio, pero agarrando confianza y fuerza; No es la octava maravilla, pero muestra esa especie de frialdad matemática de Fogerty para construir sus requintos. La canción de pronto va a toda velocidad, con un ritmo vertiginoso que ya no da para más, de manera que la banda se para al 5:35 y regresamos al ritmo juguetón de los versos y a esos minisolos magistrales. Un último verso, un último “Uhhhhhhhhhhhhh, Down on the road I go…” para volver a desacelerar esta poderosa locomotora de manera definitiva. Entiendo que haya gente a la que no le gusta esta especie de jam de más de 7 minutos, pero a mi me parece magistral el manejo de tensión que logran, los cambios de ritmo, y el nivel instrumental de la canción, aparentemente bobo y repetitivo, pero en el que Fogerty se las ingenia para meter ligeras varianzas y no repetirse ni una sola vez. Tremendo inicio.

Después está “Before You Accuse Me”, el primero de los covers del disco. Esta versión está bien hecha, tratada con mucha seriedad, de repente yéndose más al estilo de Chicago que a ese estilo más fangoso del Delta Blues. El pianito al fondo le da unidad a toda la canción y una especie de refinamiento muy extraño (muy jazzy?) para una canción de Creedence. Pero no desentona, la canción está bien hecha, con un gran solo de guitarra a partir del 2:30 y con el que nos iremos a la coda hasta el cierre. Un muy buen trato que le dan a este antiquísimo blues (uno de mis favoritos), pero la tratan quizá con demasiado respeto. Este es de los covers que no parecen hacer propios, quizá por la naturaleza misma de la rola. Tampoco tiene nada de malo la interpretación, está bien lograda, pero parece que le falta algo, hacerla más pantanosa, creedencializarla más, no sé. En cualquier otro disco habría sido marcada en rojo, pero aquí suena casi genérica en comparación al resto de las rolas. Aún así, es buena.

Luego viene “Travelin’ Band”, un exquisito y divertido rockanrolito al más puro estilo de los 50’s. De hecho, la canción surgió de estar masticando “Good Golly Miss Molly”, y en un principio la iban a descartar por miedo a alguna demanda por derecho de parte de Little Richard. Pero la verdad es que apenas se nota la influencia, y el mood y la letra son totalmente distintas. Quizá lo que la diferencia más ese ese sax, que en un principio nos podría recordar otras canciones de CCR donde la muralla de sonido de los metales no va. Aquí es muy atinada, y es lo que termina dándole vida a toda la canción y dándole un espíritu muy distinto al de la rola de la que surgió. Por lo demás, es espectacular, con un ritmazo, una tremenda intensidad en la entrega vocal, lo cual hace que la rola sea casi imposible de copiar tal cual. El requinto al 1:25 es incendiario, conservando el estilo y brevedad de los 50’s, pero con mucha más fiereza. Los gritos de John al terminar cada coro son casi felinos y otro de los ganchos escondidos de la rola. Cuando se extienden con jams gigantescos, pueden ser mágicos, pero también es notable lo espectaculares y bien logrados que pueden llegar a ser en apenas 2 minutos. Además es otra estrellita en la frente para Cosmo Clifford.

“Ooby Dooby” es otro de los covers medianos, un tanto bobos, que hiciera famosa Roy Orbison. No está mal, pero suena demasiado simple para Creedence. Hay dos cosas realmente rescatables: una es la esplendorosa guitarra de John, sonando absolutamente retro y haciendo un homenaje a esos requintos cincuenteros, quizá abusando un poco de los clichés, pero dando un buen efecto en general para un rock & roll simple. El otro es que es una canción demasiado corta como para enfadarse con ella. Apenas 2 minutos, o por lo cual resulta inofensiva. Es quizá la más floja del disco, pero tampoco llega a ser mala, es divertida, ligera y ayuda a que el disco no se vuelva demasiado pesado.

Regresamos a un buen nivel con “Looking Out My Back Door”, con la que regresan al Country más de raíz, más básico, con un tempo acelerado y juguetón. El alma de la canción es esa guitarra tocada con un ritmazo y con las cuerdas sofocadas, recreando el sonido de los lavaderos portátiles raspados, característicos del Country: “Chugga, chugga-chugga, chugga-chugga, chugga-chu”. De hecho, es el único sonido que se queda sosteniendo la canción al 1:45, cuando todos los instrumentos callan un instante para hacer un cambio de tono. No es una canción gloriosa, pero de nuevo es una cátedra de cómo agregar ganchos: Desde el mencionado sonido raspado, los “Duuuh Duuuuh Duuuuh” de los coros, los cambios de tono, el riff totalmente campirano y sureño, la guitarra con slide, los panderos... Todo ello te transporta a una taberna vieja del medio este estadounidense. Por más que uno no sea fan del Country, esta es una canción imposible de odiar.

Viene ahora sí uno de los platos fuertes y serios. “Run Through The Jungle” es una verdadera aplanadora. Una de las mejores canciones de Creedence y de los sesentas. La banda retoma esos aires oscuros, amenazantes… Logran transportarte a un pantano, oscuro, de noche, acechante, sólo que esta vez no es del sur de Kentucky, sino en los manglares del Vietcong. El riff es perfecto, pero esta vez , para realizar ese sobrecogedor efecto se entrelaza con la poderosa sección rítmica, que de verdad suena como un pelotón avanzando a través de la jungla. Todo esto logra una oscuridad e intensidad que ya quisieran muchas canciones de metal. Quizá “When the Music’s Over” de los Doors o “Gimme Shelter” de los Stones. Una sensación de maldad, de oscuridad, de miedo, paranoia. No sé, hay algo en estas canciones que siempre me han parecido escalofriantes. El riff se repite una y otra vez, pero es absolutamente tóxico, no se vuelve repetitivo, todo lo contrario. Las armónicas entran simples pero perfectas para romper entre versos. Y las letras son magníficas. Sin hacer referencia directa a Vietnam, son más bien simples, pero con uno de los mejores versos de Fogerty, que no dejan lugar a dudas: “Two hundred million guns are loaded, Satan cries: Take aim!". Y el coro, simple, pero perfecto para esa sensación de paranoía: “Better run through the jungle,Woa, Don't look back to see.” Feedback al principio y al final. La voz cargada de eco. Una joya de 3 minutos, y ni siquiera cambia de tono!

Luego está “Up Around The Bend”, otro rocker furioso al más puro estilo de Creedence, con la voz rasposa de John, un gran riff de guitarra, agudo y oxidado. La canción está llena de energía desde el primer segundo, con el bajo de Stu Cook punteado sin dar respiro y un vibrante beat de Cosmo. En el coro se unen más voces, algo que es raro en CCR. En realidad la canción tiene el estilo inigualable de Creedence, pero no es nada que hayan hecho con anterioridad. Buena rola, aunque por mementos la voz de John es un poco estrepitosa.

Enseguida viene “My Baby Left Me”, otro revival de los 50’s. Esta vez es un cover a una canción que hiciera famosa Elvis, y creo que mejoran la original, pero sin adueñársela ni hacerle cambios masivos. En general mantiene la misma estructura y los arreglos de guitarra, aunque la sección rítmica es mucho más intensa. Las voces son lo que hacen la diferencia en ambas versiones. En realidad es un buen tributo a Elvis, pero esta vez no supera la original.

La siguiente es una chulada de canción. Se trata de “Who’ll Stop The Rain”, la canción antibélica más hermosa que yo haya escuchado, y a mi ver, la mejor rola de este disco. Para empezar, ese riff de arpegio lento, emulando la lluvia como si estuviera goteando, es absolutamente brillante. Cosmo luce espectacular para ser una balada, metiendo arreglos, bajando la intensidad a placer (al principio de la tercer estrofa) y en general, echándose al hombro la canción. Los versos son básicamente acústicos, con una melodía vocal delicada y un guitarreo muy gentil, suave, cálido. La estructura de la rola son estrofas de 4 versos en la que en el último se repite ese melancólico “And I wonder, Still I wonder, Who'll stop the rain.” De hecho, no viene la palabra “Guerra” en toda la canción, y ese es otro mérito. Se las arreglan para hacer metáforas bien logradas que dan a entender el sentido de la rola, mucho más poética que las canciones antibélicas previas, y que por lo mismo, logró escapar de la censura radiofónica que sufrió por ejemplo “Fortunate Son”. Los últimos 30 segundos son un lento fade out del riff principal, dando la impresión del que la lluvia sigue y sigue y sigue… Cuando la estaba escribiendo, el hijo de John de 4 años, Josh, entró en la habitación asustado y le dijo a su padre “Daddy, stop the rain!” Finalmente la lluvia es una alegoría de la guerra, y las preguntas sin respuesta que plantea esta canción siguen resonando hasta hoy: “Quién parará la guerra?, Es siquiera posible?”. Una canción conmovedora, que en un principio puede pasar por otra de las rolas clásicas de Creedence, pero cuando uno entiende su sentido y la astucia con que fue hecha, su valor se multiplica, ya que no ha perdido un ápice de validez.

Entramos a la recta final con “I Heard It Through The Grapevine”, que no afloja nadita. Es uno de los grandes covers de la historia, quitándole ese aire inofensivo y medio oriental con cuerdas, piano eléctrico y coros femeninos a la versión de Marvin Gaye. Creedence la reconstruye desde el principio, desde ese tamboreo como antiguo y tribal en el riff de bajo de la entrada para darle un aura amenazante, casi trágica, y épica. El riff se irá repitiendo para dar unidad. No hay coros femeninos en el estribillo, pero a John se le une el resto de la banda en voces una y dos octavas más abajo, para causar un efecto más siniestro mientras repiten de manera infecciosa el título de la canción. Definitivamente no es tan oscura como “Jungle” pero hay algo realmente intrigante y denso, sobre todo en el riff de bajo/batería que siempre me ha parecido muy Voodoo, y del que carece por completo la original. Al 3:05 viene el requinto y el inicio de la larga sección instrumental media. Aquí John demuestra porqué es de los mejores guitarristas de la historia. No ametralla 900 notas por minuto, pero no le sobra ni le falta nada, es absolutamente perfecto recorriendo todo el brazo con la escala de blues, permitiendo eventualmente que Cosmo y Stu retomen el riff principal. Después de un fugaz regreso al estribillo, al minuto 5 se enciende de nuevo el solo de guitarra, y hace un despliegue de su técnica y astucia. Quien dice que Fogerty es demasiado frío y matemático debe escuchar este solo a todo volumen y con los ojos cerrados. Es puro “Feeling”, improvisación de la más alta calidad, de la que sólo pocos elegidos pueden intentar. Esta sección media es lo que separa una buena rola original de Marvin Gaye a una verdadera obra de arte, que no fue escrita por CCR, pero que en la reinterpretación superó con mucho al original, y se la terminaron quedando ellos en el inconsciente colectivo. Históricamente, es Marvin Gaye quien hace un cover burdo e insípido a esta joya de 10 minutos de Creedence. Punto.

El cierre del disco se corre a cargo de “Long As I Can See the Light”. Una gran balada que, si bien baja el ritmo, logra mantener el cierre de álbum en la máxima calidad. Aquí le agregan pianos eléctricos y un excelente sax que le roban protagonismo a la guitarra usualmente afilada. De manera que la canción toma un aire más gospeliano, y la misma letra va llevando un aura más pacífica, dulce y espiritual. La letra es magnífica, y me aparece que debe tener definitivamente influencia de alguna canción religiosa que escuchó Fogerty. Todo en la canción es una calidez que llena de esperanza, y da fuerza en los peores momentos. El solo de sax al 1:15 es igualmente sencillo, pero absolutamente memorable, y uno puede perdonar que no haya requinto. Creo que John debió sentirse horrorizado cuando supo que ponían esta canción a los soldados en Irak para darles fuerzas para seguir combatiendo. En fin, una canción hermosa: El único pero que le pongo es que la voz suena muy forzada, en un tono demasiado alto incluso para John Fogerty, y eso hace que por momentos suene forzadísimo, llegando apenas y sin sentirse cómodo, en una canción en la que debería transmitir mucha más serenidad. Pero ese es un mero detalle. La canción es enorme, el último de los grandes clásicos de este disco.

 

Y pues eso. Sobra decir que es mi favorito de Creedence. Y la mejor recomendación para empezar a descubrir su discografía. Si es que piensan hacerlo, ahórrense el Chronicle, váyanse directo al Cosmo’s Factory, porque tarde o temprano van a terminar comprándose la discografía de Creedence Clearwater Revival. Un recopilatorio no es suficiente, y después de todo, casi todo este disco aparece generalmente en los Greatest Hits. Así de bueno es. Un disco sin fallas que llevó a Creedence a su punto más alto como banda, con una gigantesca gira mundial por Europa, un montón de sencillos encabezando las listas, trillones de hippies identificándose con estos tipos de aspecto rural convertidos en portavoces antibélicos de su generación. Todo esto cobraría factura. La presión haría que la banda comenzara con fricciones. Ya jamás lograrían colocar una joya como esta, y después de esta cima, solo vendría la caída libre. Pero de eso no e realmente culpable el Cosmo’s Factory, un indiscutible Must Have!

 

 

 

Por Corvan  

 

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