DAVID BOWIE (Album, 1967)

Artista: David Bowie (B)

Fecha de Grabación: Nov ’66 - Feb ‘67

Fecha de Lanzamiento: 1º de Junio de 1967

Discográfica: Deram

Productor: Mike Vernon

Calificación: 5

                    

Era: La Psicodelia (1966-1969)

Subgénero: La Psicodelia

Mejor Canción:  Silly Boy Blue

Canciones: 1) Uncle Arthur; 2) Sell Me A Coat; 3) Rubber Band; 4) Love You Till Tuesday; 5) There Is A Happy Land; 6) We Are Hungry Men; 7) When I Live My Dream; 8) Little Bombardier; 9) Silly Boy Blue; 10) Come And Buy My Toys; 11) Join The Gang; 12) She's Got Medals; 13) Maid Of Bond Street; 14) Please Mr Gravedigger.

 

Oooooookay… esto es raro, incluso para alguien como Bowie, cuya foto aparece en los diccionarios junto a la definición de extravagante. Quizá este disco sea la razón por la que tanto tiempo se me hizo tan difícil de asimilar su música. Debo aceptar que este disco debut ha crecido el último mes que lo he estado escuchando bastante, pero aun así suena bizarro. Es decir, no suena a nada parecido y a la vez suena a un montón de cosas. Incluso antes de leer la reseña de Starostin, noté sonidos barretianos, no tanto del Piper, sino más del Barret solista, ya desquiciado y con ojos como hoyos negros. Por supuesto, eso es imposible, pero incluso considerando que pudo haber influencia floydiana, el Piper at the Gates of Dawn fue lanzado hasta el 5 de Agosto… Tenemos algo de Music Hall y la influencia de Brit Pop atribuída a las melodías de Paul en el Sgt. Peppers y a los Kinks… pero el Sgt Peppers fue lanzado (adivinan?) exactamente el mismo día que este debut, y el Something Else de los Kinks salió hasta Agosto. Queda cierta influencia en las partes folk-pop del lado más locuaz del Donovan del ’67. De hecho, este disco, que pasó prácticamente desapercibido, quizá sea realmente el más revolucionario y original de David Bowie, pero nadie lo escuchó.

Recordemos que Bowie es EL Camaleón por excelencia, y desde chico había experimentado con Skiffle, Rock & Roll, Jazz, Folk… Desde joven <y al parecer fue algo que nunca perdió>- no sabía qué estilo iba a seguir, pero sabía que iba a ser un rockstar. Hacia mitad de  los sesentas, David pasó por un trillón de bandas tratando de montarse a esa ola del Swingin’ London y posteriormente la psicodelia. Desde los King Bees, los Konrads, Manish Boys, Riot Squad y The Buzz… Nunca se le dio eso de la democracia y compartir decisiones en una banda. Solía correr compañeros casi con la misma facilidad con la que corría managers. En el ’66, con la fama de los Monkees y su vocalista llamado Davy Jones, nuestro David, decidió cambiarse su apellido natal, Jones por Bowie, y con su nombre de batalla, apostaría por su aventura en solitario.

De alguna forma consiguió firmar un contrato con la pequeña disquera Deram, que le lanzó los sencillos “Rubber Band” y la extrañísima “The Laughing Gnome”, antes de asignarle un mini presupuesto para la grabación del disco. David compuso todos los temas, e hizo los arreglos junto con Dek Fearnley, con la leyenda de que lo hizo tras leer The Observer Book of Music. Digo, no es un George Martin, pero considerando que apenas le dieron unas libras y de que una semana antes no tenía idea de arreglos musicales, hay que reconocerle que suena bien, y los arreglos son de hecho los protagonistas en el álbum.

El resultado es este disco desconcertante y curioso, por decirlo de algún modo. David reconocería que su mayor influencia por ese tiempo era Anthony Newley y el Music Hall de Tommy Steele, con el vaudeville como eje central que une el otro montón de géneros que confluyen.  Las canciones son luminosas e inocentes (de cierta forma), con un twist psicodélico, pero con esa mezcla de humor británico que sabe a té a las 5 pm y que sabemos que sería un rotundo fracaso entre la nación hippie. Vocalmente no se esfuerza, y aunque Bowie nunca tuvo una voz angelical, aquí parece estar más enfocado en “actuar” las canciones que en cantar con algo de técnica. Líricamente cae más en el Brit Pop a lo Davies, contando pequeñas historias con humor negro británico, pero es más cínico que Ray, y mucho menos hábil con la melodía, por lo que muchas veces suena tonto. En su defensa, no estoy seguro que no haya sido ESA su intensión. Pero entre toda esa tontera, toca temas bastante complicados para la época, como pedofilia, sobrepoblación, los primeros atisbos de ambigüedad sexual, canibalismo, aborto…

 

El disco arranca con “Uncle Arthur”, que sienta el mood ligero, festivo, y medio idiota del resto del disco. Con un arreglo de… bueno, debo aceptar que no tengo idea de qué instrumento de viento usa (corno?), pero da un aire pastoril, junto con las palmas y la melodía, que hacen que parezca el tema de algún juego de niños. Si mi oído no me falla, usa contrabajo, y la batería lleva un alegre patrón de jazz al fondo. La letra es anecdótica, a la Davies, hablando de un tipo de 32 años que aún vive con su madre y aun lee comics y es fan de Batman. Supongo que entonces era cosa rara. Luego conoce a una tal Sally y se casa, y se da cuenta de que está medio loca, y regresa a vivir con su madre. Es decir, es divertido y dura apenas 2 minutos, pero a diferencia de Ray, no hay realmente nada de trasfondo, a menos que quisiera criticar la epidemia actual de ninis treintañeros, lo cual dudo. Como tema suelto no tiene nada de malo, el problema es que casi todos los temas llevan el mismo patrón… irrelevante.

Luego está “Sell Me a Coat”, un tema fresco, que huele a verano inglés, a pesar de que la temática es invernal. Inicia con unos La-la-lás que de nuevo referencían de forma obligada a los Kinks, pero de alguna forma, todo lo que le funciona bien a los Davies, en Bowie suena bobo… no precisamente forzado ni fechado, sino fuera de lugar, a diferencia de los Kinks que usan esos ganchos de forma natural. La guitarra suena cristalia, haciendo una linda escala. La letra habla de un día invernal en que se está helando sin su “amor de verano” y pide que le vendan un abrigo… ven el punto? Yo tampoco. Es decir, es una sátira contrahippie? La guitarra es linda y da tintes folk cuando aparece, con arreglos luminosos que bien pudieron server para alguna comedia familiar de los 60’s, hay algo de melodía, pero no termina de cuajar.

Luego está “Rubber Band”, que con ese acento exagerado y entendía como “Rob a Bank”. Creo que hubiera estado más divertida con ese tema. La sección de vientos es la protagonista, robándose los reflectores con ese arreglo con tintes sgt pepperianos de circo ambulante de inicios de siglo XX, sobre todo al final con el trombón apático desinflándose. En este tema podemos ver la interpretación teatral de Bowie, empezando en tono grave, subiendo una escala, y luego casi desbaratándose de angustia y drama, mientras narra como desearía estar en la banda en cuestión, porque se fue a la Gran Guerra y al volver, su novia se había ido con el director de la misma. Al final, de forma chusca, grita al fondo “Ojalá se te rompa la batuta”. Insisto en que por sí misma no es mala, pero el disco no varía el mood en absoluto, al menos no hasta aquí.

Luego viene “Love You Till Tuesday”, donde aumenta esa sensación de estar en un mal programa de variedades. En las pocas menciones de este disco en la red, mencionan este como el mejor tema del disco. Yo francamente no lo soporto, con los “dara-darám” en subeybaja que resultan taladrantes, ese aire sobreactuado con que canta, con un falso optimismo (casi le puedo ver una sonrisa forzada). La letra narra un crush que tuvo un domingo que conoció a una chica y le jura que la amará desaforadamante hasta el martes. Y lo repite hasta asegurarse de que no lo olvidaremos, al menos hasta el viernes. Sé que es pop, pero del más banal, a mi punto de vista. Es decir, se cambió el apellido para desmarcarse de los Monkees y sale con esto? Really? Lo único destacable es la agilísima línea de bajo, que se las ingenia para lanzar un montón de notas de manera inteligente y dinámica. Por lo demás, es de los puntos más ridículos del disco. Dara-darám.

“There is a Happy Land” es muy rara. Con un ritmo lento y tristón, y una melodía apática que contrastan con el título. Bowie habla (más que cantar) sobre una especie de Nunca-Jamás donde solo hay niños y se toma su tiempo en narrar todo hecho que hacíamos entre los 7 y 11 años, cuando aún se podía salir a jugar a la calle, trepar árboles, caerse, rasparse la rodilla y pelearse con los demás, cuando el “hombre del saco” o “robachicos” eran más una leyenda… un tema melancólico, pero nuevamente sin un punto aparente. Me gusta el guitarreo, y debo decir que los balbuceos con que cierra funcionan mejor que todos los intentos de ganchos del tema anterior.

“We are Hungry Men” inicia con una imitación de radio, que de inicio pudiera parecer innovadora para la época. El tema tiene aires orwellianos, pero de nuevo, Bowie hecha a perder un tema fascinante como una potencial sobrepoblación apocalíptica con esa interpretación sobreactuada y mesiánica. Hay incluso una parte en que se oyen gritos con acento alemán amenazando a los que consuman más oxigeno del permitido. Bowie analiza un tema serio que se está volviendo urgente y de paso toca con mucha imaginación las “posibles soluciones” como infertilidad forzada, píldora anticonceptiva para los que no son infértiles, cremación ante la falta de espacio para enterrar a los muertos, aborto, infanticidio, y finalmente canibalismo. Pero lo hace ridiculizando todo esto – spolir alert: al final se comen al mesías narrador – aunado con la ambientación carnavalesca que le dan los metales y el órgano estroboscópico. La idea era buena, incluso la manera con que inicia con el spot de radio, pero se las ingenia para volverlo en un mal sketch de humor británico digno del Hugh Laurie de los 80’s.

Enseguida está “When I live My Dream”, más pausada y melódica. Es una hermosa balada. Bueno, es empalagosa casi hasta el coma diabético, podría haber sido cantada por los Carpenters o los Bee Gees. Pero es mejor que los temas raros de este disco, con una linda melodía, arreglos de cuerdas, y por momentos Bowie muestra algo de técnica vocal alcanzando tonos altos, y canta con emoción… no con sinceridad, pero emoción al menos.

Luego viene “Little Bombardier”, con su ritmo de vals, donde la tuba es el instrumento principal, remarcando el aire bobo que de por sí ya da la interpretación teatral de David. El tema parece ligero, con aires de ensueño, con algunos de los mejores arreglos orquestales del disco. Pero al leer las letras uno se da cuenta del doble sentido de la letra. Sin ser directo, hace vagas referencias a un héroe de guerra amargado, cuya vida se ilumina al conocer a dos niños de los que se hace amigo… la pregunta es, con qué intenciones? Esta es quizá de los temas más logrados líricamente en el disco, al fin con una dirección más allá de lo anecdótico, dejando la pregunta al aire mientras el tipo se ve forzado a mudarse ante las acusaciones, aunque nunca se saben sus intenciones. Incluso los recursos que usa son buenos, aunque en general es algo repetitiva. Por ello, aunque líricamente creo que es la más brillante, no alcanza para marcarla en rojo.

Sigue el pequeño buen momento con “Silly Boy Blue”, otra balada beegee-esca, pero esta vez, con una melodía original y absolutamente memorable y emocional. Esta vez no sólo hace una buena interpretación, sino que es la única rola del disco en la que le compro la sinceridad. Bowie se estaba metiendo por esas fechas en el misticismo hindú, y aunque no habla tanto de filosofía, hace referencias indirectas: “Montains of Lhasa are feeling the rain”, o quizá más directas: “You wish and wish, and wish again, You've tried so hard to fly, You'll never leave your body now, You've got to wait to die”. Por primera vez parece salirse de ese estilo crooner-britrock anecdótico falso que no le queda y parece ser David Bowie cantando lo que siente, logrando hermosas imágenes que encajan con la bella melodía y la majestuosa instrumentación. La misma suena elegante, pero a la vez con toques psicodélicos, sin que haya sitar o guitarra. Vaya, incluso aquí los Lalalás suenan naturales. A mi punto de vista, la joya oculta del disco, la única que se acerca algo al Bowie de Oditty o de Ziggy.

Llega “Come And Buy My Toys”. Si ya había rogado que le vendieran un abrigo, ahora hace gala de sus habilidades comerciales al vender juguetes  y dulces al que se deje. Está es de las canciones más folks del disco, básicamente un raudo arpegio de guitarra y bejeo, intentando sonar como un trovador medieval, agregando algunas descripciones mientras pregona sus productos. La idea es buena, pero le falta redondear el concepto medieval, quizá con una flauta o algo que la haga menos repetitiva, y la letra, de nuevo, termina siendo meramente descriptiva sin llevar a ningún lado.

“Join The Gang” es una pésima broma o parodia psicodélica, donde David va presentando a la “pandilla” y lo que hacen, desde Johnny que toca el sitar y suena de fondo el sonido de un sitar más estrambótico y desafinado para los que estamos acostumbrados a las melodías de Harrison o Brian Jones. Y luego un piano lo reemplaza con un arreglito juguetón, pero que luego termina volviéndose enfadoso, igual que la misma melodía. Aquí es donde el disco comienza a ponerse todavía más raro, y Bowie agrega sonidos y efectos al final que comienzan a recordar al Floyd más experimental.

“She’s Got Medals” mantiene esa sensación de que el artista pop o de music hall con que empezó el disco, se nos está deschavetando. El bajeo es interesante, al menos el mejor gancho, aunque me parece haberlo escuchado en algún lado... los Small Faces o Yardbirds, quizá? Bowie canta, o mejor dicho, recita los versos con marcado acento inglés, y para el estribillo un coro marca el título. Lo interesante es la letra, una de las primeras que hablan sobre ambigüedad sexual. En esa época, en la jerga británica, se usaba lo mismo “medals” que “balls” – if you know what I mean. La historia habla pues sobre una chica, que de entrada no sabemos si es chica, que se hace pasar por hombre para enlistarse al ejército, pero deserta antes de una batalla y regresa a Londres con otro nombre, nuevamente como chica. Es otra de las letras con potencial, y en realidad con buen manejo lírico por parte de Bowie. Supongo que para 1967 no se podía hablar de ciertos temas directamente y por eso opta por la sátira y la burla.

“Maid Of Bond Street” es otro temita anecdótico, más intrascendente y olvidadizo que el promedio, hablando de una dama banal y hueca de la alta sociedad. Dura menos de 2 minutos, por lo que tampoco pasa de ser un rellenito inofensivo.

El disco cierra con “Please Mr Gravedigger”, quizá el tema más revolucionario del disco, un antecedente de “Revolution No. 9” y “Alan’s Psichodelic Breakfast” (entre otras nefastas referencias Avant Garde), al ser un poema sin música, sólo con los sonidos de lluvia, truenos, estornudos y la pala cavando. Era esto necesario?

 

Es pues un disco mucho más complicado de lo que parece. El problema es precisamente que abarca demasiadas cosas que se terminan anulando y no dan gusto a nadie. Es decir, las partes de Music Hall con su humor inglés iban a chocar ante los hippies, y las partes psicodélicas harían lo propio con los amantes del vaudeville, y así. Y los temas eran desconcertantes, serios, pero tratados con sorna y ridiculizándolos. Eso y que no todos los temas son malos, pero todos tienen una atmósfera muy similar, y eso resulta tremendamente cansado. El disco y sus singles serían tremendos fracasos y David Bowie tardaría un par de años en reponerse y en entender que tenía que ser más específico y enfocarse en un público…

Como curiosidad para los fans recalcitrantes del Camaleón está bien, pero no es el mejor lugar para empezar a descubrirlo, lo digo por experiencia. Lo cierto es que ya está el germen indiscutible de Bowie. No, no en lo musical propiamente, sino en su capacidad de tomar elementos de su alrededor y mezclarlos para hacerlos parecer algo novedoso y original. El problema es que aquí tomó los ingredientes incorrectos. No sé si sea su peor disco, me falta meterme a fondo en sus obras ochenteras. Siguiendo la metáfora culinaria, seguiría intentando hasta convertirse en un Master Chef, pero aún le queda bastante camino para ello. Aquí, simplemente, se le quemó el pastel. Y no sólo eso, se lo embarró en la cara.

 

 

 

Por Corvan

 

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