DIRE STRAITS (Álbum, 1978)

Artista: Dire Straits (C)

Fecha de Grabación:  Feb – Mar del ‘78

Fecha de Lanzamiento: 7 de Octubre de 1978

Discográfica: Vertigo/Warner

Productor: Muff Winwood

Calificación: 10

                       

Era: Hard Rock (1968-???)

Subgénero: Blues Rock

Mejor Canción: Sultans of Swing, o Six Blade Knife, o Down To The Waterline, o Water of Love, o…

Canciones: 1) Down To The Waterline; 2) Water Of Love; 3) Setting Me Up; 4) Six Blade Knife; 5) Southbound Again; 6) Sultans Of Swing; 7) In The Gallery; 8) Wild West End; 9) Lions.

 

Este debe ser uno de los discos más subestimados de la historia. Casi todo mundo lo ubica por dos cosas: primero por ser el disco debut y epónimo de la banda, y en segundo, por “Sultans of Swing”. Si en tu vida has escuchado dicha canción, te pido de la forma más amable y respetuosa que cierres ésta página y pases a buscar el site oficial de Pitbull o Lady Gaga. Bueno, tras este breve paréntesis, a lo que iba es que todo mundo ha escuchado esa canción. Se podría incluso decir que está sobreradiada. Pero pocos han escuchado este disco. Generalmente uno se va con los Greatest Hits, con los discos en Vivo que también son una especie de recopilatorios, o con el “Brothers In Arms” que es su disco Icónico, el más conocido, con el que se volvieron la banda más grande sobre la faz de la tierra, al menos durante 1985.

Este debut es más modesto… en términos de popularidad. Musicalmente es mucho más minimalista, básico con Dire Straits mostrando ese sonido de Pub-Band al que no le sobra una sola nota, y quizá por lo mismo, tiene más riqueza musical, es más emocional, más honesto, más inteligente y más bello. Diría que una pieza única en el mundo, pero el Comuniqué fue una copia casi al carbón, jeje.

Mark Knopfler se gradúo con honores de la Universidad de Leeds en 1973, con la carrera de Inglés. Tras graduarse, Knopfler se mudó a Londres a tratar de consolidar alguna de sus dos pasiones: El Rock y el periodismo. A mediados de la década, Mark trabajaba en el Yorkshire Evening Post, pero el trabajo no lo dejaba desarrollarse del todo en el aspecto musical, aunque económicamente no sufría.  Así que comenzó a trabajar como profesor de Inglés en el Colegio Loughton, y por las noches comenzó a tocar en bares y pubs.

No tardó en unirse a una bandita llamada Brewers Droop, con los que grabó un disco y en donde conoció al baterista Pick Withers. Tras la grabación del álbum Booze Brothers, la banda se separó. Pick Withers se volvió sesionista. Mark terminó de hundirse financieramente al divorciarse tras un breve y accidentado matrimonio, y se vio obligado a irse a vivir con su hermano David, quien también se había mudado a Londres y que también compartía piso con John Illsley, un joven bajista con el que eventualmente tocaba.

David Knopfler también era guitarrista, y comenzaron a tocar los 2 hermanos en pubs y bares de la ciudad, interpretando sus canciones y algunos covers como música de fondo. Pronto terminó de formarse el grupo con Mark, su hermano David, su roomie John y el antiguo batería de “Brewer’s Broop”, Pick Whiters.

 

En el verano del ‘77, el grupo grabó un demo de cuatro canciones: “Wild West End”, “Water of Love”, “Sacred Loving” y “Sultans of Swing”. Le llevaron la maqueta al DJ Charlie Gillet, quien tenía el programa de radio “Hony Tonk” en la BBC. La banda solo quería que opinión y  consejos, pero Gillet quedó tan impresionado con la música que transmitió el demo en su programa y “Sultans of Swing” en particular, comenzó a ser cada vez más pedida. John Stainze, de la casa discográfica Phonogram, los escuchó en el radio y quedó boquiabierto los firmó y comenzó a apoyar a la banda. A finales de 1977, el manager Ed Bicknell, conocido de Stainze, consiguió que fueran teloneros en la gira británica del grupo Talking Heads, con los que dieron 16 conciertos. En la gira recibieron buenas críticas y pudieron perfeccionar en vivo las rolas con las que darían forma a su primer disco, y de paso extender su contrato a USA con Warner Bros, algo increíble considerando que su disco debut no estaba siquiera en proceso de grabación.

La banda grabó su tremendo álbum debut entre febrero y Marzo de 1978, y se publicó en el Reino Unido el 8 de Junio. El recibimiento fue bueno por parte de la crítica especializada, que alabó un sonido distinto al dominante, pero fue tibio por el parte del público británico. Sólo la subsecuente publicación del álbum en Europa, Estados Unidos y Australia hizo que el disco fuera creciendo hasta convertirse en un trancazo a nivel mundial. “Sultans of Swing” fue subiendo lentamente, y tardaría casi un año en escalar hasta el primer lugar de prácticamente todos los charts del mundo, convirtiéndose en LA canción de finales de los 70’s.

Respecto al disco, es realmente difícil de describir. No es de los que entran a primera escucha. Es semilento, Mark va desperdigando notas de manera lenta, sin hacer un derroche ni tratando de farolear con una técnica pateatraseros. No; es un alquimista, se toma su tiempo, canta una línea, lanza un puñado de notas, hace su pausa, otro verso y otra arañita, coro, requinto, y así, todo con una fluidez exquisita, un balance perfecto. No lleva prisa. No busca impresionar. Trata al blues con un gran respeto, con cierta exagerada seriedad, retoma ese sentido nostálgico original del blues. Y ésto es rarísimo en un guitarrista de su capacidad (virtuoso), que generalmente son pirotécnicos, buscan los reflectores y parecen gritar "mírenme, soy la estrella”. Mark Knopfler no, o al menos no en estos primeros discos. Aún así, es obvio que una banda como Dire Straits esté detrás del sonido de Mark Knopfler, y a la larga, Mark sería realmente Dire Straits, el único miembro en todas las alineaciones y el cerebro y corazón (y ego) del grupo. Pero al menos Mark aquí aún busca balancear a la banda con ese sonido minimalista. Pocas veces se conjugan dos guitarras hermanas con tal maestría y química. Acaso Ray y Dave Davis o Young y Malcolm Young… Y la sección rítmica es crujiente, efectiva, e igualmente minimalista. La simplicidad con que hacen las rolas en este disco en particular y quizá los dos siguientes, es simplemente genial.

Insisto, el disco no es fácil. Llegué a verle adjetivos como “Sedante”, pero crece con cada escucha. Nunca tendrán un disco tan honesto y apegado a su sonido básico. Mark canta de una forma casi recitada, con una tremenda narrativa lírica, no muy lejana al estilo de Dylan o Springsteen, una especie de punto medio entre la poesía de uno y la lírica clasemediatrabajadora del otro, pero con más ganchos.

 

El disco arranca con “Down To The Waterline”. Un silencio espeso. Una breve secuencia de notas – silencio – otra secuencia ligeramente más larga, llena de bruma y pesadez del Támesis, cargada de eco. La atmósfera es densa, fría, los platillos crean ráfagas como viento. La sensación que logran en unos 50 segundos es impresionante. Nostálgica, sexosa, fría, como un recuerdo lejano de un amor llameante que se paseaba a la orilla del Támesis, que es precisamente lo que narra la letra. La producción es impecable para lograr reflejar todo esto con tan poco. Tras ésta increíble intro, Pick Withers hace un brevísimo redoble y Mark lanza un requinto más fluido y sólido, mientras David comienza ese guitarreo con algo de efecto Phase, (que también podría ser una de las marcas registradas de Dire Straits) para entrar a los versos. Entre todos dan un efecto galopante, aún distante y frío, mientras Mark recita más que cantar “Sweet surrender on the quayside, You remember we used to run and hide”. No se puede evitar las referencias dylanescas, con esa voz medio nasal, con ese total valemadrismo a la métrica, con esa poesía tan peculiar: “Over my shoulder all you can see are the pilot lights, No money in our jackets and our jeans are torn” en que lo dice todo sin decirlo directamente. Durante todo este tiempo, Mark no ha dejado de intercalar arañitas y arreglos blueseros en toda la rola. Hay ciertos cambios tonales con un efecto melódico sublime. Al 2:30 viene el requinto, en el que Mark se discute como maestro del fingerpicking, con todo y un cambio de ritmo, para luego regresar a esa especie de galopeo. Luego otros versos, repiten parte del requinto y cerramos de forma elegante, con un rasgueo en novena. Una gran canción, no sólo por la gran técnica de Mark en la guitarra, no sólo por ser una especie de “Sultans” más oscura y sexosa, sino porque la producción permite que la atmósfera sea exactamente la que debía ser para reflejar esa letra, ardiente y fría a la vez.

Sigue “Water of Love”, con un mood todavía más relajado, continuando con las referencias pluviales. Pero esta vez Mark hace una metáfora de estar en un desierto ansiando el “Agua del Amor”. Por más estúpido que parezca, en la canción funciona, nuevamente gracias a la atinada producción, a la gran melodía, al ambiente seco propiciado por la instrumentación unplugged, las guitarras españolas intercaladas con la Steel guitar, las armonías vocales, las claves de madera con que entramos a la rola, el tamboreo tropical… Y esa forma de cantar, en la que Mark parece estar dialogando con su propia guitarra para luego entrar en un coro pegajoso como chicle, más fluído: “Water of love deep in the ground, No water here to be found…”. Luego una especie de requinto y volvemos a la dinámica de una verso cantado-platicado y esos brillantes despintes con la guitarra, que por sí mismos valen la canción. Todo tiene una atmósfera relajada, tropical, sexosa, y me encanta en particular cuando Mark está haciendo esa especie de riff-requinto que se va repitiendo eventualmente a lo largo de la canción y remata con tonos agudísimos. La letra, bueno la metáfora puede sonar boba, pero no está exenta de detalles autobiográficos amargos como “Once I had a woman I could call my own, Once I had a woman now my woman is gone, Once there was a river now there's a stone” que relatan su divorcio de una forma mordaz y poética.

Continuamos con “Setting Me Up”, un tema muy rítmico, movido, con una figura circular que va repitiendo David, con un efecto medio apagado muy peculiar, agregando algunos slides y básicamente llevándose la rola. Cuando Mark entra con la voz, siempre me ha parecido que el eco y el tono bajo le dan un aire lennonesco del Walls & Bridges. Hay algo medio Country en el mood general y en el requinto al 1:20, y todavía más marcado en el del cierre al 2:45. Withers lleva un ritmo endiablado, sin ser espectacular, pero el beat es mucho más complicado de lo que parece. El bajeo hace unas buenas escalas en sube y baja, pero Illsley tiene muy poco volumen, como en todo el disco. La letra nuevamente algo irónica: “You're setting me up to put me down, You're making me out to be your clown, You're just setting me up to put me down”. El trabajo de guitarra, de los dos hermanos, es simplemente espectacular, pero la letra y en general la canción se quedan un poco por debajo de las mejores del disco.

“Six Blade Knife” es otra de mis favoritas, no sólo de este disco, sino de los Straits en general. Es lenta, de esas típicas canciones que a simple vista lucen monótonas, simples, y aburridas. Mark canta en un tono bajo y susurrado, casi ininteligible, pero que alcanza a mostrar cierta rabia. Y así, lento, va dejando caer esas gotas llameantes de su guitarra, en un diálogo adolorido, resentido. La letra evidentemente habla de su reciente divorcio, usando una lírica incisiva: “Your six blade knife can do anything for you, Anything you want it to, One blade for breaking my heart, One blade for tearing me apart…”. Al 2 tenemos un requinto, tan lento, que creería que hasta yo lo puedo tocar. La verdad es que todo está en las pausas que Knopfler hace, largos silencios y luego lanza ráfagas cortas, emotivas, perfectas, que parecen simplemente los destellos de navajazos. Un minimalismo simplemente exquisito, y que se va filtrando nota a nota con cada escucha.

Luego llega “Southbound Again”, que es un retrabajo ligeramente más lento de “Setting Me Up”, repitiendo el aire country, el riff ultracool de David que va llevando toda la rola, y los latigazos de Mark, sólo que los requinto son algo más blueseros. La letra nuevamente minimalista, aunque en ésta me parece que suena más al Dylan countryesco. Las dos rolas son buenas, pero ya puestas en contraste en el mismo disco, pareciera que una de las dos sale sobrando, aunque nunca me decido por una.

Viene luego la joya, “Sultans of Swing”, una de las canciones más conocidas de la historia y que marcó la transición de décadas junto con “Another One Bites The Dust” y “Another Brick In The Wall Pt. II”. Qué se puede decir de esta joya que no se haya dicho ya? Creo que la mayoría conocimos a la banda por esta rola. No sólo porque es la entrada obvia a Dire Straits, sino porque posiblemente el grupo no hubiera pasado de los pubs sin ella. Fue grabada 2 veces y lanzada. La primera en Julio del ’77, para el demo de 4 rolas que grabó la banda. Sin menospreciar las otras 3, fue “Sultans” la que obligó a Charlie Gillet a transmitirla en su programa, y fue dicha rola la que les consiguió contrato discográfico. Y cómo no, si es perfecta, adictiva, con un ritmazo, de las más melódicas del grupo, licks de guitarra que te dejan sin aliento, una línea de bajo gigantesca… Y lo sé porque la he tocado, y sin dicha línea la rola se vendría abajo, aunque generalmente nadie la toma en cuenta. Aplauso a John Illsley. En fin, todo en esta canción es magnífico, y combina el minimalismo con cierta grandeza en el ensamble de cada instrumento. La rola se regrabó en Mayo del ‘78 para este disco debut, y fue lanzada como sencillo en una versión ligeramente más larga (en el LP el solo del final está cortado), pero no pegó. En Enero de 1979 se relanzó para coincidir con el lanzamiento del LP en USA… Y no Pegó!!!! Pero tendría su revancha. Tardaría 6 meses en ir subiendo lentamente, hasta llegar al Top Ten a ambos lados del Atlántico. El resto, como dicen, es historia. Mark la compuso a inicios del ’77, en un bar de Ipswich, una tarde lluviosa. Estaba tomando una cerveza mientras una banda de jazz, que se desbarataba de tan mala, tocaba en una esquina. Al final, el cantante presentó a cada integrante y se despidió con el nombre de la banda… “Sultans of Swing”. Creo que a todos nos gusta tanto porque es un resumen de las cualidades de la banda. No son unos virtuosos, (acaso Mark?), pero hacen las cosas con una precisión endiablada. El beat no es una  aplanadora, pero es suficientemente complejo para poner a sudar a un baterista promedio. El bajeo es simple, pero cualquier bajista te dirá que es muy creativo, y que dicha línea se echa el hombro la rola para que la guitarra luzca. Y la lira, es simplemente Mark destrabado, sacudiéndose ese ritmo semilento que lo caracteriza y haciendo gala de ese fingerpicking, sobre todo en el requinto final. La letra no es tan personal, ni siquiera representa realmente a los Dire Straits (aunque debe tener sus pinceladas) sino a esa banda mediocre que alguna vez escuchó y lo marcó tanto. En fin, simplemente cierro diciendo que los requintos de Mark Knoplfer en esta canción deben estar en mi top ten de solos de guitarra de toda la historia. Y quizá haya decenas con más técnica, pero el mood, la limpieza, la carga bluesera… todo confluye para uno de mis solos favoritos del Rock.

Enseguida está “In The Gallery”, donde Pick vuelve a lucir con un beat complejo, sin ser estruendoso, sin sonar jazzy. David nuevamente arma la cnación con un riff circular, sofocado, haciendo ese efecto de los guitarristas funkys, de apagar el acorde a último momento, pero sin wha. Este permite que Mark brille de nuevo y haga magia con su guitarra. La rola tiene muy buen mood, es fluída, Mark no repite los adornos. La canción es un tributo al escultor de Leeds,  Harry Phillips, pero también de paso hace una crítica mordaz a eso llamado “Arte contemporáneo”. No es de las mejores de la banda, pero tampoco es mala. Acaso el problema es que es un poco larga, con más de 6 minutos de duración,y el ritmo repetitivo puede sonar monótono.

Con “Wild West End” regresamos a esa dulces pinceladas londinenses. Una especie de balada, con un slide y Steel guitar con reminiscencias Country. El ritmo es confortante, suena como una tarde de lluvia cálida en Londres, creando una sensación hipnótica, relajante, nostálgica, sublime. La letra es muy pintoresca y descriptiva. Me recuerda la Rayuela de Cortázar, sólo que Knopfler describe Londres en lugar de París. Pero de alguna manera, lo hace con la misma poesía, retratando de gran forma lugares comunes y transmitiendo emociones con ellos.

Y cerramos con “Lions”, cargada con esa nostalgia típica de los Straits, aunque aquí en los versos me recuerda al estilo elegante de Sting ya entrando a los 90’s. De hecho, el sonido es bastante sofisticado, las guitarras de los hermanos Knopfler se combinan de cierta forma que por momentos suenan como sintetizadores, aunque no hubo presencia de teclados en el primer disco. Puros efectos etéreos de guitarras. La letra melancólica, nuevamente dando pinceladas de ese Londres oscuro que descubrió Mark cuando se mudó. Lo retrata con esa extrañeza de quien no pertenece a, y va agregando personajes, una chica de pelo largo, un viejo marino, un extraño… y la canción se difumina con Mark preguntando una y otra vez “What happened to the lions?”. Las 3 rolas finales son buenas, aunque ya no añaden al arsenal mágico que nos presentó la banda en la primera mitad. El problema quizá es que son largas y están juntas, y Mark ya no aparece con algún twist inesperado de guitarra, sino que son más bien atmosféricas. Pero no por ello son malas como varios alegan. A mi me agradan, en general todo el disco me parece impregnado de esa melancolía Cortazariana, y en particular las últimas tres me parecen perfectas para leer los pasajes parisinos de Rayuela, aunque entiendo a los que le parecen largos y aburridos.

 

En fin, un gran disco, que va creciendo con las oídas. Los Straits están en estado puro, sin pretensiones aún, haciendo óleos sonoros de una ciudad que por momentos les resulta extraña, ajena, cargada de neblina nostálgica. Mark logra mezclar esa sensación de forastero con las emociones de su fracaso matrimonial, y es su guitarra la que parece llorar y dar ese matiz. Mark canta a una ciudad que no lo termina de recibir, mientras su guitarra llora dulcemente a una mujer que no termina de olvidar. El resto de la banda toca las notas que deben tocar, dan los baquetazos en el lugar y tiempo preciso. Insisto, no son virtuosos, pero David en estos primeros discos es básico para impulsar a su hermano, mientras que la sección rítmica de los Straits nunca será tan efectiva. Noten las versiones en vivo de finales de los 80’s, ya sobreproducidas, con sax, con más guitarras y parafernalia, y verán que, al menos con los Straits, menos es más. Y esta es la prueba de ello. Un disco genial que no se podría resumir major que  con las palabras del mismo Knopfler: “It ain't what they call rock and roll, And the Sultans played Creole…” 

 

 

Por Corvan  

 

 

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