DOG MAN STAR (Suede, 1994)

Artista: Suede (D+)

Fecha de Grabación: Mar - Jul ‘94

Fecha de Lanzamiento: 10 de Octubre de 1994, UK

Discográfica: Nude

Productor: Ed Buller

Calificación: 10 (MUST HAVE)

                   

Era: Brit Rock (1991-???)

Subgénero: Brit Rock (1991-1998)

Mejor Canción: The Wild Ones, The Asphalt World, o We Are The Pigs, o Heroine o…

Canciones: 1) Introducing the Band.; 2) We Are the Pigs; 3) Heroine; 4) The Wild Ones; 5) Daddy's Speeding; 6) The Power; 7) New Generation;  8) This Hollywood Life; 9) The 2 of Us; 10) Black or Blue; 11) The Asphalt World; 12) Still Life.

 

Qué sale si mezclamos algo de Bowie, Prince, T. Rex, The Smiths, Pink Floyd, Lou Reed, cantos menonitas, tremendas letras introspectivas de soledad y anti-britpop, atmósferas claustrofóbicas y paranoicas, harta distorsión, un montón de ácido, y dos egos del tamaño del mundo en su mejor momento tratando de opacarse con lo que mejor saben hacer mientras no están matándose el uno al otro? Una maldita obra maestra: El menospreciadísimo Dog Man Star

Suede saltaría al estrellato en Inglaterra con su primer disco, con el que de alguna forma, Brett Anderson daba cachetada con guante blanco a Damon Albarn y Justine Frieschman. Anderson disfrutó eso del ser creador de un género y tener los reflectores por un  tiempo, pero al cabo de unos meses se hartó del término Brit Pop. Blur y Oasis lo habían arruinado: Lo que él intentaba hacer era una crítica a esa vida vacía y superficial, y lo que hacían éstas bandas era glorificarla. No sólo eso, sino que lentamente los desplazaban de la escena, junto con Pulp. Además, el estrellato no le sabía igual solo, y más cuando no puedes evitar ver a tu ex por todas partes con tu odiado rival.

La gira estadounidense fue un desastre. Apenas dos días después de iniciada, murió el padre de Bernard Butler. En lugar de cancelar la gira, movieron algunas fechas, Butler voló a Inglaterra para el funeral, y regresó a USA para continuar la gira. Pero ya no sería el mismo. Se volvió cada vez más huraño y retraído, abusando de drogas duras y quedando en estado catatónico por horas. Para ese Tour compartieron cartel con una entonces desconocida banda irlandesa llamada The Cranberries. Butler y Anderson comenzaron a chocar tanto que Bernard prefirió viajar en el camión de los Cranberries (y quién lo culpa, con Dolores O’riordan?). El público estadounidense no respondió a Suede como esperaban. Igual que le pasaría a Blur, su primer gira en tierras americanas fue un fracaso. El colmo fue cuando los Cranberries se volvieron más famosos y terminaron siendo el show principal.

Al regresar, estaba claro que no querían saber nada del Brit Pop y que su siguiente disco sería algo completamente distinto. A alguien le pasaría lo mismo un tiempo después… A inicios de 1994, Blur y Oasis estaban en plena guerra de Brit Pop y comenzaban a robarle los reflectores a Suede, sus creadores. Por esas fechas Brett se mudó a una mansión en Hightate que quedaba a un lado de una especie de secta a la que llamaban “Los Menonitas”, por lo que escuchaba cantos religiosos buena parte del día. Esto no tendría mayor relevancia de no ser porque coincidió en una etapa psicodélica en la que consumía hartas dosis de ácido y alucinógenos, y esos cantos comenzaron a cobrar otras formas en su cabeza.

La banda entró a los estudios Kilburn el 22 de Marzo, repitiendo a Ed Buller en la producción. Las tensiones entre Bernard Butler con todo el mundo empezaron de inmediato. Las sesiones del Dog Man Star técnicamente fueron un campo de batalla entre los egos de Butler y Anderson. Básicamente no podían coincidir en nada. Brett, a pesar de su reciente animadversión al Brit Pop, no podía negar que quería éxitos en la radio. Butler, en cambio, se estaba creyendo eso de que era el próximo gran Guitar Hero, y deseaba temas experimentales, con progresiones, improvisaciones, y de duraciones ridículas. Las primeras tomas de “The Asphalt World” se dice que duraban más de 25 minutos, con un solo que duraba la tercera parte! Anderson andaba además con esa cosa de los cantos religiosos que oía en su castillo, y se había obsesionado con el número 16, algo así como Jim Carrey en The Number 23. Llegó el punto en que Anderson y Butler tuvieron que grabar en estudios separados.

Un día Anderson se encontró a Bernard en la portada del Vox con el encabezado “Brett drives me insane!”. La entrevista narraba detalles del proceso creativo, pero básicamente acusaba a Anderson de estar obsesionado con el estrellato. Ese día Brett grabó la voz de “The Asphalt World”, y diría que transmitió todo su enojo y desconsuelo en su interpretación, y por ello en momentos parece a punto de quebrarse. No fue actuado... Butler después se disculparía y las cosas mejoraron un poco entre ellos.  Peeero, luego la tomó contra el productor, quien se puso de lado de Brett. Butler pasaba horas con los complejos arreglos y solos, para que al final Buller le dijera no a casi todo. Buller diría que empezó a recibir llamadas en la madrugada en las que se oía sólo el chirrido de un cuchillo contra la bocina. Incluso llegó a amenazar a uno de los dueños de la disquera, quien aceptó que el chico había perdido el concepto de realidad. En determinado momento, exigió la renuncia de Buller, anunciando que él mismo haría de productor. Nadie le hizo caso, por supuesto.

Lo que sigue después no está del todo claro, ya que existen dos versiones. En una, Bernard se casa y se va de luna de miel. Para cuando regresa, una semana después, encuentra sus guitarras en la calle y no le permiten el acceso al estudio. Le avisaron que estaba fuera de la banda via intercom.  La otra dice que Bernard les puso un ultimátum. O se iba Buller o se iba él. Brett Anderson diría que simplemente nadie le impidió irse, pero a final de cuentas fue decisión de él. La cuestión es que el 8 de Julio, Bernard Butler, el próximo gran Guitar Hero, estaba fuera de Suede, con el disco sin acabar.

Las partes que grabó son simplemente magistrales, mostrando su tremenda capacidad. La lucha de egos que mantuvieron Brett y Butler hizo que cada quien se rompiera el alma y diera lo mejor de sí, quizá tratando de opacarse, pero logrando un balance sublime. Otros temas no estaban terminados. “The Power” tuvo que ser completada con un sesionista, copiando nota por nota los arreglos de Butler en un demo. Para otros, cubrieron los huecos con orquestas y arreglos. Ya hacia el final, Butler grabaría en un estudio separado algunas partes restantes, por cuestiones contractuales.

Milagrosamente, el Dog Man Star terminó siendo una maldita joya, incomprendida en su momento. Se aleja por completo del aura rockera del debut. Es oscuro, épico, pretencioso, cierto, pero logrando esa aura majestuosa y seductora que intentaba Brett. Difícilmente entrará a la primer oída, pero tras varias escuchas se va revelando como un disco febril, paranoico, muy oscuro, y melancólico. Anderson hace aquí algunas de sus mejores letras, logrando un gran nivel poético, y unas melodías para matar, que ya quisieran un Damon o un Noel. La guitarra de Butler hay que seguirla de principio a fin, creando arpegios agridulces, notas psicodélicas, tonos inesperados, solos fascinantes, agregando pequeñas disonancias que le dan un sabor y estilo único. La sección rítmica crea grandes estructuras que dan profundidad y lucimientos a guitarra y voz. La banda se las ingenió para catalizar todo lo que les pasaba y crear un disco trágico, épico, conmovedor, y tristemente bello. Es imposible escucharlo y no sentir que algo se rompe por dentro. Si el primer disco de Suede retrataba el resquebrajamiento de la relación de Brett y Justine, el Old Man Star refleja la total fractura con su amigo y contrapeso en la banda: Bernard Butler.

 

El disco arranca con “Introducing The Band”, que de entrada, fue una cachetada para los fans que esperaban una continuación del sonido del debut. Imagino que el shock debió ser similar al que nos tocó vivir el del Kid A. Sonidos densos, tensos, colosales… una batería da un tamboreo tribal y solemne. Un sonido espeso, como de un cuerno tibetano, crea un muro constante al fondo (es Osman con efectos?). Las guitarras entran en diversas capas, brillantes, lejanas, creando texturas ácidas y orientales. Y luego Anderson, con voz casi maquinal, recitando una melodía constante excepto en el remate de cada estrofa, casi un mantra obsesivo. La canción se va encerrando y volviendo más claustrofóbica mientras más sonidos van creando una mayor tensión. Qué dice esa voz de fondo? Dying up? La letra no tiene demasiado sentido. Las primeras tres palabras titulan al disco. Parecieran girones de sueños – o pesadillas -  inconexos: “And as the sci-fi lullaby starts to build… Oh let the century die to violent hands”. Esta es la bizarra introducción al disco, en la que Brett combina sus experiencias con ácido con los cantos religiosos que escuchaba desde su mansión. Recuerda vagamente ese ambiente psicótico y monocorde de “Tomorrow Never Knows”, no?

Luego suena el riff de “We Are The Pigs”. Butler es un genio: con una aparentemente simple secuencia se las ingenia para crear tensión, drama, es oscuro y ácido a la vez, delicado y potente... Osman puntea el bajo para añadir fuerza, y luego Gilbert hace un fade in de batería para entrar en ritmo a la canción. Brett entra con una gran línea melódica, algo mántrica, cantando con bastante coraje. La guitarra suena salvaje y desbordada al fondo, combinando arpegios con Power Chords con gran distorsión, mientras el bajo hace una gran línea que salta entre los dos tonos. La letra es delo mejor que ha hecho Anderson, la más furiosa y política. Si “Animal Nitrate” y “The Drowners” del debut parecen invitaciones a una revuelta callejera, aquí parece que el fin del mundo (o del sistema) ya está sucediendo. 

“And as the smack cracks at your window

You wake up with a gun in your mouth

Oh let the nuclear wind blow away my sins

And I'll stay at home in my house”

El coro es pegajosísimo, con una memorable línea melódica, más sutil y pausada:

“I say we are the pigs, we are the swine

We are the stars of the firing line”

Mientras Bernard requintea al fondo. Parecieran luchar uno con el otro por el protagonismo, por ver quién suena más furioso, y en esa batalla personal entre Butler y Anderson, el sonido de la canción es el que sale ganando. Bernard va agregando más y más capas de guitarras. Suena un teclado aterciopelado, al final de cada estribillo suenan unas trompetas al más puro estilo de Peter Gunn. Y Brett hace un sonido como “Shhht-shht” sobre el inicio del excelso requinto, como también queriendo decir “Aquí estoy”, mientras Bernard convierte su guitarra en un tornado de fuego. La canción se va volviendo más majestuosa con cada instante, alcanzando un tremendo clímax como si la ciudad entera estuviera en llamas “Ohhh-oh OOOh- OHH! We will watch them burn”. Al final se escucha unos niños cantando estas últimas líneas. No, esto definitivamente no es Brit Pop. Es mucho más oscuro y toca fibras más profundas, sin dejar de ser pegajoso. Nadie atinaría a encasillar este sonido en un nuevo género, pero Suede mostraba con este tema estar mucho más adelante que Oasis o Blur… El video es extremadamente violento, y sería censurado en MTV. La canción, a pesar de ser gigantesca, apenas llegó al lugar 18 como single.

Seguimos con “Heroine” que no tiene nada que ver con la de Velvet Underground. De hecho, aunque no se descarta un doble sentido, se supone que está dedicada a Marilyn Monroe, aunque es una especie de metáfora de un chico de 18 años adicto a las revistas porno. Comienza con un guitarrazo desparpajado, como si Butler aún estuviera ajustando su instrumento, y de la nada se lanzan al primer verso, que es una línea de un poema de lord Byron: “She walks in beauty like the night”. Arpegios ácidos, una línea de bajo elástica y circular. El estribillo, nuevamente es más pausado y melódico: “I'm aching to see my heroine, I'm aching been dying for hours and hours”, que no descarto del todo que lleve un doble sentido en referencia a Butler, que tenía serios problemas con las drogas en ese tiempo. En el segundo estribillo, al 1:15, hacen un cambio melódico y tonal muy complejo, creando un efecto de ligera disonancia, que sin embargo, encaja a la perfección, para luego irse a un breve requinto que queda como en puntos suspensivos. Para la siguiente estrofa, Butler quita los arpegios para crear un efecto más crudo, entrecortado y desnudo con la guitarra, hasta que regresa a las multicapas en el siguiente estribillo. Realmente casi toda la canción está haciendo un solo, o complejas arañas. Al menos detecto unas 3 guitarras, creando capas asfixiantes. Anderson canta con angustia, con una soberbia melodía, cambiando el tono durante los estribillos, como si estuviera realmente embelesando con sus revistas tras horas de espera. La tensión estalla en la coda, como una especie de metáfora al clímax? Es la extraña portada una referencia a este tema? Como sea, la canción es un pedazo de ingeniería musical, con todo perfectamente calculado, y que sin embargo, no pierde una pizca de sinceridad ni de amarga emotividad.

“The Wild Ones” es, a decir de Brett Anderson, su momento favorito con Suede. Y quién soy yo para contradecirlo? Es una preciosa balada… <bueno, si con esa intensísima guitarra se le puede llamar balada> sobre una relación que se fractura. Es sobre Justine? Es sobre Bernard? Inicia con un guitarreo acústico precioso. Anderson encaja las primeras líneas, con una melodía vocal que suena como el amanecer mismo… La voz llena de melancolía y  los rasgueos introspectivos crean una atmósfera evocadora: “There's a soooooooong playing on the radio, Sky high in the airwaves on the morning show”. Al :40 el encanto acústico se rompe para que toda la banda entre de lleno. Simon Gilbert hace un despliegue increíble con las baquetas, dando una gran intensidad sin romper la delicadeza de la balada. El bajeo es preciso y precioso, jugando con los tonos y octavándolos. Pero la guitarra! Esa guitarra intenta robarle el protagonismo emotivo al exquisito poema de amor de Brett, y casi lo logra. Butler requintea prácticamente toda la rola, replicando el estado emocional que refleja Anderson. Se supone que para este tema las cosas ya habían colapsado, Bernard estaba fuera de la banda e intentaron cubrir los huecos con los teclados y pianos que suenan de fondo. Pero Butler volvería y sería una de sus últimas colaboraciones con Suede, una especie de canto de cisne de la formación original y prácticamente la última vez que pudieron hacer algo sin intentar matarse uno al otro. La letra es increíble. Mi teoría es que está basada en Justine, pero tiene líneas que quedan tal cual a la ruptura con su guitarrista, o que al menos la emotividad que suena es por el rompimiento de la amistad. Por momentos es conmovedor:

“And oh if you stay I'll chase the rainblown fields away

We'll shine like the morning and sin in the sun

Oh if you stay

We'll be the wild ones, running with the dogs today”

Sin embargo Brett canta con un dejo amargo, como sabiendo de antemano que la otra persona no se va a quedar, a pesar de que evoque el pasado y le dibuje un encantador futuro: “And it's a shame the plane is leaving on this sunny day, Cos on you my tattoo will be bleeding and the name will stain”. La guitarra hay que seguirla aparte, creando una figura tras otra, con un efecto crujiente, sobrepuesta a las orquestaciones, sin sonar sobresaturada. La coda es preciosa, con ese “OooOhh if you stay”, un piano lagrimeando atrás, la guitarra desvaneciéndose. Qué hubiera pasado si Butler se hubiera quedado? Ser imaginan el Coming Up con su virtuosismo? Sí, definitivamente también es uno de mis momentos favoritos de Suede.

Tras ésta espectacular seguidilla de canciones, sigue “Daddy's Speeding”, un tema aún más pausado y tenso, sin sección rítmica, y donde Butler ya brilla por su ausencia. La canción está dedicada a James Dean, y sin ser una obra maestra, cae justo para demostrarle a los Beach Boys cómo hacer un tributo al eterno Rebelde sin Causa. Guitarras en off, pianos, sintetizadores, y un sinfín de sonidos de fondo que crean un ambiente sofocado y angustiante. Una letra metafórica, pero que no deja de hacer referencias directas con bastante más elegancia que los californianos: “Broken glass for teenage boys, trapped in steel and celluloid, Crashed the car and left us here”. Hay algo luctuoso y casi siniestro. El problema es que el estribillo, con cambio a tonos mayores, desencaja con este perfecto y sombrío ambiente, rompiendo el efecto, con Brett cantando casi en tono infantil. El twist viene al final, cuando explica el extraño título - Un niño, sentado en el asiento trasero de un coche, ve a su padre al frente, conduciendo como maniático, acelerando a fondo, con la imagen de su ídolo que se mató al volante: “But oh can you see him? Oh, when Daddy's speeding”. No puedo sino sentir un estremecimiento. Los sonidos de fondo se incrementan, helicópteros, zumbidos de motores, sirenas, y al final… un estallido que simula el choque.

Luego está “The Power”, otro gran tema que inicia en formato acústico. De hecho suena extraño la falta de los distorsionados arpegios de Bernard. Esto es porque Butler ya se había ido. La gran labor de guitarra se debe a que un sesionista copió nota por nota el trabajo de Butler en un demo. Pero por ello es de los pocos temas en que no hay múltiples capas de guitarra y hay un sonido más limpio. El aire acústico no le queda mal, hace resaltar la gran melodía y ese riff descendente. Osman hace uno de sus mejores trabajos al bajo, haciendo que el instrumento sea casi figura líder, y supongo que su volumen es mayor precisamente para cederle más protagonismo. La orquestación llena algunos huecos, pero sirve para embellecer el agridulce tema. La letra, es básicamente la despedida a Bernard: “You might live in a screen kiss, it's a glamorous dream, Or belong to a world that's gone, it's the English disease”. Al final tenemos una coda con Lalalás, al más puro estilo Brit Pop, pero Brett parece estarse mofando por el tono en que canta.

“New Generation” tiene un ambiente más festivo y relajado. De hecho, es quizá el momento más luminoso y feliz del álbum. Y esto quizá se debe a que ya no estaba Butler. No? Entonces quien hace esa alegre guitarra??? Es ni más ni menos que Richard Oakes, un chaval de 17 años que reclutaron para reemplazar a Butler. Esta sería su primer aparición con la banda, y aunque es un gran imitador (básicamente por eso lo contrataron, cuando llevó el demo pensaron que les estaba tomando el pelo y que era la guitarra de Butler lo que sonaba), al momento de crear se nota la diferencia respecto a Bernard. “New Generation” es una buena carta de presentación, insertando arpegios y adornos con un tono similar, aunque con menor volumen. En el puente hay metales, y por fin estalla en el estribillo, mano a mano con Anderson, que suena más Bowiesco que nunca. Ese puente después del coro en el que Brett canta “And I’m losing myself, losing myself to you” con las trompetas de fondo, es otro de mis momentos favoritos del disco. No es mala, en absoluto, pero por ese aire festivo pareciera encajar más en el Coming Up.

Continuamos con “This Hollywood Life”, que arranca con un sax arrabalero que da una falsa impresión de lo que viene. De hecho, es la canción más potente y agresiva del álbum, con una guitarra todavía más sucia y distorsionada, en un ambiente pesadillesco. Brett entra con su falsetto sostenido antes de iniciar con la melodía semilenta. La letra es minimalista; habla sobre una chica que pasa de ser obrera a una estrella de rock. Brett usa imágenes para reflejar la carnicería que es la industria musical:

“She'rocker hear the audience scream for the death of the king

But a hand-job is all the butchery brings

Cos fame ain't as easy as him (how sad)”

Posiblemente habla de sí mismo y cómo se siente ante la agobiante fama: “Come rescue, rescue me from this Hollywood life” grita en el estribillo. Es quizá la canción más débil del álbum, con la melodía más foja y con menor cantidad de recursos, pero tampoco es que sea mala.

Luego llega el lamento en piano de “The 2 of Us”, en la que no necesita guitarras ni sección rítmica para dejarnos con un nudo en la garganta. Es el tema más emocional del disco, y Brett actúa la canción más que cantarla, pero lo hace de una forma convincente, en un estilo teatral que dejaría a Jarvis Cocker alucinando. El tema está escrito desde el punto de vista de un ama de casa, y es un poema a la soledad de principio a fin, un matrimonio que se derrumba mientras él se mata trabajando y ella queda relegada a una jaula de oro en la que se deprime más y más, soñando lo que pudo ser, y culpándose a sí misma por ello. Toda la letra es digna de leerse mientras se escucha, y luego es necesario escucharla con los ojos cerrados para centrarse en la voz de Anderson e intentar no quebrarse… El estribillo reza 

“Lying in my bed.

Watching my mistakes,

I listen to the band they said that it could be the 2 of us”

Y la segunda estrofa trae las líneas favoritas de Anderson en todo el disco: “The snow might fall and write the lines on the silent page, But you're outside making permanent love to the nuclear age.” Cada que la escucho me hace cuestionarme si no estoy cayendo en eso y me estoy perdiendo la vida por intentar ganármela… El cierre es igualmente melancólico, con una nota de esperanza: “Alone but not lonely, you and me, Alone but loaded...” Es increíble la intensidad y emoción que Brett Anderson puede generar sólo con su voz, un piano y apenas algunos otros efectos. Una canción que generalmente no se toma en cuenta, pero que es una verdadera y menospreciadísima joya.

Enseguida tenemos “Black or Blue”, también sin Butler. Ésta sigue el tono emocional y dramático de la anterior, pero pesar de una mayor instrumentación, no resulta tan conmovedora. Quizá no fue buena idea dejarlas juntas. La canción habla sobre un amor interracial, que por las fechas ya estaba permitido, pero seguía siendo mal visto por la sociedad. “I don't care if you're black or blue, Me and the stars stay up for you”. Quizá abusa un poco del falsetto aquí.

Afortunadamente viene una de las piezas cumbre de Suede, “The Asphalt World”, pieza central del disco, de más de 9 minutos de duración. Es masiva, apabullante, desgarradora, con una sensación cuasi progresiva y experimental, pero a la vez simple y pegajosa. Una mezcla de Pink Floyd con un toque de Pop que unos chicos de Oxford utilizarían en 1997. El tema es en medio tiempo, nostálgico, dramático, que habla sobre Justine Frischmann. Es un lamento sobre la relación de Frischmann/Albarn mucho más profundo que la sardónica “Animal Lover” del debut. Aquí la herida supura y Anderson se abre el alma para dejarnos ver el desgarro que le quedó. La melodía es magistral, y se las ingenia para no volverla repetitiva a lo largo de los casi 10 minutos. Bernard Butler hace lo mismo con su guitarra, haciéndola llorar en cada nota, con algunos de sus mejores solos, como el del minuto 4, con una pizca de wha, que rememora vagamente el de “While My Guitar Gently Weeps”. La letra es simplemente brutal:

“I know a girl she walks the asphalt world

She's got a friend, they share mascara I pretend

Sometimes they fly from the covers to the winter of the river”

Para acabarla, el día que la grabaron, fue cuando Brett leyó la entrevista del Vox a Bernard, en que lo acusaba de ser un tirano. Anderson suena realmente lastimado, molesto, a punto de quebrarse por momentos. No fue sólo lo emotivo y doloroso de la letra, sino que realmente estaba molesto. El sentimiento que transmitió es real.

El estribillo, con varias voces sobrepuestas, también es durísimo:

“But where does she go?

And what does she do?

And how does she feel when she's next to you?

And who does she love in time-honoured fur?

Is it me or is it her?”

Tras el primer solo de Butler, alrededor del 4:30, tenemos un quiebre en el que la canción se difumina, sostenida apenas por la tensión de sonidos de fondo, hasta que la guitarra entra casi tímidamente en un lento crescendo. No los recuerda de lejos “Echoes” de Floyd? Una, dos tres, hasta 4 guitarras a un tiempo van creando una tensión que revienta al 6:30 de manera sublime, con un segundo requinto, más bluesero, sin dejar de ser muy melódico. Gilbert y Osman hacen un gran despliegue en la sección rítmica, haciendo prácticamente solos en esta parte mientras los sintetizadores llevan el lead. Butler quería que éste solo durara 8 minutos, y la suite entera unos 25. Luego Brett entra de nuevo con un estribillo y la canción ya no da respiro, con una coda intensísima, hasta que quedan simplemente sonidos y efectos de fondo, la guitarra soltando las últimas lágrimas, y un tono sostenido de sintetizador que se difumina dejando sonidos de TV de fondo. Eso y una enorme desolación en nuestras almas. Escuchando a Brett haciendo esto uno se pregunta, cómo es que no se suicidó tras la ruptura con Justine? Y es que era claro que no lo había superado a pesar de los años. Quizá precisamente este tema le ayudara a lograr la catarsis que necesitaba; el caso es que es uno de las más épicas, brillantes y menospreciadas joyas de los 90’s.

Después del shock que representa el track anterior, el disco cierra con el barroquismo de “Still Life”. Es la canción más orquestada del álbum, supliendo de algún modo el vacío de Bernard. Empieza de manera muy tranquila, con un arpegio limpio y lento. La orquesta va entrando mientras Anderson va aumentando la intensidad, narrando cómo está atrapado en una vida quieta: “This still life is all I ever do, There by the window quietly killed for you”. Hacia el 2:30 orquesta y voz estallan por fin, con ese preciosismo de película, dando una especie de nota de esperanza tras la desesperación de “The Asphalt World”. Se supone que también está escrita desde el punto de vista de un ama de casa aburrida, pero aquí es cuando uno se pregunta si Brett se sentía como ama de casa, ya que suena demasiado personal. La coda es un colosal clímax de orquesta (La Sinfónica de Londres completa, por cierto), muy hollywoodesco. Uno diría que es un tema un poco cursi, pero creo que necesitaba un cierre en tonos mayores después del pesimismo de todo el disco. Así, cierra con la fastuosa orquesta y una nota de luz al final del túnel “But it's still, still life”,haciendo un juego de palabras con el mismo título, como diciendo: “a pesar de todo, sigo vivo”. Ese es el triunfo de Brett: Perdió al amor de su vida en el disco anterior, perdió a su McCartney en éste álbum, pero no se dejó derrotar…

 

El Dog Man Star pasaría casi desapercibido. Sólo tuvo 3 singles y a lo más alto que llegaron fue al 18. Al mismo álbum no le fue muy bien en ventas, el mundo estaba entretenido en la guerra entre Blur y Oasis. Pero sería un disco crucial en los 90’s. Es una joya menospreciadísima. Es imposible catalogarlo dentro del Brit Rock porque trasciende al género, y es igualmente inútil catalogarlo en otros géneros: Alternativo? Art Rock? Es un disco en el que confluyen un montón de influencias y sonidos, pero sobre todo, dos genios en su mejor momento, sacando fuerzas de su antagonismo para hacer sus mejores y más personales letras, su mejor despliegue vocal por un lado, y su más brillante ejecución de guitarra por el otro. En fin. No se puede decir tampoco que fuera demasiado influyente. Sin embargo, creo que es de los mejores discos del ’94, si no el mejor, que marcaría la pauta que seguirían grupos cuando el Brit Pop se desgastara. Un disco adelantado a su época, y que al menos en cuanto a ambición, sentaría el precedente a otras cumbres británicas icónicas como el Masterplan, el 13 o el mismo OK Computer. Un Must Have, uno de mis discos favoritos de los 90's y una de las mayores recomendaciones que puedo hacer desde La Caverna. Puede no entrar a la primer escucha, porque se necesita un mood agridulce. Inténtalo siguiendo las letras. Luego inténtalo con los ojos cerrados. Cuando al fin se llegue a filtrar, inténtalo sin llorar… Esa es la grandeza de este disco.

 

 

Por Corvan

 

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