EL ESPÍRITU DEL VINO (Héroes Del Silencio, 1993)

Artista: Héroes Del Silencio (C+)
Fecha de Grabación: Ene – Mar ‘93
Fecha de Lanzamiento: Junio de 1993, ESP
Discográfica: EMI
Productor: Phil Manzanera
Calificación:
10 (MUST HAVE)

 

 

Era: 90's Rock En Ñ: La Era de Oro

Subgénero: 90's Rock En Ñ: La Era de Oro

Mejor Canción: Flor De Loto, o Nuestros Nombres, o Camino del Exceso

Canciones:  1) Nuestros Nombres; 2) Tesoro; 3) Los Placeres De la Pobreza; 4) La Herida; 5) La Sirena Varada; 6) La Apariencia No Es Sincera; 7) Z; 8) Culpable; 9) El Camino Del Exceso; 10) Flor De Loto; 11) Refugio Interior; 12) Sangre Hirviendo; 13) Tumbas De Sal; 14) Bendecida; 15)Bendecida 2; 16) La Alacena .

 

Uff! Un disco enorme, el que llevó a la cima a Héroes Del Silencio y los convirtió en estrellas internacionales, no sólo en Latinoamérica, sino en países donde el mismo español no es idioma principal, como Alemania y Suiza. Y no es para menos, este sería el tercero de los discos más influyentes de los 90’s del Rock en Ñ, junto con el Silencio de Caifanes y el Canción Animal de Soda Stereo, todos lanzados en un lapso apenas mayor a 2 años.

Este es el tercer disco de Héroes y cronológicamente sería el último de este tridente de discos icónicos del Rock en Ñ. En este álbum Héroes realizan una obra prácticamente perfecta, su disco más rockero, con mayores influencias del Hard Rock de los 70’s, riffs más elaborados, más distorsión y potencia con un Valdivia más explosivo, letras cargadas de simbología, mostrando a Bunbury en lo que a mi gusto es su cenit creativo, y en pocas palabras, lanzando una verdadera joya atemporal. Lo que le agrega dificultad y mérito a esta entrega, es que tiene 16 rolas, el equivalente a un disco doble en LP (de hecho en acetato es doble), y no hay un solo relleno.

Después del éxito que les dio el Senderos de Traición y la gira Senda por toda Europa, los Héroes del Silencio ya gozaban de un gran posicionamiento y tenían una enorme base de fans, incluyendo en países donde el español no era la lengua principal. Incluso se vieron tentados al comercialismo y grabaron en inglés dos de sus temas más representativos de su segundo disco: “Maldito Duende” y “Entre Dos Tierras”, pero afortunadamente se arrepintieron y esos temas quedaron blindados. Para 1993 eran ya un fenómeno muy fuerte en todo Europa para una banda no británica o gringa, de manera que regresaron a los estudios, esta vez al Gallery de Londres, y de nueva cuenta de la mano de Phil Manzanera como productor; viendo que los sonidos que estaban buscando eran ya demasiado complejos para un cuarteto, llamaron también a Alan Bugoslavski para acompañar a Valdivia en las guitarras. Alan es un guitarrista mexicano que había tocado con Kenny y Los Eléctricos y conoció a Pedro Andreu en una fiesta que dio Kenny en su casa. Pedro lo invitó al concierto de Héroes la noche siguiente y a la afterparty, donde trabó amistad con el resto del grupo. Y así, sin realmente haber tocado con ellos, fue considerado como primera opción cuando vieron que iba a ser necesaria una segunda guitarra.

El disco es tremendo. Potentísimo, con una gran presencia de distorsión, baterías implacables, sonidos más profundos, riffs más complejos, letras más logradas, atmósferas densas, y en general una marcada evolución de Héroes que se nota que buscan sonidos más de raíz, con más coraje y más cercanos a la intensidad y los sonidos en vivo, alejándose totalmente de las influencias góticas y ochenteras de sus trabajos previos.

Héroes se muestra en su total madurez como banda, e instrumentalmente cada integrante también se encuentra en su punto más alto. Yo continúo con la polémica con Hiz sobre las etapas de Bunbury con la banda y como solista. Evidentemente yo prefiero su etapa con Héroes, pero respeto y entiendo las opiniones de quienes dicen que creció más como músico en su etapa solista. A mi gusto en Héroes alcanzó una cima inalcanzable con este disco, pero no se puede decir que sea una labor únicamente de Enrique, sino a ese monstruo de cuatro (ahora 5) cabezas con una química única, y un sonido potentísimo, un gran respeto y dominio del rock, y una gran capacidad para expresarlo en canciones redondas, que rayan la perfección. Héroes goza de un gran reconocimiento como banda, pero ese reconocimiento se debe en gran medida al talento y la suma de cada una de sus individualidades: Valdivia quizá no sea un Hendrix, pero es con mucho uno de los guitarristas más fieros, completos y talentosos de su generación, siendo el corazón salvaje y distorsionado de la banda. Bunbury vocalmente luce tremendo, el cerebro del grupo, y aquí aún no le entraban sus aires de grandeza morrisoniana. Como solista mostraría una capacidad enorme para reinventarse vocal y líricamente, y experimentar con diversas técnicas, pero aquí es donde tenemos al Bunbury más puro y potente de toda su carrera. Y quizá al más sincero. Cardiel y Andreu por su parte muestran que no son mero adorno. Aunque el centro de Héroes está conformado por Enrique y Juan, la sección rítmica es un fuerte esqueleto, también impresionante, rápido, profundo, denso, y aportan enormidades al sonido de la banda, llevándola, sobre todo en este disco, a rozar los límites entre el Hard Rock y el Metal, pero con una gran elegancia, sin sonar en ningún momento burdo o con sonidos dejados al azar. Curiosamente muchos metaleros respetan a Héroes, y se pueden encontrar sus discos, en particular éste, en sitios dedicados al metal… A mi me parece sorprendente tomando en cuenta que también es una banda de culto para gente más popera, que escucha los 40 principales. En fin, es una muestra del tremendísimo equilibrio que guarda este disco, que sencillamente resulta indescriptible por esa manera tan maravillosa en que abarca tanto, y que termina por unificar criterios no sólo de la crítica, sino de públicos muy, pero muy distintos.

No sé si Héroes se metieron al estudio con la firme intención de hacer su Opus Magnum. Generalmente estas obras no se dan al azar, surgen por la ambición de un grupo que ya ha realizado un trabajo destacado y tienen la pretensión de superarlo… generalmente así es como se dan los discos que llamo icónicos, y aunque dudo que los mismos grupos sepan el tamaño de la obra que están haciendo, sí es de esperar que vayan con la ambición de hacer algo más complejo y sustancial que sus trabajos previos. Muchas veces ese pretencionismo termina superando las capacidades y termina saliendo una obra sobreproducida y más bien mala (el X&Y o el Viva la Vida son ejemplos claros), pero en contadas ocasiones, esa ambición coincide con un gran nivel creativo y con un excelente momento técnico de los integrantes y una serie de causalidades que terminan ocasionando algunos de los discos más grandes de la historia.

El Espíritu del Vino viene siendo una celebración de los excesos en que vivía la banda, pero tomado desde una perspectiva más filosófica que desmadrosa. En este aspecto, este trabajo está más cerca de Los Doors que de AC/DC a pesar del predominio del Hard Rock e incisivas guitarras. Los arreglos son potentes, pero siempre elegantes y guardando compostura, y las letras van muy de la mano del simbolismo que manejara Morrison 25 años antes, inspirándose en Baudeliere, Blake, Rimbaud, etc. Otra semejanza Doorsesca es la cercanía de oriente, tanto en algunas letras e imágenes místicas como por algunas atmósferas musicales, incluyendo el uso de cítaras. La imagen de Bunbury no es aún una copia de la de Morrison como lo sería en Avalancha, pero quizá ideológicamente esté más cercano en este disco.

 

El disco abre con “Nuestros Nombres”. Una nota profunda de bajo, una armónica, un arreglo atonal de guitarra, una voz murmurando “joder no-se-entiende-que –más”, que dan la impresión de que el grupo está afinando y preparándose, creando un buen efecto para rematar con un aullido. La entrada en forma es bestial. Se escucha un riff demoledor, de esos que no se sabe si son Metal o Hard Rock, oscuro, perfecto, que se ve intensificado por el tremendo manejo del bombo de Andreu durante un par de vueltas, para después integrar el resto de los tambores para crear un efecto verdaderamente apocalíptico. El bajo se incorpora junto con la guitarra, que dan más intensidad y abren la pauta para que la canción tome su ritmo. Impresionante. El inicio de disco y de canción simplemente deja sin aliento. La rola no afloja. Las guitarras punteadas van creando tensión mientras Enrique comienza con los versos, un tanto desesperados, negros, cargados de una poesía enigmática, y con un dominio vocal sorprendente. Líricamente la canción es también tremenda. Se supone que es una alegoría al sexo (el encargado de hacer el diseño del logo de la canción así lo dijo) pero tengo mis sospechas… En estos momentos estoy dejando un vicio de cigarro demás de 13 años (a la cold-turkey) y no es por ser paranoico, pero creo que estas letras van más relacionadas con las ataduras y la intención de dejar alguna droga bastante más fuerte: “Qué extraño aprieta el deseo, hoy qué lejano aparece el acuerdo, a kilómetros, es tan inalcanzable...,” para hacer un soberbio coro: “por aguantar, brindo en silencio… Y no sabemos ni nuestros nombres, no ignoramos nuestros excesos, pero tu sola presencia me enferma, y me vacía., con un grito de esperanza, te digo adiós…” Eso no es sobre sexo, es sobre una desintoxicación y el síndrome de abstinencia, aunque dudo que sea de nicotina. Como sea, la letra es descomunal, y la musicalización es potentísima, un rock puro, incisivo, con un riff de esos de antología, y una atmósfera sobrecogedora. Una canción con un cuidado exhaustivo en los detalles que la convierten en un tema monumental y escalofriante, sobre todo por los gritos aterradores de Bunbury hacia el final, justo antes del exquisito solo de Juan. Uno de mis temas favoritos de la banda.

“Tesoro” es un tema más discreto, sin tanta potencia y más tendiente al pop, donde regresan los arpegios distintivos y con esa ecualización típica de Valdivia. Los juegos de bombos lucen espectaculares, y pareciera que la tierra retumba con la batería. El coro es magnífico: “Ayer teñí de color sangre mis sueños, y no queda nada sagrado que me divierta ya.” Y siempre me han parecido de esos versos que puedes analizar por eras y sacarle cada vez significados distintos. Tras el coro hay un piano monísimo y luego una sección de cuerdas (o tal vez sintetizador) que le dan más drama durante un puente instrumental. La canción es corta, apenas pasa los 2 minutos, pero está muy bien hecha y es, en realidad, un pequeño tesoro.

Después está “Los Placeres de La Pobreza”, que inicia con una especie de mantra oriental, cortada por una tos y de inmediato suena la guitarra afilada, creando un riff incisivo que sube por momentos y luego da la impresión de caer. Bunbury hace extraños juegos con los tiempos de la voz, a veces haciendo un fraseo demasiado rápido y luego alargando las sílabas para alcanzar la métrica, a veces forzada. Pero aquí ya muestra bastante misticismo en las imágenes que crea. Juan se discute al 2:55 con un solo impresionante, rapidísimo y al que no le sobra ni falta una sola nota. La sección rítmica cumple con creces, manteniendo tensión en la rola con un ritmo vertiginoso y potente. Las armonías vocales que suenan al fondo de casi toda la canción logran su efecto al darle un tono más ligero y hacer menos densa la rola, haciendo que esta no se asfixie en la atmósfera cargada.

Enseguida llega “La Herida”, otra canción enorme, con una intro más acústica y un arreglo muy melancólico de armónica. El ritmo es más lento, las atmósferas no están tan saturadas, pero es un tema igualmente majestuoso, con inclusiones de armónica a lo largo de toda la rola y algunos detalles de mandolina, que van tiñendo de tristeza con sus adornos. La letra es bastante inquietante y abierta a muchas interpretaciones. Nuevamente se supone que es a una mujer y la ruptura, pero también hay quien dice que se refiere más a una amistad dañada, y que podría referirse a las tensiones que comenzaron con Juan durante las sesiones de este disco y que llevarían a la fractura de Héroes. Al 4:30 hay un abrupto cambio de ritmo, del semilento con el que empezamos y que ya nos comenzaba a aletargar a uno bastante más vertiginoso. Enrique canta los mismos coros y al 5:25 viene un espectacular solo, lleno de llamaradas e intensidad, aunque me parece que al final el último coro sale sobrando y alarga excesivamente la canción. No es mala, pero casi 7 minutos son demasiado para tan pocas variaciones en la melodía. La rola me encanta, pero el tiempo excesivo de su duración me impide marcarla en rojo.

“Sirena Varada” mantiene una sección rítmica implacable. Juan le baja al distorsionador y le sube al delay para regresar a sus típicos arpegios y arreglos a toda velocidad, pero eso no evita que la canción sea potente. Enrique hace un fraseo rápido durante los veros y en algunos fragmentos agrega pistas con su propia voz en una octava más baja, dando un aspecto más siniestro a la rola. Los coros me parecen bastante mejores que los versos en cuestión melódica, muy pegajosos, pero a la vez potentes. En esta parte no hay Enriques sobrepuestos, pero los coros tienen un efecto muy raro en el que aún no termina una línea cuando ya está empezando otra, haciendo un efecto anómalo pero espectacular. La canción es uno de los clásicos de la banda, imperdonable por el público en los conciertos. A mí me parece muy buena, pero creo que hay mejores. Además del efecto vocal, que se lleva la canción, el solo del minuto 3 me parece gigantesco y de muy buena técnica.

Sigue “La Apariencia No Es Sincera” que es una de las canciones más oscuras de la discografía de Héroes. Desde el inicio se las ingenian para crear una atmósfera del día del fin del mundo. Enrique repite el truco de impostar unas voces mucho más graves, mientras que Valdivia hace un arpegio negro, con mas eco del habitual, hasta que después cambia al pedal de distorsionador, haciendo un cambio en el color del efecto, pero manteniendo la oscuridad con la misma secuencia de notas. Pedro suena profundísimo, y aquí hay que agradecerle a Phil Manzanera por el sonido apocalíptico de la batería durante los versos, con fragmentos donde básicamente los tambores sostienen la canción. Joaquín Cardiel también hace un excelente papel, con un bajeo muy dinámico que parece desapercibido a simple oída, pero sumamente complejo, sobretodo durante los coros. Los coros, por cierto, son magníficos, cambiando el ritmo, dando más dinamismo y con más ganchos. Enrique invierte el truco vocal, al hacer una línea vocal principal y sobreponer otras líneas, pero esta vez más agudas, en segunda y tercera voz. Líricamente es oscuro, místico, muy simbólico y nuevamente con significados que no son fáciles. La rola va creciendo en tensión y potencia, y alcanza su clímax al 3:30 con la voz más potente y un solo de guitarra agridulce, más lento que otros, pero igualmente efectivo. Luego regresan al principio y repiten prácticamente la canción, incluyendo el solo. Muy buena rola, notable el manejo de tensión y como van subiendo la intensidad sin que nos demos cuenta, aunque también es ligeramente larga.

Después viene “Z” que es una cancioncita instrumental de menos de un minuto, donde Valdivia muestra sus habilidades en la guitarra española. Guardando su debida distancia, me recuerda un poco “Black Mountain Side” de Page, con un cierto aire oriental y pesimista, aunque sin tanto destello técnico. Tampoco es simple, y sirve para romper un poco la densidad del disco.

Con “Culpable” llegamos a la mitad del disco. Esta es una canción más rockera, melódica, con un riff potente pero pegajoso, donde Alan y Juan hacen una buena mancuerda combinando un sonido distorsionado y tosco de una guitarra con el cristalino y lleno de eco de otra. La música es muy buena y todos hacen un tremendo trabajo en equipo para que la canción salga equilibrada y muy mona, con un excelente coro y buenos requintaos. Las letras son también notables, enigmáticas, pero de alguna manera dando nota de la renuncia de uno mismo por otro y de las experiencias sensoriales más allá de las producidas por químicos o drogas, jugando con los conceptos del amor y el nirvana hindú. Al final es imposible no quedarse cantando “ir más allá de lo permitido, por los fluidos que recorren el cuerpo, renunciarás a las costumbres y sometidos, la procesión irá por dentro”. El requinto de la coda es muy bueno, y tiende bastante más a los sonidos alternativos estadounidenses que comenzaban a dominar al otro lado del Atlántico que a los arpegios neogóticos o la furia hardrockera a las que nos tiene acostumbrados Juan, pero es de primer nivel. Sólo quiero resaltar que contrasta un poco con los sonidos típicos y me deja pensado si efectivamente es Valdivia.

La segunda mitad del disco arranca con “El Camino Del Exceso”, que tiene uno de esos riffs intoxicantes, adictivos, negros, ácidos, y que te dejan sin aliento. La canción es potentísima, y este riff que abre se ve resaltado por la magnífica sección rítmica: Andreu entra como endemoniado y hace un despliegue brutal con los platillos para después afianzarse con un ritmo implacable, mientras que Cardiel hace un punteo incisivo que lleva casi el mismo ritmo de la guitarra, pero formando un riff por sí mismo, paralelo, y va marcando el ritmo y la pauta acelerada durante los versos y más tranquila durante los coros. El efecto debajo resalta más durante los solos de Juan. Las letras son tremendas, Enrique se nota furioso desde el inicio, y las letras son violentas, pero creando excelentes imágenes. Esta canción en buena medida resume todo el disco y lo mejor de Héroes, y a fin de cuentas terminó dando nombre a la enorme gira del disco, que consagraría a Héroes Del Silencio como uno de los grandes monstruos del rock en español. Tremenda, su efecto, invariablemente me recuerda al poder y la furia de una avalancha, mucho más que la canción de tal nombre del disco posterior. Impresionate. Si canciones como esta no son muestra de que Héroes está prácticamente al mismo nivel de grupos anglosajones de culto, entonces no sé qué los podrá convencer.

Bueno, sí. Sí “El Camino Del Exceso” aún no los convenció, “Flor De Loto” debe hacerlo. El grupo se vuelca a sonidos orientales, exóticos, profundos, casi religiosos, que hipnotizan y seducen entre cierta oscuridad. “Flor de Loto” es una neblina intoxicante, deliciosa, un viaje místico desde las primeras notas. La banda se las ingenia para mezclar a la perfección segmentos delicados, con arpegios cristalinos y un bajeo elástico, y para incrustarle un coro absolutamente explosivo que combinan muy bien. Las letras posiblemente sean las mejores que Bunbury haya escrito jamás. Cargadas de filosofía hindú, de pesimismo y cierta esperanza, muchos de los versos son simplemente conmovedores en su belleza: “Nunca tuve fe en mi filosofía, nunca tuve yo ni gurú no guía, nunca desprecié una causa perdida, nunca negaré que son mis favoritas …” o la influencia del hinduísmo de “¿Qué más puedo necesitar? Tengo algo que perder, ¡No puedo perder!” La canción explota finalmente al minuto 3, entrando ya en ritmo, las guitarras más potenciadas, y transformándose en una canción que va bordeando la potencia del metal. Para la coda varios Bunburys se van incorporando en un efecto impresionante. Ya para el final terminan desacelerando la canción, con un guitarreo marcado, el sonido de cítaras brillando y un fade out que recuerda mucho a Harrison. Posiblemente “Flor De Loto” sea mi rola favorita de Héroes, con eso les digo todo.

“El Refugio Interior” tiene nombre de una canción tranquila e introspectiva con una búsqueda del yo interno basado en las filosofías de oriente. Nada más alejado, este track es un tremendo despliegue de las habilidades de Pedro Andreu. No soy baterista, por lo que no sé si son 2 o más batacas sobrepuestas o solo una, pero verdaderamente suena impresionante y contagia con la energía. El nombre posiblemente fue una mera ironía o broma del grupo.

Continuamos con “Sangre Hirviendo”, otra canción potentísima, donde las dos guitarras se conjugan muy bien para intercalar el riff oscuro con escalas descendentes. Letras cada vez más crípticas, pero ardientes, adoloridas, y cantadas con una furia inusitada. El solo del 2:55 es lo más destacado, logrando algunas disonancias exquisitas y algunos juegos con los tiempos, acelerando y frenándose. Una canción de adrenalina pura, uno de sus temas más hardrockeros, que bien pudo haber hecho cualquier banda clásica de los 70’s.

“Tumbas de Sal” es más melódica. Sin dejar de ser rockera, tiene unos juegos de guitarras muy buenos en la entrada, subiendo y bajando, haciendo escalas y divirtiéndose a mares. Enrique suena con un efecto raro, velado y lejano, mientras los tonos recuerdan los rockers de los 50’s. La canción es seria, pero al mismo tiempo se nota que se la tomaron para divertirse bastante en su creación, jugando con partes muy divertidas y encajándole un coro muy solemne.

Después está “Bendecida 2”, que es uno de los poquísimos casos donde la segunda parte precede a la primera en la historia musical. Jajaja. No es una canción en sí, sino una especie de preludio vocal a “Bendecida”. No estoy seguro si todas las voces corrieron a cargo de Bunbury o si los demás también participaron, al menos en los “uuummmhhhhs…” que suenan muy tribales. Apenas dura poco más de medio minuto, por lo que no puede ser considerada ofensiva.

Sigue ahora sí “Bendecida”, con un buen riff de entrada. Bendecida es una canción muy cadente, rítmica. No tiene demasiadas variaciones, y eso la hace un poquito pesada, pero lo más destacado son las letras, donde Enrique se nos pone filosófico de nuevo, dedicándosela a la actriz Benedetta Mazzini, con quien tuvo un romance (Benedetta = bendecida?). Algunos de los versos que me encantan y que no tienen mucho que ver con amor son: “Me estorba la memoria, los sentidos me distraen y se equivocan” o “Y el perfume que emane del sexo, se fundirá en nuevo grito” o “Nunca he confiado en los labios muy finos, de ellos huyo como un fugitivo”, o frases más directas a los sentimientos y a su relación con la susodicha: “De las brasas de una constelación, al mundo perecedero; Bendecida fue la causa de mi fortuna...” Es muy buena rola, aunque ligeramente larga. Pero esta es una muestra de la cúspide de Enrique Bunbury como letrista, y mi más fuerte argumento contra aquéllos que dicen que como solista tiene mejores letras. Yo sólo quiero ver una tan profunda y delicada como Bendecida después de su salida de Héroes. O será que me gusta más cuando se toma más en serio que cuando se nos pone cínico?

El disco cierra con otro track exquisito, y que se sale de los estándares. “La Alacena” nos da un breve atisbo de lo que será Bunbury unos 10 años después. Una canción con base en el delicado trabajo de piano, con ligeras influencias de tango. Es una canción muy dramática, pero delicada, hermosa, y donde de nuevo hay un excelso trabajo lírico y vocal, de manera que la atmósfera se ve reforzada con la intensidad de la interpretación. Buen cierre, aunque me resulta un poco raro que hayan terminado de manera más bien tranquila para un disco tan enérgico.

 

En fin, el disco no podría ser mejor y marcaría un antes y un después para Héroes del Silencio. Así mismo, marcaría la última cumbre del Rock en Español, y después de su lanzamiento, algunos grupos endurecerían su sonido, o buscarían algunos arreglos intrincados por el estilo, pero creo que fue a partir de entonces que esta breve época del Rock en Ñ comenzaría su declive. La gigantesca gira que sucedió al disco también tuvo un éxito impresionante, no sólo en países de toda Europa, sino esta vez ganándose definitivamente el respeto de todo Latinoamérica, que había estado un poco más reacia a la magia de los españoles. El álbum ganó de inmediato la aclamación de la crítica y del público, ganó disco de oro en España, Alemania, Suiza, México, Argentina y logró numerosos singles de éxito. Así se consolidó este triunvirato de bandas, una en cada punta de Iberoamérica: Soda Stereo en Argentina, Caifanes en México y Héroes del Silencio en España, con ese tridente de discos que curiosamente, todos representan el comienzo de su resquebrajamiento como bandas.

Una verdadera joya donde el equilibrio entre potencia, oscuridad, lírica y delicadeza logran una de las últimas obras de arte del Rock, no sólo en español, sino mundial... Está de ma´s decir que es un Must Have.

 

 

Por Corvan 

 

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