BEATLES FOR SALE (The Beatles, 1964)

Artista: The Beatles (A)
Fecha de Grabación: Ago – Oct 1964
Fecha de Lanzamiento: Diciembre 04, 1964. UK
Discográfica: EMI / Parlophone
Productor: George Martin
Calificación:

 

Era: Rock & Roll II, Early Sixties (1960-1966)

Subgénero: La Invasión Inglesa 

 Mejor Canción: Eight Days A Week

Canciones: 1) No Reply; 2) I'm A Loser; 3) Baby's In Black; 4) Rock And Roll Music; 5) I'll Follow The Sun; 6) Mr Moonlight; 7) Kansas City/Hey Hey Hey Hey; 8) Eight Days A Week; 9) Words Of Love; 10) Honey Don't; 11) Every Little Thing; 12) I Don't Want To Spoil The Party; 13) What You're Doing; 14) Everybody's Trying To Be My Baby

¿QUÉ LE-PASOOOÓ A-LOS-BEATLES???? o.0
Pues que se vendieron con un moñito navideño. Por eso el título. Jajajaja. Bueno no exactamente... Ya en serio, lo que pasa es que este disco los tomó en la época más asfixiante de la Beatlemanía, cuando toda la fama, carreras de un lado a otro y gritos de las adolescentes dejaban de ser divertidos para convertirse en una losa insostenible. Por otro lado, acababan de lanzar un disco absolutamente brillante, con todas las composiciones propias, y habían pasado semanas rodando para la película del mismo nombre, “A Hard Day’s Night” con la consecuente gira mundial que los había dejado exhaustos. Casi sin respiro, sin suficientes canciones propias, se metieron al estudio a grabar este material, ya que tenían que hacerlo por contrato y la disquera quería aprovechar para lanzar un disco de$embrino. Así, el embotamiento creativo, el cansancio físico y mental y la presión de la disquera que sólo pensaba en libras mientras lo que les urgía eran unas vacaciones después de 4 años sin parar, dieron como resultado el disco más malito y forzado de toda la discografía de los Beatles. Y hay que decirlo así, con todas sus íes, aunque el cuarteto de Liverpool sea mi banda favorita: Éste es el peor disco de los Beatles.

Muchos lo consideran subestimado. Muchos dicen que el Yellow Submarine es el más flojo. Sin meterme demasiado a fondo, porque también lo analizaremos, el Yellow Submarine es un adorable soundtrack sin ser la octava maravilla, con un lado A en el que dos canciones son viejas conocidas nuestras que ya tenían su lugar en la historia, mientras que del resto del material del cuarteto, dos son de las canciones más subestimadas del universo entero y capaces de patear a las mejores del For Sale: “It’s All Too Much” y “Hey Bulldog” que podrían estar entre mis 20 favoritas de los Fab Four. De las restantes, “All Together Now” es una canción inofensiva, casi infantil, casi inocente, una broma de Paul que al menos es divertida, mientras que “Only A Northern Song” sería el único relleno. El lado B es una muestra de la capacidad compositiva de George Martin, con arreglos orquestales para la película. Y si bien no es ningún Beethoven, muestra su calidad y representa un soundtrack que evoca con la pura música los momentos claves de la alucinada película. Así pues, yo considero superior el Yellow Submarine a éste apurado Beatles For Sale, y lo escucho mucho más seguido.


Pero no estamos analizando el Yellow Submarine, sino el For Sale. El mismo McCartney ha reconocido que, aunque empezaron algunas tomas justo después de las sesiones de grabación del A Hard Day’s Night, a mediados del año, el tiempo se les vino encima por la apretada agenda y para fines de año aún faltaba mucho material. De modo que John y Paul pidieron una semana “libre”, en la cual se iban a los jardines de la mansión de John en Weybridge y se dedicaron todas las tardes a componer una canción de las 8 originales de este disco. Lo cual es la peor manera de componer, forzando a las musas. Pero hay que señalarlo, aunque el álbum está dominado por composiciones de John y él es el autor “mayoritario” por así decirlo, Paul también tuvo participación activa en dichas canciones, como en “No Reply”, donde es autor de la sección media, regresando a esos tiempos de colaboración. De estos 8 temas propios, al menos cuatro tienen un ambiente inusitadamente oscuro y pesimista para un disco pop, los tres que abren y “I Don’t Want To Spoil The Party”, haciendo el disco, además de apurado, bastante sombrío. Aún así, no alcanzaron a tener suficiente material propio y tuvieron que escoger covers que dominaban desde los días de La Caverna o Hamburgo. 6 es el mismo número mágico de covers que ya habían usado en los primeros dos discos, pero aquí se siente un retroceso ya que el A Hard Day’s Night que lo antecedió, se había caracterizado por ser enteramente propio y con una calidad enorme.
Así pues, al ser este un disco forzado por contrato, desangelado, con una especie de embotamiento creativo y sin tiempo suficiente para dejar fuera los covers, el disco es un paso atrás en la discografía de los Beatles. Los chicos se notan hastiados, no se esfuerzan. Además se nota un ambiente oscuro y depresivo de las letras de John, y por la carátula donde salen no solo serios, sino con el ceño fruncido, y enfundados de trajes invernales y como mandando al diablo al camarógrafo, haciendo la toma como por obligación. La verdad, es una de las carátulas menos amigables que he visto, y desde ahí como que me genera una cierta incomodidad al escuchar el álbum. La foto y el disco son en realidad la mejor queja jamás grabada, pero una queja al fin y al cabo.

Pero no todo es malo. Ya mencionábamos que este es uno de los momentos en que la sociedad compositora Lennon-McCartney funcionó mejor en la vida real y no sólo en el papel. Por otro lado, aquí empieza la fascinación de Ringo por la experimentación con el bombo, mientras que disminuye el uso excesivo de los platillos, lo cual es de agradecer. George también hace algunas experimentaciones con los sonidos de su guitarra, desde el fade in que se utiliza por primera vez en una grabación con “Eight Days A Week”, los tonos dulcísimos que usa en “Words Of Love” o el feedback que usó para “I Feel Fine” que se grabó durante estas sesiones, pero en lugar de entrar al LP se lanzó como sencillo (un error, ya que pudo haber levantado el disco). Otros de los trucos nuevos en este LP fueron el falso final en “What You’re Doing”, la muralla de sonido en canciones como “Rock & Roll Music” llena de eco en la voz, pianos desquiciados y atmósfera mas incendiaria que la de Berry. Incluso el sonido acuoso del órgano de “Mr. Moonlight” es una novedad, aunque no haya resultado del todo bien en la canción.
Sin embargo, el mayor y más notable avance de la banda es respecto a las letras. Si bien en su mayoría son pesimistas y de un tono oscuro y quejoso, esto es una novedad absoluta para la época. Lennon comienza a tomar influencia de Dylan, y hace aquí la primera canción introspectiva de las muchas que vendrán. Aún a un nivel amateur, pero “I’m A Loser” es la primera muestra de la pluma filosa de John. En el Help! tendrán una influencia folk más marcada, tanto en los sonidos acústicos como en el trabajo lírico, pero esta canción está considerada como el vuelco que da Lennon como letrista, dejando de lado los tradicionales temas banales adolescentes y hablando con una profundidad inusitada para la época, aunque hoy día suene un tanto “inocente”.

Aún así, las armonías de los temas originales suenan débiles, poco trabajadas y a veces hasta forzadas. En ocasiones son rescatadas por las letras, por algún gancho, o por las novedades técnicas que ya mencionaba, pero eso no quita que la mayoría del material suene flojo, ubicando los sonidos más a inicios del ‘63 que a fines del ‘64. Tan es así, que sólo una de las canciones de este disco llegó a convertirse en un clásico, “Eight Days A Week” y eso que es un clásico menor, menospreciada hasta por Lennon. Y sobre los seis covers, se entiende que hayan tenido prisas para terminar el disco y hayan recurrido a material ajeno, pero salvo los dos rocanrolitos, que suenan potentes y mejorados respecto a los originales, los demás me parecen selecciones apresuradas y muy débiles, que le quitan aún más brillo al disco en lugar de aportar y contribuyendo a esa atmosfera depresiva.



El disco abre con “No Reply”, una de las canciones mas rítmicas y salvables, con una buena armonía vocal, grandes ganchos en los puentes y coros, y en general, una de las canciones que mantienen el buen nivel del “A Hard Day’s Night”, salvo por la letra, que es una de las más pesimistas de Lennon. Sin embargo, las letras dan un leve giro, ya que hace un retrato muy preciso de la escena, casi a un nivel literario, de cómo ve a su chica a contraluz en su ventana mientras le dicen que no se encuentra en casa. El tema de la infidelidad o el desamor quizá no fuera nada original en ésa época, pero la manera en que lo aborda sí. Por otro lado, las melodías son buenas de principio a fin, con unos versos pegajosos que remata en coros con un doble grito desesperado (I saw the LIGHT!, I saw the LIGHT!”. Hacia el minuto 1 entra la sección que compuso Paul (“If I were you…”), que viene a dar frescura a la rola, con mayor intensidad musical y a la vez una mayor carga de
amargura en la letra.

Sigue “I’m A Loser”, cuyo mérito, como ya decíamos, radica en la fuerza introspectiva de sus letras. En lo personal, la armonía vocal no me impresiona mucho, e incluso hay partes en que John suena demasiado forzado por los tonos bajos, llegando apenas. En los coros crean un gancho vocal con la doble o triple voz de John, y la canción suena más alegre, contrastando con el aplastante y sombrío mensaje lírico “I’m a Loser and I’m not what I appear to be…”. Los contrastes de luz y sombra musical a lo largo de la canción sólo sirven para resaltar el aura depresiva y gris del disco. A pesar de que líricamente es una mejora para Lennon, que inicia aquí una nueva etapa como compositor más serio, el mensaje depresivo de la letra no me gusta, aunque no se le puede reprochar a John su aparente honestidad. Por otro lado, el solo de armónica (que se repite hacia el final) es uno de los más distintivos en las canciones de los Beatles, sin seguir necesariamente la armonía vocal o el riff de guitarra. En esta ocasión, a cada solo le sigue un pequeño requinto de guitarra. No es mala canción, pero me parece que está ligeramente sobrevalorada.

Después está “Baby’s In Black” para cerrar esta oscura trilogía de Lennon con que inicia el álbum. Qué puede ser más deprimente que una chica que nunca responde, o una canción en la que se grita a los cuatro vientos “Soy un perdedor”? R: Una canción fúnebre. La rola tiene un ritmo de vals bastante aletargador, y sólo los juegos de voces que hacen John y Paul, al estilo de “If I Fell”, sirven de gancho para disfrazar las pobres y repetitivas armonías. George se esfuerza también en los requintos y arreglos de guitarra, pero ese guitarreo y ritmo que no cambia un solo segundo la hacen ver muy plana y… ehrr… aburrida.

Afortunadamente sigue el primero y el mejor de los covers. Se trata de “Rock & Roll Music” de Chuck Berry, uno de los ídolos del cuarteto. Presumiblemente era uno de los temas que dominaban desde los días de Hamburgo, y sin duda le dan un gran trato. John la canta casi con furia, apenas por debajo de la mostrada en “Twist & Shout”, mientras que George Martin hace un estupendo trabajo al piano, salvaje, muy al estilo de Jerry Lee Lewis, volviendo a este instrumento en el protagonista de la canción, junto con la arrebatada manera de cantar de John. Me hubiera gustado para que Harrison se discutiera en la guitarra, y un poco más de sobriedad de Ringo en los platillos, pero la canción, sin ser de mis covers favoritos, no está mal.

Enseguida volvemos a los temas aletargadores con “I’ll Follow The Sun”. Es una especie de balada engañosa porque a pesar de ser suave y ligera, tiene un ritmo muy extraño, a la que Ringo tuvo que hacerle arreglos muy discretos. La canción es de las primeras composiciones de Paul, cuando tenía apenas 16 años y recién conocía a John. Y se nota. Por lo menos, a pesar de que suena inmadura y cursi, da un rayo de luz a la oscuridad que irradiaba John en el inicio del disco. Además dura menos de 2 minutos.

Sigue “Mr. Moonlight” un cover, original de Roy Lee Johnson. La única justificación que encuentro para esta canción es que es de las que tocaban desde Alemania y que la conocían muy bien. Por lo demás, los Beatles tenían 40 mil canciones ajenas de donde escoger mil veces mejores que ésta. Hay un consenso casi universal en que (sin contar Revolution # 9 que NO es música) ésta es la peor canción que jamás grabaron los Beatles. Y les consta que no me gusta seguir los consensos casi universales, pero esta vez tengo que coincidir. Una rola aburrida, plana, sin ganchos, aburrida, con pésima melodía, con un órgano que no va para nada con el sonido Beatle, aburrida, con un John desgarrándose innecesariamente la voz, y aburrida. Además, con ella John vuelve a los ritmos soporíferos y a una atmósfera más gris que nocturna. ¿En qué estaban pensando? No era mejor grabar un mensaje de navidad de dos minutos a cuatro voces? O cualquier canción de Bo Didley si lo que querían era que Ringo hiciera un tamboreo? O el niño del tambor para también aprovechar el clima navideño? O ya de perdida, una mentada de madre, que hubiera sido al menos más divertida?

Después del amargo sabor de boca que deja esa nefasta canción, sigue un medley de un par de rocanroles lentos, que tampoco es difícil imaginarlos cantándolos en Alemania o Liverpool. "Kansas City", de Leiber & Stoller y “Hey, Hey, Hey, Hey”, de Rick Pennyman. El mismo Paul diría 20 años después que necesitó muchas agallas para ponerse a gritar como idiota. La verdad es que es un rockanrolito fresco, que funciona con el cambio de canción después del solo, al 1:10. Tan es así, que usualmente Sir Paul la sigue interpretando en vivo con bastantes buenos resultados, poniendo a gritar como idiotas a todo el estadio. Además es muy alegre, y nos hace alejarnos del precipicio del que nos queremos lanzar después de escuchar el estado de ánimo de John. No es la octava maravilla, pero es divertida, y con su debida distancia, viene siendo el equivalente de Paul del “Twist & Shout” de Lennon.

Sigue “Eight Days A Week” que es otra de las canciones no sólo rescatables, sino buenas del disco. John muestra una cara más luminosa, casi ingénua, con letras inocentes... Y se agradece! La canción inicia con un fade in, que aparentemente fue la primera vez en utilizarse en una grabación, ya que usualmente se hacía un fade out al final. El golpeteo de palmas que se escucha en los versos le da un aire juguetón y divertido, vuelven las buenas armonías vocales, los ganchos y resulta irresistible ese parón de los instrumentos a mitad del coro para regresar con un veloz trabajo del bombo de Ringo, con el que también cierra la canción. La escala de guitarra de George con que abre y acaba también es un gancho formidable y estoy seguro que con ella se puede identificar esta canción aquí y en china. Al menos recuperan el buen nivel al hacer una de las mejores canciones de esta etapa temprana.

El noveno track es “Words of Love”, original de Buddy Holly. Para mi sorpresa no la canta Paul, que me parece se le dan más estas rolas, sino John. La canción es una oda a la sacarina, pero es cute a pesar de ser empalagosa, y el tono dulce que usa George con su guitarra jamás se volvería a escuchar. No es ofensiva. Tampoco es mi favorita, y cuando ando cursi, hasta la disfruto, como todo lo demás de Buddy.

Sigue “Honey Don’t” de Carl Perkins. La verdad no me he molestado en escuchar la original, pero me parece que este es uno de los mejores trabajos vocales de Ringo en el cuarteto. Se le da el country, a pesar de que no soy muy fan, y el solo al 2:15 y al 2:20 me parecen bien a secas. Por supuesto que pudieron escoger un mejor cover, pero al menos me agrada el esfuerzo de Ringo, que luce muy seguro y convincente.

Después está “Every Little Thing”, otra canción de John, pero donde se nota bastante la colaboración de Paul. Muy ritmica, buenos juegos de tonos, una armonía vocal que no tiende al suicidio, y sobre todo, letras más alegres, resaltando todas las virtudes de la enamorada. Nuevamente Ringo hace un gran trabajo con el bombo durante los coros: ese “Every little thing she does…” PO-POOOM “She does for meeee, yeah” es maravilloso. En fin, sin ser la octava maravilla, es una rola atractiva que destaca ligeramente del promedio de este disco, pero quizá no tanto como para que Yes hiciera un cover de ella en su debut.

Después llega John a estropear la fiesta, precisamente con “I Don’t Want To Spoil The Party”. La canción tiene influencias country, que se le prestan más a Ringo. John suena realmente desangelado, no sé si a propósito para ir acorde con la canción o por su estado de ánimo real, pero no se esfuerza en absoluto al cantar, y los ganchos esta vez resultan sosos e insuficientes. La letra de nuevo es oscura, depresiva, aguafiestas, por Dios, alguien que le de un Prozac!!!

Afortunadamente sigue “What You’re Doing”, una canción luminosa de Paul (jamás agradecí tanto la vena comercial de McCartney). Esta canción es genial, llena de ganchos, desde esa intro descomunal de bombo, el riff arpegiado, las excelsas armonías vocales, buenos puentes, parones en seco, un falso final con un gran regreso de bajo, un gran solo en el que se mezclan requinto y el piano de los dos Georges, y esa simpleza de Paul que a veces se pasa de melosa, pero que aquí resulta genial. Me gusta bastante, y aunque no es considerado un clásico, es la canción que más me gusta de este disco. Como nota, no sé si son mis nervios, o esta canción tiene un enorme parecido a “Satisfaction” de los Stones, casi 6 meses antes de que este himno generacional viera la luz. Los riffs de guitarra tienen apenas un vago parecido, pero si se fijan, llevan los mismos tiempos, y puedes tararear uno encima de otro. El fraseo de Jagger también es distinto, pero otra gran coincidencia es el momento en que la batería se queda sola sosteniendo la canción para un regreso descomunal. En fin, Keith Richard ha repetido hasta el cansancio que soñó “Satisfaction” como un blues lento y no dudo de su autoría, solo que no me resultaría sospechoso que ese acabado final haya sido inspirado por esta inofensiva pero gran canción de Paul. Por cierto, se supone que estaba dedicada a jane Asher, la novia de Paul, pero también hay quien afirma que está dedicada a los Byrds, y que de alguna manera el arpegio-riff es una mofa al sonido del grupo norteamericano.

El disco cierra con Harrison cantando “Everybody’s Trying To Be My Baby”, también de Perkins. La canción pasa sin pena ni gloria, es un rockanrolito, pero suena tan desangelado y carente de fuerza como el promedio del disco. La voz cargada de eco que las hace sonar más amplia que la original, y si acaso lo más rescatable es el solo al 1:09, que tampoco es incendiario ni demasiado memorable. Una canción apenas OK, pero sigo pensando que pudieron escoger covers con mucho mejor tino, o al menos interpretarlos con más energía, ya que pudieron funcionarles así en 1960-62 en el Star y The Cavern, pero para fines de 1964 los Stones y los Animals ya habían redimensionado este sonido.

 

Tomando todo esto en cuenta, este disco es un esfuerzo a medias, y más que una obra que aporte a la evolución del sonido Beatle, es un producto hecho para pegarle un moño rojo sobre una envoltura verde y darlo de regalo de navidad (por cierto, acorde a las fechas que se aproximan) a tus peores enemigos. Y parafraseando a mi estimado Mecko, en el sentido extramusical, puede servir muy bien para nivelar la tornamesa o las patas del reproductor de CD’s, o incluso para colocarlo afuera de la oficina junto a un letrero de “No Molestar” (las caras ceñudas al menos servirían de algo), y escucharlo apenas eventualmente, digamos, una vez por cada 30 oídas del resto de la discografía, nomás para que no se nos olvide que los Beatles también metían la pata y hacían discos “For Sale”. Bueno, quizá no es para tanto, pero siendo objetivos, éste es un trabajo promedio que podría ser de cualquier banda promedio, y los Beatles no lo son, por lo que me parece una falta de respeto a su público. Afortunadamente, este error no se repetiría jamás mientras funcionaran como cuarteto.
Resumiendo, si los Beatles no disfrutaron haciendo este disco, no veo por qué yo tengo que disfrutar oyéndolo. No es tampoco una mentada de madre que haga sangrar los oídos, pero queda muy, pero muy por debajo del nivel real del cuarteto. Por eso el 6, que puede ser exagerado para algunos, pero si no me pienso guardar los halagos para los discazos que sacarían a partir del ’66, al menos 3 entre los mejores de todos los tiempos, tampoco tengo por qué maquillar mi opinión sobre este disco… una mancha en la discografía Beatle, con avances técnicos y líricos, pero no musicales.

 

 

Por Corvan   

 

Letras de El Traductor de Rock 

 

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