FRAGILE (Yes, 1971)

Artista: Yes (C)

Fecha de Grabación: Sept del ‘71

Fecha de Lanzamiento: Noviembre de 1971, UK

Discográfica: Atlantic

Productor: Eddie Offird and Yes

Calificación: 10 (DISCO ICÓNICO, MUST HAVE)

Era: Progresivo (1969-???)

Subgénero: Progresivo


Mejor Canción: Roundabout

Canciones: 1) Roundabout; 2) Cans And Brahms; 3) We Have Heaven; 4) South Side Of The Sky; 5) Five Per Cent For Nothing; 6) Long Distance Runaround; 7) The Fish (Shindleria Praematurus); 8) Mood For A Day; 9) Heart Of The Sunrise.


Es curioso. Cuando pienso en Prog, rara vez se me viene a la mente Pink Floyd o Genesis. Lo primero que pienso es en Rush, o más comúnmente, en Yes. Y en particular, los sonidos del Fragile. Y es que este disco resume muy bien la esencia del género entero. Cómo es que Yes, potencialmente la banda más pretenciosa el universo, logró un disco tan redondo, uno que define al Rock Progresivo mismo? Bueno, hay un dicho que dice, si no apuntas al sol, jamás llegarás a las nubes. Los astros se alinearon para que las ideas de la banda resultaran a la perfección en este soberbio disco. Este disco sería el primero para Yes en varios aspectos, que los terminarían consolidando como una de las bandas referentes del género, justo cuando éste estaba en plena ebullición, y como un fenómeno del Rock en todo el mundo.

El disco marca el inicio de la asociación de Yes con el artista Roger Dean, que se encargaría de sus portadas en adelante, y que crearía un concepto visual muy particular alrededor de la banda. Para no ir más lejos, sería el encargado de crear el emblemático logo de Yes en forma de burbuja. Y por supuesto, tenemos a Mr. Rick Wakeman, que aparece por primera vez con la banda en este disco, con su blonda cabellera, sus sintetizadores, su moog, su mellotrón, su capa blanca con brillitos, y por supuesto, su enorme talento.

Pero no nos adelantemos. En Julio de 1971, la banda terminó el Tour del Yes Album, que les significó un gran éxito y a comenzar a despuntar como estrellas de Rock. Las críticas fueron positivas, el disco vendió bien, y el Tour llenó, a pesar de que el género era de difícil asimilación. En realidad fue un año muy bueno para el Progesivo, por lo que era aun más meritorio que estuvieran destacando en medio de tanta competencia. Tras la gira, la banda, aún con Tony Kaye en los teclados, se metió de nuevo al estudio para comenzar a preparar su siguiente disco, que originalmente tenían planeado como disco doble, mezclando un disco en estudio y otro en estudio. Como un Ummagumma, pero bien hecho, pues. En Agosto comenzaron a ensayar en los estudios Sheperd’s Market, pero las tensiones con Tony Kaye habían llegado al límite. El problema no es que no fuera un tecladista talentoso, sino que se negaba a intentar expandir sus sonidos con instrumentos como el Mellotrón o el Moog. Para él el piano y el órgano hammond eran suficiente, pero la realidad es que la banda veía a King Crimson o a ELP y se les caía la baba con lo que podían alcanzar con más instrumentos. AL parecer se le dio un últimatum, y al no haber respuesta de parte de Tony, Anderson y Squire le informaron que estaba despedido. El reemplazo obvio era Rick Wakeman, que estaba convertido en el sesionista más respetado y requerido de la época (y como referencia, su labor en “Space Oddity” de Bowie, y en trabajos con T.Rex, Elton John, y Cat Stevens). Ni siquiera audicionaron a más personas. Wakeman, además de trabajar como sesionista, había tocado en el grupo Strawbs. El grupo no estaba funcionando bien para mediados de 1971. En Julio lanzaron su primer disco, pero fue un fracaso, y lo que ganaba con la banda no ajustaba para pagar la hipoteca de su casa ni para mantener a su familia. Asfixiado económicamente, Rick decidió dejar los Strawbs y regresar a su labor como sesionista. A finales de Julio, la suerte le cambió. Recibió una llamada en la mañana, para que se uniera a una nueva banda. Se trataba de David Bowie, quien estaba armando lo que serían The Spiders From Mars en torno a él y a Mick Ronson. Una tabla de salvación. El futuro parecía resuelto, pero a medio día recibió otra llamada. Era Chris Squire, ofreciéndole un lugar como tecladista en Yes. Cuáles son las oportunidades de que esto pase? A decir de Rick, tuvo que tomar la decisión más difícil de su vida. Le pidió a Bowie que lo esperara y fue a probar con Yes. En el primer ensayo, prácticamente quedaron las bases de “Roundabout” y “Heart Of The Sunrise”, tocando Melotrón y Moog, que ya dominaba. Vio mayor potencial y oportunidad de lucir y colaborar en Yes, por lo que ya todos sabemos qué respuesta dio a Bowie.

Con Rick Wakeman en los teclados, se completaría la alineación clásica de Yes, un tremendo combo de virtuosos, que alcanzaría su mejor nivel con este disco. Wakeman no sólo trajo consigo nuevos juguetes, sino una mayor técnica y velocidad, un entrenamiento más clásico.

La alineación estaba lista, pero ahora tenían un problema. Habían gastado toneladas de dinero en conseguir el Sintetizador Moog y el Melotrón para Rick. Habiendo gastado la mayor parte del presupuesto en el equipo nuevo, esto impactó en el tiempo que podían disponer del estudio. Tenían prácticamente 4 piezas armadas por el grupo, pero eso no era suficiente, por más que intentaran extenderlas. Bill Brufford fue quien salió con la idea de agregar 5 tracks adicionales, uno por cada miembro. “Sentí que podíamos usar las cualidades de cada uno de nosotros de manera diferente. Así que dije, ¿Porqué no hacemos temas de manera individual, donde usemos al resto del grupo para cumplir nuestra fantasía musical? Yo seré el director, conductor y maestro por un día, luego hacemos tu track y te toca a ti ese rol, y así”. Esto permitiría a la banda avanzar mucho más rápido, al poder dividir las tareas y usar el tiempo en el estudio con diferentes tracks al mismo tiempo.

Así pues, tenemos la estructura del Fragile, que está armado por espectaculares 4 piezas en conjunto, 3 de las cuales pasan de los 8 minutos, y en los que dan una cátedra de virtuosismo combinado. Éstas 4 piezas conforman la columna vertebral del disco, pero están rodeadas de 5 piezas individuales, de menor duración, en que cada uno brilla en su instrumento. Como el Ummagumma, pero bien hecho, pues. Esto da al Fragile una mayor dinámica, y da oportunidad al escucha de tomar aire antes del siguiente tema épico. Ya lo había hecho Genesis, lo de alternar un tema largo con uno corto, y ellos mismos en el Yes Album. Sin embargo, aquí resalta ese contraste de la apantallante labor en equipo con las ideas y capacidades individuales.

Individuamente, todos andan en un nivel superlativo. Jon Anderson hace algunas de sus mejores melodías. Por primera vez no resulta cansado escucharlo, sino que sabe dar la modulación exacta, y llena de ganchos los temas. Lograría que por fin varios temas fueran considerados en la radio comercial, y que Yes tomara reflectores fuera del circuito Prog. Su tema, We Have Heaven, es realmente celestial, con esa sínfonia de voces que logra con overdubs. Wakeman luce por momentos escondido en la mezcla, pero tiene grandes momentos de lucimiento, y ciertamente aporta con los nuevos sonidos y texturas. Su pieza es una reinterpretación de Brahams, dando el toque clásico a la banda. Supongo que no hay mejor manera de llegar a un grupo que te pidan que aportes con una canción tuya. Steve Howe da el toque más roquero, agregando licks e intensidad a lo largo de todo el disco. Su tema es un gran trabajo en acústica, con tintes flamencos. Bill Brufford estaba decidido a ser el mejor batería del mundo, y a decir de muchos, este es uno de los mejores discos de batería ever. Incluso Phil Collins terminaría inspiradísimo tras escuchar una de las presentaciones en vivo de Yes! Su tema individual dura apenas poco más de medio minuto, y para muchos es la parte más débil del álbum, pero ese beat es endemoniadamente difícil. Chris Squire no se queda atrás. No sé mucho de batería, pero sí de bajo, y lo que hace aquí es simplemente espectacular. Línea tras línea de crocante bajo, con una gran rapidez y técnica, siendo además pegajosas. Se echa encima gran parte del álbum y resulta la figura líder de la banda. En su tema individual, parece no ser tan espectacular. Pero la percepción cambia cuando nos damos cuenta que son sólo él y Brufford. Porqué se oyen tantos instrumentos? Bueno, son 6 capas de bajos, una sobre otra, creando una compleja melodía con diversos efectos. A mi en lo particular, el Fragile es un disco angular en cuanto al bajo.

Dean haría el concepto de la portada y también propuso el título del disco. Esto porque la banda estaba en un punto crítico tras la salida de Kaye, y se sentía mucha fragilidad, incluso una posible ruptura de la banda. La portada refleja un mundo partiéndose. Afortunadamente, Yes no se desintegró, sino que salió con su obra maestra.



El disco arranca con “Roundabout”, echando toda la carne al asador con esta pieza épica de 8:36. Originalmente Anderson y Howe la escribieron como pieza instrumental, pero fue creciendo y creciendo, hasta que Jon decidió agregarle letras, basadas en un viaje de Averdeen a Glasgow en el que tuvieron que atravesar como 40 glorietas. El Fragile es un disco que mantiene la esencia de Yes, pero suena distinto a cualquier disco previo. Y desde el primer tema, salta al oído que Yes ha alcanzado un sonido más colectivo, más creativo y más virtuoso que nunca. El disco arranca con na nota de piano tocada al revés, dando una sensación vertiginosa y avanzada, justo antes del melancólico arreglo de Howe en agudos. Casi al :30 viene otra nota de Wakeman al revés, al :40 Steve mete el acelerador con una escala más rápida. Luego Brofford da la entrada con un intrincado ritmo, y Squire se roba el show con un riff espectacular y endemoniadamente rápido de su crujiente bajo. Esta primera parte es espectacular, oscura, vertiginosa, y con el bajo dominando. Howe va haciendo arreglos con armónicos, mientras que Wakeman luce discreto, pero es que es realmente astuto al agregar arreglos de manera precisa, Como en el puente descendiente al 1:40. Algunos tintineos aquí, ráfagas allá, todo con distintos instrumentos, que en vivo, llegaban a ser hasta 12! Después tenemos una parte más luminosa, con una gran melodía de Jon: “In and around the lake, Mountains come out of the sky and they stand there”, con Steve hacienda una gran labor de guitarra, manteniendo él solo hasta que el teclado se une, y posteriormente la sección rítmica, para reventar la canción al 2:15 con el “I'll be there with yoooooooooooooooou” y arrancar de nuevo. La banda comienza las progresiones, repitiendo la secuencia, pero haciendo pequeñas modificaciones en sus líneas e intercalando solos. Al 3:20 Rick nos rafague acon el teclado para dar paso a otra brutal línea de Squire, que suena oscuro y amenazador. Brufford, mientras tanto, está convertido en un pulpo, mientras Jon hace otra gran línea melódica: “Next to your deeper fears we stand surrounded by a million years”, y Wakeman estrena su moog. Tras esta intensísima sección, al 4:55, vuelven a bajar los decibeles y replican la intro, esta vez con mayor presencia de teclados. La magia de Yes, particularmente en las piezas complejas de este disco, es que atinan a transicionar el instrumento dominante sin que se note demasiado. Tras un pequeño crescendo a cargo de Jon, tenemos otra parte instrumental, más Funky, y donde ahora si escuchamos la técnica de Wakeman en todo su esplendor. Luego toca el turno a Howe, que hace un rapidísimo solo, y posteriormente los instrumentos comienzan a alternarse, en un espectacular diálogo, mientras bajo y batería estallan al fondo. El cierre es de nuevo con la figura principal (cómo hace Chris esas escalas TAN rápidas?) que se desvanece para dejar un gran despliego vocal de Anderson con los “Da, dara, dap daaaa dará” con montón de overdubs. Yes nunca alcanzaría un balance tan perfecto entre la complejidad del Prog y la accesibilidad del Pop. El tema es memorable de principio a fin, con un bajo de antología, multipartes muy bien transicionadas, y un debut espectacular de Wakeman. El tema sería su primer verdadero éxito de radio, con una edición especial más corta, por supuesto. Pero esto ayudó a que el single también escalara en ventas y, posteriormente el LP. Probablemente la canción más conocida de Yes, y definitivamente una de las mejores de su extensa discografía.


Sigue “Cans And Brahms”, el tema de Rick. Es en realidad una adaptación de la Sinfonía No. 4 en Mi Menor de Johannes Brahm, con un piano eléctrico haciendo la sección de cuerdas, clavecín para el órgano de tubos y sintetizadores para los contrabajos. Wakeman no pudo hacer un tema propio aquí por el contrato que aun tenía firmado con A&M Records a través de los Strawbs. El tema suena tonto de inicio, en especial de “Roundabout”, pero tiene su encanto, es una adaptación difícil y termina dando ese toque de diversidad al disco. Por otro lado, me parece que lleva una dedicatoria especial. No les parece que tiene cierto aire a los fragmentos clásicos de Keith Emerson en ELP? El tema, en cualquier forma, dura menos de 2 minutos, y es una buena muestra de la escuela y maestría del nuevo teclista de Yes.

“We Have Heaven” es el tema de Anderson, donde se dedica a armonizar con sus propios overdubs durante minute y medio. El resto de la banda colabora un poco, haciendo una instrumentación discreta, pero definitivamente Jon es la estrella aquí, la hacer esas armonías celestiales, con el mantra “Tell the Moon dog, tell the March hare” o “He is here, to look around”, que son las únicas letras. Un tema corto, relajante, y en donde nos da muestra de su capacidad vocal, haciendo increíbles juegos con los overdubs en 17 canales.


Continuamos con “South Side of the Sky”, que es el segundo de los temas en conjunto, rayando los 8 minutos. Inicia con el sonido de pasos y un rabioso portazo. De hecho, en mi CD, esto aparece como final de “We Have Heaven”, por lo que quizá los tiempos en la reseña no sean precisos. El tema tiene un ambiente gélido, por el efecto de aire polar que suena al inicio y en distintos momentos. Anderson inició la idea, sacando en guitarra los primeros versos. Es una de sus letras más oscuras, sobre la muerte, y como el sueño es una especie de réplica pequeña. Steve agregaría el riff principal de guitarra de una composición con una banda previa, y luce por grandes fragmentos, agregando licks, escalas, alineándose a Squire por ratos y luego separándose de nuevo. Chris por cierto, sería coacreeditado por ese otro estupendo riff de bajo, que inicia alrededor del 1:20. Wakeman va agregando pequeños adornos, pero su momento de brillar llega con el interludio que inicia alrededor del 2:20, con unos preciosos arreglos de piano, cada vez más nostálgicos. Después vienen armonías de Jon, Chris y Steve, alternando “nananaás” con las escalas de piano, creando un momento de delicada belleza. La canción va subiendo de intensidad poco a poco (chequen a Brufford). La canción se difumina con las escalas cada vez más agudas de Rick, hasta que nos quedamos con el aire gélido, y la banda regresa al 5:50 con un brutal tarolazo y otra línea de antología de Squire. Jon suena más furioso que nunca, mientras hace su alegoría sobre la muerte en el ártico. La canción se va volviendo más y más compleja, con todo mundo haciendo solos a un tiempo (destacando Howe en la coda), pero entretejidos de gran manera, hasta el fade out que nos deja con la nieve cubriendo el cadáver. Hay rumores de que Kaye hizo las partes de piano y Wakeman simplemente las replicó. Sin embargo, la mayoría de las fuentes dicen que Rick es el autor de las partes de teclado. No se le acreeditó a pesar de su gran aportación, por el problema legal con su anterior disquera. Atlantic le habría prometido un dinerito a cambio, pero jamás vio un centavo por su labor en este tema. Una gran canción, en cualquier caso, muy poderosa, menos accesible que “Roundabout”, pero mostrando un similar despliegue técnico y conjunción.


Sigue “Five Per Cent For Nothing”, el tema de Bill Brufford, donde hace un intrincado tiempo para que los demás lo acompañen con extravagantes arreglos, por apenas 38 segundos. El título hace referencia al pleito con su anterior manager, Roy Flynn, que los obligó a pagarle 5% de futuras regalías.


Luego tenemos “Long Distance Runaround”, que es el más corto de los temas de conjunto, con apenas 3:30 e duración. Inicia con in curioso riff de Howe, que parece sacado de algún videojuego viejo. Luego entra Squire con esa rapidísima línea y Brufford con sus toques jazzys. Jon entra con una melodía semilenta, que se va volviendo juguetona y McCartneyesca: “Did we really tell lies, Letting in the sunshine, Did we really count tooooooo ooooooooone huuuuuuuundred”. La canción revienta al 2:20, con bajo y batería vueltos locos, en un breve interluidio antes de volver a los semilentos versos. Squire hace por momentos rugir su bajo. Sería una de las últimas piezas con aires pop en muuuuuucho tiempo por parte de Yes. Aunque tuo éxito en la radio y es otra de las piezas conocidas de Yes, hay que remarcar que es bastante compleja, empezando por los multitiempos. Mientras que bajo, teclado y guitarra van en 4/4, la batería va en 5/8, encajando por esas cuestiones de la música que uno no alcanza a comprender.


Al final, se enlaza con “The Fish (Shindleria Praematurus)”, el tema individual de Chris Squire, a través de los arreglos de sintetziador de Wakeman. Este tema es ni más ni menos que Squire tocando 6 capas de bajo para crear las diversas melodías y texturas, que van desde los armónicos con que inicia, pasando el efecto crujiente que es su sello, uno con phaser que hace escalas medias, uno haciendo arañitas mucho más agudas e intensas al fondo, otro con wha… Brufford le lleva el ritmo y al final Jon canta el Shindleria Praematurus, que es un pez prehistórico. The Fish era el mote que tenía Squire en su infancia. La pieza quizá no llame demasiado la atención, pero a los bajistas nos deja simplemente babeando, confirma el gran nivel que traía en este disco, y en general porqué es considerado de los mejores de la historia. Sólo a él se le hubiera ocurrido una sinfonía de bajo!


“Mood For A Day” es el tema de Steve Howe. Mientras uno hubiera esperado una cátedra de solos con 25 guitarras a la Jimmy Page, Steve se lo tomó con calma y hace su despliegue con bastante mesura, con una guitarra española, y haciendo un tema de tintes flamencos, demostrando que no se necesita parafernalia, ni 17 pedales para derrochar talento. El tema es ligero, bello, y sirve como respiro antes del último tema épico.


El disco cierra con “Heart Of The Sunrise”, la última pieza en conjunto, y la más larga, llegando a los 11:30. Arranca con unos extravagantes parones y arrancones en 6/8, que recuerdan el fragmento “Mirror” de “21st Century Schizoid Man”. La parte jazzy termina al :30 y luego comienzan a armar todo alrededor de otro exquisito riff de Squire. Los sintetizadores de Rick aquí son cruciales, dando un aire etéreo, pero creando una tensión sublime. Los tarolazos de Brufford dan el tiempo para acelerar de nuevo en complejísimos riffs a toda máquina. Bajo y guitarra se entrelazan y espejean por momentos, mientras Wakeman cambia de instrumentos para dar distintas texturas. La intro acaba al 3:30, con una intensidad tal, que apenas nos damos cuenta que Anderson no ha aparecido. Lo hace de manera sutil, apenas con delicados arpegios de Howe. La melodía no es particularmente memorable aquí, pero Jon va subiendo lentamente la intensidad, mientras los demás se van incorporando uno a uno y aportan en el lento crescendo, hasta llegar al 6:10 con el “SHARP-DISTANCE, How can the wind with so many around me, I feel lost in the cityyyyy”. Después agregan extrañísimos interludios instrumentales, y van alternando momentos tranquilos con explosiones sónicas a velocidad de la luz, con un solo tras otro, en una exhaustiva montaña rusa. Al 9:30 inicia una sección más lenta y melódica, con Jon cantando dramáticamente y cerrando con ese frenético pedazo a la “Schizoid Man”. Bueno, no, cuando terminan con esto, aun tenemos un reprise de menos de un minuto de “We Have Heaven”, con la que cierra el disco.



En fin… El Fragile, con todo y que estuvo muy apresurado y fue muy circunstancial, terminaría siendo una pieza angular del Prog. Precisamente por la gran conjunción de individualidades. Es un disco donde se conjuga todo de manera maravillosa. Las melodías y ganchos de Jon que permitieron que el disco tuviera éxito comercial (vendería 2 millones de copias y alcanzaría doble platino ese año), pero a la vez la enorme complejidad en el armado de los temas y el manejo de tiempos, así como las estructuras vocales. Por otro lado, muestra a los nuevos fans de entonces en qué eran buenos cada uno de los integrantes. Es como una especie de presentación de Yes: “Éstos somos cada uno de nosotros y estos somos combinados”. El resultado, insisto, es increíble. Es un disco al que hay que dar varias escuchadas para ir siguiendo a cada miembro en los temas en conjunto, y maravillarse con lo que cada parte hace. A fin de cuentas, no es solo la mejor carta de presentación del nuevo Yes, sino, del Progresivo en general. Un Must Have, sin duda.


Por Corvan

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