GISH (Smashing Pumpkins, 1991)

Artista: Smashing Pumpkins (D+)
Año de grabación: Dic ’90 – Mar ‘91
Fecha de Lanzamiento: 28 de Mayo de 1991, USA
Discográfica: Caroline
Productor: Butch Vig
Calificación: 7

 

Era: Alternativo II: La Gran Explosión (1990-1999)

Subgénero: Alternativo 

Mejor Canción: Rhinoceros o Siva Canciones:

Canciones: 1) I am One; 2) Siva; 3) Rhinoceros; 4) Bury Me; 5) Crush; 6) Suffer; 7) Snail; 8) Tristessa; 9) Window Paine; 10) Daydream. Canción Oculta: 11) I’m Going Crazy.

 

El Gish es un álbum que difícilmente es mencionado por nadie, es muy ignorado por los fans y menospreciado por la crítica. Incluso la misma banda toca pocas canciones de este disco en sus presentaciones. Si acaso Siva y alguna que otra de vez en cuando. Sin embargo creo que es un disco importante en la Era Grunge, y en más de un sentido, tiene algún parecido con el Bleach de Nirvana. La cuestión es que los Smashin’ Pumpkins tienen una rara mezcla de influencias Grunge, Punk, New Wave, Heavy Metal, Psicodélico, Dream Rock, Power Pop y electrónico; nunca fueron realmente considerados dentro de la corriente Grunge sino más bien en el Alternativo, reinventándose cada cierto tiempo. Sin embargo el Gish es su disco más crudo, más duro, y definitivamente no descuadra nada con el Sonido Seattle, pero no tuvo suficiente resonancia en su momento, y cuando la banda logró el éxito, ya se estaban moviendo entre otros sonidos. El problema es que ese mismo año Nirvana lanzaba su Nevermind, Pearl Jam el Ten y Soundgarden el Badmotorfinger, tres obras maestras del Grunge que evidentemente lo ensombrecieron. Y si a eso sumamos que este disco tiene esos pequeños defectos propios de los debuts, tales como demasiado ímpetu, pero poco cuidado en los detalles y después de un rato muchas canciones suenan extrañamente similares, y que el álbum se convierte en un sonsonete un poco monótono, pues se entiende que no sea de los favoritos de su discografía. Pero no es malo. Al menos es bastante mejor que los debuts de Nirvana y de Soundgarden!

El Gish, pues, comparte con el Nevermind una violencia inusitada, mucha adrenalina, mucha distorsión y guitarrazos. Sin duda es el disco más pesado de los Pumpkins a pesar de tener un par de baladitas. Pero también comparte ese desorden, esa monotonía, esa especie de falta de planeación con tal de demostrar la fuerza bruta de la banda. Vig Butch, por otra parte, comete exactamente los mismos errores. El Gish tiene una producción horrible, apelmazando los instrumentos, y dañando particularmente la magistral batería, que pierde la profundidad que debería tener y parece en cambio un set de ollas presto. Aún así, la batería de Chamberlin es el instrumento que más luce, impulsando las canciones, haciendo espectaculares redobles y solos y opacando definitivamente al resto. Otro punto fuerte es el bajo. Casi nadie ha mencionado que es el disco de los Pumpkins donde más luce D’arcy, tomando el bajo un rol protagónico en casi todas las rolas. En los discos más conocidos de los Smashin, D’arcy no tuvo oportunidad de lucirse como lo hace en este debut, ya que comenzaron a enfocarse más en la creación de atmósferas. Aquí la sección rítmica es monumental, y hay líneas memorables, como las intros de “Bury Me” y “I am One”, o la línea de “Crush”. Vig le da relevancia subiéndole el volumen a D’arcy por encima de sus compañeros. Jamás en un disco del grupo el bajo será tan poderoso. Billy Corgan y James Iha hacen una buena mancuerna en las guitarras, pero por momentos suenan demasiado ruidosos y desbocados. Está claro que el único virtuoso alrededor usa baquetas, por lo que tratar de ensartarle a veces hasta 3 requintos a una canción sin ser demasiado técnico me parece excesivo. Además no hay riffs monumentales. Hay algunos relativamente buenos, pero nada como los riffs históricos con los que saldrán en los próximos discos. Por lo demás, no es un disco perfecto. Son los Smashin’ Pumpkins tratando de encontrar su sonido. Se pueden percibir además los indicios del magistral Siamese Dream. Después de algunas escuchadas uno se da cuenta de que tampoco varían demasiado en las atmósferas, en los tonos, en las técnicas para armar las canciones, y eso lo convierte en un disco pesado, demasiado denso a pesar de su corta duración. Y la voz de Billy! En realidad nunca mejorará más que esto, pero siendo los demás discos más variados, aquí su voz nasal contribuye a que el disco se vaya volviendo cada vez más pesado conforme transcurren los minutos. Me parece que las rolas funcionan mucho mejor por separado, ya que no encuentro realmente ningún tema que sea desastroso.

 

El album abre com “I Am One”, una rola cargada de dinamita. Inicia con un impresionante beat acelerado de Jimmy Chamberlin, al que se le une un oscurísimo e hipnótico riff de bajo y luego entran las guitarras, con Power Chords lentos y espesos, con el fuzz a todo, creando entre todos un ambiente enrarecido, denso, violento. La guitarra se acelera y crea un riff más acelerado espejeando el de D’arcy. Y luego viene la voz, enigmática, quizá demasiado nasal de Billy, y con esas letras enigmáticas. La canción es muy buena, tiene un punch tremendo y te pone a brincar de inmediato. El problema es que carece de demasiados recursos, y a falta de ellos le ensartan tres solos, uno al 1:40, otro al 2:30 y otro más al 3:25. No están mal, pero Corgan no es un virtuoso, y la canción se satura un poco con tanto requinto. Por lo demás la sección rítmica es impresionante, y ellos solos logran que la canción termine funcionando y te deje pegado al asiento. Me encanta particularmente la parte en que D’arcy se queda sola al 3:15 con su línea, casi maligna y de pronto todo estalla. Buen inicio!

Apenas estamos asimilando la ferocidad del primer track, y viene a embarrársenos “Siva”, otra canción potentísima, una especie de grunge psicodélico. Igual de rápida y dura que la anterior, “Siva” inicia con pesadas distorsiones que dan forma al riff que irá hilando toda la canción. En esta rola Jame Iha hace espectaculares arreglos a lo largo y ancho, llenando la canción de pirotecnia, mientas Jimmy desbarata su batería de forma espectacular. Buenos cambios de ritmo, parones, redobles, minisolos de batería… Incluso Billy suena bien, con una melodía vocal muy fuerte y ganchos pegajosos. Luego tienen una sección rarísima, cortando toda la violencia de tajo al 1:50 y encajarle una baladita-nada-que-ver-con-la-rola, la parte de “Sprinkle all my kisses on your head”, que desconcierta unos instantes en que la canción baja a un susurro para estallar luego en un solo todavía más chirriante y violento que los tres de “I Am One” juntos. Y luego un falso final! Parece que la canción termina, pero luego se oyen un tamboreo leve, acordes extraviados de las guitarras y Corgan vuelve con el mantra, en voz muy baja, para luego atropellarnos con un tremendo solo de batería adornado con guitarras. Y regresan al pegajoso puente “I don't live - I inhale, I don't give - I unveil”. Que cierre tan brutal. "Siva" es una canción rarísima, pero a mi gusto logra funcionar de manera espectacular los cambios y esa especie de jam, con los cambios de ritmo y todo. De mis favoritas del disco. Si alguien podía idear un Grunge psicodélico, ese era Billy Corgan.

El disco continúa con un increíble nivel en su inicio con “Rhinoceros”. Después de dos rolas tan potentes, se agradece que esta canción sea más lenta y melódica, con ciertos aires de ensueño. James va agregando arreglitos cargados de delay que resultan muy hipnóticos, encantadores. Billy por su parte hace una voz suave en una melodía vocal simple, pero muy efectiva. Y el bajo va creando una exquisita telaraña y escalas, aunque esta vez se pierde un poco por el bajo volumen. La canción va transmitiendo una fuerte carga de nostalgia, y poco a poco va alcanzando dimensiones épicas. La verdad está muy bien hecha y no le pide nada a otras grandes baladas como “Dissarm” o “Drown”. Al minuto 3 las guitarras toman más distorsión, y medio minuto después Billy hace un enorme solo. La canción ya no baja de intensidad. Jimmy se las ingenia para sonar gigantesco durante la segunda mitad, aunque la rola en realidad no aumenta de tiempo, si le agrega redobles y arreglos que lucen mucho. En fin, excelente canción, que no le pide nada a las rolas clásicas de los Smashin’ y en la que los cambios de intensidad funcionan a la perfección.

La siguiente es “Bury Me”, que inicia con feedback y un riff asesino de bajo. De verdad, que D’arcy Wretzky nunca sonará tan monumental como en este álbum. Aquí Iha apoya ligeramente a Billy con la voz, alternándose por momentos. El ritmo es incendiario, y la guitarra atestada de distorsión va espejeando el bajeo para hacer una canción muy poderosa, y muy rockera. Al 2:50 se nota que empiezan a fraguar algo. La batería se queda sosteniendo sola la canción y luego entra una nueva línea de guitarra. La canción se ensucia, y se vuelve mucho más grungera. Y comienza el solo al 3:20, durando más de un minuto. Nuevamente me parece demasiado largo para las habilidades de Corgan, y es por ello que no marco la canción en rojo a pesar de una línea de bajo tan cool. Al final nos quedamos con el mismo feedback extraño con que iniciamos.

Luego viene “Crush”, una baladita acústica con la Iha haciendo arreglos ácidos pero supercutes con la guitarra eléctrica cargada de delay. La melodía es hermosa, y Corgan se las arregla para sonar genial, casi íntimo con esas voces susurradas por momentos. Un gran bajeo, que luce complejo, haciendo escalas y luciéndose para la simplicidad de la rola. Esta vez Jimmy se contenta con sacudir el pandero, pero la canción, casi minimalista a comparación del resto del álbum, luce con las vestiduras perfectas, cálida, evocativa, emocional.

El problema viene ahora. La primera parte luce impecable, pero hacia el final el disco se empieza a caer. Insisto, no es propiamente que haya canciones horribles, pero todo lo demás es reciclaje de estas primeras cinco rolitas y el disco comienza a hacerse muy pesado. Empezamos el sufrimiento con “Suffer”, que intenta hacer una especie de mantra acústico, con un pequeño twist muy al estilo de “Venus in Furs” de los Velvet. La atmósfera no es demasiado distinta a “Crush”y realmente pocos cambios. 4 minutos me parecen demasiado para preparar el brevísimo estallido del final. No es mala, y es ciertamente hipnótica, pero hay algo que falta… o quizá es que le sobra la mitad del tiempo.

Luego está “Snail”. Mhh… muchos la consideran de las mejores del disco. A mi me parece muy sosa. Billy hace una buena interpretación vocal, muy emotiva y todo, pero por lo demás es masticar los mismos sonidos, trucos y efectos usados anteriormente. Previsiblemente empieza como una balada arpegiada, y previsiblemente hacen cambios de ritmo haciéndola cada vez más heavy. La guitarra de Iha suena igual. El solo de Corgan suena igual. No, la verdad ya no sorprende, y el disco se empieza a volver muy pesado. Lo único que me sigue sorprendiendo es el formidable solo de Chamberlin hacia el final.

“Tristessa” es, a mi gusto, la más flojita del disco. Es cierto, tiene un gran riff, que básicamente es de batería. Pero por lo demás son apenas un par de cambios en toda la rola. A estas alturas la voz de Billy comienza a sonar fastidiosa, sobre todo cuando la vuelve totalmente nasal en los versos. Los solos y el sonido de la mitad de la canción no es muy diferente al de “I Am One”. Parece que la banda se esfuerza en sonar muy potente, en demostrar que pueden romperle las pelotas a cualquiera. Si, la canción tiene fuerza, pero creo que le falta alma, y suena demasiado forzada.

Enseguida tenemos “Window Paine”, que es otra canción con fuertes influencias Velvetundergroundescas. Desde ese estilo tántrico, y el uso de los tonos, que en un inicio son solo Re y Mi, casi la firma de Lou Reed. El inicio es atmosférico, tranquilo y luego van subiendo de a poco la potencia hasta convertirla en un jam monstruoso, lleno de feedback y distorsión. No sé, no está mal, pero cuando la escucho no puedo evitar tararear “Heroin”. Lo mejor es ele cierre, en el que le suben un poco el tiempo, y el mero final, en el que las guitarras le responden desafiantes a la batería.

El Gish cierra con “Daydream”, una baladita acústica muy mona cantada por D’arcy. En realidad canta con el mismo tono y textura de Billy, solo que menos nasal. Jajajaa. El cambio a una voz más suave y limpia se agradece después de tanto rato con Billy. La canción está linda, con una preciosa melodía vocal, y una atmósfera de ensueño. Al 1:30 se agrega una tierna sección de cuerdas, que recuerda un poco lo que realizarán en el Mellon Collie. En fin, una cosa muy simple, pero linda, y de apenas 2 minutos. Dentro de este track viene una canción oculta llamada “I’m Going Crazy”, una especie de broma de de Billy, de unos cuantos segundos y que no alcanza a dañar el buen sabor de boca que deja “Daydream”

 

Buena presentación de los Smashin’ Pumpkins, que desgraciadamente no es muy consistente. No es un disco con demasiadas variaciones, y eso en parte se debe a la inmadurez de la banda y a la incompetencia del productor. No es un disco perfecto, pero se nota el potencial de la banda, que explotará en el Siamese Dream. También hay ya nota del enorme ego y pretencionismo de Billy Corgan que se reflejará en el Mellon Collie. Aún así vale la pena. Porqué? Esta es la base sobre la cual los Pumkin’s se convertirán en una de las bandas más representativas de los 90’s. El disco vale por escuchar a los Pumpkins más crudos y grungeros, más agresivos y naturales. Es el disco donde más luce D’arcy. Jimmi luce como siempre, monumental, metiéndole un punch tremendo a las rolas. Y Billy tenía pelo!

 

 

Por Corvan 

 

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