IN THE COURT OF THE CRIMSON KING (King Crimson, 1969)

Artista: King Crimson (C)
Fecha de Grabación: Jun - Ago ‘69
Fecha de Lanzamiento: Octubre 10, 1969. UK
Discográfica: Island / Atlantic
Productor: King Crimson
Calificación: 9.5 (Must Have)

 

 

Era: Progresivo (1969-???)

Subgénero: Progresivo  

Mejor Canción: 21st Century Schizoid Man

Canciones: 1) 21st Century Schizoid Man; 2) I Talk To The Wind; 3) Epitaph; 4) Moonchild; 5) The Court Of The Crimson King.

 

Qué se puede decir de este disco que no se haya dicho ya? La verdad es que es un álbum soberbio, de gran manufactura y casi impecable. Salvo los detalles experimentales que siguen sin convencerme en “Moonchild”, es un disco con una calidad abrumadora. El inicio con banderazo del progresivo. Bueno, no; ya se habían adelantado Genesis por unos meses con su From Genesis to Revelation, y el recién reseñado Ummagumma de Pink Floyd también puede considerarse como el salto de Floyd del Psicodélico al Progresivo, más algunos otros discos que pudieran considerarse. Pero el In The Court Of the Crimson King es algo así como el banderazo oficial, EL disco por antonomasia que representa el Prog Rock con todas sus cualidades (y hasta sus defectos, con ese pretencioso y raro collage), y que marcarían la tendencia de los siguientes 3 o 4 años en el género. Vamos, este disco es TAN importante que de aquí salieron futuros miembros de Yes, ELP y Roxy Music (y hasta Foreigner!!!), y posteriormente hasta miembros de Genesis pasaron por esta escuela. King Crimson pudo no ser LA banda progresiva por excelencia, y no tuvo tantos reflectores como otras, pero sin duda fue el epicentro, la escuela, el punto de partida y referencia para las otras bandas. Será cuestionable si este es el primer disco Prog o no; será cuestionable si es el mejor disco del género o no (yo no estoy seguro siquiera que sea el mejor de King Crimson, me gusta más el Discipline), pero lo que es incuestionable es que este es el disco más influyente de la historia progresiva.

La portada es tan monumental como el álbum, una de las más emblemáticas de la historia del Rock. En realidad es una pintura que hizo Barry Godber, un amigo de Fripp que en su vida había pintado o diseñado una portada. El tipo murió en Febrero del ’70, apenas unos meses después del lanzamiento del disco y Fripp se quedaría posteriormente con los originales. La portada en realidad es doble, extendiéndose para mostrar al Schizoid Man en un angustiante grito, y por dentro encontramos al Rey Escarlata, con colmillos y una sonrisa enigmática. Si le tapan la sonrisa, se pueden ver unos ojos de tremenda tristeza, según el mismo Fripp. Esta doble portada refleja de laguna manera la innovación, el sonido y la intensidad del disco. En cd se pierde por completo el gran efecto del acetato.

En este debut de apenas 5 canciones, la banda establecería los lineamientos del Prog Rock: la experimentación sonora alcanzada a través del melotrón en este disco, y que después caracterizaría a King Crimson en el uso de las últimas herramientas musicales; Los solos impresionantes de Fripp; letras fantasiosas que buscan tener más profundidad de la habitual; melodías fuera de los estándares tradicionales de la escala de blues; piezas de más de 7 minutos con subpartes; percusiones interesantes. Y los miembros que son un verdadero “Dream Team” en los terrenos progresivos y que después se irían a otras bandas colosales a aplicar lo aprendido. Todo esto hace que este disco sea uno de los más interesantes y respetados de la historia.

 

El disco abre con “21st Century Schizoid Man”, una de las mejores canciones de todos los tiempos. La canción es brillante desde el principio, con esos sonidos electrónicos intrigantes durante casi 3ª minutos. Si uno no está acostumbrado, puede pensar que ya se descompuso el reproductor de acetatos o cds, jajaja. Al :30 entra en forma la canción con ese riff monumental, con una guitarra cargada de distorsión, el sax de McDonald espejeando y la batería sonando casi abrumadora, sin dejar un solo espacio, para una ambientación verdaderamente apocalíptica y que no parece de 4 instrumentos. A esto se suma la voz de Greg Lake, modificada electrónicamente para sonar también lejana y concierta distorsión. Se supone que, tras las sesiones de grabación, una de las pistas de los masters se perdió, ocasionando que algunas de las secciones de alta frecuencia del disco fueran eliminadas sin querer. No sé si la voz fue afectada a propósito o no, pero queda perfecta, suena convincente, desesperada, esquizofrénica, y verdaderamente llega a asustar por momentos. Las letras, aunque breves, son muy buenas, haciendo referencia a la guerra de Vietnam que apenas se descubre con la línea “Innocents raped with napalm fire” y haciendo una durísima crítica a la clase política estadounidense a través de filosas metáforas. Al minuto 2 la canción entra en una nueva dinámica con un riff acelerado más cercano al jazz, con un bajeo frenético y para aplaudirle a Lake. La batería también es colosal, en toda la rola, y en general es casi imposible no pensar que es Keith Moon sentado en el banco y masacrando la batería, y es que Giles no da tregua alguna, no da un resquicio con las baquetas. La guitarra es aguda y con efectos extraños y chirriantes, empezando el solo al 2:45, y prácticamente en esta sección llamada “Mirrors”, se conjugan lso tres solos: de batería, guitarra y bajo, en una especie de free jazz hasta el 4:16, en que entran las trompetas con un riff extraño, sin bajar la intensidad. Después vienen unos parones y arrancones a un ritmo para volverse loco, en el que todos los instrumentos están perfectamente sincronizados. La canción baja en potencia, pero aumenta en velocidad. Al 5:25 vuelven a la figura secundaria, dirigida por el sax de McDonald, y al 5:50 ruge la guitarra para regresarnos al apocalíptico riff inical. La voz de motosierra cargada de veneno suena de nuevo para regresar a los versos para una vuelta más. Luego los instrumentos comienzan a acelerarse con una figura circular hasta que cada quien va por su lado en una explosión rarísima y sin métrica alguna. Cuando parece que ya terminó todo, repiten el truco y la rola por fin acaba al 7:30 en algo que a mi siempre me ha parecido una implosión cacofónica exquisita. Qué brutos, qué canción!!!

Sigue “I Talk To The Wind”, una baladita pastoril muy relajante, con excelsos juegos de flautas y melotrón. La melodía vocal es linda y suave, y contrasta con al casi violencia de la primera canción. La rola es pomposa, y en todo su aire pastoril y campestre no se puede evitar sentir una canción muy pretenciosa y compleja en su aparente sencillez. Pero a fin de cuentas está muy bien armada y resulta encantadora como un cachorrito, es imposible no terminar adorándola. Los juegos armónicos de las flautas y el melotrón sen deliciosos, y el solo de flauta dulce al 3 y al 4:30 son muy ricos y evocadores. Realmente parecen pajarillos trinando al viento, y no creo que le pidan nada a los grandes solos de Ian Anderson de Jethro Tull. La batería es gentil, esta vez resaltando figuras y destiempos del jazz, pero de manera casi impredecible. En fin, toda la banda va llevando la canción suavemente a través de sus seis minutos, transportándonos con una melodía de seda.

Después está “Epitaph”, otra enorme canción, en la que Greg Lake nos conmueve con su mejor interpretación vocal del álbum entero. La canción es bellísima, con una guitarra arpegiada en tonos menores y muy dramáticos. EL melotrón hace ese espectacular efecto de orquesta, creando crescendos y manejando la intensidad junto con la voz de Greg, como casi al minuto 4, cuando parece que llega una ola gigantesca de sonido y luego la rola casi se apaga. Es impresionante cómo se las ingenian para generar una tremenda cantidad de emociones. Los teclados por momentos lucen sumamente etéreos, celestiales, detrás de las gigantescas armonías vocales. Los arreglos de Fripp en la guitarra, haciendo pequeños arpegios, rasgueos contrastares y muy marcados, y minisolos llegan directamente al corazón. Hacia el 6:40 comienzan a preparar la coda con la línea “Yes I fear tomorrow I'll be crying” repitiéndose, un poco más dramática, subiendo la batería y los teclados, mientras que la voz va sonando cada vez más lejana. Impresionante. Al final uno queda sin saber qué ha pasado realmente. Uno de los momentos cumbres del Rock.

El buen momento se ve roto por la pretenciosa “Moonchild”. Empieza bien, un poco semejante a “I Talk To The Wind” y parece que va a ser una balada suave. La voz suena con un efecto encerrado y la figura lejana del melotrón está cargada de una gran tristeza. Todo va promisoriamente bien hasta el 2:20 cuando acaba la sección llamada “The Dream” en sí y todo se convierte en un collage caótico de vibráfono y sitnetizadores, con algunas percusiones igualmente sin sentido. Esta sección, llamada “The Illusion”, y durará hasta pasados los 12 minutos. Por momentos se vuelve muy fastidiosa, pero no llega a hacer sangrar los oídos como el Ummagumma. No sé porqué las bandas progresivas piensan que estos experimentitos avant garde de ruido sin sentido son cool. Y no tendría nada en contra de ello si no las hicieran tan insoportablemente largas, como si de verdad hubiera algo sustancial en ellas. Estos 9 minutos son lo único feo del disco, por lo demás perfecto.

Finalmente el album cierra con “The Court Of The Crimson King”. Es otra canción grandilocuente, con aires medievales majestuosos, de un ritmo lento, pero con atmósferas cargadas, pesimistas, de una gran tristeza. Es una rola épica, dividida en varios movimientos o subpartes. La parte “orquestada”, que en realidad es el melotrón con sonidos casi acuáticos, se llama “The Return of the Fire Witch", con un gran movimiento envolvente patrocinado por McDonald, junto con un gran despliegue vocal armónico que se funde para crear esa muralla de sonido casi celestial. Lake canta casi con desesperación, las guitarras arpegiadas que aparecen durante los versos también suenan desoladoras. La batería es tremenda, haciendo unos remates justo antes de “la ola” de sonido del riff principal. Las letras refieren a la corte del Rey Escarlata, que es el mismísimo diablo. Salvo las evocaciones medievales, no es la gran cosa, y ni por lejos tan maravillosa como “Epitaph”. Al 4:15 tenemos un solo de flauta con los platillos tintinenado como acompañamiento, hasta el 5:25 cuando regresamos a los versos con esas guitarras desesperadas. Al 6:45 parece que la canción acaba con un heroico final, pero la pista sigue corriendo, y entra en escena el fragmento “The Dance of the Puppets", donde la banda hace juego libre con Melotrón y otros sonidos sin orden ni tiempo, más bien improvisando. Ya cerca del minuto 8 regresan al movimiento principal para una majestuosa coda. Si anteriormente había duda sobre lo que era una canción Épica, esta rola las despeja de una vez por todas. Una canción soberbia, agridulce, majestuosa, y que combina a la perfección las capacidades de sus músicos para crear una pequeña obra de arte.

 

En fin, en este disco hay de todo en apenas 5 canciones. Guitarras potentísimas al estilo de Hendrix, con solos rimbombantes y riffs apocalípticos para los fans hardrockeros: Presente! Arreglos rebuscados, orquestales, con complejas composiciones en suite para los fans del naciente progresivo: Presente! Baladas conmovedoras y drama a cual más para los que gustan de hacer “Ojitos de Remy”: Presente! Y desgraciadamente, también un pretencioso collage de ruidos sin sentido que se extiende innecesariamente hasta casi crisparnos los nervios. Qué más se puede pedir en 45 minutos?

Desgraciadamente, esa segunda parte de “Moonchild” me impide ponerle un 10 redondo por más que busco pretextos para hacerlo. Si al menos fuera más corta, pero más de 9 minutos de escuchar algo que mi hijo de 2 años puede imitar con su xilófono Playschool no es fácilmente perdonable, y de manera alguna puedo darle a un disco el 10 perfecto con semejante metida de pata. Quizá después me valga y recapacite, hoy no.

De cualquier forma, el resto de este disco es exquisito e imperdible. Puede que no seas fan del Progresivo, pero este es el disco madre del género, el que sentó las bases para esa época dorada del Prog Rock durante los siguientes 4 o 5 años, y sigue tan fresquecito y enorme como el día que salió, por lo que es, sin duda alguna, parte del catálogo básico de discos, un imperdible… Un Must Have.

 

 

Por Corvan 

 

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