IN ROCK (Deep Purple, 1970)

Artista: Deep Purple (C+)

Fecha de Grabación: Oct ‘69 - Abr ‘70

Fecha de Lanzamiento: 3 de Junio de 1970

Discográfica: Harvest

Productor: Deep Purple

Calificación: 10 (MUST HAVE)

                     

Era: Hard Rock (1968-???)

Subgénero: Hard Rock

Mejor Canción: Child in Time

Canciones: 1) Speed King; 2) Bloodsucker; 3) Child In Time; 4) Flight Of The Rat; 5) Into The Fire; 6) Living Wreck; 7) Hard Lovin’ Man.

Bonus Tracks: 8) Black Night.

 

Señoras y señores, con ustedes, la legendaria Mark II de Deep Purple! No es por demeritar previas y futuras alineaciones de la banda, pero seamos honestos, cuando hablamos de Deep Purple, en lo que pensamos es en esta formación y en los señores discazos que nos dejaron. Al menos 3 de los mejores discos de toda la década, con la que redefinieron no sólo su sonido, sino el de montón de bandas que los seguirían en esa potencia hardrockera. Además, uno de los mejores En Vivos de la historia, y un último álbum de estudio como decente despedida, ya con fracturas internas, que los llevarían a un cambio de alineación y nuevamente, de sonido.

Hablar de las distintas etapas de Deep Purple es casi como hablar de bandas distintas. La Mark I duró poco más de año y medio, pero alcanzó a lanzar 3 discos. En ellos se nota mucho más el liderazgo de Jon Lord en los teclados, llevando la pauta con sus influencias clásicas, sin dejar demasiado espacio a la guitarra. Además están mucho más marcados por la psicodelia de finales de los 60’s. Recordemos que hicieron covers de los Beatles y Neil Diamond. La banda parecía estar buscando su propio sonido, y aunque son buenos, hay que aceptar que si se hubieran disuelto en esta fase, no hubieran pasado del montón de bandas con un sonido similar, estando a años luz del status que gozan ahora.

Para 1969 salen Rod Evans y Nick Simper, ya que no tenían madera para el verdadero Hard Rock y querían seguir la línea del Rock Psicodélico. Su lugar lo toman unos desconocidos Ian Gillan y Roger Glover. A manera de ensayo, lanzarían ya con la Mark II el Concerto for Group and Orchestra en 1969, que nadie toma en serio y que sólo sirve para recordar que también tuvieron sus momentos de hiperultrasuperpretencionismo. El disco, idea de Jon Lord, fue un fracaso épico, cómo era de esperarse. Y Blackmore, harto de seguir a Lord, decidió tomar la batuta a partir de entonces. El resto, es historia.

1970 es el año que surgió el metal. El papel de Black Sabbath con su debut y subsecuentes discos es innegable, pero el In Rock tomaría un papel fundamental en la cimentación del Metal, y de los discos fundadores del género. De hecho, en mi opinión, el In Rock tiene más influencia en la potencia y velocidad que el lento Doom Sabbathiano. Hay que considerar además que fue grabado en Octubre de 1969, cuando Sabbath aún no definía ese sonido y se movía más en el Hard Rock. No había nada que sonara igual. Led Zeppelin es otra pieza fundamental, pero mucho más cargada de Blues, pero en conjunto, serían la mayor fuerza del Rock a inicios de los 70’s (sin demeritar a los Stones y a The Who, que a pesar de discazos, no pudieron sacudirse su etiqueta de sobrevivientes de los 60’s).

Los Purple, pues, decidieron autoproducirse y evitar los sonidos de su primer formación. Era un lujo que podían darse con esa increíble voz de Gillan, más bluesera, agresiva, salvaje, con un registro mucho más amplio e impredecible que la pasiva voz de Rod. Ian es uno de los mejores vocalistas de la historia, y no es raro encontrarlo en el Top 20 o 10 de la inmensa mayoría de las listas. Definitivamente se sacaron la lotería y es inimaginable esta etapa sin su aportación. Y Glover, por su parte, es un bajista que da mucha más profundidad, dinamismo y potencia ante el simplismo de Nick. Roger es capaz de crear líneas de antología, o simplemente espejear la guitarra, pero siempre tomando las mejores decisiones (para “Smoke On The Water” cualquiera se hubiera ido por la opción más fácil que era espejear, y él no lo hace, pero ya me estoy adelantando). Los dos se acoplaron como si llevaran años, Glover conformando una demoledora sección rítmica con la batería de Paice, mientras que Gillan pareció formar equipo con Blackmore, creando impresionantes diálogos con su guitarra, alternándose con naturalidad y precisión con esos aullidos, gritos, lamentos y demás teatralidad que trajo consigo.

Para el nuevo álbum, pareciera que se pusieron de acuerdo para tocar más pesado y rápido que nadie. No quedan vestigios de las orquestras, de los covers, de los ganchos pop, ni del romanticismo de Evans. Esto es potencia pura! Además de un sonido mucho más agresivo, la banda suena madura al fin. Blackmore toma el liderazgo y se nota en la cantidad de riffs y solos. No es que acapare, sino que le resta (para bien) algo de tiempo a Lord, pero dando suficiente espacio a todos para brillar. Suena a un trabajo en equipo muy calculado, más que una competencia por ver quién es mejor. Y el resultado es magistral, porque por fin puede lucir el virtuosismo de cada integrante, pero potenciado por los demás, convirtiéndose en una máquina aceitada de principio a fin.

Los temas son complejos y simples a la vez. No es que sean piezas multipartes ni pseudoprogresivas como el Concerto For Group And Orchestra; en realidad, son temas simples, de Rock puro, pero vestidos con los solos que se alternan y le dan un gran dinamismo. No hay un solo momento aburrido en el álbum, ni siquiera en Child In Time, que es una balada y que pudiera parecer pretenciosa por sus 10 minutos de duración. En el papel, puede sonar a un somnífero en potencia, pero se las ingenian para mantenerte al filo de la butaca todo el tiempo, alternando partes muy tranquilas con furiosas erupciones. El único pero es la producción, que hace que los instrumentos suenen algo apelmazados, sin claridad, y que en los duelos de guitarra-voz, siempre sea la guitarra la que gane.

 

La gigantesca reputación de este disco se debe a la tremenda seguidilla de temas con que arranca. “Speed King” es un abridor poderosísimo, pateatraseros, lo más rápido que se había hecho hasta entonces. Sabbath estaba ocupado inventando el metal cuando estos mozalbetes estaban ya inventando el Speed Metal! Arranca con una monstruosa intro cargada de distorsión a cargo de Blackmore (que por alguna razón se omitió en la versión americana), jugando a ser Hendrix, pero dejando claro que este es un nuevo Purple, con un sonido más agresivo. Tras un minuto, queda una nota difuminada de Lord, quien hace algunos tonos muy solemnes antes de que Paice lance un tarolazo y desencadene el pandemónium. Al 1:30, sin previo aviso, Gillan lanza esos latigazos en los que homenajea a Little Richards en un fraseo indescifrable por la velocidad que lleva. Paice se vuelve metralla, mientras Ritchie y Glover arman ese monstruoso riff que aplasta todo a su paso. El tema no sólo es más pesado, es violento, es una bofetada tras otra, con la banda acelerando aún más cuando parece que ya van a todo, armando es exquisito estribillo en el que Ian se combina con las escalas de Jon. Luego vienen las secuencias de solos, bajando la intensidad para que Lord abra y empiece el diálogo con la guitarra. Es uno momento mágico, en el que no puede haber ganador. Glover hace una sencilla pero efectiva línea de fondo, que va creando más y más tensión conforme Paice acelera. Para el minuto 4 ya es un festín de riffs, cada uno mejor que el anterior, llegando a ese clímax inducido por el rugido de Gillan al 4:15 para regresar a los versos. Repiten la fórmula para cerrar la canción. Me encanta esa parte en que todos callan un segundo para que Ian lance una cínica carcajada, como si estuviera sobrado… Cierran con un caos en el que cada quien parece hacer un solo, o mejor dicho, el mayor estruendo posible, pero hasta esto resulta delicioso. Si se fijan, en realidad no es nada complejo, es básicamente la estructura de un rockanrolito con verso-verso-estribillo-solo-verso, pero con un montón de solos y una potencia inusitada para la época. Si esto no es protometal, entonces no sé qué es. La letra tampoco habla sobre drogas, sino simplemente rinde tributo a los héroes del R&R de los 50’s, en particular a Little Richard. Pedazo de canción, que deja sin aliento, pero deseando más.

Y más es lo que dan. Quizá no en velocidad, pero mantienen una intensidad de avalancha con el mastodóntico riff de “Bloodsucker”, que Starostin atinadamente llama el “Whole Lotta Love” de Purple. Bueno, algo así. Esta es la prueba de que el liderazgo ha cambiado de manos, con Blackmore llevando los tiempo y marcando las pautas con los cambios de riffs y solos, dejando claro que los tiempos de la Mark I en que la melodía vocal llevaba batuta, han terminado. Pero no por ello la voz no luce. De hecho, Gillan se roba reflectores con uno de los mejores performance vocales del disco y quizá de su carrera. No sólo por la agresividad con que canta las líneas, empalmándose a la perfección con la mastodóntica sección rítmica, sino dando cuenta de su altísimo registro con esos gritos con que remata versos “AHHHHH NAH NAH NAAAAH!”. La estructura es simple, con un riff para morirse, con algo de blues, un bajeo oscuro que espejea cuando debe (en una secuencia muy compleja) y se despega para hacer escalas durante los solos. Al 1:20 parecen bajar el ritmo simplemente para volver a la carga con toda la artillería. Ian canta como desquiciado, no tan rápido como el primer tema, pero casi. Al 2 tenemos un falso final y regresan para el solo de Blackmore, con Roger haciendo estupendas líneas. Luego viene el turno de Lord y continúan alternándose hasta el 3:20, cuando Ian entra con gritos que parecen metralla, como compitiéndole a la guitarra en su locura. Paice es un pulpo, haciendo una tremenda labor con los platillos, e ingeniándoselas para llenar de fills sin perder el complejo tiempo. Un trabajo en equipo descomunal, logrando un tema no solo violento, sino con un algo maligno en los tonos que ya quisieran los mismos Sabbath.

Cuando parece que no pueden mejorar… llega la majestuosa “Child In Time”. Ésta es quizá la rola más compleja del álbum, sin llegar a ser prog, pero combinando partes tranquilas, emotivas letras antibélicas, una gran melodía, y fastuosos crescendos, que alcanzan una velocidad descomunal en la sección media. Es simplemente la prueba de que estos tipos habían alcanzado un nivel instrumental que solo se puede etiquetar como “virtuosismo”. La canción inicia con el suave teclado de Lord llevando la figura principal. De hecho el luce más en las partes más tranquilas. Tras :50 de una soberbia intro, entra Ian demostrando que no sólo sabe gritar, sino manejando excelsos tonos bajos y medios, con una emotividad que recuerda a Greg Lake. Lentamente va aumentando la tensión con su voz, hasta llegar al puente en que casi susurra los “Uhhh uuuu uhhh.” con una delicadeza de cristal. Lentamente van subiendo la tensión, con Paice agregando más y más fills y redobles, y la guitarra cada vez más presente, hasta que sin darnos cuenta, Ian y Blackmore traen un espectacular duelo, con el vocal llegando al límite de sus pulmones. Luego ese ritmo casi marcial que nos deja en el requinto de Ritchie, extendiéndose por más de 2 minutos, para nuestro deleite… Les digo algo? Siempre me pareció que los Purple les copiaban un poco a Zeppelin en “Stairway to Heaven”, esa manera en que inicia el solo de la manera más dulce y luego se desquicia en una metralla de notas violentas y precisas… el detalle es que Zeppelin aún estaba ocupado en esos momentos con el III! No es propiamente un plagio, (al menos no a esta canción), pero podría jurar que Page quedó impresionado y quiso hacer algo similar. El cierre del solo al 6 es simplemente brutal. Luego bajan casi al mínimo y Lord inicia con lo suyo, de una forma más sutil, para volver a los versos: “Sweet child in time you'll see the line, The line that's drawn between the good and the bad, See the blind man, shooting at the world, Bullets flying taking toll…” Apenas unas líneas que se repiten durante los 10 minutos, pero cantadas de tal manera que se vuelven épicas y desgarradoras, de las mejores de la banda. Nuevamente el crescendo que parte de los susurros y termina en notas casi imposibles en ese falsetto inigualable. Al 9 la banda para de nuevo y Lord comienza a crear tensión con una escala de su hammond, con los gritos de Ian y los Power Chords de Blackmore, acabando en una disonancia caótica y rematada en un acorde de todos los instrumentos. Im-Pre-sio-nan-te! Alguien se dio cuenta que fueron 10 minutos? Nadie? Yo tampoco! Como dato, Blackmore usó para esta rola una Gibson en vez de su usual Strato.

Continuamos con “Flight Of The Rat”, que a comparación de las primeras 3, baja algo de nivel, pero sigue siendo un temazo. Es un potente y espídico rocker, con un riff mucho más simple, una melodía semilenta, que contrasta con el vertiginoso ritmo, y que le da una cierta cadencia hipnótica. No es un riff complejo, sino muy simple, pero que funciona y embriaga con su potencia. El pero es que Gillan esta vez se escucha muy escondido en la mezcla y apenas se entiende lo que dice. Pero los solos son impresionantes, uno breve pero con tritono al minuto 2 a cargo de Blackmore, y al 2:50, Lord muestra todo su poderío al teclado, demostrando que también se puede ser potente sin necesidad de guitarra y pedales. Aunque de hecho, para este disco usó efectos de Leslie y Marshall, lo que le da un sonido aún más potente. AL 4 hacen cambio de estafeta y Ritchie se lanza a la carga. Yo insisto en catalogar a Deep Purple como Hard Rock, pero por momentos no me pueden negar que lo que hace es metal! Luego se nos vuelve loco con el wha y comienza a funkear y a divertirse, para un falso final y luego todos a la carga con un nuevo verso.  La letra es bastante rara, pero desde la perspectiva de un músico “Once I had a dream, To sing before the queen, She didn't want to know, She wouldn't see the show” lo cual me da cierta idea de cierta conexión en los temas, sin ser necesariamente algo conceptual, pero girando alrededor de una banda o un músico. Al final Paice se discute con un minisolo de batería para cerrar. No está al nivel de las anteriores, es muy simple con una secuencia de 3 tonos, pero lo que hacen en los solos es simplemente espectacular.

“Into The Fire” puede ser cualitativamente mejor, pero… Mi subconsciente siempre me dijo que había algo mal con esta rola, y hace unos días, cuando empecé a estudiar el álbum para esta reseña por fin descubrí qué era. Ese riff es tóxico, monumental, complejo, mastodóntico y potentísimo. Es básicamente lo que arma la canción. El problema es que… cómo decirlo? Pues es una copia casi nota por nota de “21st Century Schizoid Man” de King Crimson, y esta vez no fue Purple quien lo lanzó primero. La estructura del riff es demasiado complejo para que sea casualidad, y el debut de los Crimson vio la luz precisamente cuando Purple iniciaba sesiones para el In Rock. Lo peor es que me gusta. Me encanta como Ian ataca la canción con ese aire espeso, gritando con furia. Me gustan las líneas de bajo  cuando se despega, los solos y la gran labor de batería. Usualmente la hubiera marcado en rojo, pero he dejado de verla igual que antes y no sería justo marcar en rojo un plagio… Recordaré esto cuando reseñe el Hotel California???? 

En “Living Wreck” la banda se da el gusto de coquetear un poco con el Funk. Aquí Roger demuestra porqué lo reclutaron. Hace una línea sencilla, pero que se lleva toda la canción, creando un riff más dominante que las furiosas ráfagas del teclado de Lord, que aquí están distorsionadas con un Leslie y simulan un rugido. A mitad del tema, Blackmore hace un solo muy extraño, con notas muy pausadas y extendidas, algo inusual en él. La rola termina con el infaltable solo de Lord, muy estroboscópico. La letra, no estoy seguro si habla sobre las groupies que comenzaban a pulular alrededor de la banda y que pronto se volverían enjambre. No es un mal tema, destacaría en cualquier disco previo, pero aquí parece quedarse algo atrás.

Dos tremendos Power chords dan entrada a “Hard Lovin' Man”. Luego entra Glover agregando el ritmo, al cual se anexa Ritchie en la siguiente vuelta, rasguñando su guitarra. Lord y Paice se unen para completar esa intro galopante y que suena vagamente a Queen. En este tema, Lord usó un amplificador Marshall para modificar el sonido del hammond. El solo de teclado es muy bueno, y el de Blackmore empieza muy bien (otra vez tritono?) pero para el solo del cierre, empieza a experimentar a la Hendrix en el Axis, con demasiado Feedback. Bien pensado, no es algo que no hicieran la mayoría de guitarristas metaleros durante los 80’s! Buen tema, pero igual, no es de los sobresalientes del álbum.

El disco original acaba aquí, pero la versión mexicana del álbum (y en algunos otros países), trae como cierre “Black Night”. Esta rola fue con la que conocí a los Deep Purple fuera de “Smoke”, ya que la tocaban los Blue Jeans, quizá el tema más pesado que hacían entonces. Tendría unos 12 años cuando me maravillé con este tema. Sigo pensando que suena más a la Mark I, es más fresca y simple, pero ciertamente tiene todo el virtuosismo instrumental y la incomparable voz de Gillan. Estupendos solos, más cortos y directos que lo usual en este álbum, y un riff de antología. A la fecha sigue siendo de mis temas favoritos de la banda, y a pesar de que ciertamente se lanzó como single, no podía dejar pasar la oportunidad de mencionarla, aunque no influye en la calificación.

 

 

En fin. Habrá mucha polémica sobre cuál de los 3 primeros discos de la Mark II es el mejor, pero lo que sí es que éste fue el más influyente. Raramente se le ha dado el mérito que le corresponde como disco fundacional del metal, pero aquí se pueden distinguir sonidos que montones de bandas estarían usando no sólo el siguiente año, sino 10 después. Es un disco redondo, lleno de riffs, de grandes solos, de una potentísima sección rítmica y el debut de uno de los mejores vocalistas del rock en su mejor momento. Un disco cuyas únicas fallas quizá sean la producción y ese plagio a Crimson. Quizá pensaron que nadie escucharía In The Court. Como sea, el In Rock es un disco valiosísimo y básico para entender los 70’s y el dominio del Hard Rock durante los siguientes años. Con este disco, la Mark II de Deep Purple no sólo dejaron marcados sus rostros en piedra, parodiando Rushmore, sino que los dejaron grabados en la historia del Rock. Un Must Have.


Por Corvan

 

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