KID A (Radiohead, 2000)

Artista: Radiohead (B)
Fecha de Grabación: Ene ’99 – Abr ‘00
Fecha de Lanzamiento: Oct 02, 2000. UK
Discográfica: Parlophone / Capitol
Productor: Nigel Godrich & Radiohead
Calificación: 10 (MUST HAVE)

 

 

Era: (Post)-alternativo III: La Dispersión (2000-???)

Subgénero: Alternativo

Mejor Canción: How to Disappear Completely o National Anthem

Canciones: 1) Everything In Its Right Place; 2) Kid A; 3) The National Anthem; 4) How to Disappear Completely; 5) Treefingers; 6) Optimistic; 7) In Limbo; 8) Idioteque; 9) Morning Bell; 10) Motion Picture Soundtrack.

 

Cómo afrontar el Kid A? Yo en lo personal creo que fue uno de los accidentes más felices de la historia. Dicen que ha sido el disco más extraño, arriesgado, y de difícil asimilación en debutar en el número 1 de ventas. Seamos francos, el debutar en el primer lugar no fue mérito del Kid A, fue mérito del OK Computer. En la historia hay discos que se vuelven un trancazo gigantesco y que generan una enorme expectativa en el trabajo próximo de la banda. Caso del Dark Side of The Moon-Wish You Were Here, o el Led Zeppelin IV-Houses Of The Holly, o A Night At The Opera-A Day At The Races, y así. Este fue el mismo caso. El Kid A era el álbum más esperado y que había generado mayor expectativa desde el In Utero de Nirvana. El mundo esperaba que Radiohead fuera la banda que rescatara al Rock, el grupo que lo llevaría a nuevas alturas, y no podía aguantar un segundo más a escuchar la obra maestra con que saldrían los de Oxford. Así que debutó en la cima y vendió millones de copias en las primeras semanas por lo que se esperaba de él. Recuerdo haber hecho fila para comprarlo. Creo que ha sido el único disco por el que he hecho fila en mi vida.

Lo que pasó después básicamente fue un común denominador a nivel mundial: un total desencanto, con los ojos muy abiertos y la mandíbula un poco descuadrada, cara de WTF??? y el consiguiente desprecio. El disco es absolutamente abstracto, las guitarras apenas se notan, dominan los arreglos, la creación de texturas y la experimentación electrónica, la lírica es brutalmente minimalista y, básicamente, es la antítesis de OK Computer. Es una obra de difícil asimilación. Creo francamente que el mundo no estaba listo en el 2000 para el Kid A. Muchos lo guardamos sin entender qué le había pasado a la gran promesa del Rock. Los medios lo acribillaron. Más tarde, a algún idiota se le ocurrió decir que era una maldita obra de arte, y tardaríamos uno o dos años, ya con el Hail To The Thiefs más masticado, en darle una nueva oportunidad. Escucharlo de nuevo y con más calma. Descubrir sus secretos, encontrar que era el soundtrack perfecto para la transición del nuevo milenio…. Y maravillarnos con esta obra de arte. Hoy en día, los mismos medios que lo crucificaban y se asqueaban cuando vio la luz, son los que lo ponen irremediablemente entre los 10, o algunos entre los 3 mejores discos de la primer década del milenio, y un par, en el hipócrita primer sitio.

Por eso digo, el que vendiera tantos millones de copias fue uno de los accidentes más felices de la historia, porque logró que, quienes esperaban un nuevo “Creep” o de menos un nuevo “Karma Police”, dejaran el disco como nivelador de la pata dispareja de la cama, cuando mucho, para irse corriendo a alabar a Coldplay o a la versión más comercial, cursi y sermoneadora de U2. Mientras que, quienes terminaron dándole una segunda oportunidad, descubrirían la avanzada de los sonidos del milenio, y terminarían descubriendo una buena cantidad de grupos y discos de gran calidad a los que hubiera sido imposible darles oportunidad sin el Kid A, como Sigur Ros, Aphex Twin o Kashmir. Y también nos permite ver cuáles son los supuestos medios musicales con una doble cara y doble discurso. Su primer lugar fue una chiripa, pero finalmente fue suerte que se merecía.

En fin, a mi no me gusta la doble moral. Debo reconocer que el Kid A me tomó unos 2 años en asimilarlo y tomarle el gusto. Como muchos, o mejor dicho, como todos, yo esperaba una continuación del OK Computer. Sin embargo, tardé en darme cuenta de que un OK Computer 2 no tenía sentido, y que si la banda deseaba superarse, el Kid A era la única opción que tenía para no repetirse y seguir innovando. Caminar hacia el frente y no estancarse. Arriesgaron mucho? Sí; aún hay gente que no soporta el sonido de Radiohead posterior al OK Computer. El Kid es un disco muy difícil, muy abstracto, con sonidos electrónicos dominando, casi carente de emociones directas (al contrario que el OK, donde la emoción es primordial), lleno de angustia, paranoia, alienación, genera cierta claustrofobia, experimental rayando en lo bizarro, por momentos es repetitivo y asfixiante… Por instantes parece demasiado inhumano, demasiado impersonal y abstracto, y eso llega a dar escalofríos, pero esa es precisamente su intención. Mostrar al mundo alienado y carente de alma del 2000, y por accidente, quedó de perfecto soundtrack para los ataques del S-11 y la parafernalia inhumana que desató.

 

El Kid A surgió desde el éxito del OK, cuya gira y consiguiente fama dejaron severamente descontentos a los Radiohead, particularmente a Thom Yorke, que cayó en depresión porque según él, el mundo malinterpretó el verdadero sentido del disco. Después de un bloqueo creativo, la banda se metió al estudio a inicios del ’99, básicamente aterrorizada por lo que debían hacer ahora para superar al OK. El grupo tenía opiniones divididas sobre la ruta a seguir. Por un lado, unos querían seguir una dirección más comercial, semejante al The Bends, llena de posibles sencillos de no más de 3 minutos y formidables arreglos a 3 guitarras. Ed O’brien era de los que impulsaba esta idea, y aceptémoslo, es lo que todos esperábamos. Pero era una opción muy fácil, y era un retroceso en el sonido de la banda, algo que ya habían intentado y en lo que ya habían tenido éxito. Además, lo que menos deseaban era mantenerse como el centro de atención. Thom quería lo contrario. Por esas fechas estaba muy metido en la música electrónica y había hecho de DJ, por lo que estaba fascinado con la idea de más darle prioridad al ritmo por sobre la melodía. De cualquier forma, Thom es el motor creativo de la banda, así que convenció al resto de hacer un trabajo experimental, donde la voz fuera un instrumento más y no la figura que lidera, y donde los demás integrantes aportaran al disco sin sus instrumentos tradicionales, saliéndose de su zona de comfort.

Radiohead se metió al estudio en París, de nueva cuenta con Nigel Godrich como productor, pero continuaban con cierto bloqueo creativo. Las propuestas de Thom eran, más que maquetas o esqueletos, meras cajas de ritmo. Luego se fueron a Copenhague. El problema es que básicamente todos se sentían inseguros. Ed diría. “Asustaba. Es como, bueno… yo soy guitarrista, y de repente había una canción sin guitarra, o sin batería, y me las tenía que ingeniar para aportar algo.”

A fines de año se mudaron a Oxford y las ideas y sonidos comenzaron a fluir con más facilidad, y los demás comenzaron a entender más las ideas de lo que buscaba Thom, así como las herramientas para lograr esos sonidos, como Protools o Cubase. Si uno va a hacer un disco electrónico, pues es necesario entender cómo hacerlo. Básicamente todos los sonidos del disco fueron procesados a través de la computadora. No hay un solo sonido en estado puro.

Para el 2000 ya tenían 6 de las canciones del disco y estaban avanzando con mayor rapidez, intercambiando instrumentos. Thom tocó el bajo en “The National Anthem”, por ejemplo; Jonny Greeenwood aprendió a tocar el Ondium Martenot para varias canciones, y compuso el arreglo de cuerdas para “How To Dissapear Completely”; ambos dirigieron la sección de metales de “The National Anthem”; Colin experimentó con batería electrónica y sampleó sus propias grabaciones para lograr sonidos más electrónicos y procesados; Ed transformó un solo suyo de guitarra en la atmosférica “Treefingers”. La banda, que empezó insegura y desganada con la idea, de repente encontró el hilo y se obsesionó con el sonido, empezaron a salir montones de canciones y no paraban de curiosear y experimentar con amplificadores, filtros de micrófonos, sintetizadores, procesar todo por computadoras y cambiar efectos una y otra vez para ver cómo sonaba mejor. Terminarían grabando unas 30 canciones, pero gracias al cielo se apiadaron y se negaron a un disco doble, que hubiera sido brutalmente excesivo. La selección de temas y el orden (que obsesionaba sobremanera a Yorke) casi fractura a la banda, pero finalmente se decidieron por 10 tracks y guardaron el resto. Mucho de ese material conformaría el Amnesiac, que se puede decir, es un hermano gemelo del Kid A, aunque ligeramente inferior.

El disco fue lanzado en plena era Napster, justo cuando el MP3 estaba transformando radicalmente la manera de distribuir la música, dándole un golpe tremendo al formato tradicional de CD. La banda decidió no lanzar ningún sencillo, pero a la vez les aterrorizaba la tremenda presión de ser EL disco posterior al OK Computer. Radiohead comenzó a tocar canciones en vivo durante una gira europea poco antes del lanzamiento, y hubo gente que los grabó, los subió a Internet, y gracias a Napster, las canciones nuevas se filtraron. En los conciertos posteriores, las multitudes ya coreaban las canciones nuevas sin que hubieran sido aún lanzadas, siendo de las primeras veces que este fenómeno se daba. La banda, lejos de molestarse, se sintió maravillada, y encontró en la distribución digital un gran aliado. Por ello no es de extrañar que hayan lanzado “These Are My Twisted Words” gratis en formato digital en 2009, con el consiguiente rumor de que su siguiente LP en 2011 será en el mismo formato. Tómala, Metallica!!! El caso es que, a pesar de los temores del grupo, el disco amaneció en primer lugar de ventas prácticamente en todo el mundo el 2 de Octubre del 2000. Al no tener un sencillo y ser un disco sin canciones comerciales, la disquera lanzó pequeños videos como promos, llamados “blips”, pero la verdad es que eran realmente innecesarios por la expectativa creada sobre la banda gracias al OK. Pudieron haber hecho un cover de “Revolution #9” de 70 minutos y aún así hubiera sido primer lugar.

 

El disco inicia con “Everything In Its Right Place”, una canción oscura y perturbadora, que sumariza muy bien el mood del disco. La canción no tiene guitarras, ni batería. Es Thom y un piano eléctrico. Y otros 10 o 12 Thoms de fondo haciendo sonidos inconexos, entrecortados, lo que le de aun aura absolutamente bizarra. Como al 1:45 aparece una voz agudizada al acelerarle la velocidad que me recuerda mucho los sonidos de los “minions” en la película “Despicable Me”. Luego voces al revés, más y más Thoms con sonidos ininteligibles y se crea una muralla apabullante de voces El piano, por su parte, fue procesado para añadirle mayor fondo y eco. Al principio suena agradable, pero la repetición de notas en una armonía disonante, además del tiempo extraño en que está grabada (no es 4/4), termina siendo perturbadora después de un rato. Las letras son repetitivas, básicamente 3 o 4 líneas que se repiten de principio a fin, destacando “Yesterday I woke up sucking a lemon”, que representa la cara que hace uno al chupar un limón, que era el sentimiento de Thom al componer la canción, aún durante el abrasivo tour del OK. Finalmente el título surgió cuando las cosas comenzaron a fluír durante la grabación del Kid A. Las pocas líneas contrastan con la lírica más rica en imágenes del disco anterior, y Thom diría que tanto las letras como los sonidos (no solo de esta canción sino de todo el álbum), tuvieron cierta influencia en el dadaísmo. La canción al final deja con cierto escalofrío. Es oscura, es minimalista, pero majestuosa y casi apabullante.

“Kid A”, la rola que titula el disco, es aún más difícil, más abstracta e inconexa. Al principio da una falsa sensación de ternura por el sonido del piano, como de xilófono o de cajita de música, que recuerda vagamente (muy vagamente) “No Surprises”. Pero luego entra otro teclado más acuoso y cargado de eco que viene a romper esa sensación feliz de deja vu, y le da a todo un aura extraña, viciada, como de pesadilla. Luego viene la voz, que está procesada a un nivel casi ininteligible. Hay que buscar leerla para entenderla, o al menos tratar de entenderla, ya que tampoco así tiene mucho sentido. Esta fue de las rolas para las que Thom escribió palabras o frases en papeles, las metió en un sombrero y las fue sacando al azar, una técnica también dadaísta. La batería también se sintetizo y está entrecortada, de repente siguiendo un ritmo, luego desapareciendo y cambiando, al igual que el bajo. No hay que buscar entender esta canción. No hay que intentar buscarle belleza. Es pura abstracción.

La canción se liga al final con “The National Anthem”, una de las joyas del álbum, y que en las sesiones de grabación se titulaba “Everyone” (Ignoro porqué, jajaja). Thom tocó aquí esa simple pero fabulosa línea de bajo que hace que la canción sea más fluida. La batería va en lento crescendo hasta que se desquicia al final, haciendo destiempos y parones súbitos que descuadran a propósito la rola. La voz luce impersonal, casi robótica, sin sentimientos, salvo en la impresionante coda donde trasluce rabia y desesperación en sus gritos. Pero es cierto, la voz es un instrumento más, no una figura guía. El colosal bajeo nunca cesa, es lo que protagoniza y da forma a la canción. Lo que destaca y hace ese Twist bizarro son los espectaculares arreglos de metales que hicieron Thom y Jonny. Se supone que están inspirados en las secciones de vientos de Charles Mingus, caóticos arreglos de jazz aparentemente al azar que entran al 2:40 con apenas dos tonos, pero dando un efecto espectacular. A este riff inicial se van sumando más y más trompetas que hacen que la canción colapse al 3:40, cuando queda sólo sostenida por el bajeo y algunas trompetas tímidas asediando, hasta que vuelve a prender para un aún más caótico final. En esta canción, además, Jonny estrena el uso de las ondas Martenot. Al parecer, “The National Anthem” la tenían ideada desde tiempo atrás, pero les parecía muy rara como para integrarla al OK, y muy buena como para lanzarla como lado B de alguno de los sencillos. Finalmente, su aura bizarra queda perfecta para el Kid A.

Seguimos en plan grande con “How To Disappear Completely”, la mejor canción a mi gusto. Esta fue compuesta durante el tour del ’98 y la pensaron también como lado B de algún sencillo, pero dirían que no sabían cómo grabarla, aún no comenzaban la “verdadera experimentación”. La canción es preciosa, es lo más cercano al ambiente más melancólico y humano del OK. Yorke se acuerda de dar expresividad a su voz, los efectops no son tan hostiles y realmente logra conmover con la emotividad con que canta “I’m not here, this is not happening”, una línea breve, pero demoledora y que me encanta. Jonny Greenwood hace también uso de las ondas Martenot, y aquí es más fácil percibirlas por ese sonido como de elefante etéreo al segundo 15. Él mismo se encargo del bello arreglo de cuerdas, aprovechando que es el único con estudios musicales y de composición. Los arreglos son perfectos, sutiles y resaltan la belleza y melancolía de la canción y los vaivenes creados por el Martenot. Otra novedad (Al menos para el disco) es que aquí si hay guitarra!! Al principio se escucha un sutil guitarreo acompañado de una simple pero efectiva línea de bajo de Colin. Es la canción más “normal” del disco, cargada de una profunda melancolía y una majestuosidad conmovedora. Vale la pena escucharla con audífonos para percibir cómo las ondas inician de lado derecho para acabar del lado izquierdo.

Después llega “Treefingers”, una canción instrumental que aparentemente es de sintetizador. En realidad era un pedazo de un solo de guitarra Ed O’Brien que se modificó a través de computadora para alterarlo y darle ese acabado ambiental y fantasmagórico. El track es muy relax, un viajezote que siempre me hace pensar en una ballena moviéndose muy despacio en las profundidades del mar.

Tras esta pausa, viene el ritmo tribal de “Optimistic”, una de las letras más complejas, en donde, en medio de imágenes sombrías de muerte y desolación, dan un atisbo de optimismo con “The best you can is good enough…”. La canción en sí es compleja, con un riff de guitarra rasposa, más rockero, que va llevando toda la canción, de nuevo hay Ondas Martenot, y una batería sintetizada que se une a las percusiones por momentos. Al ser la más rockera del disco y al no haber sencillos, esta fue la que usualmente tomaron las estaciones de radio para promocionar el álbum. A pesar de ser de las que tienen una ambientación más “en vivo” y de ser la única con la alineación previa a 3 guitarras, tiene muchos detalles digitalizados, loops de las mismas guitarras, la batería es electrónica, y las ondas logran darle un efecto etéreo, como desfasado y surreal. Hacia el 4:50 la canción termina y cambia a una outro con un ritmo bailable, nada que ver con el resto de la canción.

Sigue “In Limbo”, con unas progresiones de arpegios muy raros, una batería procesada por computadora. Esta fue de las que salieron en las primeras sesiones de grabación, y era conocida como “Lost At Sea”. Una de las más abstractas y repetitivas, donde la banda se enfoca más en crear texturas y experimentar con diversidad de sonidos y se despreocupa por la melodicidad.

“Idiotheque” es la canción que me resulta más chocante del disco. Esta es idea de Jonny, inspirada en un tema de Paul Lansky (se tomaron la molestia de darle crédito!) sobre el que se basó Greenwood para samplear y experimentar con el tema. Yorke diría que es como cuando vas a un club y el volumen de las bocinas está tan alto que el beat te noquea. Las letras son perturbadoras, tomando tintes de una nueva Era de Hielo que puede acabar con la humanidad. De las canciones más difíciles de asimilar en el álbum, pero es un ejemplo de música hecha enteramente en lap top.

Luego llega “Morning Bell” que se liga con el beat al final de “Idiotheque” y cambia a una base de piano electrónico. Otra donde hay fuertes cargas de experimentación y abstracción. Las guitarras suenan como aves marinas zumbando y creando efectos raros, crujiendo e intentado romper la línea por instantes. La canción se va volviendo muy repetitiva con el loop de la batería, y ese par de notas del teclado que se repiten incesantemente. Una canción muy rara, donde hasta el minuto 3 comienzan a meterle variaciones con más voces, loops, efectos de fade in, los mencionados chillidos de guitarra y arpegios neuróticos, que terminan dando un aura totalmente esquizofrénica a la canción.

El disco cierra con “Motion Picture Soundtrack”, una canción anterior incluso a “Creep”, y en la que intentaban capturar el espíritu de una canción para película de Disney de los 50’s. De ahí el aspecto más luminoso y soñador. Thom la grabó con un órgano de pedales, mientras que los otros miembros agregaron los efectos de arpas y doble bajo, además de esa voz dramática voz femenina del 2:15. Realmente logran emular el espíritu de una película cursi de los 50’s. Hacia el 3:15 la canción se apaga en un falso final y regresa hasta el 4:15 para una onda larga de Martenot y otros efectos raros que se evaporan al 5:10. La música se apaga, pero el track continua en silencio hasta los 7 minutos.

 

El Kid A es un disco difícil. Uno tiene que darle bastantes oídas antes de empezar a tomarle gusto, pero una vez que lo haces se vuelve adictivo y uno puede accesar más fácilmente a los trabajos posteriores de la banda. Los sonidos del disco definen a la perfección no sólo la transición del milenio, sino toda la primer década, paranoica, asustadiza, alienada, enajenada, abstracta y surreal, diluída cada vez más en la tecnología. No suena en absoluto a los 90’s, sino a un sonido de avanzada (y eso que ya tiene 11 años), a lo que de niño uno pensaba que sería el siglo XXI, y por ello me parece que es uno de los trabajos que abrieron puertas y cambiaron el rumbo recién en el 2000. Minimalista, inquietante, angustiante, electrónico, abstracto, más enfocado en las texturas y la experimentación de sonidos que en la creación de líneas melódicas o riffs memorables… un riesgo que sólo podía tomar una banda como Radiohead, que siempre está a la búsqueda de algo más y un paso adelante del resto de los grupos. Por ello el mundo tardó en descifrarlo y darle el lugar que le corresponde, y por lo mismo, es un disco al menos TAN revolucionario como el OK Computer. A mi gusto, uno de los mejores 5 discos de la primer década del nuevo milenio.

Quizá lo único que comparte con el OK es la genialidad con que fue hecho. Eso y la sensación de vacío, esa especie de sorpresa melancólica que te deja al terminar de escucharlo, no importa cuántas veces lo hayas oído antes. Un Must Have.

 

 

Por Corvan 

 

Letras de El Traductor de Rock  

 

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