KILLERS (Iron Maiden, 1981)

Artista: Iron Maiden (C+)

Fecha de Grabación: Enero de 1981

Fecha de Lanzamiento: Febrero de 1981

Discográfica: EMI

Productor: Martin Birch

Calificación: 8

 

Era: Metal (1970-???)

Subgénero: Heavy Metal

Mejor Canción: Killers, Wrathchild y Murders In The Rue Morgue están a años luz de las demás

1) The Ides Of March 2) Wrathchild 3) Murders In The Rue Morgue 4) Another Life 5. Genghis Khan 6) Innocent Exile 7) Killers 8) Prodigal 9) Purgatory 10) Drifter


Por alguna extraña razón a los seguidores del Rock nos atrae más lo carismático que lo perfecto. De otra manera no se entendería que haya tanto seguidor de AC/DC situando a Bon Scott en un altar muy superior al de Brian Johnson. O, más extremo aún, ¿cómo explicaríamos si no que los fanáticos de Black Sabbath prefieran a un patán como Ozzy cuyo registro apenas abarca una octava antes que al mismísimo Dio? Con Iron Maiden se repite esta circunstancia. Tenemos a todo un Bruce Dickinson con su chorro de voz y su perfecta técnica que ha cantando los mayores clásicos de la banda de Heavy Metal más famosa de todos los tiempos y, sin embargo, la gente aún se acuerda de Paul Di'Anno que apenas comandó la nave en sus dos primeros discos cuando la Doncella de Hierro estaba a años luz del impacto que habrían de causar con su siguiente álbum. Di'Anno tiene una voz muy peculiar y agradable para el Rock... pero su registro y su técnica están muuuy limitados. Hubiese sido un grandísimo cantante de Punk pero su capacidad para el Heavy Metal deja mucho que desear. Y sin embargo entre los Irons surge el debate: ¿Di'Anno o Dickinson? Y la cosa está muy igualada. Y esto es así porque Dickinson, Brian Johnson, Dio,... son grandes cantantes, con buenas voces, con muy buena técnica y además los tres son buenos frontmen pero su carisma no puede compararse con el de Di'Anno, Ozzy o Bon Scott.

Bueno, el caso (perdonen el rollo reflexivo) es que el debut de Iron Maiden resultó un éxito de público y crítica que los llevó a compartir giras y escenarios con Kiss y con Judas Priest. Sin embargo, los propios Maiden quedaron muy descontentos con el resultado final del disco (y cuando digo Maiden quiero decir Steve Harris). Les parecía un producto sin pulir, mal rematado. Era un trabajo tosco al que las limitaciones de Di'Anno le daban un aire a Garage. Pese a lo trabajadas que estaban sus canciones y a su virtuosismo instrumental, por momentos sonaban más cercanos al Punk que al Hard Rock o al Heavy Metal. Por ello, para su segundo trabajo Steve Harris, gran líder de Iron Maiden, puso toda la labor de producción en manos del legendario Martin Birch que se había labrado un nombre como ingeniero de sonido en los grandes discos de Fleetwood Mac y Deep Purple, entre otros grandes nombres. En aquel momento Bich trabajaba (precisamente) con Black Sabbath que trataban de olvidar a Ozzy con la profesionalidad y la capacidad de Dio. Esta vez los Maiden sí quedaron contentos con el resultado final y Birch se habría de ocupar de las labores de producción de toda la época dorada de la discografía de la Doncella de Hierro.

Pese a que esta vez a Harris si le gustó el trabajo de producción, y que a los Irons más acérrimos lo adoran y lo consideran una joya subestimadísima, la colección de asesinos del Killers me parece un tropezón en el camino de Maiden. Las canciones son más directas y menos creativas que en su debut y ninguna alcanzará la categoría de clásica de la banda. Algo casi previsible si tenemos en cuenta que todas las rolas son descartes del primer disco. ¿Qué se esperaban? Aquí todo está muy estandarizado, con progresiones de acordes muy clásicas y ganchos muy trillados, una sensación de continuo deja vu que deja la impresión de estar esperando algo realmente memorable que nunca llega a producirse a pesar de tener sobre la mesa todos los elementos necesarios. Y en cuanto a la labor de Martin Birch... bueno, creo que la sobreproducción se come todo el disco. Un regusto a producto plastificado que no me la doy quitado.

 Pero entiendan una cosa: no estoy diciendo que sea un auténtico desastre. Es cierto que la falta de canciones Top hace que se subestime su valor. Y en realidad ninguna rola es mala del todo. Incluso casi todas tienen su momento de brillantez, Y tampoco es que sea un disco vacío o aburrido. Tal vez la palabra exacta que lo defina sea irrelevante. Todo lo que Eddie The Head bendice está creado para la gloria y la posteridad y Killers es un álbum altamente disfrutable -sobre todo si te va el rollo Heavy- pero intrascendente.

 En fin, además de Birch, la novedad en Killers es la incorporación de Adrian Smith sustituyendo a Dennis Straton. A Straton se le notaba muy incómodo con las rolas más potentes de Maiden y vistos sus trabajos posteriores está claro que sus gustos estaban muy alejados del estilo de la banda. Smith completa junto a Dave Murray la formación clásica de las guitarras gemelas de Maiden y será parte fundamental en la ascensión de La Doncella al Olimpo de los dioses metaleros.

 

 

Killers abre con The Ides Of March que es una corta intro instrumental con momentos de distorsionada pomposidad protagonizada por un obsesivo barrido de batería. Dura algo más de minuto y medio y su título hace referencia al asesinato de Julio César y posiblemente a la obra de Shakespeare. Como curiosidad todas las canciones de Killers llevan la firma de Steve Harris pero en el álbum Head On de Samson (1980) aparece The Ides Of March bajo el título de Thunderburst. Esta canción la escribió Harris junto a Thunderstick, el famoso batería de las máscaras que llegó a tocar con Maiden en la etapa más primitiva y convulsa de la banda. Existe una estrechísima relación entre Iron Maiden y Samson. Varios músicos pasaron de las filas de una banda a la otra. De hecho, en el mencionado Head On, además de al propio Thunderstick, tenemos a un tipo llamado Paul ?Bruce Bruce? que habrá de cambiarse el nombre artístico cuando empiece a entonar el Six-Six-Six! delante de decenas de miles de personas.

 

Luego comienza el gran riff de bajo de Wrathchild, que posiblemente sea la canción más célebre del disco. Hard-rocker contundente y endiablado de muy corta duración con guitarras muy potentes y ganchos que ya habíamos escuchado en Iron Maiden, con una cadencia muy en la línea de Prowler, Running Free o Sanctuary. Todo parece encajar cuando el Di'Anno más furioso que nunca hemos escuchado aprieta el puño entonando el coral Wrathchild! del estribillo. Por canciones como ésta es por lo que se lo valora tan alto. 

 

La explícita referencia literaria Murders In The Rue Morgue inicia tranquila, con un delicado arpegio de guitarra adornado por un bajo melodioso. La batería se une aumentando la intensidad e iniciando un pasaje más pomposo y teatral que sin previo aviso revienta y transmuta en un rocker rabioso y directísimo. Nuevamente sobre el escenario los Maiden más salvajes pero esta vez con Birch limpiando y maquillando desde el puesto de control hasta obtener a un Di'Anno capaz de sostenidos impropios de él, asentando el que será el sonido de los Maiden que estaban por llegar.

 

Tras el prometedor comienzo, los anodinos pensamientos suicidas de Another Life suponen un acusado punto de inflexión en el disco. Acá la banda presume de potencia pero carece de gancho. Todo suena artificial desde el barrido inicial de Burr hasta el repentino cambio en el punto final. Ni siquiera los afilados (y un tanto cacofónicos) solos supersónicos ni los continuos cambios de ritmo -alguno forzadísimo- logran levantar la rola.

 

Gengis Khan supone el momento progresivo instrumental del vinilo. Y como ya dije muchas veces, no soy muy amigo de lo instrumental. Suelen dejarme un regusto a relleno y Gengis Khan no es una excepción. Potentísima, si, con un par de radicales cambios de ritmo y... y poco más. Insustancial y pretenciosa. Tal vez podamos rescatar la parte hipercelerada con un Burr avasallador y con Harris nuevamente como líder en la sombra.

 

Con el rockanrolito pateatraseros Innocent Exile repuntamos un poco con el riff de Harris y con esa alternancia entre guitarras schreds y pasajes pseudo-zeppelianos que recorren la rola de principio a fin y con un Paul Di'Anno esta vez muy convincente aunque ciertamente poco exigido. Ese "Lord I'm Runiiing! Yeeeeah!" final es puro Heavy Metal. Aún está lejos de alcanzar el nivel esperado pero tiene mucho gancho. En un buen día incluso la teñiría de rojo.

 

Killers logra recuperar el mejor nivel. Una intro un tanto psicodélica con un bajeo profundo y con unos sobreactuados  Oh Yeaaah! de Di'Anno dan paso al Heavy más clásico del álbum. Harris vuelve a situar su bajo galopante en el centro de atención. Memorable su línea al igual que todo su trabajo a lo largo del disco. Y Burr en su impecable papel. Por su parte, Di'Anno nos introduce en la mente desequilibrada de un asesino en serie mientras él se transmuta en Bruce Dickinson convirtiéndose por un instante en ese cantante jevacho operístico,  sobreactuado y chillón que nunca fue ni quiso ser, caricaturizándose con más Oh yeeeah! y contínuas risas maléficas. Podríamos decir que acá se traza el puente definitivo que nos lleva al The Number Of The Beast.

 

Plof! Se supone que Prodigal Son debería ser esa power-ballad heavy e intensa que pone los pelos como púa de erizo. Y tal vez se acercaría a algo así de no alargarse innecesariamente hasta superar los seis minutos de duración convirtiéndose en un aburrido y caótico collage forzado y mal ensamblado. ¿El tema del asesino que acude a su madre en busca del perdón no lo hemos visto ya en alguna parte? Di'Anno está irreconocible. Parece otro por su voz y por la poca fuerza exhibida. Posiblemente sea el momento más flojo del disco y roza el teñido azul. Por lo poco que se ha escuchado en directo dudo que la propia banda la tenga en mucha estima. Maiden tiene muy pocas baladas y ciertamente, ésta no es de las mejores.

 

No es que Purgatory sea especialmente brillante o creativa pero por primera y única vez en el disco la banda logra ser ultra pegadiza con ese realmente memorable "Pleeease! take me awaaay... take me away so far awaaaay", uno de esos estribillos chiclosos que un estadio entero puede corear una y otra vez en plena catarsis y que uno tararea inconscientemente durante días enteros. Con el bajeo galopante siempre presente y con ese pegadizo estribillo Purgatory es otro serio atisbo de aquello en qué se convertirá Iron Maiden tras The Number Of The Beast.

 

Killers echa el telón con Drifter, que ya habíamos escuchado como lado B del single Santuary en una potente versión en directo y que durante un tiempo se convertirá en uno de los platos fuertes del cierre de los conciertos de los Maiden. Pero en su versión en estudio los "sing it! sing it! sing it! sing it along" suenan totalmente desangelados, sin gracia y es una pena que el disco cierre así de insustancial.

 

 

Y aquí remata un disco que ni es tan malo como se suele decir ni tan espléndido como los más acérrimos quieren ver. Killers representa la difícil pero digna travesía entre el Hard Rock punkarra del disco debut y el Heavy Metal masivo y chillón venidero.

El epílogo de este trabajo es la marcha de Paul Di'Anno cuya vida excesiva dedicada al estudio de los efectos del alcohol y la cocaína sobre el escenario no era del todo comprendida. Iron Maiden (y una vez más, donde leen ?Iron Maiden? entiendan ?Steve Harris?) decidió prescindir de él y buscar un sustituto que se encontró en la persona de Bruce Dickinson que elevaría el nivel y la repercusión de la banda hasta niveles impensables e inalcanzables con Di'Anno cuya vida nunca dejó de dar tumbos y de rebotar de vez en cuando en algún que otro calabozo.

 

por marlaior.

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