L.A. WOMAN (The Doors, 1971)

Artista: The Doors (B+)
Fecha de Grabación: Dic ’70 – Ene ‘71
Fecha de Lanzamiento: 11 de Abril de 1971, USA
Discográfica: Elektra
Productor: The Doors y Bruce Botnick
Calificación: 10 (MUST HAVE) 
 
                    
 
Era: Hard Rock (1968-???)
 
Subgénero: Hard Rock

Mejor Canción: L.A. Woman, o Riders on the Storm…

Canciones: 1) The Changeling; 2) Love Her Madly; 3) Been Down So Long; 4) Cars Hiss By My Window; 5) L. A. Woman; 6) L'America; 7) Hyacinth House; 8) Crawling King Snake; 9) The Wasp (Texas Radio And The Big Beat); 10) Riders On The Storm.

 

El canto del cisne de los Doors, al menos con Jim aún a la cabeza, lanzado tres meses antes de que muriera en París. El L.A. Woman es un zambullido al blues, género al que ya se habían acercado en el Morrison Hotel, pero aquí lo hacen de forma más franca y directa, logrando mejores resultados, y siendo sin dudas uno de los mejores discos de los Doors, quizá con la mejor entrega vocal de Jim en los 6 discos de estudio que grabó con la banda. De alguna manera, parece que todos supieran que sería el último…

El L.A. Woman es un disco de blues con apenas atisbos de la carga psicodélica de los primeros álbumes de los Doors. Uno se puede sentar y disfrutarlo con los ojos cerrados, dejándose llevar por las distintas atmósferas, desde la delicada y cálida “Hyacinth House”, la oscuridad teatral de “L’America”, la bizarra pero cuasi-bailable “The Changeling”, “L.A. Woman, con la que se antoja subirse a una Harley y largarse por carretera a cualquier lado, o la elegante y sofisticada “Rider’s In The Storm”. Es sin duda el disco más variado del grupo, con canciones que te van llevando por diversos estados de ánimo, diferentes ritmos, magistrales arreglos, la mejor guitarra de Robbie, con dos canciones épicas de más de 7 minutos y otro par alrededor de 5, y con la banda dando su mejor esfuerzo en los apenas diez días que duró su grabación, sabiendo acaso que sería la última vez antes de que la banda se fracturara, independientemente de la muerte de Jim.

Sin embargo, es necesario meternos a la historia de Morrison y del grupo para entender cómo fue que se dio semejante joya. Para empezar, Jim estaba en una profunda depresión, en parte por los líos legales del incidente de Miami y el acoso del gobierno estadounidense, que se seguía agravando; además los proyectos artísticos de Jim, como el poemario, una película y otras ondas, se le habían estancado. Jim estaba en su peor momento en cuanto a adicciones, bebiéndose hasta 2 botellas diarias y sumido por completo en la cocaína, con 18 kilos de sobrepeso y con la barba larga, por lo que estaba lejos de ser el sex symbol que otrora fuera. En realidad Jim no quería hacer otro disco. A esas alturas, por su carácter explosivo, su falta de compromiso con el grupo y su tremenda apatía, estaba en malos términos con los otros 3. Lo último que quería hacer Jim en Octubre del ’70 era grabar otro disco con los Doors, hubiera querido más bien desaparecer, irse a África, según él mismo dijo, pero estaban obligados por contrato con Elektra para un disco más.

Ese mismo Octubre, Pamela Courson se fue a París, y Jim comenzó un romance con Eva Gardonyi, una despampanante húngara con tintes de diosa perdonavidas, esposa de Frank Gardonyi, amigo de Jim. Se supone que Jim se obsesionó con ella a tal grado que en cuanto Pam se largó a París, fue a buscarla, se metió a su cuarto y estuvo repitiéndole “I love you’s” hasta que accedió a tener sexo con él. Eva sería un arma de doble filo. Por un lado regresó a Jim a la vida, inspirándolo nuevamente para escribir prolíficamente su poesía, algunas de las cuales se convertirían en las letras de “Hyacinth House” y “Love Her Madly” que fueron dedicadas para Eva, no para Pam, como todo mundo cree. Eva fue la mecha del estallido creativo de Jim para la creación del L.A Woman. Pero a la larga sería sumamente destructiva para Morrison. La banda pues, se metió al estudio con Paul Rotchild de nuevo como productor, ya quee él les había producido sus anteriores discos, pero él también tenía problemas personales y estaba deprimido por haber tenido que terminar el último álbum de Janis sin su estrella, muerta en plenas sesiones. Sin embargo los desplantes de Jim, que seguía llegando borracho, o que los citaba en plena madrugada, lo hicieron estallar. Una madrugada, Paul se quedó dormido en la consola mientras la banda intentaba una toma de “Riders on the Storm”. Jim lo despertó furioso y Rotchild le respondió aventando los auriculares y diciendo que estaban haciendo “música de cóctel”. Trataron de llegar a un arreglo, pero el productor los abandonó diciendo “La única manera en que ustedes y yo vamos a sobrevivir es que ustedes mismos hagan el disco”.

Los Doors, sacudidos por esto, le pidieron a Bruce Botnick, ingeniero de sonido, que les ayudara a producir el disco. De alguna forma este fue otro gran acierto, ya que en primera, les abrió los ojos sobre la holgazanería y el desperdicio de tiempo que estaban haciendo en el estudio y por otra, Botnick hizo una labor impecable. Los blues más crudos suenan secos, desérticos, con ecualizaciones profundas y perfectas; los temas más suaves y ambientales tienen más eco, ligeros delays en los instrumentos que benefician a las canciones con ambientaciones fantasmales. Por otro lado, puso a la banda a tocar en vivo, y a partir de entonces las grabaciones duraron apenas 10 días. Solo Ray sobrepondría algunos teclados un par de días después, y Jim un par de letras desde el baño del estudio, pero el hecho de grabar casi todo “en vivo en el estudio” le regresó al grupo la confianza, el buen humor y la cohesión que se nota en el disco. John dijo que fue como regresar a la época en que tocaban en un garage, sin presiones, sólo divirtiéndose.

Mientras grababan, Jim comenzó a sentirse tan bien que incluso dejó los excesos de alcohol y drogas. Se le veía creativo, aportando ideas, bromista… El Jim de siempre. Pero mientras se alejaba un poco de las adicciones, más se ligaba con Eva, quien lo inició en su adicción a la sangre humana. Se encerraban, se hacían pequeñas incisiones en las muñecas y bebían la sangre del otro. Es sólo un rumor, pero se dice que Jim comenzó a aficionarse a la heroína por las dosis de droga que bebía por la sangre de Eva.

Para mantener a Jim interesado en el proyecto, Botnick trajo a Jerry Scheff, el bajista de Elvis por ese entonces. Un día, entre broma y broma, Jerry sugirió que Ray era un bajista de teclado que sonaba mediocre en un instrumento real. Ray contestó la broma retándolo a que hiciera una canción de un tono donde el bajo destacara. Y comenzaron a armar “L.A. Woman”, como un mero juego. Esa misma tarde, Jim tuvo uno de sus arranques de locura, salió corriendo por un papel y escribió: Jim Morrison = Mr. Mojo Risin’ un anagrama de su propio nombre, y comenzó a repetirlo como loco. Densmore sugirió que bajaran el tiempo a la canción en la parte media, y Jim insertó el anagrama para un espectacular crescendo. Morrison dijo que el Mr. Mojo Risin’ sería el nombre con el que les escribiría cuando se escapara a África. Nadie lo tomó en serio. Mark Benno también se agregaría como guitarra rítmica en algunas canciones.

El 8 de diciembre, en su cumpleaños 27, Jim celebró grabando su poesía en el estudio, durante 3 horas, dejando las cintas que después serían usadas en “An American Prayer”. Jim estaba tan recuperado y entusiasmado que incluso accedió a volver a tocar en vivo. Hubo dos conciertos presentando el material que saldría en el L.A. Woman. El primero fue el 11 de Diciembre en Dallas, sin contratiempos, y con Jim y el resto de la banda mostrando un buen nivel. El segundo fe el 12 de Diciembre en New Orleans. El concierto inició bien, con Jim cantando con bastante energía… pero después de un rato se resquebrajó en pleno escenario, se sentó y empezó a golpear el suelo con el micrófono hasta que despedazo el aparato y abrió un boquete en la madera del suelo. Ray diría que en ese momento supo que toda la energía de Jim se había ido para siempre, algo se había roto de manera definitiva en él. El concierto se suspendió. Los demás llegaron a la conclusión de que ya no podían contar con el errático Jim para dar más conciertos, ya que podía salir con cualquier ocurrencia en plena presentación. El disco aún no estaba terminado, aún faltaban detalles de grabación y la mezcla que se terminaría en Enero, pero de alguna forma la banda supo en ese momento que todo había acabado para el grupo. Días después, Pam regresó de París para pasar navidad con Jim… sólo para encontrarlo en la cama con Patricia Kennealy, una autora de ficción y brujería, quién la recibió con una sonrisa de oreja a oreja y con la novedad de que ella y Jim se habían casado en una ceremonia pagana. A final de cuentas, Patricia se fue a Nueva York y Pam perdonó a Jim, que regresó como cachorro asustado a sus brazos.

 

El disco se terminó en Febrero. Todo mundo estuvo contento con el resultado, pero a pesar de que querían seguir con la banda, a la vez todos estaba hartos unos de otros. Pam, aun cargada por los celos y viendo una oportunidad, le propuso a Jim mudarse a París vendiéndole la idea de un poeta negro en el exilio parisino. Insistió en que no necesitaba a los Doors para ser alguien y que allá podría explotar sus otras facetas creativas. Además el juicio por el incidente de Miami se iba complicando y Jim veía cada vez más cerca la posibilidad real de ir a la cárcel. No hubo un rompimiento oficial, pero cuando Morrison le comunicó al resto de la banda que se mudaría a Francia, no se fijó fecha de regreso. Tampoco se habló de renovar contrato con Elektra o con alguna otra disquera. Cuando el disco fue publicado en Abril. Jim y Pamela ya se encontraban instalados en la Ciudad Luz. Lo siguiente que sabrían de él, es que Pam lo encontró muerto el 3 de Julio en condiciones extrañas, en la bañera de su cuarto de hotel, presuntamente por una sobredosis de heroína, droga a la que no estaba acostumbrado, pero a la que Pamela era adicta, y que se supone que inhaló por error, pensando que era coca. La versión oficial fue un ataque al corazón. Con esto, Morrison cerró definitivamente la era de los 60’s, y fue el último del famoso Club de los 27, al menos el inaugural que contenía las 4 J’s: Jimi, Janis, Jones y Jim. El mito de Jim Morrison comenzaba con toda su grandeza.

 

EL disco arranca con “The Changeling”, una pieza experimental, que recuerda un poco el periodo entre experimental y pop del grupo con sus discos intermedios. Sin embargo, la atmósfera extraña resulta poderosa, con la espectacular línea de bajo, repetitiva, cierto, pero fascinante por la oscuridad, el tono amenazante y al mismo tiempo es capaz de ponerte a mover el trasero. Ray aquí se nos pone creativo, un tanto psicodélico y experimental, con arreglos oscuros, melódicos y carnavalescos de la primera etapa. Robbie pone su pedal wha a todo lo que da y hace curiosos adornos, desde el efecto apagando las cuerdas con las manos, hasta ese espectacular puente in crescendo al 1:45 que precede a la explosión del coro, para poco después hacer un aumento de tono. Densmore va agregando remates jazzeros entre ese ritmo rockero. Luego, al 2:45 tenemos un fascinante puente instrumental con la guitarra cargada de fuzz haciendo una atmósfera extrañísima y sombría, creando tensión que finalmente explota con ese grito de jaguar de Jim. No es de las favoritas de la gente ni aparece en recopilaciones, y en cambio yo la encuentro hipnótica, sombría, pero al mismo tiempo seductora, movida y muy vibrante. Me parece de las canciones más menospreciadas de la banda, y una de las que combinan de manera más efectiva las distintas cualidades de los 4 integrantes: el jazz de Densmore, la psicodelia oscura de Manzarek, el vibrante blues de Kriegger y la explosividad e Morrison. Gran inicio!

Sigue “Love Her Madly”, otra chulada de canción en el que el bajeo vuelve a ser fundamental. Jerry Scheff se encarga del bajo, y comienza a dar cátedra de creatividad, guiando al resto, haciendo la canción dinámica, pero a la vez dando profundidad y fuerza. Es una de mis líneas debajo favoritas; alguna vez lo llegué a tocar y créanme que no es tan fácil como parece. La canción fue compuesta por Robbie, aunque Jim ayudó con parte de las letras, inspirándose en Eva y la manera en que se estaba involucrando peligrosamente con ella. Desde el inicio la canción es espectacular, con un rasgueo marcado, un breve redoble y la amenaza del bajo, para inmediatamente entrar en ese beat potente y fluído de los versos. Jim canta muy bien, esta vez sin explosiones, manteniendo tonos bajos y medios muy convincentes, y con una melodía vocal adictiva, tanto en versos como en los perfectos coros. El piano de Ray va jugueteando, sin ser un pilar, pero dando un toque peculiar y festivo a la canción, sobre todo en los puentes y el solo al 1:30, donde cambia de un piano un tono más carnavalesco y colorido. Es el mejor momento de Ray además de “Riders On The Storm” Los cambios y quiebres son magníficos para mantener la canción sin que se vuelva repetitiva, de nuevo mostrándose maestros en la creación de tensión: “All your love, all your love, all your looooooooooooooove…” Al 2:25 parece que termina con el marcado “To-be-on-the-mark”, pero vuelve el guitarreo con que comenzamos y básicamente se repite la espectacular intro para esta vez llevarnos al solo de guitarra en el que Robbie repite la línea vocal en un delicado agudo. Enorme canción. Elektra la escogió como primer single, y fue una de las canciones de los Doors que más alto llegó en los charts.

Luego viene “Been Down So Long”, una oda al blues al más puro estilo de Chicago, con una estructura general muy básica: un bajeo marcado llevando el tiempo en los tres tonos base, la batería muy básica, también apenas marcando tiempos y con eventuales parones y eventuales remates muy tímidos. Las guitarras de Robbie Krieger y Mark Benno son las que resultan una delicia, intercalando slides, una con un efecto muy limpio y otra con una pizca de distorsión. Resulta maravilloso como se alternan y eventualmente las dos convergen en ese riff principal, rústico, en incluso en el sencillo solo al 1:35. Jim la canta muy bien. Todo el disco tiene un nivel vocal impresionante, sonando como si la voz de Jim hubiera envejecido o madurado 10 años desde el último disco. La cuestión es que la voz de Jim estaba casi acabada desde una neumonía mal cuidada en el verano y por la manera en que bebía cerveza helada (la Tecate mexicana era su favorita en ese tiempo) con la garganta calienta tras cantar; además a esas alturas se fumaba hasta tres cajetillas de cigarros al día.. Bruce Botnick llegó a comentar que supo que eses era el último disco de Jim como verdadero cantante. El tono profundo, ligeramente rasposo, y la voz más madura, pues fue más circunstancial, pero le sentó perfectamente al estilo bluesero del disco. En fin, “Been Down So Long” estuvo inspirada en el libro Been Down So Long It Looks Like Up to Me de Richard Farina, aunque la letra reflejaba la depresión de Jim justo antes de iniciar la grabación: “Well, I've been down so Goddamn long, That it looks like up to me”. Muchos la acusan de ser un blues genérico. Ciertamente no es de los puntos más fuertes de los Doors, pero no es mala. Qué acaso “Since I’ve Been Loving You” no es un blues genérico?

Después tenemos “Cars Hiss By My Window”, otra canción en formato de blues lento, muy menospreciada por la gente. Jim pierde ese tono rugiente de “Been Down So Long” y en cambio suena desolado, verdaderamente sin esperanza, y con una voz lejana y con menos volumen (grabada en el baño del estudio) sobrepuesta al fondo. La atmósfera es lenta y minimalista, con la sección rítmica haciendo apenas estructura, sin mayores adornos, salvo remates al final de los versos. Guitarra y piano eléctrico apenas susurran gentilmente, se podría decir que a un nivel casi amateur. Pero en conjunto crean una canción de terciopelo, envolvente, que lleva a esa soledad de motel que va describiendo Morrison: “A cold girl will kill you in a darkened room”. La lentitud cadenciosa se vuelve una delicia, casi sexosa. Hacia el final viene un solo de… Jim! Al 3:30 suenan unas notas de lo que podría ser una guitarra muy chillona y cargada de efectos, que contrasta con lo que hemos oído. La verdad, las primeras escuchas te toma de sorpresa, y no es sino hasta el final cuando uno se da cuenta de que es Jim imitando una guitarra con la voz, y la canción acaba así, de súbito.

Viene ahora una de las joyas del disco. “L. A. Woman” es una verdadera pieza de colección y es casi imposible imaginar que empezó como una broma-reto improvisada. La manera en que está construida a lo largo de sus casi 8 minutos, es de una perfección tal que parece que pasaron meses construyendo cada detalle. Sobre todo porque es una canción prácticamente de un tono. El bajeo de Jerry Scheff es para levantarle un monumento. Ciertamente le calló la boca a Ray. Es un bajeo espídico en LA, que después de un rato se vuelve cansadísimo. Pero además tiene unos areglos a la velocidad de la luz en la parte de “City of ligh, city of night”. EL bajo va guiando y soporta toda la canción, mientras Ray tiene otro de sus momento s de iluminación para hacer grandes arreglos de piano, que no son la base, pero definitivamente crean una gran pantalla para que Robbie haga su blues a placer. Al 2:40 Ray hace su solo, en un estilo desenfadado, rapidísimo , lanzando notas de tal manera que recuerda una taberna del viejo oeste. Inmediatamente después un puente muy cool al 3:15 (“I see your hair is burnin”) con otra línea rapidísima de bajo. Definitivamente Ray no hubiera podido hacer nada medianamente parecido en vivo con su Fender Rhodes Piano. Al 4:20 la canción baja de tiempo, se vuelve casi un susurro y comienza el fragmento de “Mr Mojo Risin’ ”, en un crescendo verdaderamente apocalíptico y que te obliga a agarrarte del asiento para no irte al suelo. Al minuto 6 ya vamos a toda máquina y la canción explota con el incendiario requinto de Robbie. Después regresamos a la estructura inicial, pero con un Jim revolucionado cantando como si se fuera a acabar el mundo. La melodía vocal es pegajosa de principio a fin, con infinidad de ganchos que mantienen al escucha atento, y los 7 minutos parecen pocos, y el unitono parece mucho. La letra es muy buena. Dicen que se trata de un violador al estilo de “Midnight Rambler” de los Stones. La verdad es que Jim improvisó un poco, y lo primero que se le vino a mente fue una prostituta de la que andaba medio prendado por esas fechas. La canción habla del club de striptease y de la cabina donde la chica hacía su provocativo baile: “Never saw a woman so alone, so alone…”. Al final terminó haciendo un himno al ambiente nocturno de Los Ángeles. Gran, gigantesca canción, de las más grandes de la historia del Rock.

Después de uno de los puntos más altos viene quizá el más bajo. “L’America” fue una grabación anterior, que originalmente fue pensada para el soundtrack de la película Zabriskie Point. Quizá por ello suene tan bizarra con una ambientación enrarecida y experimental. Guitarras oscuras cargadas de fuzz y teclados estrambóticos con una atmósfera casi gótica. Jim hace letras sin mucho sentido. Supongo que iban con la película. Los versos sombríos contrastan con el optimismo del estribillo. No es de mis favoritas, definitivamente, y es el track más débil del disco.

“Hyacinth House” es mucho mejor. Una balada cálida, brillante y suave como tarde de verano. Guitarras rasgueadas, y un teclado que se lleva la canción con órgano y por momentos un sonido aflautado muy delicado, haciendo grandes arpegios, e insertando al 2:20 un fragmento de Chopin. La letra habla en parte de lo solo que se encontraba Jim cuando Pamela se fue de vacaciones a Paris, y de su necesidad de una “nueva amiga” que encontró en Eva. Además, por la fecha estaba leyendo mucho a Wilde y tiene algo de influencia por el título. Finalmente, tiene una divertida puntada de Jom, con el verso “I feel the bathroom is clear” que improvisó cuando regrabó la letra, refiriéndose a cuando tenía que esperar en el baño a que le dieran la señal para grabar un par de temas. No es de los clásicos, pero es una canción bastante cute.

“Crawling King Snake” es el único cover del disco, un blues original de John Lee Hooker que tocaban en vivo desde sus primeros conciertos. Sombría, lenta. Intenta recrear lo que ya lograron con “Cars Hiss By My Window”, con una instrumentación mínima y más enfocada en la atmósfera. Sin embargo no les resulta tan bien. Curiosamente una canción que suena magnífica con el maestro Hooker, suena genérica con los Doors, y pierde cualquier atisbo de peligrosidad. Incluso los arreglos y los solos suenan aburridos. Este es otro punto débil del álbum, pero tampoco es ofensivo.

Después llega “The Wasp (Texas Radio And The Big Beat)”, otra canción un tanto experimental, en donde John Densmore se luce hacienda un solo que prácticamente dura toda la canción, metiendo tamborazos a diestra y siniestra sin perder el tiempo. La canción fue escrita en el ’68, por la época de las canciones más experimentales, por lo que conserva cierta aura del Waiting For The Sun o el Soft Parade. Es una especie de Jam donde Morrison recita su poesía oscura y extravagante: The Negroes in the forest brightly feathered. They are saying, "Forget the night, live with us in forests of azure.” No es tampoco de los grandes temas de la banda.

Afortunadamente cerramos con otra épica magistral, que se sale del sonido de cualquier otra canción de los Doors. Por supuesto, me refiero a “Riders in the Storm”, que Rotchild calificara como “música de cocktail”, y que después sería aclamada por la crítica como una de las mejores canciones de la historia. “Riders In The Storm” es el testamento de Jim, su oda a la soledad, a los ambientes sombríos y lluviosos del alma. Su canto del cisne. La perfección de la rola es conmovedora. Desde los truenos con que empieza, la suave lluvia cayendo como brisa. La voz susurrada de Jim al fondo, contrastando con la gruesa voz grave que lleva la línea principal. Ray nunca sonó tan jazzero, haciendo arreglos sofisticados, elegantes, exageradamente inteligentes y que te transportan a una ambientación melancólica, fría, oscura. Densmore decide difunminarse un poco a favor del teclado, llevando apenas el ritmo con los contras. La guitarra es exquisita, tejiendo arreglos tremolados que se quedan vibrando en la mente. En la primera parte la guitarra es más discreta, pero poco a poco va agregando sus arañitas y arreglos. Y los solos! El primero es de guitarra, al 1:40, con una gran carga de tremo, alternando con el teclado. Un minuto después viene el de Ray, de gran manufactura y mucha influencia jazz, con una precisión casi matemática. Este solo se alarga hasta el 4:30 y constituye la primer coda, haciendo un fade out para un falso final que nos deja con la lluvia y los relámpagos. John hace un breve redoble para volvernos a meter en la canción, y Jim vuelve a hacer los hipnóticos versos del inicio. Al 5:30 la guitarra y teclados se conjugan en una nueva línea que precede la coda. Jim canta de manera fantasmal el título mientras se desvanece en la lluvia e impera la voz susurrada. Luego viene el velocísimo cierre de teclado de Ray, mientras los demás instrumentos se apagan y nos quedamos pasmados, empapados en el frío de la lluvia, con la sensación de haber paladeado un vino de finísima calidad. La perfección de la canción es brutal. Sin ser un rocker ni una balada, los Doors se la ingenian para crear tensión prácticamente toda la canción. Las letras de Jim esta vez alcanzan un gran nivel poético, existencialista, construyendo imágenes sombrías, esta vez sí, de su alter ego, un psicótico asesino en la carretera. El bajeo es hipnótico y repetitivo, un pequeño circulito con apenas variaciones en los puentes, pero suena elegante y sirve de pegamente a toda la canción. Definitivamente, si hay una canción que define la soledad y el dolor de Jim Morrison debe ser esta. Resulta dramático que las últimas líneas de la última canción de su último disco hayan sido precisamente “Like a dog without a bone, An actor out alone... Riders on the storm…”. Magnífica canción.

 

El L.A. Woman es un disco superlativo. Cierto que tiene algunos temas menores, y otros un tanto extravagantes, pero ninguna es relleno insufrible, y el nivel de las canciones en rojo dan para hacerlo un 10 rotundo. Tengo la idea de que todos sabían que sería lo último, de alguna manera, y dieron su mejor esfuerzo para hacer un disco redondo. Finalmente, el hecho de que Jim muriera meses después de su lanzamiento hizo que la banda “terminara en cierta forma” en la cúspide, con al menos un par de temas inmortales recién salidos del horno, que confirieron a Jim el status de leyenda. Entrecomillo el “fin de la banda” porque los Doors acéfalos aún sacaron un par de discos más, pero afortunadamente casi nadie los ha oído. El Other Voices y el Full Circle fueron la prueba de que Jim Morrison no era los Doors, los demás tenían talento, pero la personalidad, el rostro visible, el magnetismo se esfumaba por completo sin Jim. Y no los considero para la calificación total de la banda.

No sé si atreverme a decir que con esto cierro la discografía de los Doors. No cierro la puerta. Tal vez algún día reseñe ese par de discos perdidos, pero no será en el corto plazo. Y no seré misericordioso…

Por el momento, This is the Eeeeeeeeeeeeeend! 

 

 

Por Corvan  

 

Letras de El Traductor de Rock 

 

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