LECCIÓN DE VIDA (José Cruz, 2009)

Artista: José Cruz (C)
Fecha de Grabación: 2008 - 2009
Fecha de Lanzamiento: 06 de Marzo del 2009
Discográfica:
Productor: José Cruz
Calificación: 8

 

 

Era: 2000 Rock En Ñ: La Dispersión

Subgénero: Blues Rock)

Mejor Canción: Tres Días o Tu Cama

Canciones: 1) Intro – Aliento de Fuego; 2) Sobre Mesones; 3) Viaje Personal; 4) Mercado de Ángeles; 5) La Bacha; 6) Blues del Mississippi; 7) Tres Días; 8) Blues de la Esclerosis; 9) Lección de Vida; 10) Me Quedé Sin Tí; 11) Blues Nocturno; 12) Tu Cama; 13) Hay Fuego En Mi Guitarra.

 

Este es el primer disco de José Cruz como solista. La verdad no sé ni como empezar. Quizá lo mejor sea decir que me ha gustado bastante. Se nota que no es un trabajo de Real de Catorce, ya que, a pesar de que no es precisamente un disco acústico, es más tranquilo, menos explosivo y sin el virtuosismo de los músicos de Real. Y probablemente por ello José no se obstinó en continuar con el nombre de la banda a pesar de que me parece, pudo hacerlo. Por respeto a los fans, a sus ex compañeros con los que tuvo un amargo final, pero sobre todo por darse un lugar a sí mismo, este es un trabajo de José Cruz y su taller de blues. Un trabajo más íntimo, más discreto, sin el virtuosismo de guitarras, bajo y batería, cierto. Sin embargo la esencia de Real sigue presente, ya que el espíritu de la banda siempre fue el mismo José Cruz, y aunque quizá esté mermado físicamente para interpretar guitarra y armónica al nivel maestral de antes, su espíritu sigue intacto, tal vez más férreo que nunca, y su nivel compositivo sigue siendo de primer nivel. Las melodías pues, son excelentes, son caricias de blues cargadas de ganchos, pero sobre todo de la poesía infalible de un José cada vez más personal, que no se resigna a despedirse, sino que grita que sigue y seguirá luchando, y ese es uno de los grandes méritos del disco.

El álbum pues, está cargado de nostalgia, de excelentes metáforas y construcciones poéticas, cada vez más personales y distantes del ambiente noctámbulo de poeta beat que manejaba en los 90’s. La poesía que impregna las composiciones resulta por momentos más afilada e irónica, por momentos suena a una despedida definitiva, y en otros trasluce una esperanza y ganas de vivir que conmueven.

Musicalmente, sería injusto hacer comparaciones con Real de Catorce, que fue uno de los mayores combos de virtuosos del Blues. Es en cambio, mucho más cálido, como si tuviéramos a José Cruz y a los amigos que colaboraron en el disco sentados en la sala de nuestra casa, cantándonos entre cerveza y cerveza a la luz de las velas. Y en ese aspecto la música no queda a deber, ya que viste de manera más que precisa la poesía delicada y fina, por lo que realmente no queda mal en absoluto. De hecho, es un acercamiento enorme al Delta Blues, más básico y crudo, a veces con meras guitarras chillando con slides, o con excelentes arreglos de piano. O armónicas que suenan ligeramente más limitadas por la actual capacidad pulmonar de Cruz, pero que aún así dejan claro que es un maestro de maestros en dicho instrumento, como en “Blues de La Esclerosis”, que es una rola básicamente de armónica, o en “Blues Nocturno”, con solos que no son apabullantes, pero sí bien construidos y que ayudan a generar grandes atmósferas.

 

No estoy seguro de que la gente que lo está acompañando en las presentaciones en vivo del disco sean exactamente los mismos que aportaron en la grabación del mismo. En la gira, José Cruz está frecuentemente acompañado por los músicos de su taller de Blues, jóvenes que comienzan a destacar en el ambiente musical, como Iván Villanueva en los teclados, Oswaldo Gonzáles en la guitarra, Christian Villanueva en la batería, Eric Acosta en guitarra y coros, Juan Antonio Treviño en batería y percusiones, Carlos Ortiz en el bajo, María José en coros y Maxym Gonzáles en el saxofón, aparte participaciones en conciertos del músico Horacio Franco. Esto tampoco es algo nuevo. Silvio Rodríguez grabó disco y salió de gira con el grupo de jóvenes Trovarroco, y Joaquín Sabina hizo lo propio con el grupo Pereza para inyectarle frescura a su Vinagre y Rosas. Así pues, es un sonido distinto en cuanto a forma, ya que hay un evidente cambio de elementos, pero el fondo sigue siendo ágil, bien elaborado, con estructuras hondas en un blues más de raíz y en una poesía cargada de imágenes.

 

El disco inicia con una pequeña "Intro" con un poema recitado más que cantado, o mejor dicho “rezado” más que cantado, que cierra con una gran frase: “hacen falta ángeles, héroes y una dictadura de niños…”. Mientras, al fondo hay una improvisación en teclado, medio jazzera, muy atmosférica, vistiendo bien el poema de Cruz cargado de imágenes. Al 1:15 empieza en forma la primer canción, “Aliento de Fuego”, con una excelente armónica, que recuerda la intro de “Pájaro Loco” del segundo disco de Rde14, y que da muestra de que a José aún le quedan bastantes pulmones para hacer este tipo de tremendos arreglos, y que le hacen sin duda honor al título de la canción. Al 1:55 cede lugar a un solo de teclado, que sigue en ese tono groovy y psicodélico y con matices de jazz. Después un solo un poco alocado y desorganizado de guitarra limpia, que cede lugar a otro integrante con una guitarra más distorsionada y tremolada. Este es un jam que se arma en base a los riffs iniciales de armónica, me recuerda mucho las canciones con que abren algunos grupos para calentar motores, o a veces para cerrar conciertos, luciendo un solo de cada instrumento para presentar a los integrantes. Técnicamente no es un monstruo y suena un poco desorganizado, insisto, como un jam, pero es divertido de inicio a fin, y los instrumentos se van sucediendo unos a otros de una manera bastante agradable y fluida. Con esta canción de casi 6 minutos (intro incluída) se demuestra que José Cruz sigue con un Aliento de Fuego y esa es una excelente noticia.

Sigue “Sobre Mesones”, una canción oscura, casi fúnebre, que recuerda los sepelios con esa manera lenta y espesa de iniciar del piano. La batería es ahora quien llena de matices y destiempos de jazz, hasta que al :45 inicia el coro, más fluido, pero igualmente oscuro y como resignado. Las letras también están cargadas de oscuridad, de noche, de cierta amargura y reproches, ya que habla de las amistades perdidas. Sin embargo, no sé si por la letra o por la manera casi susurrada de cantar, parece que José desnuda su alma más que nunca. Un armónica llora un poco tímida al fondo. Los coros femeninos le dan un toque gospeliano, y nuevamente no se puede decir que esta sea una canción de blues puro, sino que trae un excelso mestizaje con jazz y gospel. A pesar de que el coro es un poco repetitivo y suena un tanto solemne, la canción no se siente pesada, sino que tiene esa agilidad que José Cruz sabe imprimirle a sus rolas. Al 4:45 hay un solo de piano, algo básico, pero que viste los estables de voces que continúan, y la canción crece en cuanto al dramatismo e intensidad en este pasaje. Después de un verso conmovedor “No puedo evitar sentirme miserable…” un solo de armónica, también sencillo pero efectivo da pie al abrupto fade out con que cierra la canción.

Continúa “Viaje Personal” con una intro de guitarra acústica con slide que nos lleva al más puro Delta Blues. El riff acústico es delicioso, mientras José frasea rabiosamente, no porque grite, sino por la intensidad de la letra. Un gran trabajo de slide, y no me hubiera molestado que toda la rola siguiera en este tenor minimalista. Al :49, un apurado redoble (y en este punto sí se echa de menos a Fernando Ábrego) da entrada a la artillería pesada, y entran bajo, batería y guitarras, chillando como trenes a lo lejos y repitiendo el beat de los rieles. La canción toma tintes vertiginosos, con un ligero aire a LA Granje de ZZ Top, y las letras se vuelven tremendamente irónicas, rematando con un coro muy melódico y pegajoso “No te pierdas en tu viaje personal”. Al 1:35 queda solo el beat de la bataca manteniendo el ritmo mientras la voz taladra los versos con un efecto sofocado para rematar con todos los instrumentos en el coro. Al 2:20 hay un puente donde José inserta un nuevo poema con efectos alucinantes en los instrumentos, un tecladito muy floydiano y una atmósfera psicodélica, para después regresar a ese riff incisivo de hard-blues.

Enseguida está “Mercado de Ángeles”, con un teclado juguetón que esta vez me parece que desentona en su aire juguetón con la atmósfera negra que José intenta construír en ese fraseo casi de hip hop. La música se vuelve un jam que sirve para vestir otro recital en contra de la pederastía de la Iglesia católica, que hace un mercado de niños encubierto con su poder. Grandes imágenes las logradas y al 2:00 incluso José se pone a gruñir y a jadear de una manera demasiado explícita. Al 2:35 empieza lo que sería el coro en esta rola que en realidad no tiene estructura común: “Aquí no brama el bello mar, aquí se aprende a presagiar, La calle exhala perdición, nadie salva la nación…” que se repite a manera de mantra hasta que termina la canción.

Continuamos con “La Bacha” con un divertido ritmo entre pasodoble y tango, con guitarras cargadas de blues y un piano marcando tristemente los acordes y creando una atmósfera desolada y argentina con mínimos recursos. Jesús canta igualmente desolado construyendo sus versos negros y amargos: “La soledad de México es puuuura Patria…” Posteriormente hace una mención muy metafórica de la muerte, casi a la manera de “La Catrina” tan utilizada en estos lares, pero tan olvidada en las canciones, y por ello, algo en las letras me huele también al México Revolucionario, junto a la Argentina de inicios de siglo pasado… La estructura de los versos es repetitiva, y experimenta evitando por completo la figura del coro, pero a pesar de lo repetitivo, las imágenes que logra con las palabras y el efecto bohemio de los arreglos instrumentales que van dando pinceladas hacen que en ningún momento se caiga, sino que al contrario, resulte una canción inusitadamente fuerte. Algunas frases que uso en mi Messenger de esta rola por la fuerza que tienen son: “Porque la vida es para saber morirla…” “La soledad de México es pura rabia” y esta no la uso, pero igual me impresiona: “Ya se acabó la bacha, tu la mataste, y se lleno la noche de carcajadas…”. Como al 4:20 hay un falso final en que parece que el baterista ya se puso a jugar, pero luego regresa al pasodoble de la tarola y la armónica también regresa para hacer una coda y unos últimos versos. Buena canción, que sorprende por su mestizaje y la potencia que pueden crear las imágenes con tan pocos recursos musicales, muestra de que la genialidad compositiva no requiere forzosamente de virtuosismo instrumental.

Sigue “Blues del Mississippi” que me recuerda mucho alguna canción de Dylan, no sé si por el tecladito psicodélico o por la secuencia de tres tonos que se van repitiendo muy a la “Knocking On Heavens Doors”. En la melodía vocal también hay lejanas remembranzas a esta rola, pero la guitarra va jugueteando alegremente y las letras son bastantes distintas. La letra en cambio es tremenda” “Llévame al Mississippi, no conozco esa niebla” un bluesero que parece llorar por no conocer la cuna del blues. Luego frases como “Soy el único hombre en la tierra que trabaja sin paga”, “Soy el último hombre en la tierra que querrías amar…” Al 1:45 hay un puente de piano muy íntimo que da un respiro a la canción para regresar con las figuras. La canción quizá no tiene mucho musicalmente, Dylan podría demandar si quisiera, pero el mérito es la construcción de imágenes. Sin decir una sola palabra que suene realmente a despedida, esta es la canción que más huele a un adiós en todo el disco, pidiendo “Llévame a ese lugar donde no hay olvido, llévame dulce amor a tus pies de hierba…”, y si realmente sientes la obra de José, puede llegar a hacerte un nudo en la garganta.

Sigue “Tres Días”, otro de los temas grandes del disco, dedicado al fallecido José Iglesias, que fue guitarra líder en los primeros 7 discos de Real de Catorce, y quizá por ello aquí las guitarra suena más cristalina y vibrante, protagónica desde los riffs hasta el arpegio tristísimo. Todo en esta canción parece llorar, sobre todo cuando la voz casi desgarrándose lanza ese “nadie te quiere como yoooooooooooo”. Las imágenes líricas son totalmente nocturnas, densas, de un vagar en la noche sin rumbo, tres días de un no recordar dónde se amanece ni dónde se vive. Un blues muy elegante y delicado, con solos de armónica que no son complejos pero que encajan perfecto en esa atmósfera de tristeza arrasadora, de manera que hay que procurar estar lejos de una botella de whiskey al escucharla, bajo el riesgo de acabársela sólo.

Con “Blues de la Esclerosis” me temía una rola tremendamente desgarradora y autocompasiva. Nada de eso. Es de hecho una canción instrumental, donde el platillo fuerte es la armónica que va improvisando y creando sublimes figuras cobijada únicamente por un bajeo discreto y un beat creado por palmas de manos, al mas puro estilo del Delta Blues. No puedo decir mucho de la ejecución de armónica, es lago que hay que oír para disfrutar del virtuosismo de José, que no por nada está catalogado entre los mejores (si no el mejor) de México. Así pues, el título es una burla, es un embarrarle en la cara a su enfermedad las limitantes, un decirle “mira de lo que soy capaz, aún contigo a cuestas”. Si el “Blues del Mississippi” resulta desgarradora, esta canción es un faro de esperanza para este hombre que aun tiene muchísimo blues que dar al mundo.

“Lección de Vida” sigue en ese tenor de buen humor, con un ambiente más cabaretero y boogie por el piano y la guitarra haciendo slides con blues de los viejos maestros negros. “Si la muerte se arrepiente de arrojarme a un cajón, tocaré un par de blueses antes de que se apague el sol”. Otro blues muy básico, pero interesante por los arreglos y la fusión de estilos con pocos recursos. Al :55 hay un buen solo con una guitarra más limpia. Más adelante Cruz habla de su encuentro interior a partir de su contacto con el chamanismo, y del Hikuri que lo protege. Una letra llena de coraje por vivir y esperanza en medio de ciertas dosis de ironía, que por algo resulta significativa como para titular al álbum.

“Me Quedé Sin Ti” es la décima rola del álbum, con una gran carga introspectiva. Se deja de lado el optimismo de las dos canciones anteriores para un ambiente nuevamente personal y recogido, azuloso, y tristísimo, con buenas guitarras que sirven de fondo al poema con que entra la voz, recitando con el corazón roto, reclamando la ausencia de su compañera que se fue hace mucho tiempo. Después del desgarrador y dolido poema, la voz canta hasta el 2:40 aún con ese aire íntimo y tristón que parece acabar en un llanto.

Después llega “Blues Nocturno” con una armónica densa y pesada, para dar paso a guitarras limpias confeccionando un blues sofisticado y cargado de imágenes nocturnas. Aún así, José suena nuevamente optimista y luminosos “El Blues de nocheeee me hace bailar desnudo para tiiiiiiiiiiii”, una oda al género que ha alimentado por tantos años al genial compositor. Los arreglos de armónica no son tremendos, pero están nuevamente diseñados a la perfección y encajan como guantes negros de seda. Al final uno no puede sino esbozar una sonrisa: “Quiero algo tuyo, que pueda quitarte con la lengua…”

“Tu Cama” es lo más cercano a un Blues Rock salvaje, con una gran intro de armónica y un riff lleno de wah wha, con excelente ritmo, el fraseo endiablado, la batería otra vez mal ecualizada pero atreviéndose cada vez más. La construcción melódica es impecable, permitiendo dar intensidad para rematar los versos y evitando nuevamente la figura del coro propiamente dicho. Al 2:30 viene un solo de teclado que inicia titilante y luego se une a la furia y desenfreno de la rola. Al 3:35 quedan únicamente bajo y batería sosteniendo apenas la canción para dar pie a un buen solo de guitarra, que se va contestando con los teclados hippies. Las letras acaso me parecen un poco fuera de lugar y serían el único punto débil de la canción, pero logra buenas imágenes. Al 4:55 la armónica hace un tributo al riff de “I Miss You” de los Rolling Stones, quizá como mensaje oculto, y de ahí sigue un extenso solo de este instrumento, logrando por la escalonación de instrumentos, la tensión, el ritmo vertiginoso y la explosividad que logra el conjunto que esta sea de los mejores momentos del disco.

El disco cierra con “Hay Fuego en mi Guitarra”, mucho más rítmica y campirana, de ambiente tranquilo y de construcción acústica. Un piano va haciendo figuras detrás del rasgueo. Nuevamente el valor de la rola radica en la construcción lírica, afilada, mordaz, irónica en momentos y en otros con atisbos de despedida. Sin ser mala, me parece un poco débil para cerrar el disco. Ya al final nos metemos en un ritual chamánico, con sonajas y percusiones y sonidos de trenes aullando al fondo en un lento fade out que nos deja con los cantos ancestrales como últimos sonidos del disco.

 

Buen disco, que se deslinda en forma de los trabajos previos con Real de Catorce, pero en fondo sigue atado al alma de Blues puro de José Cruz. Entiendo que el disco busca ser más íntimo y personal, pero me parece que le falta explosividad en los momentos más intensos, ciertas canciones que buscan la creación de tensión y no logran el orgasmo que parecen rozar. Por otro lado, algunas canciones, sin el soporte de virtuosos, se sienten un poco pesadas y repetitivas sin la presencia de coros. Aún así el álbum vale la pena, el blues está presente de inicio a fin de manera maestral, ya sea mestizado con otros géneros o con destellos del blues más puro de Nueva Orleáns. Si no eres fan de Real de Catorce quizá no te llame mucho la atención, pero José Cruz Camargo logra un ambiente más personal, ya lo mencioné, como si estuviera en la sala de tu casa cantando y palomeando.

Algunos artistas, a lo largo de su obra logran cierta rara comunión con su público, y a pesar de que nunca he conocido en persona a Silvio Rodríguez, Joaquín Sabina o José Cruz, por sus discos me han logrado transmitir cierta sensación de amistad, de ser un viejo conocido. Este disco lo reafirma, es mucho más personal y tiene muchos guiños para quienes conocen su obra y su situación de salud actual. Por eso me parece un gran disco, que vale la pena escuchar y que es una muestra del coraje y voluntad enorme de este músico, maestro, y a través de su obra, amigo, José Cruz Camargo.

 

 

Por Corvan 

 

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