LOS TRES (Álbum, 1991)

Artista: Los Tres (D+)

Fecha de Grabación: 1991

Fecha de Lanzamiento: 4 de Septiembre de 1991, CHI

Discográfica: Alerce

Productor: Carlos Necochea

Calificación: 8

                   

Era: 90's Rock En Ñ: La Era de Oro

Subgénero: Alternativo Ñ

Mejor Canción: Pájaros de Fuego o Un Amor Violento

Canciones: 1) Somos Tontos, No Pesados; 2) El Haz Sensor; 3) Sudapara; 4) Flores Secas; 5) Pájaros de Fuego; 6) La Primera Vez; 7) En Jamaica; 8) Un Amor Violento; 9) Amores Incompletos; 10) He Barrido el Sol.

 Como la gran mayoría de los discos debuts, Los Tres aún estaban en la búsqueda de su sonido propio. En este álbum podemos encontrar el montón de influencias que posteriormente irían amalgamando para crear su propio estilo, pero de alguna forma se notan algo difusas. Es pues una banda aún en proceso de maduración y no los podemos culpar por ello en un primer disco, que a pesar de que muestra aún falta de madurez, no deja de ser bueno.

El grupo nació en Concepción, a partir de la amistad que unía desde la adolescencia a Álvaro Henríquez Petinelli (guitarra, voz), Roberto Titae Lindl Romero (bajo) y Francisco Molina Cornejo (batería). Los tres eran compañeros del colegio Charles de Gaulle. Su interés por la música fue siempre más profundo que el del promedio de jóvenes de su edad, y desde muy chicos fueron armando bandas informales, como los Dick Stones o Los Escalímetros, ambas  inspiradas en el rocanrol cincuentero. Siendo de Provincia, no tenían empacho en saltarse las convenciones de lo que hasta entonces se entendía por una carrera musical. Por 1984, Henríquez y Lindl se cambiaron el nombre a Los Ilegales, con Jorge Yogui Alvarado completando el combo en la guitarra (futuro líder de Emociones Clandestinas). Tras muchos cambios, la sociedad definitiva de los tres compañeros de colegio se afianzó cuando Lindl regresó de un año y medio de estudios musicales en Austria (donde llegó a trabajar con la Orquesta Sinfónica de Salzburgo y a formar su primer trío de jazz). En marzo de 1987, Álvaro, Titae y Pancho platicaron, decidieron irse de lleno por la música y se rebautizaron como Los Tres, antes de un concierto en el gimnasio Lord Cochrane.

Sus primeros pasos en Santiago fueron más bien un reconocimiento de terreno, pues los músicos no se concentraron sólo en la banda sino que también en proyectos individuales. Roberto Lindl se integró un tiempo como contrabajista de la Orquesta Sinfónica Juvenil, y Álvaro Henríquez hizo algo de teatro, participando en el montaje de Andrés Pérez para La Negra Ester. Uno de sus primeros encargos como trío fue el de musicalizar la obra Y Warhol (1988), de la compañía Teatro Provisorio, para la cual crearon un set inspirado en lo que Warhol había trabajado en Nueva York con Velvet Underground y que les dio cierta notoriedad.

El trío dio el salto definitivo en 1988. Álvaro salía con Javiera Parra, y a través de ella conoció a su hermano, un guitarrista llamado Ángel Parra. Resulta que era un músico con una larga preparación musical (con estudios en París y California) e increíbles vínculos creativos a través de su familia, ya que es nieto de Violeta Parra, y su padre, hermana, y varios tíos y primos han destacado en la música. Traía la música en la sangre pues, y fue imposible no incluirlo en el proyecto. De inmediato se notó en su estilo elegante, preciso, con influenza jazzy. Con el nuevo guitarrista a bordo, estaban listos para tomar la capital, el país y el continente, aunque el nombre ya no era matemáticamente certero, jeje.

El rock chileno apuntaba entonces a la baja, tras las fisuras en Los Prisioneros y la muerte de Gabriel Parra (sin parentesco?), baterista de los Jaivas, que significó un tremendo golpe a la mítica agrupación chilena. Las pocas bandas en funcionamiento  como Anachena, o La Ley, apenas sobrevivían. Tras recibir portazos de EMI, Sony, o BMG, la banda firmó con el sello local Alerce y grabó su primer disco, que fue presentado el 4 de septiembre de 1991, en el restaurante Le Trianon. Al inicio la recepción del álbum fue muy tibia, y tomó un tiempo en ser tomado en cuenta por los medios locales. De hecho, durante varios meses fueron lo estuvieron presentando solo en campus universitarios y uno que otro pub.

El disco, como mencionaba antes, le falta un poco de madurez, pero ya muestra una banda sólida y que sabía hacia donde se dirigiría. Aquí se estableció el eje creativo que predominaría en adelante: Henríquez y Lindl en los créditos de composición musical, y Álvaro como único letrista. Muchos de los temas de ese primer álbum eran composiciones escritas durante su adolescencia. Se nota ya la delicadeza en la fusión de rocanrol, jazz y pop, además de algunos atisbos de sonidos latinoamericanos, y hasta Reggae, con mayor o menor éxito. El disco fue creciendo de a poco,  primero por recomendaciones de boca en boca, y luego el apoyo de la radio, en la que "La Primera Vez" se convirtió en un tema muy pedido, incluso en estaciones más tradicionales. De pronto, la chispa explotó, y las rolas "Somos Tontos, No Pesados", "He Barrido el Sol", y sobre todo, "Un Amor Violento" convirtieron a Los Tres en un trancazo en Santiago y todo Chile.

 

El disco arranca de mala forma. “Somos Tontos, No Pesados” es quizá una declaración de principios. Pero más bien suena como una mala broma, y además una muy repetitiva. L alínea de bajo es muy buena, pero se repite tanto que resulta sofocante, al igual que la letra, que no es más que el título repetido al infinito. Por momentos cada quien tiene su oportunidad de brillar instrumentalmente. En realidad es un interesante experimento Funky, y al minuto 3 insertan un curioso requinto tipo bolero que rompe para bien, pero insisto en que es demasiado repetitiva, y por única ocasión debo coincidir en que sí, se dejaron ver algo tontos… y pesados.

Sigue “El Haz Sensor” mejora un poco. Siguen manteniendo la tónica de manejar una figura repetitiva, muy rítmica, y letra que apenas cambia. Pancho Molina se discute con tremendos y rapidísimos redobles, mientras que Parra hace un requinto muy chuckberriano, tras lo cual vienen unos slaps de Titae que se pierden algo en la mezcla. La letra es muy básica, pero se supone que es un juego de palabra del “sensor”, Augusto Pinochet, que recién había dejado el poder tras la larga dictadura chilena.

Con “Sudapara” suenan más desenfadados y despliegan más recursos, es más alegre, y se les nota más confianza. Siguen con un intenso rockanrol, con Parra haciendo licks a diestra y siniestra, Álvaro mejorando mucho en melodía, y si no me falla el oído, Titae usa aquí un contrabajo, que le da mayor profundidad a sus sonido. Pancho hace una increíble labor con los sticks, haciendo sorprendentes cambios de ritmo y llevando la tensión dela canción. La letra esta vez es más elaborada, nuevamente haciendo referencias veladas a la dictadura, y mofándose de la incapacidad militar de ver el arte.  En sí, la rola funciona mucho mejor y es más divertida, el disco realmente empieza aquí..

Luego cambiamos de mood hacia un jazz refinado de contrabajo con el que Titae abre “Flores Secas”, con un ambiente nocturno, acentuado con la nostálgica melodía de Henríquez. Poco a poco se incorporan los minimalistas licks de Ángel, así como las escobillas y tresillos de Molina. Hacia la mitad aumentan el ritmo y el requinto luce, sin perder la esencia jazzera de la canción. Las letras nuevamente son un reproche a Pinochet “Flores secas, Oxidando tu amor, Flores secas, Olvidando el dolor” y “Viví la masacre, Sin saber por qué”. La rola alcanza un tremendo clímax para luego irse desvaneciendo con el mismo mood oscuro con que inicia.

Continuamos con “Pájaros de Fuego”, un impresionante tema, también con una base rítmica jazz y las guitarras, que se conjugan en un frenético rasgueo y un slide de fondo. Henríquez va llevando la melodía con una enorme intensidad, en un lento y majestuoso crescendo. El tema es simple, y algo repetitivo, pero la banda va creando esta tensión, sin llegar a hacer erupción, sino mas bien desahogándolas con los quiebres instrumentales como al 1:30 donde Contrabajo y Batería entablan un pequeño diálogo para arrancar nuevamente con el tema. Al 3:25 hay otro puente en el que el bajeo hace un gran punteo que genera aún más tensión mientras la canción se difumina. Tiene algo dentro, algo gigantesco que la hace superior a las anteriores. Es dramática, con una melodía agridulce, y las letras nuevamente son un lamento por los años de dictadura “Vacío, rodeado, Llorando por un siglo”. En mi opinión, el primero de los grandes temas de Los Tres.

“La Primera Vez” continúa con ese gran nivel, pero con más desparpajo y sentido del humor, aunque irónicamente, es también la letra más directa. No hace falta decir a quién va dirigida, pero me encanta ese estribillo. “Nunca he deseado mal, A nadie, Esta es mi primera vez”. En sí, el ritmo desparramado con tintes rockabilly, con una sección rítmica desbocada, le dan un aire más alegre, pero la letra es oscurísima, quizá la más furiosa letra política que escribió Henríquez. Es curioso que, siendo de una dictadura en específico y teniendo ya más de 20 años de haber sido escrita, siga siendo vigente, y que pueda ser dedicada no solo a Pinochet, sino a un montón de escorias en el poder. La canción es intensísima, con un magistral trabajo de batería, que a mi gusto se lleva las palmas, junto con la letra. Uno de los clásicos de la banda e infaltables en sus conciertos.   

Enseguida llega “En Jamaica”. La banda aquí intenta mostrar versatilidad al conjugar matices de rockabily con Reggae. En realidad no lo hace mal, pero no es su fuerte. La canción brilla con la guitarra haciendo arreglos de RnR mientras bajo y batería intentan llevar la pauta reggae. La cuestión es que quizá va demasiado rápida y esta vez la técnica jazz de Molina es la que lo traiciona y hace que la rola no termine de funcionar del todo. Al final Álvaro payasea un poco con la voz, y la letra es, sin mayores pretensiones, una descripción de un primoroso paseo en Jamaica.

Luego tenemos “Un Amor Violento”. Es curioso que el tema sea todo menos agresivo, es más bien un primoroso bolero, con precioso arreglo tipo de mediados de siglo. La melodía vocal es exquisita, cálida, con el montón de ganchos que caracterizan a Henríquez. La letra, sobre un amor obsesivo, es una especie de parodia a esos boleros melosos de mediados de siglo, con ese toque que no se sabe si hablan en serio o en broma y que irán afinando en los siguientes discos. La guitarra imita el estilo del género a la perfección, sin pedirle nada a Los Panchos, y sólo la batería y ese excelente puente “y Más, Y MAAAS” delata la manufactura más reciente de la canción. Otro de los temas que se volverían clásicos, y de hecho, la que les abrió las puertas, ya que su carácter “suave”, permitió que entrara en prácticamente todas las estaciones santiagueñas, deleitando incluso a las abuelitas, sin saber que se trataba de una parodia.

Después está “Amores Incompletos”, con un bajo espeso, lóbrego que crea una intro minimalista, pero muy dramática. Letras de desamor al más puro estilo de los viejos bluesmen. De hecho, musicalmente es un soberbio Blues, recordando vagamente las atmósferas que tienen algunos temas de Real de Catorce. Parra hace un sentido requinto en el que casi hace llorar a su guitarra, mientras la canción va subiendo de intensidad, la distorsión aumenta, los redobles, y sin notarlo, el solo ya se volvió fuego puro! El tema va manejando un gran manejo de tensión, creando constantes explosiones, bajando, subiendo, en una montaña de blues puro. Como detalle, en las partes más blueseras juraría que Titae toca un contrabajo, pero en las más explosivas, es sin duda un bajo eléctrico. No sé si son mis nervios o de hecho grabó con dos distintos. Como sea, es uno de los mejores temas de Los Tres, a mi gusto, a pesar de que generalmente pasa desapercibido.

El disco cierra con “He Barrido el Sol”, un tema… ranchero??? Pues por estos lares, ese ritmo así se llama, no sé en Chile. La banda hace una fusión de ritmos latinos, e incluso country, con la inclusión de banjo. Pero además hay acordeón, la batería sigue los patrones de los conjuntos del norte de México, y el requinto no deja de tener sus maravillosos tintes rockabilly. El tema estaba hecho para formato AM, logrando una impresionante difusión fuera de las estaciones tradicionales de Rock. La letra, de manera algo velada, habla del golpe de estado del 11 de septiembre: "No es tan fácil ser feliz, cuando opacaste el barniz... que pintaste, verde, azul y gris" aludiendo a carabineros, aviación y militares. Un lindo tema, donde contrasta la alegría musical con las oscuras metáforas, pero sobresale la fusión de tantos géneros tan dispares en una misma canción.

En fin, no es un disco gigantesco porque estos cuatro, digo Tres, continuarán creciendo, asimilando más géneros y perfeccionando toda esta amalgama de sonidos en un estilo propio que resultarán en verdaderas obras de arte. Pero a pesar de que no es su mejor disco, es mucho muy superior a la mayoría de debuts iberoamericanos de la época, y consiste por sí solo en una cátedra de géneros, siendo bastante sólido. El disco, salvo por el primer tema, no tiene desperdicio, instrumentalmente todos están ya a tope y vale la pena seguir cada instrumento a la vez. Además, por la variedad de géneros y fusiones, me gusta pensar que aquí empezaría esa muta admiración e influencia con Café Tacuba, que lanzaría su debut apenas unos meses después.

 

 

 

 Por Corvan 

 

 

 

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