LOS TRES

“Llueven pétalos negros en la ciudad,

Mojan lo más seco de mi soledad,

Me duele muy profundo no volver a verte más,

Se apagó tu voz para mí, la mía para ti”

 

“D+”

Eras Principales:

90's Rock En Ñ: La Era de Oro

Década Principal:

90’s

Miembros Clave:

Álvaro Henríquez: Guitarra y Voz

Ángel Parra: Guitarra Líder:

Bajo: Rodolfo "Titae" Lindl

Batería: Francisco “Pancho” Molina

Canciones Clave:

Déjate Caer, La Espada y La Pared, Tírate, No Sabes Qué Desperdicio Tengo en el Alma, Caudillos Congrios, La Torre de Babel, Bolsa de Mareo, El Sueño de la Hora Más Oscura, Un Amor Violento, La Respuesta, Feliz de Perder, Ruina, Traje Desastre, Olor a Gas, Dos en Uno, Viento, Gato por Liebre, Terrible, La Primera vez

Porqué, con un carajo, un cuarteto se llamaría Los Tres?  Esta pregunta me atormentó durante muchas noches de mi adolescencia. A finales de 1996, la banda chilena vino a mi ciudad, y resultó que iban a tocar en Le Dome, a unas cuadras de mi casa, un foro discretísimo que creo que fue el concierto más grande que tuvo el honor de albergar antes de desaparecer. Los Tres no eran aún muy conocidos en México, pero a mi me fascinaban por “Déjate Caer” y “La Espada y La Pared”, así que me apliqué y me gané una trivia de una estación de radio que regalaba boletos. Iba muy emocionado a recogerlos dos horas antes del evento cuando para mi gran desilusión, descubrí que tenía que ser mayor de edad. Es lo más cerca que he estado de ir a un concierto de Los Tres, pero ese día me di cuenta de un par de cosas: Primero, que era uno de los pocos fans de la banda en México (su fama prendería hasta su disolución y el tributo de Café Tacuba). De hecho, la estación de radio los promocionaba como que en su país de origen eran más grandes que La Ley, comparación que siempre me pareció ridícula… por obvia!!! Y segundo, platicando con la locutora (Mercedes Altamirano, creo…) quien me explicó pacientemente por qué no podía entrar, me enteré que el grupo había iniciado efectivamente como un trío, y después se incorporó Ángel para redondear el sonido, pero el nombre se les quedó. Supongo que la sonrisa que puse al revelárseme por fin la cuadratura del triángulo dejó desconcertada a Mercedes, con quien me toparía de nuevo más de una vez.

Los Tres fue de esas bandas claves de los 90’s, que, al menos por estos lares, nunca nos dimos cuenta de su relevancia hasta que se habían separado. A diferencia de Aterciopelados, que a nivel internacional parece no tener sombra en su país, Los Tres vienen de uno con una gran tradición musical y rockera, en la que es difícil decidirse por una banda en particular. Pareciera mas bien que en Chile se han venido gestando cambios de estafeta generacionales, desde Violeta Parra y todo el legado e influencia que dejó para los cantautores y trovadores, hasta los Jaivas en los 70’s, Los Prisioneros en los 80’s, Los Tres en los 90’s y los Búnkers que parecen haber tomado dicha estafeta en el nuevo milenio. El detalle es que a Los Tres les tocó estar en la época más prolífica del Rock en Ñ, brillando a su forma, opacados quizá por Soda, Héroes, Aterciopelados, Cafeta y otros grupos con más reflectores, pero dejando discos y canciones enormes, que después influenciarían a más de uno de éstos pesos pesados. Su estilo es un mestizaje de varios géneros, con temas muy melódicos, letras crípticas y con recurrentes dardos políticos, y sonidos que deambulan entre el Rockabilly, el Surf, el Grunge, el Alternativo, Jazz, la Cueca, Balada, Nueva Canción Chilena y matices andinos. Van de los temas más densos y oscuros, a los rockanrolitos más simples, pegajosos y explosivos. Y todo tejido con la virtuosa guitarra de Ángel Parra, que da ese toque de fría elegancia, con la batería de “Pancho” Molina y el bajo de Titae que conforman una sección rítmica muy jazzy que crea adornos complejos y precisos, y la voz de Álvaro Henríquez, tan peculiar, melódica y llena de ganchos.

La historia de estos tres que son cuatro empieza en 1982 en la ciudad de Concepción, Chile, donde tres amigos del colegio Charles de Gaulle, Álvaro Henríquez, Roberto “Titae” Lindl y Francisco Molina, deciden formar la banda “Dick Stones”. Después contarían con la colaboración de otros músicos como Gilles Marie, Rodolfo Lindl y Fernando Saavedra, presentándose en bares, universidades y fiestas donde covereaban canciones de Elvis, Chuck Berry y Gene Vincent, que influenciarían ese dejo de Rockabilly que los distingue. Después, Henríquez y Titae se unirían al baterista Andrés Valdovinos para formar Los Escalímetros, y en 1984 la banda se reinventaría bajo el nombre de Los Ilegales, con la incorporación del guitarrista Jorge Yogui Alvarado.

La alineación definitiva se produciría en 1987, tras el regreso de Titae de Austria, donde estuvo durante un año y medio cursando estudios musicales, aterrizando con un conocimiento más profundo de jazz, que desparrama en su dominio del bajo y contrabajo. Henríquez, Lindl y Molina reunirían su primer banda y la rebautizan como Los Tres, porque, efectivamente, entonces eran sólo tres!!! Eureka!! Tuvieron su debut en el gimnasio Lord Cochrane de Concepción, y poco después se mudaron a Santiago. Ahí, además de dedicarse a la banda, pudieron dedicarse a proyectos distintos… Álvaro Henríquez participó de la obra de teatro “La Negra Ester”, mientras que Titae se integró a la Orquesta Sinfónica Juvenil como contrabajista. Esto les daría experiencia que luego reflejarían en la banda. En 1988 llega otro punto crucial cuando incorporan al guitarrista Ángel Parra. Ángel había estudiado en París y California, pero sobre todo, traía todo el legado musical de su familia (nieto de la mismísima Violeta Parra!). Prácticamente aventó la guitarra y luego nació, por lo cual tiene un estilo rapidísimo, pero siempre elegante y muy inteligente. A pesar de transformarse en un cuarteto, decidieron conservar el nombre original de la banda, sin saber que esto causaría posteriores insomnios en México. :P

Su fama empezaría a crecer en los bares satiagueños, y pronto firmarían con el sello local Alerce. En 1991 Los Tres lanzaron su disco debut epónimo, con 10 rolas donde predomina el rockabilly desenfadado, y en donde se destacan “Un Amor Violento” y “La Primera Vez”. La banda recopiló alabanzas de la crítica chilena, fueron nombrados “Mejor Grupo de Rock” y “Revelación de 1991”. Sin embargo, el disco tuvo poco o nulo impacto fuera de las fronteras, e incluso les costaba ser difundidos fuera de radios Universitarias o Underground. Sería hasta después del éxito internacional cuando el debut se revalorizaría, siendo incluso nombrado por la Rolling Stone como uno de los discos fundamentales del Rock Chileno.

En 1993, ya con Sony Music y con mucho mayor presupuesto, lanzaron su segundo álbum, Se Remata El Siglo, con la producción del argentino Mario Breuer. En este disco dan un giro, dejando un poco de lado el Rockabilly y sonando mucho más pesados, con notable influencia del Grunge que dominaba en la época. Temas como “No Sabes Qué Desperdicio Tengo en el Alma” o “Feliz de Perder”, no sonaban como los de ningún otro grupo del país. Aunque fue el disco que facilitó el brinco de Los Tres a un éxito masivo en Chile, dirían después que nunca quedaron satisfechos con la producción de Breuer: “Se nos hizo muy raro trabajar con un tipo que pretendía lograr una media entre nosotros y La Ley”. El éxito y la consagración no tardó en llegar, y en consecuencia el disco de platino que obtuvieron por vender 25.000 unidades del álbum, convirtiéndose, efectivamente, en La Banda de Chile.

Los Tres se convirtió rápidamente en una de las bandas más exitosas de la escena local y también comenzaron a tener presencia en Argentina, México y Estados Unidos. Pero no la rompieron realmente sino hasta 1995, cuando salió al mercado el que para muchos es el disco más grande del cuarteto, “La Espada & La Pared”. El disco tiene la virtud de alcanzar por fin un sonido propio, combinando todas las influencias. Temas como "Déjate caer", “La Espada y La Pared” o "Tírate", se volverían clásicos instantáneos. Además, logró unificar generaciones con la versión rockera de “Tu Cariño Se Me Va”, una vieja canción de Buddy Richard, que la banda volvió a grabar con énfasis rockero y con el propio autor (ausente hacía años de los medios), compartiendo micrófono con Henríquez. El experimento funcionó a la perfección. Según la  Rolling Stone, este disco es el décimo mejor álbum chileno de la historia, obteniendo oro a sólo 25 días de su lanzamiento, y platino en menos de dos meses.

Ese mismo año darían su gran salto internacional, al ser la primera banda chilena invitada por MTV para grabar su Unplugged en Miami. Este disco salió al mercado en 1996 bajo el nombre de “Los Tres MTV Unplugged”, a mi gusto, uno de los mejores Unplugged en español, realmente aportando con los retrabajos y nuevos temas. Para la grabación se invitó a participar a los músicos Antonio Restucci y Cuti Aste, presentaron la canción inédita “Traje Desastre” y tres temas tributo a Roberto Parra, quien había muerto hacía unos meses y en cuya memoria estuvo dedicado el acústico. El álbum tuvo un éxito de ventas arrollador, alcanzando en tres meses el cuádruple disco de platino, y catapultando a la banda a la estratósfera.

Para fines de 1996 deciden abrir una fonda para tocar e invitar a otros músicos chilenos, experiencia que quedó plasmada en el disco “La Yein Fonda” (puntada de nombre para su barecito!). Después lanzarían otro en vivo de su fonda, el Peineta, con cuecas y temas más tradicionales que muestran la versatilidad del grupo y su sentido del humor.

“Fome” es el cuarto álbum de estudio de Los Tres, grabado a principios de 1997 en los estudios Bearsville de Nueva York, con el productor Joe Blaney. El disco gozó de muy buenas críticas, pero el recibimiento del público no fue muy entusiasta, ya que es más denso y experimental, y la gente esperaba una continuación del sonido de La Espada Y La Pared o del Unplugged. A mi gusto es uno de los discos más subestimados del Rock en Español, con temazos como “Bolsa De Mareo”, “La Torre De Babel” u “Olor A Gas”. No es un disco fácil, es una especie de broma muy seria que no se supo digerir, pero me parece una joya que terminaría influenciando al sonido de otros grupos, como Café Tacuba en sus trabajos de los dosmiles.

Durante las sesiones de grabación del disco “La Sangre En El Cuerpo” lanzado en 1999, comienzan los primeros roces al interior de la agrupación. El disco, sin ser malo, ya muestra cierto estancamiento creativo, aunque hay que recalcar que no se dejaron llevar por la corriente electrónica que imperaba universalmente por esas fechas. Fue Álvaro Henríquez quien decidió la primera separación de Los Tres, acordada en conjunto y anunciada el 4 de abril del 2000 a través de un comunicado de prensa que prefirió hablar de un “receso indefinido”, aunque ya todos sabemos lo que eso suele significar. No había aparentes peleas ni crisis, sino la necesidad de sus de darse un tiempo lejos de la absorbente dinámica que les había impuesto presión por resultados comerciales. La banda nunca pareció completamente convencida del precio a pagar por una fama continental, como la que por entonces perseguía La Ley: “Jamás nos mudaríamos a México. No se nos pasa por la cabeza darle filo a Chile porque sea un país muy chico”. Y, con su permiso, me pongo de pie y me quito el sombrero.

Los Tres realizaron una serie de presentaciones de despedida, que nos dejaría el disco en vivo “Freno de Mano” del 2000. Después de la fractura, los integrantes de la banda empezaron otros proyectos: Henríquez formó la banda Los Petinellis; Ángel Parra y Titae se unirían a Moncho Pérez para integrar “Ángel Parra Trío”; mientras que Pancho Molina formaría su banda de jazz, “Los Titulares”. Los Tres tuvo un asombroso reconocimiento posterior en México, que los había cuasi-ignorado, hasta que en el 2002 Café Tacuba lanzó el EP-Tributo, Vale Callampa, con covers de Los Tres, convirtiéndolos en una especie de banda de culto.

En 2006, Los Tres fueron tentados con una cantidad exorbitante para presentarse en el festival Viña del Mar. Declinaron la invitación, pero alguna fibra debió haber movido, ya que anunciaron la reunión de la banda con tres cuartos de su formación original, en donde Manuel Basualto reemplazó en la batería a Francisco Molina. Ese mismo año lanzaron el álbum “Hágalo Usted Mismo”, que al igual que “Fome”, fue grabado en los estudios Bearsville de Nueva York y contó con la producción de Emmanuel del Real, tecladista de Café Tacuba (un reconocido fan de la banda, y en parte, artífice de su regreso). El disco fue elegido por el Daily News como el mejor álbum latino del 2006.

Luego de la noticia de su reunión, Los Tres ofrecieron su primer concierto, no en Chile, sino en Ciudad de México, cuando el 14 de mayo cerraron el festival Vive Latino en un concierto lleno de sus viejos clásicos coreados por 100 mil gargantas, que además tuvo a dos integrantes de Café Tacuba como invitados. El esperado lanzamiento en Chile fue hasta la primera semana de julio, cuando el grupo al fin presentó el álbum Hágalo Usted Mismo, y ofreció una serie de conciertos que confirmaron regreso. A finales del 2010 lanzaron el disco Coliumo, su séptimo de estudio, que fue bautizado en honor a una de las regiones que resultaron más devastadas tras el terremoto del 27 de Febrero de ese año. En 2013, Manuel Basualto dejó el puesto de baterista, siendo reemplazado por Boris Ramírez. Poco después, Ángel Parra anunciaría su también su salida, después de 23 años con el grupo, siendo reemplazado por Sebastián Cabib, aunque todos sabemos que el estilo de Parra es único e inigualable. Actualmente se rumora que estarán lanzando nuevo disco este 2015.

 

Decir que Los Tres es la mejor banda de Rock chilena es quizá muy arriesgado. Pero sin duda son el gran símbolo del rock chileno de los 90’s, con perdón de Beto Cuevas y su sed pop de fama. Aunque su sonido empezó como el de una banda de Rock con influencias de Rockabilly y Surf, fueron expandiendo su sonido, dando giros interesantes y arriesgados, haciendo fusiones entre varios géneros de Rock, pero también de música tradicional latinoamericana. A pesar de su gran melodicidad, y de su relativa fama, me da la impresión de que nunca gozaron el lugar de privilegio que merecían, al menos en su momento. Quizá porque ellos mismos nunca la buscaron, nunca se metieron en escándalos y más bien parecían incómodos con los reflectores. Simplemente se dedicaron a hacer buena música, a veces tomándose muy en serio, a veces a forma de broma incomprendida, pero casi siempre de gran calidad, innovando, y dejándonos una larga lista de clásicos imprescindibles.  

 

Si no me crees, “Entonces abre la ventana…

Y tírate!”

 

 

Por Corvan  

 

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