MARQUEE MOON (Television, 1977)

Artista: Television (C)

Fecha de Grabación: Septiembre de 1976

Fecha de Lanzamiento: Febrero de 1977

Discográfica: Elektra

Productor: Andy Johns

Calificación: 10 (MUST HAVE, DISCO ICÓNICO)

 

               

Era: Punk y New Wave (1976-1989)

Subgénero: Punk

Mejor canción: Marquee Moon y Venus

Canciones: 1) See No Evil; 2) Venus; 3) Friction; 4) Marquee Moon; 5) Elevation; 6) Guiding Light; 7) Prove It; 8) Torn Curtain

Cuando se habla del punk y sus orígenes, es común que se citen los nombres de tres de sus bandas más representativas: Sex Pistols, The Clash y Ramones. Asimismo, no es raro que se considere a éstos últimos como los padres del género en Norteamérica y lo mismo con los Pistols en Inglaterra. Sin embargo, previo al lanzamiento del primer larga duración homónimo de Joey, Johnny, Dee Dee y Tommy Ramone, se había gestado ya un enorme movimiento subterráneo en los barrios y pubs de Nueva York que, al borde de la ebullición, aguardaba pacientemente para más tarde se extenderse por todo Estados Unidos y el resto del mundo. El debut de los Ramones sería la mecha que haría estallar el fenómeno y que inauguraría oficialmente la era punk, pero lo cierto es que la escena ya se había desarrollado ahí desde hace algunos años, y varias de las bandas que la conformaban ya eran para entonces músicos curtidos en los bares de la Gran Manzana. Ahí ya estaban los Talking Heads, Blondie, Patti Smith entre algunas otras agrupaciones que de alguna manera habían cimentado ya el camino que el punk habría de recorrer durante los próximos años.

Television sería una de ellas. Una banda que, aunque no comparte el mismo espíritu combativo, anti-intelectual y valemadrista de la primera camada de bandas punk, tendría un importante papel en dicha escena y sus repercusiones dejarían sentirse incluso hasta nuestros días en bandas de reciente formación.

Son de alguna manera los herederos de Lou Reed y la Velvet Underground, o al menos sus hijos bastardos. Y no sólo por su ciudad de origen, sino por compartir también la misma esencia trágica, poética y sucia de las calles neoyorkinas, la cual queda plasmada en sus letras y es retratada de forma explícita en varias de sus canciones. Tal vez no alcanzan los niveles de la poesía de Lou, pero su influencia definitivamente está ahí, pues no se limita sólo a la parte lírica, sino también al enfoque compositivo que remite de inmediato al minimalismo de John Cale y sus delicados tratamientos de tonos y armonías.

En ese sentido, Television nunca ocultaría su gusto por otras eminencias de la música minimalista como Steve Reich y Brian Eno. Éste último sería incluso el que produciría su primer demo, cuando Richard Hell aún formaba parte del grupo, pero el pobre resultado de la mezcla que conseguirían con Eno dejaría insatisfecho a Tom Verlaine y al resto de la banda, por lo que buscarían alguien más que plasmara mejor el sonido que buscaban.

Luego de muchos problemas, Richard Hell abandonaría el grupo y sería reemplazado al poco tiempo por Fred Smith, además de que conseguirían también un nuevo productor, Andy Johns, de quien eran admiradores por sus trabajos previos con los Rolling Stones —otra de sus grandes influencias—. La salida de Hell sumada al cambio de productor daría por resultado un cambio gigantesco en el sonido del grupo, pues pasaron de sonar como meros amateurs de garage a conseguir un sonido verdaderamente profesional y que reflejaba con fidelidad sus capacidades como músicos.

Hace no mucho tiempo se filtraron a Youtube los demos grabados con Eno, y es de notarse la diferencia abismal respecto al sonido que conseguirían en el producto final, Marquee Moon, un disco con una producción impecable y en donde las guitarras son las protagonistas absolutas y las que dictan las atmósferas propuestas en cada tema. Mientras que en los demos con Eno las guitarras suenan monocordes y planas, en el álbum final ofrecen una paleta de sonidos riquísima y diversa, pocas veces vista en cualquier otro disco.

A pesar de la ya mencionada influencia Velvetiana, el álbum no cae en ningún momento en los terrenos del Art Noise, sino que ofrece composiciones y melodías mucho más definidas, accesibles y con una riqueza sonora que paradójicamente contrasta con el enfoque minimalista de Richard Lloyd y Tom Verlaine. La interacción guitarrera entre estos dos es la que define al disco, pues en todo momento son quienes proponen y construyen paisajes y texturas sonoras a partir de líneas punzantes y tonos guitarreros extraños y repetitivos pero a la vez muy agradables.

 

See No Evil es su grito de guerra. Es como escuchar a unos New York Dolls rejuvenecidos y recargados —remite inmediatamente a su épica Personality Crisis— aunque con un espíritu mucho más punk. Ya desde los primeros segundos Tom Verlaine y Richard Lloyd hacen patente su característica interacción de guitarras: el primero, repitiendo incesantemente un impetuoso power-chord mientras que Lloyd responde con un intrincado riff que, a pesar de su aparente sencillez, resulta un tanto complejo más que nada por su inusual ritmo.

A medio camino Lloyd nos regala un intenso solo que manda al diablo aquella regla de no-tocaréis-solos-de-guitarra-durante-una-canción-punk, Billy Ficca y Fred Smith complementan con un ritmo sencillo de bajo y batería, mientras que la letra de alguna forma retrata la actitud de la juventud neoyorkina setentera, la cual, a diferencia de las generaciones previas de los sesentas, prefería hacer oídos sordos hacia asuntos sociopolíticos y optaba simplemente por apagar el cerebro a la hora de escuchar música, o en este caso, a la hora de interpretarla.

La segunda joya del disco es Venus, probablemente la más conocida del disco y con el potencial más obvio para ser elegida como sencillo, aunque extrañamente nunca fue lanzada como tal. Verlaine y Lloyd nuevamente establecen un juego de melodías de guitarra, pero esta vez Richard sorprende con un par de riffs en extremo melódicos, creativos y agradables, de esos que uno podría pasarse escuchando una y otra vez sin cansarse en lo absoluto, y es precisamente por ello que permanecen en primer plano durante toda la canción. En su momento, Hendrix insistía con que una de sus metas era hacer sonar a su guitarra como si se encontrara debajo del agua. A veces pienso que a lo que se refería era a que sonara un poco como el tono que consigue Lloyd en el pirotécnico riff que nos regala aquí: cristalino, estridente y vistoso.

A simple vista, la lírica parece narrar solamente las andanzas de un par de adolescentes experimentando con drogas (el mismo Verlaine y su amigo de la infancia y ex miembro del grupo, Richard Hell, quien es citado como “Richie”), mentiéndose en problemas con la policia y atestiguando los más sórdidos eventos de las calles de Manhattan, pero es inevitable sentir que detrás de los crípticos versos y referencias de Verlaine se oculta algo mucho más profundo y perturbador. Esos coros de pregunta-respuesta además de darle mucha personalidad al tema, contribuyen también a la narrativa. Richard, Billy y Fred le preguntan sin rodeos a Tom: “DID YA FEEL LOW?” a lo que se limita a contestar con un desganado “NAH!”, y en respuesta, Lloyd y compañía exclaman incrédulos al únisono “HUH?”.  Puede parecer un detalle sin importancia, pero esa micro conversación durante los coros le da una fuerza tremenda a todo el tema y da para especular toda clase de interpretaciones. Y es que es un gran error apreciar de forma literal las líricas impresionistas de Verlaine e ignorar sus mensajes entre líneas.

El tercer track es la potentísima Friction, la cual abre Tom con una sencilla línea con aire a western, para ser rematada al poco tiempo por unas endiabladas escalas descendentes de Richard. Verlaine se divierte y hace juegos de palabras (“You complain about my DICK-tion!”), pero es Lloyd el que termina robándose el tema con sus filosas líneas de guitarra. La letra, una vez más, bastante ambigua y difícil de interpretar.

El plato fuerte viene con la pista titular, Marquee Moon, en mi opinión, uno de los mejores tracks prog de la década, aunque irónicamente compuesta por una banda punk. Una épica de 10 minutos en la que todo parece perfectamente estructurado y nada está fuera de lugar: Nada falta, nada sobra. De nuevo Verlaine comienza con una simple y punzante línea de guitarra que se repite una y otra vez en el canal izquierdo. Lloyd hace lo propio y responde con una contramelodía igualmente pegajosa que camina en paralelo en el canal derecho.

Verlaine canta una poesía oscurísima con su inconfundible y desgañitada voz mientras ambas guitarras  se entretejen y construyen lentamente una inquietante atmósfera que sube y sube la tensión de a poco. Lloyd y Verlaine se complementan, intercambian papeles y con una sincronía pasmosa construyen un crescendo apoyado en la precisión matemática de Ficca en la batería. Por otro lado, detrás del espectáculo de guitarras está Fred Smith con una línea de bajo de apenas dos notas que contribuye a hundirse en la atmósfera hipnótica que la banda propone.

Después de algunas estrofas, dan paso a un interludio instrumental en donde ambos guitarristas improvisan a sus anchas creando más y más tensión con sus respectivos solos (excepcional el solo jazzero de Verlaine), mientras la estructura melódica se cae a pedazos. Alrededor del minuto 8, los cuatro instrumentos se sincronizan, aceleran el paso en un ritmo marcial que incrementa su intensidad rápidamente y el jam llega a un clímax de arpegios cristalinos que conforma un efímero aunque majestuoso paisaje sonoro que de alguna manera recuerda a los últimos minutos de Echoes de Pink Floyd. Y al igual que ésta, luego de un extendido intermedio completamente instrumental, regresa la voz de Tom y el resto de la banda para retomar con toda tranquilidad el ritmo y melodía de los primeros minutos, como si nada de lo anterior hubiera ocurrido. Un tema perfecto y gigantesco en todos los sentidos, que construye y explora en 10 minutos lo que otras bandas progresivas de la época soñaban con alcanzar en composiciones que duraban lo doble o hasta lo triple.

Luego de semejante cátedra, continúa la más discreta Elevation, que, como ya es costumbre hasta este punto, inicia con una punzante frase de guitarra —que en esta ocasión se asemeja al suplicante chillido de algún animal— y es acompañada por una serie de arpegios que desarrollan una atmósfera bastante fúnebre, mientras Verlaine canta trágicamente sobre una relación fallida y sin esperanza, cuyas discusiones han caído en un ineludible círculo vicioso del que no hay remedio. La melodía quizá no es la mejor, pero lo que sobre sale es la atmósfera tan malditamente bien lograda. Y es que todo en este disco tiene que ver más con los paisajes y atmósferas que con otra cosa. El solo de Lloyd a medio camino es desgarrador y el extraño patrón de acordes durante los coros le da un toque muy particular.

Guiding Light es por completo opuesta, pues ofrece un panorama mucho más radiante y luminoso, como su nombre lo sugiere. Es la única balada del disco, aunque nunca se siente forzada ni fuera de lugar, al contrario: balancea muy bien ese par de temas oscuros previos. La letra tiene un sentimiento extrañamente agridulce que, a pesar de su poesía sombría, logra inspirar cierto optimismo, y ello es logrado en gran medida gracias a los exquisitos y resplandecientes solos de Richard.

Prove It insiste con un riff minimalista y casi pueril que da paso a un tema mucho más despreocupado y lúdico, mientras que la letra hace referencia a una peculiar historia de detectives propia de un thriller o una novela policiaca. Su sello distintivo son esos parones repentinos entre los coros, y su falso final, sin olvidar tampoco la pegajosísima y muy groovie línea de bajo y la inmejorable vocalización de Verlaine. Uno de los clásicos del grupo.

Torn Curtain de nuevo regresa a los terrenos sombríos a la Velvet Underground, casi rayando en el rock gótico. Remotamente recuerda a los oscuros pasajes de Venus In Furs con ese ambiente denso y pesado, y su dolorosa letra sobre abuso sexual que se extiende por más de siete minutos. Esos coros (“Tears!, Tears!”) no hacen más que reforzar ese aire trágico que Tom intenta transmitir. Quizá se extiende un poco más de la cuenta, pero sigue siendo un gran tema para finalizar un álbum impecable y redondo.

 

Al final, Marquee Moon resulta un trabajo imprescindible, pues su importancia y trascendencia es incalculable. Desde Joy Division y los Smiths, pasando por Sonic Youth y The Edge de U2, hasta REM, los Strokes y la escena indie-post punk neoyorkina, la influencia de Television se deja sentir por todos lados. Pero su valor no radica solamente en su repercusión o su importancia histórica, sino que musicalmente es también una obra sin fisuras, propositiva aunque no revolucionaria, y sobretodo, con un sonido difícil de igualar o imitar siquiera. Es un disco que tarda en crecer dentro de uno. Pero una vez que lo hace, no hay vuelta atrás.

 

“I fell right into the arms of Venus de Milo”

 

 

Por el Hombre Mojón
 

 

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