MASTER OF REALITY (Black Sabbath, 1971)

Artista: Black Sabbath (C+)

Fecha de Grabación: 5 de Feb – 5 de Abr ‘71

Fecha de Lanzamiento: 21 de Julio de 1971, UK

Discográfica: Vertigo

Productor: Rodger Bain

Calificación: 10 (MUST HAVE)

                         

 

Era: Metal (1970-???)

Subgénero: Metal 

Mejor Canción: Children Of The Grave

Canciones: 1) Sweet Leaf; 2) After Forever; 3) Embryo; 4) Children Of The Grave; 5) Orchid; 6) Lord Of This World; 7) Solitude; 8) Into The Void.

 

En 1965, Frank Anthony Iommi era un adolescente inglés que tenía que trabajar en una fábrica metalúrgica de Birmingham para sobrevivir y poder costearse lo que era su pasión: La música. Era un buen guitarrista y tenía el sueño de alguna vez armar una buena banda y ser un guitarro destacado. Irónicamente, durante el último día de trabajo antes de renunciar para irse cumplir su sueño de dedicarse a la música, una cortadora de metal de la fábrica le destrozó las puntas de los dedos medio y anular de su mano derecha. “Pero no hay problema”, dirán, “los guitarristas hacen el ritmo con la derecha y las pisadas con la izquierda!” Sí; pero el detalle es que Tony es zurdo, lo que significa que quedaba inhabilitado para hacer una gran cantidad de pisadas básicas!!! De hecho, viéndolo a detalle, ser zurdo le salvó la carrera. Le hubiera sido imposible requintear y arpegiar sin esos dedos!!!!!

Nuestro tenaz protagonista pensó en abandonar la música, pero su jefe lo animó a reconsiderarlo, e incluso ayudó a acomodarlo para tocar en un disco del jazzista Django Reinhardt. Iommi tuvo buenas críticas a pesar de las dificultades para usar su mano y continuó con su sueño. Sin embargó, seguía con problemas para poder tocar. Intentó volverse diestro, pero le fue imposible, de manera que aprendió a flexibilizar sus dedos mermados y comenzó a usar cuerdas más delgadas para lastimarse y sangrar lo menos posible. Con esto inventaría una nueva técnica para la guitarra. Poco después armaría en Birmingham una banda llamada Black Sabbath. Por la potencia con la que tocaban, se seguía lastimando a pesar de usar de las cuerdas más delgadas, en ocasiones incluso de banjo.

La banda, como todos sabemos,  se terminó volviendo famosa y lanzó un disco debut epónimo y el Paranoid, ambos del ’70, con los que literalmente la rompieron y se convirtieron en uno de los sucesos más grandes del año. Para el tercer disco de Black Sabbath, el Master of Reality, Tony decidió bajar la afinación de su guitarra, 3 medios tonos o un tono y medio, reduciendo la tensión de las cuerdas y permitiéndole tocar con más soltura y libertad. Esto creó un nuevo sonido, más oscuro, bajo, denso, con riffs pesados y colosales. Geezer Butler también disminuyó los tonos de su bajo para estar al mismo nivel. Aunque no fue con la intención, esto cambió el sonido del grupo más de lo que esperaban.

Quizá el disco más popular y venerado de Black Sabbath sea el Paranoid, pero sin duda el Master of Reality es el más pesado y creativo, al menos de la etapa Ozzy. El Master of Reality es además el resumen de lo que simboliza Black Sabbath: riffs devastadores y apocalípticos, sonidos oscuros como hoyos negros, potencia, cierta malignidad en la música que en los dos previos sonó más forzada y aquí les sienta más natural, quizá por el cambio de tono, y más misticismo en las letras, contrastando con los sonidos; además Ozzy alcanza la madurez absoluta como vocalista, no significando que ahora si cante como ángel, sino que su estilo jamás sonaría tan perfecto para la música que desarrolla la banda. El Master es la mezcla exacta de todos los ingredientes que conforman a Black Sabbath, los tomó en su madurez y en la perfección de su estilo. Es su cumbre Doom, antes de que se pusieran a experimentar con teclados, orquestaciones, baladas y sonidos más ligeros.

Para cuando se metieron al estudio, en Febrero de 1971, Iommi prometió a sus fans que grabarían el disco más pesado de la historia; esto en alusión al Led Zeppelin III, que había desilusionado a muchos Zepsters. Así la banda se metió a los estudios Island en Londres, con un presupuesto muy amplio por parte de la disquera, lo cual aprovecharon para hacerse de un surtido impresionante de drogas. Por ese tiempo estaban experimentando con cocaína, y creo que ese tono oscuro, ácido y a veces sofocante de la música se debe en buena medida a ello. Ward diría que se les ocurrían ideas brillantísimas de camino al estudio y al llegar se les habían olvidado, por culpa de tanta droga. De otra forma, quizá hubiéramos tenido un tremendísimo disco doble. De cualquier forma, los tomó a los 4 en su punto creativo más alto.

El disco es descomunal. Supongo que ahora habrá un trillón de discos de metal más poderosos y pesados, sobre todo a partir de los 80’s en que el género se masificó y diversificó. Pero el Master of Reality debe ser el disco más pesado de 1971, y uno de los más potentes de toda la década. Si había alguna duda sobre la diferencia entre el Hard Rock de Zeppelin y el Metal de Sabbath, creo que con este disco queda más que claro ese abismo. Aquí no hay blues, no hay swing. Es potencia pura. El sonido Doom alcanzado por accidente es monstruoso, oscuro, corpulento, aceitoso, denso como nunca. Es decir, después vendrán bandas que usarán estos mismos recursos, quizá sonarán más potentes, incluso más oscuras o malévolas, pero jamás sonarán TAN balanceadas, y al mismo tiempo TAN naturales como aquí.

El joven con dos dedos mutilados que veía desvanecer sus sueños en una plancha de metal, perseveró, creó una técnica totalmente nueva, cambió los tonos de su guitarra, se creó extensiones para sus dedos que el mismo fabricaba con plástico y metal, y terminó convirtiéndose en uno de los grandes riff makers de la historia, junto con Keith Richards, Jimmy Page, Eric Clapton y Angus Young. Y este disco es eso, una cátedra de riffs de la más alta manufactura, uno tras otro, que nos mantienen enganchados de principio a fin. No sólo eso, sino que se terminó convirtiendo en uno de los guitarrista más influyentes de la historia. No sólo la mayoría de los guitarros de metal tienen sus bases en Iommi y en este álbum, sino que también muchos guitarristas alternativos y grungeros tratan de copiar el tono que usa Tony particularmente en este disco.

Son apenas 8 canciones de las cuales una es un preludio de 30 segundos y otro es un hermoso instrumental acústico de minuto y medio. El resto oscila entre los 5 y 6 minutos. Canciones ni muy largas ni muy cortas, aunque el disco parece irse en un santiamén. 35 minutos para ser exactos.

Y hemos hablado mucho de Iommi, pero Geezer Butler también hace una labor colosal acoplándose tanto a la guitarra como a la batería, sonando potentísimo y muy dinámico. Bill Ward suena impecable, multiplicándose y generando las explosiones, creando ese ambiente semilento y espeso, guiando los cambios de tiempos y agregando fills muy precisos. Y de Ozzy, a mi gusto es una de sus mejores interpretaciones, llegando a su madurez como vocal, alcanzando tonos altos y sin sonar excesivo, sin exagerar, además de que son tal vez las letras más centradas de su etapa con Sabbath. Por todo ello, este es el disco de Metal germinal por excelencia.

 

El disco arranca con “Sweet Leaf”, uno de los riffs más potentes y oscuros que recuerdo. Tony con su nueva técnica se encarga de crear un verdadero dinosaurio que aplasta todo a su paso después de esa tos fingida de Tony con que inicia la canción. Por cierto, la tos nos remite a la letra, que se puede interpretar como una canción cursísima… o como lo que es, una verdadera oda a la mariguana, lo cual la vuelve en una canción divertidísima. Por cierto, las letras aquí no cuadran para nada con el mood denso y tétrico de la música. Aquí es una evidente broma que muchos se tomaron demasiado en serio, como casi todo lo que hacía Sabbath. En fin, la canción es monumental, con varios buenos riffs, empezando por el principal con el que arranca Tony, en un exquisito medio tiempo. Luego una monstruosa secuencia de tonos más lenta al :50 donde Ward se combina de manera increíble con los remates, y finalmente ese cambio de tiempo alrededor del 2:30, donde la batería comienza a galopar y a hacer gongs, mientras Butler se despega y hace arreglos velocísimos, preparando el explosivo solo. Hacia el 3:15 Tony hace una figura descendente que sólo sirve de máscara para un solo encubierto de batería. Y después de llevarnos al clímax, regresan como si nada a ese abismo oscuro del riff principal. Uff! Ozzy suena muy bien, con su voz de helio, sin gritar demasiado, haciendo una melodía simple pero pegajosísima y llenando de ganchos como esos “Come on, now!”. Sigue siendo una canción de estructura aparentemente simple, como los discos previos, pero desde la primer canción del disco se nota que algo ha cambiado… para bien!

Sigue “After Forever”, que inicia con un sonido sintetizado y sostenido, con un efecto raro en los platillos de Bill, para inmediatamente arrancar con otro potentísimo riff, esta vez combinado con la monstruosa guitarra y un soberbio bajo haciendo remates en los tonos más agudos del instrumento. Rápidamente cambia a otro riff entrecortado, en una secuencia de tonos ascendente y en el que guitarra y bajo se espejean, lo cual da pie para que Ozzy entre con los versos, que también llevan una melodía rauda y asesina. Al 1:55 hacen otro de esos fenomenales cambios de ritmo en los que parece que ensartan una canción totalmente diferente, a manera de un puente más lento, y cuando regresa Osbourne, la melodía vocal une las partes de manera absolutamente natural. El que estos cambios resulten tan bien es mucho más difícil de lo que parece, solo que Black Sabbath lo hace ver todo muy sencillo aquí. Al 3:30 Iommi hace un tremendo solo, y Geezer también, sólo que queda un poco opacado por la guitarra, pero si lo siguen con atención en esta parte, luce magnífico! Los riffs son lo más importante, sin duda, creando una atmósfera pesadísima y sobrecogedora, pero las letras son casi igual de relevantes. Muchos las tomaron como otra de las letras satánicas de Sabbath, dejando ver que ni siquiera las leyeron y se fueron por palabras o frases sueltas. Ozzy hace un ataque endiablado, pero a los ateístas, haciendo una defensa sórdida de Dios. No sé si es una canción cristiana  como muchos dicen, no mantiene un punto de vista de una religión en particular (aunque menciona al Papa), pero sin duda hace una serie de cuestionantes que defienden de una manera muy sólida la creencia en un Dios, y ataca ferozmente a los ateos: “Could it be you're afraid of what your friends might say, If they knew you believe in God above?” Como agnóstico, no puedo estar más de acuerdo con toda la letra.

Luego está “Embryo”, que no es más que una especie de preludio instrumental a “Children of the Grave”, con apenas 30 segundos. Es un arreglo de Tony experimentando con las cuerdas de un violín con efecto distorsionado, mientras Geezer lo sigue al fondo con el bajo. Sí Page puede experimentar con el arco, porque no puedo hacerlo yo con el violín? Si, es corto e inofensivo, pero está muy bien hecho, tiene un aire medieval, remoto, oscuro y poderoso. Y difícilmente lo puedo dejar de asociar de “Children…”. Los programadores de radio que NO la agregan como preludio deberían ser quemados en una hoguera.

Y enseguida viene ahora sí, “Children Of The Grave”, que arranca con un impresionante bajeo galopante y con una ligera distorsión. , luego entran batería y guitarra para hacer una intro colosal, logrando en conjunto uno de los riffs más brutales de la historia. La manera en que Bill Ward le pega al a batería, con un tamboreo cambiando los tums sin perder un beat, es para levantarle un monumento. Tony hace su parte con ráfagas más agudas y esporádicas, mientras Ozzy hace ese raro fraseo, con una voz furiosa. La letra sigue el tenor antibélico de “War Pigs” y “Electric Funeral” del Paranoid. No es la mejor canción antibélica del mundo, de hecho es algo cursi y con ideas un tanto inocentes, pero bueno, tomando en cuenta que es Ozzy y que andaban volando en coca, podemos rescatar versos como: “Children of tomorrow live in the tears that fall today, Will the sun rise up tomorrow bringing peace in any way?”. Al menos la intensión es buena. Pareciera que líricamente querían limpiar esa imagen que quien sabe cómo se armaron de satánicos. Por lo demás la canción es poderosísima, los 3 instrumentos se combinan de manera brutal y perfecta para armar una canción que ésta vez no da un solo respiro y mantiene de principio a fin un aire apocalíptico, que esta vez va un poco más acorde a las indignadas letras. El solo de Iommi al 3:45 es pirotécnico, perfectamente logrado y pensado, muy técnico, con las guitarras dobladas, una con distorsión y una ligeramente más limpia con un pequeño desfase, de los mejores de su etapa en Sabbath. Y el cierre es también espectacular, con la guitarra chirriando en tonos ascendentes y al final el bajo quedándose jugando con una nota larga. Una canción redonda por donde se vea.

Continuamos con “Orchid”, un delicado tema instrumental de Iommi, haciendo un arpegio muy raudo en guitarra acústica. Sí; ya sé. Dirán que no tiene chiste. Podría estar de acuerdo con ustedes. Cuando se corten las puntas de dos dedos y sean capaces de hacer arpegios y arreglos tan limpios y rápidos podemos discutirlo. Esta es una victoria de Tony sobre su discapacidad y sobre sus hommade prótesis. Y un breve respiro de minuto y medio a uno de los más tremendos arranques de disco que yo recuerde.

Después tenemos “Lord of this World”, con una intro lenta, que se convierte en otro riff brutal en el que Ward recorre cada tum de su batería de manera magistral. Hacia el :30 tenemos un cambio a un riff más juguetón, con el que Ozzy comienza a cantar con su voz de helio, nuevamente con una furia inusitada. Los versos los remata con un potente “YEAH!”, tras lo cual hay un excelente arreglos de bajo. Pero la parte que más me gusta es el puente instrumental del minuto 2, que se podría decir que es un solo, pero me encanta como destaca el cencerro y cuando Butler se despega de la línea de Iommi para hacer otro creativo juego con el crujiente bajo. Luego un salvaje estribillo, con Ozzy cantando el título de la canción: “Lord of this world, Evil Possessor”… Por cierto, la letra es corrosiva, esta vez cantada desde la perspectiva del diablo, pero siendo una especie de burla crítica a todos los que se van por “el lado oscuro de la fuerza”: You made me master of the world where you exist, The soul I took from you was not even missed”. No lo veo tanto como una crítica a los satánicos, sino a todos los que de alguna forma han perdido su humanidad por poder o dinero. Creo que ésta rola es más antibélica que “Children Of The Grave”, pero pocos la tomaron así y sólo acrecentó la mala fama del grupo. El final es apocalíptico, y Geezer suena descomunal en la intensísima coda, opacando incluso la furiosa guitarra de Iommi.

Seguimos con “Solitude”, una canción muy atmosférica y tranquila para lo que había mostrado el grupo en este disco. Recuerda vagamente “Planet Caravan” aunque es menos lograda. Ozzy canta con un tono pasivo sorprendente, incluso mucha gente pensó que Bill Ward era quien la cantaba, pero Ward no cantó hasta “It’s Alright” del Technical Ecstay. Tony hace la guitarra, el piano y la flauta que suena de fondo, mostrando sus dotes multinstrumentales, sólo Butler hace un bajeo de fondo, repetitivo como mantra. La canción es muy linda, melancólica con aire de desesperanza y letras pesimistas e introspectivas.

Cerramos con “Into The Void”, donde regresa la espesura y la potencia con otro riff de antología, más complejo y largo que los previos. Butler y Tony se espejean en la intro, mientras Ward los empuja con su explosiva batería. La intro se alarga hasta el 1:15, donde Tony se acelera con otro riff más rápido y pesado, y la banda entra recargada, generando tensión y preparando el terreno para que entre el Sr. Osbourne. Al minuto 3 parece que se va a terminar, pero hacen una micropausa para regresar más acelerados y furiosos que nunca. Esto, señores, ESTO es la definición de Metal. Actitud y potencia natural, nada de las poses de hoy en día. En fin, los cambios de tiempo funcionan muy bien, la canción se va armando de manera espectacular. Geezer de nueva cuenta se vuela la barda, y para cuando llega el requinto de Tony, uno ni siquiera se da cuenta de que no hay guitarra de soporte, ya que el bajo llena todos los huecos de manera formidable. El segundo solo es todavía mejor, otra vez con el truco de las dos guitarras sobrepuestas, para después terminar de manera inesperada con un rugido de guitarra.

 

En fin, un disco redondo. Estoy convencido de que mucha gente conoce más y considera mejor el Paranoid, más melódico; pero los verdaderos fans de Black Sabbath y los verdaderos fans del Metal, saben que este es su mejor disco, el más potente, el más logrado, el más oscuro, con los mejores riffs y el mejor nivel creativo de los 4 integrantes originales. Tiene un aura majestuosa y a la vez natural, amenazante, pero sin ser poser o falso. Ninguna nota luce forzada, y ese tono oscuro de la guitarra y bajo que resultó por el cambio de afinación, resultó influyentísimo en la historia del Rock. De aquí partieron las bandas de metal a fines de los 70’s y que tuvieron su boom en los 80’s. Y el tono áspero y apocalíptico de muchas bandas de Grunge de los 90’s tienen sus bases también en este disco. Jamás Sabbath sonará tan gigantesco y brutal. Seguirán con cierta potencia, pero ya experimentando con otros sonidos y agregando otros instrumentos. El Master of Reality es una verdadera joya, el disco de Metal menos pretencioso de la historia, y quizá por ello es tan bueno y tan único. Su única falta es ser demasiado corto. Un Must Have!

  

 

Por Corvan   
 

 

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