McCARTNEY (Paul McCartney, 1970)

 

Artista: Paul McCartney (C)

Fecha de Grabación: Sep ’69 – Mar ‘70

Fecha de Lanzamiento: 20 de Abril de 1970

Discográfica: Apple / EMI

Productor: Paul McCartney

Calificación: 9

                 

Artista: Paul McCartney (C)
Fecha de Grabación: Sep ’69 – Mar ‘70
Fecha de Lanzamiento: 20 de Abril de 1970
Discográfica: Apple / EMI
Productor: Paul McCartney

 

Era: La Gran Transición (1970-1980+)

Subgénero: La Gran Transición 70's

Mejor Canción: Maybe I'm Amazed

Canciones: 1) The Lovely Linda; 2) That Would Be Something; 3) Valentine Day; 4) Every Night; 5) Hot As Sun/Glasses; 6) Junk; 7) Man We Was Lonely; 8) Oo You; 9) Momma Miss America; 10) Teddy Boy; 11) Singalong Junk; 12) Maybe I'm Amazed; 13) Kreen - Akrore.

 

Muchos atacan ferozmente este disco debut de McCartney acusándolo de ser un álbum grabado en el baño de Paul. Yo me pregunto, cuántas personas en el mundo son capaces de componer este nivel de rolas en pleno divorcio de sus amigos, grabar todos y cada uno de los instrumentos por sí mismos sin ayuda alguna (bajo, batería, guitarras, teclados, voces, coros (salvo una o dos pistas de Linda), percusiones…) y hacerlo en la comodidad del trono de su cortijo en Mull of Kintyre, Escocia???

Ciertamente no es una obra de arte. Fue el primer debut solista en forma de un Ex Beatle. Bueno, no; se adelantó Ringo, pero me entienden. De hecho, fue una especie de firma de divorcio del cuarteto, al haberse negado a cambiar la fecha de lanzamiento que se empalmaría con el Sentimental Journey de Ringo (27 de Marzo) y con el Let It Be (8 de Mayo). John y George incluso mandaron a Ringo a tratar de convencerlo de que pospusiera el lanzamiento por el bien del grupo. Paul lo corrió de su casa diciéndole que no había ningún grupo. Después se arrepentiría de esta acción, y diría que trató tan mal al pobre Ringo sólo porque estaba cegado por el ego y el miedo ante la inminente ruptura de la banda.

El caso es que es un disco apurado por las circunstancias. Paul había estado trabajando en algunos temas y demos tanto en su casa como en los estudios Abbey Road, en los que grababa bajo el seudónimo de “Billy Martin” para que los demás no se enteraran. Por ello el debut suena un tanto inacabado, con una producción pésima, casi amateur, y mucho eco, a cargo del efecto de los azulejos del baño. Incluso se pueden escuchar por ahí las voces de sus hijos jugueteando. Cierto esto es una falla, pero más por las circunstancias que nada; Paul es de hecho el exbeatle que más se preocuparía después por la producción y acabados de lujo en sus discos, volviéndose un perfeccionista compulsivo. McCartney estaba hecho un manojo de nervios por esas fechas, y sabía que el final de los Beatles era inminente por las diferencias irreconciliables con John, y en menor medida, George y Ringo, que se habían puesto del lado de Lennon. A pesar de que llevaban años componiendo por separado y de que desde el White Album se trataban unos a otros como músicos de soporte más que como una banda, la dependencia psicológica era enorme. John tenía a Yoko como soporte intelectual y artístico, para bien o para mal. Paul tenía a Linda como apoyo emocional, pero la verdad es que el apoyo artístico que podía darle a su esposo era mínimo, acaso como musa. Por lo tanto estaba aterrorizado. John también, pero lo supo disimular mejor. McCartney aceptaría después que actuó como actuó por miedo, y tanto el anuncio de la separación del cuarteto que hizo el 10 de Abril del ‘70, como el apresurado disco y la posterior demanda por los derechos de sus canciones, no fueron sino un intento por aparentar que tenía aún algo de control, cuando la verdad es que fueron decisiones absolutamente impulsivas y erradas.

Ahora, el disco es apresurado y tosco en cuanto a producción y composición, pero las canciones son más bien tranquilas, retomando algo del aire semiacústico del White Album. El debut solista de Paul es ligero, cálido, muy llevadero y melódico, como podía esperarse de Paul. Y se nota que está relajado y divirtiéndose en las grabaciones, a diferencia de lo que uno pudiera pensar por la prisa al grabarlo. Sin embargo uno hubiera pensado que el debut iba a estar más pulido y refinado, considerando que Paul fue quien llevó el mayor peso en la obra maestra que es el Abbey Road. Uno hubiera creído que lanzaría un disco fuertísimo, como para tratar de demostrar que era mejor que John y no lo necesitaba, pero realmente eso se lo guardó para el Ram, donde se mostró mucho más competitivo. Este es un álbum tranquilo y llevadero, divirtiéndose con su música ligera y digerible, demostrando que aún en momentos promedio es un maestro de la melodía, y luciendo alegre y despreocupado como si nos estuviera tocando sentado desde la sala de su casa… o de su baño, jajajaja.

Mientras Lennon salió con un debut aguerrido, furiosísimo contra el mundo y contra sí mismo, y al mismo tiempo brutalmente sincero y minimalista, como diciendo “en estos momentos sólo me importo yo y voy a quemar demonios”, y George salió con un triple canto espiritual universal de una belleza conmovedora, Paul no se arriesgó tanto. Siguió haciendo el tipo de canciones que podríamos esperar de él en un disco de los Beatles. No se nota el usual perfeccionismo de Paul. Cierto, todas las rolas son muy melódicas, pero algunas son muy ligeras, incluso para Paul, y dan la impresión de que fueron grabadas solamente para adelantársele a sus compañeros. John “tenía” que hacer el Plastic Ono Band para quemar demonios y desligarse de los Beatles. George “tenía” que sacar las toneladas de canciones que sus compañeros le habían rechazado, y quizá su disco fue la más grata sorpresa de un exBeatle, pero también “tenía” que lanzarlo para demostrarse a sí mismo, a sus excompañeros y al mundo, su verdadera valía. Paul no. Simplemente quiso hacerlo por fastidiar, y como tal el disco parece un tanto inferior a las expectativas que podríamos tener de él. Ya recuperará su nivel en el Ram. Pero como dicen, Paul es Paul, y aún modorro, muerto de miedo, y en el baño de su casa, es capaz de hacer buenas canciones, y enjaretarnos al menos sus dos primeros grandes clásicos como solista.

 

El disco abre con “Lovely Linda”, que es un cortísimo pero sentido temita acústico dedicado al amor de su vida, Linda. Es simplísima, pero pegajosa, con un cálido rasgueo acústico, lalalás, un bajeo juguetón y Paul haciendo un poema que no necesita más que dos líneas para demostrar su amor y devoción a su musa en apenas 45 segundos. A diferencia de las canciones que John dedicaría directamente a Yoko (“Dear Yoko”, “Oh Yoko”) esta me gusta más y es mucho más sencilla y cute. Originalmente era un demo para después extenderla a una canción de amor más larga y compleja, pero supongo que no le importó agregarla como estaba. A mí tampoco, siendo sinceros.

Luego está “That Would Be Something”, que siempre me pareció como una especie de tribute a Elvis en los tiempos de Sun Records por la simpleza y por la entonación grave que hace Paul. El riff es sencillo pero contagioso, y no se te sale de la mente por un buen rato. La cuestión es que es simplísima, también con un par de líneas apenas. Pero Paul se las ingenia para agregar “efectos de redoble batería” con la voz que es otra muestra de su genio para meter ganchos en una canción. Cómo puedes hacer una canción de 2:40 con dos versos y un riff y hacer que funcione? No lo sé, pero lo logra. Muchos la consideran relleno por simple y repetitiva, pero para mí es una muestra del ingenio de Paul.

Enseguida viene “Valentine Day”, que es un instrumental de Paul bastante decente, con mucha energía y buena vibra. No es una obra de arte, pero hace un buen riff acústico, hace un buen trabajo de batería y la guitarra eléctrica también es buena, recordando un poco (sólo un poco y muy de lejos) la sección de solos de “The End”. Es un instrumental corto e inofensivo, pero con mucha personalidad, aunque da la sensación de que es otro tema sin terminar.

Continuamos con “Every Night”, otra baladita acústica muy llevadera, con unos versos melancólicos en tonos menores y un  estribillo dulce y más alegre. El arreglo de guitarra a 12 cuerdas es simple, pero funciona, y en lugar de requinto, Paul hace unos deliciosos “Uh uh.uh uh’s”. La letra es sencilla y optimista, y Paul le agrega una melodía maravillosa de esas que llevan su inigualable signo. En fin, simple, nuevamente con la sensación de que es uno de los demos perdidos del White Album, pero no se puede negar que es una de las baladas encantadoras de Paul, que casi rayan lo empalagoso, pero que funcionan por un pelo y que inevitablemente te dejan con una gran sonrisa.

Después tenemos “Hot As Sun/Glasses”, otro instrumental muy alegre y casi infantil de apenas poco más de 2 minutos. El riff-requinto arma la canción y se va repitiendo, intercalado con un organito muy mono de carrusel. En fin, simple pero muy melódico. Hacia el 1:30 se queda un sonido extraño y sostenido, casi gélido, hasta que al final entra una sección de apenas unos segundos de lo que supongo que es “Glasses”, más al estilo retro de los 30’s de “Martha My Dear”, pero es demasiado fugaz para apreciarla.

Enseguida llega uno de los platos fuertes del disco. “Junk” es de una belleza conmovedora, que casi duele. Paul suena tan triste y solo que casi le compite a John en el Plastic Ono band. Bueno no, es una tristeza muy distinta, ésta vez preguntándose sobre el destino de cosas rotas y basura que ya nadie usa, esperando pacientemente a ser vendidos en un tiradero. Coincido con Starostin en que es una “Eleanor Rigby” en potencia. Es tristísima, y aquí el detalle no es que extrañemos a John, Goerge y Ringo, sino a George Martin. Paul es un gran músico y ya era autosuficiente como productor, pero es evidente que esta canción, a pesar de su belleza cruda y minimalista, pudo llegar a alturas insospechadas con un buen arreglos de violines más tristes del mundo o una buena orquestación. Paul se conforma con un melancólico xilófono al final. Con todo y todo es preciosísima, y ciertamente uno termina sintiendo la misma desolación con esas cosas viejas que con nuestra querida Eleanor. Este tema aparece en los demos del White Album en el Anthology 3, por lo que posiblemente fue compuesta en la India. Imposible negar la tremenda belleza y delicadeza de esta canción. A mi gusto, debe ser considerado uno de los temas clásicos de McCartney.

Luego está “Man We Was Lonely”, otra canción curiosita, con una melodía irresistible que te obliga a cantar aunque sea la primera vez que la has oído en tu vida. Una intro a dos guitarras que van alternando notas lentas como llovizna hasta que entramos en ritmo. Linda apoya en los coros al fondo, y afortunadamente no es una María Callas, pero tampoco es Yoko. Esta es una cátedra de cómo componer, desde las melodías lúdicas hasta el trillón de ganchos: Guitarras slide emulando el estilo de Harrison, una sección en que canta y linda le responde, los tonos sostenidos al final de los versos, las armonías con Linda hacia el final y el bajo simple, pero que igual te hace llevar el ritmo con los pies. Además se nota que se estaba divirtiendo a mares al grabarla.

Seguimos con “Oo You”, un rocker lento con letras un tanto bobas que no sé si es un intento de acercarse a Dylan en “Just Like a Woman”. Como sea, la canción tiene guitarras distorsionadas que se engranan para un buen riff que va sosteniendo la canción. La melodía te engancha y Paul va creando inflexiones para mantenerte atento. Una batería rudimentaria y un alegre pandero terminan de completar el cuadro. Simple uy sencilla, pero con mucho carácter. Dista de ser un clásico, pero deben aceptar que muchas de las rolas promedio de este disco tienen un appeal indescriptible.

Luego está “Momma Miss America”, otro instrumental relativamente bien logrado. Lo que me encanta de esta canción es el bajeo, oscuro y amenzador y con el sello de McCa. El piano es el que lidera los instrumentos, haciendo casi un boogie semilento, y en los espacios que deja, Paul agrega una guitarra con bastante delay. En fin, entrelaza bien la música de manera que la canción te mantiene atento sin necesidad de voces. Si se quedara hasta el minuto 2 la marcaría sin dudar en rojo. El problema es que a partir de ese momento la canción cambia de ritmo a un jam de un one-man-band (válgame, habrase oído!!!) en la que Paul pierde por completo el piso y se pone a improvisar sin dirección haciendo un montón de ruidos con todos los instrumentos hasta el cierre al minuto 4. Cuando escuchen estos jams y los comparen con los del tercer disco del “All Things Must Pass” entenderán porqué digo que hay niveles de jams y los de ese tercer álbum son de primer nivel. Éste hace que una canción que iba bien se pierda por completo.

Después tenemos “Teddy Boy”, que es otro de los temas que no entró al White Album… Afortunadamente. Esta vez la melodía me parece demasiado boba y la letra es peor. Sé que intenta describir esos especie de rebeldes sin causa que abundaban en Liverpool en sus años mozos, pero la verdad es que no me gusta, ni esta versión ni la de las Antologías. Muy simplona, inacabada, detesto el tono en que la canta, y la melodía sobrepasa el nivel sacarinoso que puedo soportarle a Paul, y vaya que es mucho.

Enseguida tenemos “Singalong Junk” que no es más que la misma “Junk” sin letras, versión karaoke, lista para que la cantemos. Las guitarras son casi idénticas, pero aquí agrega melotrón y la melodía vocal es remplazada por un piano delicadísimo. La producción suena mucho mejor aquí, con los sonidos más cristalinos y que hacen que la rola mantenga el nivel de nostalgia y funciones in vocales. 

El track 12 es el estelar. “Maybe I’m Amazed” es una tremenda canción, que pudo fácilmente haber sido uno d elos grandes clásicos de los Beatles. Mantiene esa misma aura majestuosa y es mucho más compleja en todos los aspectos que cualquier rola del disco. Igual que Hey Jude, arranca con un simple piano y Paul cantando con esa exquisita melodía, y las míticas líneas “Maybe I’m amazed of  the way you love me all the time, Maybe I’m amazed of the way I love You”. Para la segunda estrofa, Pauleleva la intensidad haciendo su “voz gritada”, metiendo ritmo ala batería que hasta entonces había  estado más discreta, y unos majestuosos coros con Linda. Así va llevando la canción con sube y bajas, llenándola de ganchos y haciendo una balada histórica. Al 1:20 se atreve a hacer un requinto a doble guitarra, que (Dios me perdone) no le pide nada a los de su maestro Harrison, aunque es más bien breve. De hecho juraría que es de George, pero ya he confirmado que no tuvo nada que ver. Líricamente también es la más compleja. No deja de ser una balada, pero es a la vez una llamada de auxilio, y un agradecimiento a Linda por ser su única tabla de salvación en medio de esa tormenta que fue la ruptura Beatle. Parece una balada boba, pero es básicamente el mismo grito desesperado que lanza John en el Plastic Ono Band. Al 2:30 agrega un órgano que sirve para difuminar la rola hacia un falso final, que nos engaña unos instantes al minuto 3 para regresar con otro requinto, a una guitarra, muy similar al primero en cuanto a melodicidad y los efectos harrisonianos. Y así se va difuminando con el órgano y la guitarra entrelazada para dejarnos con la certeza de que sólo un genio llamado Paul McCartney pudo haber grabado él solito una maravilla de este tamaño. Sin duda el tema más conocido de este debut, y el primer clásico con mayúsculas en la discografía de Paul. Debo reconocer que en un inicio no me gustaba, pero ha ido creciendo en mí con el tiempo, al grado de que debe estar en mi top ten de canciones de Paul. 

El disco debía terminar aquí para alcanzar un cierre magnífico. Desgraciadamente a Paul se le botó la canica y le ocurrió agregar “Kreen – Akrore”, que es una especie de demostración de que, a pesar de lo que dijera John, el mejor baterista de los Beatles siempre fue Ringo. Un odioso solo de batería y jadeos sin sentido por más de 4 minutos. Francamente, si no soy fan de los solos de virtuosos de las baquetas como Baker y Bonzo, un pseudo solo sin técnica ni sentido de Paul, sólo para demostrar que también puede tocar la batería, me parece simplemente un derroche innecesario de ego. Un error garrafal que afea el disco y le baja al menos un punto.

 

 

En fin, un buen disco de Paul, aunque como comentaba, queda un poco a deber para las expectativas que se pudieran esperar de él para su debut, con las que George y John cumplieron con creces. Con todo y todo, Paul es Paul, y aunque las canciones son simples, no carecen de encanto y están bien escritas. Sin duda les falta una pulida, pero es imposible negar que McCartney es un compositor virtuoso por más ligero y poco pretensioso que sea. Es un maestro de la melodía y logra distanciarse de los Beatles sin perder su sello. Por otro lado, tiene el mérito de haberlo hecho todo él solo, cosa que ningún otro ex Beatle puede presumir. Y las canciones son ligeras, alegres, se nota que sólo buscaba divertirse y aún estaba lejos de los ataques a John que comenzarían en el Ram. No es su mejor álbum, pero sin duda vale la pena darle una buena oída.

 

 

Por Corvan 

 

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