SODA STEREO (Me Verás Volver Tour, 2007)

12 de Noviembre, 2007

Estadio 3 de Marzo, Guadalajara. México.

 

 

Dos veces he ido a conciertos en el estadio 3 de Marzo y ambas veces ha sido un suplicio el poder entrar. La cola dobla la esquina y hace varios giros sobre sí misma. Una hora y media para poder acercarnos unos veinte metros de la entrada. Una hora y media para que nos digan que esta vez SI hay otra entrada y que la fila en que estamos no es para nuestra zona. En fin, la otra cola es mucho más fluida y rápidamente estamos adentro. Si creí que el tormento iba a terminar ahí, estaba equivocado. Casi toda la zona de gradas que me corresponde está repleta y tardamos al menos unos 40 minutos en encontrar lugares suficientes y con vista decente para toda la comitiva. Finalmente hubo que aguantar unos videos nefastos en las dos pantallas gigantes que flanqueaban en escenario. En ellos pasan imágenes de un pseudo trovero parodiando las letras rebuscadas de Soda y preguntando si alguien alguna vez había entendido media letra. “Por supuesto”, le comento a un amigo: Cerati no habla de nada que no sea sexo! Tras una enorme espera viendo como el estadio (gradas y cancha) se iba atestando hasta lo inimaginable, y de saludar a un montón de conocidos (parece que medio Guadalajara cabe en este pequeño estadio), por fin se apagan las luces. Inicia el rito 10 años después, para todos los que éramos suficientemente grandes en aquéllas épocas como para saber que Soda era y es el grupo más grande de Rock con Ñ, pero demasiado chicos como para ir a un concierto a la capital y despedirlos como se debía.

 

Son las 9:30. La gente sigue entrando como estampida. Las luces se apagan. Las expectativas al límite tras 10 años de espera y, francamente en mi caso, una esperanza que ya estaba perdida. Sin más preámbulo que un “Listos para la seducción, Guadalajara?” Suena entonces ese guitarreo característico, la voz clara de Gustavo: “Voy a ser tu mayordomo, vos harás el rol de señora bien” y los juegos de seducción que nos van envolviendo con riffs monstruosos y pantallas que se tiñen de rojo pasión, que a la larga será el color dominante. “Buenas noches tapatíos”, exclama Cerati. Charly Alberti se ve y suena en perfecta forma, y Zeta Bosio es preciso en el bajo, se nota entusiasta, pero su volumen queda a deber. El estadio corea todo a una voz y estalla en el coro, mientras se ve un impresionante efecto de luciérnagas por la cantidad de celulares grabando este momento histórico y único para muchos. Gustavo se ve un poco gordo con la barba y el jersey gris que trae puesto, pero lo importante es que es preciso y matemático como siempre con la guitarra, sin fallar una sola nota.

Sigue Tele-K. Parece que los rumores de que esta gira será un repaso de los primeros discos que quedaron olvidadas en las últimas giras son ciertos. El ánimo de los espectadores se cae a pesar de que es una canción que invita al baile y al salto; y es que ciertamente no es una de sus mejores ni más conocidas canciones. Me sirve para darme cuenta de que la batería está muy alta, o más bien a la guitarra y al bajo les falta volumen. El sonido, a pesar de todo, suena más fresco, conservando el aura ochentera pero renovado. Los juegos de luces son impactantes. Es escenario, que cubre casi todo lo ancho del fondo del estadio, es imponente. Hay, como ya decía, dos pantallas gigantes, una a cada lado. Al fondo del escenario hay tres pantallas que se alargan hacia lo alto y que frecuentemente pasan imágenes divididas como si las tres fueran una sola pantalla. Con frecuencia en cada una aparece lo que está haciendo cada integrante en ese instante. Finalmente hay tres tremendos proyectores circulares de luces en el extremo superior, que bañan de color al escenario y crean atmósferas impactantes.

Inician inmediatamente con “Imágenes Retro”. Bosio a pesar de casi no escucharse, se lleva la canción y hasta se da el lujo de hacer coros. Suena más fresca, y para mi sorpresa, todo mundo hace fondo en el coro… “Telarañas, telarañas!!!”. Cerati suena afinado y preciso. Cabe decir que trae una Fender azul que da un sonido perfecto para ese delay característico de Soda. Al fondo, ver las tres pantallas gigantes es un deleite, observando redes arácnidas, universos que se desbaratan, átomos que se bifurcan…

Comienzan una intro extraña y larga para la siguiente canción, que indudablemente suena al Dínamo. No fallo, la canción resulta ser “Texturas” y explota cuando inician la secuencia original de la rola. Sigue destacando más la batería que el bajo y la guitarra, ya no sólo en volumen, sino en técnica. La canción crea una atmósfera experimental y energética. En el escenario predomina la neblina roja que cae como lento río sobre las primeras filas, mientras la gente sigue un poco obtusa, como esperando algo más familiar; me parece demasiado fría ante tal despliegue de energía y potencia de los músicos. La canción suena más pura en directo que en el disco y el solo es vertiginoso, pero sin fallar, con una distorsión deliciosa. La gente aplaude tibiamente cuando ésta acaba.

Atención! Se oyen esos como caracoles acuáticos. Gustavo dice con esa voz gangosa que antecede la canción “Agua” y eso basta para que el frenesí y la temperatura se eleve, a pesar de ser una rola tranquila. Sí, es Hombre al Agua, una de mis favoritas por las letras y atmósferas que alcanza. La misma intro con un teclado orquestal y casi erótico. El escenario se tiñe de tonos morados y el ritmo comienza a subir para llegar a ese primer solo. El bajo es magistral, quizá por eso me gusta tanto esa canción. Nuevamente se hace el puente y esta vez si truena un coro de 35 mil gargantas: “Hombre al agua, voces que se agita!!!”. Otro solo, aún más sublime. Cerati, ya lo comentaré en los reviews de Soda, no es el mejor guitarrista o requintista, pero es quizá, en el ámbito del rock en español, el mejor requintista “Y” vocalista a una vez; y no es muy técnico, pero es preciso y no se le va nada en su guitarra: sus dedos vuelan en las seis cuerdas y logran figuras poderosas y grandiosas y exactas, aunque a veces muy frías. Zeta Bosio por fin se escucha, se nota que los ingenieros de sonido ya despertaron. La guitarra ya se escucha también más nivelada, pero no es por ello que Alberti queda esta vez relegado a un segundo plano por sus compañeros. Francamente ese bajeo sensual en un principio, fúrico al final, esos requintos con aura floydiana, ya valieron el boleto.

Gustavo Cerati grita “Qué tal ciudad!” y la ciudad concentrada responde con un grito. El vocalista exclama “Guadalajara también es ciudad de la furia” y los gritos se cuadruplican en un éxtasis que se apaga lentamente con los primeros acordes de la celebérrima canción, la que los diera a conocer en todo el cono sur. “La ciudad de la Furia”, no puedo decir que sea la versión ochentera original, y no es en definitiva la versión semi-unplugged, sino más bien la del último concierto. Briosa, siempre actual, hace que todos cantemos en un estadio rojo fosfórico, uno de los himnos generacionales, y una de las pocas protestas mezcladas de erotismo que han existido no sólo en Latinoamérica, sino en el rock mundial. Qué impresión! Se escuchan algunos loops y destacan también, por primera vez, los músicos de acompañamiento. Cerati, más que cantar, grita “Guadalajara es, tan susceptible” y ante la euforia, deja que cantemos el último coro. Viene el falso final, que sigue funcionando como hace 25 años y la canción en general sigue demoledora, aunque a Zeta le bajaron otra vez el volumen. La gente se entrega con un Oleeeeeeeeeeeeeee ole ole oleeeeeeeeeee, Soda, Soda. Los tres saludan al público, agradecen, Bosio es el más sonriente y el que más parece disfrutar brincando de un lado al otro del enorme escenario.

Todos a bailar, de regreso a los ritmos de los 80’s. Para sorpresa mía la mayoría corea “Picnic en el 4° B, ya me acostumbraste!!!” el requinto suena muchísimo más modernizado que en el Doble Vida. La gente sigue el ritmo con las palmas y la banda se deja querer. El morado y el fucsia predominan en los tres enormes revólveres de luz sobre el escenario, y se ven tomas del público brincando en las pantallas centrales.

Luego inicia de a poco, en un lento crescendo, esa percusión inconfundible, y aprovechando que la canción anterior fue palmeada, la banda lleva al público a seguir el ritmo con las palmas ese ritmo bestial de Charly antes de empezar de lleno con “Zoom”. Es tanto el poder de la gente siguiendo a Alberti que casi la interpretan sin guitarra. Solo suena el requinto y Bosio hace la armónica inconfundible que a mi me sigue sonando a locomotora en marcha. Hago un paréntesis para mencionar que esta canción tiene algunos de mis versos favoritos de todos los tiempos, y deliro con ellos: “Entre tus labios de plata y mi acero inolvidable quiero un loop protagónico…” y “Voy a hacerte un macro-porno-intenso, lo que seduce, nunca suele estar, donde se piensaaaaaaaa…”, con todo y el falsete en la voz. Que delicia. La batería suena más potente que nunca, y Alberti logra recrear ese efecto de palmas por sí mismo, sin necesidad de los 35 mil pares de manos que lo siguen. Un clásico de clásicos que se seguirá escuchando en 40 años.

Sin parar el ritmo de la batería y las palmas, Cerati comienza con los rasgueos de “Cuando pase el Temblor”. Para mí, de todo el concierto, resulta ser la más fiel al sonido original del disco, y sin embargo sigue resultando tan actual… La gente hace sola la parte de “Hay un planeta…”. El bajo suena más claro nuevamente y por el resto de la velada no disminuirá en cuanto a volumen, para placer mío. Gustavo pide solidaridad para los hermanos de Tabasco, aprovechando la atmósfera que han creado con la canción, aunque de manera tímida ante la respuesta que ha mostrado la gente ante el peor desastre natural en el país desde el terremoto del ¨85.

Colores morados inundan nuevamente el escenario y el estadio. Pasa sin pena ni gloria “Final Caja Negra”. Otro flashback a los ochentas. No es la primera vez, pero me voy dando cuenta de que el concierto está desangelado, falto de espíritu. No escatiman en energía ninguno de los músicos, pero se siente un tanto forzado… falta esa chispa que se transmitía hasta por CD hace 10 años, y me pregunto por primera vez qué tanto sanó Charly Alberti la fisura que provocó la muerte de Soda hace 10 años, aunque tanto se afanen en negar problemas personales…

Soda continúa con “Trátame Suavemente”. Siguen en los 80’s, pero con una canción que se oye atemporal. A mi punto de vista, la mejor de ése álbum debut. No evitan modernizarla un poco. Cerati suena afinado y sobrio. Hay una cierta mimetización noventera. No es un clon al último concierto, aunque al menos si suena muy semejante. Bosio ahora si retumba y hace que los esternones tiemblen con su volumen, precisión y derroche de sonrisas de un lado a otro de la cancha.

Este es un gran momento para mí, casi nirvánico, tras la casi seguidilla de hits. El mejor momento del concierto, sin lugar a dudas, con la banda complaciendo al público en lugar de sí mismos. Alargan la intro a placer para dar pie a ese tremendo tema que da título al primer gran disco de Soda. “No hay un modo, no hay un punto exacto…” la gente corea de principio a fin. Signos suena precisa, con tonos acústicos (y es que Cerati ha cambiado otra vez su guitarra, esta vez por una española). Queda un poco por debajo del nivel, y lo mejor de todo es ese piano que rasga la canción entre verso y verso. Soda, por primera vez en toda la noche, suena a Soda… ni mejor ni peor, y eso es bueno. Se vuelve a ver un mar de flashes y cámaras: “Signos, uniendo fisuras, figuras sin definir… signoooooooooos”… seguido del rasgueo marca Cerati. Suena perfecta… Gloriosa… pero sigue faltando un algo. Cerati interpreta su guitarra acústica con un delay endemoniado. Una luna llena abarca las tres pantallas, y la atmósfera general de la canción, sobre todo el puente, suena a medianoche.

Resuena otra vez el Oeeee oe oe oeeeeeeee. Gustavo regresa con su Fender azul… Otro regreso ochentero con “Sobredosis de TV”. Gustavo y Zeta brincan por todo el escenario. También suena refrescada, pero es imposible quitarle de todo el alma de canción ochentera. El coro enciende el ánimo de la gente: “Si al menos estuvieras aquiiiiiiiiii” la frase me deja nostálgico. Bosio sigue siendo el más entregado y aprovecha para demostrar su habilidad con el slapeo. La canción no queda a deber, y la gente canta de inicio a fin el “Love Me Do” de Soda Stereo.

Avanzan apenas un año para comenzar con “Danza Rota”. Las luces me queman las manos con sus tonos amarillos, rojos y verdes. Una imagen rastafari aparece distribuida en las tres pantallas del centro. Hay cambios leves, la canción suena apenas distinta de la versión del disco.”Dameeeeeeee, dame una pista!!!”. La canción demuestra que la garganta de Gustavo sigue intacta.

Nuevamente la batería deja ver qué es lo que sigue. Persiana Americana!!! Charly luce impactante en esa intro descomunal. Hay fuego en las pantallas. Señoras y señores, a pesar de la frialdad demostrada por Cerati y de que parece tocar apenas a medio gas, es suficiente para demostrar que estamos frente a la mayor banda de rock de todos los tiempos de Latinoamérica. El estadio explota ahora sí y Gustavo, aprovechando un puente, pide a la gente que encienda encendedores y celulares como al principio, que cada quien se convierta en una estrella para la memoria de esa noche y la panorámica del estadio ante la petición se vuelve ciertamente memorable.

Aprovechando la atmósfera, comienzan “Fue” del Dynamo. Las miles de estrellas en la cancha se van apagando poco a poco. El ambiente vuelve a tornarse erótico, con tonos morados proyectados por las pantallas y las bazucas de luz.

La distorsión se eleva. Seguimos con el Dynamo. “Gira el sol, gira el mundo, gira Dios”. En Remolinos logra un efecto de estatua. Los sonidos más sádicos, experimentales y progresivos de Soda se hacen sentir, y hay que agradecerlo. La batería lleva un ritmo implacable. El escenario es un espectáculo por sí mismo, apenas abajo del tremendo show montado por Roger Waters en el mismo lugar unos meses atrás. Incluso cambian un poco y hacen falso final que funciona cabalmente para retomar el ritmo y la energía para acabar ahora sí en una coda bestial.

Sin más preámbulos y con la misma distorsión, comienzan “Primavera 0” La intro hace brincar a la gente. Colores naranjas y morados predominan. Cerati grita “10 años después, México”!!! y se pasea de un extremo a otro del majestuoso escenario. Hay juegos de luces celestiales e infernales elevando la atmósfera del requinto y los ánimos de la gente.

De regreso a los 80’s. El bajo suena con esa opacidad característica de la época, y la batería con un eco ochenterísimo. “No Existes”. Bajan la energía con emotividad y todos seguimos la voz. Los ingenieros de sonido esta vez resultaron precisos, la canción prende y tanto el bajo como la batería convierten la canción en la más retro de toda la noche. Sube de pronto el ritmo y suena más cruda, un poco menos erótica que la original. Por primera vez, terminan echando a perder una canción; la conviertieron de una flor salvaje a una piraña rompehuesos. Francamente esta me ha decepcionado.

La oscuridad se apodera del estadio. Resuenan los poderosos riffs melódicos. Por fin se han acordado de su mejor disco!!! Viajamos 17 años al pasado para encontrarnos con la fuerza bruta de “Sueles Dejarme Solo”. Tonos rojos y morados se alternan, y se escuchan al fondo sampleos de campanas. Alberi sigue pareciendo el más entregado y preciso; Suena a bombardero alemán, en el mejor de los sentidos. ¡Nena nunca voy a ser un superhombre, Sueles dejarme soloooooooooooo!!!!” El solo alargado es echado a perder por el ímpetu de Gustavo, que se está electrocutando con su guitarra. Sorry, pero ese final fue puro ruido sin ton ni son, degradando el requinto exacto de la versión original. Para ser sinceros, Cerati ya se había tardado en mostrar sus aires protagónicos. Al menos en cuanto a voz no hay absolutamente nada que reprocharle y hace un cierre con la coda mucho más decente. Tonos verdes y morados en el escenario, y la canción que termina de golpe.

“A ver esas palmas” reta Cerati. El estadio se vuelve en un aplauso único con los primeros acordes de “Séptimo Día”. El escenario parece irradiar electricidad con los rayos apareciendo en las tres pantallas de fondo y con las luces estroboscópicas de los cañones. Bosio hace una gran segunda voz en la parte del coro: “Sólo Diooooooooos sabe que, es el Séptimo día”.La gente se anima otra vez con las palmas en el solo de batería que se avienta Alberti.

EL teclado nos da la pauta de lo que viene, una de mis canciones favoritas de todos los tiempos de Soda Stereo: “Un Millón de Años Luz! Gustavo hace gala de su mejor despliegue técnico con las seis cuerdas en esa introducción que no le pide nada a Hendrix. Nadie se queda sin cantar y las estrellas vuelven a aparecer en la cancha sin que nadie lo pida. Hay electricidad en el ambiente mientras la canción se desarrolla y vuelve a sonar ese solo mágico, lo mejor de Cerati técnicamente. La banda demuestra que también sabe hacer tensión musical, bajando y elevando la rola a placer, haciendo del público lo que quieren y del sonido un verdadero deleite. El solo es extendido varios minutos y suena un tanto desgarbado, pero no desencaja en absoluto con el tono de la canción y terminan Zeta y Gustavo intercalando solos al pie da la batería de Charly, los tres reunidos en un palmo y haciendo lo que mejor saben hacer. La gente delira.

Sin preámbulo alguno, continúan con la canción que les dio status de dioses en América Latina (y según le que he leído en los últimos días, también en España, USA e Inglaterra), Música Ligera. El estadio casi se cae con las primeras notas. Hacen una versión semejante al último concierto, pero sin la emblemática frase de “Se me ocurre una buena canción para cantar…” La gente hace los primeros versos encantada y las luces lanzan metralla estroboscópica y cañones de luz multicolor bombardean el ambiente cuando Cerati grita el “Nada más queda” y la canción explota con 35 mil almas brincando y cimbrando el inmueble. Una coda bestial. Tampoco está esa despedida de “No solo no hubiéramos sido nada sin ustedes” que hubiera sonado muy falsa, pero los tres hacen caravana y salen del escenario.

Las luces centrales se apagan, pero queda un marco de luz amarilla iluminando el enorme escenario. La gente no tarda en pedir el encore, con palmas desesperadas, al principio, luego otro Oe Oe Oe Oeeee, y finalizando con el característico himno de amor: Culeeeero, culeeeeeeeeeeeero…La banda se hace del rogar durante casi 10 minutos, pero nadie se mueve de su lugar. No tarda en hacerse la ola, que da unas 9 vueltas al estadio de extremo a extremo, sin que deje de oírse el Olé ole, y Culeros…

 

El grupo regresa y se reencienden las luces. Cerati vuelve con un sombrero gaucho y una Richenbacker color sangre; mientras, en las pantallas, se ven fractales multiplicándose y retorciéndose. “Me salí, fuera de contexto”. La gente estalla por enésima vez. “Ensayar, no te hace perfecto”, esa frase podría resumir la noche, no sé si la gira. Disco Eterno suena perfecta, no falta ni sobra nada; nuevamente juegan magistralmente con la tensión, pero falta algo, Gademe!!!! Falta una chispa que encienda a ese trío!!!!!!!!! La armonía es fabricada sin prisa, el delay es más marcado que en la versión original. Son los sonidos más puros y característicos de Soda durante los 90’s.

Sigue “Cae el Sol”, inundando a la gente con luz desde los revólveres de luz. Zeta destaca con un bajo poderoso, sin dejar de tocarlo casi a la altura de sus rodillas. La parte del recital resulta mas sobreactuada que en el disco, pero los teclados son maravillosos. Al final llega un momento en que Cerati juguetea con la armonía de “Here Comes The Sun” los Beatles y la gente se lo reconoce.

¿Quién dice que en los 80’s la música era simple? El riff, complejísimo como siempre de “Prófugos” retumba. “Somos cómplices los dos”. El sonido es totalmente retro, nuevamente cambiando los efectos de bajo, batería y guitarra para hacer una regresión a la producción ochentera. Los teclados también hacen su parte. “No seas tan cruel…”. Bosio es el que más disfruta, sonríe de oreja a oreja al público mientras se pasea de un lado a otro del escenario y hasta se da el lujo de aventarse un baile. El ambiente se pinta de rosa.

Se despiden nuevamente, pero esta vez la gente si empieza a salir. Estamos tan malacostumbrados a no recibir ningún concierto de calidad hasta el año pasado que el público tapatío no sabe exigir encores a las bandas. Ya me pasó con Silvio Rodríguez, con los Doors y ahora con los argentinos.

Afortunadamente la inmensa mayoría entiende que solo el marco del escenario está prendido y el grupo esta vez no se hace del rogar. Aún a obscuras suena “Nada Personal” y se encienden las luces para éxtasis del público. La canción suena casi idéntica a la original, y la gente corea los “oh oh oh” del coro. Cerati juega con los pedales con maestría. Hablando de, aprovecho para mencionar que lo que le falta a Gustavo en técnica con la guitarra, le sobra en maestría con la caja de pedales y la producción en vivo que lo hace sonar siempre como un gigante. Cambian el sólo del final por uno más moderno y extenso y hay sampleos al final que se van difuminando junto con la canción. Ante la ovación, Cerati no puede evitar dar un “Tremendas gracias”, que suena corto; pero también se le agradece que no salga con circadas como un “Gracias totales”.

El mismo Cerati aprovecha para presentar a la banda: Al Tweety González, el cuarto Soda en los teclados (él los acompaña casi desde los iniciios, y es parte fundamental en muchas de las canciones), a Leandro Fresco y Leo García. Zeta y Charly también se hacen presente y agradecen la entrega al estadio lleno como jamás en su historiar, con una sincera caravana.

Inician otra canción. “Te Hacen Falta Vitaminas”. La gente baila en su lugar con ese ritmazo, pero como esperando un poco más. En las tres pantallas aparecen píldoras bailando al ritmo mientas que en las laterales se ve a la banda entregándose. Cambian el ritmo a reggae y regresan al frenético ska.

Cerati grita: “Gracias México, por todo lo que nos han dado”. Y los músicos vuelven a salir. Van unas dos horas cuarenta minutos, pero faltan grandes clásicos. Me volteo a un amigo y le comento “Les harán falta vitaminas?”. No acabo de decir esas palabras cando las luces de todo el estadio se encienden y nos enjaretan una canción de Tears for Fears en el audio local…

Sí, les faltó. Y mucho. Mientras la gente empieza a desalojar, muchos de los fans en un completo éxtasis, yo miento madres. Por qué???? Que injustoooo, fue un conciertazo!!!!!! Sip, pero, el grupo mostró una tremenda falta de cohesión. Como decirlo… Sonaron a una banda forzada, donde el mayor despliegue de virtuosismo fue de parte de la batería, y la mayor entrega al público fue por Zeta Bosio. Cerati se notó preciso, pero forzado, cansado y maquinal. No malinterpreten, no erró una sola nota en todo el concierto, pero no le noté ganas de estar ahí. De hecho, le comenté a uno de los amigos con los que iba, mientras me abría salida a codazos: “Por fin Cerati se va a quitar la presión de la reunión en sus conciertos en solitario.” Cuánto le das??? La inevitable pregunta. Le doy un 8.0. Whaaaaaaaaaaaat??? Varios voltearon a verme. Por qué le doy un 8 a tan tremendo concierto???? Simple. Dejando de lado las broncas para entrar y hallar lugar, faltó cohesión. Se nota que Charly y Zeta disfrutaron cada segundo, y que por ellos hubieran seguido otra hora, pero Cerati se mostró frío y forzado. Se agradece el viaje al pasado, a los primeros discos, las primeras canciones, tratando de mantener el sonido mas fiel posible. Peeeeeeeeeero, se brincaron canciones infaltables en el programa, que a fin de cuentas resultaron ser un insulto al público que pagó su boleto. Regresar a los 80’s, no problem. No tocar “Canción Animal”, “Entre Caníbles”, “Té Para Tres”, “Ella Usó Mi Cabeza Como un Revólver” y “Luna Roja”, eso sí fue un fraude completo. Quedaron a deber, digan lo que digan las reseñas de los periódicos, YO me quedé esperando esas canciones.

Aún así fue un gran espectáculo. Valió la pena llegar como zombie el martes al trabajo. Presencié un gran concierto de Soda, el más grande entre los grandes del rock en español, y eso nadie me lo quita.

 

 

Por Corvan 

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