MIS AMIGOS MUERTOS (Real De Catorce, 1989)

Artista: Real De Catorce (B)
Fecha de Grabación: 1989
Fecha de Lanzamiento: 12 de Diciembre de 1989, MEX
Discográfica: Discos Pueblo
Productor: Real De Catorce
Calificación: 8.5

                     

Era: 80's Rock en Ñ Clásico

Subgénero: Blues Rock

Mejor Canción: Patios de Cristal, por mucho!

Canciones: 1) Radio Morir; 2) Patios de Cristal; 3) Recargado; 4) Barcos; 5) Malo; 6) Polvo En Los Ojos; 7) Llévate La Historia; 8) Botellas de Mar.

Mis Amigos Muertos es el tercer disco de Real De Catorce. Por ese entonces estaban en tan tremendo pico creativo que se daban el lujo de lanzar un disco por año, y este fue el tercero consecutivo, repitiendo fecha y número de rolas. Sí; ya sé que había dicho que no le iba a dar menos de nueve a ningún disco a excepción del Voy a Morir, pero soy muy bocón y prefiero comerme mis palabras y rectificar ahora, que ponerle una calificación que hoy consideraría un poco inflada. He estado escuchando este tercer disco y ya en detalle me parece una ligera baja respecto a las dos obras maestras anteriores, el Real de Catorce y el Tiempos Obscuros. No es tampoco una caída estrepitosa, ni el Síndrome del Tercer Disco, sino un cambio en el sonido, una evolución que era necesaria en el sonido de la banda; y en ésta transición, el mestizaje de sonidos que comenzaban a hacer les cobró factura, aunque después lo dominarían como nadie.

En el Tiempos Obscuros comentábamos que ya empezaban a jugar tímidamente con otros ritmos. Aquí la mezcla comienza a hacerse más evidente, pero no sé si funcione tan bien. Real se escucha impresionante cuando hace un blues puro e incendiario o cuando logra fusiones perfectas entre el blues y otros géneros, llegando a hacerlo incluso con ranchero o rap! Pero aquí me da la impresión de que se quedan a mitad del camino en algunas rolas.  Básicamente la fusión de este disco va en dos direcciones: Sonidos latinos-jazz-reggae como en “Radio Morir” o “Llévate Esta Historia”, que sin sonar tropicales o santanizados, si se nota una influencia más guapachosa, y no me encanta el resultado. Por otro lado tenemos el Jazz entretejido con el Blues. Y no tiene nada de malo, pero en las fusiones de este disco los resultados son muy blandos y poco memorables, particularmente “Barcos” con una melodía muy sosa y que a mi punto de vista, es el primer relleno en un disco de Rde14. “Recargado” también sigue un tenor suave, demasiado suave, con una producción demasiado ochentera y un predominio de sintetizadores y un derroche de slaps que fechan demasiado las canciones, y hacen que el disco suene muy etéreo y satinado de principio a fin. El mayor problema quizá no sean las canciones, excepto “Barcos”, sino la horrorosa producción que no deja que luzcan.

Las mejores canciones son el furioso blues-rock “Patios de Cristal” donde la banda se siente en un ambiente mucho más cómodo y sin duda es una de las clásicas de la discografía con la enorme energía que despliega. “Malo” es una canción en medio tiempo con enormes combinaciones de riffs e instrumentaciones. Y “Botellas de Mar” es una sorprendente experimentación donde ya se animan a mezclar con éxito géneros tan alejados del Blues como el Country, con un violín que se lleva alfombra roja y caravana.

Otro punto fuerte del álbum sin duda son las letras. Sigue siendo un disco pesimista, con la muerte rondando la exquisita lírica. José Cruz crea enormes poemas que huelen a madrugada y arrabal, a whisky y soledad. La muerte que se filtra sigue siendo lejana, y desde el título del álbum da la impresión de que no es una muerte personal la que lo inspira, pero el tema se va volviendo cada vez más recurrente. La verdad ignoro qué cuestiones personales inspiraron el disco, o su título ya que hay muy poca información. De hecho, creo que ésta es la primer reseña a detalle en la red sobre el álbum!

El disco sigue siendo bueno, y mantiene esa costumbre del grupo de colocar apenas 8 temas. Pero nos e vuelven locos extendiéndolos en exceso sólo para llenar espacio. El disco dura unos 32 minutos y las rolas (excepto “Barcos”, que parece muy larga), tiene una duración adecuada. La banda no se vuelve loca y exprime las rolas en su punto exacto. Ya después en vivo se lucirán con poderosos y extensos jams, sobre todo “Patios de Cristal”.

 

El disco abre con “Radio Morir”, que arranca con un tamboreo desaforado, muy latino, posiblemente sean congas y no batería. De inicio suenan esos sintetizadores cargadísimos de un efecto etéreo, que se difuminan cuando inicia el relampagueo de la guitarra. La atmósfera es delicada, una especie de mezcla de jazz latino. El bajeo de Severo Viñas sobresale con el slapeo, pero por momentos parece que abusa del recurso y se fecha demasiado la canción. La melodía no me parece sobresaliente, no hay un coro particularmente memorable. No hay solo de guitarra, sino de sax, al 3:20 que se alarga hasta el final. No hay reminiscencias del Blues que dominan tan bien y de alguna forma me parece que no se sienten cómodos. Me parece una rola como de película policiaca de clase B de los 80’s. Pero tampoco para marcarla en azul, simplemente no es de mis favoritas aunque varios la consideran un clásico. Lo mejor acaso son las letras, siguiendo esa tendencia de arrabales y hoteles nocturnos, y con versos como “Me dio a probar / la luna tibia en una taza / y me dejó ardiendo de la piel”.

Sigue “Patios de Cristal” el plato fuerte del disco. Cómo cambian cuando la banda domina lo que está haciendo. Este es un blues puro, furioso, aguerrido, con parones y arrancones, armónicas y un despliegue de recursos exquisito. Arranca con una impresionante Intro en armónica, que demuestra el virtuosismo de José Cruz en este instrumento. Viñas espejea la relampaguente armónica con su bajo, José inicia luego con un bravísimo fraseo casi a capella y la rola entra en ritmo hasta el :40, con una monumental guitarra Steel de Iglesias haciendo un soberbio diálogo con José, intercalando un minisolo de slide entre cada verso. Es realmente impresionante lo que hace, van agarrando un ritmazo y de repente ya nos estamos imaginando en moto por carretera y cantando a todo pulmón los contagiosos estribillos. Hay otro solo de armónica al 1:45 y todo es un Groove mágico y cargado de potencia. Las letras son fantásticas, hablando de todo y nada al mismo tiempo, narrando en un inicio la vida de un biker bluesero, luego  lanzando algunas pedradas y crítica social: “Los muchachos rebeldes se murieron de alcohol, agarraron sus trapos y se fueron de aquí, no cambiaron el mundo, ni incendiaron el sol, mucho menos ahora estos niños del PRI.” Y cierra hablando de mujeres y soledades. Increíble tema. En esta versión de estudio dura unos 4 minutos, pero en la versión en vivo del Rojo la extienden a casi 10 con un mega poema en la coda y una serie de solos increíbles. Con todo y que la versión en vivo es orgásmica (casi literalmente, en la parte de Lola…), esta de estudio es enorme, la mejor del disco sin duda, y de los temas principales del a discografía de Real de Catorce.

Después está “Recargado”, una especie de balada también algo alejada del Blues, con arreglos de teclados y un lento crescendo que inicia con José solo con su voz, se van incorporando los instrumentos y va aumentando de a poco, no estalla, pero luce por momentos con unos coros gospelianos. La producción no ayuda mucho. Demasiado teclado, ecos como si estuvieran metidos en una cueva que perjudica particularmente la batería de Ábrego, y un bajeo que se excede en los slapeos. La melodía no es particularmente memorable y no hay un estribillo propiamente. Lo destacable acaso es el tímido requinto de la coda con el que se difumina la canción al 3:30. Una canción muy promedio a mi gusto, e igual que “Radio Morir” casi raya el nivel de relleno.

Luego tenemos “Barcos” con la misma ambientación sombría, de bar de coctel. Teclados muy atmosféricos y satinados empañan todo como una niebla. Las guitarras se conforman con arpegios ya arreglos sosos, con alguna influencia de jazz. Melodía muy blanda, y luego entra un sax a aumentar ese aire de mala película ochentera. No sé, me da la impresión de que quieren sonar demasiado refinados y pierden toda la frescura que los caracteriza. Y para colmo es de las más largas del disco, con casi 4:30!

Afortunadamente sigue “Malo” donde regresan a la base blues. Arrancan con un arpegio de guitarra acústico y el típico fraseo de Cruz para un efecto muy melancólico. Al :30 Ábrego da un tarolazo y entra toda la instrumentación. No es un panzer alemán ni una rola demasiado potente, pero mantiene un muy buen ritmo. Entre los instrumentos está no sé si una flauta o un sintetizador con efecto afalutado, pero logra funcionar haciendo vaivenes. Además un teclado con efectos más de metales ayuda a la creación del riff principal en los puentes al 1:20, en los que hacen unos buenos cambios de tiempos para entrar a un segundo puente que funciona como estribillo, con unos coros femeninos haciendo un pegajoso “UhUhUh-Ahhhhh” (yo siempre creí que decías Bru-bru-bruuujaaa). La banda se equilibra bastante bien, el bajo suena perfecto y sin escederse, aún usando el slap como recurso. Las guitarras son discretas en casi toda la rola pero destacan cuando tienen que hacerlo. Al 3:45 hay un solo de teclado de buena manufactura, muy juguetón. Los sintetizadores siguen dominando, pero el conjunto hace que la canción destaque, y las letras son maravillosamente negras y sarcásticas. La versión en vivo del Azul es un trillón de veces más rockera y pateatraseros, al carecer por completo de sintetizadores y al ser las guitarras las estelares, pero la versión de estudio sigue siendo de gran nivel (ah, de la versión en vivo fue donde saqué lo de Bru-bru-brujaaa).

Enseguida está “Polvo En Los Ojos”, una conmovedora balada con base en un gran trabajo de piano. Buena melodía vocal y el poema que hace José es de otro mundo. La letra es sobre el suicido de una mujer lanzándose a un río. No sé si es una historia real que también contribuye al título del álbum, pero las imágenes que logra son estremecedoras: “Numeré las estrellas nuevas, no noté que una se apagaba, dime... que te amó la noche, que no dudaste ni dos minutos, que no estaba el agua helada, que reíste para ti…”. Los sintetizadores y las guitarras con tritono esta vez contribuyen para una atmósfera suave, casi tibia, que encaja con la letra y el carácter dramático, sin ser fúnebre. Es casi una canción de esperanza más que de luto… las últimas líneas también son enormes. “Vida mía, ¿qué día es hoy? ando sordo, mudo y triste recordando... tu luz.” Tras lo cual Iglesias hace un pequeño solo para terminar. Y si, a veces si uno se clava mucho termina con polvo en los ojos. Una buena canción, con mucha, mucha carga emocional.

Continuamos con “Llévate la Historia”, donde juguetean con el Reggae. Y no me ´parece que salgan muy bien librados, pero de nuevo me queda la duda si es la producción y el sonido de la época o la rola en sí. Aún así Ábrego hace un papel destacado al jugar con los destiempos y marcar los cambios de ritmo que hacen más dinámica la canción, pero se nota a leguas que ésta no es una banda de Reggae. No es tampoco catastrófica, pero definitivamente no es de las mejores del disco ni un clásico de la banda.

Cerramos con “Botellas de Mar”, donde dan un giro espectacular al Country-Blues con el violín dominando la instrumentación, llena de un agradable guitarreo acústico. El tono juguetón con que canta José las irónicas letras, llenas de figuras y metáforas hacen que la canción brille. El estribillo es genial “Pide un deseo en la calle…”, pegajoso y adictivo, y uno termina cantándola. El violín es una chulada. Es como un colibrí que va zumbando aquí y allá y entabla un diálogo con José de la misma manera en que en otras rolas lo hace la virtuosa guitarra de Iglesias. Ignoro quién toca el violín, pero le da una gran chispa y colorido al a canción, dándole ese aire Country y haciéndola destacar en el álbum.

 

En fin, un buen disco de todos modos, pero salvo “Patios de Cristal” y algunos otros momentos, no es un disco donde destaque el virtuosismo de los integrantes. Destaca poco la guitarra que usualmente es incendiaria, o la poderosa batería, que quedan opacados por el slapeo del bajo y las murallas de sintetizador. Es quizá el disco menos bluesero y en el que se salen más de su estilo, a pesar de que después se arriesgarán más con la fusión con otros géneros. Muchos temas promedio, algunos con melodías blandas, pero las 3 de rojo más “Polvo en los Ojos”, que casi alcanza el mismo nivel, hacen que el disco valga la pena y siga siendo una obra destacada.

Quizá el disco que menos escucho de la primer etapa de la banda, el más “Soft” y en el que se van más por el cuidado de las texturas de la época que en explotar sus verdaderas fortalezas, pero aún así, todos los discos de Real De Catorce tienen algo que valen la pena, y en este caso “Patios de Cristal” vale para escuchar todo el disco. En el Voces Interiores, su próximo disco, se recuperarían con creces y retomarían su tremendo nivel.

 

Por Corvan 

 

 

 

 

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