(SOUNDTRACK FROM THE FILM) MORE (Pink Floyd, 1969)

Artista: Pink Floyd (B+)
Fecha de Grabación: Mar 1969
Fecha de Lanzamiento: 27 de Julio de 1969, UK
Discográfica: Columbia/EMI
Productor: Pink Floyd
Calificación: 7.5 

 

Era: Progresivo (1968-???)

Subgénero: Soundtrack  

Mejor Canción: Cymbaline

Canciones: 1) Cirrus Minor; 2) The Nile Song; 3) Crying Song; 4) Up The Khyber; 5) Green Is The Colour; 6) Cymbaline; 7) Party Sequence; 8) Main Theme; 9) Ibiza Bar; 10) More Blues; 11) Quicksilver; 12) A Spanish Piece; 13) Dramatic Theme.

 

Jeje, creían que me iba a ir directo al Ummagumma? De hecho estuve a punto de, pero este es uno de los discos semioficiales de Floyd que bien vale la pena revisar. Generalmente no es tomado en cuenta en la discografía oficial aunque tuvo cierto éxito en UK llegando al número 9 de las listas, aún bajo la sombra del tremendo Piper At The Gates Of Dawn. Para los que no son fans rabiosos de Pink Floyd les sorprenderá saber de este disco, ya que generalmente en su discografía se considera al Ummagumma como sucesor del Saucerful of Secrets. Y no los culpo, hay poca información de este álbum y yo mismo tardé bastante en descubrirlo, pero no es un mero relleno musical para una película rara, como uno podría pensar.

La fama de grupo Avant-Garde y experimental que se ganaron con sus primeros dos discos, hizo que el director de películas Barbet Schroeder les encargara la música para la película More. Así que este disco sería el primero para los Floyd en varios aspectos: Su primera incursión al mundo de los Soundtracks de larga duración (El Obscured by Clouds es su segundo soundtrack, aunque casi nadie lo sabe), el primero autoproducido y el primero en que definitivamente no está Barret. A diferencia del Saucerful donde colabora en algunos temas y se nota su presencia física, aquí no está más que como una sombra de locura y experimentación. Sería el primer disco donde el grupo se queda definitivamente sin su líder y comienza ese largo y penoso camino buscando una identidad, que les tardará unos 3 o 4 años encontrar. Aunque ese 1969 no estuvo mal para ellos, en el inter estarían aún bajo la sombra de Syd, tratando de llenar su hueco, deambulando entre el Rock, Avant-Garde, cósmico psicodélico, algunas baladas folk de buena manufactura, rockers furiosos, y coqueteos francos con el progresivo. La verdad es que este álbum inaugura ésa época en que Floyd le tira a todo y a nada a un tiempo. En algunos casos logran hacer excelentes canciones, arriesgadas y con un estilo más o menos propio, pero en otras, hay que reconocer que fracasan miserablemente. Y este es un disco donde se notan muy claramente estas dos facetas.

No he visto la película, que es realmente difícil de conseguir, pero sé que trata de un chico que se enamora de la chica equivocada y termina muriendo en Ibiza hundido en la heroína. La película no tiene muy buenas críticas, pero hay que reconocer que el disco tiene muchos moods, y se pueden reconocer los fragmentos tranquilos y dulces del amor (“Green is the Colour”), partes con más movimiento (“The Nile Song”) y ondas mucho más bizarras que quizá queden bien en el contexto del mundo de la heroína, pero que no se entienden fuera de la película (“Quicksilver”) y naufragan de manera horrible como piezas aparte. Después de todo, Pink Floyd era una banda semianónima que comenzaba a desvanecerse después del éxito de su debut, y en ningún caso son expertos en temas de películas como John Williams o Ennio Morricone (o los Betales, considerando el A Hard Day's Night y Help!). Pero es una buena aportación y el disco logra momentos muy interesantes. Lo más sobresaliente quizá es que logran hacer un disco sólido, con el sello de Pink Floyd, y sin incluir ninguna suite enorme y monstruosa a la “Saucerful of Secrets”, “Atom-Heart-Mother” o “Echoes". La mayoría de las canciones son relativamente cortas, y a pesar de la diferencia de mood en algunas, se percibe cierto estilo de la banda, y de alguna manera, al escucharlo por primera vez, uno tiene la sensación de cierta familiaridad con los sonidos. No es una obra maestra perdida del grupo, pero insisto en que para la época de Floyd, es un muy buen esfuerzo, con algunos temas bien logrados que pudieron ser clásicos o al menos estar en las compilaciones de los primeros años de la banda.

 

El disco abre con “Cirrus Minor”, donde predominan los teclados de Wright para construir una pequeña joyita con sonidos aflautados y buenas progresiones de notas. Tras una intro muy ambiental de más de un minuto de pajarillos trinando alegremente, comienzan las guitarras acústicas y la melodía, hipnótica y delicada. El teclado va haciendo un efecto tremolado que aumenta el efecto onírico de la canción. Hacia el 2:30 termina la parte vocal y la guitarra da pie a que Rick haga una gran secuencia de coda con el teclado aflautado y las aves al fondo, volviéndose cada vez más dramática y astral, pero conservando cierta delicadeza. Poco más de 5 minutos muy relax y atmosféricos. Simple, bella y con el sello experimental de Floyd, es un buen comienzo de disco, e imagino, de película.

Viene luego un rocker muy potente, y considerado por algunos como una pieza de proto-metal. Se trata de “The Nile Song”, que tiene una intensidad inusitada en el catálogo de Floyd, salvo por una copia o remake de este mismo disco, “Ibiza Bar”. David grita las vocales de manera salvaje, sube su distorsionador a todo y hace una melodía demoledora. Nick Mason suena brutal con las baquetas, insertando arreglos que le dan esa aura proto-metalera. En sí, es una canción sorprendente porque de alguna manera se sale un poco del estilo del Floyd que conocemos, pero demuestra que podían rockear a lo grande cuando querían. Lo malo es que el sonido es demasiado sucio y la ecualización pésima, por lo que los solos de Gilmour no lucen tanto, y que a comparación del remake “Ibiza Bar”, con la misma intro y secuencia de tonos, “The Nile Song” queda un poco mal parada. De cualquier forma, me parece que este par de temas (Nile e Ibiza) son más una parodia del Hard Rock predominante de la época y a la vez una parodia a los rockers astrales de Syd. Simplemente vieron la oportunidad de incluirlos en un Soundtrack sin salir muy golpeados. Pero el chiste les salió bien, y además las dos canciones vinieron a darle un punto de quiebre al disco, que por lo demás es demasiado tranquilo.

Sigue “Crying Song”, otra baladita delicada, simple, muy bien arreglada, que tiene lo necesario para funcionar. En mi versión la música empieza a sonar unos 30 segundos después de que inicia el track, y no sé si es un error o tiene que ver con la secuencia de la película. La armonía es bella, enmarcada por la guitarra acústica y un teclado acampanado que le dan un aire letárgico, casi de canción de cuna. Me recuerda esta primera parte al efecto de “No Surprises”, a poco no? Al 2:50 David hace un solo-coda muy tranquilo, a tres dedos, que es posiblemente el primero que lleva el sello y sonido que dominará en un futuro, y la canción se acaba así, con ese aire de ensueño y rareza majestuosa.

Enseguida está “Up The Khyber”, que no tiene razón de ser. En primera porque, pudo funcionar como parte de la película para dar intensidad a alguna escena, pero como pieza suelta no dice nada, es un tamboreo y sonidos raros de teclado que bien pudo componer mi vecino niño de 5 años. Y no me vengan con que es Jazz, por que no lo es. Y en segunda, porque a pesar de que el tamboreo es bueno y quizá lo único rescatable del track, es una copia al carbón del beat que usa Mason en la secuencia sincopada de batalla de la suite “A Saucerful of Secrets”. Entonces, definitivamente, la rola no tiene razón de ser, suena caótica, pero sin sentido, y bien pudo dejarle lugar a alguno de los temas que aparecen en la película pero no en el álbum. Alguien dijo que este track podría calificar como la canción más estúpida jamás hecha por Floyd… y concuerdo.

Después está “Green Is The Colour”, regresando a las baladas folk-progresivas, esta vez con un aire pastoril por la flauta, la tiernísima línea de teclado y el solo que recuerda a Jackson Browne, con una melodía vocal en un tono muy tierno. Es simple, como la mayoría de las canciones de este Soundtrack, pero muestra que Pink Floyd podía funcionar a la perfección en este terreno, más tranquilo, equilibrado, optimista… Después de este disco, habrá muy pocas canciones con esta misma luminosidad.

Sigue “Cymbaline”, que podría ganar el premio a la canción más criminalmente subestimada de Pink Floyd. Entra también entre las baladas del disco, pero la armonía vocal es exquisita, así como el teclado, y la manera en que sube en el coro es conmovedora. La canción va subiendo lentamente de intensidad, sobre todo Mason va dándole un poco de mayor beat en los coros, sin que llegue a explotar. Pero es ciertamente bellísima, con equilibrio exacto, un trabajo en equipo impresionante y sobre todo, un Rick Wright inspiradísimo y en uno de los mejores momentos de su carrera. Esta canción sin duda debe estar entre las mejores de la banda.

Luego está “Party Sequence” que debió tener sus motivos en la película, pero es otra de las que sobran en el disco. Tocada con bongos y con una flauta sin ton ni son, lo único bueno es que dura menos de un minuto.

Sigue “Main Theme”, con un aura mucho más experimental y bizarra, y que recuerda más al mood oscuro del disco anterior. Hay unos efectos muy raros hechos con los platillos de la batería, de manera que suenan como ráfagas durante toda la canción. Tras la larga intro de más de un minuto, en que parece que va a ser otro collage de ruidos, la canción prende con una soberbia línea de bajo de Waters sobre el beat de los platillos. Cuando apenas vamos saliendo de nuestro estupor al descubrir la primera de las magníficas líneas de las que es capaz Roger, al 2:10 el teclado viene a dar unas notas punteadas con un aire como egipcio, que roban la atención. Vienen luego cambios de tonos, la guitarra suena con un efecto de violín, y luego cambia el efecto a un slide medio bluesero. Es realmente IM-PRE-SIO-NAN-TE lo que la banda logra hacer en este instrumental de corte astral, experimental, oscura y con un resultado increíble, casi del tamaño de “Set The Controls To the Heart Of The Sun”. Y lo mejor es que funciona sin ser una suite demasiado compleja en cuanto a estructura.

Luego llega “Ibiza Bar” manteniendo el buen momento del álbum. Es una gran canción, la segunda rockera, con aires protometal… Hey, un momento, no les da aire de deja vu? Será que Pink Floyd se la robó de algún lado? Sí, a sí mismos, y de una canción del mismo disco. O pueden notar ustedes diferencia entre las intros y las secuencias de tonos de “The Nile Song” e “Ibiza Bar”? Porque yo no. Como sea, tal vez en la película tenían cierta conexión, pero bien pudieron llamar alguna de ellas “reprise” o algo así. El caso es que “Ibiza Bar” está mucho más trabajada y tiene mejor sonido que la primera. Suena tal vez menos potente, pero con mejores detalles, un trabajo de batería más desarrollado y los solos un poco más finos y certeros. Así que me quedo con esta.

Después está “More Blues”, que no es más que Gilmour mostrándonos durante poco más de 2 minutos todos los clichés habidos y por haber en el blues. Pero tampoco es una mala pieza, sólo muy genérica. Ya después David tendrá tiempo de sacar sus influencias blueseras sin sonar descarado, sino con un estilo propio y perfecto, como en “Shine On You…” o “Comfortably Numb”.

Y ya que en el disco hay canciones nominadas a la más estúpida y a la más subestimada, también tenemos a “Quicksilver” nominada a la canción más aburrida de toda la discografía de Floyd. Es un collage soporífero y snob de efectos de cimbales alargados y la monotonía del teclado tocado prácticamente al azar. Y si en casi todo el disco Rick se merece un monumento por hacerse cargo de la delicadeza e inspiración de las piezas, aquí merece que un niño de 5 años le diga Cómo-no-tocar-el-teclado. “Quicksilver” viene siendo el equivalente a “Revolution #9” pero más aburrido todavía, y ni siquiera es un suplicio corto, sino que dura más de 7 minutos. Canciones como esta hacen que un disco que pudo alcanzar fácil un 9, pierda varios puntos.

La penúltima pieza es “A Spanish Piece”, que es otra canción muy bizarra pero con un efecto que deja buen sabor de boca. Un guitarreo como flamenco y una voz que no sé si es de la banda o de algún actor de la movie, impostando el acento español y pidiendo tequila. Una canción boba, pero divertida, en la que combinan ese aire español del guitarreo y el requinto con un teclado oscuro y cósmico. Una simple broma, y no muy larga, por lo que resulta inofensiva, y que posiblemente después evolucionaría en “Alan’s Psicodelich Breakfast”.

El disco cierra con “Dramatic Theme”, que además de tener un título por demás inventivo, tiene otra gran línea de bajo, muy cool, a cargo de Waters. No tan elaborada como “Main Theme”, pero ciertamente resulta dramática y permite que David se discuta con un gran solo, otro en este disco que ya permite ver atisbos del estilo que desarrollará y será su sello. La pieza es otro instrumental corto, pero equilibrado, con un gran manejo de tensión, aunque termina muy precipitadamente y deja a uno esperando algo más.

 

En fin, un buen disco entre los de esta primera etapa de Floyd. Quizá por ser un soundtrack no es tan conocido (y sin embargo el “Obscured By Clouds” también es sountrack y SÍ que es conocido), pero creo que es de lo más equilibrado que lograron hacer después de la salida de Syd y hasta que reencontraron su propio estilo ya por el ’72. La cuestión es que al igual que tiene algunas joyitas folk alegres, delicadas y luminosas, o algunos collages progresivos, oscuros y experimentales, también hay metidas de pata enormes, sosas, estúpidas y soporíferas. Y además demuestran que pueden rockear con ganas con “Ibiza Bar” y “The Nile Song”. Por lo que bien visto, es un disco bastante diverso, quizá el más variado de los de esta primera etapa. Otro pro es que tenemos a David comenzando a crear su estilo matemático y frío a la guitarra, distanciándose de los solos locos, astrales y medio improvisados de Syd. Y otro pro es que Wright está en un tremendo momento, echándose al hombro gran parte del disco y haciéndolo triunfar con arreglos delicados y perfectos.

Si no eres un fan acérrimo de Floyd quizá no sea el mejor lugar para empezar a descubrir a la banda. Pero si ya sientes que el Dark Side o el The Wall, o el mismo Piper te comienzan a sonar repetitivos y quieres escuchar algo nuevo del grupo, puedes llevarte una grata sorpresa con este disco. Creo que podría tener una calificación más alta por las rolas en rojo, y el buen nivel de las rolas no marcadas pero que logran funcionar bien; pero desgraciadamente esas tres metidas de pata en azul, y particularmente “Quicksilver” si le pegan bastante. Si las ignoran y le dan forward, el disco es harto disfrutable.

 

 

Por Corvan 

 

Letras de El Traductor de Rock 

 

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