MORRISON HOTEL (The Doors, 1970)

Artista: The Doors (B+)
Fecha de Grabación: Ago-Nov ‘69
Fecha de Lanzamiento: Febrero 1970. USA
Discográfica: Elektra
Productor: Paul A. Rotchild
Calificación: 9
 
 

Era: Hard Rock (1968-???)

Subgénero: Hard Rock

Mejor Canción: Roadhouse o Maggie McGill

Canciones: 1) Roadhouse Blues; 2) Waiting For The Sun; 3) You Make Me Real; 4) Peace Frog; 5) Blue Sunday; 6) Ship Of Fools; 7) Land Ho!; 8) The Spy; 9) Queen Of The Highway; 10) Indian Summer; 11) Maggie McGill.

 

Este es un espectacular regreso de los Doors. Y un tremendo giro en estilo, el segundo en su carrera. Mientras los dos primeros álbumes fueron absolutamente psicodélicos, oscuros y terroríficos con esas acabadísimas atmósferas apocalípticas, los siguientes 2 discos de estudio fueron un giro que resultó en rolas más complejas y experimentales por un lado, y más pop y comerciales por otro. El resultado no dejó contentos a los fans.

Así, después de todos los líos legales por el incidente de Miami, las distracciones de Jim en su intento de filmar una película con excompañeros de cine, o su intento de lanzar poemarios, o su relación sadomasoquista con Pamela Courson, o en pocas palabras, la espiral suicida y autodestructiva en que se había sumido, Jim tocó fondo y decidió que era momento de reenfocar sus energías. Lo que lo cautivó esta vez fue el Blues de la vieja escuela, de los maestros del Delta Blues y de Chicago, y decidió sin más que el siguiente disco de los Doors estaría más enfocado a explorar estos rumbos. Por supuesto que a Robbie Kriegger no le molestó nadita, y en este disco es la estrella absoluta, demostrando porqué es uno de los guitarristas más grandes de la historia; bastante menospreciado, por cierto. Manzarek no desaparece del todo, pero ya no son sus riffs monstruosos de teclado ni sus alocados solos los que dirijan la canción, son meros y exquisitos adornos que redondean las rolas, pero ya no es el arquitecto. El líder aquí es la guitarra. Y el bajo, que no fue tocado por el tecladito Fender Rhodes Bass de Ray, sino por varios bajistas blueseros de a de veras: Lonnie Mack, Ray Neapolitan que se reparten las canciones, y John Sebastian de The Lovin’ Spoonful en la armónica. Manzarek sólo interpreta el bajo en “Indian Summer”, y esto porque es un descarte grabado en 1967 que no logró entrar en el disco debut.

Esto le dio mucho más crudeza y energía al disco. Es decir, el inicio con “Roadhouse Blues” posiblemente sea la apertura con más pelotas de un disco hasta ese momento. La intensidad de esa guitarra, el piano boogie, las armónicas, todo da pie a esa atmósfera brutalmente hardrockera que te hace imaginarte en tu Harley Davidson acompañando a ese Jack Nicholson de Easy Rider. El resto del disco quizá no mantenga la misma intensidad, va cambiando en atmósferas, vienen algunos temas más psicodélicos, algunas baladitas calmas, blues más tranquilo en “The Spy”, y es hasta el final del álbum cuando nos reencontramos con otro tema mastodóntico que te atropella, “Maggie McGill”, posiblemente la canción más brutalmente subestimada de la banda.

El disco es menos complejo que los discos anteriores. Ya no encontramos suites, ni rolas épicas de más de 7 minutos que evocan un ritual chamánico. Son rolas cortas y directas que no pasan los 4 minutos. La psicodelia se desvanece un poco y si acaso encontramos atisbos en “Waiting For The Sun” por ser una rola que aparecería en el disco del mismo nombre pero que se termino desechando aunque el álbum mantuvo el título. Una de las anécdotas más raras e inexplicables del rock, no? Pero el chiste es que a pesar de ser uno de los discos más simples de los Doors, sigue siendo un disco demasiado complejo para un álbum de base blues. Las letras también se simplifican, pero Morrison generalmente dice más de lo que parece, y esta no es la excepción. Mantiene cierto tono críptico y sombrío en sus letras que raramente se encuentra en otro disco bluesero.

El disco fue aclamado por los fans y por la crítica, que anhelaba algo con la calidad de los dos primeros discos después de la decepción del “Soft Parade”. El Morrison Hotel se fue abriendo paso hasta alcanzar el #4 de Billboard, con todo y que muchos medios tenían bloqueada a la banda por los escándalos de Jim.

La gira de este disco fue exitosa, con la banda en forma y dando algunas de sus presentaciones más memorables. Para Agosto Jim volvería a los tribunales por el asunto de Miami y el resultado no sería favorable. Además, poco después tuvo más broncas por unos disturbios en un avión, por lo que estuvo a punto de ir a un nuevo juicio con acusación de causar problemas en estado alcohólico en un avión, lo que le pudo haber costado 10 años de cárcel por ser delito federal. Finalmente salió librado por un pelo cuando una de las aeromozas afirmó que había sido Tom Baker y no Jim Morrison el responsable. La participación de los Doors en el Festival de la Isla de Wight, donde The Who se llevó el show; sería uno de sus últimos conciertos, y no particularmente bueno, con la banda distraída por el montón de problemas de Jim.

El disco está dividido en dos partes. La primer cara es llamada “Hard Rock Café” y el lado B es “Morrison Hotel”. Como curiosidad, en LA había un hotel llamado tal cual Morrison Hotel y Jim tenía tiempo con la idea de que su siguiente disco se titularía así y se sacarían la foto de la portada en el lobby del hotelillo. Cuando el disco fue avanzando, el grupo fue al hotel a pedirles permiso a los dueños para la foto, pero como no querían mala publicidad con una banda de hippies exhibicionistas y drogadictos, los mandaron a volar. Los chicos salieron decepcionados, pero volvieron al día siguiente, mandando a Pamela Courson a distraer al recepcionista mientras se colaban a escondidas para tomarse la foto de la portada en la vitrina del frente. En la portada posterior viene una foto de un restaurancito llamado Hard Rock Cafe que estaba en LA, sin relación alguna con la cadena restaurantera de hoy en día. Más que un verdadero concepto o una división en estilo y sonidos de cada cara, era una mera broma del grupo.

 

El disco empieza con todo. Las notas iniciales de “Roadhouse Blues” son una carga de dinamita pura. Ese riff (más que riff, un rugido) casi es una maravilla por su simplicidad y efectividad. Desde las primeras notas, a pura guitarra, se siente una descarga de adrenalina por ese sonido sucio, rasposo, agresivo, amenazante. Hacía rato que los Doors no hacían un riff tan perfecto. Enseguida se incorpora una batería ponzoñosa, un pianito boogie, un bajeo que espejea ese fantástico riff, y una armónica tan devastadora como la guitarra. Jim hace el resto de la magia, con una interpretación vocal sin tache. Desde la entrada épica “I woke up this morning and I got myself a beer”, que te transporta efectivamente a la atmósfera solitaria, sucia y áspera de una casa rodante de un vago. Hay que agradecerle a Paul Rotchild, quien de sentada supo que ésta era LA canción del disco y había que obtener una toma perfecta, así que hizo que los muchachos la repitieran hasta el cansancio hasta obtener EL sonido. “Vamos Robbie, estamos en una casa rodante, no en un excusado público” le decía constantemente. Esto llevó a que Robbie usara el distorsionador perfecto, con la ecualización perfecta. No suena a una canción rastrera, pero si suena sucia y amenazante. Lonnie Mack interpretó el bajo y John Sebastian hace la espectacular armónica. Se dice que para que Jim pudiera cantar con esa aura desenfadada, hostil y perfecta, se tomó un par de botellas de whisky, con la excusa de que sólo así podía cantar como bluesman. La rola es excelsa. Desde ese riff, en el que hay una pequeña variación en la primera y segunda vuelta, hasta el gigantesco solo del 1:35, en el que Jim grita “Do it Robbie, do it!”. Es uno de las más incendiarios y explosivos solos que puede haber en menos de medio minuto. Curiosamente se dice que el solo lo hizo el mismo Lonnie Mack, pero no le dieron el crédito para no hacer ver mal a Robbie; se supone que Jim grita originalmente “Do It Lonnie! Do It!”, pero se bajó la calidad de la frase a propósito, de manera que parece que dice el nombre de Kriegger. Al final hubo tantas tomas que nunca se supo quién interpreta realmente el requinto ni algunas de las figuras de guitarra. La canción es enorme, y generalmente la pongo al menos al nivel de rolas épicas de más de 7 minutos. Además sería un símbolo en concierto. Esas notas iniciales con el presentador anunciando: “Ladies and gentleman, from Los Angeles California, THE DOOOOOORS!” son ya parte del inconsciente colectivo rockero.

Después está “Waiting For The Sun”, una pieza que terminó descartándose para el tercer disco de estudio que lleva el mismo nombre. Por lo mismo mantiene un poco más del espíritu psicodélico que mantenían los Doors en el ’68. Un teclado vibrante, tipo clavicordio con mucho delay, y posteriormente una especie de fuzz de teclado. La guitarra haciendo arreglos blueseros limpios, y uniéndose con una tremenda carga de fuzz al monumental y despiadado riff principal: Bom-bom BOM Bo-rom-BOM!!! Una pequeño obra maestra escalofriante, semilento, llevándonos por varios fragmentos que siempre se me han figurado como una marcha fúnebre. Las atmósferas oscuras de los Doors siempre me han parecido brillantes y multicolores, ácidas y psicodélicas como un arcoiris, pero a la vez oscuras y venenosas, como una mancha de aceite en el suelo refractando los colores: un arcoiris muerto Y esta es de las canciones que más me causan esa sensación. Monumental trabajo de Robbie, que se supone, regrabó toda su parte de guitarra y por ello se nota bastante más la influencia bluesera en esta rola, dando el último toque a esa atmósfera apocalíptica.

El disco mantiene el ritmo perfecto con ese boggie de “You Make Me Real”. Por supuesto que no tiene el tamaño de las dos previas, pero es una rola divertidísima, más movida, de ambiente más ligero y fiestero, que le quita toda la solemnidad con que había arrancado el disco, pero manteniendo un buen nivel y sin que estén payaseando. El riff de teclado es excelente, y me puedo imaginar a Ray con un sombrerito de hongo en uno de esos pianos de bar del viejo oeste. Densmore luce bestial con el tamboreo y Robbie hace un gran papel, aunque esta vez creo que le roban un poco los reflectores con los teclados. En fin, un clásico menor, no tan monstruoso, pero que no deja de ser divertido y muy bien construido, que se convertiría también en un infaltable en vivo en esa última gira.

Después llega “Peace Frog” una canción funky, también ligera y divertida. La guitarra de Krieger está cargada de wha y la hace crujir como un sapo. Jim por su parte, repite ese exquisito truco de multiplicarse, quizá no en tantas voces como “Soft Parade” pero se distinguen al menos un par de Jim’s contestándose uno al otro. El bajeo es juguetón y muy dinámico, y el requinto del 1:30 está bien construido, manteniéndose en un solo tono por algunos segundos y haciendo el efecto de cambio al estirar la cuerda. Luego un falso final y regresamos a ese ritmo lúdico, con un beat casi disco. Las letras son políticas, más enfocadas a las manos agringas manchadas de sangre vietnamita, pero un par de líneas dejan entrever la molestia de Morrison por los incidentes de New Haven y de Chicago, donde la policía amenazó con parar los conciertos, Jim se negó, lo acusó con la multitud y después casi ocasiona un motín. Una canción muy rara y subestimada.

Sigue “Blue Sunday” con un ritmo vals, un teclado soñoliento y un Jim cantando delicadamente la balada. La canción es bastante floja, muy onírica y desganada. Siempre me ha parecido como si toda la banda estuviera despertándose apenas y tuvieran flojera de tocar. Un rellenito inofensivo de 2 minutos.

La segunda parte del disco, llamada Hard Rock Café, abre con “Ship of Fools”, una canción menor que alcanza a ser decente, con un ritmo juguetón, un excelso trabajo de batería (esta vez permítanme darle la rola a John) y unos deliciosos riffs de guitarra y del teclado circense de Ray. Por momentos ambos instrumentos se espejean y van haciendo un diálogo conjunto. Al minuto hay un puente instrumental en el que se desfasan y comienzan a crear esa, ESA deliciosa tensión y a meter solos por un instante. La letra es contrastante y oscura, hablando del fin de la humanidad con un cinismo sombrío que no refleja el optimismo de la música.

Sigue “Land Ho!” con esta serie de rellenos no tan malos. Un buen beat, que recuerda a un caballo galopando, Robbie otra vez haciendo un gran riff y en general todos haciendo una atmósfera muy country, o mejor dicho, western. Cambios de ritmo, Jim bromeando en los coros con ese “Land OH!!!!” después de ponerse muy solemne en los puentes, y en general un aura desenfadada. Se nota que todos se divierten a mares. Sólo hay que poner algo de atención a las letras para ver qué tan seria es. Pero la verdad es que resulta relativamente bien.

Luego está “The Spy”, un blues lentísimo con un riff punzante y repetitivo de guitarra, con otra gran labor de un piano arrabalero, un bajeo sombrío y profundo que sabe a media noche y un Jim que posiblemente estaba de nuevo ahogado en alcohol, ya que suena magnífico. La rola es minimalista, con sonidos muy básicos, muy blueseros, y efectivamente transporta a una atmósfera de película de espías o gángsters de los 40’s. El excelente estribillo al 1:40 llega oportuno para evitar que la canción se vuelva repetitiva. La letra es absolutamente deliciosa y vouyerista: “I know the dream, that you're dreamin' of, I know the word that you long to hear, I know your deepest, secret fear.” No sé si sirva para seducir a las chicas, pero a mi me horroriza la idea. En fin, excelente canción, un blues muy fino, con detalles jazzeros, y un ambiente casi desolado.

“Queen of the Highway” es otro himno biker, con un teclado estroboscópico y el ritmo nuevamente semifunky. Tiene un aura muy extraña, de repente lúdica y de repente se va a un extremo sombrío. La letra también es rara, y por momentos parece una descripción de sí mismo y de Pamela: "He was a Monster, Black dressed in leather" y "She was a princess, Queen of the Highway". Una de las canciones más crípticas del disco, pero también con un buen trabajo instrumental y una de las melodías más pegajosas y elaboradas.

Sigue “Indian Summer”, el cual es el único relleno feo del disco. Una balada muy ambient, intentando imitar los sonidos hindús. La canción fue un descarte del disco debut, y es el único track donde Ray toca el bajo con su Fender Rhodes. Es muy repetitiva y carente de recursos. Ni siquiera la poesía de Jim alcanza a sonar interesante. Una pieza hippie que honra al verano del amor… 3 años después, cuando ya no tiene caso. Relleno, aunque no sólo por esta el disco no alcanza el 10.

El álbum cierra con otra anción enorme, “Maggie McGill”, un blues apocalíptico en el que el riff es tan demoledor como simple. Esta vez no es una figura únicamente de Robbie. El tremendo riff es una triple de combinación de instrumentos. El slide no sirve de nada sin ese brutal bajo marcado, y esa batería casi destructiva. Con su debida distancia, pero la sección rítmica me recuerda ese efecto arrasador que alcanzaría Led Zeppelin años después con “When the Levee Breaks”. Por lo demás, esta base rítmica permite que Robbie se desfase del riff inicial y comience a dar cátedra de blues, haciendo cualquier variedad posible del riff base, jugando con slides, vibrattos, haciendo chillar la guitarra metiéndole un poco de fuzz, regresando al wha, etc. El teclado es apenas un telón de fondo hasta después del coro, al 1:25, cuando Ray hace un solo más bien sencillo para lo que nos tiene acostumbrados, pero que combina bien con la furia simple de la rola. Luego todos se detienen y empiezan de nuevo con el destructivo riff armado deliciosamente. Jim se muestra además una gran plenitud como vocalista, madurez que ya había mostrado, pero en esta canción en particular, luce salvaje y logrando cada una las entonaciones que buscaba. Particularmente me encanta como logra esos “Really like to, GET IT ON”. La coda también es genial, con Jim casi rogando por la tal Maggie, y redondeando esa aura gris y carente de esperanza de toda la canción… En fin, con “Maggie McGill” regresan a los cierres de disco colosales, y demuestran que no necesariamente deben ser rolas épicas de más de 7 minutos para sonar colosales. A mi gusto, la canción más subestimada del grupo, una de las que nunca aparecen en las recopilaciones, ni siquiera en los discos en vivo.

 

Un disco muy completo, donde los Doors por fin se sacuden esa aura psicodélica en la que se estaban encasillando, y se unen a la tendencia global de discos más enfocados a las raíces, al Hard Rock, al Blues, a sonidos retros y más básicos. Lo logra, y de qué manera! Si no alcanza un diez perfecto es porque hay varias rolas de relleno inofensivo, incluso divertido, pero relleno al fin y al cabo. Y también del aburrido con “Indian Summer”. Le falta un poco más de esfuerzo para que esos rellenos promedios se vuelvan buenas canciones; no necesariamente clásicos eternos, pero sí canciones buenas a secas. Ese paso maestral lo darán en el LA Woman, el canto de cisne de Jim. Aún así el Morrison Hotel vale la pena, ya que se queda cerca de la perfección y es un buen disco para descubrir esta nueva faceta más bluesera de los Doors, nuevamente oscuros, amenazadores, más salvajes y más básicos, sin esos inútiles coqueteos con el pop que tan feo les resultó en los dos discos previos. Los fans y la crítica les reconocería el esfuerzo, y a pesar de que no hubo sencillos arrasadores (no sé como “Roadhouse Blues” no llegó al #1), el disco se posicionó bien y la gira de este disco aún sigue siendo mítica y prácticamente insuperable.

 
 
 
Por Corvan  
 
 

 

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