NEVER MIND THE BOLLOCKS, HERE'S THE SEX PISTOLS (The Sex Pistols, 1977)

Artista: The Sex Pistols (D+)

Fecha de Grabación: Oct ’76 – Ago ‘77

Fecha de Lanzamiento: 28 de Octubre de 1977

Discográfica: Virgin

Productores: Chris Thomas y Bill Price

 

Calificación. 8 (DISCO ICÓNICO)

        

Era: Punk y New Wave (1976-1989)

Subgénero: Punk

Mejor canción: Por mucho, los dos clasicazos, God Save The Queen y Anarchy in UK. Pero si me preguntan, yo me decanto por la anarquía.

Canciones: 1) Holidays in the Sun 2) Bodies 3) No Feelings 4) Liar 5) God Save The Queen 6) Problems 7) Seventeen 8) Anarchy in the U.K. 9) Submission 10) Pretty Vacant 11) New York 12) E.M.I.

 

El Never Mind The Bollocks, nada menos… uno de los discos más controvertidos de la historia. Pocos títulos han generado más disparidad de opiniones que éste. Hay quien lo considera el álbum de su vida y hay quien lo considera la basura musical más sobrevalorada de la historia. Y aquí es obligatorio posicionarse. Blanco o negro. No se puede ser objetivo, ni hay espacio para las medias tintas. En el debate abierto desde hace ya casi cuatro décadas sobre los Pistols y su único LP, es necesario ser muy explícito y con argumentos muy claros y directos, exagerándolos si fuese necesario. Ése es el estilo y ésa es la actitud. Así que vayamos al grano… ¡Ah! Pero disculpen: Esto no lo escribe un seguidor del Punk. Mis gustos me acercan más a los pomposos Pink Floyd y a los presuntuosos LedZep, así que permítanme que rellene el espacio-tiempo con divagaciones personales y alargue esto más de lo necesario.

Bueno, lo primero que hay que tener en cuenta es que el Never Mind The Bollocks no es un simple disco de música, simple y sencillamente porque los Sex Pilstols no eran meros músicos, sino unos auténticos artistas de la provocación a los que hoy en día consideraríamos trols profesionales. Malcolm McLaren, el maestro marionetista en la sombra, esculpió a los Pistols con los situacionistas como modelo de actitud provocadora, usando a Richard Hell de Television como ideal estético. Áquel Richard Hell que tanto le había impresionado interpretando Blank Generation, con el “Please, kill me” en su camiseta, y que había intentado sin éxito, reclutarlo para su proyecto artístico. La música no era más que el envoltorio del caótico producto que vendían los Pistols. Lo cierto es que la actitud transgresora de la banda, con esa predisposición al choque frontal contra lo establecido y lo políticamente correcto, caló muy hondo en una juventud completamente desarraigada por la grave depresión política, social y económica del Reino Unido de mediados de los 70s. El Rock progresivo era demasiado reflexivo para encauzar tanta frustración. Para eso se prestaba mejor la rabia del Punk, con sus canciones cortas y contundentes. El Reino Unido era un polvorín y Los Pistols fueron simplemente la chispa que encendió todo. Los Pistols aportaron al coctel Punk mucha grosería y una gran dosis de sarcasmo e inconformismo. Muchas bandas tocaban mejor que The Sex Pistols, pero la agresividad -y violencia- que se respiraba en cada uno de sus conciertos, así como la continua controversia que les rodeaba en todo momento, les proporcionaron el estatus de gurúes del Punk, iconos y figuras de culto, aún antes de lanzar siquiera su primer LP. No necesitaban ser unos músicos excelentes. Solo requerían actitud y de eso iban sobrados. Quizás solo fuesen guiñoles en las manos de McLaren pero no interpretaban un papel. Creían en lo que hacían. Ellos eran punks y su música era el auténtico Punk… aunque fuesen un banda prefabricada, aunque ser tan punks y tan anarquistas no les impidiese firmar con un gigante como EMI. Cada single de los Pistols es algo más que una canción, es un símbolo, una reliquia. Y el Never Mind The Bollocks no es un simple disco: es La Biblia del Punk.

Vale, ok. Todo esto está muy bien. Como símbolo cultural es insuperable, un poco contradictorio pero insuperable. Pero ¿y musicalmente? Como ya dije, la música en el plan de McLaren es mero atrezo y grabar un LP fue solo circunstancial. ¿Qué hubiera pasado si no hubieran corrido a Matlock? ¿Qué hubiera pasado si Syd no hubiera enfermado para darles el pretexto de la grabación mientras no estaba disponible? Como sea, con el disco no se buscaba la excelencia. Never Mind The Bollocks: Here is The SexPistols es un disco con muchas carencias. Tiene algunas buenas melodías, tiene varios riffs de Jones muy imaginativos y tiene letras que son auténticos eslóganes. Y por supuesto, tiene toda esa actitud personificada en la figura de Johnny Rotten, con su tono sarcástico y su dicción intencionada. Puede que Rotten no fuese un gran cantante, pero tenía un estilo propio, suyo, muy personal. Más que cantar, vivía cada rola, y eso es algo muy raro en el rock. Y que no los engañen: los Sex Pistols no eran virtuosos pero -exceptuando a Sid Vicius- sí que sabían tocar. Eran muy arrítmicos y poco compenetrados en los conciertos, pero en el estudio fueron bastante correctos. El disco está muy lejos de esa cacofonía insufrible que muchos divulgan. Pero a parte de eso, tenemos un álbum casi monocorde y en el que a pesar de la brevedad de las canciones y del disco entero, todo acaba volviéndose cansino. Hasta el enérgico John Lydon acaba resultando un pesado. Los mismos esquemas se repiten una y otra vez a lo largo de todo el álbum: Lick inicial o sucesión de power chords como breve intro y luego riff furioso de Jones con una batería muy violenta aguantándole el pulso. Bajo carente de presencia, básicamente espejeando la guitarra, y Rotten alternando gritos desgañitados con tonos muy teatrales. Y luego el estribillo que consiste en una frase corta, taladrando el cerebro por repetición, una y otra vez, hasta que al final se le hace un añadido que le da sentido y relaja la tensión melódica. En realidad nada nuevo. Es algo que en su día ya le funcionaba muy bien a Chuck Berry. ¿Recuerdan? Go, go! Go, Johnny, go, GO! Todo de manual. Menos elaborado, más vulgar y grosero, más sucio y ruidoso, pero siempre bajo patrones muy trillados. Así que eso nos deja un disco nada original, muy plano y repetitivo, cuyo punto fuerte es un par de clasicazos, su poder de influencia en un gran número de bandas y su capacidad para canalizar toda nuestra frustración.

Pues eso, un disco histórico, icónico, pero en lo melódico poco más que discreto. Eso no quita para que Never Mind The Bollocks por momentos sea tan pegadizo (taladrante) y contundente que si te pilla en el día correcto te vuele la cabeza, como nos la ha volado a tantos que lo hemos escuchado en el momento adecuado, aunque no esperes que lo haga a la primer escucha. Evidentemente, si el Punk nunca te ha interesado lo más mínimo y eres un sibarita sónico, huye. Esto no es para ti. Si eres de los que disfrutan con el volumen muy alto y el sonido más guarro y además te desgañitas en la ducha sin complejos de ningún tipo para desahogarte de tanta indignación, sin duda éste es tu vinilo. Señoras y señores, Here’s The Sex Pistols!

 

El disco abre con Hollydays In The Sun. Buen comienzo, con el público retumbando al ritmo de la batería y con la guitarra tomando protagonismo, primero con guitarrazos deslavazados y luego dibujando un magnífico riff descendente que The Jam habían compuesto unos meses antes como línea de bajo para su In The City. Esos son mis Pistols, debutando con un plagio ya en la primera línea, ¡a lo grande! Pero entonces Rotten aparece para soltar ese legendario y lapidario A cheap holyday in other people's misery!! tan sarcástico y todo queda perdonado. Johnny hace gala de su peculiar sobrepronunciación: 

I don't wanna holiday in the sun-iah 

I wanna go to new Belsen-iah 

I wanna see some historry-eiah 

'Cos now I got a reasonable economy-eiah 

y cuando llega el estribillo con su repetitivo y machacón Now I got a reason, se olvida de toda entonación limitándose a ladrarlo, otorgándole a la canción un carácter de locura divertida y desbocada, en la que se nos habla del deseo de saltar el muro de Berlín al lado oriental, clamando contra las fracturas sociales y económicas de la guerra fría. La línea de bajo es simplísima y suena bastante tosca. Lo cierto es que el cuatro-cuerdas pasa inadvertido a lo largo de casi todo el álbum. Lo tuvo que empuñar Jones pues Stuart Sutcliffe Sid Vicius tenía hepatitis (y la intención del resto de la banda era de que no entrase en el estudio). Hasta el último momento se intentó contratar a Mattlock como músico de sesión pero no resultó. Sin embargo, con la guitarra Jones suena más fluido. Se nota una gran evolución en su ejecución a lo largo de los meses y para entonces ya tenía un nivel bastante solvente. Aquí incluso se marca un pequeño y muy efectivo solo hacia el final de la rola. 

 
Toda la frescura inicial se desvanece con Bodies. Suena mucho más oscura y pesada de lo acostumbrado en los Pistols. Por momentos se percibe extrañamente cercana al Heay Metal y a sonidos que en el futuro les escucharemos a bandas como Motorhead, que no tendrán problema en reconocer influencias de The Sex Pistols. También hay algo distinto en Rotten. Suena enojado de veras, despojado de todo sarcasmo, terriblemente desgarrador con ese Bodyyyy__y! I'M NOT AN ANIMAL!!! gritado con tanta furia que se convierte en la línea que a uno le quedará grabada en la mente hasta semanas después de haber escuchado el disco. Pero el elemento realmente perturbador de Bodies radica en su explícita y durísima letra antiabortista, por la que están incluidos como elemento inesperado en la parte alta de todas las listas de canciones de Rock ultraconservador (si, existen ese tipo de listas). Solo la enfermiza Belsen Was A Gas la supera en macabro y mal gusto. La canción nos habla de Pauline, una seguidora de la banda con deficiencia mental que había sido internada en una institución mental de Birmingham donde fue violada por un enfermero. Johnny contaría que la muchacha se presentó un día en la puerta de su casa vestida únicamente con bolsas de plástico y con las manos todavía ensangrentadas tras un aborto. Según Rotten, con Bodies nunca tuvo la intención de posicionarse a favor o en contra del aborto pero lo cierto es que la canción siempre ha sido calificada de antiaborto, anti-sexo y anti-mujer. Sin duda, es una canción extraña: la podría teñir de rojo o de azul y estar convencido de ambas decisiones. Como curiosidad, la machacona y casi infantil linea de bajo fue la única aportación de Sid Vicius al disco.

 

Luego viene No Feelings, con un sonido más crudo, puro Punk para lo bueno y para lo malo, ofreciendo un tono mucho más desenfadado para exponernos todo un manifiesto del individualismo. Con su estilo directo, su tan peculiar sarcasmo y su lenguaje vulgar, los Sex Pistols siempre logran plantear temas de gran profundidad para la reflexión. Intensa y pegadiza pero prescindible.

 

En Liar la guitarra y la batería montan una base violenta sobre patrones clásicos. El bajo retumba casi plano a lo largo de toda la canción mientras que Rotten recita su alegato contra la falsedad (posiblemente un velado ataque contra Malcolm McLaren) con una melodía muy floja, como improvisada. Sin duda, la rola más débil de todo el álbum.

 

Y con ella llegó el escándalo. God Save The Queen es el armaggedon hecho canción. Con su single, los Pistols alcanzarían su particular cima. Un ejercicio de marketing ejemplar, atacando a la intocable monarquía británica en plenos festejos. Les costó la ruptura con A&M y la dimisión de Mattlock que pensaba que había líneas que no deberían cruzar (“A su madre no le gustan nuestras canciones”, replicaría John Lydon) pero tras esto nadie jamás les cuestionará su supremacía en el Punk. La rola abre con el riff de guitarra más célebre del Punk, con Cook apoyándolo martilleando el tom y el hit-hat como si la vida le fuese en ello. Y, ¡sorpresa! esta vez si, el bajo entra por fin en juego y completa el cuadro y preparando el terreno para que Rotten comience su furioso ataque antimonárquico. Sarcástico, desafiante, implacable, cada una de sus frases es un escupitajo contra los muros de Buckingham Palace: 

God save the queen. The fascist regime. 

They made you a moron, a potential H-bomb. 

God save the queen. She ain't no human being. 

There is no future in england's dreaming!! 

La guitara simplifica su riff durante los versos de Rotten y se intensifica al final de cada línea a modo de respuesta. Luego se encadena con ese estribillo que suena menos pegadizo de lo que uno esperaría de un cañonazo como éste, pero mucho más profundo que cualquier otro estribillo que el Punk haya engendrado: 

When there´s no future, how can there be sin.

We´re the flowers in the dustbin.

We´re the poison in your human machine.

We´re the future, your future. 

Y aunque parezca mentira, el tono de Rotten no dejará de subir en sarcasmo y alcanzará límites casi caricaturescos. 

God save the queen. WE MEAN IT MA___AN!! 

We love our queen. God saves! 

A los dos minutos Jones se regala su mejor solo cincuentero que logra encajar como la pieza correcta en un puzzle. Y finalmente llega la coda que grabará a fuego ese No Future, no future for you en la mente de todo punk que se precie, y que exterminará definitivamente la eterna esperanza buenrollista del hipismo. Puede que los Sex Pistols estén enormemente sobrevalorados, pero sus clásicos se merecen su fama. 

 

El lado A del vinilo cierra con Rotten chillando enojado en Problems, un rocker furioso que mantiene al público en tensión bajo la amenaza de un estallido que al final se queda en un bluf. La distorsión suena más guarra que nunca. Todo parece sobrecargado en exceso para tratarse de una canción de The Sex Pistols. Conozco a bastantes fanáticos de la banda que la tienen entre sus favoritas. A mi no acaba de engancharme. Me resulta totalmente intrascendente. Pero Rotten me señala: You got a problem. The problem is you!! Touché, amigo Johnny. 

 

Para iniciar el lado B llega Seventeen, la rola más corta del disco. Es otro rocker acelerado con patrones muy clásicos, con una guitarra tirando de técnica y con la batería redoblando machacona, en el que al final lo único a destacar es ese I'm a lazy sod tan pegadizo gritado a coro en el estribillo. Si The Sex Pistols hubiese sido una banda que llenase estadios, ésta estaría entre sus rolas más emotivas. Pero lo suyo no es la emotividad colectiva, sino los espacios reducidos y cerrados con gente furiosa, desahogándose, chocando las cabezas y los cuerpos. No es que sea puro relleno, pero a pesar de su ritmo acelerado y su potencia innegable, queda muy escasa entre tanto exceso. 

 

En una posición discreta del disco nos encontramos con el gran himno anarco-Punk. Durante los escasos cuatro minutos de Anarchy In UK se justifica toda la sobredimensión que rodea el Never Mind The Bollocks. La banda entra en bloque con su formación clásica, con Mattlock repescado de las pistas grabadas para el single. La guitarra lidera la intro con su riff de power chords descendente mientras Rotten ríe siniestro: Right… now! El sonido es puro garaje, muy sucio y potente. Rotten se planta en medio del escenario como el carismático frontman y pésimo vocalista que es, dispuesto a ladrar su manifiesto: 

I am an antichrist-ah, I am an anarchryst-ah, 

Dont know what I want but I now how to get it, 

I wanna destroy the passer by 'cos I... 

Así de directos. Proclamando su nihilismo, declarando su odio hacia los que aceptan formar parte de la sociedad capitalista. No más lacayos del sistema, no más dogsbodies. 

A pesar de ser un personaje que roza la caricatura, Johnny Rotten tiene algo que lo convierte en fascinante sobre el escenario, algo de lo que carecen Paul Di'Anno o Ozzy Osbourne: un estilo único y muy personal. Canta mal, no entona, sobreactúa, pero lo hace como jamás lo ha hecho nadie y como pretenderán hacerlo muchos. Y a pesar de todas sus limitaciones, es imposible no sentir ganas de abrir los brazos y corear con él: 

'cos I… WANNA BE… Anarchyyy!! 

Jones vuelve a triturar el mito de que los Pistols no sabían tocar. No es precisamente Gilmour o Page… ni falta le hace. Jones es un compositor bastante original capaz de concretar con cuatro notas lo que otros expresarían en varios compases. Su requinto en Anarchy In UK es una nueva lección de cómo mimetizar un solo de guitarra con la filosofía Punk que huía del narcisismo musical del Progresivo. 

How many ways to get what you want 

I use the best! I use the rest! 

I use the enemy_a. I use anarchy 

'cos I... WANNA BE... Anarchyyy!!!! 

Cada frase tiene tanta intención que se adoptará como slogan al tiempo que la propia rola se convertirá en el himno del Punk. Pocas canciones del género lograrán generar tanta euforia. Tal vez los Pistols sean un proyecto mercantil disfrazado con ideología antisistema, muy alejados de bandas REALMENTE anarquistas como Crass, pero Anarchy In UK tiene una fuerza descomunal que obliga al que escucha a formar parte de la farsa. 

And I...WANNA BE… anarchist!!! (Get Pissed, destroy!) 

 
En todos los discos hay un elemento extraño y en un disco como Never Mind The Bollocks no hay duda de que ese lugar le corresponde a Submission. McLaren les encargó una canción que hablase de la sumisión sexual y ellos lo trolearon con una misión submarina con claras connotaciones sexuales. Todo tiene una cadencia que inevitablemente recuerda al Hello I Love de The Doors, pero con un aire muy pop, anticipando sonidos que escucharemos a principios de los 80s. Y todo aderazado con molestos pitidos y con coros imitando delfines (?!). En un principio Submission no formaba parte del track list original. La banda pidió incluirla cuando los discos ya estaban impresos así que se decidió darle formato de single y regalarla con el vinilo del Never Mind The Bollocks para luego rectificar el listado en ediciones posteriores.

 

Junto a Anarchy In UK, God Save The Queen y Hollydays In The Sun, Pretty Vacant forma parte del puñado de singles que los Pistols ya habían publicado antes de este LP, en los que también se había escuchado No Feelings como lado B, un hecho que muchos criticaron quejándose de que Never Mind The Bollocks parecía tratarse de un temprano Greatest Hits con un puñado de canciones inéditas a modo de extras. Pretty Vacant huye del estilo directo del resto del álbum, y por una vez, logra sonar algo más elaborado gracias a esa magnífica linea de guitarra que comienza por el riff arpegiado de la intro (que Mattlock diría inspirado en SOS de ABBA aunque yo no acabo de ver el punto), y que incluirá una gran cantidad de licks a lo largo de toda la rola. La letra denuncia la situación del mercado de trabajo en UK. La ininteligible dicción de Rotten alcanza cotas impensables y llega al climax con ese intencionadísimo We're va_cunt del estribillo, que se convertirá en una nueva polémica para el archivo de la banda. Un clásico, sin duda, pero no alcanza para teñirla de rojo. 

 

Malcom McLaren solía hablar a los Pistols de sus vivencias en Nueva York. Hablaba con gran nostalgia de The New York Dolls, Television y demás bandas de la Gran Manzana. Hablaba de todo ello con tanto entusiasmo y con tal misticismo, que los Pistols acabaron por repudiar todo cuanto tenía que ver con la escena musical neoyorkina. New York es su visceral, malsonante y distorsionada respuesta a esa idolatría de McLaren, personificando su ataque en la figura de David Johansen. Mucha potencia y exceso de grosería que no maquillan lo que en realidad no es más que infame relleno. 

 

El album baja el telón con EMI, también relleno prescindible y también un ajuste de cuentas personal. Los Pistols ponen más interés en sus ofensas que en la melodía. Rotten no tiene la misma fuerza que despliega en otras rolas y solo logra sonar como una imitación apática de si mismo. El E-M-I alrededor del que orbita toda la rola resulta cansino y sin punch. Dudo mucho que en EMI resultase hiriente este ataque de los Pistols.

 
 

Y aquí se cierra un disco tan histórico y tan controvertido que para el Rock será como el caballo de Atila, que por donde pasaba no volvía a crecer la hierba. Con él, The Sex Pistols alcanzaron la cima. Y tras él, desde allá arriba se desplomaron, desintegrándose en menos de tres meses. Generaron tanto ruido y confusión que todavía hoy en día estamos en shock. Evidentemente el álbum está lejos de poder ser calificado de obra maestra, pero tampoco es ese desastre cacofónico que se suele anunciar. Escuchado sin prejuicios resulta disfrutable en su mayor parte aunque tiene un buen puñado de canciones absolutamente planas que, por momentos, lo vuelven tedioso. Un disco de contrastes: puntos altos muy altos y puntos bajos totalmente depresivos. En 1987 Rolling Stone lo colocaría como el segundo mejor disco de los últimos 20 años, sólo por debajo del Sgt. Peppers, lo cual a todas luces está fuera de la realidad. Pero sin duda es uno de los más influyentes de la historia, quizá el más, golpeando a bandas congéneres, a todo el movimiento Post-Punk, dando un giro de tuerca en la manera en que se había hecho rock durante 20 años, y sentando las bases para la década que estaba por iniciar. Sin duda uno de esos pedazos de historia del Rock que no pueden faltar en nuestra discoteca. Uno de esos discos que son clave para la evolución de la música, al que de vez en cuando debemos darle un par de escuchas para comprender cómo hemos llegado hasta aquí.

 

por marlaior

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