ORIGIN OF SYMMETRY (Muse, 2001)

Artista: Muse (C)
Fecha de Grabación: Sep ’00 – Feb ‘01
Fecha de Lanzamiento: Jul 17, 2001. UK
Discográfica: Taste
Productor: David Bottrill, John Leckie & Muse
Calificación: 
10 (MUST HAVE) 

 

 

Era: Alternativo II: La Gran Explosión (1990-1999)

Subgénero: Progresivo  

Mejor Canción: Bliss, o New Born, o Space Dementia, o Citizen Ereased, o…

Canciones: 1) New Born; 2) Bliss; 3) Space Dementia; 4) Hyper Music; 5) Plug In Baby; 6) Citizen Erased; 7)Micro Cuts; 8) Screenager; 9) Darkshinesl; 10) Feeling Good; 11) Megalomania.

 

En los albores del siglo XX, Rachmaninoff creaba complejas composiciones de piano que lo colocaban como uno de los más grandes virtuosos del imperio ruso y de la historia. En 1939 Hitler lanzaba su poderosa Blitzkrieg, arrollando Polonia, en un movimiento bélico convertido en un arte, el cual ya había ensayado y perfeccionado sobre España y en la aún entonces Checoslovaquia. En 1967 Syd Barret y sus Floyd inauguraban el rock astral, con fuertes dosis psicodélicas y atmósferas densas y surrealistas. En 1975, Queen lanzaba el magnificente “A Night In The Opera”, logrando conjugar sonidos clásicos y operísticos con un rock virtuoso. Poco después el trío Rush despegaba de Canadá hasta la estratósfera con un progresivo intenso, poderoso y sin hueco alguno. En 1994 Jeff Buckley lanzaba Grace, su único disco antes de su prematura muerte, cargado de un dominio y emotividad vocal impresionantes y que siguen conmoviendo. Poco después, en 1997, Radiohead pasmaba al mundo con su OK Computer, la obra cumbre de los 90’s y del Alternativo...

En 2001, Muse consolidaría la promesa hecha en Showbiz, su álbum debut, para presentarnos una joya madura que conjuga los sonidos clásicos de Rachmaninoff, el pretencionismo y perfeccionismo de Queen, las letras y el rock cósmico del primer Floyd, la potencia y virtuosismo de Rush, la maestría vocal con todo y la gran capacidad de contagiar emociones de Jeff Buckley, y todo equilibrado con un leve matiz de la genialidad de Radiohead en su OK Computer, tanto en las atmósferas como en ciertas reminiscencias de los falsettos de Matt, y en la potencia de la guitarra. Todo esto en una mezcla original, inclasificable, nunca antes vista, sorprendente y adictiva.

Qué más se puede decir de la brutal genialidad del Origin of Symmetry? El disco raya en la perfección y se desliga de los sonidos más alternativos, accesibles y noventeros de su debut Showbiz, que no deja de ser bueno. La primera vez que lo escuché recuerdo que fue como si me hubieran dado con un mazo enorme en la nuca y hubiera tardado un buen rato en reaccionar. Es algo impresionante y creo que es algo que resulta obvio desde la primer escucha: No hay necesidad de buscarle fisuras porque no las hay. Eso es quizá lo que golpea a uno de entrada. El saber que es un disco descomunal y absolutamente brillante desde la primer oída. No es una promesa para inicios del nuevo milenio, es ya una realidad de la banda, que se confirmaría en sus siguientes 2 discos de estudio. Cuando lo escuché por primera vez me pareció una obra poderosa y perfecta, donde todo está sincronizado y va arrasando todo a su paso. No como una avalancha… no como un terremoto… me pareció, y me sigue recordando a la poderosa Blitzkrieg con que Hitler se adueñó de tres cuartos de Europa. No es que justifique a Hitler ni lo considere un artista o lo compare con Muse, sino que la genialidad con que diseñó la primera fase de su guerra, me parece, visto con toda la frialdad de más de medio siglo de distancia, una obra de arte bélica que bien podría tener este disco como soundtrack. Perdonen la expresión.

En el Origin, Muse da un paso gigantesco en cuanto a madurez respecto a su debut, creando una impresionante muralla de sonidos en base a 3 instrumentos (o a veces 4, no olvidemos los teclados!) para dejar al mundo con la boca abierta, maravillado y exhausto tras la primer escucha. El virtuosismo está de regreso después de un largo hueco en el Rock! Por otro lado, si Radiohead se había desligado de Radiohead con el Kid A un año antes, Muse también aprovecha para alejarse de comparaciones necias de los críticos que buscaban cualquier excusa para clavarle los dientes a la joven banda.

El Origin of Symmetry es un disco en el que Muse busca obsesivamente la perfección musical, una especie de simetría donde ninguna nota falta o sobra. Y creo que lo logra. El disco es exquisito, y da como resultado un sonido nuevo, con influencias alternativas, pero a la vez rescatando sonidos clásicos y barrocos, con fuerte carga progresiva, por momentos una potencia que raya en la violencia del metal, un magnífico catálogo de riffs (tanto de guitarra como de teclados), letras paranoicas sobre el universo, complots y aliens que recuerdan el rock astral de Syd Barret, pero sobre todo, un abrumador dominio sobre los instrumentos, incluyendo la voz del mismo Bellamy y su despliegue de falsettos. Y todo en un perfecto equilibrio, sin hacer canciones demasiado cargadas para evitar que sean imposibles de oír en radio. Muse estaba en el punto perfecto en el que su pretencionismo estaba en exacto equilibrio con su creatividad, y también con su capacidad para plasmar lo que deseaban en el disco. Cualquier canción es una joya, perfectamente radiable, con melodías accesibles y pegajosas por la cantidad de ganchos, pero una complejidad musical apabullante que ganó aplausos tanto de los críticos progresivos más exigentes, como de fans ligeros que comenzaron a acercarse a la banda a través de hits como “Feeling Good”: las futuras chicas de la “Starlight Army”.

Si Radiohead dejó al mundo babeando con el minimalismo electrónico del Kid A, un año después Muse haría lo propio, pero desde el otro extremo. El Origin of Symmetry es un disco que también apunta a sonidos futuristas y apocalípticos, pero desde la barricada del Rock, mostrando el virtuosismo desparramado de los tres integrantes y el tremendo despliegue de poder e inteligencia en un mismo disco. El electrónico y la tecnología son usados como meros recursos, pero no son las bases del disco.

La banda volvió a escoger a Leckie como productor, ya que estaban satisfechos con el trabajo realizado en su primer disco. Así, Muse se metió a diversos estudios de Londres (entre ellos el Abbey Road) a fines del 2000, con algunas canciones que habían escrito durante la gira del Showbiz y con algunas otras previas al debut, pero que habían sido descartadas por considerarse arriesgadas y poco comerciales. El Showbiz no los hizo estrellas de la noche a la mañana, pero les dio un relativo éxito y la confianza de la disquera, que les dio mayor libertad creativa. Si fue un acierto lanzar el material más accesible en su debut, lo fue más echar ahora sí toda la carne al asador con sus mejores canciones. Con mayor tiempo y presupuesto, la banda pudo experimentar hasta alcanzar la perfección de sonidos como los habían concebido originalmente. Así, el Origin of Symmetry tiene nuevos instrumentos, como órganos de tubo, (De los de iglesia, de ahí que algunos temas sea difícil igualarlos en vivo), el melotrón, nuevos pedales para efectos de la guitarra y el bajo, y una batería gigantesca con al menos el doble de platillos y toms que en el primer disco. El grupo toma confianza, Bellamy luce implacable en la voz, alcanzando tonos imposibles y haciendo caso omiso a las peticiones de la disquera de no usar tanto falsetto y bajarle a los agudos, aunque esto ocasionó que el disco se retrasara siglos en su lanzamiento americano tras el rompimiento con Maverick. Matt suena mucho más seguro con la guitarra, haciendo riffs más incendiarios (diría él que se influenció mucho de Hendrix y de Tom Morello), así como con el piano, haciendo figuras y arpegios más rápidos y delicados. Matt es sin duda el pilar de este disco, y quien más creció en todos los sentidos, pero la base rítmica también mejora y contribuye respecto al debut: Chris Wolstenholme experimenta con nuevas distorsiones para su bajo, permitiéndose echarse el peso estructural de la canción mientras Matt hacer figuras o requintos. Dominic Howard por su parte, expande su batería y se recarga de un poder brutal, insertando redobles donde apenas cabe un tarolazo, encargándose de potencias las explosiones sónicas de la guitarra. Muse es de esas bandas que no se meten en polémicas ni en raras declaraciones. Hablan con su música. Y en este caso, el Origin of Symmetry te agarra y te OBLIGA a escucharlo desde la primer nota.

 

El disco abre con “New Born”. La canción es sobrecogedora, e inicia con un dramático arpegio de teclado, no demasiado rápido, pero que logra captar la atención e intrigar desde la primer nota. Después de unas vueltas se agrega Chris haciendo la misma figura con el bajo y Matt agrega otro teclado más agudo y tras otra vuelta, Dominic se agrega marcando el ritmo casi imperceptible. Bellamy inicia cantando con intensidad, pero sin explotar. Es hasta el 1:25 cuando un potente riff distorsionado parte la tensión, se agrega un tremendo piano y la canción explota ahora sí con todo. Guitarrazos, un bajo distorsionaísimo, atisbos de piano, otro cambio a un riff más elástico al minuto 2. Colosal esta gran intro. Matt continua cantando los versos de manera angustiante, con un gran vibratto y una tremenda rabia durante los coros (“Destroy the spineless...”). Inmediatamente después del coro, al 3:25, hacen un puente monumental donde Howard se queda sosteniendo la canción a batacazo limpio mientras la guitarra cruje y se prepara para reventar un solo afilado y agudo. No es espectacular, pero funciona bien mientras Chris regresa a esa figura adictiva de bajo. Las letras hablan de los cambios hacia una sociedad más ligada y dependiente a la tecnología: “Link it to the World, link it to yourself”, donde todo se vuelve impersonal y se pierde conciencia de lo que es real y lo que es virtual, por lo que representa en Nuevo Nacimiento. Matt diría que estaba con la impresión de que la tecnología se terminaría comiendo a la humanidad. Al 5:10 inicia la coda con la misma forma de la intro, con ese riff a bajo-batería desbocado y con una potencia que nos aplasta al asiento. Impresionante.

No bajan la calidad con “Bliss”. La intro también es delicada, esta vez con un sintetizador que crea sonidos retrofuturistas. Matt diría que es su canción favorita porque le recuerda los programas ochenteros con esa música impresionista que intentaba retratar el futuro. “Probablemente lo tomé sin saber de alguno de esos programas”, diría. La cuestión es que la figura del sintetizador hace prácticamente toda la rola con esos arpegios rapidísimos. Pero esta figura sería imposible sin la gran labor de Chris, que hace un bajeo espectacular con un bajo fuertemente distorsionada que hace que la guitarra no se eche de menos, y demuestra que, como en todo gran Power trio, el bajista debe ser un genio para que la guitarra (en este caso teclado) se luzca a placer. Howard, por su parte luce más energético y decisivo que en el track abridor. La melodía es tóxica, más comercial, pero igualmente buena y despampanante. Hasta el momento la banda no da respiro, y da una cátedra de talento y estructuración de canciones. Los cambios están bien pensados para no saturar la canción, con puentes instrumentales, regresos al riff inicial, un brake al 2:35 en que sólo queda el teclado haciendo los arpegios en un falso final… todo funciona a la perfección. La letra es una chulada. Esta vez se olvida de marcianos y complots, y simplemente habla de un estado de gracia, de inocencia y de naturalidad que le da envidia de la buena. Quien tenga hijos pequeños no podrá evitar conmoverse casi hasta las lágrimas: “Give me all the peace and joy in your mind…” y “Everything about you resonates happiness, Now I won't settle for less”.

Con “Space Dementia” mantienen la fórmula de empezar de manera delicada y clásica con un pianito muy elegante de inicio, que después se acelera al :35 para otro arpegio sobrecogedor y cada vez más rápido y con un fade in de guitarra-bajo-batería-voz para entrar ahora sí con toda la artillería de la Blitzkrieg. Esta es una de las influencias más claras de Rachmaninoff sobre el grupo, no solo en los arpegios, sino en la secuencia de tonos del coro son idénticos a una fracción de uno de los conciertos de piano del ruso. Los cambios de los potentes versos a los coros más suaves, así como algunos efectos electrónicos, son lo que da alma a la canción, haciendo las partes calmas más extensas esta vez, añadiendo más tensión y haciendo que las explosiones funcionen mejor. La labor de bellamy como pianista es destacada y de verdad que esos velocísimos arpegios son para ponerlo entre los tecladistas destacados del Rock. El punto flaco esta vez sería la letra. Aunque hace referencia a la llamada “Demencia Espacial” que se supone sufren algunos astronautas al sentirse lejos del resto de la humanidad, ya empiezan a filtrar sus ideas raras mezcladas con amor que no llevan aningún lado: “We'll destroy this world for you, I know you want me to feel your pain…”. La coda es magnífica, a partir del 4:55 en que acaba la canción en forma y empieza una especie de movimiento clásico, con Matt cambiándose a la guitarra para hacer un movimiento lento y casi orquestal mientras los efectos espaciales se difuminan al fondo con el feedback de guitarra y esa sensación de que acabamos de presenciar algo horrendamente hermoso. Una épica de piano que deja sin aliento.

A estas alturas el disco es tan perfecto que uno ya sospecha que está ante una obra que va a hacer historia. “Hyper Music” sigue en el mismo tenor, esta vez eliminando la intro sutil y yéndose directo a la carga de los panzers a través de un riff brutal de guitarra, cargada de distorsión, una abrasiva línea de bajo y con una batería que esta vez si se lleva la canción. Sigan a Dominic desde el principio!!! Tras la intro apocalíptica, al 40 la guitarra se queda punteando para unas escalas del bajo que dan forma al riff agridulce de los versos. La voz nuevamente desesperada y llena de congoja. Hasta parece que verdaderamente se la estuviera cantando a una chica. Pero a una mujer no le dices que le vas a escupir en la cara. La canción en realidad habla de la guerra fría, desde el punto de vista estadounidense y su recelo hacia la URRS, hablando de mentiras doradas, carreras espaciales olvidadas y demás. Más que eso, es la visión gringa de no desear que nadie amenace su poderío y dominio. La canción refleja esa rabia de inicio a fin, con maestrales cambios de tiempo y una intensidad inusitada.

Sigue “Plug In Baby”, la canción más pop de entre las originales. Aún así es muy buena y se agradece un poco el respiro, ya que aunque tiene explosiones, no son tan intensas, no hay tanta distorsión, ni está tan saturada. El coro es de lo más pegajoso, y te puedes pasar semanas tarareando el infeccioso coro: “My plug in baby, crucifies my enemies, when I'm tired of giving…”. Esta es de las canciones previas al Showbiz, pero que se guardaron hasta el segundo disco. El riff es accesible, pero también es tremendamente complejo y sorprendente, y la línea de bajo es muy semejante a la de “Sexy Boy” de Air, aunque bastante más rápida. La canción fue el sencillo principal del disco y la que mejor se posicionó. Insisto en que es muy buena, y demuestra que Muse puede hacer buenos coqueteos con el pop sin que necesariamente sean rolas apestosas. Al menos esta es muy buena, aunque ligeramente inferior a las de rojo. Sobre la letra, es totalmente abierta, no traten de hallarle significado, ya que ni la misma banda ha logrado explicarla, jajajaja. Buena canción, posiblemente la responsable de que Muse sean hoy día superestrellas, y que demuestra que, sus canciones más comerciales, comparadas con la tendencia que reinaba con las demás bandas en 2001, eran obras cuasiprogresivas y complejas. Como curiosidad, la banda ha comentado que estaba en pleno viaje alucinógeno de hongos cuando la grabaron, jajaja.

Con “Citizen Ereased” vuelven los bombarderos y las joyas del disco, una fuerte candidata a la mejor rola por aquí. Un riff entrecortado de guitarra, como de sierra eléctrica oxidada, para después ser espejeado en la figura por un bajo lleno de fuzz y dar entrada a la voz, nostálgica, introspectiva, desesperada y gris. Matt se las ingenia para ir creando un crescendo nada más con su voz, añadiendo desesperación y angustia, yendo del susurro a lo más alto del registro de Bellami en el gran coro, con ese característico falsetto, y es la mejor entrega vocal del disco. La guitarra es complejísima, llena de texturas y casi destructiva, e incluso necesitó una afinación diferente, que en vivo requiere un instrumento de 7 cuerdas. Un monstruo de 7:20, que es una combinación de 2 o 3 canciones, pero alternadas con tal maestría que encajan a la perfección en una microsuite. Los primeros minutos muestran toda la devastadora agresividad de Muse hasta que bajan de ritmo al minuto 2, después del coro. Luego repiten la secuencia, pero de manera mucho más mesurada, en una especie de balada muy cute. Al 3:40 vuelven a reventarla con el riff descomunal y mastodóntico y repiten la primera parta hasta el 3:50 en que la canción parece apagarse. Incluso suena un murmullo electrónico de fondo que semeja grillos zumbando de noche mientras Matt hace hermosos y lentos arpegios de guitarra para ir apagando la canción. Cuando parece que va a terminar, cambian de estructura al 4:55 para hacer una coda muy atmosférica, bella y delicada, con ese zumbido de fondo y arreglos de piano que cobijan a un Matt más nostálgico hasta que el sintetizador se queda flotando pasado el minuto 7. La perfección con que la rola está estructurada es impresionante, pasando de lo más delicado a los más explosivo con transiciones perfectas. Debo reconocer que no siempre, pero la mayoría de las veces, es mi favorita del disco.

Después viene “Micro Cuts” También muy bien construida, pero parece ligeramente menor al promedio de obras maestras con que nos han salido hasta ahora. Me parece que Matt abusa ahora si del falsetto y de esa magnífica voz de soprano que tiene. Aquí adema´s logra hacer una combinación de arreglos de guitarra con sintetizador. Pero no suenan tan bombásticos. A pesar de que los estallidos del coro funcionan, la voz siempre en el mismo estilo llega a ser cansona, a pesar de que alcanza registros que me parece no son perceptibles para el oído humano. Musicalmente es más simple, y lo más destacables es la coda a partir del 2:40.

Luego llega “Screenager” que sin ser mala, puede ser considerada el eslabón más débil de Origin of Symmetry. La canción es lenta, con una atmósfera oscura y enrarecida. La guitarra es buena, pero los arreglos llegan a sonar bizarros. Lo bueno de esta canción es que es muy tranquila, y sirve de tanque de oxígeno para un disco que apenas había dado respiro.

Enseguida está “Dark Shines”, que continúa el pequeño bache. No es mala pero tampoco es de las canciones con brillo. El inicio suena cool, con un buen riff, un bajeo y beat muy bailables, casi del estilo de los Strokes. El beat se vuelve más lento para el primer verso, y luego comienza a prender de a poco hasta ese explosivo coro, que esta vez parece no encajar del todo bien. Sin embargo, es de las líneas de bajo más complejas de Muse, usando incluso el efecto de wha. Un segundo antes del coro, hay unos pianazos disonantes que me encantan. El requinto es muy simple… Y bueno, es de las canciones que se ven flojas para Muse, pero que en cualquier otra banda del 2001 hubiera sido una obra maestra.

Afortunadamente sigue “Feeling Good”, el único cover del disco, y definitivamente un acierto. Esta canción fue otra de las que les dio una tremenda proyección y éxito comercial. La canción fue escrita en forma de blues en 1955 por Leslie Bricusse para un musical. Nina Simone haría una magistral versión ese mismo año, que a pesar de otro sin fin de covers, la de Nina terminaría siendo la versión definitiva de la canción… hasta que Muse hizo la suya. Bueno, la verdad es que ambas se disputan el título. Muse la grabó porque a la novia de entonces de Matt le fascinaba. Es curioso como se la adueñaron sin perder el estilo. Sigue siendo esta canción una especie de blues futurista y apocalíptico, con un riff pesado y descendente, pero conservando la esencia original de la canción y también el estilo de la banda. Los cambios son deliciosos, empezando en un tono casi confidencial y apenas con un tímido teclado punteado, luego llegando a una intensidad brutal para un blues, posteriormente bajando de nuevo para que Bellamy sostenga la canción con una voz lejana y distorsionada y luego un final casi doloroso. Sin duda debe estar nominada a uno de los mejores covers jamás hechos.

El disco cierra con “Megalomanía”, un buen cierre, más calmo y pautado, sin guitarras. Empieza como un vals muy oscuro, casi fúnebre. Aquí Matt usa un órgano de tubo, de esos enormes que se usan en la iglesia, y resulta absolutamente irónico considerando que las letras son antirreligiosas: “Paradise comes at a price, that I am not prepared to pay” sumándose a las rolas con excelentes letras de la banda y mostrando que Matt estaba en su mejor momento como escritor, sin rayar en la paranoia y eccesos posteriores. El sonido es gótico por momentos, y tras una primera parte muy solemne y calma, explota con la batería de Howard al 1:50 en un éxtasis casi eclesiástico. La coda va en crescendo, con varios Matts sumándose haciendo diferentes lineas vocales, el órgano sonando cada vez más psicodélico y esa sensación majestuosa y colosal hasta que el último y contundente acorde te hace estremecer en tu asiento, como un aviso de que el disco ha terminado y que hay que pararse y aplaudir.

 

Poco más puedo agregar. Muse alcanzó su cima con este disco y mantendría casi el mismo nivel con el Absolution, confirmándose como una de las mejores bandas del nuevo milenio. El Origin of Symmetry es una escucha obligada. Su riqueza musical es tal que, no importa cuántas veces la hayas escuchado, siempre le descubrirás algo nuevo. Por diferentes motivos que el Kid A (la pésima y tardía distribución de este lado del Atlántico) hizo que también su impacto fuera tardío. Pero a fin de cuentas existe una especie de consenso y reconocimiento generalizado en que este debe ser uno de los mejores discos de la primer década del milenio, y uno de los que definieron su sonido. Al menos, para mi lo es, un disco con una calidad suprema. Y por supuesto, un Must Have!

P.D. hasta el momento este es el tercer disco de los que considero básicos de esta primer década de los 2000. Creo que junto con el Funeral de Arcade Fire, el Kid A de Radiohead eran de esperarse.

 

 

Por Corvan 

 

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