PIECE OF MIND (Iron Maiden, 1983)

Artista: Iron Maiden (C+)


Fecha de Grabación: Enero – Marzo de 1983


Fecha de Lanzamiento: 16 de mayo de 1983


Discográfica: EMI


Productor: Martin Birch


Calificación: 8.5





Subgénero: Heavy Metal


Mejor Canción: To Tame A Land y, por supuesto, The Trooper.


Canciones: 1) Where Eagles Dare; 2) Revelations; 3) Flight Of Icarus; 4) Die With Your Boots On; 5) The Trooper; 6) Still Life; 7) Quest For Fire; 8) Sun And Steel; 9) To Tame A Land





Estamos en 1983. Tras el paso de un huracán de la magnitud del The Number Of The Beast solo quedaba esperar que llegase la calma para evaluar las secuelas con suficiente perspectiva.

La primera y más obvia consecuencia es que, definitivamente, Iron Maiden dejó de ser aquella banda que crecía poco a poco tras cada concierto gracias, casi exclusivamente, al boca a boca. Habían iniciado su andadura con el heavy metal como base, más en la línea melódica de Rainbow o Uriah Heep que en la de la contundencia primaria de Judas Priest. Pero en sus canciones se perciben además evidentes influencias del punk y del rock progresivo. Pero todo se descontroló tras la marcha de Di Anno y la llegada de Dickinson. La salida de Di Anno supuso la eliminación de la imperfección como ingrediente. Se eliminó de raiz todo vestigio del punk. La Doncella perdió en garra lo que ganó en épica y así, casi de la noche a la mañana Iron Maiden había pasado de banda underground en auge a multinacional con guitarras. El marketing y el merchandising pasó a tener tanta importancia como la propia música. En la paisaje inglés abundaban más las camisetas de Eddie que las setas. Me imagino que le papel de Eddie como icono fue un gran alivio para los miembros de la banda. No todos están dispuestos a vestirse con uniforme colegial con 20, 30 o 60 años... o a maquillarse de modo extravagante, ataviarse de lentejuelas, hacer equilibrios sobre botas de plataforma y estirar la lengua hasta que llegue al ombligo.


El caso es que el día a día de la banda se llenó de estadios abarrotados, ruedas de prensa, sesiones fotográficas, portadas de revistas y una gran lupa sobre todo lo que hacían y decían. Esto no gusta a todo el mundo y a Clive Burr esta situación le dio vértigo y decidió bajarse del barco (o del Ed Force One si me permiten el anacronismo). Y es así, ya con un nuevo disco a punto de entrar en el horno, que ingresa Nicko McBrain reuniéndose por fin la considerada formación clásica de Iron Maiden. A modo de anécdota, Nicko ya había sustitudo a Burr un par de años atrás durante un concierto en Bélgica, con el rostro oculto tras una careta de Eddie.


Inevitablemente el nuevo disco generaba una inusitada expectación, sobre todo si tenemos en cuenta de que estamos hablando de un álbum de heavy metal. ¿Apostarían por repetir la fórmula del éxito o una vez alcanzada la cima se buscaría una evolución? Bueno, ahora la respuesta nos resulta obvia: Maiden es una banda de pocos cambios en cuanto a su estilo, más allá por los forzados por las circunstancias. Así que no es una sorpresa que el Piece Of Mind fuese una continuación del Number OT Beast. Y a pesar de que algunos críticos lo señalen por estancamiento y que incluso es todavía más melódico y menos rockero que su predesesor (y no digamos ya respeto al posterior Powerslave), en general las valoraciones fueron muy buenas y se ganó rápidamente el estatus de clásico del género y es considerado un claro ejemplo del tremendo nivel de Maiden en el periodo que abarca desde el Number OT Beast hasta el Seventh Son.


Musicalmente creo que el Piece Of Mind está un paso por detrás y que no resulta tan inmediato a la primera escucha, sobre todo porque no acumula tanto himno absoluto. Siii, lo sé, aquí está The Trooper e incluso podríamos considerar Flight Of Icarus y Where Eagles Dare pero nada (numéricamente) comparable al Number OT Beast, un álbum que había atraído a mucho nuevo seguidor no-metalero y ya saben lo que esto conlleva y por qué. En el '91 Metallica y Guns N' Roses también tuvieron tuvieron su ración de primitivo hipsterismo cuando los fans más fieles se sintieron traicionados cuando vieron como una multitud intrusa les arrebataba la exclusividad de la banda. La respuesta de Maiden a las críticas por su pérdida de potencia en favor de melodías pegadizas y complacientes llegaría más tarde, con Powerslave, pero esa ya es otra historia. Aquí todavia no habián acabado de contar los billetes.





El cuarto long play de la Doncella inicia con Where Eagles Dare y uno no puede evitar encontrarle cierta intencionalidad en que abra el fuego una rola en la que Nicko McBrain se luce con una espectacular línea de batería, muy técnica y muy exigente, sobre todo considerando que McBrain se niega a usar el doble bombo. 20 años habrían de pasar para que recurriera por primera y única vez al doble bombo en una canción, cuestión de principios. Pues bien, Where Eagles Dare abre con una ráfaga de batería. Las guitarras sueltan su riff a base de power chords pero en ningún momento están ni cerca de robarle el protagonismo a un Nicko en modo Dios completamente desbocado. Bruce también ralla a gran nivel aunque su participación es bastante corta pues la parte central de la rola es un colosal bloque instrumental de tres minutos y medio (súmenle medio minuto de intro y otro medio de coda final). Durante la larguísima parte instrumental las guitarras van ganando algo de delay dando una mareante sensación de altura. Todo los instrumentos tocan a una velocidad endiablada guiados por esa percusión demoledora y por momentos tocan a ráfagas simulando metralletas aunque el efecto no llega a tener el impacto del One de Metallica.



Revelations llega imponente intercalando un riff potente con melodías mas preciosistas con un aire un tanto barrocas. Quizás la melodía quede un poco forzada y Bruce tenga que sobreactuar en exceso pero en general la rola funciona bastante bien. Aunque no acaba de encajar del todo en el cliché, perfectamente la podríamos encasillar como power ballad. Realmente no hay un crescendo en la intensidad si no un cambio de ritmo repentino con el que la canción acelera al poco de entrar en los pasaje instrumentales para luego volver a ralentizarse para que Bruce retome su melodía. Quizás debiera pintarla de rojo...



Básicamente Flight Of Icarus consiste en un estribillo memorable de los que tumban estadios enteros. El resto de la canción es un relleno aceptable que se sostiene en el bajeo a ritmo de galope de Harris y que prepara el terreno para que toda la banda a coro entone ese legendario y chicloso


FLY!! on your way... like an eagle!!
Fly as high... aaas the sun!!
On your waaay... like an eagle!!
FLY!! and touch... the sun!!


Es cierto que para quien haya acudido a un concierto de Maiden la rola pierde bastante en esta versión en estudio, sin el tremendo feedback que genera en directo. Pero, aún así, el estribillo es épico a más no poder y es imposible no dejarse contagiar



Die With Your Boots On baja el nivel. Musicalmente es bastante mas floja y plana que los anteriores tracks aunque no podemos decir que sea mala del todo. Ni mucho menos. Pero el caso es que la letra se hace insufrible con todos esos if you're gonna die y derivados del estribillo y todos esos no point asking del puente. Aquí Dickinson se hace realmente insufrible.



El lado B del disco inicia de modo insuperable con The Trooper, un clásico entre los clásicos e imprescindible en cualquier concierto de Maiden. Arranca arrollador con un potente riff descendente que se repite hasta desembocar en el incisivo y supesónico riff principal que será la base de la canción entera. Un pasaje obligatorio para los guitarristas metaleros. Dickinson entona con una rabia sorprendente, sacando de debajo de las piedras esa actitud que no se le suponía. En los conciertos sale a escena con una casaca roja enarbolando una bandera británica lo que en su día le costó los abucheos del público argentino. Como habitualmente ocurre, Adrian ataca el primer solo y Murray se ocupa del segundo. El bajo de Harris galopa más salvaje que nunca personificando esa Carga de la Caballería ligera en la que se inspiró para componer esta joya. Las letras de Maiden no son especialmente brillantes pero sus continuas referencias literarias le dan un cierto aura de respetabilidad que no tienen, por ejemplo, las idioteces con las que lo petan los Kiss o los Twisted Sister (por ejemplo) por esa época. Posiblente sea el tema más conocido de la banda y la portada de su single con Eddie empuñando la Union Jack sobre una pila de cadáveres sea la más icónica y la más vendida como camiseta. Pues bien, su fama está más que justificada.




Still Life inicia con una broma en forma de mensaje oculto dirigido hacia aquellos que por todas partes veían pruebas de la relación entre rock y satanismo. Escuchado al revés, una voz burlona dice What ho said the t'ing with the three 'bonce', do not meddle with things you don't understand. Luego la canción no es tan brillante como la gracieta y en realidad supone el inicio de un bache en el disco. No empieza mal, con una guitarra dibujando un solo lento e intenso mientras la otra le hace un acompañamiento de lo más minimalista. Luego entra Dickinson sustituyendo a la guitarra solista en un tono tan bajo y calmado que es una novedad en él hasta que finalmente la rola revienta... pero no es una explosión memorable y deja un regusto de insatisfacción que se acrecienta con un estribillo insustancial que tampoco cumple las expectativas. Por cierto al segundo paso por el estribillo la vos de Bruce se distorsiona con un efecto fantasmagórico entonando ese (Nightmares!) will give me peace of mind que, juego de palabras por medio, da título al disco. Si bien Still Life no es mala, se alarga demasiado y está muy por debajo del nivel acostumbrado.



Quest For Fire, basada en la célebre La Guerre Du Feu, es igual de insustancial. El registro y la sobreactuación de Bruce y un estribillo bastante pegadizo la hacen más disfrutable pero no logran limpiarle a la rola esa fastidiosa etiqueta de relleno grosero ni al disco esa sensación de haberse cerrado con prisas y pocas ideas.



Y con Sun And Steel ya hay que tirar de paciencia para no volver a empuñar el lapiz azul aunque sea por acumulación y aburrimiento. Tema más veloz pero muy monocorde que abusa de patrones ya muy trillados y de la repetición hasta el hartazgo de un estribillo insulso. No hay melodía ni instrumentación ni gancho alguno al que agarrarse en esta rola sobre el camino del samurai.



Afortunadamente el cierre del disco corre a cargo de To Tame A Land. Para el final dejaron la canción más creativa del disco, la que para mi es la joya escondida en el Piece Of Mind. Aunque siendo yo tan friki no puedo ser del todo imparcial ante semejante recorrido por el universo Dune. Inicia con una melodía exótica con McBrain haciendo tintinear los platillos. Poco antes de llegar al minuto, sin previo aviso, revienta el pesadísimo riff principal que mantiene ese aroma a Oriente Próximo mientras Bruce Dickinson hace de Bruce Dickinson y le da a la rola una sobredosis de intensidad. Al 2:50 la canción queda suspendida sobre un riff ascendente del bajo al que poco a poco se va reenganchando el resto de la banda. Dickinson retoma la canción e inicia un crescendo angustioso que desemboca en un pasaje instrumental descomunal, con otro riff potentísimo y una serie de requintos pateatraseros con toda esa rabia y ese punch que se habían echado en falta en las anteriores canciones. Y en todo momento manteniendo ese toque oriental tan fascinante. Al 6:15 la rola se ralentiza hasta finalmente retomar el misticismo melódico de la introducción y poniendo un brillante cierre al vinilo.




Visto en su conjunto el Piece Of Mind es un disco irregular y de fuertes contrastes. Tienes tres rolas de una potencia arroladora como son Where Egles Dare, The Trooper y la sorprendente To Tame A Land. Sumémosle la ultrapegadiza Flight Of Icarus y rescatemos de la quema a Revelations. Lo que nos queda es un relleno cansino en el que pintamos de azul un título, como podrían haber sido dos o cuatro. Y aún así queda un regusto a gran clásico. Sé que es el disco favorito de una buena parte de los fans de la Doncella pero a mi me parece que empequeñece ante los gigantes que le rodean. Sinceramente, creo que The Number Of The Beast y Powerslave son dos tremendas bestias pardas con las que el Piece Of Mind no resiste la comparación. Cuestión de gustos, supongo.




Por marlaior

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