PLACEBO (Álbum, 1996)

Artista: Placebo (D)

Fecha de Grabación:  Mar – May del ‘96

Fecha de Lanzamiento: 16 de Julio de 1996, UK

Discográfica: Elevator Music / Hut Records

Productor: Brad Wood

Calificación: 8

                   

 

Era: Brit Rock (1991-???)

Subgénero: Brit Rock (1991-1998) 

Mejor Canción: I Know

Canciones: 1) Come Home; 2) Teenage Angst; 3) Bionic; 4) 36 Deegrees; 5) Hang On To Your IQ; 6) Nancy Boy; 7) I Know; 8) Bruise Pristine; 9) Lady Of The Flowers; 10) Swallow; Bonus Track: 11) H.K. Farewell.

 

El disco debut y epónimo de Placebo es relativamente bueno, pero sigo sin entender cómo es el que ha llegado más alto en las listas en toda la discografía del trío. No es que la banda tenga un OK Computer o un Funeral, pero creo que tiene mejores discos que éste. Lo dicho, es un buen debut, muchas bandas de los 90’s tardaban 2 o 3 álbumes en sonar tan sólidos. No es muy pulido y dista de ser perfecto, pero es honesto, emotivo y lleno de energía. Como la mayoría de los debuts, el más crudo de la banda, y con algunos detalles en la producción. Con todo, se nota ya el estilo de Placebo, que irá evolucionando en sus siguientes álbumes.

Aquí la música del trío es más violenta, quizá con un poco más de influencia Grunge, pero ya con sus ganchos característicos, y melodías pegajosas, más tendientes al Brit Rock. Y no sé si esta sería la explicación de que haya sido el disco de Placebo con más ventas en el Reino Unido, por la época de nacionalismo musical que atravesaban cuando se lanzó… aunque bueno, en esos tiempos ni siquiera había un británico en la formación, y yo francamente prefiero colocarlo en mi catálogo Alternativo que en el de Brit Rock. Brian agrega esa intensidad y angustia a través de su característica voz  nasal. Su voz es muy rara, muy peculiar. Yo me coloco en una postura neutral, pero entiendo que generalmente divide opiniones, y hay quienes lo aman y quienes no lo soportan. En cualquier caso, aún le falta un poco de desarrollo para alcanzar su punto más alto como cantante, pero aquí ya está ese estilo inconfundible. La guitarra del propio Molko, que es otra de las características del trío, también ya está presente, acaso más incisiva, ligeramente más distorsionada, demasiado ruidosa e impetuosa por momentos. Está ya el bajeo elástico de Olsdal, quien en este disco le da por puntear más;  y la batería incisiva de Robert Schultzberg, que es bueno, pero no es tan pausado y técnico como el estilo de Hewitt al que estamos más acostumbrados. Por momentos la banda suena estridente, y la batería no ayuda precisamente a mejorar este detalle.

 

Bueno, recordemos que el núcleo de la banda multinacional siempre han sido el belga Brian Molko (hijo de padre estadounidense de ascendencia franco-italiana y madre escocesa) y Stephan Olsdal, sueco. Ambos coincidieron en una escuela en Luxemburgo donde jamás se dirigieron la palabra, no porque estuvieran peleados o lago, sino porque al parecer, ni se percataron de sus respectivas existencias. Pero el destino se empeñó y se reencontraron en Londres, en el metro. Stephen iba con su guitarra a la espalda a tomar clases. Brian lo vio, entablaron plática, y Molko lo terminó invitando a una tocada que tendría esa noche en un bar. Esa noche decidieron armar una banda, que se llamó Ashtray Heart, por la rola de Captain Beefheart. El primer baterista que tuvieron fue nuestro ya conocido Steve Hewitt, pero su prioridad era su banda Breed y eventualmente dejó de ensayar con la banda ya renombrada como Placebo (sin relación con la banda canadiense conformada por puras chicas, por más que la imagen de Molko pudiera sugerir lo contrario). Lo reemplazaron con el suizo Robert Schultzberg (nacido en Suiza, pero también con nacionalidad británica… (ya sé, qué caótico!)) a quien Stephen conocía de una escuela de ski.

Al parecer la banda se dispuso a darle 3 vueltas a todo lo que había hecho Suede: Exceder su imagen glam, la voz nasal de Brett Anderson, así como las letras ambivalentes sobre drogas, sexo y decadencia. Ya dije la imagen glam? Lanzarían su primer sencillo, “Bruise Pristine” con la disquera independiente  Fierce Panda, en plena oleada de Brit Rock.

En enero de 1996 crearon su propio sello discográfico, Elevator Music, con un contrato especial con Hut Recordings, sello subsidiario de Virgin, con el que se permitirían más libertades creativas. Por este entonces, tuvieron la tremenda suerte de que el propio David Bowie quedó impresionado al escuchar uno de sus demos, le encantó su música (o su imagen andrógina) y comenzó a apadrinarlos. Fueron teloneros en su gira europea de 1996, en la que aprendieron sus trucos en escenario.

Durante la primavera de 1996 grabaron en Dublin su primer disco, bajo la dirección del productor estadounidense Brad Wood (quien había trabajado con Eleventh Dream Day, Liz Phair, Sunny Day Real Estate). Placebo comenzó a definir su sonido como banda: canciones tensas, rápidos e incisivos riffs de guitarra, ritmos repetitivos con arreglos complejos, bajos pesados​​, y la voz sin género de Molko con sus melodías agridulces uniendo todo.

Salvo “I Know” (que irónicamente no fue sencillo), no hay alguna rola que pueda ser realmente considerada un clásico. Quizá también “Nancy Boy” que fue un éxito en su momento. Sin embargo, hay 3 o 4 buenas canciones, al menos por encima del promedio del álbum. Líricamente también le falta madurez para no sonar tan, ehmmm… emo? No es el mejor disco de la banda, pero es sólido y consistente para ser un debut.

Como curiosidad, la foto de la emblemática portada la tomó Saul Fletcher a su primo David Fox en una reunión familiar. De alguna forma la foto terminó llegando a la banda por error, pero a ellos les gustó y la escogieron como portada. Saul le llamó a David simplemente para avisarle que saldría en la portada de un disco de rock y sería muy cool. David Fox demandó en 2012 a Placebo alegando que esa fotografía arruinó su vida, ya que antes de ser portada, era un chico popular y después de hacerse famoso todo mundo se burlaba de él y le hacía bullying… Con esa actitud, ahora entiendo su pose en la portada.

 

El disco inicia con “Come Home”, una rola muy energética que arranca con un beat simple de batería, al que se le agrega un riff aún más sencillo de guitarra en el que Brian golpea las cuerdas con la palma de la mano extendida y luego suelta para un Power Chord al final, y por supuesto, el bajeo punteado de Olsdal. Durante los versos se intercala una línea con una melodía angustiada de Brian y el riff inicial. La letra da pie a la temática que Molko estará tratando una y otra vez: sus demonios internos. Drogas, soledad, angustia, sexo… En “Come Home”, sin embargo trata de abarcar todo, desde asfixia existencial, sueños del pasado, vasos de vodka, y de alguna forma suena muy adolescentoso… No sé, no es de sus mejores letras, y en general en todo el disco le falta madurar también en este sentido. La canción termina siendo demasiado repetitiva, los “come home” del estribillo resultan demasiados, el tema con mucha influencia Punk, la guitarra nunca cambia ese efecto rasposo, y no tienen demasiadas variaciones. No es mala, pero no es de las destacadas del disco y la banda suena con demasiado ímpetu pero poca dirección.

Sigue “Teenage Angst”, con un riff punzante de 2 tonos, cargado de energía, pero que después de un rato empieza a zumbar como avispa. En esta etapa aún Molko no lograba un total equilibrio entre riffs simples, que aún le salen algo repetitivos. La letra… le hace honor al título, con algunos clichés propios de la edad: “Since I was born I started to decay”. Ésta es de las primeras rolas que escribió Brian, y reflejan esos problemas depresivos de la adolescencia. La letra no es mala realmente, quizá lo que no funciona del todo es la combinación con la música aquí, ya que la versión ultralenta con piano del Cabaret of Desire funciona mucho mejor.

Continuamos con “Bionic”, que mejora instrumentalmente. La guitarra suena más consistente, hace cambio de efectos en los pedales, e incluso hay una especie de requinto o puente instrumental. El inicio, si el oído no me falla, es  Olsdal punteando los tonos más agudos de su bajo, octavándolos. Stefan y Robert se combinan bien, conformando una gran sección rítmica y manejando los cambios de tiempo e intensidad. Brian canta de una manera emocional, con esos agudos casi femeninos, naturales, llenos de furia que de inmediato se van al suspiro, para cambiar a esa especie de estribillo más grave “None of you can make the grade”. El problema es la letra. En el coro repiten dicha línea 4 veces. El resto de la letra son 4 palabras que repiten y repiten y repiten y repiten. La intensidad de Molko y la química instrumental hacen que funcione por un rato, pero dura 5 minutos, cuando debió durar máximo la mitad. Tampoco es mala, de hecho quizá es lo mejor hasta el momento, pero de nuevo da cuenta de la inexperiencia del trío que aún no sabe cuidar el equilibrio.

Con “36 Degrees” pagan derecho de piso. Ya ni siquiera es Punk… es happy punk!! Una melodía juguetona, pero blanda. Molko aunque intenta hacer algo memorable, atropellas las palabras con tal velocidad que es imposible entender lo que canta sin leerlo. Corrijo: aun leyéndola sigue siendo incomprensible. En los estribillos nuevamente abusa de la repetición: “Someone tried to do me ache (it's what I'm afraid of)”, mientras el bajo, la guitarra y esa especie de riff agudísimo básicamente se están espejeando en 3 diferentes octavas, tratando de lanzar 2 trillones de notas por minuto. Lo más destacable acaso sea el título, que hace un juego de palabras para “Sangre Fría”. Pero no, esta canción podría ser de cualquiera de las banditas de happy punk o un metal que infestaron el mundo por esas fechas.

Luego viene “Hang On To Your IQ”. Curiosamente, en este disco al menos, mientras más bajan los decibeles, mejor se escucha el trío. Esta es una especie de balada acústica, con guitarras cálidas, que hacen un buen riff. Schultzberg hace un tremendo papel con el complicadísimo patrón de batería que hace, incluso en los versos más tranquilos, elevando luego la tensión. Brian canta con esa voz asexual, lo hace en el papel de hombre o mujer? Bueno, hace un rápido repaso de un día “común”, desde masajistas chinas con un montón de fetiches, su necesidad de un desayuno que lo “eleve”, y termina hablando de una herramienta pequeña que mejor prefiero no saber. Bueno, de hecho la letra es bastante más interesante que las anteriores. Molko canta más en una tercera persona que sobre sí mismo, y eso le da otro toque. Y lo hace con una tristeza conmovedora. Los eventuales arpegios acentúan esa sensación melancólica. Glockinspel hacia el final. Puentes tensos, un gran trabajo de guitarra, mejor aún de batería, distintos efectos de guitarra, de una limpia acústica, dela hasta distorsionador moderado. La banda usa bien sus recursos sin necesidad de tanta parafernalia y logran una de las mejores del disco.

Enseguida llega “Nancy Boy”, que puso a Placebo en el mapa, en las listas de éxitos, en el radio, y en la cabeza de todos. Llegaría al #4 en Inglaterra. Fue el single que los llevó a la estratósfera. La guitarra es buena, muy buena, aunque por momentos se vuelve estridente, como al inicio y en ese extraño puente al 1:50. Molko con una melodía dramática, intensísima. Tiene ya esos aires apocalípticos y futuristas que dominarían tan bien en los siguientes 2 o 3 discos. Por momentos queda la sección rítmica sosteniendo la canción mientras Brian juega con el feedback y luego entra con todo, con esa poderosísima capa de fuzz como aplanadora. La letra nuevamente habla del acelerado ritmo de vida de Brian, logrando buenas imágenes, a veces aplastantes y crudas. Una vida de excesos de alcohol, drogas, sexo… que sin embargo siempre dejan a Molko con una desgarradora soledad. No es de mis favoritas, pero entiendo porque fue un trancazo en su momento y porqué se considera uno de los clásicos del trío.

Esta seguidilla de buenas canciones continua con “I Know”, en la que regresan a la base acústica. Robert Schultzberg además de la batería toca el didjeridú, un raro instrumento australiano que le da ese efecto elástico y estrambótico al fondo, como un “WHAwhaaaaaa WhAAAwhaa”. Me encanta como entrelazan los versos acústicos, más tranquilos, con una melodía absolutamente memorable, aunque con la tensión latente, para luego hacerla explotar en los estribillos, que realmente siguen el mismo patrón, salvo que con más intensidad, al estilo de los Pixies. Un buen solo al 3:05, no muy técnico, (Molko nunca será un Hendrix) pero que resalta la canción y esa atmósfera agridulce, oscura. La letra es buena, “I know, the past will catch you up as you run faster” y esta vez el título está bien distribuido para no sonar tan cansino. En fin, una canción muy dinámica, muy bien estructurada, pegajosa, dramática, y a mi gusto, la verdadera primer joya de Placebo.

“Bruise Pristine” es buena, pero no mantiene el mismo nivel de las 3 previas. Regresamos a las capas densas de guitarra, espesas, envolventes, que crean esa sensación de incomodidad con el overdrive a todo. Brian entra con su voz aguda y desesperada, que contrasta en su pausa con la vertiginosidad instrumental. La batería va desbocada y Robert llena cada resquicio con fills, redobles, platillazos… Todo genera una sensación de oscuridad y pesadez. Sería el primer sencillo del grupo, con una versión más amigable, yéndose directo a la letra después de la intro, y sin el requinto. Si hay rolas que tintan al azul, esta es de las que tintan al rojo.

Con “Lady Of The Flowers” volvemos a tomar un respiro. Inicia de una forma muy rara, desde el efecto del lento arpegio de la guitarra y los armónicos (que por instantes parecen un teclado), la voz de Stefan (supongo) recitando algo inteligible. Luego el guitarreo y la inconfundible voz de Brian para irnos a lo que es una especie de estribillo. Y así se van alternando, para un efecto ácido y letárgico. El puente es lo más destacado, donde cambian un poco el patrón y Molko inserta las mejores líneas de la rola: “She wears her tears on her blouse, confused and racked with self-doubt, she stole the keys to my house, and then she locked herself out”. Extraña, incluso para Placebo. Logra buen mood, pero vuelven a sonar un poco repetitivos alargándola innecesariamente y sin muchos recursos hasta casi 5 minutos.

El disco acaba oficialmente con “Swallow”, que es un jam instrumental de 5 minutos. Bueno, hay una voz que habla como por un radio viejo. No se entiende muy bien lo que dice, eventualmente repite el título, pero supongo que el valor de la voz es crear una sensación de extrañeza, un tanto terrorífica. Asfixiante. La instrumentación es buena, con una intrigante línea de bajo, los guitarreos relativamente limpios, el pulcro trabajo de batería que mantiene siempre cierta tensión con toques jazzies. Nuevamente el problema es la duración y repetitividad. La canción se vuelve interminable porque después de dos minutos ya sabes exactamente qué van a hacer. No hay variantes, y eso hace que la canción se vaya volviendo más y más pesada, y que después de 2 o 3 escuchas, uno prefiera brincársela.

En la edición de CD, uno dejaba correr el disco unos 10 minutos y aparecía una canción escondida. Un bonus track llamado “Hong Kong Farewell”, que viene siendo como el gemelo bueno de “Swallow”. Esta vez sí es enteramente instrumental. El track 10 tiene una pseudo letra, esta no. Una guitarra rasguñada de manera suave, que viene en oleadas, va subiendo y bajando el volumen, y se intercala con nostálgicas y dulces notas de piano. Le van metiendo algunos efectos, pero básicamente van repitiendo una y otra vez esa atmósfera relax, despejada, tranquila, que suena a tirarse una tarde entera sobre el césped de algún parque y ver las formas de las nubes. Para variar, el problema es la extensión, siendo el track más largo del disco, con casi 7:30. Aun así lo prefiero a “Swallow”.

 

En fin, un disco con altibajos, por momentos muy ruidoso, por lapsos muy repetitivo, y con una parte media que nos muestra el mejor nivel de la banda. Desgraciadamente les cuesta trabajo mantenerlo, no sólo en este disco. Placebo aún está algo verde. Ésta el germen de su sonido, están las ideas, pero aún no las saben cuajar y distribuir de manera apropiada, ni explotar del todo sus recursos. A las letras también les falta madurar un poco para no sonar a queja de puberto o a banda emo/happy punk, algo que Brian mejorará en los siguientes discos. El disco epónimo de Placebo, es pues un debut sólido, con los errores típicos de las obras primas, pero que la banda irá detectando y puliendo en las siguientes entregas. Con todo, ya muestran cierto dinamismo, 3 buenas canciones y algunos otros chispazos que hacen que el disco valga la pena.

 

 

 Por Corvan

 

 

 

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