REVOLVER (Beatles, 1966)

Artista: The Beatles (A)
Fecha de Grabación: Abr – Jun ‘66                                                                      Fecha de Lanzamiento: 05 de Agosto de 1966                                        Discográfica: EMI Parlophone
Productor: George Martin
Calificación: 10 (MUST HAVE)

 

Era: La Psicodelia (1966-1969)

Subgénero: La Psicodelia

Mejor Canción: Uff! Tomorrow… No, Eleanor. No, no; For No One! O Taxman! En realidad es imposible decidirse, todas son monumentales!!!

Canciones: 1) Taxman; 2) Eleanor Rigby; 3) I'm Only Sleeping; 4) Love You To; 5) Here There And Everywhere; 6) Yellow Submarine; 7) She Said She Said; 8) Good Day Sunshine; 9) And Your Bird Can Sing; 10) For No One; 11) Doctor Robert; 12) I Want To Tell You; 13) Got To Get You Into My Life; 14) Tomorrow Never Knows.
 

Este iba a ser mi autoregalo de cumpleaños, pero por X o Y se fue atrasando. Como sea. Cuando me preguntan cuál es mi disco favorito de los Beatles, la mayoría de las veces respondo que es el Abbey Road. Sin embargo, no es tampoco rara la ocasión en que digo que es el Revolver. Rara vez puedo decir que el Magical Mystery Tour, pero son generalmente el Abbey Road y esta joyísima psicodélica los que para mi, se disputan el primer sitio en el catálogo de los Beatles. Y no es que esté menospreciado históricamente. La mayoría lo tiene en muy alta estima, pero es que por lo general está a la sombra del Sgt. Peppers y yo simplemente sigo sin entender cómo es que el Peppers se terminó convirtiendo en EL Álbum Definitivo y no el Revolver, bastante más variado y consistente. Supongo que por lo colorido del ‘67, pero el ’66 tuvo discos aún más grandes, como el Aftermath de los Stones o el Pet Sounds de los Beach Boys.

Además el Revolver fue uno de mis primeros contactos con los Beatles. No precisamente el disco, ya que el primer álbum de estudio que tuve fue el Magical Mystery Tour, sino porque la única enseñanza de rock que jamás me dio mi madre fue el tararearme “Yellow Submarine”. En casa no había ningún disco de los Beatles (ningún disco de rock, de hecho), así que cuando me entró curiosidad por la rara melodía que me cantaba mi madre, a los 10 u 11 años, me conseguí un disco de éxitos de los Fab Four buscando la famosa canción del Submarino Amarillo. La compilación no la traía por cierto, pero fue “Yellow Submarine” la que me guió a esto que soy ahora, y terminó definiéndome, no sólo como melómano, crítico o músico, sino como persona. Después de un tiempo terminaría consiguiéndome todos los discos de estudio del cuarteto y curiosamente el Revolver era de los que más me chocaban en un principio. Mi favorito de inicio fue el Rubber Soul. Pero poco a poco me fue ganando, al grado, como les digo, de desbancar a ratos al sublime Abbey Road. Me es necesario escucharlo, regresar a él al menos una vez al mes para nutrirme y conmoverme con la perfección y belleza de este disco, para recordarme por qué los Beatles sin ser transgresores, ni virtuosos, ni demasiado técnicos, siguen siendo la mejor banda de la historia. Al menos para mí.

Ya se habrán escrito toneladas de tinta sobre el Revolver. Trataré de no redundar en lo ya repetido infinitas veces, pero es imposible no empezar diciendo que es uno de los mejores discos de la historia, de los más balanceados, y con una variedad enorme. El Revolver tomó a los Beatles en su cúspide creativa; sin ser un giro de 180° respecto al Rubber Soul, se nota una madurez enorme, y mientras aquél se le nota la fecha, éste es una obra de arte Pop que bien pudo haber sido grabado ayer. Muchos dicen que ésta viene siendo como la continuación o segundo volumen del Rubber Soul, pero yo lo encuentro definitivamente a otro nivel, consolidando la revolución musical que empezaran tímidamente con el Help!, siendo éste disco más personal, oscuro e introspectivo, y reflejando en cada canción una especie de delicadeza y belleza que no se repetirá sino hasta el Abbey Road. Junto con dicho álbum, éste es uno de los que no traen precisamente himnos tipo “All You Ned is Love”, o “Revolution” o “Yesterday” o “In My Life”. Sin embargo al igual que el Abbey, muestra un nivel parejísimo en todas las canciones, casi todas son picos y clásicos instantáneos, y las canciones menores, por así decirlo, hubieran sido trancazos en cualquier otro disco del ’66.

Además aquí es cuando comenzaban a mostrar sus influencias y a diversificar sus sonidos, con John comenzando a destilar lírica Dylaniana, más profunda y poética, desligándose de las típicas cancioncitas de amor puberto de la primer etapa del grupo; Paul por su parte se afianza como maestro de las melodías, pero sobre todo como un bajista hipercreativo, si no virtuoso, al menos destacable, creando excelentes líneas gracias a la influencia-pique que traía con Brian Wilson de los Beach Boys; y George con las influencias orientales de Ravi Shankar, perfeccionando su técnica con el sitar, y algunos otros instrumentos hindúes como la tabla, además de la lírica basada en sus experiencias trascendentales, que lo marcarían como compositor. En conjunto, dio por resultado un álbum absolutamente brillante, con personalidad propia, delicado, un tanto introspectivo, un mucho revolucionario y atemporal.

Hablando de influencias, George Martin, si bien había sido parte importantísima en sus discos previos, aquí ocupa por fin esa posición del “Quinto Beatle” y se vuelve fundamental en su papel de productor, aportando al sonido de la banda y a la experimentación sonora del disco. Por supuesto que el mayor mérito es de los chicos, pero sin esa curiosidad por expandir sus sonidos, Martin no hubiera encontrado esas técnicas experimentales para estas canciones. Si en algún momento los Beatles llegaron a tomar iniciativa y verdaderamente generar una revolución, fue primero en el Help!, por la lírica y la instrumentación más pop, y en este disco, por la tremenda experimentación sonora que dio el banderazo oficial a la era psicodélica. Entre los efectos que encontramos por primera vez en un disco están las grabaciones al revés, desde los acordes somnolientos de “I’m Only Sleeping” hasta solos de guitarra en “Tomorrow Never Knows” y “Rain” que no entró en el álbum pero formó parte de las sesiones; hay efectos procesados para la voz, cintas serpenteadas (cortadas y pegadas al azar), loops como las “gaviotas” de “Tomorrow Never Knows”, o los efectos marinos de “Yellow Submarine”, un tono alargado de orquesta (también para la última pista), nuevamente un conjunto de cuerdas para “Eleanor Rigby” que aunque ya se había usado para “Yesterday”, esta vez es mucho más compleja y de mayor peso en la canción, al no haber guitarra en absoluto y siendo una de las primeras canciones del llamado Rock Barroco, o un solo de corno francés en “For No One”.

Finalmente, otra de las influencias protagónicas del disco es el LSD. La música además de experimental, comienza a tornarse agridulce y caleidoscópica. Para estas alturas, la experiencia psicodélica que tuvieran George y John con su dentista ya se había vuelto adictiva y el ácido se trasluce tanto en los sonidos extraños y rebuscados, como en las experiencias extrasensoriales que narran algunas letras, como “Tomorrow Never Knows”, o “She Said, She Said”, o en parte “Love You To”, o en la misma “Dr Robert” donde habla del famoso dentista con su medicina mágica. “Yellow Submarine”, aparentemente infantil, está inspirada en el primer viaje en ácido de Lennon, ya que cuando llegó a su casa, tuvo una alucinación en la que la sala amarilla de su casa en Kenwood se convertía en un submarino. La experiencia le aterrorizó en principio, pero a Paul le pareció muy graciosa. Meses después, el LSD sería la droga de moda entre la naciente nación hippie y los gobiernos tendrían que declararla ilegal.

Musicalmente, el Revolver es el Álbum Blanco de los Beatles. Ehm… Esperen un momento, el Álbum Blanco también es de los Beatles! La costumbre de comparar, jajajajaja. Lo que quiero decir es que es el disco más variado de los de Liverpool después del White Album, que tiene la alevosía y ventaja de ser doble. En el Revolver encontramos una variedad riquísima de estilos, que van desde rockers ácidos con “Taxman” y “And Your Bird Can Sing”, Rock Barroco con “Eleanor Rigby”, una mezcla de canción infantil con canción de taberna con “Yellow Submarine”, una canción netamente hindú con “Love You To” inaugurando ahora si el World Music, Psicodelia con “She Said, She Said” y “Tomorrow Never Knows”, una balada delicadísima con “For No One” y otra más sacarosa con “Here There And Everywhere”, con complejas armonías vocales que hicieron ver mal a los Beach Boys, luego una rola con vientos tipo Motown con “Got To Get You Into My Life”, y otra más jazzera tipo New Orleans y donde de paso parodian a los Lovin’ Spoonful, “Good Day Sunshine”. No hay rellenos. Si acaso la rola más floja es “Doctor Robert”, pero incluso esa tiene su encanto. Lo curioso es que con todo y la diversidad, el disco también se siente como una unidad, y sin ser un disco conceptual ni mucho menos, tiene una estructura sólida, se nota una dirección y congruencia con todas las canciones. No sobra ni falta una sola nota, ni una sola canción.

Por lo tanto es un disco fuertísimo, innovador, contundente, esculpido con belleza y gentileza. Perfecto. A pesar del colorido, siempre me ha parecido que salvo unas 2 o 3 rolas, es el disco más oscuro y pesimista de los Beatles. Predominan los tonos menores. Las letras comienzan a tornarse críticas, sorprendiendo George con el rabioso ataque hacia el sistema tributario inglés, o Paul con esa oda universal hacia los homeless. El mismo McCartney da nota con una tristísima canción de desamor. John se vuelca hacia sí mismo en introspección y búsqueda interna. Al escuchar este álbum y compararlo con cualquiera del ’65, es evidente que hay un giro enorme, una evolución, y que el universo musical está a punto de dar un gran salto. En el Revolver se puede ver ya la revolución psicodélica y el Verano del Amor que vendría menos de un año después. Casi ninguna banda escapó a su influencia, y en su afán por alcanzarlo e imitar el tono experimental, se expandió la onda psicodélica.

Por esta época, el grupo además comenzaría a politizarse. Con la gira que siguió al lanzamiento, los Beatles se metieron en problemas con los puristas japoneses al ser el primer grupo occidental en presentarse en el cuasi sagrado Budokan. Luego desairaron sin querer a la primera dama filipina, Imelda Marcos, y casi terminan encarcelados (o muertos) por el detalle. Luego a Lennon se le ocurriría la puntada de decir la innegable verdad de que en ese momento los Beatles eran más famosos que Jesús, lo que generó una oleada de odio, incluyendo amenazas de muerte y quemas públicas de discos. A la larga las quemas les beneficiaron cuando pasó el furor y los maleables adolescentes gringos puritanos corrieron a las tiendas a recomprar los álbumes. Finalmente, cuando Lennon dio su disculpa obligada por lo de Jesús, en la misma conferencia hizo su primera declaración política al atacar la política estadounidense en Vietnam.

Tras la gira mundial posterior al lanzamiento del disco, en la que por cierto, prácticamente ninguna canción fue interpretada por su complejidad, los Beatles anunciarían su retiro de los escenarios por el cansancio de los tours, por todas las broncas que tuvieron en dicha gira y básicamente porque las fans gritaban tanto que ni ellos mismos se escuchaban, y por lo tanto no tenia caso girar. A partir de este disco se convertirían en artistas de estudio, en todo el sentido de la palabra. Ningún músico quiere ser visto en concierto, quiere ser escuchado, y para ellos eso era imposible y muy frustrante.

La portada es una especie de ensayo para los que lanzarían poco después en el Sgt. Peppers. Se trata de un collage que hizo Klaus Voorman, amigo de John de la época de Hamburgo y quien después tocaría el bajo en algún disco solista de Lennon. Las cuatro caras principales son dibujos a lápiz, con un parecido difuso a cada miembro, pero identificables. Sobre ellos un collage de fotografías que van del ’64 al ’66. El título del disco es otra de las joyitas anecdóticas. La mayoría lo toma en sentido literal, de pistola con cargador cilíndrico. La verdad es que fue de los discos cuyo título causó más debate entre ellos. Por ese tiempo era cuando traían cierto pique con los Beach Boys, y querían un título que diera identidad al álbum y a la vez sonara cool, dando continuidad a lo de Rubber Soul. Ya tenían escogido Abracadabra cuando otra banda se los ganó, así que comenzaron a buscar otro, y las opiniones se dividieron. John quería Four Sides of the Eternal Triangle. Ringo, con sus particulares juegos de palabras y aún impresionado por el Aftermath de los Stones, propuso After Geography. Otras propuestas fueron Magic Circles y Pendulum. Revolver surgió cuando estaban en Japón, en el Hilton de Tokio, y más que por el arma, fue por el sentido de “revolver” (revolving) las pistas, los sonidos, hacer un collage de sonidos y texturas en el que los 4 habían aportado.

 

El disco abre con “Taxman”, un rocker furioso y una manera espectacular de arrancar el disco. Este viene siendo de las primeras composiciones serias y en plan grande de George. Lo curioso es que esta ácida crítica al sistema tributario inglés que les estaba chupando la sangre, hasta un 95% de sus ingresos, no vino de mordaz John, sino del tímido y espiritual George. La rola arranca con todo, desde el ya clásico conteo con tos incluida, el poderoso riff de bajo en el que Paul comienza a discutirse como riff maker y a utilizar el bajo como instrumento melódico, hasta el breve pero salvajísimo requinto con harta distorsión, también interpretado por Paul esta vez. Todo funciona en esta rola, un tanto salvaje, y que recuerda eso que decían que los Beatles fueron en Hamburgo y en La Caverna uno de los grupos más potentes y ruidosos de su época, aunque después muchos los despreciaran por su “suavidad” en estudio. George tiene una magistral interpretación vocal, sonando magnífico y sarcástico, con los demás haciéndole armonías vocales sin opacarlo, pero que resultan espectaculares con esos remates entre líena y línea: “TAXMAAAAAN”. Paul colaboró bastante con George para la canción y después el mismo Harrison le agradecería el interés y apoyo en este primer intento serio como autor, ya que la rola se sustenta totalmente en ese simple pero espectacular riff de bajo entre cuyas notas se intercala el guitarreo. De McCartney es también la excelente puntada del “Ah Ahhh Mister Wilson, Ah Ahhhh Mister Heat!” al 1:38, quienes eran el primer ministro y el líder de la oposición en aquél entonces. En fin, apenas poco más de 2 minutos y medio, pero la canción es perfecta y contundente, y es la primera declaración política del conjunto. Por supuesto que Bob Dylan ya había usado su guitarra Folk para hacer férreas críticas, pero no estoy seguro si el Rock tal cual se había usado como arma antes de esta rola.

Sigue “Eleanor Rigby”, quizá el intento más serio para una canción de crítica social de Paul en toda su carrera. Paul se olvida de la sacarina y las baladas melosas y toma el papel que después dominará John. La lírica de la canción es impresionantemente cruda, de una mujer desposeída que recoge arroz después de las bodas para poder comer. Desde el tremendo inicio con el estribillo “Ahhhhh! Look at aaaaaaall the lonely people” te logra estrujar el corazón, como un lamento atemporal. Si la letra no fuera suficiente para hacer una crítica social refiriéndose a la clase británica más pobre, la instrumentación es dramática a más no poder. George Martin escribió los arreglos para un octeto de cuerdas (violines, violas y chelos), inspirándose en la música de Bernard Hermann, un compositor famoso por musicalizar películas como Ciudadano Kane y Fahrenheit 451. La manera en que se entretejen los instrumentos es simplemente fascinante, como se puede oir en la versión instrumental del Anthology, y es particularmente conmovedora la sección en que se narra la muerte de Eleanor. Paul por su parte, hace una interpretación vocal magnificente, igualmente dramática, pero llena de ganchos, par terminar de redondear la canción. Si “Eleanor Rigby” no fuera absolutamente memorable por si misma, tiene un gran valor histórico al ser de las primeras con instrumentación 100% clásica. Cierto que ya habían hecho algo similar con “Yesterday”, pero en esta canción ni siquiera hay guitarra de soporte, y las líneas de las cuerdas cobran una mayor relevancia. Muchos la demeritan al compararla con Bach o Schubert, pero no es la intención de la canción, sino simplemente utilizar otros recursos musicales e incorporarlos a la música popular, lo cual tiene un gran mérito. Con esta canción se inauguraría el Rock Barroco, que después daría pie al Rock Sinfónico, influyendo en bandas como Procol Harum o Moody Blues. Gran, gran canción, una de mis favoritas de Paul de todos los tiempos, y posiblemente el himno definitivo a la soledad.

Después viene “I’m Only Sleeping", una canción hipnótica, que te lleva casi a un trance por las atmósferas soñadoras. Esta es de las primeras rolas en las que se usaron pistas de guitarras al revés para lograr ese efecto aéreo y como desfasado. Las letras también son somnolientas, con una gran interpretación vocal de Lennon, quien suena cada vez más nasal, y con excelentes coros de Paul haciendo esos “Uhhhhhh’s” y uniéndose a John en algunos fragmentos. George toca la guitarra de 12 cuerdas para ese efecto acústico y folk, pero un tanto extravagante, a la cual se le dio además un efecto con procesador electrónico. En sí, toda la canción tiene una atmósfera onírica, perezosa, y en la que la instrumentación encaja perfectamente bien con las letras. Una oda a la flojera, que no podía ser escrito por nadie más sino por John Lennon, que tenía fama de dormir todo el día durante las giras.

Luego está “Love You To”, la segunda rola de George, en la que se mete de lleno en la exploración de sonidos hindúes. Y básicamente, si Paul puede mandar a los demás al diablo en rolas como “Yesterday” y “Eleanor”, porqué George no podía hacer lo mismo con sus ondas orientales? Él mismo había enseñado a Brian Jones el uso del sitar, y el Stone lo había aprovechado a la perfección en rolas como “Paint It Black” y “Mother’s Little Helper” del recién horneado Aftermath, por lo que Harrison se decidió a ir más allá y hacer una canción netamente hindú, en la que el sitar no fuese un adorno, sino la figura guía. Evidentemente no alcanza el dominio de músicos hindúes como su maestro Ravi Shankar o Zakir Hussein, pero definitivamente muestra buena técnica y velocidad, dominando hasta cierto punto el complejo instrumento y demostrando a Brian Jones quién manda, además de ser una de las primeras mezclas de sonidos orientales que conformarían el World Music. Francamente esta rola me parece bastante más agradable y que logra su cometido con más efectividad que “Within You Without You” del Peppers, y este interés de Harrison por la cultura hindú terminaría provocando que el mundo occidental mirara hacia el subcontinente Indio, volcándose a sus sonidos, modas y filosofías.

Enseguida llega una balada de Paul. “Here There And Everywhere” generalmente la encuentro melosísima, pero también tiene su encanto. Dedicada a Jane Asher, la canción es simple, guiada por melodía de la voz que se convierte en el punto central y con unas armonías hermosas por parte de George y John que le hacen la competencia a los Beach Boys. La guitarra es simple y apenas un adorno secundario. La verdad es que la melodía y armonías vocales son las que se llevan la rola. John diría luego que esta era su canción favorita del disco, aunque me parece más bien falsa modestia. Este será el sello distintivo de Paul posteriormente, más enfocado a las grandes melodías, pero siendo más bien empalagoso en las letras.

La sexta canción es “Yellow Submarine”, cantada jocosamente por Ringo, el único que hubiera podido interpretarla con éxito. Esta rola es básicamente lo opuesto a “Lucy In The Sky With Diamonds”. Mientras aquélla se le satanizó por su supuesta inspiración y referencia a las drogas mientras era una simple canción infantil, ésta era realmente una canción inspirada en los primeros viajes en ácido de John, pero el mundo la interpretó como una inofensiva canción de niños. Cuando John y George probaron el ácido por primera vez, la experiencia no fue precisamente placentera. El dentista que se las proporcionó a ellos y sus esposas insistió en que se quedaran en su casa mientras pasaban los efectos, pero salieron asustados y la droga comenzó a surtir efecto cuando iban en el auto. Se bajaron donde pudieron y se metieron a un club de moda, pero por las luces de neón creyeron que se estaba incendiando. Más tarde, cuando llegaron a casa de John, éste alucinó que su sala era un submarino de colores. Cuando le platicaron la anécdota a Paul, a éste le pareció muy divertida y decidió hacer una canción para Ringo. Inicialmente era sobre submarinos de muchos colores, pero terminó siendo amarillo. John aportó para las letras y también el cantautor Donovan, que en ese entonces estaba muy ligado a la banda. La rola es muy sencilla en esencia, con una guitarra acústica sin mayores complicaciones y una melodía pegajosísima, que en los coros se convierte en una de esas sing-along de las tabernas de Europa central. Sin embargo, la canción tiene una tremenda sobreproducción con sonidos de archivo que Goerge Martin tenía guardados de sus antiguos programas de comedia, con sonidos de oleajes, campanas, barcos, bocinas, burbujas…. Por ahí suenan unas trompetas, voces gritando a través de megáfonos, etc. Es un track muy sencillo, pero al que se le agregaron infinidad de efectos y que termina siendo muy groovy y divertida.

Enseguida viene “She Said, She Said”, un tema que desde que lo escuché me fascinó y que me sigue pareciendo de los más menospreciados de la discografía de los Beatles. Tiene una guitarra fascinante y fácilmente reconocible, con un sonido ácido y punzante creando espirales. La melodía de John es hipnótica, como si fuera una especie de continuación de “I’m Only Sleeping”, pero más dinámica y luminosa… como si estuviera despertando y recordando el sueño, pero manteniendo el aire surrealista. En esta canción además hay que seguir a Ringo, que hace un papel destacado con los cambios de ritmo y destiempos. La canción usó doble track y para los coros es el mismo John quien canta. La letra es de Lennon, basada en una experiencia de Peter Fonda, cuando le platicó que de niño había tenido una experiencia en que había muerto por algunos minutos y luego lo regresaron. La canción es muy rara, zúrrela tanto musical y líricamente, pero me sigue fascinando tanto o más como la primera vez que la oí.

Después viene un ligero bajón en el disco. No es que “Good Day Sunshine” sea mala, pero como que rompe con esa secuencia de canciones más pesimistas. De hecho, es bastante alegre, con un ritmo de marcha, en la que el mismo Paul toca el piano, sobrepuso el bajo y canta. Sólo Ringo tuvo también participación con la batería, y George Martin hizo el solo de piano cerca del minuto. Lennon y Harrison apenas aportan con tímidas armonías vocales en los estribillos. No; no hay guitarras. La canción es muy simplista y un poco repetitiva. En cierta forma era una parodia de “Daydream” de los Lovin’ Spoonful, que siendo un grupo Americano más o menos del montón, siempre se creyeron superiores a los Beatles. “Good Day Sunshine” No es mala, pero no es de mis favoritas.

Aquí vienen las guitarras de nuevo! “And Your Bird Can Sing” es bastante más agradable, con un riff complejo y dinámico que se va repitiendo a lo largo de la canción, y un intrincado bajeo por parte de Paul, que vuelve a mostrar su dominio del instrumento. John hace una melodía irresistible, George y Paul armonizan en los remates, alargando las sílabas de manera encantadora. La guitarra va siguiendo las letras de manera perfecta, bajando un poco el volumen mientras John canta y subiéndolo para regresar al riff o al requinto que no es más que el mismo riff un poco más extenso y trabajado, y el final, dejándolo como en puntos suspensivos. No es un rocker en el sentido estricto. Tampoco una balada melódica. Sea lo que sea, es una buena canción. La versión del Anthology es bastante más divertida, ya que tanto Paul como John se desternillan de risa, aparentemente en pleno “viaje”. Se supone que Lennon la escribió en una especie de burla a Mick Jagger, refiriéndose a Marianne Faithful, a quien llamaban “the bird” por su voz y quien entonces era la flamante novia del Stone. John nunca lo confirmó.

Luego está “For No One”, otra de las canciones más subestimadas de la historia. Esta es otra balada (o antibalada) de Paul, sin guitarras, liderada por piano, adornos de clavicordio, un bajeo punteando, y un corno francés que hace unos solos para agregar todavía más nostalgia a la canción. La melodía vocal es para levantarle un monumento a McCartney, absolutamente bella, triste, angelical. Ese ritmo lento, pausado y melancólico de la voz contrasta maravillosamente con los teclados más acelerados. La letra es tristísima. Generalmente no se le presta mucha atención, pero es prácticamente una poesía de desamor, de ruptura, de círculos viciosos y de gente herida que sin saberlo, hiere a otras personas. De verdad, este es otro de los puntos más fuertes de Paul en su vida entera, y no pocas veces me llegó a causar un enorme nudo en la garganta. Por esa época aún estaba en una relación estable con Jane Asher, y luego dijo que incluso estaba de vacaciones en Suiza con ella cuando la escribió, por lo que no fue por una experiencia específica, sino literalmente, para nadie. La canción es perfecta, acaso muy corta (menos de 2 minutos) y con un final muy repentino. Es de mis favoritas de Paul.

“Doctor Robert” es acaso el punto más flaco del disco. La melodía es débil, el bajeo es muy poco creativo, contentándose con marcar los tonos, e incluso la guitarra es muy repetitiva. Y no deja de tener un cierto aire a “Taxman”, en la estructura del riff. El puente donde viene el “Well, well, well…” me parece de los más blandos de toda la discografía de los Beatles, con todo y que traiga un harmonio. Lo más interesante acaso sea su inspiración, ya que no es difícil darse cuenta de que habla del dentista que los introdujo en el mundo del LSD, aunque también se dice que se refiere a Robert Fraser amigo del grupo que también les conseguía drogas. John para salir de apuros diría que él mismo era “Dr Robert” ya que era el encargado de llevar las medicinas en las primeras giras de la banda. Una canción medio sin chiste, pero que igual en cualquier otro disco de otra banda de la época hubiera destacado.

“I Want To Tell You” es la tercer aportación de George al disco. Se habían dado cuenta de que este es el álbum (exceptuando el Blanco) en el que Harrison participa más? Una excelente intro de guitarra en fade in, semilenta, a la que se le une el piano y unas maracas serpenteando. George mismo la canta de manera casi hipnótica. La atmósfera no es demasiado distinta a la de “She Said”, un poco rara y surreal, pero con cierta influencia hindú, sobre todo cuando alarga las últimas sílabas de “Ive got time” y las grita casi como mercader del Ganges. El piano va jugueteando con pequeñas variaciones, pero encaja sorprendentemente bien. Una de esas rarezas agradables y medio disonantes de George, aunque no es un punto fuerte.

El penúltimo corte es “Got To Get You Into My Life”, de Paul, con un ambiente muy jazzero y una sección de vientos y trompetas con mucha influencia del sonido de Motown. Las guitarras vuelven a brillar por su ausencia, excepto por un pequeños fragmento de un minisolo. Pero básicamente es una canción con bajo, la batería, un organito muy discreto allá al fondo y la rimbombante sección de vientos. No es que esté del todo mal, pero uno comienza a ver a Paul un tanto individualista y egoísta al hacer a un lado a John y George en sus canciones. Se dice que estaba dedicada a la marihuana! Es otra de las canciones optimistas y luminosas del disco, con letras medio cursis, y quizá por ello me parece que no encaja del todo en el mood del Revolver, aunque insisto, tampoco es mala. En una de las situaciones más raras que he visto, la rola se lanzó como sencillo en 1976. 10 años después de su grabación!

El cierre es tremendo. “Tomorrow Never Knows” es quizá la canción más rara del grupo, pero rara en un buen sentido, no como “Revolution 9”. Debo reconocer que tardé siglos en encontrarle el gusto. Al principio incluso me asustaba y me la saltaba. Lentamente fui encontrándole el sentido y lo maravilloso dentro de esa atmósfera enrarecida, casi metafísica, como meterse dentro de la cabeza de John en pleno trip de ácido. La canción es experimentación pura, desde la idea de una canción en unitono, sin la más mínima variación. Ni tantito. La canción tiene constantemente sonidos de fondo, los efectos como de gaviotas (que son risas de Paul procesadas), sonidos de guitarras al revés, un tono de orquesta que también fue procesado y se va intercalando entre los versos, y en conjunto, logran una poderosa y apantallante muralla de sonido. La voz de John también suena extraña, ya que fue filtrada con un amplificador Leslie, creo que la primera vez que se hizo esto con voz. La batería es tremenda. Aunque es una constante que no cambia, el ritmo suena muy poderoso, y le da una personalidad única al a canción al no llevar un tiempo convencional, y termina resultando casi hipnótica con ese beat sincopado. Tenemos además un soberbio solo de guitarra al 1:05, con la peculiaridad de que está completamente grabado al revés! Las letras son enigmáticas, basadas en el Libro Tibetano de los Muertos, según el mismo John. El título no se menciona en la letra, pero está tomado en uno de esos resbalones gramaticales de Ringo, e incluso estuvo considerado para titular el disco. En cuanto a producción, también es una rola absolutamente revolucionaria. George Martin implementó quien sabe cuantas novedades que después se volverían comunes en la producción, desde efectos procesados para la voz con el Leslie, cintas serpenteadas (cortadas y pegadas al azar), que le dan ese aire caótico e impredecible, loops como las “gaviotas” y las orquestas, el requinto al revés, el piano atonal del final. La canción es enorme, de principio a fin. Es a mi punto de vista, lo más experimental a lo que llegarían los Beatles. Bueno, harían otras cosas experimentales, pero con resultados desastrosos. Aquí se las ingenian para mezclar las ideas musicales más bizarras de John con el genio y la creatividad de George Martin para una rola tan extraña, fascinante, apocalíptica, hipnótica y poderosa a la vez. Sólo faltó ese coro de monjes tibetanos que John escuchó en su cabeza cuando la ideó, pero podemos perdonar esa omisión. Difícilmente encontrarán “Tomorrow Never Knows” en ninguna compilación comercial de los Beatles, pero en serio que debería estar considerada entre sus mejores rolas. De mis favoritas, y la rola psicodélica por excelencia a mi gusto. Qué cierre!

 

Un discazo por donde se le vea. A pesar de que tiene algunos puntos ligeramente más flojos, en general son los Beatles en la cúspide de su creatividad, con una enorme variedad de estilos, haciendo un álbum absolutamente brillante, con un perfecto equilibrio entre atmósferas un poco raras, canciones bellísimas y delicadas, y algunas de las canciones más potentes y con más distorsión en la guitarra de Harrison. La banda en conjunto muestra una enorme evolución, tanto como instrumentalmente (particularmente Ringo y Paul), como compositores, como cantantes en lo individual y en lo colectivo (no alcanzan la maestría armónica del Pet Sounds, pero Paul tenía razón cuando dijo “nosotros somos solo 3 voces, ellos son 5!”, y aún así la diferencia es mínima), e incluso George Martin se convierte en parte importantísima al contribuir con la experimentación sonora y crear varias innovaciones en la producción. Creo que es difícil imaginar hoy día el tremendo impacto que tuvo en su momento, pero básicamente todos los grupos existentes tuvieron al menos un ligero cambio después del Revólver. Cierto que ya mencioné que el Help! inició con la revolución musical, pero este fue el punto de inflexión definitivo en la historia de la música, el eslabón perdido que nos lleva del Rock& Roll y el Rythm & Blues que imperaron hasta el ’65 hasta el Rock moderno con todas sus variantes.

Lo peor de todo, es que los Beatles lo hacen parecer tan sencillo, tan natural, tan sin demasiado esfuerzo…

Imposible no reconocerlo como uno de los mejores discos de la historia, aunque en un principio pudiera complicarse un poco para los recién estrenados en beatlología. Imposible no volver a él una y otra vez. Imposible no amarlo. Un Must Have! 

 
 
 
 Por Corvan  
 
 

 

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