SEVENTEEN SECONDS (The Cure, 1980)

Artista: The Cure (C)
Fecha de Grabación:  Ene – Feb el ‘80
Fecha de Lanzamiento: 18 de Abril de 1980, UK
Discográfica: Fiction Records
Productor:  Mike Hedges y Robert Smith
Calificación: 5

                   


Categoría: New Wave (1976-1990)
Mejor Canción: A Forest
Canciones: 1) A Reflection; 2) Play For Today; 3) Secrets; 4) In Your House; 5) Three; 6) The Final Sound; 7) A Forest; 8) M; 9) At Night; 10) Seventeen Seconds.


Bueno, al menos aquí The Cure empieza a definir su estilo. Salvo eso… bueno… Ya incluye teclados! Jajaja. La verdad es que este es un disco más bien débil, aún más que el debut, que al menos mostró algunas pinceladas. Queda poco del sonido más crudo y desprolijo del Three Imaginary Boys. Ya vimos que por la falta de experiencia grabando, terminaron cediendo el control creativo a Chris Parry y el sonido no les gustó mucho. Bueno, para este segundo álbum Robert Smith decidió coproducir el disco junto con Mike Hedges para poder obtener un resultado más cercano a lo que buscaba. Y lo logra! El Seventeen Seconds inaugura la etapa gótica de The Cure, con sonidos oscuros, esquizofrénicos, buscando profundizar más a través de la creación detallada de atmósferas depresivas.

Tras la blanda recepción del debut, Fiction les dio un presupuesto todavía más limitado para el segundo álbum. Apenas unas £3000, lo cual los obligó a grabar hasta 17 horas diarias para completar el disco en apenas una semana, ya que no podían pagar más tiempo de estudio. Varias de las sesiones fueron de madrugada para aminorar costos. E incluso se les llegó a terminar la cinta, como podemos apreciar en “The Final Sound” que dura apenas 53 segundos no porque estuviera planeada así, sino precisamente porque el dinero ya no les dio para más.

Robert Smith aún era muy joven y no llegaba a dominar la composición del todo. Muchas de las rolas estaban sin terminar aún. Algunas las escribió en apenas un par de días en casa de sus padres. Otras no las terminó siquiera y por ello no tienen letra, son meros instrumentales, que tienen algún potencial, pero bueno, gran parte del atractivo de The Cure son los ganchos vocales que le mete Robert, por lo que un disco en los que apenas hay voz no puede ser maravilloso.

Por otro lado, tenemos dos integrantes nuevos. Comienza la rotación del trillón de músicos que han sido parte de The Cure, jeje. Michael Depmsey se peleó con Robert alegando que no lo dejaba participar con líneas más elaboradas de bajo y dejó la banda poco antes de arrancar la grabación. Simon Gallup lo sustituyó, y hay que aceptar que hace una buena labor. Sin ser una lumbrera, el bajo es profundo y preciso, muy enérgico, protagónico; se hecha al hombro buena parte de las canciones con buenas líneas, que dan una mayor oscuridad y gran parte de ese aire gótico. Se combina muy bien con la batería de Lol Tolhurst, que es el único que se mantiene además de Smith, evidentemente. La batería por su parte, es minimalista, con beats bailables, simples, pero que contribuyen al aire tenso. La sección rítmica hace de este un disco oscuro con un twist bailable… o viceversa. La otra adición es Matt Hartley, quien se incorpora en los sintetizadores, y aporta enormidades con ese sonido etéreo, fantasmagórico, que va dejando a la guitarra en un segundo plano, y ayuda a que el disco suene frío y metálico. Entonces tenemos que fue escrito en tiempo récord, grabado en tiempo récord, con un presupuesto paupérrimo y con dos integrantes nuevos. Considerando esto, el Seventeen Seconds es una maldita obra de arte. Es un milagro que sea audible, siquiera!!!

La verdad es que no es un disco tan nefasto, pero tanto problema cobró factura. Se nota el giro respecto al Three Imaginary Boys. Es decir, aquí se nota ya ese germen del sonido de The Cure que los llevaría a ser una de las bandas más poderosas del planeta, y se sacuden por completo las influencias Punk del debut. Robert se las ingenió para escribir a toda prisa un puñado de canciones que tenían mucho potencial, y en los fragmentos vocales, sus ganchos y esa manera melancólica y dramática con que canta, te llegan de manera adictiva. Los instrumentos se combinan para crear, de manera simple, atmósferas góticas, tristes, densas. En cierta forma es un avance respecto al Three Imaginary Boys, porque ganan en estilo, sofisticación e identidad, aunque pierdan en fuerza, creatividad y resonancia. Pero termina siendo un paso atrás, atrevido, riesgoso, que a la larga les serviría para lograr esas obras de arte a finales de los 80’s, que serían imposibles sin el sonido que se empezó a gestar aquí. Es The Cure tomando vuelo para el gran salto.
El problema es que no hay mucho de la voz de Robert. Y la instrumentación, aunque hace lo que puede, tampoco es maravillosa. Las atmósferas son muy similares, las rolas se vuelven repetitivas y largas, con mínimas variaciones, pocos ganchos, y se va creando una sensación de claustrofobia entre más avanza el disco. Te va sofocando con su oscuridad, y queda al final la sensación de que está incompleto… o grabado muy rápido.

El disco abre con “A Reflection”, el primero de los instrumentales. Inicia con un buen arreglo de piano, sombrío, triste, con las notas cayendo lentas como llovizna. Luego la guitarra hace unas notas tristes. Parece que va a arrancar algo, o que es apenas la intro para algo espectacular, pero no. Eso es la canción. Lo demás es repetir la línea de teclado con algunos otros arreglitos de fondo. Al menos dejan muy claro que hay una gran diferencia respecto al debut: Habemus Tecladus!

Luego está “Play For Today”, que tiene un beat acelerado, minimalista, casi electrónico y muy alegre… que contrasta con lo sombrío de la guitarra y el punteo del bajo. El teclado esta vez se contenta con hacer arreglos aflautados durante eso que podríamos considerar puentes. Cuando parece que será otro instrumental, la voz de Smith rompe al minuto. No sé como hace para sonar desesperado y alegre a la vez. Smith se las arregla para elevar las canciones y tiene una magia natural para hacer ganchos y grandes melodías. Desgraciadamente no es mucho lo que canta en esta rola, y tiene grandes pasajes instrumentales, que la terminan volviendo repetitiva. No es mala, pero no creo que la veamos nunca en una colección de éxitos de The Cure.

Enseguida está “Secrets”, con una intro melancólica de la guitarra y un punteo marcado, antes de que entre el ritmo y el teclado deje caer pinceladas nostálgicas. Robert canta con un volumen apenas perceptible, en dos canales: en uno susurra en tono grave y en otro grita una octava más alta, pero con un volumen apenas audible. La combinación luce tétrica, muy rara. La melodía se vuelve repetitiva, y al no ser muy audible la voz, pierde esa sensación de hechizo. Los músicos hacen líneas interesantes, ese “riff” de guitarra que se va repitiendo es bueno, pero por si mismo no alcanza y la rola se termina volviendo repetitiva. Al minuto 2, hay un connato de solo, pero más bien son escalitas. Smith no es un gran requintista que digamos. Y luego el teclado hace la melodía de la voz. No es muy creativa que digamos, y la voz de Smith apenas se vislumbra por momentos.

Después llega “In Your House” con un riff arpegiado y más dinámico. Gallup se agrega para darle más profundidad y dinamismo con el bajo, mientras Hartley juega con el sintetizador haciendo ráfagas y otros efectos extraños. La atmósfera es letárgica, oscura. Pero de nuevo, un buen riff de guitarra, una buena línea de bajo y esas oleadas de teclado no pueden construir una canción repetidas una y otra vez. Necesitan más recursos, más ideas! El germen está ahí, pudo ser una gran canción, pero falta el puente y el coro!

Sigue “Three”, que nunca he entendido porqué se llama así si prácticamente es instrumental y es la quinta del álbum. Tarda mil siglos en empezar, casi 35 segundos en que parecen no ponerse de acuerdo para arrancar. Una voz extraña suena al fondo y cuando por fin comienza la rola, el beat es casi electrónico y bailable, pero con una atmósfera densa y casi malévola. El bajo y el teclado van espejeándose, la guitarra chirriando al fondo. Luego un sonido agudo, que es una nota de piano emulando un electrocardiograma (?)… Hacia el final Robert canta. O eso parece. Suena muy lejano. La cuestión es que no tengo ni idea de qué intentaron con este tema. Por momentos suena muy electrónico para ser The Cure, parecen más Depeche Mode. Y el sonido al final da la impresión de que (afortunadamente) también se les acabó la cinta en ésta.

Luego tenemos “The Final Sound”, que es Matt Hartley (aunque no descarto que sea Smith) jugando con su piano a hacer el soundtrack de una pésima película de terror. Supongo que había cosas más interesantes, pero nunca lo sabremos porque se les acabó la cinta y el track termina de manera abrupta a los :53. Por lo mismo, no entiendo para qué diablos incluyeron un pedazo de intro de canción sin sentido alguno.

Afortunadamente llega la pieza con mayor lucidez del álbum. “A Forest”, con sintetizadores etéreos, oscuros, un beat enérgico, una guitarra que hace un riff punteado, un bajeo minimalista y nervioso, y en general, todos los instrumentos se combinan para hacer una atmósfera neblinosa que evoca el título. La voz de Robert tiene más eco que el resto de las canciones, y casi lo puedes ver cantando en medio del bosque, oscuro, sofocante. Voz dolorida con una buena melodía vocal y una gran letra. Es simple, trata de una chcia que de repente se da cuenta que está perdida en un bosque, haciendo una metáfora del bosque representando la soledad. Hartley hace algunos efectos extraños, manteniendo un sonido base al fondo y haciendo destellos sónicos a lo largo de la rola. Hacia el 4:20 inicia eso que se podría llamar “requinto”, muy, pero muy básico, con Smith atacando su guitarra de forma extraña, llena de eco, llevando la canción al límite, y al 5:10 se queda prácticamente solo para el cierre de la canción, llena de tensión. Sigue siendo simple, pero es la combinación instrumental más compleja del álbum. Es hipnótica, un hechizo sónico que nos muestra ya de lo que serán capaces un poco más adelante. Con mucho, la mejor del disco, y no por nada fue escogida como el primer sencillo del álbum.

Después está “M”, que arranca con un prometedor guitarreo, se para por una vuelta, se escucha esa ventisca y luego recomienza ya con todos los instrumentos. La canción es más básica, y el riff es bueno, pero no cambia prácticamente en toda la rola, y se llega a hacer cansado. No hay nada malo en particular, la melodía es buena, el micropuente funciona, pero es repetitiva y es el problema general del disco. Salvo “A Forest”, las canciones parecen que no están terminadas, más maquetas a las que hay que agregarle puentes, coros y más cambios instrumentales, que canciones en sí. Además Robert “requintea” igual en todas las canciones, Hartley hace exactamente los mismos efectos, y de repente, al final de la rola uno se pregunta si no está escuchando de nuevo la primer canción. Es una sensación de Deja Vu que no favorece en nada al disco.

Continuamos con “At Night”, donde al menos ya agregan algo de fuzz para la intro. Un beat a medio tiempo, con la batería cargadísima de eco, haciendo otra intro que parece eterna. La voz entra hasta pasado el minuto, y se escucha lejana, lechosa y mal ecualizada, tapada por ese beat robótico y deprimente. Pero bueno, al menos las combinaciones entre guitarras y teclados esta vez dan una atmósfera ligeramente distinta, más oriental, y con más variaciones e imaginación. Todo tiene un aire denso y apocalíptico, y es otra de las salvables.

El disco cierra con “Seventeen Seconds”, que es como “M”, con la misma fórmula, pero más lenta. La idea es la misma: un riff con guitarreo que se repite hasta el infinito. Gallup intenta con su bajo oscuro y desesperado, con distintas figuras, luego el beat se acelera,  pero realmente es la guitarra la que termina sofocando la rola ante la falta de imaginación.


En fin, el disco es escuchable, pero suena inacabado, a medias, con un montón de demos por trabajar.  Uno termina con la sensación de que ha escuchado la misma canción 10 veces. Y eso no es bueno. Por la parte positiva, es una evolución en el sonido de The Cure. A pesar de las prisas, Robert Smith por fin encontró el germen del sonido que irá desarrollando a partir de ahora, más tendiente al Gótico que al Punk. Las letras, a pesar de ser minimalistas y realmente breves, también significan un avance, son más emocionales. El Seventeen Seconds es un paso al frente en cuanto a la forma de su música. Desgraciadamente en cuanto a fondo están todavía muy verdes y lejos de lo que alcanzarán. Diría que este disco es para fans y completistas de la banda, pero puede resultar un documento interesante para conocer los inicios del grupo… si te quieres arriesgar y no tienes demasiado sueño.

 

 

Por Corvan 

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