SHEET MUSIC (10cc, 1974) 

Sheet Music (10cc, 1974)

Artista: 10cc (D+)

Fecha de Grabación: 1974

Fecha de Lanzamiento: Mayo de 1974

Discográfica: UK

Productor: 10cc

Calificación: 8.5

 

                     

Era: La Gran Transición (1970-1980+)

Subgénero: La Gran Transición 70's

Mejor canción: The Wall Street Shuffle y Silly Love

Canciones: 1) The Wall Street Shuffle; 2) The Worst Band In The World; 3) Hotel; 4) Old Wild Men; 5) Clockwork Creep; 6) Silly Love; 7) Somewhere In Hollywood; 8) Baron Samedi; 9) The Sacro-Iliac; 10) Oh Effendi.

 

¿Qué es lo que se puede esperar de un disco cuyo nombre es un triple juego de palabras con los términos Sheet Music (música de sábana, aquella amarilla de la portada), Sheet Music (música de partitura) y Shit Music (música de mie*da)?

Lo más probable es que se trate de algo hecho por los 10cc! Y es que en aquellas épocas sólo unos pocos como ellos y otros genios descerebrados como Frank Zappa y Captain Beefheart se atrevían a publicar trabajos que desafiaran de manera tan osada las estructuras de la canción y las convenciones establecidas por el mainstream y la industria musical.

Si por algo se caracterizaba el disco debut de estos tipos, era por su endiablado y efectivo eclecticismo y su rica variedad de sonidos entre cada corte. Sheet Music continúa por la misma senda —si es que existe alguna— e incluso lo lleva más allá. Es decir, este segundo disco se halla tan repleto de sonidos exóticos y dispares entre sí, que da la sensación de que se trata de una banda diferente entre cada tema, y así mismo, pareciera que es una banda distinta a la que conocimos en su ópera prima.

El motivo del bajón de calificación respecto a aquél, es que en su trabajo anterior, a pesar de esa tremenda diversidad de géneros y sonidos, de alguna manera se las arreglaron para entregar un disco muy cohesivo y sonar como un verdadero conjunto, mientras que Sheet Music se siente más bien como un collage de sonidos y esfuerzos individuales, o más bien esfuerzos en dúo, pues recordemos que 10cc estaba compuesta por dos parejas compositivas: la melódica (Eric Stewart y Graham Gouldman) y la experimental (Lol Creme y Kevin Godley). Se puede distinguir claramente quién hizo qué y quién compuso aquello, y es algo que juega ligeramente en contra del resultado final, pues acaba siendo un disco demasiado extravagante incluso para los estándares de 10cc.

Es quizá su álbum más difícil de digerir, pues como ya mencionaba, es un trabajo disperso, extraño, y no tan amigable como su predecesor. Pero una vez que se logra superar esa barrera de excentricidad, bizarrez y humor negro construida por estos cuatro dementes, uno se puede dar cuenta de que en realidad Sheet Music está plagado de excelentes cortes pop y ganchos melódicos mezclados cuidadosamente con elementos prog y avant garde, así como componentes cinematográficos en la narrativa de las canciones, lo cual se traduce en estupendas canciones.

Cuando se trata de 10cc, suelo insistir con la expresión de Pop Progresivo y Sheet Music es la definición misma de este término tan contradictorio. ¿La razón? Basta con escuchar cualquiera de sus temas: comenzarás escuchando una agradable melodía que te hará creer que se trata de una cancioncilla pop más. Cuando menos lo esperes, entrará algún arreglo o instrumento que lo cambiará todo, la canción mutará, dará un giro de 180 grados e irrumpirá sin previo aviso una melodía distinta. Apenas comiences a acostumbrarte a esta nueva melodía, los muy sinvergüenzas repetirán el proceso y te recetarán por el cerebro otra melodía por completo diferente que enterrará a la anterior sin ningún miramiento. Y es que ¿para qué meter una gran y pegajosa melodía dentro de un tema, cuando puedes incluir cuatro o cinco? Todo lo anterior sucederá en un lapso de tres a cuatro minutos. Cinco a lo mucho.

 

El primero de estos ataques a la cordura responde al nombre de The Wall Street Shuffle, que es de hecho el corte más convencional y menos bizarro del conglomerado. Se trata de una especie de 10cc meets Led Zeppelin, debido más que nada a ese riff arrollador que pareciera compuesto por gente como Page o Keith Richards y por el cual estarían orgullosos. Es un corte hard-rock con todas las de la ley, pero el toque 10cc viene de parte de esos discretos remates de piano cortesía de Stewart, quien no conforme con aportar la performance vocal, también se encarga de los riffs y solos de guitarra. Es decir, la canción básicamente le pertenece a él. De las canciones accesibles y melódicas del disco, es definitivamente mi preferida. “Apuesto a que venderías a tu madre… ¡puedes comprar otra! / Ohh, Howard Hughes, ¿tu dinero te hizo mejor? ¿Estás esperando al momento en que puedas joderme, porque eres lo suficientemente grande?”

La letra es una joya por sí misma. De hecho la mayoría de las letras de Sheet Music lo son, tal es el caso de The Worst Band In The World, que ya desde el puro nombre vale la pena. “Una cosa es saberlo, pero otra es admitirlo: somos la peor banda del mundo, pero nos vale un…” Son las líneas con las que nos dan la bienvenida. De inmediato se nota la pluma de Creme, tanto por lo jocoso de las líricas y la ¿historia? que narra, como por lo experimental de la composición. Cuenta las andanzas de una banda —cómo no— de rock and roll que saborea las mieles del éxito y la fama, aunque en el fondo los integrantes saben que son la peor banda del mundo y no merecen tanto alboroto. La perspectiva del narrador cambia bruscamente a la de un disco de vinil (?), quien desde un tocadiscos ruega ser comprado para que, al momento de ser reproducido, su plástico se convierta en oro. “Fade me, fade me…” nos suplica al final. El tema no es más que una dura crítica al glamour vacío y el comportamiento de divas que suelen adoptar los artistas y bandas tras alcanzar la fama. 

En Hotel es donde las cosas comienzan a ponerse bastante extrañas con las percusiones y riffs tribales-tropicales que son una clara parodia a la música caribeña y el ¿rock? tropical  abundante en aquellos años. Nuevamente, se trata de un ácido comentario social, esta vez hacia los turistas de la clase alta (especialmente los norteamericanos) que consideran a otros lugares exóticos y a su gente como meros objetos de entretenimiento a su servicio. La letra es lo que podríamos llamar políticamente incorrecto, debido a esas líneas que rozan lo racista (“There's a big black mama in a tree / She's gonna cook us / She's gonna call up the rest of the tribe… Yankee, go gome!, Yankee, go home!), aunque más con fines satíricos que ofensivos.

Old Wild Men es el primer y único tema del disco con cierto tono de seriedad. Es una solemne balada en la que Stewart y Godley exhiben sus delicados y hermosos falsettos de niños de coro de la iglesia, mientras Creme hace uso extensivo del Gizmotron, un artefacto para la guitarra inventado por Godley y Creme, el cual que se hallaba en sus primeras etapas de desarrollo. El mentado Gizmotron otorga un efecto cristalino y radiante a la guitarra, y más adelante tomaría un papel más notorio en futuros trabajos de 10cc.

Clockwork Creep es tan bizarra como su nombre lo sugiere y es prácticamente inclasificable tanto en lo musical como en lo lírico. Es una especie de ópera psicodélica (?) narrada desde el punto de vista de una bomba que describe su último minuto de vida antes de explotar a bordo de una avión Jumbo (???). El tipo de cosas que, en definitiva, sólo podrían ocurrírseles a Kevin Godley y Lol Creme. Los exquisitos cambios de tiempo de Gouldman marcan la pauta para transformar el tema a cada instante, mientras que esas armonías vocales a la Beach Boys nos recuerdan todo el tiempo que esto es 10cc haciendo art-rock en su mejor forma.

Silly Love es por completo diferente, una pieza punky-heavy a la Communication Breakdown de Zeppelin, en la cual no pueden faltar, por supuesto, los grandilocuentes coros cuasi operísticos y las melodías beach-boyescas de Stewart y compañía. A pesar de la suave y pegajosa melodía vocal de Creme, la cosa rockea como los mil demonios y la letra es una genialidad que se mofa de todos los clichés y lugares comunes de los que rebosa la música pop, y más específicamente las baladas de amor y desamor.

Somewhere In Hollywood es lo más prog del álbum, una mini suite con tintes operísticos de casi siete minutos de duración, en la cual lo que más sobresale es el impecable uso del estudio de grabación y las posibilidades que ofrecen los equipos análogos. Siempre he pensado que 10cc fue una banda adelantada a su tiempo, y no solo en el aspecto compositivo, sino también en cuanto a producción dentro del estudio (ya hablaremos más de ello en su siguiente trabajo). Este tema es una clara muestra de ello y en general, es una especie de equivalente a lo que es Celluloid Heroes de los Kinks, quienes fueran desde siempre una de sus más grandes influencias.

Baron Samedi parece más bien una vertiginosa danza tribal por sus frenéticas percusiones con bongos, congas y marimbas. A mitad del tema irrumpe una melodía mucho más convencional que nos engaña con la posibilidad de ir por terrenos menos estrafalarios, solo para ser de nuevo interrumpida por los imparables ritmos de los bongos. Una locura.

The Sacro-Iliac es casi un extendido jingle de televisión, cuya letra describe una especie de danza o baile ideal para aquellos que odian bailar en un bar o durante una fiesta y prefieren hundirse en su copa. Típico material de 10cc.

Oh Effendi, por último, es una de las canciones menos extrañas y más convencionales del recorrido, que fácilmente podría pasar disfrazada como algo compuesto por alguna banda de rock sureño como Lynyrd Skynyrd o los Allman Brothers. Una manera agradable de finalizar esta montaña rusa, aunque no como para perder la cabeza como sí sucede con la primera mitad del disco.

 

Sheet Music es un gran disco. Quizá en lo único que queda a deber es en su falta de cohesividad, debido a la ridícula variedad de influencias y sonidos que abarca. No llega a los niveles de excelencia de su predecesor, ni roza la perfección como su sucesor, ya que baja un poco el nivel durante la segunda mitad. Sin embargo, eso no impide que sea un disco genial y delirante, y el segundo dentro de la tremenda tetralogía que esta banda conformaría en su primer y mejor época.

 

 

 

Por el Hombre Mojón

 

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