SHOWBIZ (Muse, 1999)

Artista: Muse (C)
Fecha de Grabación: Abr - May 1999
Fecha de Lanzamiento: Oct 04, 1999 UK
Discográfica: Mushroom / Maverick Records
Productor: John Leckie & Paul Reeve
Calificación: 9

 

Era: Alternativo II: La Gran Explosión (1990-1999)

Subgénero: Progresivo 

Mejor Canción: Showbiz o Sunburn

Canciones: 1) Sunburn; 2) Muscle Musuem; 3)Fillip; 4) Falling Down; 5) Cave; 6)Showbiz; 7) Unintended; 8) Uno; 9) Sober; 10) Escape; 11) Overdue; 12) Hate This And I’ll Love You

 

Tras batallar en la escena nocturna de Londres y Manchester, Muse ya tenía una base sólida de seguidores. Para 1998, Dennis Smith quedó impresionado con el sonido de la banda y les dio la oportunidad de grabar su primer EP en el estudio Sawmills, disco que llevaría el mismo nombre de la banda. Después lanzaron otro EP llamado Muscle Museum que cosechó relativo éxito llegando al #3 de las listas y llamando poderosamente la atención de los medios, particularmente del locutor Steve Lamacq. Por esas fechas Dennis Smith fundó junto a Safta Jeffrey un nuevo estudio llamado Taste Media y de inmediato firmaron a Muse para grabar su primer LP. Sin embargo la banda no podía conseguir sello discográfico en Inglaterra, ya que les ponían de excusa que “Sonaban mucho a Radiohead!” Gademe!! que tienen estos tipos en la cabeza? Si yo encontrara una banda que sonara a Radiohead los firmaría de inmediato! Desgraciadamente después hubo un boom de bandas que sonaban a los de Oxford, pero Muse tenía sin duda suficiente talento y un sonido con ideas propias como para desprenderse de la sombra de Radiohead. En 1998 hubo un festival de rock en Nueva York y el trío cruzó el Atlántico para participar. Ahí varias disqueras quedaron anonadadas con el talento de estos tipos, pero fue Maverick Records la que terminó ganando la firma de Muse la víspera del Navidad del ’98. Así la banda se metió a inicios del ’99 al estudio bajo la producción de John Leckie, quien supo redireccionar las influencias de Radiohead, grupo con el que también había trabajado, de manera que Muse tomó el lado arriesgado y experimental de los de Oxford sin perder el equilibrio, mientras que bandas como Coldplay y Keane tomaron el lado meloso y más comercial de RH.

El resultado es un grandísimo debut en un año en el que el Rock sufrió demasiado ante los embates de otros géneros y la crisis de las discográficas. Un disco en extremo inteligente y elaborado, aunque un poco crudo y falto de detalles en comparación con los discos posteriores. Muse tenía ya unas 50 rolas propias que databan desde el ’96 al ’98 y para el disco escogieron lo menos progresivo, lo más “ligero” y accesible. Aún así es un disco excelente, con gran propuesta para lo que sería el nuevo milenio. Además, Muse es una banda enorme en cuanto a instrumentación, un Power Trio que no le pide nada a nadie y en el que cada integrante es un virtuoso en su instrumento, logrando arreglos formidables, complejas estructuras y momentos en que suenan tres impresionantes solos al mismo tiempo. Bellamy no es el mejor guitarrista de la historia, Wolstenholme no es el mejor bajista de todos los tiempos ni Howard es el mejor bataco, pero los tres pueden estar considerados al menos entre los 50 mejores en sus respectivos instrumentos por sus técnicas y dominio de ellos, logrando en conjunto una muralla de sonido como ningún otro trío en la historia. Además, Chris y Dominic no sólo aparecen en las listas que manejaba en este blog en las etiquetas “The Best Of…” sino que Matt Bellamy es el único que aparece simultáneamente en tres distintas listas, a mi consideración: en los mejores guitarristas, en los mejores pianistas/tecladistas y en los mejores vocalistas. Si esto no es ser un virtuoso entonces no sé que es.

 

El disco abre con “Sunburn” una canción en donde utilizan un recurso que ahora ya es muy típico de ellos, pero que entonces resultaba extraño: la conjunción de elementos de música clásica con un sonido de avanzada. El arpegio de piano con que inicia tiene reminiscencias de la escuela clásica rusa. La canción se va construyendo en base a este rápido riff de piano. Al segundo 10 se agrega la batería y poco después entra una voz tenue y dolorida, casi susurrada. El bajo se percibe hasta el segundo 40 y Matt comienza a manejar la tensión a partir de la voz para explotar con la guitarra en el coro al minuto 1. No se percibe el piano durante este coro, pero siguen manejando la misma secuencia con gran potencia en los distorsionadores de guitarra y bajo, hasta que termina el coro y Matt hace unos rapidísimos y agudos arreglos en su guitarra que dan pie al regreso del piano y aun ambiente otra vez más íntimo. Hacia el 3:30, después de otro potente coro, Matt deja de lado la guitarra para regalarnos una coda con un velocísimo arpegio de piano. No es el más rápido de los que hará con Muse, pero este es un ejemplo de porqué mucha gente piensa erróneamente que utiliza un arpegiador electrónico para hacer estos arreglos. Una enorme, enorme canción en la que la estructura es muy simple, prácticamente no cambia la secuencia de tonos en toda la rola, pero el cambio en la instrumentación con la que van jugando es algo fuera de este mundo. Además la letra me encanta.

Sigue “Muscle Museum” con un efecto rarísimo en el bajo sobre el cual se va construyendo los versos y en el que este instrumento suena similar al piano en sus octavas más graves. Quizá no sea el trabajo más técnico de Wolstenholme, pero ya da nota de su gran creatividad en los sonidos y su capacidad para crear riffs. Matt agrega otro riff en la lira a tres cuerdas y muy agudo para contrastar. Luego hace un punteo sofocado que va acompañando los versos. Antes de los coros hay una especie de puente donde la guitarra suena crujiente y oxidada con la cual la banda parece tomar vuelo para darle poder a la canción, que finalmente explota en el coro. De nuevo impresiona la cantidad de recursos que despliegan, haciendo ganchos melódicos, distintos riffs, y los arreglos de la guitarra, que van desde arpegios, escalas, punteos, vibrattos, hasta un requinto que lleva entremezcladas guitarra y voz, para ir tejiendo una canción que en estructura es sencilla.

Después está “Filip”, con un inicio vertiginoso y muy cargado, pero que después toma una línea más comercial. No es mala, es muy melódica, potente y por las guitarras con ese sonido como oxidado se aleja de una canción pop. Además manejan de nuevo cambios de ritmo que funcionan muy bien, y ese crescendo al 2:30 es espectacular, pero no es en definitiva lo mejor de Muse.

“Fallin Down” es otra canción que parece quedarse a medio camino. En realidad es una balada más íntima, con ese falsetto peculiar de Bellamy que a mi gusto supera al de su mentor Yorke. Logran crear una atmósfera envolvente y delicada, que cuadra perfecta con las letras adoloridas. La canción no es mala, pero si parece tomar demasiado de las baladas del The Bends y el OK, aunque ya irán perfeccionando y haciendo más propio su estilo en baladas en los siguientes discos.

Regresa la potencia con “Cave” que lleva una gran batería desde el inicio conjugando un ritmo endiablado, con una guitarra punzante y un bajeo elástico que se lleva las palmas. La línea vocal es salvaje y angustiante y letras introspectivas que hablan de alejar a todo mundo de sí y encerrarse en una cueva metafórica. Al 3:20 la banda baja el ritmo y dan la impresión de terminar la canción en un falso final, pero Matt se adueña del piano y comienza una coda sencilla y hermosa que al minuto 4 vuelve a subir de decibeles con el resto de los instrumentos.

La sexta rola es “Showbiz” que titula al álbum y es de las mejores de esta entrega. Inicia con un tamboreo primitivo y un bajeo marcando el tono para que Matt inicie murmurando unas letras crudas con gran línea melódica, mientras van creando lenta, muy lentamente, una tensión que va subiendo. Sin darnos cuenta, Muse nos ha llevado cuesta arriba de una montaña rusa inmensa y de pronto ya estamos inmersos en una inquietante muralla de sonido a todo tren, con Bellamy destrozando su guitarra y Howard y Wolstenholme reluciendo sus mejores recursos para llegar a momentos en que parecen tres solos a un mismo tiempo. Un magnífico manejo de instrumentos y tensión, que nos demuestra que estamos ante una banda que sabe ir tejiendo esas explosiones con paciencia y maestría, sólo comparable al mismo manejo que creaban los Doors 30 años antes y que aún irán puliendo. Impresionante canción.

Después de semejante viaje, viene un poco de calma con “Unintended”. Es una balada arpegiada muy linda, con buenas armonías y arpegios minimalistas que hace de esta una de las canciones menos cargadas. Por cierto, aquí se nota mucho la mano de Leckie con un efecto de teclado y unos platillazos esporádicos que suenan como ráfagas por el eco, efecto que ya había utilizado Phil Selway. Una canción muy “cute” que ahora si resulta, ya que su belleza radica en su misma sencillez y no pretenden sobrecargarla innecesariamente.

Seguimos con “Uno”, otra canción llena de poder y con un riff mastodóntico. Tras la espectacular intro, la banda toma una postura minimalista, apoyando la voz apenas en unos platillos discretos, un rasgueo de guitarra con tremo y una base de bajo con matices latinos pero que funcionan a la perfección. Quizá la canción se titula “Uno” así en español en vez de One como lo pudiera sugerir la letra mas que nada por distanciarse de la canción del mismo título de U2, pero durante toda la canción agregan algunos rasgos muy latinoamericanos, como el pequeño solo del 1:50. Aquí hay que ir siguiendo a Howard por los espectaculares cambios de tiempo que va llevando con su batería.

Después está “Sober” que inicia con un ritmo muy bailable, que recuerda algunos sonidos de Blur. Tampoco es mala canción, pero es tal vez la más popera del disco aunque tenga momentos muy cargados en los coros. Tampoco es que sea un mero relleno, todas las canciones de Muse tienen cosas interesantes (como ese melotrón (?) que suena al 1:15) pero esta si parece incluida en el disco específicamente para llegar a un público más amplio.

Después llega “Escape” que parece completamente innecesaria después de “Unintended” en cuanto a balada, y en la que además los cambios a las partes fuertes suenan muy repentinas y forzadas. O debieron dejarla como balada o como canción potente desde un inicio, pero esos cambios sin transición no logran funcionar por esta vez. Me parece que se queda en mero impresionismo, por lo que es la peor y más innecesaria canción del disco. Además la armonía vocal esta vez es muy facilota.

Las cosas mejoran ligeramente con “Overdue” y otra intro potente y cambios estratégicos de ritmo que ahora si funcionan. El coro resulta pegajoso sin caer en lo vulgar del pop. En sí no es de las mejores de Muse y si no la tocan en vivo el público no se muere, pero tampoco es una canción ofensiva, más bien muy promedio, y por ello el disco da la impresión de caerse ya hacia el final.

El cierre corre a cargo de “Hate This And I’ll Love You”, una power ballad que logra conjugar bien las partes más íntimas con esos rasgueos leeeeeeeentos y cadentes con un ambiente nocturno de fondo, mientras que las explosiones en los coros son más matizadas y no desentonan con el ambiente melancólico de la rola. Esta vez los vaivens si están bien construídos y logran una canción poderosa con una tristeza invadiendo cada nota. El final con el arpegio de piano y los grillos sonando quedan más que perfectos para terminar el disco de manera decente, aunque tampoco ésta es un clásico de Muse.

 

El disco pues, es potente, muy inteligente y bien logrado, con una mezcla impresionante de diversas influencias, desde la herencia que dejó Radiohead con el OK, hasta música clásica, matices de Queen, riffs incendiarios de la vieja escuela de los Guitar Heros, potencia y crudeza tipo Tom Morello, detalles del Brit Rock y sin menospreciar algunos loops electrónicos, conjugando todo en una mezcla de avanzada para el nuevo milenio que después dominarán en su totalidad. Este es el disco más crudo de la banda, pero logró su propósito de abrirles muchos espacios a ambos lados del Atlántico sin dejar de sonar arriesgado y revolucionario. En los siguientes dos discos, ya con más confianza en sí mismos, más presupuesto y libertad por parte de la disquera, Muse logrará dos joyas de colección que los consolidarían como banda grande, quizá entre las tres o cuatro más importantes de las surgidas en los últimos 10 años, por su experimentación con los sonidos, perfeccionamiento en sus técnicas individuales y un mayor acercamiento con el progresivo sin dejar de hacer canciones que se pueden escuchar en la radio comercial.

Muse es una banda a seguir, que si no se ha convertido en una leyenda viviente, ha sido sólo por las condiciones globales y de disqueras que ya no permiten un culto a la calidad ni construcción de ídolos como antes (salvo en el pop). De cualquier modo, Muse no es una banda underground, tiene ya un relativo y merecido reconocimiento y está por lanzar nuevo disco e iniciar gira mundial.

 

 

Por Corvan 

 

Letras de El Traductor de Rock 

 

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