SIGNOS (Soda Stereo, 1986)

Artista: Soda Stereo (C+)
Fecha de Grabación: 1986
Fecha de Lanzamiento: 10 de Noviembre de 1986, ARG
Discográfica: Sony Music
Productor: Soda Stereo
Calificación: 9

 

 

Categoría: Rock en Ñ Clásico (1980-1989) 

Mejor Canción: No Existes o Signos

Canciones: 1) Sin Sobresaltos; 2) El Rito; 3) Prófugos; 4) No Existes; 5) Persiana Americana; 6) En Camino; 7) Signos; 8) Final Caja Negra.

 

Este es el tercer disco de Soda, y la verdad que es un salto gigantesco respecto al disco anterior. La banda dio con él un paso enorme hacia su madurez musical y podemos decir sin miedo que este es su mejor disco de estudio de los 80’s, aún luciendo ese sonido típico del New Wave, pero con un sonido más propio y más maduro, lejos del estilo frívolo de la Movida, con letras más surrealistas y mejor realización de imágenes líricas, un trabajo melódico impecable, y prácticamente no hay rellenos. Quizá el único clásico eterno aquí es “Persiana Americana”, pero hay otras rolotas enormes, perfectas y muy queridas que han quedado en el subconsciente latinoamericano, como me tocó constatar en el tour “Me Verás Volver”. Un discazo por donde se vea, que marca una especie de transición junto con el Doble Vida hacia la total madurez de Soda como banda. No sólo eso, sino que este es un disco definitivo en la historia del Rock en Español, un disco que a la larga crearía una gran revolución musical y abriría las puertas a todas las bandas que generaron esa época dorada del Rock en Ñ a inicios de los 90’s.

El disco debut consagró a Soda Stereo como dueños absolutos de la escena nocturna bonaerense. El Nada Personal los confirmaría como la mejor banda argentina del momento y empezaría a atraer la mirada de los países vecinos. El Signos los catapultaría como un suceso latinoamericano, hecho que se confirmaría con el subsiguiente tour y el Doble Vida, del ’88, discos que considero en una línea muy semejante, ya que ambos representan una transición hacia el mejor momento de Soda Stereo, aunque éste es bastante superior al Doble Vida.

Hoy en día uno se sorprende con la sublime perfección del Canción Animal y la experimentación del Dynamo, pero hay que reconocer que este disco se queda muy cerca de ambos, y considerando que es de 1986, es éste el verdadero parteaguas de Soda Stereo, éste es su Revólver, el disco con el que revolucionaron la historia y tumbaron puertas. Sonidos como estos, tan maduros y redondos, creo que es difícil de encontrar incluso en discos de bandas anglosajonas en ese mismo año. “No Existes” es una canción atmosférica adelantadísima a su tiempo. El riff de “Prófugos” no puede ser más ochentero, pero es adictivo en su complejidad. “Sin Sobresaltos” con un aura festiva y oscura a la vez, tiene una cierta majestuosidad que resulta imposible de encontrar en cualquier otra banda latinoamericana de la época. Soda se creció, adquirió seguridad y con éste disco abrió una época donde las bandas tuvieron que tomar más riesgos, mejorar letras, salirse de los eternos clichés y buscar con sus mejores armas superar éste álbum. Es decir, los grupos latinoamericanos, al oír este enorme trabajo, tuvieron que decidirse entre seguir haciendo rock pop banal y facilote o arriesgarse a evolucionar, a tomarse en serio el rock y crecer sus propios sonidos. El Signos se convertiría en la meta a alcanzar y ciertamente fijó un estándar altísimo, lo cual obligó a las bandas a madurar y alcanzar su mejor momento hacia inicios de los 90’s. No sólo eso, sino que el inusitado éxito de ventas (fue además el primer disco argentino en ser lanzado en CD), creó un efecto dominó en el que las disqueras abrieron las puertas a las bandas, en su búsqueda de su propia Soda-Mina-De-Oro, creando oportunidades a buenos grupos que de otra manera jamás habrían contratado. Si a esto le sumamos el efecto anterior, este disco es directamente responsable del boom de bandas y de la Época de Oro del Rock en Ñ, o al menos, fue el detonador inicial al que se le unirían después otras causas.

Lo único que impide que este álbum alcance calificación perfecta, es el hecho de que a inicios de los 90’s nos vendrían con dos joyas invaluables que lo superan bastante: el Canción Animal y el experimental Dynamo, con los cuales la banda se expandió a Europa y Estados Unidos, confirmándose como la banda latinoamericana con mayor éxito e influencia de la historia.

 

El disco se iba a llamar originalmente “Final Caja Negra”, como el último track. Cuando se metieron al estudio a grabar, la banda estaba un poco asfixiada por el éxito en Argentina, los constantes tours y el peso de la naciente fama. Gustavo dice que no estaba en un muy buen momento personal, pero de alguna manera eso ayudó a que el disco saliera más profundo y oscuro.

El álbum se lanzó el 10 de Noviembre y la banda justo estaba iniciando la parte internacional de su gira del Nada Personal. El día del lanzamiento la banda estaba en Colombia, por lo que el álbum llegó en el preciso instante en que comenzaban su internacionalización y un tour relámpago por Latinoamérica. El tour siguió por Perú y Chile hasta finales de Noviembre arrasando en cada ciudad que pisaban. La Sodamanía se desataba fuera de Argentina y ya se daban episodios histéricos en sus conciertos, y Gustavo, Zeta y Charly se las veían negras para salir de los hoteles. “Era como estar en una película de los Beatles” dirían más tarde. Para 1987 el disco había logrado tal repercusión que tuvieron que agendar una nueva gira por Latinoamérica, esta vez incluyendo más países y más fechas, arrancando en el Festival Viña del Mar en Chile y abarcando Perú, Bolivia, Ecuador, Colombia, Venezuela, Costa Rica y llegando hasta México en agosto. Era el primer grupo de Rock en español que justificaba una gira de semejante tamaño, y además de que el abrumador éxito de la gira les sirvió para ampliar su público a un nivel regional, también sirvió para que muchas otras bandas los escucharan en directo y se unieran a ese grito de guerra hacia un Rock más elaborado y maduro. Nunca una banda latina enfocada a un público latino había tenido una exposición tan grande.

El negrito en el arroz vendría el 2 de Mayo del ’87, fecha en que presentaron el disco en el Highland Road de San Nicolás, Buenos Aires, cuando sucedió un derrumbe que mató a 5 fans mientras tocaban “Persiana Americana”.

 

El disco abre “Sin Sobresaltos”, que arranca con una intro muy dinámica a base de un teclado discreto, un pequeño riff de guitarra y la explosión casi inmediata con un beat rápido y festivo, un juego de metales muy alegres, con toques latinos sin sonar descarados. La genialidad viene por parte de Zeta que hace una excelente línea de bajo, vertiginosa y densa, que logra inculcar cierta oscuridad y contraste con el tono festivo de los metales. La canción tiene puentes donde bajan el ritmo para dar un respiro al desbocado beat, cargando las guitarras y voces de eco, permitiendo que la canción tenga un buen cambio de tiempos y no se vuelva tan cargada. Musicalmente, es además la rola de Soda con mayor complejidad de instrumentalización hasta ese momento. Las letras son buenas, acercándose más a planos surreales y dejando cierta incógnita, pero mezclando pasajes más crudos con cierta carga de crítica: “No podrás cenar sin tu noticiero / No podrás hacer tu digestión / Sin sobresaltos”. Excelente inicio, intrépido y arriesgado por los contrastes que logra.

Sigue “El Rito” que es una canción con un arpegio circular riquísimo, casi de balada pero con un beat más marcado. Quizá da este efecto sobre todo por estar después de una rola tan rápida. Las imágenes líricas son mucho más logradas, y en general logra un efecto más atmosférico, más sexoso y las metáforas van más enfocadas a este tenor, describiendo al “rito” como el amor: “Tu misteriosa forma me lastimará / Pero a cada segundo estaré más cerca, más”. Las melodías y juegos de tonos en los coros son tremendos, el puente musical del 1:35 es también de gran manufactura, sin cambiar el beat. Los instrumentos se van intercalando y escalonando de una manera precisa, y así de repente volvemos al arpegio inicial, luego aun teclado cargado de eco dominando el panorama, o un guitarreo marcado. En fin, un monumento a la precisión del trío y sus colaboradores, (que también hacen un papel destacado) por el balance tan delicado que alcanzan en esta canción.

Continuamos con “Prófugos”, cuyo riff principal es un complejísimo monumento al más puro sonido New Wave. Toda la ecualización de los instrumentos, la carga de ecos, la batería seca, todo tiene una aura ochentena masiva. Y debo reconocer que por mucho tiempo esta rola no me convenció, no me gustaba, pero me fue ganando poco a poco. Para empezar ese riff se vuelve intoxicante, y es un gran despliegue de técnicas individuales de los tres integrantes. Los coros femeninos también son ganchos perfectos y encantadores. El coro es muy melódico, pegajoso y bien logrado, hacen las pausas y cambios de ritmo necesarias y la letra es deliciosa. Así que, aunque es una canción muy fechada, muy ochentera y aunque esa aura no se le puede quitar ni en las últimas versiones en vivo, encontré que cada vez me fue gustando más y más, y de repente, en el concierto de hace tres años, me encontré cantándola a todo pulmón junto con el resto del estadio: “No seas tancrueeeeeeel… No busques más pretextos…”

El disco sigue creciendo a cada instante. “No Existes” es una canción muy arriesgada y experimental para 1986, y a mi gusto podría haber entrado en el Dynamo sin problemas. Inicia con una guitarra lamentándose y después dando unos acordes profundos y cadentes, con un ritmo lento que nos va envolviendo poco a poco en su efecto hipnótico. No es una intro o riff espectacular como la anterior, pero esa lentitud y ese efecto me parecen simplemente conmovedores y majestuosos. Nuevamente los juegos líricos son excelsos, creando una sensación onírica y contradictoria desde el mismo título. No es una canción de amor propiamente, sino que refleja cierta desesperación o depresión, una lucha contra fantasmas internos por la que pasaba Gustavo al escribirla, pero los mismos juegos de palabras dan esa doble sensación de desamor. La canción tiene un mood muy atmósferico hasta el 1:48, cuando la batería alcanza un ritmo vertiginoso y la guitarra y bajo duplican su intensidad para dar un efecto más dramático. Al 3:15 inicia un buen solo de Gustavo, mientras las líneas que lanza Bosio también son de muy buen nivel. De hecho esta parte del solo es una especie de diálogo entre guitarra, bajo y teclados. La coda es intensa, sin bajar de fuerza un instante. Una de las mejores y más subestimadas canciones de Soda Stereo, sin duda alguna.

Sigue ese tamboreo desbocado y primitivo que conforma la intro de “Persiana Americana”. Por eso Charly es considerado de los mejores batacos latinos. A los tums ya míticos de esta canción se agrega el riff inicial y los guitarrazos llenos de eco. La canción estalla y agarra un ritmo medio muy ágil. Gustavo entra con esas letras cargadas de sensualidad y llena de versos históricos. En serio, de todas sus canciones sexosas, esta es una de las que tiene mejores y más claras construcciones. Muy buena rola, con un bajo marcado y muy juguetón, la guitarra haciendo los ritmos y arreglos necesarios sin demasiado esfuerzo, pero con la batería y las letras llevándose las palmas en este ya clásico del Rock en español.

Después está “En Camino”, que sin ser una mala canción, es de las más flojitas del disco. Otra vez es Charly Alberti el que acapara reflectores con el gigantesco trabajo de batería, insertando unos destiempos. La melodía me parece más floja que el promedio, y el riff muy soso, soportado por un teclado discreto conjugado con el guitarreo velocísimo. Pero medio sin chiste en general, y repetitiva. Insisto, no es mala, pero le hacen falta ganchos. Aún así se puede llegar a disfrutar y no es ofensiva como para marcarla en azul.

Con “Signos” el grupo retoma el excelente nivel del disco. Haciendo otra especie de balada en ritmo medio, letárgico, con un soberbio aunque simplísimo riff de teclado de Fabián Quintero, que hace la mitad de la canción. La guitarra va haciendo un arreglo punteado y sofocado, muy débil, que logra una sensación muy triste. Y en sí toda el aura de la rola está cargada de una tristeza demoledora. Las letras son ambiguas, pero otra vez con una gran creación de imágenes. Cerati después diría que narran la historia de un marino que se enamora de una sirena y busca señales. Musicalmente tiene una atmósfera muy íntima y delicada en un principio. Lentamente se va formando un lento crescendo, aumentando la intensidad en los guitarreos de los coros. Los sintetizadores se van agregando para crear un muro de sonido, y luego llegamos a un puente instrumental que casi cae en el silencio alrededor del minuto tres. Tras el falso final, la canción regresa con todo, con el guitarreo y los teclados y un crescendo muy dramático para estallar de nuevo en el coro. Esta es otra canción donde la banda funciona en una coordinación exacta, sin opacarse uno a otro sino cumpliendo cada cual su parte para hacer una canción redonda y gigantesca, otra de las mejores de esta banda argentina.

El disco cierra con “Final Caja Negra”, que también queda debajo del promedio de las rolas. Esta canción esta acreeditada a los tres integrantes. No es mala, es muy escuchable de hecho, pero igual que “En Camino”, tampo hay ganchos que funcionen con la fuerza necesaria y las melodías son muy débiles. El riff de guitarra es soso y poco imaginativo y el teclado lo repite prácticamente igual. Pocos recursos y un sonido muy fechado, solo que sin la maestría e inteligencia que si tiene “Prófugos”. No es tampoco horrible, pero el ligero bajón de nivel de “Final Caja Negra” y “En Camino” hacen que el disco quede un poco debajo de el Canción Animal y el Dynamo.

Eso no quita la relevancia histórica del álbum, ni que esta haya sido su verdadera revolución en la música. Ya lo dije y lo sostengo, este disco viene siendo el equivalente al Revolver en español en cuanto a la revolución sonora que causó desde México hasta la Patagonia. Quizá no de forma inmediata, pero a la larga terminaría siendo el primer paso del boom del Rock Latinoamericano en los primeros años de los 90’s, con un nivel espectacular y muchas de las mejores bandas y canciones que ha dado la lengua del Quijote. Un disco básico, no es perfecto, pero está cerca de, y muestra el punto medio entre los sonidos ochenteros y la definición de un sonido más arriesgado y auténtico que tomaría Soda Stereo, y con el cual encabezaría a toda una generación de músicos. Quién dice que en los 80’s no hubo buen rock en español?

 

 

Por Corvan 

 

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