THE DEVIL PUT DINOSAURS HERE (Alice In Chains, 2013)

Artista: Alice In Chains (C+)

Fecha de Grabación: Jul ‘11 – Dic ‘12

Fecha de Lanzamiento: 28 de Mayo del 2013, USA

Discográfica: Capitol

Productor: Nick Raskulinecz, Alice in Chains

Calificación: 7

               

Era: Grunge (1989-???)

Subgénero: Post Grunge (1998-???)

Mejor Canción: Hollow

Canciones: 1) Hollow; 2) Pretty Done; 3) Stone; 4) Voices; 5) The Devil Put Dinosaurs Here; 6) Lab Monkey; 7) Low Ceiling; 8) Breathe on a Window; 9) Scalpel; 10) Phantom Limb; 11) Hung on a Hook; 12) Choke.

 

Este es un disco muy extraño. No es malo, y sin embargo, Alice In Chains parece haber perdido la magia. No es demasiado distinto al Black Gives Way To Blue. De hecho no es demasiado distinto a los discos con Staley en su etapa clásica: tenemos la poderosa guitarra de Cantrell haciendo buenos riffs, la doble y viscosa armonía vocal, William Duvall hace lo suyo quizá con más técnica pero sin ese feeling de Layne, mientras que Inez y  Kinney siguen siendo una gran base rítmica. Sonidos espesos, poderosos, y oscuros. Entonces, qué falló en este disco? Francamente no estoy seguro. AIC tuvo su momento, o mejor dicho, su segundo momento, en 2009, cuando formalizaron su reunión con el Black Gives Way To Blue, que resultó por muchos factores. Nadie se hacía demasiadas expectativas de él, traía una impresionante carga emotiva por su dedicatoria a Layne, era la presentación de Duvall y se partió el alma, compilaba los mejores riffs y rolas que Jerry había escrito durante una década, y básicamente fue para complacer a los fans. La combinación de elementos, pero sobre todo, el momento y la emotividad, lograron que el regreso de AIC fuera por la puerta grande.

El éxito del álbum, pues, los llevó a una enorme gira, en la cual Jerry empezó a armar nuevos riffs, tentativamente para otro disco solista. En un inicio Cantrell comentó que ese sería el único disco post-Staley, pero poco a poco empezó a dar visos de que podría haber un nuevo disco, de forma que un “No” rotundo, se fue matizando con un “No veo porqué no”. Lo mismo hizo Duvall, quien señaló en algún punto que no estaban propiamente trabajando en un disco, pero que estaban saliendo riffs, ideas y pedazos, de la misma forma que había empezado el BGWTB. En Septiembre del 2010 por fin aceptaron que estaban trabajando en un nuevo disco. Las sesiones empezaron a mediados del 2011, pero Jerry tuvo una cirugía de hombro para corregir un problema de cartílago, lo cual interrumpió las sesiones que recién iniciaban. Retomaron el disco hasta el 2012, cuando Jerry recuperó por completo la movilidad del hombro. La producción, a cargo de Nick Raskulinecz y del mismo Cantrell (aunque se acreditó a toda la banda) fue perfecta. Es quizá el disco más nítido y mejor producido de AIC, e incluso ganó una nominación al Grammy por ingeniería de sonido… pero falta algo.

El punto es que el momento de AIC pasó. La reunión se extendió de más para dar paso a un proyecto indefinido. Con este disco Duvall dejó de ser el “invitado” y pasó a ser quien tenía la enorme carga de reemplazar a quizá el mejor cantante de Grunge. Cantrell tuvo menos tiempo para preparar las canciones. Y mientras en el disco previo, las expectativas eran casi nulas, para este eran muy altas.

El disco tiene buenos riffs, y buenos momentos, de eso no hay duda. El espíritu de AIC y su sonido está ahí. El problema es que esos momentos son muy intermitentes. Salvo Hollow, que resaltaría en cualquier otro disco, las rolas se extienden casi al doble de lo necesario, perdiendo impacto, difuminándose en el mismo riff, o ahogándose con William, que a pesar de ser bueno, no tiene el genio de Staley para meter ganchos vocales. Mientras que Cantrell logró llenar el hueco de Layne en el disco previo y William tuvo un mejor performance, precisamente al querer acercarse a su predecesor, en el The Devil bla bla bla, Duvall busca distanciarse y sonar más él, mientras que Jerry reemplaza calidad con cantidad.

Insisto, no hay un tema horrendo. Están los elementos básicos de AIC. Pero por primera vez, se puede decir que un disco del grupo de siente genérico, y me repatea dicha palabra. El álbum se siente homogéneo, no por la falta de ideas, sino porque las rolas se extienden de más y reutilizan mismos riffs y melodías para salvarlas.

Lo más destacado acaso sean las letras, sobre todo en el tema titular, en la que Cantrell lanza un furibundo ataque lleno de cinismo a los fanáticos católicos, que en su trip, se atreven a jurar que el diablo puso los huesos de dinosauro para confundir a las mentes y alejarlos del creacionismo. La portada del disco también es de mencionar, ya que a simple vista aparece un cráneo de triceretops. Un segundo esqueleto está escondido en la imagen, en posición opuesta, y al traslaparse, crean el rostro de un demonio, tipo macho cabrío, para terminar de redondear la burla de manera bastante creativa. El disco fue un trancazo, llegando al No 2 de las listas, pero creo que fue más por la expectación generada por el previo que por mérito propio. No me malentiendan, no es un disco terrible, y no se puede decir que alguna rola sea apestosa en el sentido de “Love Song”, aún con Staley. Pero le falta algo. O le sobran muchos minutos. El caso es que, con todo y que posiblemente es el disco más flojo de la legendaria banda, sigue siendo consistente, y un fue un tanque de oxígeno para un 2013 muy flojo.   

 

El disco abre con “Hollow”, que sería el primer single. El tema muestra los elementos clásicos de la banda y por ello destaca sobremanera: una gran armonía doble, un riff mastodóntico que aplasta todo a su paso, y esa oscuridad y aura apocalíptica que ya no resultarán tan bien en el resto del disco. El riff principal va liderado por el profundo bajo de Mike Inez, con cierta distorsión, que Jerry espejea y  se despega al final para rematar con agudos, recordando los mejores temas de los 90’s. Al medio minuto bajan el tiempo manteniendo el riff, haciendo la rola más espesa y preparando la entrada a esa doble armonía, verdosa, tóxica, hipnótica. William no es Layne, pero en este tema muestra mucha actitud, y logra elevar la tensión y reventarla en el estribillo “Crowned with a COOOOOLD, blue sky!!!”. Al 3 tenemos un puente en el que Duvall y Cantrell meten aún más angustia, gritando desesperadamente “Sileeeence, So loooooud, Sileeeeence, I can't tell my up from down”, mientras Jerry mete licks y prepara el soberbio solo. La letra es pesimista, oscura, mostrando que incluso las cosas más sagradas las hemos violado y mutilado en el fondo. “Hollow” funciona bien porq   ue el trabajo de guitarra es espectacular sin robar reflectores, metiendo los arreglos precisos en el momento preciso. La melodía es lenta, quizá no un chicle, pero hipnótica. Tiene cambios de tiempo muy calculados, y cuando hay que gritar, Duvall convence. EL mejor tema de lejos en este disco.

Seguimos con “Pretty Done”, que tiene un riff urgente, a doble guitarra con tritonos, que dan un aire a sirena apocalíptica. De inicio suena muy bien, pero el riff arma toda la canción y se comienza a volver cansina y taladrante. La melodía es más ágil que en “Hollow”, pero de alguna forma, menos memorable, también repetitiva. William canta con desgano “I’m pretty doooone”, y nosotros empezamos a sentir lo mismo de la rola. Afortunadamente casi todas tienen al menos algo interesante o rescatable, y eso viene al minuto 2, cuando Cantrell mete un cambio de ritmo y un nuevo riff, brillante y potente, que da un respiro al tema, que si hubiera durado 3 minutos quizá hubiera funcionado, pero que sobrepasando los 4:30 resulta repetitivo y cansado.

Luego viene “Stone”, con un buen riff, oscuro y stoner, recuperando el aura amenazante. Nuevamente la base es el bajeo de Inez, mientras Cantrell se despega para hacer remates y licks y esas cosas que sólo él sabe hacer, desde slides hasta arañitas de tintes orientales. Cuando entran los versos sobre esa base, la rola amenaza con seguir el patrón del tema anterior y ahogarse, pero atinan a agregar cambios de tono o arreglos que le dan más variedad. Al 2 tenemos un falso final, pero regresa la guitarra con un espectacular arreglo, Kinney agrega tensión y marca la pauta para regresar con un puente demoledor en el que William se desgañita para alcanzar ese “Cold and dry a stone”. Luego viene quizá el mejor solo del disco, con tintes de Power Metal, pero sin perder el sello de Cantrell, emotivo y potente.  Las letras siguen siendo una velada crítica a las religiones, sin mencionar ninguna en particular, y sin siquiera mencionar la religión, sino hacia aquéllas “piedras frías” que se creen inamovibles y se quieren imponer ante todo: “What makes you want to carve your initials in me?”

El toque acústico, que no puede faltar en ningún disco de Alice In Chains, viene con “Voices”. Un tema fluido, relativamente alegre y caleidoscópico, con el estribillo más pegajoso del disco, que la convirtió en tercer sencillo del álbum. Aquí Jerry lleva el lead vocal, iniciando con un suave rasgueo acústico, que explota en el brillante estribillo, ya con la doble armonía y arreglos eléctricos. La canción fue de las primeras que escribió para el disco, antes de la operación. La letra es para variar muy ambigua, que igual puede referirse al periodo de convalecencia, a la sensación de estarse volviendo loco y oir voces en su cabeza: “Everybody listen, Voices in my head, Everybody listen, Does yours say what mine says?”, pero también hace pequeños guiños que dan a entender que no es de locura de lo que habla: “I've gone cold, hard to deal, Used to stand where I kneel”. El tema es bastante fluído, mezclando los rasgueos acústicos con los potentes estribillos, buenas melodías y letras incisivas. A mi gusto, el otro tema fuerte del disco que mantiene la identidad original de AIC.

Viene enseguida el tema titular del álbum. En “The Devil Put Dinosaurs Here”, Cantrell parece volcar toda su rabia contra el fanatismo religioso. Inicia con arpegio ácido, lento, como gotas llameantes. Slides de fondo y una sección rítmica lenta y profunda, que se acelera un poco cuando entra Duvall. La doble armonía crea una sensación desoladora, y al final de cada línea, William se despega para lanzar otro verso. La melodía es algo floja, pero la canción mejora para el estribillo, semilento, pero uno de los más pegajosos, en los que la voz espejea la línea de la guitarra. EN algún punto da la sensación de Deja Vu, y es porque tiene cierto parecido con “Love, Hate, Love” del disco debut. Si las escuchamos juntas, notamos la abismal diferencia entre Staley y Duvall. En fin, el mérito básicamente es la despiadada crítica que hace Jerry.  “The devil put dinosaurs here, Jesus don't like a queer, The devil put dinosaurs here, No problem with faith just fear”. La guitarra va dejando caer sus arpegios y esa especie de slide por todo el brazo que da un aire siniestro. El tema además tiene un gran requinto y termina difuminándose en un buen arpegio. El problema, es que se extiende enormidades, llegando a los 6:40, volviéndose repetitiva y cansada, sobrándole unos dos minutos.

“Lab Monkey” arranca con una gran línea de bajo y una batería con destiempos que le da gran intensidad. El tema es muy lento, con una melodía poco memorable. Por momentos la guitarra brilla, pero abusan nuevamente del riff principal y se va volviendo cada vez más pantanosa. Al 2:25 tenemos un interludio que mantiene un ritmo lento y no sirve para compensar, y hasta el solo con wha suena chato. Y la letra, bueno es más quejumbrosa de lo habitual. No es terrible, pero es de los puntos más débiles del disco.

Continuamos con “Low Ceiling”, que lleva un buen riff y una melodía más agradable y rítmica. Es un tema inusualmente soleado para la banda, incluso la letra. Supongo que la escribió después de su convalecencia y hace referencias también al regreso de la banda, hablando de alguien que se levanta y encuentra que ahora los techos son demasiado bajos. Incluso el requinto suena predecible, me gustan más los licks que hace después de. Pero el tema en general es algo olvidable y difuso. Y largo.

Después está “Breath On a Window”, que confirma el bajón de la según da mitad del álbum, que ya no se recuperará. Además es casi una copia de “Lesson Learned”, incluso en el mismo tono. AIC reciclándose? Bueno, al menos tiene un interesante puente instrumental con cambio de tiempo y todo, pero se siente también como relleno.

“Scalpel” es el segundo tema acústico, que se agradece, no porque sea tan buena como “Voices”, sino porque rompe con ese tono distorsionado y homogéneo que ya llevábamos rato escuchando. Es lo más cercano a una balada, y va de menos a más, estallando en unos interesantes y pegajosos coros. Con todo, sobre todo por los versos, se siente un tema demasiado leve e incluso meloso para el grupo.

Con “Phantom Limb” parecen querer dar la vuelta a la moneda, mostrando su lado más pesado, con un riff casi trashero. Este es el único tema del disco en el que William Duvall está coacreditado como autor. Tiene potencial, pero otra vez abusan de un buen riff hasta hartarnos con él. La parte salvable es el puente que inicia alrededor del minuto 3, que suena como calzada a fuerzas y que pudo ser una canción independiente y no un mero fragmento. En fin, 7 minutos innecesarios que pudieron ser dos buenas rolas de unos 3 minutos.

“Hung on a Hook” nos comienza a hacer sentir así. El disco a estas instancias es como un pantano en el que nos vamos hundiendo. Cada vez más lento, cada vez más espeso. La melodía de Duvall es débil, aunque intenta poner su estilo y su interpretación es lo que hace medianamente salvable el tema. La guitarra se aferra a los arpegios como único recurso, pero suena repetitiva. No sólo la guitarra, sino los trucos. Los temas y el disco finalmente nos dejan a un AIC genérico y carente de ideas, extendiéndose hasta el 5:30 por gusto y no porque sea necesario. La podría marcar en azul un día de éstos.

“Choke” al menos intenta cambiar el mood al cierre, con un cierre acústico y más suave. Tampoco es un temazo, es lenta, Inez se esfuerza en hacer algo entere los dos tonos. Luego se acelera un poco, pero no hay ganchos. Al final se desvanece en la memoria así como llegó, y acentúa la sensación de un disco sin demasiadas variantes, con chispazos, quizá sobretrabajado, y definitivamente muy largo.

 

Insisto, no es terrible. Pero si deja una sensación agridulce al terminarlo. No es el Alice In Chains que nos tiene acostumbrados. A pesar de 2 o 3 buenos temas, el resto es de mediano a mediocre, con melodías olvidables, e incluso hay dos autoplagios descarados. Lo destacable son algunas letras, cuando Cantrell no se nos pone demasiado autoindulgente y hace críticas, lo hace de gran manera.

El álbum a final de cuentas, serviría para mantener a Ailice In Chains vigente. Pero algo cambió respecto al disco previo. A pesar de conservar los elementos característicos, este disco ya no suena a Grunge. Ya es más una mezcla de Stoner Rock con Metal con Alternativo… no sé. Además demuestra que la reunión no era cosa de un rato, sino que piensan mantenerse para largo. Lo cual no siempre es necesariamente bueno. Y finalmente, nos demuestra que el diablo puso dinosaurios aquí… suponiendo que el diablo es ese ego, esa necesidad de aplausos, y que los dinosaurios… bueno, los dinosaurios ahora son Alice in Chains.

 

 

 

Por Corvan

 

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