THE NUMBER OF THE BEAST (Iron Maiden, 1982)

Artista: Iron Maiden (C+) 

Fecha de Grabación: Enero – Febrero de 1982 

Fecha de Lanzamiento: 22 de marzo de 1982 

Discográfica: EMI 

Productor: Martin Birch 

Calificación: 10 (MUST HAVE)

             

 

Era: Metal (1970-???) 

Subgénero: Heavy Metal 

Mejor Canción: Cualquiera de las teñidas en rojo es una seria candidata pero por gusto personal voy a señalar Hallowed Be Thy Name. 

Canciones: 1) Invaders; 2) Childen Of The Damned; 3) The Prisioner; 4) 22 Acacia Avenue; 5) The Number Of The Beast; 6) Run To The Hills; 7) Glandac; 8) Hallowed Be Thy Name. 


Tras dos discos Iron Maiden habían logrado convertirse en una banda célebre que teloneaba a Kiss y que hacía giras que los llevaban hasta Japón. Sin embargo los excesos de Paul DiÁnno lastraban a la banda en sus directos y Steve Harris decidió no andarse con miramientos y lo echó sin más. Sin duda, una decisión  radical y muy arriesgada que incita al paralelismo con Black Sabbath y Ozzy Osbourne. Pero Harris tenía las ideas muy claras y se fue con su mánager a un concierto de Samson para ver actuar a un vocalista que se hacía llamar Bruce Bruce (en referencia a un sketch de Monthy Python) que en aquel directo justificó el por qué le apodaban Air Raid Siren. Harris salió convencido de que aquel tipo era el idóneo para empuñar el micrófono de Iron Maiden así que citaron a Bruce Bruce para una audición. Al poco tiempo La Doncella de Hierro presentó en sociedad a su nuevo frontman. Evidentemente no todos se tomaron con agrado el cambio de voz. Di'Anno tenía un gran carisma y se había ganado su buena legión de fans que despreciaron a Bruce desde el principio.

Entre tanto los Maiden se enfrentaban a una situación nueva: tenían que grabar un disco de inmediato y habían agotado todo su repertorio aprovechable de su primera época. Su debut homónimo y su continuación Killers, reunían todo el catálogo de la banda de la época en la que se dedicaban a tocar en pubs. Pero ahora no tenían nada y el estudio ya estaba reservado para ellos. Sin embargo las capacidades de su nuevo vocalista les abrían nuevas posibilidades a la hora de componer. Ya no estaban tan limitados. Entraron en el estudio y en solo cinco semanas salieron con el disco que encumbró al Heavy Metal.

The Number Of The Beast fue un éxito rotundo e inmediato. Maiden demostró que el Metal podía ser épico, melódico, emotivo y pegadizo y aún así seguir sonando muy contundente. De pronto los metaleros se encontraron con una de “sus” bandas conseguía adeptos fuera de la escena Heavy y aquello se vio con cierto recelo. Se dan cuenta de que años más tarde pasaría lo mismo con Metallica y su Black Álbum, ¿verdad?

Al tremendo impacto mediático del disco contribuyó un elemento inesperado: la censura. Un título como el suyo no podía pasar desapercibido para aquellas asociaciones conservadoras que tanto se preocupan por nuestro decoro. The Number Of The Beast fue rápidamente encasillado como una nueva evidencia, una más, de la "obvia" relación entre el Rock y el satanismo y surgieron escenas de quema y destrucción de discos. Evidentemente todo esto no son más que chorradas pero a Maiden les sirvió para que los focos los iluminasen y el gran publico escuchase su música. Y eso ya fue suficiente. 

 

 

El disco de Heavy Metal más célebre de la historia abre con Invaders, que en realidad es un remake de una canción medio olvidada llamada Invasion que había aparecido en aquel primitivo EP llamado The Soundhouse Tape grabado en la prehistoria de los Irons. Curiosamente es una canción muy continuista con el sonido de los dos primeros discos de la banda. Invaders suena rápido y violento y no hace concesiones a los no adeptos que se acerquen a curiosear. Las guitarras y la batería inician en falso con un riff entrecortado con el bajo completando sus frases. A los diez segundos la rola se detiene y se reinicia convertida en un Rock&Roll muy contundente en la línea de temas anteriores de la banda como Prowler, Sanctuary o Iron Maiden. A los 30 segundos hace su entrada Bruce Bruce, que a partir de este mismo momento será conocido en el mundo entero como Bruce Dickinson, y en solo dos frases se despejan todas las dudas que había despertado su fichaje por Maiden. Su capacidad y su técnica lo hacen ideal para un estilo tan melódico y a la vez tan potente como el de Maiden. Sin embargo el tema flojea al llegar el estribillo, histriónico y un poco irritante. Invaders es un buen inicio para cualquier disco Heavy pero aquí quizás palidezca demasiado en comparación con lo que está por sonar. 


Con Children Of The Damned descubrimos de verdad a los nuevos Maiden. Comienza con un dueto del bajo con una guitarra acústica arpegiada a los que se les une la batería a medio tiempo y una guitarra eléctrica que entona un emotivo y melódico solo. Finalmente entra Dickinson entonando con fuerza y allanando poco a poco el terreno para ese descomunal CHILDREN OF THE DAAAAAAAMNED!! Children of the daaaamned!! que constituye el primer momento para la eternidad del disco. Y ya desde este mismo instante no solo somos conscientes de que Dickinson era el vocalista ideal para Maiden sino de que The Number Of The Beast era un registro absolutamente inalcanzable para Di'Anno. Al 2:20, luego del segundo paso por el estribillo, Burr cambia el ritmo y los tiempos y la canción se desboca. Bruce canta una nueva melodía con más agresividad haciendo de puente para un solo marca de la casa, con una primera parte menos acelerada y más melódica y la segunda más visceral y afilada. Luego Dickinson retoma su desafío y la banda va entonando la coda y dando los últimos coletazos a un auténtico clasicazo del Heavy Metal. La canción hace referencia a la película del mismo nombre pero en alguna ocasión la banda ha reconocido influencia en la estructura y la melodía de Children Of The Sea, una de las grandes canciones de la subestimadísima etapa de Sabbath con Ronnie James Dio al frente. 

 

Aquí arranca The Prisioner con ese peculiar diálogo extraído del opening de la serie homónima y que deja para la posterioridad ese lapidario I'm not a number!! I'm a free man!! A continuación abre un beat de batería y la guitarra y el bajo entran con un riff hardrockero que hubiese encajado perfectamente en un álbum de AC/DC pero que no es más que un señuelo porque al 1:10 la canción acelera y cambia el riff por un galope intensísimo. Instrumentalmente la canción es un auténtico cañonazo pero melódicamente me parece bastante escasa en la estrofa y demasiado pomposa -¡por no decir Pop!- en los estribillos. Realmente no está mal, pero no alcanza para teñirla de rojo. Al final de la canción el prisionero logra escapar pero en la continuación llamada Back In The Village (Powerslave, 1984) volverá a su reclusión. Perdonen el spoiler.

 

22 Acacia Avenue es la continuación de aquel Charlot The Harlot del álbum debut. Es una de esas canciones en las que Maiden juguetea con el progresivo. Inicia con Dickinson cantando sobre un rasgueo de guitarra obsesivo. La batería y el bajo simplemente entrecortan los versos hasta finalmente integrarse en la melodía dándole ritmo y continuidad. Al 0:45, cuando la rola parece haber alcanzado velocidad de crucero, el bajo y la batería se detienen y la guitarra se queda sola con su rasgueo inicial volviéndose a repetir todo desde el inicio. Al 1:30 se produce otro parón con la voz de Dickinson suspendida en eco pero ahora la guitarra cambia el rasgueo por un potente riff y la canción muta de melodía, ahora más acelerada y más agresiva, con Bruce entonando más teatral, jugando con ritmos, alargando las palabras para ralentizar o acelerando súbitamente, rematando frases con desagradables gritos, demostrando que no es el típico aullador unidimensional metalero sino que posee además una gran técnica y un amplio catálogo de recursos. Este pasaje desemboca en ese 22, the avenue, thats the place where we all go que es lo más parecido a un estribillo que encontraremos en la rola. Esta parte de la canción también se repite hasta que al 3:20 la batería comienza a percutir desbocada y Dickinson entona cortante, haciéndose los coros a si mismo:

(Beat her! Mistreat her!) Do anything that you please 

(Bite her! Excite her!) Make her get down on her knees 

(Abuse her! Misuse her!) She can take all that youve got 

(Caress her! Molest her!) She always does what you want

Al 3:50 la canción vuelve a pararse en seco y ahora se queda a bajas revoluciones con Dave Murray tocando un solo blusero muy intenso y emotivo hasta que al 4:35 Burr empieza a intensificar el ritmo con un redoble que acaba con la banda tocando en un ritmo Funk bastante pesado. Un furioso Bruce Dickinson le suelta a la tal Charlotte un discurso de lo más paternalista, siendo interrumpido al 5:35 por la guitarra virtuosa de Adam Smith que se carga de protagonismo con el permiso y la ayuda de ese extraordinario bajo del señor Harris, sobresaliente a lo largo del disco entero. La rola se va apagando todavía cargada de épica, cerrando brillantemente el lado A del disco con un fragmento de historia del Heavy Metal. 

 

La cara B abre con el celebérrimo The Number Of The Beast que comienza con esa profunda y siniestra voz recitando una adaptación peculiar de dos capítulos del Libro de las Revelaciones: 

Woe to You Oh Earth and Sea 

for the Devil sends the beast with wrath 

because he knows the time is short 

Let him who hath understanding 

reckon the number of the beast 

for it is a human number 

its number is six hundred and sixty six.

La creencia popular cree reconocer la voz de Vincent Price pero en realidad es la del locutor Barry Clayton. Es cierto que la banda quiso que fuese Price el que leyese el pasaje pero cuando éste les pidió 25mil libras se decantaron por Clyton. 

Después de la introducción bíblica la rola inicia con una guitarra muy sobrecargada y con cierto delay dibujando con su galope uno de los riffs más famosos del Metal. Dickinson canta en tono misterioso, espejando el riff pero sube una octava para subrayar ese Can I Belive?! En este punto se unen la batería, el bajo y la segunda guitarra y la canción sube un punto de intensidad. Dickinson vuelve a elevar el tono hacia el final de la estrofa: 'Cos in my dream it's always there the evil face that twists my mind and brings me to despair. Entonces la canción se detiene con ese largo grito -un poco al estilo Roger Daltrey en el Won't Get Fooled Again- para, a continuación renacer con una melodía nueva, más pegadiza. Bruce entona remarcando las palabras hasta llegar, sin previo aviso, a ese legendario SIX, SIX-SIX!!, The number of the beast!! que levantó tantas ampollas en el puritarismo más radical. Al 2:28, luego del segundo paso por el estribillo suena un riff ascendente que se repite hasta que entra el primer solo, supersónico. Ahí la guitarra y el bajo dibujan un puente a un segundo solo, igual de veloz que el primero. Entonces Bruce retoma el micro y comienza a cantar nuevamente remarcando las palabras. Luego del estribillo entra la coda echando el cierre con la batería anunciando otro grito “a lo Daltrey” pero, en vez de eso, la canción se termina repentinamente. Es una gran canción, sin duda, pero creo que en este disco tenemos 22 Acacia Avenue y Hallowed Be Thy Name que sin arrastrar tanta fama son mucho más completas. La moralidad puso el foco de atención en su título y lo pegadizo de su melodía y su estribillo hicieron el resto. En realidad la canción no habla para nada de culto al diablo si no de miedo y de pesadillas de Harris luego de ver Damien: The Omen II. Tambiém le influyó el poema Tam o'Shanter de Robert Burns. Pero da igual cuantas veces se aclare este asunto: The Number Of The Beast pasará a la historia como una nueva “evidencia” de la relación entre el Heavy Metal y el culto al demonio. 

 

A continuación suena otro emblema del Heavy: Run To The Hills cuenta la masacre de los indígenas americanos a manos de los colonos bajo pretextos tan alarmantes como el Destino Manifiesto. La canción inicia con un beat de batería muy básico con Bruce entonando sobre un afilado riff armonizado de las guitarras gemelas. Esta primera parte narra desde el punto de vista de los indígenas. Al 0:48 se cambia el riff entrecortado por un galope trepidante que se convertirá en una de las señas de identidad de la banda. Bruce canta con una agresividad desmedida, poniéndose ahora en la piel de los colonos. La canción va subiendo de intensidad con la batería completamente desatada y estalla en ese desesperado  y chicloso Run To the Hiiiiiiiills!!... RUN FOR YOUR LIFES!!! que redefine el concepto de épica en la música. Como casi siempre, después del segundo paso por el estribillo es el momento del solo schred, más veloz y complejo que nunca. Luego hay un interludio con un riff de guitarra ascendente. Dickinson entona un crescendo minimalista espejando el riff que desemboca nuevamente en el estribillo que ya no dejará de repetirse una y otra vez hasta el final. 

De Run To The Hills se puede decir que las líneas instrumentales son un tanto monótonas o que abusa de un gran recurso como es el del galope que es el que da personalidad a la canción, o también se la puede tachar de comercial o de demagógica. Mil argumentos críticos habré leído y escuchado sobre ella, y algunos tienen bastante razón. Pero lo realmente indiscutible es que pocas canciones generan tanta épica y tanta emotividad colectiva como ésta. 

 

Luego llega Gangland que es, de lejos, el tema más irrelevante del disco. Es la única canción compuesta por Burr quién poco tiempo después abandonaría la banda incapaz de seguir el ritmo que el nuevo status quo de la banda imponía en sus vidas. La rola inicia extraña con una batería trepidante pero con un riff de guitarra que va echando el freno con notas arrastradas a destiempo. Luego la guitarra cambia su riff disonante por un rasgueo más básico sobre power chords y la cancion se dispara en velocidad y potencia pero sin rumbo. Dickinson intenta disimular la falta de melodía con sobreactuación pero el insípido y machacón estribillo termina de arruinar este relleno tan descarado. Una pena porque entre los descartes estaba Total Eclipse -que se incluirá en reediciones posteriores- que, sin ser tampoco un tema excelente, hubiese cumplido su cometido con más honor. Un error que la propia banda reconoce abiertamente. 

 

Pero un disco como éste no podía bajar el telón con un sabor de boca tan amargo. Para poner el broche de oro definitivo que levantará la placa hasta la categoría de legendario llega la majestuosa Hallowed Be Thy Name que ya aquí mismo adelanto que es mi canción favorita de todo el extenso catálogo de Maiden. Comienza con la batería y el bajo imitando el sonido y la cadencia de una campana sonando a funeral. La guitarra eléctrica repite una y otra vez un lick con aires folk mientras Bruce Dickinson canta abatido y cansado, personificando a ese preso que reflexiona en la celda, apenas unas horas antes de ser ahorcado.

I'm waiting in my cold cell when the bell begins to chime 

Reflecting on my past life and it doesn't have much time 

'Cos at 5 o'clock they take me to the gallows pole

The sands of time for me are running low

Contradicitoriamente, mientras Bruce alarga y repite ese “running low” la canción empieza a acelerarse hasta estallar en ese increíble riff en vaivén que hace las funciones de estribillo a los largo de toda la rola. Dickinson interrumpe el riff para cantar con mucha ira, al principio con melodía entrecortada y luego ya más continuada, clamando por su inocencia mientras es conducido al cadalso. Las protestas y el desconcierto del reo se va intercalando con el riff principal hasta que al 4:05 la rola se detiene y queda suspendida de cuatro notas agudas de guitarra que van repitiéndose en círculo con el resto de la banda indecisa entre rematar la canción o reactivarla. Finalmente la canción vuelve a reventar entonando una larguísima coda de casi tres minutos de épica instrumental con riffs potentes y solos vertiginosos culminados con ese definitivo y ralentizado epitafio final: Hallowed be thy name! 

De ella solo diré una cosa: todo aficionado al Rock debería escucharla en directo al menos una vez en su vida. Estremecedora. Impagable. 

 

Y tras este increíble desenlace se cierra uno de los discos claves en la historia del Heavy Metal que influirá en muchos músicos, incluso de estilos muy alejados. En una megaencuesta reciente (2012) de HMV sobre el mejor album británico de los últimos 60 años The Number Of The Beast quedó en primera posición, por delante todos los títulos de los Beatles, los Rolling, LedZep, Pink Floyd, Radiohead, etc. Evidentemente, esto muy discutible pero resulta evidente que este disco causó un gran impacto en mucha gente que 30 años después de su publicación lo sigue teniendo como su gran referente. 

 

Up the Irons!! Santificado sea su nombre. 

 

por marlaior

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