THE GREAT ESCAPE (Blur, 1995)

Artista: Blur (C)
Fecha de Grabación: Ene – May ‘95
Fecha de Lanzamiento: 11 de Septiembre de 1995, UK
Discográfica: Food / Virgin
Productor: Stephen Street
Calificación: 9

                       

Era: Brit Rock (1991-???)

Subgénero: Brit Rock (1991-1998) 

Mejor Canción:  The Universal, Country House o Best Days. Escoja.

Canciones: 1) Stereotypes; 2) Country House; 3) Best Days; 4) Charmless Man; 5) Fade Away; 6) Top Man; 7) The Universal; 8) Mr Robinson's Quango; 9) He Thought Of Cars; 10) It Could Be You; 11) Ernold Same; 12) Globe Alone; 13) Dan Abnormal; 14) Entertain Me; 15) Yuko & Hiro.

 

Otro gran, enorme, tremendo disco de Blur. Con su cuarta entrega, Blur llega a la cúspide de su fama y completa su trilogía de “discos británicos”, para después dar un giro radical. No es que este disco sea igual a su predecesor, sino una especie de evolución en cuanto al sonido, con más cuidado en la orquestación y vestimentas, acercándose a la tercera etapa de los Kinks, posterior al ‘71. En Inglaterra, Blur se había convertido en un enorme trancazo con el Parklife, y con el declive del Grunge al otro lado del océano, y la guerra mediática y de declaraciones con Oasis, el Brit Pop se había convertido en 1995 en una verdadera avalancha en el reino Unido, que pronto cruzaría el Atlántico con este disco, junto con el (What’s The Story) Morning Glory de sus némesis, y el Different Class de Pulp, aunque Jarvis Cocker y compañía nunca lograron la internacionalización de los anteriores.  De forma que el Great Escape era uno de los discos más esperados en las Islas británicas en 1995.


The Great Escape fue, pues, un lanzamiento masivo, lleno de buenas canciones, que llegó en el momento exacto y que vino a coronar un gran año para el Rock Inglés.


Lo notable de Blur (a diferencia de Oasis), es que jamás se estancaron en un sonido. A pesar de que sigue la línea de los dos discos previos, se puede notar uno a uno una ligera evolución. Aunque prefiero el Parklife, es increíble cómo se las ingeniaron para colocar otro disco en el mismo tenor, con canciones conmovedoras, y han perfeccionado ese estilo propio en baladas como “The Universal” y “Best Days”. Damon realmente se abre el alma en algunas de estas canciones, alcanzando un gran nivel emocional, logrando maestría en esas inflexiones y entonaciones que se convierten en ganchos maravillosos en cada tema. En el plano lírico hay una ligera evolución, casi imperceptible. La crítica social que hace Albarn ya no parece ser exclusiva a las carencias de las clases bajas inglesas, sino a los problemas de las clases medias no sólo de la isla, sino que muchos son cantos universales. La última canción, en particular, se refiere a los problemas de la clase obrera japonesa, casi como una caricatura manga, pero con un filo lírico inusual, con letras durísimas. En el aspecto musical también hay cambios, apenas perceptibles. El grupo se preocupa más que en los dos discos previos por la musicalización, las texturas, la orquestación, la experimentación con instrumentos exóticos y sonidos raros. Encuentra un balance impresionante entre esta experimentación, que quizá no resulte prog ni mucho menos, pero permite que los temas sigan siendo absolutamente digeribles y comerciales. Ello les trajo aclamación tanto de la crítica como de los fans, caso contrario de su siguiente disco epónimo donde hubo canciones más comerciales pero la crítica los atacó por lo mismo; o del 13, donde la crítica los aclamó, pero el público no lo supo digerir.
La cuestión es que, a pesar de que me gusta bastante y tiene por momentos el aire más majestuoso de esta “trilogía británica”, no tiene la misma frescura ni originalidad que el Parklife. Falta una chispa de espontaneidad, y Graham Coxon está un poco perdido, ehm… o “Borroso”, jajajaja. No es que no tenga buenos momentos, pero esta vez sus riffs y arreglos no parecen  contribuir demasiado ni cambiar la dirección de las canciones, y pierde su usual protagonismo. Parecen más preocupados por las orquestaciones y atmósferas que por la usual genialidad de guitarra, y en este aspecto, el  Great Escape pierde un poco, sin que resulte alarmante. De hecho, la instrumentación y los ganchos vocales de Damon, que está a su tope, hacen que no se note demasiado esa especie de distracción de Graham, pero para lo que pudiéramos esperar de la genialidad que en conjunto alcanza este par, es un leve retroceso.

Por otro lado, sólo pasaron unos 15 meses entre este disco y su predecesor, el Parklife, lo cual, bien visto, es un tanto apresurado. A simple oída, está bien manufacturado, incluso bien producido, con apenas ligeras exageraciones en la instrumentación, pero nada que ver con los excesos de Oasis, sino más bien buscando un estilo más tendiente al de los Kinks en su etapa de madurez. La cuestión es que recién en Agosto se había dado el primer choque frontal con los Gallagher, auspiciado por la prensa y los fans. El mismo día, el 14 de Agosto, se dio la llamada “Guerra del Brit Pop” cuando Blur lanzó su sencillo “Country House” como punta de lanza de este disco, mientras Oasis lanzó simultáneamente el single “Roll With It”. Blur ganó la batalla vendiendo 274,000 copias, mientras Oasis sólo alcanzó 216,000. Los Gallagher jamás se lo perdonarían a Damon y Graham y desde entonces se desataría una rivalidad brutal, con lindísimas declaraciones de una trinchera a otra.
Quiero suponer que como Oasis estaba por lanzar su segundo disco, El (What’s The Story) Morning Glory (lanzado el 2 de Octubre), Damon, Graham, Alex y Dave no quisieron perder ventaja y apresuraron un poco el lanzamiento del The Great Escape. Quizá con más tiempo Coxon hubiera podido trabajar más las guitarras. La cuestión es que, el What’s The Story terminó vendiendo más copias que este disco de Blur, y los Gallagher alardearían diciendo que perdieron la batalla (de sencillos) pero ganaron la guerra (de discos). Yo creo que a la larga, Blur terminó ganando con mucho la Guerra, ya que el Great Escape no es el mejor disco de Blur, y en cambio en Morning Glory sí es el mejor disco de Oasis. Ya con el paso del tiempo, la historia le daría la razón a Blur, colocándolos como una de las bandas de culto de los 90’s con una discografía mucho más sólida, a tal grado que su regreso fue obligado, mientras los Gallagher lanzaron un puñado de discos mediocres y se fueron perdiendo en los dosmiles hasta su previsible fractura.
Con todo y es un disco excelente, cuidando hasta el irónico título. No es un álbum conceptual tal cual, pero las canciones giran en torno a la vida suburbana inglesa (y aplicable a nivel global, esta vez), por lo que hace una especie de referencia a que la vida en clase media es a prueba de escape. Líricamente es brillante. Ya lo dije, Damon se lleva por completo este disco, no sólo vocalmente, sino en las letras también está a tope, ya que Graham no sé si andaba muy ocupado con los demás instrumentos (sax, trompetas, banjos, teclados…), pero descuida un poco la guitarra. La cuestión es que Graham hace en 15 rolas, un compendio universal de personajes disfuncionales bajo una máscara de normalidad y respetabilidad. Personas que entran a un círculo vicioso de empleos frustrantes para pagarse lujos innecesarios, o que cubren con actos comunes sus personalidades perversas y retorcidas. Por momentos suena más Ray Davies que el mismo Ray, lleno de esa ironía tan británica…


El disco inicia con “Stereotypes”, con un riff en base a un doble power-chord, muy efectivo, aunque Graham queda un tanto opacado por ese sintetizador chirriante, medio electrónico, medio ochentero, y luego por la excelente línea elástica del bajo de Alex James, que sirve de base para llevar toda la canción. La rola es divertida y muy rítmica, recordando un poco al Blur del Leisure, muy energético y con el estilo medio atropellado de cantar de Damon. La línea vocal es perfecta, muy melódica, con unos sube-y-bajas muy precisos, y haciendo un cambio en la entonación entre los versos nones y pares, cantando los últimos en un tono más bajo, como si fuera más confidencial. Luego los largos “Yeeeeeeeeeeeeees” que preceden al brillante y pegajoso coro, en el que tiene que hacer un raro fraseo para que las líneas quepan en la métrica, menos cortante que en los versos. La letra es exquisita, y empieza desde ya su crítica clasemediera. En esta canción habla sobre el intercambio de esposas como solución a todas las parejas aburridas de fines del siglo XX. Sólo Albarn podía meter en una canción así versos como “There must be more to life, All your life you are dreaming and then you stop dreaming…” y cuando parece que se nos está poniendo filosófico, remata con “Wife swapping is the future, you know that it would suit you”. La canción es divertidísima en todos los sentidos, y de las pocas en las que al menos la guitarra tiene un papel fuerte, aunque no protagónico. Los coros en cascada al final de cada estribillo son perfectos, ganchos vocales a diestra y siniestra, y si acaso los teclados por momentos me parecen demasiado estridentes. Incluso tienen su solo al 1:55 con un efecto rarísimo, para después reiniciar la canción. Gran arranque. Es una canción muy rara, pero rara en buen sentido, y muy cargada de energía.

Sigue “Country House”, que no es sólo de los puntos fuertes del disco o de Blur, sino de los 90’s. No por nada fue el lead single del disco, y le pateó durísimo el trasero a “Roll With It” en la llamada Guerra del Brit Pop. Empecemos por la musicalización que es una chulada, con un medio tiempo juguetón y bailable, lejanamente parecido en el mood a “Girls & Boys” pero sin los toques electrónicos y setenteros. Inicia con una escala descendente de guitarra y luego entra en un círculo en el que se combinan los guitarrazos con el bajeo y un sax que va acompañando las líneas graves. Una batería muy rítmica y están las bases para un fondo saltarín y entretenido, pero que permite que los reflectores se los lleve Albarn con la excelsa melodía vocal, en la que juega con los cambios de ritmo y la métrica, en un estilo más Kinkyoso (en todos los sentidos) que el mismo Ray Davis. Los coros en el estribillo también son de primer nivel, entre Kinkescos y Beatlescos, para crear un estallido sónico delicioso “Uhh lala, uhhh la la… In The Country!” haciendo una dinámica simplemente adictiva. Para el segundo estribillo, hacia el final crean tensión repitiendo “In The Country (turuú) In The Country!! (turuú!) IN THE COUNTRY!!!” en un espectacular crescendo que estalla con un requinto de Coxon cerca del minuto 2, simple y limpio, algo quebradizo. Tras el mismo quedan los coros y sintetizadores sosteniendo la rola y volvemos a reventar con el pirotécnico coro. La coda es casi circense, con una gran sección de vientos haciendo una figura circular hasta que el tema se difumina rondando el minuto 4. Un construcción simplemente magistral. La letra es otra cosa. Damon aceptaría que la compuso pensando en su anterior manager, David Balfe, quien dejó Food Records para comprarse una casa de campo. Era una burla hacia él, pero le terminó saliendo un canto universal, que no le pide nada a Davis o a Dylan, con una crítica aguda a la clase media que se endroga hasta las cachas por vivir en la casa suburbana de sus sueños. Toda la letra es enorme, con una gran carga de cinismo, y bien vista no aplica sólo a Balfe, ni a la clase media inglesa, sino la clase media mundial, y aún hoy día es un buen reflejo del estilo de vida: “I'm caught in a rat race terminally,  I'm a professional cynic but my heart's not in it, I'm paying the price of living life at the limit”. En la segunda estrofa viene el verso “He's got morning glory, life's a different story”. El disco fue lanzado meses antes que el Morning Glory de Oasis, por lo que nadie sabe si fue primero el huevo o la gallina y quién se burla de quién, o si Blur se refería a la canción del mismo nombre de Jamiroquai, lanzada en el ’94. Como sea, es una canción superlativa, con una atmósfera alegre y desenfadada, pero un fondo lleno de cinismo y crítica social.

Luego llega “Best Days”, confirmando el arranque gigantesco del disco. Esta es una desoladora balada, bastante subestimada a mi gusto, y que también entra entre las mejores rolas de Blur. Una guitarra acústica arpegiando tristemente, mientras Dave lleva una lejana cadencia, con un efecto industrial y etéreo en la batería. Damon entra con un vaivén tristísimo, con una interpretación emocional y por momentos al borde del llanto. Al :45 entra una delicadísima sección de cuerdas, que no estoy seguro si son sintetizadas o no, y van ayudando a crear esa sensación de vacío y tristeza absoluta. El coro es ligeramente más movido, con deliciosos juegos armónicos, y con Damon haciendo una pegajosa melodía y nuevamente haciendo malabares para encajar la métrica sin que se sienta demasiado forzado. Tras los estribillos una guitarra descendiente, agridulce, que recorre todo el brazo hasta que nos deposita suavemente en los albores de un nuevo verso. Tras el segundo estribillo y antes de que esta escala termine, entra un piano muy cute haciendo un arreglo vagamente similar a “In My Life” (con toda la intención, supongo) para después despegarse y regresar al coro. La canción es más Beatlesca de lo Oasis que nunca soñó siquiera. Tiene la nostalgia de “In My Life”, pero me recuerda más en atmósfera y en la desolación agridulce que deja a “For No One” con su ambiente letárgico y de ensueño; Ambas me dejan ese hueco en el estómago y la sensación de haber escuchado algo hermoso, pero a la vez tristísimo. La letra es un poema, aunque situado en lugares específicos de Londres, se vuelve universal. Habla sobre un hombre que trabaja de noche, sin demasiadas esperanzas, apenas ve a su esposa unos minutos al día y élla lo termina dejando y él se muda a un hotel. Líneas como “Out into leafy nowhere hope someone's waiting out there for them, Cabbie has his mind on a fare to the sun, He works nights but it's not much fun” denotan que Damon es uno de los escritores más brillantes de los 90’s, sin duda. Y los coros son aplastantes: “Other people wouldn't like to hear you, If you said that these are the best days of their lives”. Es cierto. Vivimos con una eterna desesperanza. No creemos que el presente pueda ser bueno. Nos la pasamos recordando las cosas buenas del pasado (sin recordar que también nos quejábamos entonces) o con la esperanza puesta en un futuro más brillante. La filosofía oculta en este tema es simplemente conmovedora, y a veces (igual que For No One), me deja con un enorme nudo en la garganta.

Continuamos con “Charmless Man” que desde el título tiene tintes Kinkiosos.Dejando de lado la cadencia de “Best Days”, la banda vuelve a cargarse de energía, con una Intro de guitarra irreverente, con la distorsión y los agudos chisporroteando mientras Alex James hace un bajeo punteado y profundo. Dave Rountree también tiene un papel destacado, generando la potencia y explosiones, y marcando los difíciles cambios de ritmo de la canción. Los fills que hace son realmente destacables. La melodía es también enorme, con Damon haciendo un derroche de ganchos y esta vez explotando el falsetto como un curioso recurso. Pero lo que se lleva la canción son los Nanananá’s que aparecen a lo largo de los 3:30 de la rola. Starostin bien dice que Ray Davis debió orinarse en los pantalones de envidia al oír este tema. Bien pudo ser un Doble Lado A con “Well Respected Man”. Habla sobre un tipo promedio que presume muchas cosas y privilegios pero no tiene ningún carisma, y sólo está faroleando, y de pronto no hayas cómo quitártelo de encima. Me suena, me suena… jajaja. El título también tiene algo de tributo a “This Charming Man” de los Smiths, aunque no guardan mayor parecido. La canción es buena, como una fiesta de notas, una oda al sarcasmo, y fue el cuarto sencillo del disco y otra de las rolas sobresalientes del año. A mi me gusta, y reconozco su valor, pero no la metería en mi top ten de Blur. Aún así, también creo que es de las fuertes del disco.

Sigue “Fade Away” con la que se rompe esa sensación de un comienzo épico y espectacular del álbum. No es mala, pero sí es un bajón respecto al nivel de las 4 previas. Tiene una atmósfera algo bizarra con los teclados y los vientos haciendo esa figura elástica y de subeybajas, al que además se le agrega el sintetizador con efecto “toioioioing”. Damon canta esta vez un tanto desganado, en tonos bajos, y en los estribillos usa de nuevo falsettos, pero no con la misma magia del track anterior. Al 2:30 hay un solo de piano corto, y las guitarras apenas y se notan, haciendo un contrapunto con el bajo. La letra habla sobre una pareja que están hechos el uno para el otro, pero al casarse se anulan mutuamente y se vuelve una soporífera rutina. “All you ever do is fade away”, dice el agudo estribillo. El efecto mareador del sintetizador y vientos opaca casi todo, y hay algo que me deja con una sensación de vértigo. Es de las promedio que me parecen tirando a débiles, pero le doy el beneficio de la duda.

“Top Man” continúa con ese aire bizarro, pero con mejor resultado. La rola es más divertida, desde el curioso efecto del teclado (de viento?), casi como un silbido, y de fondo un constante “Ohm, Ohm” como mantra, que le da un aire muy curioso. Damon también hace una melodía más juguetona y que engancha desde el primer segundo. Usa toda la ironía posible para retratar al tipo consumista que se deja llevar por las tendencias para sentirse en la cima, usando marcas para darse status y sentirse alguien: “He's never cheap or cheerful, He's hugo and he's boss”. No es genial? No es increíblemente vigente? Coxon hace un guitarreo acústico simple, y hasta el final empieza a meter efectos alucinógenos de eléctrica, en una coda creciente en voces y artilugios. Una canción buena entre las promedio.

Regresamos con Blur a tope con “The Universal”. Mientras Oasis parecían devanarse los sesos para crear himnos universales lennonianos que nunca dejaron de sonar forzados, Blur lo hacía de la manera más natural y genial del mundo. “The Universal” es otra joya de nuestro tiempo (bueno, de los que estuvimos ahí), una balada con tintes  de vals, y aires barrocos, y una belleza sublime y majestuosa. La orquestación es meticulosa, empezando tímidamente con una sección de cuerdas danzando mientras Damon y compañía arman los cadentes versos. Albarn realmente canta como si fuera el himno definitivo, pero sin soberbia. Hay algo mágico en su voz, cantando seguro, emocional, algo paranoico, y luego glorioso en los coros, en los que hacen un estallido sinfónico épico, que me sigue pareciendo uno de los momentos más conmovedores del Rock. La letra también es enorme, y habla sobre la pérdida de individualidad en ésta Era Global: “No one here is alone, satellites in every home, Yes the universal's here, here for everyone”. Escalofriante considerando que fue escrita en el ’95! Con esta rola hicieron un doble homenaje a Kubrick, con la referencia a 2001 Odisea Espacial en la portada del sencillo, y en el tributo a la Naranja mecánica en el video, en el que la banda sale vestida como los Droogs y Damon maquillado como Alex DeLarge. “The Universal es quizá su mejor balada después de “To The End”, sólo que ésta tuvo mucho mayor difusión, y aún hoy en día se usa en campañas y comerciales. Pero sin duda fue un trancazo épico de los 90’s. Si me preguntaran por un himno de esa Era, descartaría “Smells Like Teen Spirit” por la violencia musical y la estupidez lírica. “Paranoid Android” podría competir, pero no tiene un estribillo en particular que sirva como un gancho tan efectivo. Como himnos tal cual tendría que elegir entre “The Universal” y “Bitter Sweet Symphony”. Como sea, una verdadera belleza de canción, que por sí misma le merece un lugar en la historia del Rock a Blur.

Aquí acaban los singles del disco, y de las rolas que quedan ya ninguna parece alcanzar niveles tan altos, por lo que parece un poco mal balanceado después de tan fuerte arranque, dando la impresión de que echaron toda la carne al asador demasiado ponto. La segunda mitad inicia con “Mr Robinson's Quango”. La canción inicia bien, como cualquier canción rítmica y desenfadada del disco. Pero luego empiezan a meter experimentación jazzy con los metales y la rola se vuelve endiabladamente compleja, con secciones inconexas, muy bizarras y sin dirección. Un jam absurdo y caótico, lleno de efectos estroboscópicos que jamás me han fascinado. Entiendo el intento de experimentación, pero este es del tipo de rolas “raras” de Blur que no me gustan.

“He Though Of Cars” es un ejemplo opuesto de esa experimentación extraña. Tiene un aire futurista y colosal, y otra de las pocas donde Coxon brilla con un guitarreo seco al fondo y latigazos tremolados de vez en cuando. Una atmósfera de ensueño líquido, adelantada al menos un par de años. La atmósfera es algo claustrofóbica, pero este corte siempre me pareció una especie de ensayo para lo que perfeccionarían en el 13, con atmósferas densas y magnánimas. No es de los puntos fuertes del disco, y le faltan algunas variantes, pero es buena canción.

Con “It Could Be You” regresamos al Blur descarado y más juguetón. Coxon hace una labor aceptable de guitarra, aunque ciertamente el riff tiene algún lejano parecido a “Hold You Head Up”. Bueno el parecido acaba en cuanto Damon empieza a cantar, jugueteando con el ritmo y las palabras “Ch-ch-Churchill” empieza. No es maravilloso como inserta estos ganchos con la mayor facilidad del planeta. El estribillo me parece algo débil, pero la canción funciona por esas genialidades, los coros al fondo de los estribillos, o el “Oh-oh-OHHH” al final de los mismo o los Dudu-durudu’s” inmediatamente después. La letra habla sobre las expectativas de felicidad, siempre basadas en factores externos, en este caso ganar la lotería: “All we want is to be happy in our homes like happy families, Be the man on the beach with the world at his feet, Yes, it could be you”.

“Ernold Same” es otro track extraño y bizarro, con música de carrusel de feria, y Ken Livingstone recitando las líneas al principio (tratan de hacer un Parklife II? Lo dudo), hasta que después entra Albarn cantando demasiado teatralmente. Muchos lalala´s y vaivenes de la instrumentación. Realmente parece que estás subido en un carrusel y llega a marear. Habla sobre las rutinas a las que es imposible escapar. Me parece una canción absolutamente innecesaria. Creo que tiene la misma intención que “Fitter Happier” en el OK, pero aquí no alcanza a resultar, ni va ligada a un tema realmente grande.

 Con “Glove Alone” hacen un tema demasiado Punk, con un riff básico y un Albarn muy descontrolado. La canción suena estridente y caótica, con los teclados esquizofrénicos contrastando con la crudeza de las guitarras. Me parece débil. Pero la letra es muy divertida, sobre un tipo que compra todo lo que ve en los infomerciales, incluso un guante sin par.

“Dan Abnormal” mejora un poco, sin dejar esos tintes bizarros. Es más melódica, pero demasiados “lalalás”, que distraen de la buena melodía vocal de Damon. El título de hecho es un anagrama de Damon Albarn. Y la letra es sobre un tipo sin personalidad que se la pasa viendo tele hasta la madrugada, cambiando de opinión y de gustos dependiendo de lo que ve. También me suena!

Afortunadamente sigue “Entertain Me”, con un aire industrial y futurista, y una atmósfera totalmente amenazante y escalofriante. Las guitarras y sintetizadores suenan oxidados, como planchas de una fundidora, y es otro de los pocos momentos brillantes de Coxon. Rowntree lleva un ritmo casi disco en contraste, recordando al de “Girls & Boys”. El bajeo de Alex es sobresaliente, con una línea elástica un poco oculta, pero de gran nivel para los pocos cambios de tono. Y Damon canta con un efecto lejano y carente de emociones, casi recitando los versos más que cantando, como resaltando ese aburrimiento del que habla. Los estribillos son simplemente el título de la rola repetidos, pero con una cadencia maravillosa que parecen como una explosión sónica a comparación de los versos.  Al 2:40 viene un solo de guitarra, sencillo, pero muy de la mano con la atmósfera sombría y claustrofóbica de la canción. Luego queda Damon cantando de manera cortada “A car, a house both in Street, The boredom of the sober week…” y después se sobreponen los efectos, el estribillo, la línea de bajo y hasta una repetición del solo, entretejiendo todo de manera maravillosa para un cierre espídico y climático. La letra es sobre la generación alienada por la tele que espera que todo sea una fiesta eterna. La vida real es muy distinta, y cuando viene el aburrimiento, uno exige cualquier cosa para divertirse. Una joya muy menospreciada a mi gusto, y que viene a ser oxígeno puro hacia el final del álbum.

Cerramos con “Yuko & Hiro”, que es una caricatura manga hecha canción. Es minimalista, pero a la vez con efectos complejos y extravagantes. Un piano con eco y la guitarra con una especie de wah que alarga y hace las notas retorcerse de manera inusual (banjo con wha?). Todo tiene un aire japonés sin necesidad de entender las letras. La melodía es tierna y Damon de nuevo suena conmovedor a pesar de cantar en un tono muy bajo. La letra es sobre trabajadores japoneses cuya vida es absorbida por la fábrica en que trabajan, y a pesar de que se aman, se ven únicamente los domingos. El estribillo es casi cruel: “I never see you, We're never together, I'll love you forever”. La segunda estrofa es aún más dura: I drink in the evening, It helps with relaxing, I can't sleep without drinking, we drink together”. Desgraciadamente no es solo un caso aislado en Japón, sino una tendencia universal. Una viñeta manga hecha música, pero que demuestra que Blur se va volviendo mucho más universal en sus canciones. Más de lo que imaginan ellos mismos, en mi opinión. La canción termina como al 3:30 con el triste teclado difuminándose, pero el track continúa y viene una especie de reprise instrumental de “Ernold Same” al 4:20 y hasta el 5:20, que ya no era necesario.

En fin, este es un gran álbum. Enorme. Quizá demasiado. Ése es su problema. Blur pudo haber hecho el álbum más grande de los 90’s, pero se excede un poco en algunos cortes, y si es algo que no le perdono a Oasis, tampoco se lo voy a perdonar a Blur. Entiendo a los que consideran a este disco el mejor del grupo. Trae varias de sus rolas más magnificentes, y Damon como letrista jamás superará éste nivel de acidez y crítica. Los temas en rojo son todas canciones gigantescas e impecables y una incluso la considero candidata a Himno definitivo de los 90’s. Peeeeeeeeeeero, también tiene algún relleno. No es asquerosamente feo, es soportable, pero no deja de ser relleno. Pudieron dejar un disco sublime dejando 11 o 12 canciones y  unos 40 minutos en lugar de rayar la hora. Otra falla que detecto es la ausencia de Coxon con riffs verdaderamente históricos, como en la mayoría de los demás discos. Aquí parece concentrarse en la experimentación con otros instrumentos, y aunque sí hay presencia de guitarras, no lucen tan determinantes. Y finalmente la distribución de las canciones. El disco tiene una primera parte monumental, colocando todos los singles entre las primeras 7 rolas, y del resto, sólo “Entertain Me” sobresale, por lo que se rompe el balance del disco. Con todo y eso, no deja de ser un álbum que marcó época, la etapa más brillante del Brit Pop, y una lírica tan acertada que sigue dando en el blanco después de tanto tiempo. No deja de sonar fresco, y a la vez con ciertos aires sesenteros. Británico, y a la vez universal. Experimental y digerible. Una verdadera joya.
 

 

Por Corvan   

 

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