THE MAN WHO SOLD THE WORLD (David Bowie, 1970)

Artista: David Bowie (B)  

Fecha de Grabación: Abril –Mayo 1970  

Fecha de Lanzamiento: 4 Noviembre de 1970, USA  

Discográfica: Mercury  

Productor: Tony Visconti  

Calificación: 9

                         

Era: La Gran Transición (1970-1980+)  

Subgénero: Glam Rock  

Mejor Canción: The Width Of A Circle y The Man Who Sold The World  

Canciones: 1) The Width Of A Circle; 2) All The Madmen; 3) Black Country Rock; 4) After All; 5) Running Gun Blues; 6) Saviour Machines; 7) You Shook Me Cold; 8) The Man Who Sold he World; 9) The Supermen.

 

1970 resulta un año determinante en la vida y en la obra de Bowie. En ese año muere su padre e internan a su hermanastro Terry Burns en un hospital psiquiátrico. También en este mismo año se casa con Angelina Barnett, la misma Angelina Barnett a la que Jagger hará pasar a la historia como “Angie” y con quien lleva saliendo desde hace un año, desde poco después de su ruptura con la elegante y delicada Hermione Faethingale. El de David y Angie es un “matrimonio abierto”, escandalosamente abierto, y causará un gran impacto sobre su obra. De ellos dos se dice que comparten sus numerosas conquistas sexuales, se habla del nivel de depravación que alcanzan sus orgías y las leyendas que surgirán serán infinitas.

En lo artístico, igual que en su vida, Bowie sigue buscando una identidad propia. El extravagante vodevil del debut había sido un rotundo fracaso del que reniegan hasta los más acérrimos seguidores del ambiguo alienígena. El sobreactuado hipismo de Space Oddity tampoco funcionó más allá del Major Tom y del extraordinario mantra que coreaba aquello de the sun machine is coming down... pero su éxito comercial hace pensar que en su siguiente trabajo repetirá la fórmula. Sin embargo, ese tópico del camaleón que siempre le acompaña no solo hace referencia a su aspecto si no también a su música. Cada disco de Bowie no solo implica un cambio de apariencia y de personalidad si no también un estilo musical diferente, a veces incluso opuesto. Y The Man Who Sold The World no será una excepción.

Preparando su nuevo giro artístico, Bowie monta una banda a su alrededor a la que bautiza como The Hype formada por el batería John Cambridge, el productor Tony Visconti que empuña el bajo y un tipo llamado Mick Ronson que habrá de aportar el carácter que hasta este momento le faltaba al sonido del Duque. Ronson rockea de verdad, con un sonido que apesta a ácido y que une la potencia y la técnica de Led Zeppelin y Deep Purple con unos niveles de distorsión que algunos años más tarde le convertirán en una de las referencias musicales para el Punk. En febrero The Hype debutan con una actuación en la BBC Radio y aparecen en el escenario caracterizados como superhéroes freaks. Pero lo único que Rainbowman, Gansterman, Hypeman y Pirateman consiguen es arrancar un buen puñado de burlas y deciden deshacer el proyecto y volver a figurar con el nombre de David Bowie como artista en solitario.

Pero pese al fracaso Bowie no desecha la idea de desdoblarse en un personaje que cargue con los elogios y las culpas y complete su espectáculo. Así que decide sacar rendimiento a lo aprendido en su etapa junto a Lindsay Kemp y comienza a implantar elementos del Kabuki y del Onnagata en sus espectáculos. Y así surge una idea tosca y primitiva que en un par de años evolucionará hasta llegar a Ziggy Stardust.   

Ya en proceso de grabación del nuevo disco, Bowie echa a Cambridge tras varias discusiones sobre el estilo de batería que necesita y ficha a Mick Woodmansey, acercándose un poco más a la formación definitiva de The Spiders From Mars. También despide a Kenneth Pitt, su mánager desde el '67 y en su lugar contrata a Tony Defries, un auténtico buitre del mundillo.
Por fin, a finales de año se publica The Man Who Sold The World, su tercer disco, el más rockero de toda su discografía, con esa célebre portada en la que aparece vestido de mujer (“es un vestido de hombre”, dirá él). Su extravagancia y su ambigüedad sexual complementará la transición que Marc Bolan experimentará al frente de los T-Rex fijando entre ambos los cimientos del Glam

 

The Man Who Sold The World abre con una de las grandes joyas de Bowie: The Width Of A Circle que inicia con el zumbido de Ronson sosteniendo una nota con feedback y que da paso a un sencillo e hipnótico riff. La guitarra acústica de Bowie entra a los 15 segundos espejando el punteo junto con una discreta batería. El bajo de Visconti no entra hasta el 0:25 y ya con la formación al completo la canción sube de intensidad hasta reventar al 0:48 con un groove tremendo que prepara la entrada vocal de un Bowie que trata de hacer un balance personal y que ya suena tan afilado, tan incómodo y rasposo y tan desgarrador como sonará Ziggy Stardust 
 

In the corner of the morning in the past 

I would sit and blame the master first and last 

All the roads were straight and narrow 

And the prayers were small and yellow 

And the rumour spread that I was aging fast  
 

Líneas como ese And I looked and frowned and the monster was me señalan a Friedrich Nietzsche como la gran referencia.  Al 2:10 Ronson se saca de la manga un solo guarro y visceral, claramente improvisado, muy del estilo del que lo encumbrará en Moonage Daydream. Luego David retoma su melodía y sigue cantando acerca de encuentros y conversaciones con su otro yo, de evolución personal, de pactos con el demonio para regresar a la cima, reinventando conceptos de Nietzsche y de la filosofía zen, adaptándolos a su peculiar estilo   
 

Oh I said "So long" and I waved "Bye-bye"   

And I smashed my soul and traded my mind   

Got laid by a young bordello   

Who was vaguely half asleep 

For which my reputation swept back home in drag 

En torno al 3:30 bajo y guitarra trazar un puente que nos devuelve al riff inicial que se repite hasta que al 4:20 la guitarra acústica se queda sola rasgueando esperando que el resto de la banda regrese a escena. La guitarra eléctrica y el bajo vuelven para un largo puente que nos lleva a un pasaje en el que Bowie entona entre lo épico y lo onírico unos descendentes Oooooh! O-o-oooooooh!  

Ya pasados los 5:30 la melodía cambia por completo. El nuevo fragmento comienza sonando hardrockero gracias al exceso de distorsión de Ronson y a una bassline asesina  

He swallowed his pride and puckered his lips   

And showed me the leather belt round his hips   

My knees were shaking my cheeks aflame   

He said "You'll never go down to the Gods again" 

(Turn around, go back!)  

Ronson acompaña cada estrofa con licks o rasgueos distintos, de tal manera que la canción va tomando cada vez un carácter más R&B con el walking bass de Visconti guardándole las espaldas. A continuación llega el segundo solo, más melódico y blusero que el primero y que desemboca otra vez con Bowie entonando el Oooooh! O-o-oooooooh!, ralentizándose poco a poco mientras la batería pone el punto final con una última referencia a Nietzsche imitando los célebres timbales del Amanecer del Así Habló Zaratustra de Strauss. Compleja y visceral, para mi imprescindible en un Top Ten de Bowie.
 
 

All The Man inicia en modo acústico, con David rasgando un incisivo riff mientras habla de gente a la que internan en hospitales psiquiátricos y cuestionándose si quienes caminan por las calles están más cuerdos que los encerrados.

Day after day   

They send my friends away   

To mansions cold and grey   

To the far side of town   

here the thin men stalk the streets

While the sane stay underground 

Evidentemente, el internamiento de Terry Burns es el detonante de All The Madmen. En torno al minuto la guitarra de Ronson y el bajo de Visconti entran con potencia, dándole a la canción un carácter más oscuro. Por ahí suena de vez en cuanto también un sintetizador Moog reforzando las líneas de Ronson y dando una sensación de depresión aún más profunda. Después del extrañamente pegadizo estribillo ambas guitarras entonan un solo armonizado bastante cool que se alarga hasta el 2:30 en el que la banda se detiene y Bowie recita con flautas (¿y quizás un oboe o un clarinete?)  

Where can the horizon lie   

When a nation hides   

Its organic minds   

In a cellar...dark and grim

They must be very dim 

Junto a Bowie suenan una voces alteradas que recuerdan a aquel horrendo The Laughing Gnome. Really, David? ¿Aún estamos con éstas? Afortunadamente Ronson y Visconti regresan para rescatar la rola y la distorsión y el profundo bajeo (¡ese bajo!) logra flashearnos la memoria aunque las flautas quedan unidas durante unos compases como un recuerdo residual. Bowie canta más intenso mientras una orquesta va metiendo adornos aquí y allá. Los arreglos orquestales siempre son un acierto en este periodo de DB. Luego del estribillo la canción desemboca en esa coda a modo de mantra coral al estilo Memory Of A Free Festival pero con un mensaje en francés mucho más inquietante: Zane, Zane, Zane ouvre le chien 

Será que con la cantidad de escuchas se me ha pegado pero yo no veo el desastre que muchos señalan. Es más, tonterías bizarras de David aparte, la canción llega a ser pegadiza y sus más de 5 minutos no se hacen largos. En cuanto a Terry Burns, él había sido una figura admirable para Bowie en su infancia, acercándolo al R&B, el Jazz, el budismo y la SciFi. Sus días terminaron un día de 1985 en el que decidió apoyar la cabeza sobre una vía y esperar que pasase el tren.
 

 

Black Country Rock supone un alivio a la presión a la que Bowie somete al oyente a lo largo de todo el álbum. Es relleno, cierto, pero tiene su punto. El estribillo funciona y Ronson aprovecha que se le da libertad y está brillante con varios riffs que va intercalando a lo lago de toda la canción. No está entre los puntos altos del disco pero resulta todo lo inofensiva que puede ser una canción de David Bowie.
 
 
Tal vez lo mas curioso de la extrañísima After All sea que, pese a su bizarrísima fusión de elementos ya de por si bizarros, la cosa funciona. De hecho, si no está teñida de rojo posiblemente sea más por una cuestión de prejuicios personales que por el verdadero valor de la rola. Inicia como una triste canción del Lennon más melancólico y delicado pero insertando por medio ese coro caricaturesco Oh...by...jin...go! WTF?! En serio, David, WTF?! ¿Quien canta? ¿The Muppets? Y de pronto uno piensa ¿a qué espera Tarantino para meterla en una de sus bandas sonoras? La canción es re-leeenta y acústica de principio a fin. Escuchamos por ahí una mandolina muy protagonista y un sintetizador Moog haciéndole contrapunto sonando muy grave. La letra es una especie de continuación y desenlace de aquel olvidable y olvidado There's A Happy Land de su debut. Y en sus textos, además de a Nietzsche intuimos a Aleister Crowley. El estribillo resulta melodramático en exceso pero Bowie todavía considera que no ha puesto a prueba nuestra paciencia lo suficiente y mete un pasaje circense insistiendo en fracasos pasados. ¡Oh, David! ¿Por qué nos haces esto? ¿A que viene esta crueldad sádica? La canción termina con Bowie entonando el After Aaaaall! del estribillo aún más dramático (yo intuyo que por dentro se está carcajeando de todos nosotros) con la banda añadiendo unos adornos a modo de película de ciencia ficción. Una joya en su conjunto. Dependiendo del día esta afirmación tiene mucho sarcasmo o ninguno. De esas que crecen con las escuchas. Incomprensible.
 

El lado B del disco abre con Running Gun Blues que es una airada protesta contra la Guerra de Vietnam en general y la Matanza de My Lai en particular cargada de imágenes de gran impacto. 

I count the corpses on my left, I find I'm not so tidy  

So I better get away, better make it today  

I've cut twenty-three down since Friday  

But I can't control it, my face is drawn  

My instinct still emotes it
 
Desgraciadamente lo musical no está altura. Demasiada euforia y teatralidad en vez de lugar de la oscuridad que uno esperaría. Realmente no es mala, quizás insustancial pero no mala. La banda toca a buen nivel y tiene cosas interesantes. Simplemente la encuentro poca apropiada y que tenía un indudable potencial que Bowie no supo explotar.

 

 

Savior Machines inicia con toda la banda entrando desde un fade in. La melodía no está mal pero resulta todo muy sobreactuado. La historia apocalíptica con un ordenador todopoderoso y omnisciente que se cansa de su poder tiene su encanto pero Bowie todavía no acierta con el envoltorio de este tipo de rolas. En torno al 0:45 la teatralidad de David crece en pomposidad y alcanza tonos realmente barrocos con una letra por momentos tan genial como inquietante.  

Please don't believe in me, please disagree with me 

Life is too easy, a plague seems quite feasible now  

or maybe a war, or I may kill you all  

La canción parece perder el rumbo con un par de solos armonizados a dos guitarras y un sintetizador metiendo escalas a modo de adorno aquí y allí. El estribillo es un poco más pegadizo pero no logra levantar la rola.  

Don't let me stay, don't let me stay  

My logic says burn so send me away  

Your minds are too green, I despise all I've seen  

You can't stake your lives on a Saviour Machine  

Demasiado extraña, más propia de una banda sonora de una película de serie B que de un disco de Rock. En lo sucesivo Bowie seguirá incidiendo sobre la temática Sci-Fi con mucho mayor acierto.
 
 
 
 You Shook Me Cold confirma que estamos en un momento bajo del álbum. Suena realmente pesada. Desgradablemente pesada y opresiva. Bowie no tiene melodía y tampoco se encuentra cómodo en estos registros tan extremos. Simplemente no es lo suyo. La banda tampoco le ayuda. Su Jam no tiene ningún gancho al que agarrarse. Busco algún motivo para pintarla en blanco y no encuentro nada rescatable.
 
 
Afortunadamente llega The Man Who Sold The World para rescatar el álbum y subirlo de categoría. Para los no-seguidores de Bowie ésta es la canción con la que suelen acercarse a su música y la razón es el cover que Cobain se marcó en su increíble Unplugged In NY y que quedó con un epílogo genial no solo de su carrera si no también de su truculenta vida. Pero Bowie no necesita a Cobain para reivindicarse: The Man Who Sold The World es un rolón en todos los aspectos. Bowie aparca el Hard Rock y se hace más accesible con algo que sin llegar a Pop si que suena mucho más sencillo y más fácilmente digerible de lo que habitual en él. Inicia con ese riff obsesivo de Ronson de apenas tres notas que prácticamente todo el mundo que ha agarrado una guitarra sabe tocar. David lo acompaña con la acústica. Luego entra toda la banda y parece que la canción se dispara pero por el contrario todo se detiene un instante para que Bowie entre con una voz totalmente deshumanizada.
 

We passed upon the stair, we spoke of was and when 

Although I wasn't there, he said I was his friend 

Which came as some surprise I spoke into his eyes 

I thought you died alone, a long long time ago
 
Parece que la letra se inspira en el poema The Antigonish (I Met A Man Who Wasn't There) de William Hughes Mearns. El bajo suena saltarín y el sintetizador impone solemnidad de fondo y, por si a estas alturas alguno todavía se lo pregunta, el instrumento que marca el ritmo es un güiro, el cual me avergüenzo de reconocer que desconocía antes de descubrir a DB. Ronson y Visconti meten a la par una serie de escalas descendentes (al 0:45 si escuchan bien, la Gibson de Ronson se acopla un poco) y Bowie dibuja sobre ellos ese magestuoso estribillo: 

Oh no, not me  

I never lost control  

You're face to face  

With The Man Who Sold The World
 
Ese recurso de las escalas siempre me ha parecido grandioso y una prueba de que los aciertos de Bowie disculpan sus muchos desatinos. Luego llega el solo a base de slides y notas sostenidas y pese a su sencillez no desmerece al resto de la canción. Y ya al final la canción se va cargando de épica en la larga coda final de casi minuto y medio con el riff en bucle y con Bowie y Ronson cruzando unos A-aaaaaah! un tanto barrocos hasta que la rola desaparece. Sin duda un clasicazo eterno. David se ganó aquí otro pedacito de cielo.
 
 
La responsabilidad de cerrar un álbum clásico como éste recae en otro bizarrismo llamado The Supermen, un escalofrío apocalíptico de casi cuatro minutos que nos vuelve a retrotraer al Zaratustra de Nietschze. Coros inquietantes y percusión aún más espeluznante a base de timbales con el Amanecer de Strauss nuevamente como referencia creando así de repente un extraño puente que une el comienzo del álbum con su desenlace, un sencillo recurso que de repente le aporta al conjunto una sensación de cohesión que parecía no tener. Y para redondearlo, un riff de Ronson que Jimi Page le regaló a Bowie en la prehistoria del Rock&Roll cuando Page era sesionista y David gravó I Pity The Full ¿Cuánta épica cabe en una sola canción? Aunque no alcance para teñirla de rojo, es otra joyita inesperada.
 
 
 
Como en Space Oddity, David Bowie se las ingenia para incluir en el álbum una canción que por si sola casi justifica todo el álbum. Aquí, sin embargo, el nivel del resto del disco está muy por encima de sus trabajos anteriores. Todavía le falta solidez pero los avances de un trabajo a otro son gigantescos. Y aunque parece que Bowie tampoco que encuentra su identidad en el Hard Rock, sin duda es un muy buen disco, quizás incluso sea el más idóneo para quienes pretendan acceder al Delgado Duque Blanco. Cierto, Bowie no renuncia nunca a sus gustos por lo grotesco y lo poco o nada convencional. Así que veces el oyente deberá hacer un ejercicio de indulgencia. Merece la pena.
 
 
 
 
by marlaior

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