THE STONE ROSES (The Stone Roses, 1989)

Artista: The Stone Roses (C) 

Fecha de Grabación: 1989

 Fecha de Lanzamiento: Marzo de 1989

 Discográfica: Jive Records

 Productor: John Leckie

 

Calificación: 10 (MUST HAVE, DISCO ICÓNICO)

 

Era: Madchester

Mejor Canción: Tres himnos para una fugaz generación: I Wanna Be Adored, Made Of Stone y I Am The Resurrection. Al gusto del consumidor.

1) I wanna be adored 2) She bangs the drums 3) Waterfall 4) Don't stop 5) Bye bye badman 6) Elizabeth my dear 7) (Song for my) Sugar spun sister 8) Made of Stone 9) Shoot you down 10) This is the one 11) I am the resurrection

 

Hay discos que para valorarlos en su justa medida, a medida que pasa el tiempo, se hace más indispensable analizar sus circunstancias. Sin embargo, el homónimo de los Stone Roses es un álbum tan especial que para descubrir su verdadero valor musical hemos de hacer el tremendo esfuerzo de separar la música de su contexto y sus repercusiones. Resulta muy complicado hablar de sus canciones y obviar en el análisis el shock y la tremenda influencia que causaron en la escena musical británica de la siguiente década. Y es que, sin duda, el The Stone Roses es un disco legendario, una piedra de Rosetta divinizada hasta extremos que rozan el ridículo, el eslabón perdido que nos sirve para entender el salto evolutivo que nos llevará hasta el BritPop y hasta los mismísimos Radiohead. Pero ¿qué hay de la música? Hay discos en la historia del Rock que son más venerados por lo que supusieron que por su contenido musical.  Me viene a la cabeza, por ejemplo, el caso del Sargent Pepper del que podríamos decir que es el disco emblemático de los Beatles por excelencia, popularmente el más aclamado, cuando la discusión a propósito del mejor álbum del catálogo de los Fabfour estaría entre otros cinco o seis títulos. Y está el The Wall de Pink Floyd, buen disco –sin duda- pero cuya desorbitada fama no se debe exclusivamente a su contenido musical. Y podríamos seguir con una lista interminable y polémica en la que entrarían prácticamente todos los grandes nombres de la música, pero creo que es algo innecesario y que se me entiende la duda que intento plantear sobre el debut de los Stone Roses. Una vez planteada la cuestión, mi opinión es que el The Stone Roses es un muy buen trabajo y que su fama, su originalidad y su frescura son atemporales. Cierto que hay una cierta sobrevaloración y que en medio de los brillantes momentos también encontramos algún que otro pasaje desconcertante. Pero en definitiva, es un disco histórico y disfrutable hasta el entusiasmo. Esa mezcla de melodías y ganchos beatlelianos con beats de lo más bailable en su momento abrieron las puertas (y las mentes) a nuevas e infinitas posibilidades y hoy en día suenan igual de fascinantes que hace 25 años.

 

El álbum abre con I Wanna Be Adored y con su célebre riff de bajo imponiéndose a 40 segundos de cacofonía previa. Squire acompaña con un precioso punteo igual de eterno mientras Reni marca un beat muy pegadizo que progresivamente va ganando cuerpo e intensidad hasta que Brown entra con su melosa voz y su tono más chulesco completando un gran himno para la generación Madchester. Desde el primer momento se hacen patentes las virtudes de la banda y la gran personalidad de sus músicos. También se muestran las carencias: Brown es el eslabón débil y realmente la letra no es gran cosa. La lírica nunca será un punto fuerte (aunque también tendrán sus momentos ingeniosos e inspirados). I don't need to sell my soul. He's already in me. I Wanna Be Adored. Son solo tres únicas estrofas repetidas hasta la saciedad pero no importa. La canción es tremenda y la catarsis en los directos está asegurada.

Aunque habitualmente en el Rock todos los focos apuntan a vocalista y guitarra, en los Stone Roses la sección rítmica tienen un peso y un carisma descomunal. She Bangs The Drums inicia con un gran riff de bajo y  hi-hat de batería a ritmo trepidante creando la base del tema más bailable y comercial del álbum. Squire irrumpe intercalando guitarrazos con incisivos punteos, aportando el carácter necesario a la rola y reclamando miradas y oídos. Es imprescindible escuchar las versiones en directo en las que Reni, el tipo que puso de moda el bucket hat (y que es quien hace los coros en el pegadizo estribillo afinando mejor que el propio Brown), siempre suena más desatado y se apodera por completo de la canción. Acá suena más monocorde y encorsetado y permite que otros tomen más protagonismo.

Llegan los sugerentes arpegios de Waterfall, una de mis debilidades. Inicia como un tema muy pegadizo, con unos coros y una guitarra que nos devuelve a los años dorados del Jangle Pop con un cierto aire a la beatleliana She Said She Said. Pero es en la parte final, en el colosal outro donde que los Stone Roses sacan a pasear su vena más psicodélica y hacen gala de su espectacular groove mezclando ritmos Funk con guitarrazos wah! a lo Hendrix.

Desgraciadamente, tras tan buen comienzo llega una tontería bautizada como Don’t Stop que no es más que Waterfall, que justo acabamos de escuchar, en versión invertida salvo la melodía vocal que está distorsionada para que así lo parezca. Una evidente reminiscencia de las técnicas que experimentaron los Beatles un par de décadas atrás. Años más tarde también veremos a los Radiohead hacer cosas parecidas a éstas aunque con mayor acierto. No es el primer ni el último intento de este tipo de los Stone Roses: Full Fathom Five (inversa de Elephant Stone), Guernica (Made of Stone) y Simone (Where Angels Play). Siempre como lados B en singles. Hipnótica pero prescindible.

Bye Bye Badman nos sirve para recuperar buenas sensaciones con melodías y coros que recuerdan vagamente  a The Byrds. Aquí hacemos un alto en la reseña y nos fijamos en la célebre portada del disco. Se trata de un trabajo del propio Squire que se llama, precisamente, Bye Bye Badman. Realmente Squire se apropió de una obra de su admirado Jackson Pollock, y le añadió esos limones que los estudiantes del Mayo del ’68 usaban para contrarrestar los efectos del gas lacrimógeno que la policía lanzaba contra los manifestantes.

Elizabeth My Dear es una readaptación con distinta letra de la tradicional Scarborough Fair que los Simon & Garfunkel popularizaron en los sesenta. Contrariamente a la balada clásica, la versión de los Stone Roses es una contundente declaración antimonárquica contra Elisabeth II con versos tan explícitos como “Tear me apart and boil my bones. I'll not rest till she's lost her throne. My aim is true. My message is clear. It's curtains for you. Elizabeth my dear”. Evidentemente no es una mala canción. De hecho la melodía es preciosa. Pero quizás su aire Folk tan marcado la convierte (musicalmente) en lo más discordante en el conjunto del disco. Por otro lado, apenas roza el minuto de duración así que tampoco chirría el tiempo suficiente como para teñirla de azul.

Luego viene la deliciosa melodía Pop de (Song for my) Sugar Spun Sister, muy en la misma línea de Bye Bye Badman, tal vez más psicodélica, con líneas como “Until the sky turns Green / The grass is several shades of blue / Every member of parliament trips on glue” (añadir que el tema de la canción es una transacción monetaria… con una prostituta). A destacar los ganchos y los puentes que se trazan para entrar y salir del estribillo y que le dan a la canción esa fluidez tan absoluta a pesar de ser un auténtico collage melódico.

Y llega Made Of Stone, uno de los platos fuertes en la brevísima discografía de la banda. Pop épico y pegadizo. Acá tenemos a los St.Roses convertidos en unos grandes creadores de atmósferas en un gran trabajo colectivo. Podemos revisar la línea de cada instrumento y descubriremos una obra brillante de cada miembro pero Squire… Squire is The Man! Sublime de principio a fin. A veces la exagerada colectividad del sonido de los S.tRoses oculta el tremendo talento de sus instrumentistas pero aquí Squire encontró el momento perfecto para su lucimiento en el álbum (luego repetirá protagonismo absoluto en I Am The Resurrection). La rola es inmensa. El estribillo, destinado a dejar afónicos estadios enteros. El solo de guitarra, elegantísimo. El trabajo de producción, brillante. Cuando la gente se pregunta si no se exagera el verdadero valor musical de la banda en Made Of Stone se disipa toda duda. Y si hay alguien que no acabe de verlo, al final Brown les preguntará “Are you made of Stone?” y todo será perfecto.

Shoot you down surge como primer rayo de sol tras devastadora tempestad pero no acaba de funcionar. En la práctica resulta un bajonazo tras el éxtasis. La idea no está mal del todo y nuevamente tenemos un buen trabajo instrumental. El problema es que el resultado final es una canción que se antoja demasiado larga y repetitiva y que bien podría haberse ejecutado con la mitad de duración. Y es que esos parones en que la canción se queda sostenida únicamente por Brown acaban resultando cansinos y engorrosos. Si consideramos Don’t Stop como un experimento fallido y a Elisabeth My Dear como el elemento extraño, Shoot you Down debería verse como el relleno grosero.

This Is The One retoma el sonido de ‘60s. Es de esas canciones destinadas a hacer que la gente salte, grite y enloquezca en los estadios repitiendo una y otra vez una única frase en una interminable y épica coda, con el resto de la rola como mera excusa, y que pierden toda su garra y su razón de ser en sus versiones de estudio.

Un gran disco como éste merece un gran final y afortunadamente los Stone Roses se dejaron para el final un trancazo descomunal: I Am The Resurrection. Instrumentalmente hablando, una auténtica barbaridad. Un  Armagedón de 8 minutos que inicia modosito con una intro de batería machacona a la que pronto se le une el bajo de Mani, carne de sample, montando entre ambos una base alegre y sesentera. Squire se mantiene agazapado a la expectativa en un discreto segundo plano. Y con toda la banda trabajando por el bien común, un Brown mesiánico entra en escena y no falla. Melodía resultona con aroma vintage (a mi me recuerdan a los Who  de la época del The Kids Are Alright). Buen punto final…. Oh, wait! Que a los 3:45 Squire pierde la paciencia y salta al centro de la pista dispuesto a demostrar que es el mejor guitarrista de esta nueva generación y que trae ideas descabelladas y rompedoras. Brown se calla para no volver a abrir la boca en los más de cuatro minutos de larguísimo outro que todavía restan y esa majestuosa guitarra Funk se autoproclama nuevo frontman de la banda. Lo cierto es que Mani y Reni se lo ponen en bandeja. En alguna ocasión he comentado que la sección rítmica de los St.Roses puede ser la mejor que yo conozca. Y cuando digo algo así tengo I Am The Resurrection en mente. No hay palabras para describir lo abrumador de la obra. A los 4:30 la canción avanza aplastando todo a su paso cual imparable Juggernaut ¿Saben qué es el groove? ÉSTA es su auténtica definición. A los 5:30 la rola se levanta de un falso final y retoma su locura con un Squire desbocado, sudando MDMA a chorros, metiendo guitarrazos aquí y allá, mezclando todos los estilos habidos y por haber, firmando lo más parecido que se ha visto a una Rave rockera. El BritPop se estaba germinando aquí mismo.

 

Irónica y desgraciadamente, el éxito de este primer álbum significó el principio del fin. La banda quiso romper leonino contrato firmado con Jive Records (con quien se habían atado por siete discos) y el asunto acabó en los juzgados. Durante el juicio se destapó que su manager les había estado robando y decidiron anular toda la gira americana que tenían en la agenda para evitar que su representante se embolsase su parte estipulada. Y ya se sabe que USA es la puerta musical que se abre al resto del planeta. Esto provocó que el éxito comercial de los St.Roses quedasee relegado al territorio inglés. Cuando 5 años más tarde se publicó Second Coming ya era demasiado tarde. Los hijos bastardos de Madchester, bajo nombres como Suede, Oasis y Blur se disputaban el trono británico al tiempo que contrarrestaban la invasión Grunge. Ya nadie se acordaba de The Stone Roses ni de Spike Island. Para colmo las disputas internas lo hicieron insostenible y todo se deshizo como un azucarillo. Iban a comerse el mundo, pero sin darse cuenta su momento pasó. ¡Qué desperdicio!

 

por marlaior 

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