THE YES ALBUM (Yes, 1971)

Artista: Yes (C)

Fecha de Grabación: Oct – Nov del ‘70

Fecha de Lanzamiento: 19 de Febrero de 1971, UK

Discográfica: Atlantic Records

Productor: Eddie Offord & Yes

Calificación:

                        

Era: Progresivo (1969-???)

Subgénero: Progresivo

Mejor Canción: Starship Trooper

Canciones: 1) Yours Is No Disgrace; 2) Clap; 3) Starship Trooper; 4) I've Seen All Good People; 5) A Venture; 6) Perpetual Change.

 

Es difícil describir el estilo de Yes, con ellos nunca sabes qué esperar, pero es claro que cuando escuchamos este disco y el primero, hay enormes diferencias. Se nota la evolución y la madurez de la banda. Aún no están en su zenit, pero se nota a leguas que han dado pasos gigantescos hacia él.  

Para su tercer disco, Yes iniciaría la tendencia de las bandas Prog germinales de comenzar a cambiar su sonido a uno más elaborado, experimental, más tendiente al jazz y a temas épicos con multipartes, con despliegues de solos y técnica, y con líricas pseudofilosóficas. Para Yes y para Genesis significaría un paso adelante, para King Crimson y ELP (si consideramos el Pictures como su tercer disco), un retroceso. Para Floyd… ehr, no sabría si considerar el More, el Ummagumma o el Atom como su tercer disco, pero en dado caso en esa etapa aún estaba más tendiente al Rock Psicodélico, mucho antes del ‘71. Pero para todos los demás, más o menos en la misma época, el tercer álbum significó un avance en la búsqueda de su identidad y sonido propio, y precisamente el rompimiento con los sonidos más psicodélicos y con tendencias Pop con que iniciaron. Para esta racha de terceros discos, las bandas aún tendrían cierto balance, sin pasarse en la complejidad y sin ése afán de resaltar el virtuosismo sobre las melodías. Sin tanto pretencionismo, pues!

En dado caso, el ’71 sería un año tremendo para el Prog, arrancando con el The Yes Album, pasando por el Tarkus, el Meddle, y casi cerrando con el Nursery Cryme, cuya calidad hizo que el género empezara a desplazar al Hard Rock y dando inicio a la Era Dorada del Prog con su cúspide entre 1972 y ‘73.

Otro paralelismo con Genesis, es que el tercer disco de Yes significaría un cambio de integrantes que los llevaría a su alineación más emblemática. Peter Banks había sido amablemente pateado en el trasero antes del lanzamiento del Time And Word, porque simple y sencillamente era un fantasma como guitarrista. Así que aquí es cuando nuestro querido Steve Howe entra en escena, con esa guitarra virtuosa que contribuiría enormidades a la personalidad de la banda, y ayudando a conseguir el sonido clásico del grupo. Howe incluso saldría en la portada estadounidense del Time And Word (aunque no había tocada nada), a manera de revancha del resto del grupo a Banks. Tony Kaye se mantuvo como tecladista, haciendo en mi opinión, un tremendo trabajo en los teclados, pero sin salirse de su zona de confort con el Hammond y el piano, cuestión que también le costaría el puesto más adelante.

Tras algunos ensayos de calentamiento con Howe, la banda se mudó a una granja en Devon para escribir y pulir el nuevo material. Por esas fechas traían además la presión de Atlantic, ya que sus primeros dos discos no habían sido precisamente exitosos, y sabían que un tercer fracaso significaría quedarse sin disquera. En esos días, la banda logró una gran cohesión, no sólo con Howe, sino limando las fricciones que ya habían empezado a surgir entre los demás miembros. Pareció quedar claro desde el inicio que expandirían sus sonidos, ya que Steve les daba más variedad con sus influencias Folk y Country, y usaba un montón de guitarras acústicas y eléctricas que creaban distintos moods. Pero los demás también aportaban diversos sonidos, el jazz con el teclado y batería, ciertos toques Funk del bajo, las complejas armonías vocales…

Yes ya había mostrado su potencial en sus primeros dos discos, pero fue con The Yes Album con el que la rompieron a nivel mundial. Su debut había sido ya epónimo, pero el título de éste disco me parece adecuado, porque es una especie de nuevo arranque, un “reset” en el que están ya cercanos a su sonido clásico, faltando solo Rick Wakeman por unirse a la ecuación. Este disco es pues una especie de transición. Si notan, ya no hay covers. Ya no hay un solo tema que haga remembranza a los Beatles. De las 6 rolas del tracklist,  tenemos 3 temas épicos de alrededor de 9 minutos cada uno “Yours is No Disgrace”, “Starship Trooper” y “Perpetual Change”, sobre los cuales giran el resto de los temas más cortos. The Yes Album se siente aún como un disco de Rock, pero con preciosos arreglos de órgano, un bajeo crujiente que acapara reflectores desde el primer instante y va manejando el Groove, la potente guitarra de Howe y encantadoras armonías y melodías vocales. Eso sí, llevadas a un nivel mucho más complejo. Desde las primeras notas, el bajo de Chris Squire brilla con ganas, con ese efecto crujiente y la inconfundible técnica que se echa al hombro grandes pasajes de las canciones, sobre todo en las partes más pesadas o explosivas; Bruford con ese estilo, denso, medio jazzy, medio impredecible, pero que sirve como pegamento y termómetro para el resto de los instrumentos; El órgano Hammond de Kaye, que brilla enormidades y que uno entiende que fuera reemplazado después por una de las 2 únicas personas que quizá lo superaban por esas fechas: Keith Emerson y Rick Wakeman, pero que por lo hecho en este disco, parece algo injusto; Howe, haciendo que la guitarra no sólo sea notable, sino sobresaliente, metiendo distorsión, luciendo requintos, y metiendo arreglos acústicos en los que igual brilla; y Jon Anderson, que conforme pasa el tiempo, amplía su altísimo rango vocal, va perfeccionando melodías y usa su voz como un instrumento más, pero a la vez, va sonando cada vez más frío.

Como curiosidad, tras la grabación del disco, la banda tuvo un accidente automovilístico regresando a Londres. Kaye se rompió un pie, y se puede ver el yeso en la foto de la portada, en el que el grupo rodea una cabeza de maniquí.

 

El disco abre con “Yours Is No Disgrace”, una joya multiparte de casi 10 minutos de duración, el primer tema verdaderamente épico de Yes que sentaría las bases para futuros trabajos. Inicia con unas notas de stacatto a manera de intro, en que se combinan guitarra, bajo y batería, para después recibir el Hammond. La banda va jugando cambiando tonos, hasta que al :40 entran en ritmo con un teclado envolvente, y el bajeo crujiente galopando a toda marcha. Howe hace su primer protagónico con una especie de requinto rapidísimo. Es cierto que toda esta intro suena fechada y parece el inicio de un noticiero de los 70’s (no es la primera ni la última que suena así), pero eso no quita que tenga un aire magnificente, y a la vez divertido. Al 1:25 dejan la rola en suspenso para que entre Jon con armonías y esa enorme capacidad melódica: “Yesterday a morning came, a smile upon your face. Caesar's palace, morning glory, silly human race” Las letras son algo crípticas, pero en versos posteriores se nota más su intensión: “Death defying, mutilated armies scatter the earth, Crawling out of dirty holes, their morals, their morals disappear.” Siendo una dura crítica a la Guerra de Vietnam, y retomando un poco el tema de “Fortunate Son” de CCR, sólo que desde la perspectiva del soldado que enfrenta el infierno de la guerra en primera línea, reprochando a la gente despreocupada de las Vegas cuya mayor calamidad es que empiece el invierno: “Yours is no disgrace” les reprocha una y otra vez. No es Peter Gabriel, pero aceptemos que es un enorme avance respecto a los discos previos. Otro punto es el magistral manejo vocal de Anderson, que usa su distintiva voz como un instrumento más, la cual va dando cohesión y unidad a las distintas secciones. Musicalmente, van girando sobre el tema de la intro que se repite eventualmente como un reset entre sección y sección. Así, al 3:20, después de otro soberbio solo de Howe, hay una sección que se sostiene sólo por un bajeo limpio y muy jazzy, antes de regresar a la intro. Al 4:45, Steve juega con un riff cargado de fuzz, creando efectos muy funkys, hasta que terminan con un intrincado ritmo con efecto de wha cambiando de una bocina a otra, en el que Kaye luce bastante. El bajo retoma el efecto crujiente, y al minuto 6 de hecho, estamos escuchando un solo de Squire y de Kaye a la vez. Casi al 7 tenemos un falso final, para regresar con la voz de Jon (sin armonías) y el bajo jazzy, más luminosos y saltarín. “On a sailing ship to nowhere, leaving any place, If the summer change to winter, yours is no, Yours is no disgrace”. Esta parte es más relajada, quizá la sección más bella. Noten como Anderson juega con la melodía, que en base es la misma, pero hace ligeros cambios para crear distintas atmósferas. Luego de nuevo la intro y la banda a toda máquina, con Howe haciendo licks con ciertas reminiscencias Country. Bruford hace una labor destacadísima llevando los tiempos sin que se noten los intrincados cambios de ritmo. El final me parece un tanto inacabado, repitiendo los patrones previos y acabando con una escala ascendente de teclado en un rápido fade out. Se prestaba para algo un poco más bombástico, no? Como sea, tremenda canción, una de las clásicas de Yes e infaltable en sus conciertos. 

Sigue “Clap” un instrumental de Steve que en la primera edición saldría como “The Clap” y así la conoce ya todo mundo. Un instrumental acústico, como decía, con influencia del estilo de Chet Atkins, que fue grabada en vivo en el Lyceum Theatre de Londres el 17 de Julio del ‘70. Howe muestra su capacidad técnica y su influencia Country, pero a pesar de que técnicamente es buena y muy fluida, tampoco me parece gigantesca como muchos dicen. Digo, no es tampoco “Black Mountain Side”. 

Luego tenemos “Starship Trooper”, quizá la rola más emblemática de Yes. Tres partes muy reconocibles, que de hecho fueron escritas de manera separada por Anderson, Howe y Squire, ensambladas de manera casi milagrosa. Jon escribió la sección “Life Seeker” con que arranca y que dura hasta el 3:15. Chris Squire compuso el rapidísimo arpegio acústico que conforma “Desillusion”, que va hasta el 4:15 y después regresan a la secuencia de “Life Seeker”. Howe compuso la parte final “Wurm”, basada en una canción que nunca cuajó en su anterior grupo. Ya armada, la titularon como la novela de Robertt Heinlin. Supongamos que dura hasta el 5:35, sin la coda. “Starship Trooper” sigue siendo un tremendo pedazo de canción. “Life Seeker” arranca con una tremenda interacción entre el riff de bajo y las figuras arpegiadas de guitarra, que en toda la canción traen un efecto flanger que le da ese toque espacial y etéreo. Squire por su parte luce en toda la rola siendo la columna vertebral, pero saliéndose para hacer recorridos por todo el brazo del bajo. Kaye tiene un rol más modesto, como un telón de fondo, y eventuales efectos de flautas. Las letras… están muy fumadas. Se supone que hablan de la búsqueda de Dios, pero desde la perspectiva de un viajero espacial (?) y con lenguaje medievalesco (!)… Si ya sé. La cuestión es que funciona, a pesar de la letra. Y es que Anderson realmente despliega su arsenal como una máquina melódica que interactúa con los demás instrumentos, sabe cuándo ceder espacios y cuando brillar en el centro del escenario (Es un decir, el tema es tan complejo que no podía interpretarse en vivo). Al 3:15 tenemos esa parte acústica de Squire, casi un bluegrass, con un arpegio rápido y un sencillo bajeo. Jon cambia la melodía con un fraseo más rápido, pero que no deja de ser melódico ni de sonar ligado a la parte previa. Luego regresan con ese fenomenal riff arpegiado que suena a lluvia matutina, mientras Chris hace una especie de solo con las 4 cuerdas y los coros suenan como ángeles haciendo armonías, antes de lanzarse por el último estribillo. No podemos decir que hasta aquí sea mala. Pero al 5:35 inicia “Wurm” esa coda, LA coda. Perdón para los faneses de “Hey Jude”, pero esta debe ser la coda más gloriosa de la historia del Rock. Es tan simple como una secuencia de 3 acordes que se repite hasta el infinito. Y ya, no hay letras ni nada. No sé si es la combinación de los 3 tonos, el impresionantísimo crescendo, los powerchords con fuzz que intercala al rasgueo espacial, o la forma en que Bruford y Squire van agregando tensión para que reviente en el gigantesco requinto bluesero de Howe, con el que finalmente se desvanece la canción y nos deja deseando más. No sé, pero esta parte es la que hace que las otras 2 secciones se potencíen y que “Starship Trooper” se vuelva un pilar del progresivo y del rock en general. Es además increíble cómo 3 secciones, escritas por 3 personas distintas y en tiempos distintos, logran ensamblar de forma tan natural manteniendo sus distintas identidades. 

Continuamos con “I've Seen All Good People”, que está dividida en dos partes, la primera, “Your Move”, dura hasta el 3:30, y la segunda “All Good People”, dura otro tanto, extendiéndose hasta el minuto 7. Inicia pues un soleado y hermoso tema folk, que recuerda los alegres temas acústicos de Let Zeppelin, pero con armonías. Es imposible no contagiarse con la buena vibra de la rola, y uno puede casi ver a un montón de hippies bailando y brincando tomados todos de la mano en la cima de una colina. Un rasgueo cálido con la guitarra de 12 cuerdas que usa Squire, mientras Howe usa una mandolina portuguesa. Kaye hace efectos de flautas para resaltar el tono pastoril, Bruford simplemente va marcando el tiempo con el bombo. Casi llegando al 3, se incorpora un teclado casi eclesiástico y el bajeo, mientras las armonías vocales se vuelven más complejas. La letra, sin ser una lumbrera, usa algunas referencias al ajedrez: “It's news is captured... for the queen to use! Move me on to any black square,Use me anytime you want, Just remember that the goal, Is for us all to capture all we want” La segunda mitad, es lo mismo, pero en una version mucho más funky-rocker, con la guitarra chisporroteando ese potente riff. Es como si Yes estuviera haciendo un tribute o parodia a los estilos Folk y Funk de Zeppelin en una misma rola. Bruford suena monumental en esta segunda sección, jugando con todos sus tambores, Howe hace una imitación brutal de Page, y a pesar del aire Zeppelinesco, sigue la sensación de que la primera mitad es la épica. 

“A Venture” es más promedio. Es quizá la más simple de las 6 del disco. Sí, incluso que “Clap”. Esto porque la estructura es casi plana, con el patrón de piano clásico con que arranca de buena forma, combinando con las arañitas de Howe. Luego entra el bajeo, para hacer una especie de Music Hall progresivo. La banda se esfuerza en meter un sinfín de arreglos, pero el tema no deja de sonar plano, y bizarro. Es como si quisiera hacer una canción de cuna Progresiva sin que suene Prog. Jon canta en un tono altísimo, pero este es un ejemplo de una entonación fría, casi robótica, que lo irá definiendo los siguientes años. No es tampoco horrible ni demasiado larga, y Kaye vuelve a brillar con ese solo jazzy al final, pero creo que es el punto débil del disco. 

Cerramos con “Perpetual Change” y otra intro de noticiero amarillista. Esta es la más compleja de las multipartes épicas, con un sinfín de cambios de tiempo y constantes cambios en los protagónicos. Mientras que las otras multipartes son una especie de ensamble de distintos temas, en esta, realmente es una canción haciendo Progresiones. De repente Squire está haciendo una especie de solo mientras lleva el ritmo, Bruford está haciendo redobles, Kaye hace esas ráfagas envolventes y Howe hace arañitas o requintos. En la sección media, durante el solo, hay unos momentos de polirritmia, en el que Howe hace el delicado requinto en un tiempo, y la sección rítmica lleva otro, para luego hace una intrincadísima figura a bajo y batería. Hacia el final del break instrumental Steve hace disonancias en su solo, para luego regresar a la figura principal en que Jon canta y el coro contesta en armonías, para cerrar con un agradable fade out. Insisto, no es el más largo de las multipartes, pero parece el más complejo, y que da una noción de un Yes más Prog y arriesgado ya con Wakeman.

 

En fin, muchos no lo toman como uno de los discos clásicos de Yes precisamente porque no estaba aún Rick. Es cierto que la banda aún sigue perfeccionándose, pero es imposible no considerarlo clásico teniendo un temazo como “Starship Trooper”. El hecho de que sea un poco más escuchable, aún no TAN progresivo, creo que es incluso una ventaja en The Yes Album. Después se irán volviendo más y más ambiciosos, y aquí parece haber aún un balance entre escuchabilidad y virtuosismo, que siempre ha sido el talón de Aquiles de las bandas Prog. Este es además, uno de esos discos en los que vale la pena escuchar no sólo como un todo, sino por capas, siguiendo un instrumento por vez (considerando las voces como un instrumento más) para poder disfrutarlo a plenitud. Quizá esto fue lo que hicieron los integrantes de Yes, ya que al final Tony Kaye resulta el menos sobresaliente, y si a eso sumamos su resistencia a usar sintetizadores, pues su suerte estaba echada…  

 

  

Por Corvan  

 

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