THREE IMAGINARY BOYS (The Cure, 1979)

Artista: The Cure (C)
Fecha de Grabación: Oct - Nov ‘78
Fecha de Lanzamiento: 11 de Mayo de 1979
Discográfica: Fiction / Elektra
Productor: Chris Parry
Calificación: 7

 

Categoría: New Wave (1976-1990)

Mejor Canción: Three Imaginary Boys o 10.15 Saturday Night

Canciones: 1) 10.15 Saturday Night; 2) Accuracy; 3) Grinding Halt; 4) Another Day; 5) Object; 6) Subway Song; 7) Foxy Lady; 8) Meat Hook; 9) So What; 10) Fire In Cairo; 11) It's Not You; 12) Three Imaginary Boys; 13) The Weedy Burton.

 

Este es uno de esos discos que crean harta confusión. De hecho, la mayoría de la gente cree que el primer disco es el Boy’s Don’t Cry, pero hay no uno, sino dos previos. El primero es este Three Imaginary Boys. El segundo es Seventeen Seconds, bastante flojitos los dos.

Para 1978, The Cure era una de esas bandas a las que todo le salía mal, y después de romper con su anterior discográfica, terminaron siendo un trío conformado por Robert Smith en la guitarra, Michael Dempsey en el bajo y Lol Tolhurst en la batería. Se metieron a grabar a finales de año a los estudios Chestnut, y los demos llegaron a manos de Fiction Records, una subsidiaria de Polydor, que se interesó en ellos. Parecía que las cosas se arreglaban y para diciembre lanzaron su primer sencillo, alcanzando un excelente posicionamiento y buenas críticas. Parecía que la suerte le sonreía a The Cure, pero a fin de cuentas traían una nubecita siguiéndolos todo el tiempo. Resulta que ese primer sencillo es ni más ni menos que “Killing An Arab”, que todos conocemos; la canción despegó en las listas, pero conforme lograba más éxito causaba más polémica por su título, y se hizo un revuelo, acusando a la banda de xenofóbicos, racistas, y demás. Smith tuvo que dar explicaciones de que estaba basada en la novela “El Extranjero” de Camus (por cierto, un librazo) y que no tenía nada que ver con racismo. Incluso en las reediciones tuvieron que poner una etiqueta explicando la situación. Actualmente la cantan en vivo cambiando la letra a “Killing Another” para evitar cualquier suspicacia ante la tensa situación que se vive con Medio Oriente.

Luego de sobrevivir más o menos con éxito el odio de los antirracistas, comenzaron a dar forma a su primer LP, bajo la producción de Chris Parry y el ingeniero de sonido Mike Hedges. Pero el trío era tan joven, ingenuo e inexperto en las lides de la grabación y creación de un disco que Parry y Hedges terminaron tomando el control del grupo y dándole al disco un sonido entre  New Wave y Post Punk que no reflejaba tal cual lo que la banda quería.

Así salió este Three Imaginary Boys, un disco ligero, con mucha, pero mucha influencia punk, tanto en el simplismo de la música, la energía y rapidez de los tiempos, el desparpajo lírico y sobre todo en la actitud, entre desafiante y valemadrista. Sólo le faltaba el aura agresiva, la distorsión y potencia de otras bandas, que aquí es reemplazada por un toque de esa oscuridad y melancolía de las que se volverían maestros en trabajos posteriores. Pero la verdad es que mucho de este material eran palomazos que no tenían intención (por parte del grupo) de ser incluidos en un disco, como “Foxy Lady” que no tiene nada que ver con la original obra maestra de Hendrix, y de la cual Smith quedó horrorizado al enterarse que había sido incluida en el álbum. Además refleja la influencia que bandas de la época en la banda. Por esas fechas Robert sustituía eventualmente a John McKay en las vocales de los Banshees, y le abrían conciertos a los Siouxsie (Smith también reemplazó algunas veces al guitarrista del grupo), ambas bandas de Punk que después evolucionarían al Goth. No eran tan violentas como los Sex Pistols o The Clash, pero provenían de la misma raíz, y The Cure muestra en este álbum la influencia de estos grupos.

Por supuesto, no esperen encontrar un “Anarchy in the UK”. Se nota la esencia de The Cure desde ya, sólo que aún muy verde y blanda. Los sonidos son muy crudos y básicos, y apenas el gran trabajo de Dempsey al bajo, interactuando con la guitarra de Smith (aún un tanto básica) logran rescatar algunos sonidos. Pero en sí suena simple, sin la densidad de texturas de The Cure a las que estamos acostumbrados, muy inocente. El mismo Robert juraría que jamás dejaría el control de las grabaciones de nuevo como en este debut, y pagaría derecho de piso por su inexperiencia con el Seventeen Seconds, pero a partir de entonces empezarían a entregar trabajos mucho más consistentes y acorde a lo que querían.

 

El Three Imaginary Boys abre con “10.15 Saturday Night”, que es de las mejores canciones de este disco. Con realmente poca instrumentación, la banda juega con los cambios de tiempo, abriendo con la batería de Tolhurst marcando un tiempo mas o menos rápido mientras la guitarra va haciendo juegos con los armónicos y creando lentamente tensión, para una buena intro que finalmente revienta al :33, con mucho más ritmo y los rasgueos de la guitarra. Tras ese breve lapso en que Robert canta, desde ya mostrando grandes cualidades y una capacidad enorme de transmitir emociones, regresan al minimalismo con el tiempo apenas marcado y esos tres punteos ascendentes de guitarra. Al 2:12 tenemos un esbozo de solo muy simple, con mayor distorsión en la guitarra, funcionando bien para darle más intensidad a la canción. Al 3:10, en uno de los bajones hay otro arreglo en tonos más bajos, y de hecho no sé si es Dempsey con alguna distorsión, haciendo un buen cierre, quizá un tanto apresurado. Ésta es de las que más me gustan de la etapa temprana punketona de The Cure, y en a que se le nota un poco de mayor trabajo. Uno termina con una sensación como paranoica de un cronómetro persiguiéndonos por el beat, a poco no?

Sigue “Accuracy”, con las guitarras jugueteando con rasgueos rápidos, tratando de copiar algo de la guitarra de Andy Summers de The Police, pero por supuesto que sin llegarle a la cuarta parte del talento. El bajeo lleva un punteo rapidísimo que se complementa muy bien con la guitarra. En sí la canción funciona, pero es muy simple. Después la mejorarían en vivo, añadiendo más texturas, pero aquí suena casi arcaica, sin que sea una mala rola. Se nota el esfuerzo del grupo, pero también se nota que aún carecían de los recursos y la creatividad para darle más planos a las rolas.

Continuamos con “Grinding Halt”, que es una de las que más influencias Punk presentan. Inicia con Robert punteando y sofocando las cuerdas de su guitarra cada vez más rápido, como una pelota botando, para luego entrar a un riff de sube-y-baja, rápido, simple, pero efectivo y muy pegajoso. Luminoso, además, sin contar las letras, es una de las canciones más luminosas, con un coro pegajosísimo. Simple, y ciertamente es de las canciones que tienen más raíces en bandas como The Clash. Y además la salida me encanta, otra vez recordando una pelota que bota y termina ponchándose. Divertida, simple e inofensiva.

Con “Another Day” bajan un poco el tiempo, para dejarnos descansar un poco de ese beat cansino que no había cambiado un ápice en las primeras tres canciones. Esta es básicamente una balada, donde Smith hace un arreglo de guitarras muy melódico, cargado de delay, arpegios, power choros, y una magistral interpretación vocal. Al 1:38 bajan el tiempo, de hecho queda solo Robert haciendo algunos arreglos mínimos y cantando en tono introspectivo, desarmonizando y jugando con la guitarra, intentando experimentar un poco. Al 2:35 regresan a la secuencia original con ese “I Stare at the Windows” casi desesperado. La canción está linda, y entiendo la intención experimental en algunas partes, pero esa guitarra fuera de tono de vez en vez, me parece que arruina un poco el buen efecto que llevaba la rola.

Con “Object” regresamos al beat frenético. Esta vez la voz tiene algunos efectos desencajados que llaman la atención. La melodía es pegajosa, pero lo que se lleva las palmas es la tremenda línea de bajo de Dempsey, juguetona y bastante más creativas que las anteriores, suplementando el trabajo de guitarra, que esta vez es ligeramente más agresivo y basado en guitarreos.

Con “Subway Song” se acaba la diversión. La línea de bajo es interesante, pero no como para escucharlo repetirse una y otra vez durante más de un minuto. La batería solo son unos platillos, y básicamente intentan recrear la atmósfera soporífera de ir en un metro. El platillo suena mas o menos a lo que sonarían los rieles, y la armónica al principio supongo que sería como el pitido de la máquina (Los metros también lo tienen?) que me recuerda que Cream intento sin éxito lo mismo con “Traintime” del Wheels of Fire, pero al menos con mucho más ritmo y una armónica muy buena. Al 1:45, cuando estamos atisbando a lo lejos a Morfeo, un horrible grito nos despierta cruelmente, y eso es quizá lo más divertido de la rola.

Luego viene “Foxy Lady”, que lo único que conserva de la original de Hendrix es la letra y el título, sin lo cuales sería irreconocible. Que manera de masacrar y faltarle el respeto a un clásico. La voz esta vez corre a cargo de Michael Dempsey. La única defensa que pueden presentar los abogados contra este sacrilegio, es que este era un palomazo, y se percibe desde el aura de desenfado con que inicia. Los chicos jamás pretendieron que saliera a la luz, y estuvieron realmente molestos cuando se enteraron de que ya no se podía sacar del LP en producción. Otra cuestión es el hecho de que Robert no cantara. Eso se debe a que era muy celoso de su trabajo y no dejaba que nadie más cantara sus originales, en parte con razón, ya que la intensidad que le daba con su voz difícilmente es igualable. Por ello Michael se encargaba de algunos covers, porque era lo único que le dejaban hacer, pero la verdad, a comparación, Hendrix cantaba como los ángeles. La moraleja, igual que el December’s Children de los Stones, es: No palomees en el estudio! Alguien te puede estar grabando para un disco navideño o para dejarte como idiota en tu debut!

La cosa mejora ligeramente con “Meathook”. Musicalmente es muy simple, con unas escalitas descendentes, y de nuevo el bajo sobresaliendo, con tintes que recuerdan vagamente al reggae. Realmente la rola no tiene mucho, salvo lo divertido de las letras, que son tan repetitivas que dan ganas de darle un zape a Smith para que se destrabe, pero esta vez se nota que el humor fue voluntario.

“So What” empieza con mucha más energía sin convertirse en un sonsonete. Los guitarrazos son u n poco burdos, pero logran funcionar. Y Robert canta por momentos desaforadamente mientras que en otros recita o platica, sin cuidado alguno de la métrica. Parece querer hacerle honor al título. El espíritu punk nuevamente al máximo. Inofensiva, pero bastante promedio.

Luego está “Fire In Cairo” con unas melodías vocales buenas y un coro pegajoso, pero otra vez se siente que musicalmente el grupo está desnudo. La rola tiene su encanto, pero le falta mucho trabajo para lograr destacar y después de un rato se vuelve demasiado repetitiva, mostrando de nuevo la falta de variantes.

“It’s Not You” es quizá lo más sucio que oiremos a Robert Smith en la guitarra. Y realmente no le gusta ensuciar o distorsionar su sonido, ni ser demasiado ruidoso, por eso precisamente nunca pudo encajar totalmente en el punk. Un buen bajeo. Nada más, uno se olvida de ella casi al momento en que acaba, lo cual al menos indica que no es ofensiva.

“Three Imaginary Boys” es otra de las que están muy por encima del promedio, y tiene una atmósfera depresiva, más trabajada, llena de ecos que ya recuerdan a lo que llegaría la banda. El que las canciones sean simples no significa que no puedan poner atención en detalles, como la carga de eco en la voz y en el delay de la guitarra. La especie de escala que hace el bajo cuando Robert canta el título es muy bueno, y viene a refrescar la canción, que puede ser lenta e hipnótica, pero los pequeños cambios que tiene son suficientes para hacerla funcionar. Al minuto 2 hay un solo de guitarra con un efecto como de sierra, no es la octava maravilla, pero es otro cambio que da vida a la canción. La mejor de este debut, sin duda.

El disco Three Imaginary Boys cierra con "The Weedy Burton", una especie de sátira o tributo instrumental al rockabilly de los 50’s, de apenas 1 minuto. Presumiblemente alguien olvido apagar la grabadora en el estudio, ya que esto no tienen nada que ver con The Cure, pero no es malo, y al menos permite ver otra faceta de la banda mientras se divierten.

Un debut flojo, por lo apresurado de su grabación y algunas malas decisiones en la selección de temas. Particularmente la inclusión de “Foxy Lady” es algo que Robert Smith nunca se perdonó. Aún así ya se reconoce el estilo de The Cure, sólo que aún estaba muy verde. Poco después el Three Imaginary Boys se reeditaría con unos ligeros cambios y se lanzaría en USA como Boys Don’t Cry. Con apenas unos cambios en las canciones, es un disco bastante superior y más cohesionado. Una mejor opción en dado caso, para empezar a descubrir la música de The Cure. Este es sólo para coleccionistas o fans de hueso colorado de Robert Smith y su banda.

 

 

 

Por Corvan 

 

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