TIEMPOS OBSCUROS (Real De Catorce, 1988)

Artista: Real De Catorce (B)
Fecha de Grabación: 1988
Fecha de Lanzamiento: 1988, MEX
Discográfica: Discos La Mina
Productor: Real de Catorce

Calificación: 9

 

Era: 80's Rock en Ñ Clásico

Subgénero: Blues Rock 

Mejor Canción: La Medicina o Al Rojo de la Tarde

Canciones: 1) Pájaro Loco; 2) El Ángel; 3) Un Par de Ojos; 4) Un Mediodía Triste; 5) Suena El Viento; 6) La Medicina; 7) Con El Alma Borracha; 8) Al Rojo De la Tarde.

 

La triada de discos de los ochentas de Real De Catorce son tremendos, y esta no es la excepción. En esta mítica tríada colocaron varios de sus temas más representativos. En realidad no hay un disco en el que no haya una canción enormísima, pero a mi gusto (y sin desmerecer otras rolas gigantescas posteriores), los grandes clásicos están en los primeros 4 LP’s. En el debut están “Azul” y “Mujer Sucia”, en el A Mis Amigos Muertos está “Patios de Cristal” y en el Voces Interiores aparecen “El Quinqué” y "Pago Mi Renta con un Poco de Blues”. Aquí las rolas monumentales son “La Medicina” y “Al Rojo de la Tarde”, pero el resto de las canciones son también excelentes, sin un solo desperdicio. Otro común denominador en los primeros 4 discos de Real es que cada uno tiene sólo 8 canciones. Sin embargo no se sienten vacíos, ni se sienten pocas rolas. La banda sabe alargar las canciones de manera exacta, dando pausas, cambios de ritmo, haciendo gala de su maestría musical, enganchando con las letras y envolviéndonos en las más diversas atmósferas, de manera que el tiempo fluye preciso y no se siente ni demasiado largo y pesado, ni demasiado corto y ligero. Y esta es una virtud que pocas, muy pocas bandas tienen.

En fin, el Tiempos Obscuros (así con b) es un gran disco donde ya se empieza a sentir la transición hacia un blues con ligeros matices de otros géneros, mezcla que la banda dominará a plenitud hasta mediados de los 90’s. En el debut se siente un Blues que si bien no es puro, sí es más atado al blues de raíz, un blues rock sin demasiados coqueteos con otros ritmos. Aquí la banda sigue en esa línea, pero ya se atreve a algunos coqueteos con reggae en el inicio de “El Ángel” y “Con el Alma Borracha”, con Rock & Roll en “El Pájaro Loco” y con el funk en “Suena el Viento”. Y lo logran con éxito sorprendente, haciendo muy buenas canciones a pesar de que estos matices son aún muy tímidos. Sin embargo los pesos pesados de este álbum son los que más carga de blues tienen, y son los tres marcados en rojo, mostrando que dominan mejor los temas limpios, más emotivos, más furiosos y donde logran canciones mucho más estructuradas y con un resultado final simplemente exquisito.

Otro de los cambios que se empiezan a asomar es en las letras. Aunque en la mayoría impera aún ese tono impersonal, nostálgico, con aroma a cabaret/arrabal y poesía nocturna, por primera vez aparece una letra más personal y relacionada a la muerte. “La Medicina” de alguna manera es más emotiva, más introspectiva y oscura y esa referencia a la muerte aparece en ella por primera vez en el catálogo de Real De Catorce, tema que se irá haciendo cada vez más recurrente en el transcurso de los discos. Insisto en que no tengo ni la más mínima idea de cuándo fue que se le diagnosticó la Esclerosis Múltiple a José Cruz, pero da la impresión de saber de su enfermedad desde fines de los 80’s por temas como éste: “Quiero probar la fantasía / que me ayude a vivir / porque me muero día a día / y no me quiero morir…” Igual en su momento se puede tomar como otra de las canciones sexosas-depresivas, pero ya conociendo las circunstancias de José Cruz, como que da un giro y se vuelve un canto por su vida, una llamada de auxilio; aunque la muerte aún le quedaba lejos (y esperemos que aún le quede lejos hoy) el simple hecho de saber que te acecha de cerca, el sentir su aliento en la nuca, debe ser una sensación angustiante, y eso es lo que me transmite la letra de esta canción. El tema se toca ligeramente en “Un Par de Ojos” pero parece no tomarlo demasiado en serio y meter la referencia (al morir tú, al morir él, al morir yo) de manera más superficial y como adorno, y de hecho el tono festivo de la canción hace que la imagen sea tomada como simple forma y no como fondo verdaderamente personal. A lo largo de la discografía, José Cruz irá ahondando en el tema, y es interesante ir viendo las diferentes facetas con que enfrenta la muerte, la filosofía de Voces Interiores, hasta el tono de despedida del 9 y la resignación pesimista, pero a la vez cargada de esperanza del Voy A Morir, que es aplastante desde el mismo título del disco.

En fin, éste disco está muy bien hecho, y aunque hay muy poca información de lo que estaba haciendo la banda por esas fechas, lo mas seguro es que se siguieran dedicando a dar conciertos en festivales y bares chicos en la zona del DF, ampliando lentamente su círculo al resto de la República, pero ya comenzando a llamar la atención también a nivel internacional, ya que entre el ’88 u ’89 me parece que fue cuando se presentaron por primera vez en Rusia. De cualquier forma, la tranquilidad de un proyecto estable respaldado con el relativo éxito del primer disco, les permitió comenzar a experimentar con ritmos y géneros con mayor libertad. Aún no es su fuerte, insisto en que al menos aquí los mejores temas son los que más se acercan al Blues-Rock puro, pero irán puliendo ese mestizaje hasta llegar a obras de arte a fines de los 90’s en el Contraley.

 

El disco inicia con “Pájaro Loco”, un rockanrolito de estructura sencilla, similar a los típicos de los 50’s. La canción es ligera, de ambiente festivo desde el primer segundo y con una velocidad arrasadora, donde realmente el mérito de la canción no es sino esa impresionante demostración de José Cruz en la armónica, demostrando porqué está considerado como uno de los mejores de México. La letra también es desenfadada, valemadrista, retratando imágenes citadinas que traslucen un poco de rabia y crítica de manera velada: “Puedo estar sin trabajo en la ciudad / Pero nunca me verás un minuto sin tocar”. En realidad el tono es muy ligero y la canción se va en un abrir y cerrar de ojos. Al 1:50 la canción se detiene en un tamborileo rítmico, unos acordes de piano que se van difuminando y un solo de armónica que sirve de coda para el fade out. Apenas dura unos 2:10, y por la velocidad uno se queda como esperando más, pero en realidad por la estructura simplísima del rockanrolito, no era necesario agregar mas tiempo.

Después está “El Ángel”, que inicia con una flauta (qué otros blueseros además de Real usan flauta?) y un ritmo pausado y cadente, sabrosón, que da reminiscencias de un reggae. Aunque la canción es rítmica y la flauta suena juguetona haciendo arreglos en todo lo largo de la canción, siendo la verdadera protagonista de ella, las letras son pesimistas, un tanto cifradas, pero con buenas imágenes, y logra preguntas enormes en ese coro-puente: “¿Qué hago afuera del Edén? / ¿Quién armó este inmenso palomar? / Quién al hacerlo olvidó que somos cuervos sin hogar? / ¿O acaso le dejamos ciego?”. No sé si por otro lado está relacionada con alguna experiencia de José Cruz o algún conocido en la cárcel. En fin, aunque no es un rocker, tiene un ritmo desenfadado que no cansa, y los arreglos de flauta le dan vida. Al 2:30 hay un remate de todos los instrumentos y un parón que da la impresión de terminar con la rola, pero la regresan a la vida para un solo de flauta al que se le van sumando sucesivamente juegos de teclados, una guitarra distorionada, un remate de bajo, teclados con efectos de metales, hasta que Josésuelta una carcajada y se pregunta nuevamente “Qué hago afuera del Edén?”. Quizá en cuanto a ritmo no sea una avalancha, pero nos dan muestra de la tremenda poesía con letras incisivas, sociales y hasta filosóficas.

Continuamos con “Un Par De Ojos” que tiene una intro fenomenal de armónica, con un gran slapeo de Severo Viñas en ese inicio apocalíptico. La canción es un blues rock, no demoledor, pero de muy buen ritmo, logrando un excelente diálogo entre José y unos coros femeninos gospelianos en los versos. José Iglesias hace grandes arreglos de guitarra que quedan un poco escondidos por las voces, pero en general se nota un gran trabajo de equipo, muy vocal en los versos y con una genial interacción entre armónica y bajo en los puentes instrumentales, generando una doble conversación muy interesante en los distintos pasajes. Las letras tienen una ambientación nocturna, con imágenes perfectas y violentas de bajo fondo y muerte, pero insisto en que en este caso la muerte es una imagen literaria para redondear una atmósfera como policiaca, no una referencia personal: “Amo el brillo de tu ojo quieto” es una genial e inquietante metáfora para describir su encuentro con un cadáver en las calles, no?

Sigue “Un Mediodía Triste” que inicia con José recitando versos cargados de imágenes deliciosas “Pasan los delfines como almas en pena” y donde hace una de esas referencias blasfemas que le han traído la antipatía de los persignados. Esta canción tiene una tensión enorme en ese riff de bajo lento y sencillo pero aplastante, que me recuerda el efecto demoledor de “Dazed And Confused”. Además los teclados se llevan las palmas. Suenan como ráfagas, como balas que rompen la cadencia del riff, o como orquestas que generan un crescendo que lleva a la rola a explotar en pequeños pero incendiarios requintos de Iglesias. En fin, una canción cargada de furia en todos los instrumentos y en la voz mientras Cruz canta, y que hace un telón delicado y a la vez tenso y poderoso mientras recita. La manera sutil en que generan estos cambios radicales sin romper la canción es maravillosa, siendo el responsable Fernando Ábrego con esos cambios de rimo en la batería, llevándola de un susurro minimalista al filo de la explosión hasta que finalmente estalla con la guitarra rugiendo. Al 3:35, tras esa maravillosa imagen: “la ciudad se ha vuelto una novia amargaaaaaa…” inicia un solo de sax para impregnar más de noche a la canción y terminar con las tres preguntas que quedan flotando en el aire de amanecer roto con que nos deja esta canción. Maravillosa. Cada que termina me dan ganas de pararme y aplaudir. De veras.

El quinto track es “Suena El Viento” una rola más funky, con un aire medio ochentero por la cantidad de efectos clichés de la década, como el slapeo del bajo, el eco exagerado de la batería, y los teclados que suenan vagamente a metales. Estos efectos me parece que devalúan mucho la canción, y quizá la melodía de los versos me parece la más débil del disco, pero hay muchas cosas que rescatan con creces la rola. En primer lugar la letra, nuevamente cargada de poesía violenta, de imágenes de noche y paranoia. En segundo lugar la guitarra: Aquí Iglesias nos regala uno de sus trabajos más furiosos, con un solo de primerísimo nivel, agresivo, rapidísimo que inicia casi tímido al 1:50 pero en seguida se vuelve una metralleta por el tapping y casi violento por la distorsión que no había sonado tan potente hasta ahora. En fin, un solo extenso que no le pide nada a los mejores guitarros del mundo. Y tercero, el solo de armónica que inicia al 2:40, en cuanto se termina el de guitarra. Cruz nuevamente se luce y demuestra que no es un instrumento decorativo, sino bastante expresivo y capaz de hacer figuras y riffs poderosos como el que cierra la canción. A pesar del inicio tan flojo, la canción se vuelve un monstruo en la mitad instrumental que la rescata y la hace bastante más que disfrutable.

Después está otra joya de este álbum. “La Medicina” es una canción introspectiva. Bueno no sé realmente si está escrita en ese tono desenfadado en que narra escenas nocturnas cargadas de poesía rayando en lo erótico. Algo así como “ámame porque no quiero morirme sin haber amado”. O por otro lado, si la enfermedad ya estaba presente en la mente de José, el sentido cambia totalmente, siendo consciente de su muerte, que podría ser al día siguiente, en cualquier momento, lo que la convierte en un canto angustiado, desolado, y triste como el ritmo de la canción. Musicalmente también es una obra de arte, con arreglos de blues que coquetean con el jazz por instantes. La guitarra cargada de eco, pero sin distorsión suena tristísima en esa intro, como para sentarse a llorar con ella, mientras el bajo va haciendo una estructura lenta e igualmente desconsolada. Los teclados suenan más con un efecto de piano, y en general la instrumentación pierde por casi por completo el efecto ochentero (salvo por el eco), lo cual la convierte en una joya atemporal que suena aún fresca. La cadencia lenta se rompe al 2:34 con el solo de sax, en el que la banda aumenta los arreglos jazzeros sin salirse del todo del blues para regresar después al tiempo inicial. En fin, esta es otra de las mejores canciones del blues mexicano y en español, y el disco aumenta enormidades su valor con joyas como ésta, aunque el resto de las canciones también son muy buenas.

Sigue “Alma Borracha” con un inicio lleno de percusiones como de congal, muy cubano, y después ya entra en ese ritmo que juega por momentos con reggae. Nuevamente los instrumentos suenan todos con los efectos fechados de los ochentas, y los versos suenan también con poca fuerza a comparación de las demás rolas. Los coros sin embargo a pesar de ser lentos, son muy pegajosos y le dan un poco más de vida a la canción “gusto nuevamente y evitarte…”. La melodía es débil, y el riff de teclado suena cansino y repetitivo, no hay pasajes instrumentales que dejen babeando como “Suena El Viento” y no hay siquiera cambios de ritmo, pero lo rescatable son las letras, más irónicas, sarcásticas y críticas, y me encantan en particular las imágenes que logra en los coros.

El disco cierra de manera magistral con “Al Rojo De La Tarde” una obra memorable, llenísima de blues, con los instrumentos escalonándose y haciendo una gran labor de equipo, y coros gospelianos, no tan protagónicos como “Un Par de Ojos” pero logrando buenos ganchos al responderle eventualmente a José. La letra es una poesía sublime y perfecta, erótica que dice todo y no dice nada, dejando la puerta abierta a múltiples conjeturas. Pero nuevamente sorprende la capacidad de crear imágenes. La música es cadente, donde se conjuga cada uno de los instrumentos a la perfección, desde la intro con una guitarra a tres dedos, los teclados aterciopelados, el bajeo, que entre versos hace la misma figura de “Oh Darling!” de los Beatles, los coros acompañando la voz principal… Esta es de las que hay que sentarse en un sillón con un buen whisky, cerrar los ojos y escucharla a todo volumen. Una delicia de las que poco se puede escribir y que más bien tienen que ir corriendo a escuchar... Tremendo cierre, que le da título a la segunda parte del concierto en vivo 10 años después, y que se volvería básica en sus presentaciones en vivo, donde suena más agresiva y los solos son más largos e impresionantes.

 

En fin. Qué más puedo decir de este disco? No mantiene la fiereza y la cercanía al blues puro del disco debut, ni logra la perfección del mestizaje del Contraley, pero aunque no es el mejor disco de Real De Catorce, sigue siendo totalmente indispensable, un álbum donde inician una transición. En el Tiempos Obscuros hay al menos 2 canciones monumentales y de las otras 6 no hay una sola para tirar a la basura; al contrario, al menos tienen algo que llama poderosamente la atención y hace que valgan la pena. De nuevo los invito, si les gusta el disco, que traten de encontrarlo en original y comprarlo. Joyas como esta valen la pena tener en original y sirve que ayudamos a la banda y particularmente a José Cruz a solventar los gastos de la Esclerosis Múltiple. No es regalar dinero, ni tirarlo, es pagar a su autor merecidamente por un trabajo muy bien realizado y Real nunca ha sido una banda del Mainstream que esté bañada en dólares, que sus discos sean excesivamente caros ni jamás fueron ojetes con su público. Es cuestión de corresponder un poco. La invitación queda abierta.

 

 

 

Por Corvan 

 

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