TRÍPTICO (Silvio Rodríguez, 1984)

Artista: Silvio Rodríguez (A)

Fecha de Grabación: 1984

Fecha de Lanzamiento: 1984, CUB

Discográfica: EGREN

Productor: Silvio Rodríguez

Calificación: 6.5

             

Era: Trova y Cantautores (1970-???)

Subgénero: Trova y Cantautores

Mejor Canción: Tu Fantasma o Ángel Para Un Final

Canciones: VOL I: 1) Me Veo Claramente (fragmento) 2) Domingo Rojo; 3) Nuestro Tema; 4) El Tren Blindado; 5) Mi Lecho Está Tendido; 6) Camino a Camagüey; 7) El Vagabundo; 8) Canción de Invierno.

VOL II: 9) Llover Sobre Mojado; 10) Ángel Para Un Final; 11) El Vigía; 12) El Dulce Abismo; 13) El Reparador de Sueños; 14) Me Veo Claramente; 15) Llueve Otra Vez; 16) El Tiempo Está a Favor de los Pequeños.

VOL III: 17) Tu Fantasma; 18) Yo Soy Como Soy; 19) Leyenda; 20) Yo te Quiero Libre; 21) Me Acosa el Carapálida; 22) Mi Lecho Está Tendido (versión instrumental); 23) La Gota de Rocío; 24) Qué Signo Lleva el amor; 25) Canción Para mi Soldado.

 

Llegamos al enormísimo Tríptico, y no lo digo precisamente por su calidad musical. Si bien hacer un disco triple es como hacer malabares con 25 antorchas encendidas (en el que solo puedes salir ileso si te llamas George y te apellidas Harrison), el hacerlo durante los 80’s es además como si estuvieras bañado en queroseno: Es imposible hacerlo sin quemarte. Silvio Rodríguez decidió asumir el riesgo.

Seré honesto, antes le tenía mucha más tirria a este disco. Luego una amiga me regaló un cassette, donde evidentemente no cabían las 25 canciones, dejando afuera los temas más “desechables” (por decirlo de la mejor forma) y me di cuenta que no era tan malo. El problema es precisamente que es larguísimo, y que por lo mismo, tiene toneladas de relleno. Pudo ser un buen disco de 10 o 12 canciones. Un disco triple fue un exceso, ya que hay demasiado material que se queda por debajo de los estándares de calidad  a los que Silvio nos tenía acostumbrados. En “Tu Fantasma”, hay un verso en que reconoce “Y yo sigo sin canciones, Habiendo necesidad”, que yo creo que no es casualidad que lo haya dicho. Bueno, considerándolos 25 temas, no le faltaban canciones, sino canciones de calidad. Silvio atravesaba un bajón como compositor, y si a eso le sumamos que se forzó a usar el grupo de soporte de Pablo Milanés, muchas de los temas pierden la forma acústica que le había funcionado bien para sonar sobreproducidas, con sintetizadores, baterías llenas de ecos y terriblemente fechadas en los 80’s.

Pero el problema no es sólo la forma, sino el fondo. La gran mayoría pierde esa lírica sublime. Escucharlo repitiendo domingo hasta el hartazgo en el segundo track nos da pista de que algo anda mal. Aún hay temas afilados, sobre todo los de rojo (de los que un par te pueden llevar a las lágrimas), pero en general, el problema en la mayoría no es que se haya acompañado del grupo de Pablo (la forma), sino que el esqueleto y la misma letra de la canción (el fondo), no son sólidos.

El álbum se supone que fue triple por ser un homenaje a los 25 años de la Revolución Cubana. Contrasta pues que sea uno de los discos menos políticos, o donde los temas en este tenor sean de los menos logrados. Originalmente los lanzó por separado. 3 discos vendidos por separado de golpe y porrazo (tómenla Gn’R!), per las ediciones posteriores lo empaquetaron como disco triple. Supongo que por cuestión de mercadotecnia, la gente no atinaba a decidir cuál era el menos malito. El III tiene 3 grandes temas, pero también la mayor cantidad de relleno del feo.

En este triple colaboraron, entre otros, su hermana Anabell López, Pancho Amat, Frank Fernández, el Grupo Manguaré y Pablo Milanés junto a su banda. De alguna forma Silvio se pierde tratando de adaptarse a los estilos de sus invitados, por lo que el disco pierde su sello distintivo.

 

El disco inicia con “Me Veo Claramente (fragmento)”, que no es más que una especie de introducción instrumental de medio minuto, con una batería bombástica, sintetizadores y flauta, que sirve sólo para sentar el mood del disco, totalmente diferente a lo que habíamos escuchado de Silvio. Parece entrada de un programa de variedades ochentero.

A los 30 segundos, la intro se difumina en un piano, e inicia “Domingo Rojo”. Es más pausada, Silvio canta con flojera calma, como si no se quisiera despertar un domingo, mientras va narrando las nimiedades de los séptimos días. Tras un rato, entra todo el grupo de Pablo, un bajeo con slapeos cargadísimo de eco, sintetizadores con efectos orquestados, una batería muy coctel... La melodía mejora un poco, pero tras un rato, tanta repetición del título comienza a resultar chocante. Uno hubiera pensado por el título que sería un tema más político, pero sólo sirve para darse cuenta que hasta los más ácidos compositores hace una pausa mental los domingos. Hacia el final, el baterista intenta salvar el tema con un redoble totalmente fuera de lugar a manera de outro.

Afortunadamente llega “Nuestro Tema”, una canción en formato acústico, con un cálido guitarreo, entretejido con un sencillo bajeo, ejecutado todo por Silvio a una sola guitarra. Siempre me he preguntado cómo hace eso, cómo se las ingenia para hacer que suene como 2 o 3 instrumentos. El tema es sencillo, con una melodía juguetona, ágil y pegajosa. La letra es de amor, regresando a esas grandes imágenes poéticas: “Nuestro tema está listo para ser brisa de las alas migratorias, Nuestro tema es para ver llover”. El estribillo es lindo e igualmente pegadizo. En algún punto se incorpora otra guitarra haciendo un raudo arreglo. No es la mejor canción de amor de Silvio, pero recupera sencillez y efectividad, y esto basta para volverla una delas destacadas del álbum, la mejor del primer volumen.

Continuamos con “El Tren Blindado”, otra vez con la banda completa. Una batería intentando acaparar atención a como dé lugar, va creando tensión, mientras los demás instrumentos crean una atmósfera oscura, densa, hipnótica. Silvio entra con una melodía lenta, acompasada, alargando sílabas para cuadrar con la métrica. No sé si la letra es sobre el tren en el que el Che se atrincheró a la espera de los refuerzos de Camilo Cienfuegos en la batalla de Santa Clara, que decidiría la Revolución Cubana: “Viva ese hierro vencido, por la claridad, viva ese lecho de amor”. El tema tiene un aura experimental, y aunque los instrumentos están fechadísimos y es lo que me evita ponerla en rojo, creo que pudo ser bastante más interesante a pura guitarra.

Llega después “Mi Lecho Está Tendido”, una melancólica balada a piano a la que luego se le une una orquesta más bien tímida, que llega a oleadas y luego desaparece. La cuestión es que, a diferencia de temas como “Réquiem” o “Te Amaré”, también con base piano, ésta carece de intensidad, la melodía es blanda, y hasta la letra de desamor suena forzada. No del todo mala, pero pareciera estar jugando a ser uno de esos cantantes de los 50’s…

“Camino a Camagüey” inicia con un intrigante bajeo. Se van uniendo güiros y flautas para dar una sensación matutina. Silvio inicia con una melodía cálida, narrando desdela perspectiva de un trabajador cubano que pide prestados 10 pesos para mudarse a otra provincia en búsqueda de mejores oportunidades. El tema va bien, hasta que el coro explota con todos los clichés ochenteros habidos y por haber, e incluso la melodía decae bastante. Pareciera que en este disco Rodríguez forza un falso optimismo que no le sienta bien. Hacia mitad aparece un sintetizador aún más absurdo, para luego retomar las figuras iniciales. Ésta también pudo funcionar mejor con buenos arreglos acústicos.

El “Vagabundo” es un son, con un Tres como instrumento líder. Aquí canta a dueto con Pablo Milanés (???), haciendo una agradable armonía. El tema es sencillo, retomando la música tradicional cubana. La letra es críptica, hablando de un Vagabundo del Espacio y un pájaro con que se encuentra y termina liberando. Alguna alegoría a la Revolución? El tema no es malo, y se respeta que regrese a sus raíces, a la música que lo nutrió, pero es que simplemente suena muy raro y fuera de lugar… como pájaro enjaulado.

El primer disco termina con “Canción de Invierno”, que amaga con ser un tema acústico, y como tal empieza de gran manera. Un bello arpegio, cristalino y melancólico; una melodía oscura en tono grave, casi susurrado, embarrando la rutina de una mujer que se ha vuelto esclava de los días. La poesía recupera su efectividad, mientras una guitarra se suma con un guitarreo y Silvio sube una octava para la segunda estrofa. La canción continúa con una brutalidad lírica conmovedora: “Te sientas y cenas, y todas las culpas, te dan con un peso, mayor que tus fuerzas”. Luego viene un teclado psicodélico, que amenaza con dar todo al traste. Se suman percusiones, y afortunadamente el teclado dura poco. Regresa Silvio con su constante crescendo: “Cuando todo pasa, te crees segura, mientras con tus horas, revuelves ceniza”. Luego otra vez el teclado, y ésta vez acompañado de efectos electrónicos, que se lanzan con un solo horrible de varios minutos de puro ruido. Finalmente regresa la voz para una última desgarradora estrofa: “La angustia es el precio, de ser uno mismo”. Incluso en sus discos flojos Silvio puede reventar con frases como ésta. Todavía se lanza una extensa coda tarareada. Es una de las canciones más dramáticas de Silvio, que puede aplicar a todos. Es además, quizá la mejor interpretación vocal del disco, subiendo la intensidad en cada estrofa, como si se le fuera el alma en ello. Desgraciadamente los efectos la estropean bastante, y la alargan demasiado, alcanzando casi los 8 minutos. Si la hubiera mantenido en formato acústico y recortado a la mitad, creo que pudiera haber sido la mejor del disco.

El segundo volumen arranca con “Llover Sobre Mojado”, un tema casi tan largo como el anterior. Igual arranca a pura guitarra, pero la diferencia es que la melodía es floja, cada vez más hablada y desabrida. Al 1:30 viene todo el arsenal musical. Y si, los 80’s a todo lo que dan, pero particularmente me dan ganas de matar al del sintetizador. Si de por sí es difícil seguir la lenta y críptica letra, que inicia con un despertar de un sueño húmedo y termina de alguna forma intentado ser un canto revolucionario, con distractores como los extraños sonidos que intercala, el tema se vuelve un caos. Melódico y bonito, sí, pero tras un rato se vuelve un sonsonete muy fastidioso. Más de 7 minutos de ésta Synthrova bastante sosa.

Afortunadamente llega “Ángel Para Un Final”, uno de los mejores temas de ésta triple entrega. Un arreglo de piano para levantarle un monumento a Jorge Aragón, quien además hace los sintetizadores, esta vez atinados, que se mezclan entre la orquesta. La letra recupera el mejor nivel de Rodríguez, jugando con la idea de que los silencios entre una pareja se dan cuando pasa un ángel, para crear la metáfora de un distanciamiento y ruptura. Canta con fragilidad y emotividad, con el piano de fondo, recordando el inicio: “Todo empezó en la sorpresa, en un encuentro casual”, versos minimalistas, que estallan en el dramatismo de los estribillos: “Ahora comprendo, cuál era el ángel que entre nosotros pasó…”, con la batería desbocada, pero esta vez  contribuyendo al tema y no queriendo robar reflectores. En sí, todos los instrumentos se balancean y contribuyen para dar pausa o crear los estallidos. Pero sobre todo, ese piano es magnífico, y hace que este tema sea muy difícil de repetir en vivo.

“El Vigía” es un temita acústico, ligero e inofensivo. La letra habla de un ayudante de jardinero. No atino a adivinar si es una metáfora de algo. El estío es el bloqueo de USA a Cuba? O es literal una canción sobre un jardín? En dado caso es un temita simple, que recuerda los temas acústicos más promedios del Silvio de los 70’s.

Llega luego “El Dulce Abismo” juega con los ritmos cubanos, ésta vez de forma más pausada. El Tres de Pancho Amat suena muy al fondo durante el inicio, aunque después sube el volumen para hacer arreglos con esa sensación de cítara. Se van agregando instrumentos, pianos y percusiones, que no llegan a saturar el tema. La canción es linda, pero Silvio se sigue sintiendo fuera de lugar en estos terrenos.

Llega “El Reparador de Sueños”. Debo ser honesto: en un inicio esta era de las rolas que me saltaba. No la soportaba. Pero fue una de las canciones que Martha me incluyó en ese cassette, y le fui agarrando gusto. No está en mi top 10, y posiblemente tampoco en mi top 50, pero entiendo ahora que Silvio se la debió haber compuesto a alguno de sus hijos o sobrinos. Es una canción para niños, y como tal le he ido encontrando el valor y la intensión. La melodía es pegajosa, y el mensaje es claro hasta para los más pequeños, y esta vez hasta me agradan los solos de oboe.

“Me Veo Claramente” inicia con una intro de arpa que dura unos 40 segundos. Luego es prácticamente replicado por un piano. La labor de piano es buena, pero Rodríguez hace una melodía floja, con una letra sin mucha dirección, con imágenes que no funcionan. Es demasiado dispersa, y repite el título hasta el cansancio. Silvio pareciera estar haciendo canciones para la OTI. Y eso no es un halago.

Sigue “Llueve Otra Vez”, que empieza bien, a guitarra limpia, y promete al menos ser un tema ligero y agradable. Hasta el :40, cuando un triángulo da la entrada a toda la instrumentación, que de nuevo, echa a perder la atmósfera. Qué afán? Y lo que sigue es simplemente la tónica del disco, con el estribillo estallando con batería y bajo a toda marcha. Sobreproducción a todo lo que da. Se fijan como hay instrumentos que parecen irse dando codazos para sobresalir cuando no hay necesidad? La podría marcar en azul, pero hay peores…

…Como “El Tiempo Está a Favor de los Pequeños”, por ejemplo. Melodía floja, con una letra que parece copiado del sermón de la montaña, y que en algún momento, termina en una salsa. Silvio haciendo Salsa? Bueno, después de todo es cubano. Y esa es la única excusa que le doy para hacer un tema como éste, que con tanto cambio de ritmo, ni siquiera sirve pa’ bailá! Por cierto, por “Pequeños” se refiere a El Salvador. Menudo homenaje al país centroamericano, que además cierra el segundo disco.

 

El tercero abre con “Tu Fantasma”, que es un temazo. La melodía es lenta, pero ésta vez la entona de una manera envolvente, emocional y honesta, tanto que me puse a buscar si se le murió su esposa, pero no encontré información al respecto. La letra es eso, Silvio hablándole al fantasma de ella, a esa ausencia que lo abofetea en cada esquina de la casa, ese seguir hablando de ella en presente, el no dejarla ir. Este es un réquiem absoluto, un tema que en el mood correcto, te puede golpear muy fuerte. Cada línea es una daga, con una que otra joya como: “Lo único que me consuela, es que uso dos almohadas” o “embromarme sigue siendo, un deporte universal”. La guitarra es de lo más simple y más bello, desde el tímido arpegio inicial, hasta el casi rabioso rasgueo con que termina, mostrando que no necesita un grupo de 40 integrantes para crear drama y atmósfera. Él y su guitarra bastan para alcanzar gran intensidad y hacer otra joya de su discografía. Éste tema fue de los últimos que interpreté como parte de Trovadictos. Fue en el homenaje a Polo Corona, pocos días después de su muerte. Hace unas semanas murió un amigo de mi esposa, y nuevamente nos dejamos llevar por la catarsis de este tema:

 

“Pero cuando puedas, vuelve,

porque acecha tu fantasma,

jugando a las escondidas

y yo estoy muy viejo ya.”

 

El mood se despedaza con “Yo Soy Como Soy”, fuerte candidata a ser el peor tema del disco. Ni siquiera sé que intentó aquí. Es una mezcla de Salsa con Syhtpop y efectos horribles. Como si Keith Emerson hubiera tenido una borrachera monumental con mojitos. La letra es también una de las peores en toooooodo el catálogo del Aprendiz de Brujo: “Yo soy como soy, Y a casi todo el mundo le pedí prestado” Really?

Los arpegios de “Leyenda” vienen casi como lluvia en el desierto. Pablo Menéndez toca la guitarra con phaser en esa curiosa intro. Recurso innecesario, por cierto, considerando que esta vez Silvio hace una agradable melodía y un sólido arpegio. La letra es críptica, pero cargada de bellas imágenes. Son una metáfora de la Revolución Cubana? No lo sé. Por momentos me parece que éste es el disco menos político de Silvio, y luego recuerdo que se supone que está dedicado a los 25 años de la Revolución, por lo que supongo que más bien disfrazó mejor que nunca sus intenciones. El tema es bello, con claroscuros y toques psicodélicos. Algo en el arpegio base tiene algo beatlesco, no les parece? Casi la podría marcar en rojo…

“Yo Te Quiero Libre” es otro de los puntos fuertes del disco. Esta ocasión, el gran esqueleto de la rola hace que los arreglos de la banda funcionen, agregándole un aura juguetona. Hasta el sintetizador suena soportable. La melodía es contagiosa, es imposible no intentar seguir la letra, pero también la música, ese ritmillo que te lleva a mover un pie o una mano. La letra es otra de esos acertijos… es una canción a una mujer? “Yo te quiero libre, como te viví, libre de otras penas, y libre de mí”. Uno se puede volver un esclavizador sin darse cuenta? Hasta donde coarta el amor la libertad? La canción, simple en apariencia, plantea muchas preguntas. La otra teoría es que la rola está dedicada a Nicaragua y la Revolución Sandinista que atravesaba en ésas épocas, con USA apoyando el régimen de Somoza y Cuba al Ejército Sandinista. Silvio se preguntaba qué tanto este apoyo condicionaría la libertad de quién ganara? Como sea, es uno de esos temas con una gran potencia lírica, y que pese al fuerte folclor cubano, lejano de la esencia pura de Silvio, logró colarse como otro de sus clásicos.

“Me Acosa el Carapálida” es otro de esos nefastos temas. Dejando de lado que lo suyo no es la salsa, la letra es terrible, una de las más obvias, rayando en lo estúpido. Bueno, el título lo dice todo, pero si la quieren oír, es bajo su propio riesgo. Para mi es uno de los peores tropezones de Silvio en sus 50 años como músico.

Luego está “Mi Lecho Está Tendido (versión instrumental)”. Es una versión orquestada, que comienza básicamente en la coda de la versión del primer volumen. Luego sigue la parte de piano con la que se supone que Silvio comienza el tema, y la orquesta lentamente se va agregando, hasta cerrar de nuevo con la sección de violines lagrimeando. Es linda, pero no aporta demasiado.

Continuamos con “La Gota de Rocío”, una hermosa balada, a pura guitarra, y con la segunda voz de su hermana, Anabell López, que le da un tono más fresco al tema. La música es un bello arpegio que sube y baja. La melodía es preciosa, casi infantil, al igual que la lírica. Sigue siendo algo críptica, pero con imágenes que me recuerdan El Principito. Un tema muy básico, pero que funciona bien, y que demuestra que siendo él mismo, sin sobreproducciones, suena mejor.

El penúltimo tema de este maratón sinuoso es “Qué Signo Lleva el amor”. Silvio empieza muy solemne y dramático, con un complejo arreglo de teclados a cargo de Jorge Aragón. En esta primera parte habla de la inspiración y las canciones que se desvanecen. El estribillo pareciera otra canción, cambiando por completo a tonos mayores, con baterías llenas de eco, dos bajos y esa aura ochentera… la melodía no es mala, pero otra vez parece que está haciendo una canción con la intención de meterla en la radio a como dé lugar. Y Silvio no es un músico de radio, es de recomendación en boca en boca, de bohemias, de cafés…

El Tríptico cierra con la tropical efervescencia de “Canción Para mi Soldado”, una salsa con orquesta completa, con flautas, bongós y Pablo Milanés incluido. Tiene un ritmazo, eso sí. Lo cual contrasta con una de las letras más políticas del álbum: “Si caigo en el camino, hagan cantar mi fusil, y ensánchenle su destino, porque no debe morir.” Bueno, aquí le falló todo. Lo peor es que al 2:45 parece que la canción terminó, pero luego regresan Pablo y Silvio para cantar alegremente a capella unos instantes más. Uno hubiera esperado una canción épica para un dueto inédito entre estos figurones, y en cambio nos dieron una de las canciones más desechables y fuera de lugar de sus discografías…

 

En fin, el Tríptico es un disco de altibajos, definitivamente con más bajos,  pero aún con algún buen puñado de temas de gran nivel y otro de temas que hubieran ajustado para un buen disco. El afán de hacerlo triple es lo que lo vuelve tan pesado. Eso y que muchas canciones están sobreproducidas, fechadas, o con música que simplemente no les va a las rolas o a Silvio. Es decir, si quisiera escuchar Salsa con contenido político, escucharía a Rubén Blades. Silvio es un maestro con su guitarra. Cuando se anima a experimentar, puede lograr grandes temas, pero generalmente parece fuera de su elemento.  Insisto, no es tan catastrófico, tiene 5 buenos temas (la mayoría escritos a fines de los 70’s). El problema es que nos tenía acostumbrados a que por lo menos la mitad de sus rolas fueran de enormísimo nivel, y aquí no es el caso. Los 80’s cobraban factura incluso a los aprendices de Brujo, y Silvio continuaba así su curva descendente en los 80’s…

 

 

 

Por Corvan

 

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