UNICORNIO (Silvio Rodríguez, 1982)

Artista: Silvio Rodríguez (A)

Fecha de Grabación: 1982

Fecha de Lanzamiento: 1982, CUB

Discográfica: EGREM / Ojalá

Productor: Silvio Rodríguez

Calificación: 8.5

                   

Era: Trova y Cantautores (1970-???)

Subgénero: Trova y Cantautores 

Mejor Canción: La Maza, seguido por Hoy Mi Deber Era y Unicornio.

Canciones: 1) Por Quien Merece Amor; 2) La Gaviota; 3) Son Desangrado; 4) Pioneros; 5) Hoy Mi Deber Era; 6) La Primera Mentira; 7) Canción Urgente para Nicaragua; 8) El Sol no da de Beber; 9) La Maza; 10) Unicornio.

 

Ya saben que no soy el más grande fan de Bob Dylan, pero supongo que algo parecido habrán sentido sus fans el 25 de Julio de 1965 cuando se electrocutó electrificó en Newport. La diferencia es que mientras Dylan lanzaría sus obras cumbres con una banda completa a pesar de las críticas que recibió en primer instancia, a Silvio cuando se electrificó, nadie le dijo ni pio, ni le gritó “judas”, ni nada, pero evidentemente sus mejores obras son él y su guitarra y nomás, y con este disco empezaría ese lento declive durante los ochentas. Por cierto, esto confirma mi teoría de que la década ochentera no perdonó a ninguna banda ni solista surgido antes del ’78, salvo excepciones contadas con la mano...

Aquí Silvio Rodríguez decide dar un giro, incluir bajo, batería, teclados, metales, flautas, percusiones, cuerdas y lo que se encontró en el estudio (corrijo, en toda Cuba), para incursionar en géneros latinoamericanos. No lo hizo de golpe y porrazo como Bob, sino que ya había empezado con una lenta transición, incluyendo algunos temas con mayor instrumentación en los discos previos. Pero creo que Unicornio es el primero donde estos temas dominan a los acústicos, que aún aparecen en el álbum. El disco de hecho tiene temas acústicos que dan la falsa impresión que estamos ante otro Al Final De Este Viaje, pero luego viene la experimentación latina.

Debo decirlo, no es del todo mala en este disco. Definitivamente a primer oída es impactante encontrarse con las primeras notas cuasi progresivas de “Son Desangrado” hasta que la extrañísima intro deriva en el ritmo bailable. “Canción Urgente” es pegajosa y contagia buen humor. Incluso me atrevo a decir que las versiones orquestadas de estudio de “Unicornio” y “Hoy Mi Deber Era” ganan en drama e intensidad respecto a las versiones acústicas que toca en vivo. Pero vienen temas como “La Primera Mentira”,  a puro fagot, clarinete y oboe que resultan verdaderamente insufribles, y que son un presagio de lo que vendrá más adelante. Afortunadamente aquí aún estos temas son excepción y no la regla, situación que se invertirá en el eterno inacabable Tríptico y en el Causas y Azares.

Silvio está aún en un buen nivel como compositor, con canciones que tienen buena estructura y letras. Es decir, la forma es la que está cambiando, pero el fondo se mantiene en un gran nivel. Creo que estaba dispuesto a darle una calificación más baja porque siempre he tomado este disco como el punto de inflexión en el que comienza la decadencia de Silvio; pero aunque como álbum si es un retroceso, no se puede negar que trae 4 o 5 de sus mejores canciones. “La Maza” al menos debe estar en mi Top Ten de Silvio. Y “Unicornio Azul” debe ser junto con “Ojalá”, su canción más conocida. Aún recuerdo a mi madre, que no sabe nada de Trova, diciéndome mientras la escuchaba un día: “Ah, la canción de Lupita Pineda!” y yo con mi Facepalm. Bueno, a lo que voy es que no por el hecho de estar orquestadas las canciones deben empeorar. Esparcidas en su discografía tiene varias joyas como “Hoy Mi Deber”, “Unicornio”, no sé si incluir “La Maza” ya que tiene esencia acústica. Debo reconocer incluso que mi canción favorita del Aprendiz de Brujo, “En El Claro de la Luna”, no es a pura guitarra.

Por otro lado, en este disco vienen dos de las letras más enigmáticas de Silvio, una en cada extremo. A pesar de que el mismo Rodríguez aclararía las dedicatorias sobre quién merece su amor y qué era su unicornio, las conjeturas, teorías, bromas y demás siguen apareciendo. Pero son una muestra del tremendo poder lírico de este tipo. Lo que no me explico es porqué nadie se ha preguntado qué diablos es la Maza…

Hay que resaltar también que aquí comienza con una crítica o dedicatorias que a la vez son mucho más francas y abiertas, como “Nicaragua”. Conforme avance la década irá tendiendo más a este estilo lírico, más limpio, menos cifrado, perdiendo un poco de esa poesía críptica que lo caracterizaba en los 70’s. No se puede culpar de esto a los 80’s. De alguna forma se entiende la necesidad de expandir su sonido, de ser más directo en las letras, de explorar más allá de lo que ya le había funcionado, de explorar esas raíces latinoamericanas y la gran variedad de géneros que existen en el continente.

Para este disco, se rodeó de la crema y nata musical de Cuba. Desde Frank Fernández, en la dirección y arreglos, José María Vitier en los teclados y piano, Jorge Reyes Hernández (en una estupenda labor al bajo) y la Orquesta del EGREM. 

 

El disco inicia con “Por Quien Merece Amor”, un precioso tema que de hecho arranca también a pura guitarra, entrando la instrumentación con un tremendo redoble y un bajeo elástico al 1:30. Silvio canta de esa forma vulnerable, emocional, casi al borde del llanto, recitando los primeros versos a capella, insertando la guitarra de manera tímida con un suave rasgueo y cantando así el primer estribillo. Luego viene la instrumentación, destacando el bajo de Jorge Reyes. La instrumentación no es fastuosa, es elegante, hay un buen arreglo de piano a la mitad, redobles que recorren toda la batería, pero manteniendo esa aura íntima y personal, mientras Silvio sigue lanzando esos reproches, aumentando la tensión con la voz. Luego entra la orquesta entera con un lacrimoso arreglo de cuerdas mientras Rodríguez parece irse prendiendo más, elevando las notas hasta esa última larga en la que recorre casi la escala entera y cerrar con una coda orquestada y un teclado estrambótico y psicodélico. La letra es cifrada, pero el mismo Silvio aclararía que se refiere al bloque estadounidense que en 1981 hizo maniobras navales alrededor de Cuba para evitar que esta enviara apoyo médico y material a la revolución Salvadoreña. Los reproches pues cobran otra dimensión: “Te molesta mi amor, mi amor sin antifaz? y mi amor es un arte de paz” o o “mi amor no precisa frontera” “mi amor no es amor de mercado”… Es decir, cómo es posible que USA bloqueé ayuda médica a un país que lo necesita? Con qué derecho? Una preciosa balada, con un gran crescendo en el que la orquestación viste muy bien esa preciosa pero envenenada lírica. Uno de los temas grandes de Silvio.

Sigue “La Gaviota”, un tema en su totalidad acústico, con un agridulce arpegio, un tono que refleja un día nublado, en el que de repente se oculta el sol y de pronto se asoma entre las nubes iluminando todo. El guitarreo es precioso, combinando esos arpegios raudos con el guitarreo con los destiempos en los estribillos. Una delicadeza abrumadora, pero a la vez el tema tiene algo muy poderoso, potente,  estremecedor. “Corrían los días de fines de guerra…” la letra habla sobre Angola, en la que Silvio estuvo un par de veces como parte de la brigada artística que proporcionó Cuba además de soldados. Silvio escribiría la canción en 1977, justo al regresar a Cuba de Angola y darse cuenta que estaba vivo, a pesar de haber estado a punto de morir un par de veces. La escribió cuando fue por fin totalmente consiente de lo que había vivido. Las metáforas son hermosas, emocionales, contundentes. Refleja el horror que vivió al saberse intacto, y eso que no estuvo propiamente en primera fila: “intacto del frío mortal de la tierra, intacto de flores de horror en su cuarto.” El estribillo es precioso, cambiando de tonos menores a mayores, y es cuando la canción parece escampar. La Gaviota es la vida misma, el asombro, las pequeñas cosas… una hermosísima canción, generalmente no se le toma mucho en cuanta, pero yo creo que también es de las grandes rolas de Silvio, aun con un registro altísimo y con el estilo acústico de sus primeros discos, conmovedora además por ser una de sus más personales letras.

Luego viene “Son Desangrado” con una intro rarísima de un beat electrónico y unas ráfagas que parecen sacadas de un disco de ELP. Luego viene una intro de metales muy tropicosa y parece que cambiamos a un disco de la Sonora Santanera. No me malentiendan, no tengo nada en contra, pero el efecto de esta intro, no importa cuántas veces la haya escuchado, siempre causa en mi el mismo efecto que debieron haber tenido los asistentes al Newport Festival de 1965. La letra tampoco es fascinante. Intenta hacer juegos de palabras y con la métrica, pero tanto son, corazón, resulta un mucho repetitivo, y al final uno no sabe si habla del corazón grande de un país chico como Cuba o de un corazón chico de un país grande como USA. Al 3:30 queda básicamente cantando con batería y un formidable bajeo elástico, con un efecto rarísimo, pero muy cool. En fin, la canción no es mala, pero es desconcertante. Un Son Cubano (ni siquiera estoy seguro si es un son, de hecho) es lo último que uno esperaba encontrar en un disco de Silvio. Pero los arreglos son buenos, se alternan los instrumentos y tiene pasajes interesantes, incluyendo esa outro emersoniana.

“Pioneros” es otro tema acústico, con apenas instrumentación minimalista de piano. Básicamente es Silvio y su guitarra, pero no alcanza a despegar. Parece un descarte de fines de los 70’s, un tema menor, donde quizá lo más relevante es que explica ese giro musical y experimentación con temas latinoamericanos: “Porque oyendo un cantar de pioneros, me sentí más lleno de Patria y de amor.” Los arreglos son lindos, el teclado le da un toque inocente e infantil, dura apenas 2 minutos, pero está lejos de las canciones grandes de su catálogo.

Afortunadamente sigue “Hoy Mi Deber Era”, otro de los temas inmortales y clásicos de Silvio. En esta rola, curiosamente a pesar de que tiene un sublime arreglo de cuerdas y piano, creo que el mérito es la base acústica que agrega Rodríguez, y cuya versión a pura guitarra no pierde en absoluto. En dichas versiones en vivo, Silvio hace un soberbio arreglo semiarpegiado que sustituye a los violines (como se oye para el cierre de esta versión), por lo que supongo que la armó originalmente a guitarra y las cuerdas fueron agregadas en base a dichas figuras. Conforme avanza la canción, entra un piano goteando notas y ganando confianza para un elegantísimo arreglo en escalas. La instrumentación se escalona muy bien, siempre delicada, armando ligeros crescendos, y aportando al dramatismo de la rola. La lírica es preciosa. La escribió en 1979, cuando estaba en Oslo, Noruega, como parte de una comitiva cubana por el 12 aniversario del asesinato del Ché en Bolivia. Sus compañeros le pidieron que compusiera una canción en memoria al Ché, y a la gente que en esos momentos abarrotaba la Plaza de la Revolución en Cuba en su memoria. Se encerró en su habitación del hotel con la firme intención de escribir un tema político. Sin embargo llevaban ya meses de gira. Intentó una canción política, pero extrañaba demasiado a su entonces esposa, y salió más bien una dramática canción en la que habla de su deber para con la Revolución, para con el mensaje político, pero no puede: “Hoy mi deber era cantarle a la patria, alzar la bandera, sumarme a la plaza” Y termina haciendo sin querer una canción política, pero super personal, en la que refleja el conflicto emocional, la lucha con las musas, y lo que significa esa dualidad al escribir, y al ser. Las letras son incluso un tanto eróticas, no al nivel de “Desnuda y Con Sombrilla”, pero quizá sí las más sugerentes hasta ese momento: “Tu cuerpo y mi cuerpo cantando sudores, sonidos, posesos, febriles temblores”. Me encanta ese último verso, en el que reconoce que “…acaso, al fin lo he logrado soñando tu abrazo, volando a tu lado”. Además del significado personal para Silvio, también lo tiene para mi. Esta es de las pocas canciones de Silvio que saqué nota por nota de la versión en vivo e interpretaba y cantaba yo solo en las épocas de Trovadictos. La interpretaba en mi set de 4 o 5 canciones solistas, sin Juan José, quien usualmente cantaba y dominaba mejor en guitarra los temas de Silvio. La significación especial es porque era una de las favoritas de Polo Corona, el tercer vértice, y de hecho saqué la canción a petición suya. Cada sábado era la rola que me pedía, y tarareaba desde su silla mientras esperaba su turno a la guitarra. Por ello cada que la escucho no puedo evitar hacer un guiño al cielo, a dondequiera que esté nuestro estimado Polo.

Quiero suponer que “La Primera Mentira” en su simpleza e ingenuidad fue escrita para algún niño. No sé si Silvio tenía hijos pequeños, o algún sobrino. La letra e instrumentación lo sugieren. Es demasiado simple para un maestro como Silvio Rodríguez: “Yo quiero ir hasta el cielo en un frijol sembrado, y ya” . Sobre todo esos “y ya” me irritan como no tienen idea. La instrumentación con oboe, clarinete y fagot la hacen exasperante. En fin. En el Tríptico vendrán más canciones simplonas y aparentemente infantiles como ésta, que me parecen aún peor que sus salsas y sones. Con Silvio, igual que los Beatles, me pasa que es más fácil decir cuáles canciones no me gustan que responder a cuáles son mis favoritas. Pues bien, ésta me repatea.

Continuamos con “Canción Urgente para Nicaragua”, precisamente con un guapachoso ritmo de salsa. Al menos tiene un buen ritmo y mejor mood que “Son Desangrado”, el cual es bastante sombrío. Aquí la música es bastante alegre, y te pone de buen humor, siempre y cuando no pongas demasiada atención a las letras, que contrastan por su oscuridad, haciendo referencias a la muerte de Sandino, Bolívar y el Che.  Y no escatima en los escupitajos al norte, con versos como “Ahora el águila tiene su dolencia mayor, Nicaragua le duele, pues le duele el amor”, en referencia en la intervención gringa en la revolución sandinista contra Somoza, iniciada en 1979. Y bueno, se entiende que los cubanos nacen con la salsa en la sangre, y que Silvio quiere explorar esa parte del ritmo que trae en las venas, pero a pesar de que no es un mal tema, la potencia del mensaje lírico se pierde con estos ritmos, y definitivamente no son el plato fuerte de Silvio.

 

“El Sol no da de Beber” es una linda balada. Un enorme poema de amor, en el que en la segunda mitad aprovecha para algunos puntillazos políticos. Pero hay versos extraordinarios, independientemente que la instrumentación, con todo y solos de sax, parecen sacados de la OTI. “Al tibio amparo de la 214, se desnudaba mi canción de amor, llegaba el día indiscreto y torpe, y la belleza nos hacía más pobres, más esclavos de la ronda del reloj.” La canción es linda, pues, pero no destaca en absoluto, y la letra de nuevo se pierde con los instrumentos. Me da la impresión de que a pura guitarra, pudo haber sido una joya. Aquí luce muy promedio. Y es lo que hace que los discos suenen raros: Que antes no había temas promedio…

Luego tenemos “La Maza”, que debe ser una de mis canciones constantes en mi siempre cambiante e imposible Top Ten de Silvio. Un tema primordialmente acústico, o al menos la primera parte, con esa imponente intro arpegiada y el posterior ritmo de rumba española, es la sección que más destaca. Un brutal círculo en base Lam, incisivo, que va aumentando lentamente, muy lentamente de intensidad. Para el primer estribillo entra una sutil percusión, y Silvio empieza a insertar acordes, hasta que sin darnos cuenta, ya vamos en el desenfrenado ritmo de rumba. Después del estribillo, la canción baja casi al silencio y la guitarra es remplazada por un rapidísimo y melancólico arpegio de piano a cargo de José María Vitier, que muestra porqué es considerado uno de los mejores pianistas cubanos. La canción retoma ritmo y piano y guitarra se entretejen en el segundo estribillo, mientras Silvio se pregunta angustiado “Qué cosa fuera, corazón que cosa fuera, que cosa fuera la maza sin cantera?”. Aumenta el ritmo, la tensión hasta esa larguísima y agudísima nota con que cierra hasta el final que resulta abrupto. La letra es absolutamente críptica. Logra tremendas imágenes, un tanto abstractas, pero todas con una gran carga poética: “Si no creyera en la locura, de la garganta del sinsonte”, o un “testaferro del traidor de los aplausos, un servidor de pasado en copa nueva”, que ya en conjunto sugieren vagamente que “La Maza” es el artista y su guitarra, y “La Cantera” es el conjunto de creencias que sustentan sus canciones... Él mismo resolvería la duda en una entrevista en 1984: “La Maza" es un poco la razón de ser artista, de su compromiso, que no se deja seducir por los artificios y superficialidades que suelen acompañar a algunas manifestaciones escénicas... La cantera es donde se sacan los cantos, la maza es con que se golpea. Si no hubiera una cantera de donde sacar un producto, algo, para qué serviría la maza.” En realidad hay que seguir toda la letra, ya que es un poema monumental. Un tema épico de más de 6 minutos, de los más esperados y coreados en concierto, de los mejores a mi gusto en su enorme discografía, de las pocas en que fans y crítica confluyen en aplausos, y una de las mejores rolas que he tenido el honor de tocar y cantar.

“Unicornio” debe ser junto con “Ojalá”, la canción más conocida de Silvio. Una melancólica balada en base piano, con los formidables arreglos de Vitier, que se echa a las manos buena parte de la calificación del disco. Es conmovedora, y Silvio hace una interpretación emocional, que te termina haciendo un nudo en la garganta. El piano es delicadísimo, y se le va sumando un sutil arreglo de cuerdas que va creciendo sin robar ese tono íntimo y tristísimo. Me encanta el crescendo después del “Se fueEEEeee” al 4:15, en el que parece que acaba con un silencio, pero luego explota en un arpegio de piano con una marea orquestada para la breve coda. Hay que reconocer que a pura guitarra, la canción pierde mucho del efecto de estudio. Es además, de entre todísimas las canciones crípticas de Silvio, la que más atención cobró por el significado del Unicornio. Desde que la estreno en 1981, antes del disco, la gente se obsesionó con este misterio. Silvio diría. “El tema que concluye este trabajo me ha proporcionado, en este último año, un buen montón de placeres y sorpresas. Doquiera lo mostré desencadenó un furibundo afán de hacerme saber dónde se hallaba mi unicornio perdido. Comenzaron a llegar cartas, cables y mensajes; aparecieron fotografías, libros, pegatinas, postales y dibujos de toda variedad de unicornios. Incluso recibí noticias hasta de dónde sé que jamás iría a pastar no sólo el mío sino cualquier otro. Es extraño, pero alguna gente ve cosas donde no las hay, o lo que es peor: no pueden ver las cosas que ciertamente existen.” La interpretación general es que se trata de la amistad, esa que se pierde por algún motivo y es irremplazable. También hay los que trivializan la canción e identifican al unicornio con la tapa de un bolígrafo azul. Incluso, algunos bromistas llegaron a decir que se lo dedicó a su único pantalón de mezclilla, que se lo habían robado del tendedero. Otros lo tomaron para asegurar que en Cuba también había drogas alucinógenas… Para resolver el misterio, nada mejor que las palabras del mismo Silvio: "Todo empezó por un amigo muy querido que tuve, un salvadoreño llamado Roque Dalton, quien además de haber sido un magnífico poeta fue un gran revolucionario, compromiso que le hizo perder la vida cuando era combatiente clandestino. El caso es que Roque tuvo varios hijos; entre ellos Roquito - el que hace tiempo se encuentra prisionero, y del que no se sabe suerte- , y Juan José, que jovencito y delgado como es fue guerrillero, herido, capturado y torturado. A este último fue a quien encontré hace poco y me contó que allá, en las montañas de El Salvador, andando con la aguerrida tropa de los humildes, trotaba un caballito azul con un cuerno." A pesar de ello, siguen las conjeturas, las teorías, los memes en la era moderna de internet. La canción es preciosa, sin duda. Una de las cartas fuertes de la discografía de Silvio, y tema obligado en conciertos.

 

En fin. Mis prejuicios contra este disco son injustificados. Sí hay un bajón, ligero, musical y lírico. Pero si de 10 rolas la mitad están en rojo no se puede decir que sea un mal disco. El problema es que la otra mitad es muy por debajo de lo que esperamos de Silvio, e incluso hay una que me resulta insoportable. Desgraciadamente el Tríptico y el Causas y Azares serían en ese tenor. Pero Unicornio sigue siendo sólido, con una mitad muy fuerte, canciones icónicas en su discografía. “Unicornio” sería grabado por Lupita Pineda , y “La Maza” por Mercedes Sosa. Silvio tenía ya una base de fans underground regada en toda Latinoamérica, pero los covers, además de la empatía por “Canción Urgente”, terminarían haciendo que este fuera el disco más exitoso comercialmente hasta el momento, haciéndolo llegar a personas ajenas a la Trova o a ideologías políticas, precisamente por el tema titular. Uno diría que por fin se hizo rico, pero Silvio destinó las ganancias para impulsar artistas cubanos jóvenes que formarían la "Novísima Trova Cubana". No es el mejor disco de Silvio, pero aun así, su compra y escucha de vez en cuando es necesaria. Pasarían 9 años para que el Aprendiz de Brujo regresara a este nivel…

 

 

Por Corvan 

 

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